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</front><body><![CDATA[  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Presentaci&oacute;n</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La presente edici&oacute;n de <i>Tzintuzn, Revista de Estudios Hist&oacute;ricos</i> est&aacute; divida en dos secciones. La primera est&aacute; dedicada a los estudios regionales michoacanos, se inicia con el trabajo de Roberto Mart&iacute;nez, que posee la colaboraci&oacute;n de Iv&aacute;n Valdez, titulado <i>Guerra, conquista y t&eacute;cnicas de combate entre los antiguos Tarascos.</i> Este art&iacute;culo realiza un minucioso examen a las concepciones que ten&iacute;an los Pur&eacute;pechas sobre la guerra, comunidad que durante siglos logr&oacute; detener las avanzadas aztecas y espa&ntilde;olas. El principio dominante era que no se buscaba aniquilar a los adversarios en el campo de batalla sino, por el contrario, de someterlos para posteriormente poder realizar con ellos rituales en la piedra sacrificial.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Roberto Mart&iacute;nez se detiene luego en el estudio de las armas empleadas en la guerra, para ello analiza detenidamente una descripci&oacute;n del siglo XVI en la que se se&ntilde;ala que los Pur&eacute;pechas empleaban "las hondas y varas tostadas arrojadizas, arcos y flechas y macanas con cuchillos de navajas, porras y otras armas ofensivas con muchas y muy galanas rodelas". De lo que se trata seg&uacute;n Mart&iacute;nez es de precisar su importancia simb&oacute;lica y sus usos. El arco y la flecha, por ejemplo, estuvieron asociados "al poder pol&iacute;tico, al estatus de hombre valiente, a la condici&oacute;n de chichimeca; al tributo, a las ofrendas a los dioses, a la caza y la vida silvestre y, por supuesto, a la guerra." Dada su importancia en la cultura requiri&oacute; un grupo de artesanos especializado en su  elaboraci&oacute;n y fueron enterrados juntos a los cuerpos de gobernantes y guerreros. En cuanto a sus usos Mart&iacute;nez lleg&oacute; a la conclusi&oacute;n que se empleaban dos tipos de flechas, seg&uacute;n fuese el objetivo: una reutilizable para la cacer&iacute;a y otra de metal para la guerra, pues de lo que se trataba era de hacer el mayor da&ntilde;o al enemigo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cuanto al manejo de la guerra misma, los Pur&eacute;pechas emplearon diversas t&eacute;cnicas, entre ellas la construcci&oacute;n de sus asentamientos en zonas altas, con lo cual ten&iacute;an un dominio completo del paisaje, la provocaci&oacute;n para hacer salir a los enemigos de sus escondites, la construcci&oacute;n de trincheras, etc.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por &uacute;ltimo, Mart&iacute;nez estudia los rituales ligados a la participaci&oacute;n en una guerra. Explica que cada guerra iniciaba con la orden del cazonci de llevar le&ntilde;a a los templos. El ritual tambi&eacute;n contemplaba la elaboraci&oacute;n de pelotillas de tabaco que eran llevadas por los <i>tiuimecha</i> a las "casas de los papas", quienes adem&aacute;s "sub&iacute;an a los templos para esperar que la aparici&oacute;n de un determinado astro marcara el momento en que deb&iacute;an tocar las cornetas. Entonces, un ritualista llamado <i>hiripacha</i> tomaba las pelotillas y las ofrec&iacute;a al fuego pidi&eacute;ndole que les permitiera tomar algunos de sus vasallos en la batalla." Despu&eacute;s los sacerdotes realizaban una "ceremonia de la guerra", que hasta donde se sabe era una representaci&oacute;n del combate.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El segundo art&iacute;culo fue elaborado por Mar&iacute;a del Carmen Alonso N&uacute;&ntilde;ez y Mar&iacute;a Isabel Mar&iacute;n Tello titulado el <i>Impacto social y econ&oacute;mico de la erupci&oacute;n del volc&aacute;n Jorullo, Michoac&aacute;n, 1759.</i> El prop&oacute;sito del mismo es analizar el impacto econ&oacute;mico y social que se produjo debido a la erupci&oacute;n del volc&aacute;n del Jorullo en la segunda mitad del siglo XVII en la hacienda propiedad de Joseph Andr&eacute;s de Pimentel, regidor perpetuo de la ciudad de P&aacute;tzcuaro, que se manifest&oacute; en p&eacute;rdidas econ&oacute;micas y materiales y provoc&oacute; la destrucci&oacute;n de una parte importante del latifundio y de los campos de cultivo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El art&iacute;culo comienza con un an&aacute;lisis de los sucesos de la madrugada del 29 de septiembre de 1759, d&iacute;a de San Miguel Arc&aacute;ngel, en que hizo erupci&oacute;n un volc&aacute;n en la hacienda de Jorullo. Para ello no solamente se hace una reconstrucci&oacute;n de lo que pudieron sentir los habitantes de la hacienda y la regi&oacute;n sino que las autoras del trabajo tambi&eacute;n se detienen en un recuento de las explicaciones que los campesinos hicieron del significado de la erupci&oacute;n en un d&iacute;a tan importante. Entre otras razones se&ntilde;alaron los lugare&ntilde;os que la vida pecaminosa del due&ntilde;o de la hacienda explicaban el estallido del volc&aacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Posteriormente se efect&uacute;a una reconstrucci&oacute;n de situaci&oacute;n de la hacienda y la regi&oacute;n en los meses anteriores a la erupci&oacute;n del volc&aacute;n. se resalta por las autoras que "los campos se encontraban cultivados de algod&oacute;n, a&ntilde;il, ma&iacute;z, ca&ntilde;a de az&uacute;car" y que "abundantes manadas de ganados se observaban en los corrales y en los campos de pastoreo." No obstante, al producirse el fen&oacute;meno natural en la hacienda Jorullo los campos se llenaron de arena y cenizas y con ellos los cultivos quedaron arruinados. De inmediato se inicio un &eacute;xodo de ind&iacute;genas y campesinos pobres por la regi&oacute;n en busca de un lugar donde vivir. Adicionalmente la escases de alimentos gener&oacute; peque&ntilde;os robos y una romer&iacute;a a las bodegas de la hacienda, las casas curales y la iglesia del hospital, ya que en ellos se guardaban reservas de las semillas, indispensables para la alimentaci&oacute;n. Para aminorar las carencias de los moradores de La Huacana el obispo don Pedro Anselmo S&aacute;nchez de Tagle dio una limosna personal de 600 pesos.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por su parte Andr&eacute;s Pimentel, due&ntilde;o de la hacienda, vio afectado su patrimonio raz&oacute;n por la cual pidi&oacute; de inmediato que no se le cobrara el impuesto de alcabala. En 1760 Pimentel solicit&oacute; ante el Juzgado de Capellan&iacute;as y Obras P&iacute;as de la ciudad de Valladolid que se le redujeran o eximieran los censos que estaban impuestos sobre sus haciendas. Adicionalmente solicit&oacute; permiso para la reubicaci&oacute;n de sus estancias de ganado, gracias a lo cual no existi&oacute; ca&iacute;da en la oferta de animales. Suerte contraria fue la de los cultivos, que quedaron arrasados. Se&ntilde;alan las autoras que "La hacienda de Jorullo, en 1758, antes de la erupci&oacute;n del volc&aacute;n, entreg&oacute; de diezmo 162 fanegas de ma&iacute;z con cuatro almudes. El a&ntilde;o del desastre 1759, &uacute;nicamente dio cuenta de 18 fanegas, por lo que los siguientes tres a&ntilde;os no dio diezmo de dicho producto, y el a&ntilde;o de 1764 se dieron 4 fanegas de ma&iacute;z".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las autoras del art&iacute;culo concluyen que los due&ntilde;os de las haciendas aprovecharon el fen&oacute;meno natural para evitar los impuestos y beneficiarse de diversas maneras con la crisis de alimentos que sigui&oacute; al estallido del volc&aacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El siguiente art&iacute;culo seleccionado para la primera parte de la presente edici&oacute;n del <i>Tzintzun</i> es el trabajo de Mar&iacute;a Concepci&oacute;n Gavira y Netzahualcoyotl Luis Gutierrez titulado <i>El establecimiento de la Caja Real de Valladolid.</i> El prop&oacute;sito del texto es estudiar la Caja Real de Valladolid de Michoac&aacute;n, sus funcionarios, sus competencias y sus limitaciones, as&iacute; como los conflictos que surgieron con distintas instituciones y autoridades michoacanas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se inicia el art&iacute;culo con una exaltaci&oacute;n de las instituciones de &iacute;ndole fiscal y de la importancia del tributo, que en la colonia eran tres: el que pagaba la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena, los impuestos a la producci&oacute;n, y los impuestos a las actividades comerciales, pues este permiti&oacute; consolidar la centralidad del Estado y asegurar el poder del imperio. Las Cajas Reales fueron organizadas precisamente para la realizaci&oacute;n de &eacute;stos dos principios, fueron encargadas a oficiales reales que depend&iacute;an directamente del monarca o del Consejo de Indias. En un principio, y debido a la poca precisi&oacute;n de las normas, estos funcionarios participaron del saqueo a las comunidades por lo que se enriquecieron r&aacute;pidamente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Debido a tal circunstancia y para garantizar el mejor funcionamiento de las Cajas Reales pronto se dise&ntilde;&oacute; una nueva legislaci&oacute;n para regular su funcionamiento. En esencia las Cajas Reales se constituyeron en instrumentos del aparato estatal para el control fiscal y se encargaron de "recaudar, contabilizar y administrar los reales derechos, as&iacute; como de realizar pagos sobre gastos adscritos a los distintos ramos de impuestos, entre los cuales estaban aquellos que se hac&iacute;an a los funcionarios. As&iacute; mismo, tuvieron a su cargo la ejecuci&oacute;n de diversas transacciones financieras y la venta de mercanc&iacute;as que se recib&iacute;an en especie. Adem&aacute;s, tambi&eacute;n les compet&iacute;a la obligaci&oacute;n de supervisar todo lo relacionado con el avituallamiento de las tropas y sus arsenales." Generalmente las Cajas se establecieron en los centros mineros y su existencia dependi&oacute; de los ciclos econ&oacute;micos. Los funcionarios principales eran el contador y el tesorero, aunque durante las primeras d&eacute;cadas del siglo XVI fueron creados los cargos de factor o el veedor, los cuales fueron eliminados muy pronto.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como se sabe, las Reformas Borb&oacute;nicas, aplicadas fundamentalmente durante el reinado de Carlos III, buscaron racionalizar el funcionamiento del Estado y lograr mayores ingresos. En concreto se busc&oacute; "poner bajo la administraci&oacute;n directa de la Corona los ramos arrendados, la profesionalizaci&oacute;n de los funcionarios, la modernizaci&oacute;n de las t&eacute;cnicas administrativas y la observancia de la ley." Esta reestructuraci&oacute;n llegar&iacute;a a su auge con el establecimiento del sistema de intendencias de 1786. Con la Ordenanza de Intendentes la Nueva Espa&ntilde;a fue dividida en 12 jurisdicciones de Intendencias y al frente de cada una de ellas se coloc&oacute; un intendente con atribuciones en los cuatro ramos en que se divid&iacute;a el gobierno: Hacienda, Justicia, Polic&iacute;a y Guerra. Para acompa&ntilde;ar al intendente fueron nombrados un asesor lego y con dos ministros, un contador y un tesorero, para la Caja Real.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se&ntilde;alan los autores que en Valladolid se estableci&oacute; el 6 de mayo de 1788 una Caja Real, un a&ntilde;o despu&eacute;s de haber tomado el cargo el primer intendente Juan Antonio de Ria&ntilde;o. Concluye que se pueden distinguir tres periodos dentro del proceso de nombramientos de los funcionarios de la Caja Real de Valladolid. En el primero que va de 1788 hasta 1804, fueron designados el tesorero Antonio de Medina y los contadores Juan Antonio Fern&aacute;ndez de la Bur&iacute;a y Fernando de Maule&oacute;n, todos con formaci&oacute;n de funcionarios en la Real Hacienda. El segundo va hasta 1809, fueron nombrados Nicol&aacute;s Quilty Valois y F&eacute;lix Bourman, ambos con formaci&oacute;n militar. En un tercer periodo en 1819, cuando ante la jubilaci&oacute;n de Antonio de Medina fue nombrado Antonio Vallejo, funcionario de la Caja del Real de Sombrerete y formado como funcionario de Real Hacienda. Resaltan los autores que &eacute;stos nombramiento se realizaron en una coyuntura de fuerte cr&iacute;tica a las medidas que le hab&iacute;an dado origen y en choques con el Ayuntamiento y las elites locales.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El trabajo, titulado <i>El ocaso de la insurgencia en la provincia de Michoac&aacute;n,</i> fue elaborado por Sergio Garc&iacute;a. El autor parte de una doble consideraci&oacute;n: es necesario establecer periodos en el movimiento de independencia de la Nueva Espa&ntilde;a y es indispensable reconocer diferencias regionales. Precisamente Garc&iacute;a retoma el segundo criterio para analizar la resistencia de los insurgentes de Tierra Caliente de la provincia de Michoac&aacute;n y a sus l&iacute;deres Vicente Guerrero, Tom&aacute;s Gaona y Bedoya y Jos&eacute; Mar&iacute;a Izquierdo, que se mantuvieron activos hasta 1821.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tras la captura de Jos&eacute; Mar&iacute;a Morelos en 1815 el movimiento insurgente se fraccion&oacute; y se produjeron varias derrotas y entrega de armas. Por ello los insurgentes que permanecieron en armas debieron replegarse a las zonas altas y de dif&iacute;cil acceso e iniciar una guerra de guerrillas. A pesar de los informes de los militares realistas seg&uacute;n los cuales el triunfo militar era inminente, los insurgentes de Tierra Caliente ten&iacute;an gran capacidad de desplazamiento y pod&iacute;an desarrollar acciones entre Jalisco y Oaxaca. Paralelamente a los choques entre los ej&eacute;rcitos se adelantaron di&aacute;logos, como el sostenido entre el l&iacute;der insurgente Vicente Guerrero y el virrey Juan Ru&iacute;z de Apodaca (nombrado en 1815 con la tarea de aniquilar la rebeli&oacute;n) con la intermediaci&oacute;n del sacerdote Epigmenio de la Piedra, quien ofreci&oacute; a Guerrero un indulto.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La intermediaci&oacute;n de sacerdotes para lograr di&aacute;logos con jefes rebeldes fue empleada en otras circunstancias. No obstante, el s&oacute;lo ofrecimiento de indulto no agrad&oacute; a los insurgentes. Dos circunstancias cambiaron el escenario pol&iacute;tico: el nombramiento de Agust&iacute;n de Iturbide como comandante del Sur (9 de noviembre de 1820) y una decida inclinaci&oacute;n de las elites de la Nueva Espa&ntilde;a por la independencia. De manera que los m&aacute;rgenes de negociaci&oacute;n de Ru&iacute;z de Apodaca fueron cada vez menores. Los insurgentes, comandados por Vicente Guerrero y Pedro Ascencio, lograron infringir dos derrotas a las fuerzas de Iturbide, a pesar de ello Guerrero e Iturbide firman un acuerdo el 24 de febrero de 1821 con lo que formalmente se culminan los enfrentamientos entre los dos bandos.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La segunda parte de la presente edici&oacute;n de <i>Tzintzun</i> comprende dos art&iacute;culos dedicados a la historia de las relaciones internacionales. El primero fue escrito por Enrique Camacho Navarro y se titula <i>Gilberto Crespo y Mart&iacute;nez y su participaci&oacute;n en la pol&iacute;tica de fomento para el M&eacute;xico porfirista. Reflexiones a prop&oacute;sito de su obra dedicada a B&eacute;lgica.</i> En este art&iacute;culo Camacho aprovecha una rara y poco conocida obra de Gilberto Crespo &#45;publicada en enero de 1892, como resultado de un estudio que se hizo en Europa luego de que el autor asisti&oacute; a la Exposici&oacute;n Universal de Par&iacute;s de 1889&#45; dedicada a B&eacute;lgica y que lleva por t&iacute;tulo <i>Museos comerciales, servicio consular, ense&ntilde;anza y propaganda industrial y mercantil,</i> para analizar las razones por las cuales se publica dicho libro.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Camacho inicia su art&iacute;culo con un breve estudio de la actividad de Gilberto Crespo y Mart&iacute;nez, quien se hab&iacute;a destacado entre 1902 y 1917 por desempe&ntilde;ar "funciones diplom&aacute;ticas de alto nivel tanto en Cuba como ante el imperio Austro&#45;H&uacute;ngaro (por dos per&iacute;odos), y tambi&eacute;n frente al gobierno de Estados Unidos, en todos los casos como Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de M&eacute;xico". Luego hace un detallado an&aacute;lisis del contexto de la obra y de las caracter&iacute;sticas de la misma.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Enrique Camacho sostiene que la obra justifica una investigaci&oacute;n debido a que la tem&aacute;tica tiene un v&iacute;nculo directo con la actividad que como enviado de M&eacute;xico llev&oacute; a cabo Gilberto Crespo; permite precisar los criterios con los que se justific&oacute; la participaci&oacute;n de M&eacute;xico en la Exposici&oacute;n Universal de Par&iacute;s de 1889; la obra s&oacute;lo fue encontrada en una base de datos extranjera, precisamente en B&eacute;lgica, por lo que es totalmente desconocida en M&eacute;xico; finalmente el libro posee una diversidad tem&aacute;tica que ofrece nuevas perspectivas al estudio del periodo. El libro aborda cuatro temas: museos comerciales, servicios consulares, ense&ntilde;anza y difusi&oacute;n industrial y mercantil.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El &uacute;ltimo art&iacute;culo fue escrito por Fabi&aacute;n Herrera y se titula <i>M&eacute;xico y el Instituto Internacional de Cooperaci&oacute;n Intelectual.</i> Por mandato de la Sociedad de Naciones (18 de septiembre 1920) fue creada una comisi&oacute;n para el estudio de la cooperaci&oacute;n internacional en material intelectual y de educaci&oacute;n (2 de septiembre de 1921). La comisi&oacute;n comenz&oacute; sus actividades con quince miembros dirigidos por el notable fil&oacute;sofo y psic&oacute;logo franc&eacute;s Henri Bergson. El Comit&eacute; de Cooperaci&oacute;n Intelectual, como se le llam&oacute; formalmente, reuni&oacute; a otras personalidades, entre ellas a Albert Einstein, Hendrik Antoon Lorentz, Marie Sklodowska&#45;Curie y Gilbert Murray. Se&ntilde;ala Fabi&aacute;n Herrera que el Comit&eacute; deb&iacute;a cumplir con tres prop&oacute;sitos: 1) mejorar las condiciones materiales de los trabajadores intelectuales; 2) fomentar las relaciones internacionales y los contactos entre profesores, artistas, cient&iacute;ficos, autores y miembros de otras profesiones intelectuales; 3) reforzar la influencia de la Sociedad de las Naciones para la paz, entendiendo que los trabajadores intelectuales constitu&iacute;an, desde el punto de vista de la pol&iacute;tica internacional, una extensa reserva.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El Comit&eacute; dio paso en Par&iacute;s al Instituto Internacional de Cooperaci&oacute;n Intelectual (IICI) (1926), antecedente de lo que hoy conocemos como UNESCO. El IICI determin&oacute; un punto de inflexi&oacute;n en la historia del internacionalismo cient&iacute;fico e Intelectual. La participaci&oacute;n de M&eacute;xico en el Instituto se inici&oacute; en 1926 y se extendi&oacute; hasta 1939, cuando fue pr&aacute;cticamente disuelto. La representaci&oacute;n mexicana fue encargada al prestigioso intelectual Alfonso Reyes, quien obtuvo el reconocimiento oficial por parte de la SEP como delegado permanente el 31 de diciembre de 1926. Posteriormente Reyes fue remplazado por Alberto J. Pani, delegado hasta 1932, Alfonso Castell&oacute;, Francisco Castillo N&aacute;jera y Marte R. G&oacute;mez. En el marco de la participaci&oacute;n mexicana en el IICI se cre&oacute; la Comisi&oacute;n Mexicana de Cooperaci&oacute;n Intelectual (1931), integrada por personalidades destacadas de las ciencias, las letras y el arte en M&eacute;xico. No obstante la SEP tuvo problemas para cubrir la membrec&iacute;a de participaci&oacute;n en el IICI.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A finales de 1938, Luis S&aacute;nchez Pont&oacute;n y Alfonso Reyes hac&iacute;an un balance satisfactorio de la empresa de cooperaci&oacute;n americana realizada hasta entonces. El principal logro hab&iacute;a sido la creaci&oacute;n e la Comisi&oacute;n Mexicana que no solamente cumpl&iacute;a con lo exigido por el IICI sino que elabor&oacute; una serie de planes y recomendaciones para M&eacute;xico en materia de educaci&oacute;n y cultura.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con la presente edici&oacute;n de <i>Tzintzun, Revista de Estudios Hist&oacute;ricos</i> se cierra mi ciclo como director. Agradezco a todos los amigos y colegas que apoyaron mi labor y a Juan Manuel Mendoza y a Jes&uacute;s Arredondo por su decidido respaldo en todas las actividades de edici&oacute;n y distribuci&oacute;n de la revista. Le deseo a la nueva encargada de la publicaci&oacute;n, la Dra. Claudia Gonz&aacute;lez, mucho &eacute;xito.</font></p>      ]]></body>
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