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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Ricardo P&eacute;rez Montfort, <i>Expresiones populares y estereotipos culturales en M&eacute;xico. Siglos XIX y XX. Diez ensayos</i></b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Leticia Bobadilla Gonz&aacute;lez</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>M&eacute;xico, CIESAS, Publicaciones de la Casa Chata, 2007, 321.</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Instituto de Investigaciones Hist&oacute;ricas de la Universidad Michoacana de San Nicol&aacute;s de Hidalgo</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro de Ricardo P&eacute;rez Montfort, es el resultado de un insistente trabajo de b&uacute;squeda, observaci&oacute;n y conocimiento de las expresiones culturales en M&eacute;xico. Ricardo P&eacute;rez Monfort imparte en la Facultad de Filosof&iacute;a y Letras de la UNAM cursos monogr&aacute;ficos sobre esta tem&aacute;tica. Por alg&uacute;n tiempo, sus alumnos sol&iacute;amos reunirnos en el antiguo Colegio de San Ildefonso que alguna vez fuera la Escuela Nacional Preparatoria, ubicado a un costado de las ruinas del templo mayor. Cada semana los imponentes murales de Orozco, Rivera y Charlot, eran el pre&aacute;mbulo a nuestras discusiones. Entre la sobriedad de los patios del edificio y sus regias columnas, conocimos y disfrutamos en un peque&ntilde;a aula alterna al cinemat&oacute;grafo F&oacute;sforo, las obras de la filmograf&iacute;a que seleccionaba el maestro, sobre todo de aquella referida a los temas de la revoluci&oacute;n mexicana.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">P&eacute;rez Montfort insist&iacute;a en lo importante que es el leer los cr&eacute;ditos correspondientes a cada filme; de esta manera aprendimos a identificar a los autores de la fotograf&iacute;a, la m&uacute;sica, el a&ntilde;o de la producci&oacute;n y a los actores. As&iacute; comenzaban nuestras discusiones sobre los entornos hist&oacute;ricos y sociales, los di&aacute;logos, los argumentos, y la adaptaci&oacute;n al cine de muchas de las novelas de destacados escritores mexicanos. Aprendimos a mirar lo m&aacute;s destacado de la filmograf&iacute;a mexicana con una visi&oacute;n cr&iacute;tica y gustosa; a desentra&ntilde;ar los lenguajes de los discursos nacionalistas y las formas en que se inventaban, recreaban y constru&iacute;an a los tipos mexicanos. Frecuentemente nos atrapaba la nostalgia y, a la vez, sent&iacute;amos una profunda emoci&oacute;n compartida al ver, por ejemplo, &iexcl;Que <i>viva M&eacute;xico!,</i> de Sergei M. Eisenstein. Conocimos el cine de Fernando de Fuentes, Salvador Toscano, Arcady Boytler, Juan Bustillo Oro, Gilberto Mart&iacute;nez Solares, Emilio "El Indio Fern&aacute;ndez", Luis Bu&ntilde;uel y otros inolvidables. Y no conformes con identificar las tramas y los s&iacute;mbolos adyacentes a toda pretensi&oacute;n nacionalista, tambi&eacute;n nos introdujo al mundo de la m&uacute;sica con Silvestre Revueltas y Ch&aacute;vez, quienes nos hicieron imaginar paisajes mexicanos con <i>Janitzio,</i> y la <i>Sinfon&iacute;a No. 2 India,</i> a la que por cierto nunca termin&oacute; de agradar a P&eacute;rez Monfort.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gracias a &eacute;l incursionamos en el mundo de la fotograf&iacute;a con temas sobre M&eacute;xico y los mexicanos vistos a trav&eacute;s del lente de los hermanos Casasola, Hugo Brehme, C. B. White, Guillermo Kahlo, Manuel &Aacute;lvarez Bravo, Tina Modotti, Edward Weston, Dolores &Aacute;lvarez Bravo, del sorprendente Juan Rulfo y Nacho L&oacute;pez; y del cinefot&oacute;grafo Gabriel Figueroa, s&oacute;lo por mencionar algunos. De igual manera pudimos apreciar las visiones que sobre M&eacute;xico tuvieron Bruno Traven, Malcom Lowry, Antonin Artaud.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En otro de sus cursos le&iacute;mos la novela de la revoluci&oacute;n mexicana y analizamos la obra Federico Uranga, Samuel Ramos, Octavio Paz, Roger Bartra y otros ensayistas del enigm&aacute;tico ser del mexicano. La conclusi&oacute;n a la que siempre lleg&aacute;bamos era que el mexicano por definici&oacute;n era indefinible.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por lo anterior, considero que el libro de Ricardo P&eacute;rez es producto de una larga b&uacute;squeda. El autor aborda los momentos de cambio en las expresiones populares, fen&oacute;menos que en muchos casos nos remontan a la &eacute;poca colonial y al siglo XIX. Analiza las formas en que los medios de comunicaci&oacute;n masiva, las pol&iacute;ticas nacionalistas de los gobiernos posrevolucionarios crearon, inventaron y difundieron los estereotipos culturales mexicanos; subrayando el sentido simplificador de todo af&aacute;n estereot&iacute;pico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los diez ensayos que conforman el libro se sustentan en informaci&oacute;n documental y hemerogr&aacute;fica. Por ello no pod&iacute;an faltar las referencias de las obras especializadas sobre la l&iacute;rica, la m&uacute;sica y las danzas del siglo XIX y XX. Una gran cantidad de im&aacute;genes ilustran el texto, tambi&eacute;n encontramos fragmentos de la letra de sones, coplas, versos y famosos corridos. Todo ello conforma un estudio gr&aacute;fico y de las representaciones simb&oacute;licas de la cultura mexicana de los siglos XIX y XX.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para P&eacute;rez Montfort, la expresi&oacute;n popular est&aacute; integrada por tres elementos b&aacute;sicos: la l&iacute;rica, la m&uacute;sica y el baile. En cuanto a los temas de la l&iacute;rica, sin duda, el amor y las mujeres son preferenciales. Y como el dulce est&aacute; asociado al mundo femenino dedica su primer ensayo a los jarabes, dulces y aguardientes. Nunca sabremos con certeza la forma en que se bailaba aquel jarabe gatuno, prohibido por la Santa Inquisici&oacute;n, pero en otros casos si es posible saber que los tapat&iacute;os en Guadalajara eran un terno de tres tortillas, o que, seg&uacute;n Ignacio D&aacute;vila Garibi, esa palabra designaba cierta moneda antigua entre los ind&iacute;genas originarios de Tonal&aacute; que al agruparse en unidades de tres se le llamaba tapatiot. El llamado jarabe tapat&iacute;o constaba de tres partes, el sonecito inicial, el vamos a tomar atole y la diana del remate. En el siglo XIX hab&iacute;a numerosos jarabes como el abaje&ntilde;o, loco, tapat&iacute;o, pate&ntilde;o, ranchero, mixteco, favorito, corriente etc. De &eacute;stos, el tapat&iacute;o se convertir&iacute;a en el de mayor difusi&oacute;n ya que estaba integrado por una especie de popurr&iacute; de muchos sones y jarabes que remataba con una popular diana.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El corrido mexicano se consolid&oacute; en el repertorio musical popular durante y despu&eacute;s del periodo revolucionario cantando a personajes, acontecimientos locales y nacionales. Los corridos se convirtieron en la l&iacute;rica de la revoluci&oacute;n mexicana. En primera o tercera persona, la narraci&oacute;n del corrido sigui&oacute; con un car&aacute;cter testimonial, que sintetizando los anhelos de una mayor&iacute;a analfabeta y desprotegida, les cantaban a sus caudillos narrando sus haza&ntilde;as. El corrido avanz&oacute; entrelazado con el quehacer pol&iacute;tico durante las d&eacute;cadas de los a&ntilde;os 20 y 30 y en campa&ntilde;as de proselitismo, nuevas rebeliones y resistencias populares. Subsisti&oacute; lo mismo entre revolucionarios que entre reaccionarios. Bandoleros, asesinos, presos, toda clase de trasgresores de la ley continuaron como personajes recurrentes en los corridos y en la narrativa popular. Hubo corridos recurrentes como el de Rosita Alv&iacute;rez, el hijo desobediente o el corrido de Juan Charrasqueado. Paulatinamente su apropiaci&oacute;n por parte pol&iacute;ticos e intelectuales as&iacute; como su incorporaci&oacute;n a los medios de comunicaci&oacute;n masiva contribuyeron a que el corrido mismo se conformara como un elemento estereot&iacute;pico posrevolucionario. La radio, el teatro popular y en el cine sonoro de las d&eacute;cadas del cuarenta y cincuenta, contribuyeron a hacer de &eacute;l, el estereotipo de una expresi&oacute;n popular mexicanista por excelencia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En medio de movilizaciones populares como la de los maestros, ferrocarrileros, mineros y estudiantes en el 68, el corrido narr&oacute; acontecimientos de relevancia y resistencia. Las pugnas pol&iacute;ticas se convirtieron en tema favorito, as&iacute; tuvieron sus corrido el cacique Gonzalo N. Santos en 1958, en San Luis Potos&iacute;; la asociaci&oacute;n c&iacute;vica guerrerense; el l&iacute;der agrarista Rub&eacute;n Jaramillo; Arturo G&aacute;miz; Genaro V&aacute;zquez y Lucio Caba&ntilde;as. La guerra sucia de los a&ntilde;os setenta fue el marco para la composici&oacute;n de numerosos corridos. Se hicieron corridos en la d&eacute;cada de los 80 con la explosi&oacute;n de San Juanico en la Ciudad de M&eacute;xico; la erupci&oacute;n del volc&aacute;n Chichional; el terremoto del 1985; y en 1988 sobre el fraude electoral, posteriormente el surgimiento del PRD y la rebeli&oacute;n zapatista de 1994.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En las d&eacute;cadas de los setenta y ochenta el corrido se vincul&oacute; con la canci&oacute;n comprometida latinoamericana y &#45;nos dice el autor&#45; cant&oacute; a una revoluci&oacute;n que vendr&iacute;a y no a una que ya hab&iacute;a pasado. La forma l&iacute;rico musical del corrido sigue vigente y evoca temas sobre la corrupci&oacute;n del sistema pol&iacute;tico, la migraci&oacute;n y el narcotr&aacute;fico. Los narcocorridos a partir de la d&eacute;cada de los setenta del siglo XX, inclu&iacute;an temas como Camelia la texana; pero surgieron grupos musicales especializados en su interpretaci&oacute;n. Con una fuerte carga simb&oacute;lica actualmente el corrido ha revitalizado temas sobre las campa&ntilde;as pol&iacute;ticas, la corrupci&oacute;n y los asesinatos. Ejemplo de ello es el corrido de <i>El Circo</i> de Josse Armenta que toca el tema de un expresidente y su hermano en los siguientes versos: <i>Entre Carlos y Ra&uacute;l, /Eran due&ntilde;os de un circo/ Carlos era el domador/ Era el hermano m&aacute;s chico/ Ra&uacute;l era el coordinador/ Con hambre de hacerse rico.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La canci&oacute;n mexicana &#45;universo cerrado que ha sido utilizado como elemento definitorio de la mexicanidad&#45; fue un componente del nacionalismo presente en el discurso cultural oficial de gran parte del siglo XX. La llamada canci&oacute;n mexicana como expresi&oacute;n del pueblo se vio envuelta en numerosos procesos de recreaci&oacute;n e invenci&oacute;n. Las intenciones mexicanistas se manifestaron en las artes pl&aacute;sticas, la danza, la literatura, el teatro, el cine, la filosof&iacute;a, la educaci&oacute;n etc. El pueblo y lo popular eran los par&aacute;metros con los que ten&iacute;a que contar quien se atrev&iacute;a a definir "lo mexicano". Asistimos de esta manera a la construcci&oacute;n del charro, la china, la tehuana y el jarocho.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la d&eacute;cada de los a&ntilde;os cincuenta, la fiesta nacional, regional y el folklore se convertir&iacute;an en el atractivo tur&iacute;stico por excelencia. En los calendarios se promov&iacute;a lo mexicano como lo propio. Para estas &eacute;pocas ya se hab&iacute;a consolidado lo t&iacute;pico mexicano a saber: las artesan&iacute;as, las comidas regionales, los atuendos locales y, desde luego, la fiesta popular, especialmente aquella que se celebraba con mariachis, banderitas de papel picado, jaripeos, peleas de gallos, los juegos de azar, sin faltar los charros y las chinas poblanas bailando el jarabe tapat&iacute;o.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La construcci&oacute;n cultural de lo "t&iacute;pico" estuvo muchas veces determinada por el reconocimiento que hicieron cronistas, periodistas, visitantes y los primeros folkloristas, de las fiestas populares. Por eso mismo &eacute;stas estuvieron ligadas al nost&aacute;lgico discurso costumbrista y al nacionalismo promovido por el Estado que tuvo sus or&iacute;genes en el siglo XIX, pero que vivi&oacute; una reafirmaci&oacute;n revolucionaria en los primeros treinta a&ntilde;os del XX.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A lo largo de la segunda mitad del siglo XIX y la primera mitad del XX, algunas de estas manifestaciones festivas lograron imponerse como t&iacute;picas, no s&oacute;lo de una regi&oacute;n sino del pa&iacute;s entero. Ese fue el caso del indito y su chirim&iacute;a, el ranchero en el jaripeo y la pelea de gallos, el pelado en la carpa, el charro o la china poblana con su jarabe tapat&iacute;o, adem&aacute;s hubo construcciones estereot&iacute;picas locales como el huasteco y su huapango, el jarocho y su fandango, el boxito y su jarana yucateca, o la tehuana con la sandunga.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para Ricardo P&eacute;rez en la construcci&oacute;n de los estereotipos se ha apelado a tres vertientes originarias: lo negro, lo indio y lo hispano, que combinadas han formado las categor&iacute;as de lo mestizo, lo criollo y lo mulato, las cuales adem&aacute;s forman parte de la representaci&oacute;n de lo latinoamericano en general y de lo caribe&ntilde;o en lo particular.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sobre el origen de las bombas yucatecas, los fandangos y zapateados, Ricardo P&eacute;rez ha considerado el mar Caribe como una especie del Mediterr&aacute;neo del Nuevo Mundo a lo largo de los siglos XVI y hasta el XVIII, en donde el mestizaje cultural es un elemento para comprender estos or&iacute;genes. Los pueblos que circundan al mar Caribe compartieron diversas caracter&iacute;sticas culturales semejantes que, involucradas en sus sistemas productivos, afectaron naturalmente sus cotidianidades. Sus maneras de vestir, sus recursos ling&uuml;&iacute;sticos, gastron&oacute;micos y l&uacute;dicos, as&iacute; como sus expresiones y sus formas literarias y musicales quedaron emparentadas de manera muy estrecha en la cuenca mediterr&aacute;nea euro&#45;afroamericana conocida como mar Caribe. Al hablar de lo cubano, lo colombiano, lo portorrique&ntilde;o, lo dominicano o lo venezolano se apela a los estereotipos particulares definidos a partir de un espacio nacional. En otra proporci&oacute;n lo guajiro, lo llanero o lo jarocho representa a cada una de las regiones y subregiones a manera de estereotipos locales dentro de esos espacios nacionales. Para P&eacute;rez Montfort estos tipos tienen en com&uacute;n su origen mestizo o mulato, el uso del lenguaje rimado en la d&eacute;cima y la copla como cuarteta, quintilla o sexteta; la m&uacute;sica card&oacute;fona y el baile sobre tarima, o superficie previamente establecida. Estas expresiones comunes permiten aglutinarlas bajo el nombre gen&eacute;rico de expresiones culturales del Caribe (indo) afroandaluz y se encuentra en el intenso intercambio entre puertos de la cuenca del Caribe. De esta manera, tambi&eacute;n se aborda el caso del jarocho, las ideas y expresiones alrededor de su connotaci&oacute;n mestiza y mulata del siglo XIX hasta nuestros d&iacute;as. Dando paso a las vaquer&iacute;as, las bombas, las pichardas y la trova. Todas ellas consideradas como ecos del Caribe en la cultura popular y la bohemia yucateca.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El autor concluye su estudio con los estereotipos y el turismo estadounidense en M&eacute;xico de 1920 a 1940, en donde se percibe una b&uacute;squeda de una imagen mexicana preparada para satisfacer un consumo internacional, y caracterizada por las simplificaciones estereot&iacute;picas inevitablemente afianzadas por el nacionalismo y regionalismo del cine mexicano de 1930 a 1940; y en donde a lo largo de este proceso poco a poco las regiones y la pluriculturalidad del pa&iacute;s fueron opacadas por visiones un&iacute;vocas y centralistas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ricardo P&eacute;rez Montfort nos muestra un enorme mosaico de representaciones y expresiones populares, y sus transformaciones al correr de los a&ntilde;os, en donde los medios de comunicaci&oacute;n han jugado un papel destacado en estas construcciones. Al final de cuentas por pretender una homogenizaci&oacute;n de la cultura &#45;como dir&iacute;a Ricardo&#45; se han dejado de lado otras expresiones del imaginario y la cultura popular.</font></p>      ]]></body>
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