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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Fausta Gant&uacute;s, <i>Caricatura y poder pol&iacute;tico. Cr&iacute;tica, censura y represi&oacute;n en la ciudad de M&eacute;xico, 1876&#45;1888</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Erika Pani</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>M&eacute;xico: El Colegio de M&eacute;xico, Instituto Mora, 2009.</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>El Colegio de M&eacute;xico</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/tzintzun/n51/a9i1.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro de Fausta Gant&uacute;s es a la vez relevante y oportuno. Nuestra imagen del Porfiriato, incluso tras los avances historiogr&aacute;ficos de las &uacute;ltimas dos d&eacute;cadas, es a menudo una caricatura de &eacute;poca: quiz&aacute;s la de un "Porfiriopochtli", art&iacute;fice de una tiran&iacute;a oriental, que sacrifica en el altar del poder constituci&oacute;n y derechos. Gant&uacute;s toma a la caricatura del Porfiriato no como ilustraci&oacute;n, sino como objeto de estudio y hace con ella dos cosas: por un lado, la rescata y la descifra; por el otro, explora la relaci&oacute;n del poder con el </font><font face="verdana" size="2">mundo de la prensa con caricaturas, durante lo que podemos denominar el "primer porfiriato", cuando el caudillo de Tuxtepec era todav&iacute;a el palad&iacute;n &#150;algo percudido&#151; de la "no reelecci&oacute;n" y la constituci&oacute;n aseguraba un estatus privilegiado a los periodistas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gant&uacute;s nos presenta una serie de im&aacute;genes divertid&iacute;simas, fruto del ingenio y de la mala leche de talentosos caricaturistas. En ellas vemos al Porfirio D&iacute;az que no ten&iacute;a oportunidad alguna de ganar las presidencias representado como un militar honorable, apenas caricaturizado, convertirse, al mejorar sus posibilidades, en un palurdo chamb&oacute;n y quijotesco &#150;y quiz&aacute;s tambi&eacute;n m&aacute;s ind&iacute;gena, aunque se extra&ntilde;a una reflexi&oacute;n sobre las formas en que Porfirio se "blanquea" conforme se acrecenta su poder, incluso bajo la pluma de sus cr&iacute;ticos. D&iacute;az termina apareciendo como un personaje m&aacute;s bien neutro, cuyo tama&ntilde;o y rasgos se desdibujan frente a los atributos del poder: la silla y la espada. La primera es tra&iacute;da y llevada, montada en bayonetas, personificada. La segunda crece hasta adquirir proporciones descomunales. Con trazos simples y contenidos complejos, estas caricaturas delinean la transformaci&oacute;n del r&eacute;gimen y de su art&iacute;fice. Por otra parte, la autora nos hace favor de identificar a los personajes y explicar las referencias &#150;b&iacute;blicas, mitol&oacute;gicas, de la tradici&oacute;n popular&#151; con que estos dibujantes contextualizaban sus barrabasadas, ah&iacute; donde se trata de un universo mental que hemos perdido, o no somos lo suficientemente cultos para identificar. Gant&uacute;s revela entonces a la caricatura pol&iacute;tica de la &eacute;poca no como el lenguaje simpl&oacute;n que hace la cr&iacute;tica al poder inteligible a "las masas", sino un idioma sofisticado, denso y penetrante, cuyas sutilezas pod&iacute;an captar solo los iniciados. Paralelamente, al combinar un an&aacute;lisis cualitativo del contenido de las im&aacute;genes con el cuantitativo de las publicaciones peri&oacute;dicas, muestra a la caricatura como una arma m&aacute;s eficiente para ciertas lides &#45;como la lucha facciosa y personalista&#45; que para otras la cr&iacute;tica a la consolidaci&oacute;n a un r&eacute;gimen se vuelve cada vez m&aacute;s ducho en el uso de instrumentos para actuar sobre la prensa.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El texto tiene adem&aacute;s la ventaja de centrarse no s&oacute;lo en la caricatura, sino de explorar el mundo social que la produjo y los mecanismos &#45;legales y extralegales&#45; mediante los cuales el poder p&uacute;blico intent&oacute; dirigir y restringir a la prensa escrita e ilustrada. Los caricaturistas aparecen como hombres cuyos m&oacute;viles son muy diversos, y cuyas filiaciones pol&iacute;ticas no necesariamente dictan "su proceder dentro del oficio". Esto nos obliga a repensar la naturaleza y el papel de la prensa decimon&oacute;nica, que asumimos doctrinaria y partidista, y a problematizar la transici&oacute;n, que normalmente identificamos la consolidaci&oacute;n del porfiriato y la aparici&oacute;n de <i>El Imparcial</i> en 1896, de una prensa dogm&aacute;tica a una informativa y comercial. El grupo heterog&eacute;neo de los trabajadores de la imprenta, al que podemos sumar a los articulistas y a los impresores y formadores, estaba atravesado por solidaridades de oficio y rencillas personales, por envidias y enfrentamientos de principio. Las formas en que se relacionaba con el poder pol&iacute;tico conforman un objeto de estudio central de este libro.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Durante los a&ntilde;os abordados en este libro, el gobierno federal despleg&oacute; una gran diversidad de estrategias para seducir, acotar o acallar a la prensa, y las despleg&oacute; dentro de distintos niveles. Se trata de un estire y afloje que pone de manifiesto la importancia de las ideas, que son elementos que el gobierno percibe como "peligrosos". Al mismo tiempo, el liberalismo estructuraba el discurso de quienes defend&iacute;an la libertad de imprenta tanto como de los que cre&iacute;an que &eacute;sta deb&iacute;a limitarse. De esta forma, el art&iacute;culo s&eacute;ptimo constitucional, que establec&iacute;a que los delitos de imprenta estuvieran sujetos a la decisi&oacute;n de un jurado popular, fue reformado al grito de la igualdad jur&iacute;dica, conden&aacute;ndose el juicio por jurados como un privilegio &#45;no particular&#45;mente bien merecido&#45; de los periodistas. Uno puede preguntarse si lo &iacute;nfimo de la oposici&oacute;n (8 de 140 diputados y s&oacute;lo tres senadores) se debe solamente a que se trata de un Congreso electo a modo para el presidente, o si se explica tambi&eacute;n por la coherencia del argumento de los "reformadores" dentro de la l&oacute;gica liberal.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, las reacciones y respuestas del gobierno ante la prensa, que iban desde la retenci&oacute;n de un n&uacute;mero para su revisi&oacute;n &#45;pero no la suspensi&oacute;n del peri&oacute;dico&#45;, hasta el encarcelamiento del caricaturista particularmente latoso, aunque se le permitiera salir para ir a comer a su casa y cobrar sus premios de loter&iacute;a, pasando por el subsidio a la prensa oficialista, el apoyo a lo que se declaraba simpatizante a veces y la intimidaci&oacute;n de los trabajadores, sugieren lo corta que nos queda la etiqueta de "dictadura porfirista", y la necesidad que tenemos, como historiadores, de identificar y analizar los mecanismos mediante los cuales, en coyunturas distintas, el r&eacute;gimen aseguraba la adhesi&oacute;n y desincentivaba el disenso. Interesante es, adem&aacute;s, que en el contexto de la codificaci&oacute;n y "modernizaci&oacute;n" del derecho, se erigiera a la "psicolog&iacute;a" del periodista &#45;sus posibles motivaciones y no la evidencia contenida en el texto o la imagen&#45; como el elemento determinante de la culpabilidad del acusado. La definici&oacute;n de la psicolog&iacute;a &#45;que creo, mucho tiene que ver con lo imbricados que estaban en la caricatura p&uacute;blico y privado&#45; depend&iacute;a casi por completo del arbitrio del juez. Los caricaturistas transformaron a la "psicolog&iacute;a" en una mujer fea y poco agraciada que, como que no quer&iacute;a la cosa y sin saber muy bien por donde ven&iacute;a el tiro, truncaba la libertad de expresi&oacute;n y de prensa. El lugar central que otorgaron los caricaturistas a la "psicolog&iacute;a", y la cr&iacute;tica feroz de la que la hicieron objeto, debe llamar la atenci&oacute;n, dentro de una historiograf&iacute;a que, al referirse a la avidez de un Estado que busca "monopolizar" la producci&oacute;n del derecho se muestra de cierta manera nost&aacute;lgica del arbitrio de los jueces de Antiguo R&eacute;gimen.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro de Fausta Gant&uacute;s arroja luz sobre la construcci&oacute;n del Estado en M&eacute;xico, sobre las formas en que se ha ejercido el poder pol&iacute;tico, apunta pistas y sugiere nuevas direcciones para la historiograf&iacute;a. Tiene adem&aacute;s la virtud no menor de estar divertid&iacute;simo. Es un libro que hay que leer.</font></p>      ]]></body>
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