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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[No te velo, sueño contigo porque te amo (Homenaje de Eros a Rubén Bonifaz Nuño a un año de su partida)]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Homenaje a Rub&eacute;n Bonifaz Nu&ntilde;o</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>No te velo, sue&ntilde;o contigo porque te amo (Homenaje de Eros a Rub&eacute;n Bonifaz Nu&ntilde;o a un a&ntilde;o de su partida)</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>I do not veil, I dream with you because I love you (Homage of Eros to Rub&eacute;n Bonifaz Nu&ntilde;o one year after his departure)</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><b><font face="verdana" size="2">Mar&iacute;a Rosa Palaz&oacute;n Mayoral</font></b><font face="verdana" size="2"></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Centro de Estudios Literarios. Instituto de Investigaciones Filol&oacute;gicas. Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico.</i> <a href="mailto:mpalazoa@yahoo.com">mpalazoa@yahoo.com</a>.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="right"><font face="verdana" size="2">Yo me asomo a las almas cuando lloran    <br> </font><font face="verdana" size="2">y escucho su hondo rezo,    <br> </font><font face="verdana" size="2">humilde y solitario,    <br> </font><font face="verdana" size="2">ese que llamas salmo verdadero;    <br> </font><font face="verdana" size="2">pero en las hondas b&oacute;vedas del alma    <br> </font><font face="verdana" size="2">no s&eacute; si el llano es una voz o un eco.    <br> </font><font face="verdana" size="2">Antonio Machado (xxxvii)</font></p>     <p align="right">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>El maestro.</i> Me asom&eacute; al lat&iacute;n a los quince a&ntilde;os en la Nacional Preparatoria 6 Nocturna. Eran clases apasionantes y cansadas, porque se impart&iacute;an de nueve a diez de la noche. A la saz&oacute;n era una adolescente indisciplinada, normal, pues. Ten&iacute;a muchas ganas de compartir las experiencias de aquel cartero que, mochila al hombro, asist&iacute;a conmigo a las lecciones del doctor Germ&aacute;n Viveros. La profunda ambici&oacute;n de aquel trabajador de la posta sin caballo ni moto, cabeceaba a las altas horas de la asignatura. No se daba por vencido en su lucha contra el agotamiento y, para no perderse ni una sola palabra de la lecci&oacute;n, me ped&iacute;a que le repitiera aquellos trozos que se le llevaba Morfeo. El profesor Viveros, sin alzar la vista, sentenciaba contra mi alboroto: "Se&ntilde;orita Palaz&oacute;n, tiene usted cero". A la clase siguiente, sal&iacute;a del embrollo demostrando que cumpl&iacute;a sin falta la tarea para desvanecer aquella cadena de ceros, c&iacute;rculos malditos que me encadenaban. Tambi&eacute;n una amiga, casi tan pesadita como yo, me arrancaba los pelos de las piernas, mientras lanzaba la adivinanza "&#191;pares o nones?". Me retorc&iacute;a para no gritar, pero el brinco y la agitaci&oacute;n en mi pupitre era inevitable: otro cero. Todo era cuesti&oacute;n de acumularlos e ir desacumul&aacute;ndolos. Sin embargo, el lat&iacute;n me parec&iacute;a un reto interesante que daba felicidad a una casi ni&ntilde;a cansada, con una fuerte comez&oacute;n (que nunca tuve en la primaria ni en la secundaria) por acumular conocimientos, y agredida por el juego de la depilaci&oacute;n gratuita.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el segundo a&ntilde;o de la carrera de Letras, me inscrib&iacute; con otro profesor inolvidable: Rub&eacute;n Bonifaz Nu&ntilde;o. Hab&iacute;a le&iacute;do los cuentos de su hermano, pero no a aquel por entonces joven gal&aacute;n de cabellera rizada y mostacho. Siempre iba trajeado y encorbatado (de pisa&#45;corbatas llevaba una mosca de brillantes &#151;las "inevitables golosas" en decir de Antonio Machado si mal no me acuerdo&#151; o de algo por el estilo), nunca le faltaba el chaleco del cual pend&iacute;a una leontina cuyo extremo se escond&iacute;a en un bolsillo donde el profesor guardaba su redondo reloj de tapa plateada y, si mal no recuerdo, amartillada. Solo le ganaba en gustos raros Gonz&aacute;lez Montesinos con sus polainas y clavel en el ojal.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hab&iacute;a cumplido cuatro a&ntilde;os m&aacute;s despu&eacute;s de la preparatoria. Seg&uacute;n los est&aacute;ndares de la &eacute;poca estaba en edad casadera, y esto quiere decir que no hac&iacute;a travesuras en clase, sino afuera del aula. Por obligaci&oacute;n y h&aacute;bito adquirido y gustoso traduc&iacute;a, igual que mis compa&ntilde;eros, <i>La Guerra de las Galias</i>, a la saz&oacute;n sin versiones a la mano en espa&ntilde;ol, ingl&eacute;s, ni en franc&eacute;s. &#161;Qu&eacute; problemas y embrollos intentar una narraci&oacute;n no demasiado fuera de l&oacute;gica de aquel Julio, el C&eacute;sar un tanto esquizofr&eacute;nico porque hablaba de s&iacute; mismo en tercera persona. Total, en mis tareas experimentaba momentos de rabia durante los cuales invocaba a Bruto y a Casio. No debo hablar solo en hip&eacute;rbole. Lo cierto es que el doctor Bonifaz nos dio un manual de reglas y excepciones que allanaban el camino. En la Facultad de Filosof&iacute;a y Letras curs&eacute; las inolvidables lecciones de lat&iacute;n y gram&aacute;tica de mi maestro Bonifaz (doctores hay muchos; maestros, pocos). Como alumna "empollona" trabaj&eacute; duro. Me hubiera avergonzado, hasta diluirme, el cometer gazapos ante aquella personalidad luminosa. De sus manos brota la perfecci&oacute;n: "te puedo dar, como si fuera tarde, / una sola palabra, y retornar / a lo perfecto que en mis manos arde" (<i>La muerte de un &aacute;ngel</i> en 1986: 11).<sup><a href="#notas">1</a></sup> </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hoy, con tantos a&ntilde;os sobre mi lomo, y mi columna, y mi colon y todo lo dem&aacute;s, apropi&aacute;ndome de la destinataria (ladrona es una de mis vocaciones frustradas), escucho una petici&oacute;n imposible. Ya s&eacute;, con envidia, que nunca he sido su Musa; pero me pongo en las filas de sus musara&ntilde;as, y me siento aludida y triste frente a su reclamo, de voz perdida y encontrada: "Amiga a la que amo: no envejezcas / &#91;...&#93; / Inm&oacute;vil / junto a tu cuerpo de muchacha dulce / quede, al hallarte, el tiempo" (<i>El manto y la corona</i> en 1986: 185). Maestro, le supliqu&eacute; que no hici&eacute;ramos un credo de las palabras de Heidegger. Mejor recordemos que nacimos para vivir y el &uacute;ltimo acto de este proceso es morir. Su muerte no le pertenece. Ahora, hace un a&ntilde;o, la suya pesa en m&iacute;, aunque la vejez tambi&eacute;n nos fue llenando de amor en muchos grados, y tipos, entre otros, el de maestro y la disc&iacute;pula lectora. Muchos permanecemos "coligados": ecos de la penumbra iluminada amorosamente por usted. No como un deber ciceroniano, sino porque s&iacute;, porque aprendimos de usted a dejar que nuestra parte buena gane la carrera a la mala (Cicer&oacute;n: I, XVII, 24). Hay que dejar pasar al Eros carnal cuando, necio, ya no lo flecha a uno; lecci&oacute;n que ignor&oacute; el anciano rey David en la ocasi&oacute;n que se apropi&oacute; de la "Sulamita": "Sola en el seno de la sombra muda / dices mi nombre, y en tu sue&ntilde;o triste / vagas en busca del amor que hubiste. / T&uacute;, con el vuelo de tu voz desnuda" ("Sonetos a la Sulamita", <i>Im&aacute;genes</i> en 1986: 65).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pese a lo dicho, &#161;ay de quien fingiera pragm&aacute;ticamente ser aquello que no era! Desde el presidente hasta el &uacute;ltimo de los investigadores aprendi&oacute; de este traductor&#45;investigador&#45;funcionario&#45;maestro&#45;poeta que tratarlo con dobleces era como jugar ajedrez con Capa Blanca y dem&aacute;s campeones ajedrecistas de ayer y actuales. Hacerlo con el coraz&oacute;n en la mano fue acercarse a quien sabe qu&eacute; es la educaci&oacute;n productiva y enriquecedora. No en vano se form&oacute; en la educaci&oacute;n socialista (en los d&iacute;as de las gloriosas normales rurales) gracias a la cual se le abrieron las puertas de la ense&ntilde;anza a un ni&ntilde;o que, por instrucciones maternas, se sobaba el est&oacute;mago para enga&ntilde;ar el hambre. Bonifaz, amador, amante y amable o digno de ser amado, declara. "Y recib&iacute; siempre lo que he dado; /es decir, un resto de amargura, / un sabor de p&eacute;rdida, de costumbre / desesperanzada" (<i>Los demonios y los d&iacute;as</i> en 1986: 154). Discrepo: miraba sus extra&ntilde;as y no sus entra&ntilde;as. A m&iacute; nunca me dio ni una gota de amargura este amigo de Hilario C&aacute;rdenas, quien fue oficial de intendencia de mi instituto.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>La solidaridad</i>. 1968. A&ntilde;o convulsionado. M&eacute;xico era y es antidemocr&aacute;tico, hoy ha empeorado. En el ambiente a&uacute;n no se adivinaba este horror del neoliberalismo globalizado de empresarios voraces; pero s&iacute; las manos tendidas con una ametralladora en sus palmas. D&iacute;az Ordaz es malo y feo, core&aacute;bamos en las manifestaciones. "Muchas cosas se fueron, Bol&iacute;var. / Muchas cosas tuyas est&aacute;n dormidas o muertas. / General, en las dolientes provincias de tu sombra, / las cosas se han ido marchitando. Cayeron" a causa de tiranos y mercaderes, abogados sin ley y verdugos con antifaz. Nosotros todav&iacute;a "Aqu&iacute; estamos, esperando en la noche. / Naciones, hombres, mujeres. / Y t&uacute;, M&eacute;xico; patria, mi patria" (<i>Canto llano a Sim&oacute;n Bol&iacute;var</i> en 1986: 218, 220).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tanto mi padre como mi entra&ntilde;able amigo Carlos Montemayor me previnieron de que no fuera a la Plaza de las Tres Culturas. Obcecada, estuve en primera fila. Entre tantas peripecias causadas por las Furias, renacimos algunos. Muchos, no. Desde aquella noche qued&eacute; desolada. Rub&eacute;n Bonifaz estaba desolado. Se preocup&oacute; por la suerte que hab&iacute;a corrido entre balas&#45;truenos y rayos&#45;fulminantes: "Hundidos en una corriente / turbia. Con los ojos abiertos. / Anudados de sensaciones / tristes, de pensamientos tristes; / debajo de los cielos de lluvia" (<i>Im&aacute;genes</i> en 1986: 41). Templado por los movimientos sociales, Rub&eacute;n Bonifaz nunca se olvid&oacute; de que las revoluciones las hacen individuos a&#45;normales y las mujeres, g&eacute;nero por entonces muy discriminado, que aceler&oacute; el paso de su liberaci&oacute;n hacia delante, aunque en ciertos casos hacia el precipicio. No me olvido de que cuando par&iacute; a mi primer hijo, el maestro Bonifaz me dijo: "&#161;Qu&eacute; b&aacute;rbara Mar&iacute;a Rosa, ya me hizo abuelo!"</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>El poeta de ocurrencias</i>. Confieso que al paso de los d&iacute;as, a&ntilde;os, decenas y veintenas, he dejado de lado las andanzas de mi juventud "cucharera", o sea, robadora experta de la plata y el oro discursivos, pero nada puedo hacer mejor que seguir las huellas de Bonifaz Nu&ntilde;o y hacerlas m&iacute;as, porque afin&oacute; siempre. Afinaba la lira, y como solitario poeta cant&oacute; y dijo algo del mundo, de su manera de estar en el mundo: "Se mezcle la m&uacute;sica con el tema / formando una misma sola hermosura; /que en trance de ritmo la palabra / adquiera la voz de la poes&iacute;a" ("Po&eacute;tica", <i>Im&aacute;genes</i> en 1986: 71). &#191;Por qu&eacute; la voz de mi maestro no envejece? S&eacute; que estuvo poseso. En el <i>Fedro</i>, Plat&oacute;n asegura que quien se cree poeta por ser solo due&ntilde;o en t&eacute;cnicas, sin estar tocado de locura de Musas, fracasa. El poeta Bonifaz asiente: "Las palabras saben hacer extra&ntilde;os / juegos. Ellas solas dicen. Nosotros / somos la guitarra que alguien toca. / Cuando yo te digo: 'te amo', es cierto / que te amo. / Pero no es verdad que yo te lo digo" (<i>Algunos poemas no coleccionados</i> en 1986: 109).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De pronto llega, y uno no quiere que llegue, el acudido delirante, el hallazgo, el don de amor que reclama compartirlo, quiz&aacute; con el rostro enrojecido: jugar ese juego es participar en la fiesta de la vida: "Es hora, pues, de fiesta; / de aceptar que son breves las ra&iacute;ces / &#91;...&#93; / Y hay cantares aqu&iacute;, y he merecido / tomar mi parte en el cantar. / Amigos, / &#191;qu&eacute; podemos perder con alegrarnos?" (<i>Fuego de pobres</i> en 1986: 271). En la casa de la Flor y del Canto han quedado las figuras de Netzahualc&oacute;yotl y de Rub&eacute;n Bonifaz.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cigarra y lib&eacute;lula en medio de la sombr&iacute;a lluvia, una m&aacute;scara y un guitarrista, el poeta Rub&eacute;n Bonifaz Nu&ntilde;o cant&oacute;, dejando pausas que no son mutismo, sino que sugieren lo inefable, el sue&ntilde;o del otro yo que nos sue&ntilde;a: "El lirio del silencio, embellecido, / en sus callados muros aprisiona / para este sue&ntilde;o el &uacute;ltimo sonido" (<i>La muerte del &aacute;ngel</i> en 1986: 16). La belleza esconde lo siniestro, el dolor que brota escondido entre formas atractivas. El comp&aacute;s de espera po&eacute;tico gratifica al que sabe t&eacute;cnicas, al mani&aacute;tico o inspirado y al amigo de fiestas que sufre: "Y esta soledad me dice que escriba. / Me he vuelto ambicioso con la pobreza" (<i>Los demonios y los d&iacute;as</i> en 1986: 123), porque tambi&eacute;n el dolor "disfraza de fiesta su agon&iacute;a" ("La flor", <i>Im&aacute;genes</i> en 1986: 95). La vida es el Carnaval que, entre gritos de regocijo, oculta el llanto: "&#91;...&#93; He conseguido / que ni t&uacute; misma sepas / que estoy quebrado en dos, que disimulo; / que no soy yo quien habla con las gentes, / que mis dientes se r&iacute;en por su cuenta / mientras estoy, aqu&iacute; detr&aacute;s, llorando" (<i>El manto y la corona</i> en 1986: 167), &#191;d&oacute;nde es detr&aacute;s?, perm&iacute;tame ir a consolarlo riendo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Poeta del amor</i>. Rub&eacute;n Bonifaz me enamor&oacute; con sus amores. Por eso, y por envidia, he hecho m&iacute;as algunas estrofas de sus poemas, como si me hablaran al o&iacute;do; no podr&eacute; cambiarlas nunca por otras: "Algo en mi alma se parece / a ti. Eres t&uacute;. No puedes irte / del todo, amiga, aunque te vayas. / Como almendra del fuego, o n&uacute;cleo / maizal del aire, est&aacute;s conmigo / dentro de m&iacute;, para quedarte. / &#91;...&#93; / Como el silencio donde el gozo / termina, o la ceniza mansa / de cada luz, estoy contigo. / Y algo de tu alma me recuerda / sin remedio. No podr&aacute;s dejarme / del todo, amiga, aunque me dejes" (<i>El ala del tigre</i> en 1986: 370&#45;371).<sup><a href="#notas">2</a></sup> </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El amor es el contrario del odio y la contraparte de la soledad; es vida y creaci&oacute;n. Los plat&oacute;nicos fil&oacute;sofos y pintores renacentistas del <i>quattrocento</i> (Marsilio Ficino, Pico della Mirandola, Le&oacute;n Hebreo, Castiglione) cayeron en la trampa de los mitos recogidos en <i>El banquete:</i> Eros, hijo de Venus, demonio flechador siempre ni&ntilde;o es libidinoso, carnal, amante de la belleza que aspira a reunir individuos partidos en dos, en una soledad &aacute;vida del t&uacute;, del otro. Sus dobles, la pareja celestial de Venus y Eros no son madre e hijo, sino que, siguiendo las teor&iacute;as plat&oacute;nicas, acaban siendo algo siniestro: Venus naci&oacute; de la espuma que se form&oacute; en el mar cuando Cronos castr&oacute; a su padre Uranos. A esta hija del horror la percibi&oacute;, quiz&aacute; inconscientemente, el lienzo "El nacimiento de Venus" de Sandro Botticelli:<sup><a href="#notas">3</a></sup> pintada sobre la vieira, la sagrada concha, y en el agua, tiene las proporciones y belleza cl&aacute;sicas; pero nos muestra un brazo anormal que con la mano quebrada cubre su vagina con su cabellera. Eolo sopla junto con Aurora un viento fr&iacute;o mientras Hora, la Venus desproporcionada, trata de cubrir a su doble con un manto. Venus est&aacute; rodeada de una rosa, s&iacute;mbolo femenino, ascendente, esto es, desarraigada y est&aacute; rodeada de insectos, cl&aacute;sico s&iacute;mbolo del mal (preg&uacute;ntese, si no, a Kafka o al caballete que Van Gogh dej&oacute; antes de suicidarse). Dice <i>El banquete</i> que es la belleza impasible, culta, y Eros el impulso que eleva al Topos Uranos, donde la vida, despojada de la carne y los sentidos, ya no es vida, sino conjuntos matem&aacute;ticos y geometr&iacute;a. Se contradice Plat&oacute;n: el amor es un faro creativo que ilumina la libido.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dijiste un d&iacute;a que el amor no siempre es correspondido pero siempre est&aacute; enamorado de la belleza y es don creativo para el otro y los otros. "Yo quisiera vivir el sentimiento / de ti; tu inmensidad, vivir tu aliento / y el ciego amor de ser en tu belleza" (<i>La muerte del &aacute;ngel</i> en 1986: 14). En formas m&eacute;tricas consagradas y por consagrar, Rub&eacute;n Bonifaz, hombre de ma&iacute;z y de espiga, muestra la moneda que lleva el amor en la cara y la soledad en la cruz, nunca est&aacute; de un solo lado, sino en equilibrio inestable: "Y &aacute;brese el amor misericorde, / y brilla un rumor alborozado / de mecidos maizales tiernos / junto a sus pies; una esperanza / de plenitudes movedizas, /de nupciales mesas congregadas / en la mazorca &uacute;nica y m&uacute;ltiple" (<i>La flama en el espejo</i> en 1986: 421).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El juego de escondidas entre ser amado o morir en soledad est&aacute; arraigado en la Tierra, y sus fen&oacute;menos naturales (como el rapto de la Primavera o su periodicidad), y con las trampas de las pasiones, como la que padece la Gracia que mira a Hermes, prendada a causa del demonio Eros, seg&uacute;n <i>La Primavera</i>, el lienzo oscuro, del tr&iacute;ptico, que nunca complet&oacute; Botticcelli. Con los pies bien puestos en la Tierra, como Flora, Bonifaz nos ense&ntilde;&oacute; que Eros no es un valor ni un <i>logoi</i>, sino que genera experiencias &eacute;ticas y est&eacute;ticas. "En todo est&aacute;s, amor. Pl&aacute;cidamente / llegas en la caricia floreciente / que entre mis horas &aacute;vidas derramas" ("Canto del af&aacute;n amoroso", <i>Im&aacute;genes</i> en 1986: 82). Para los griegos las locuras son man&iacute;as buenas (la &uacute;nica mala es la de Furias), un frenes&iacute;. As&iacute;, prendado por la belleza, el loco enamorado al delirar exageraba: "Rosa del sol, paloma de la luna. / Perfecta, pues te amo, en todas eres, / y todas son en ti, porque eres una" ("Sonetos a la Sulamita", <i>Im&aacute;genes</i> en 1986: 66). El amor es vida, nuestro paso por el mundo, y vida es comunidad: "No es lo mismo estar enamorado / que amar. / El que ama, seguramente, / no est&aacute; solo, sufre de otra manera; / encuentra la paz, se cumple gozoso / pudiendo sufrir por los que ama" (<i>Los demonios y los d&iacute;as</i> en 1986: 117).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El amor no correspondido es el env&eacute;s de la moneda: "&#191;Por amor de qu&eacute; amor preguntas?/ &#191;Por qu&eacute; te dueles, alma m&iacute;a?" (<i>El ala del tigre</i> en 1986: 355). En el mismo di&aacute;logo plat&oacute;nico, Di&oacute;tima afirma que Eros es hijo de Poros, la riqueza, y de Penia, la carencia; es rico y pobre, es sensual y rico en estrategias, tambi&eacute;n en decepciones. El poeta lo conoce mediante sus ocurrencias ret&oacute;ricas: "Hacer un poema de amor: hablarte / como si estrechara tu cuerpo / con un cintur&oacute;n de llamas quietas" ("Cuaderno de agosto", <i>Algunos poemas no coleccionados</i> en 1986: 108). Porque "Llegas, amor, y ci&ntilde;es y fecundas / las soledades quietas y profundas / do el coraz&oacute;n oscuro canta y gime" ("La flor", <i>Im&aacute;genes</i> en 1986: 91). En voz baja se dice que la moneda cay&oacute; en el lado fatal y deviene una ilusi&oacute;n, un sue&ntilde;o de vigilia: "Te vi caminar en la playa, alegre / como las espumas verdes y el canto, / o como el amor que empieza y calla / y es s&oacute;lo un secreto dicho entre sue&ntilde;os" (<i>Algunos poemas no coleccionados</i> en 1986: 37), un pozo oscuro: "Buscamos sin hallar, pidiendo / en vano siempre; recordando; / llamando sin que se nos oiga. / Lejos, inalcanzada, brilla / la ausente luz que no tuvimos" ("Balada", <i>Im&aacute;genes</i> en 1986: 61&#45;62).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Quien es fiel a sus ideales amorosos forja su dignidad, un atributo de la belleza moral, siempre futurista y solidaria: "A ti esperanza, ritmo / &#151;&#191;resurrecci&oacute;n acaso?&#151; / llama que surge, ya de la ceniza; / espiga primordial, caricia, muerte. / A ti, para tu amor, van mis palabras" (<i>Algunos poemas no coleccionados</i> en 1986: 27). Hoy te lanzo el <i>boomerang</i> y de tu espiga primordial. A nosotros, generaciones del porvenir, sabemos que la espiga es <i>charitas</i> o amor caritativo: riqueza de las esferas m&aacute;s altas de la moral siempre lanzadas al ma&ntilde;ana. Caridad es un don, un &aacute;gape, y este fue tuyo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La caridad es un amor que, impregnando a la pareja, nunca permite que uno domine al otro: "No busques, mi amor, amada, un vaso / donde guardar tu amor; no la muralla / que quiera detenerlo" ("La flor", <i>Im&aacute;genes</i> en 1986: 93). Se ama la vida en plenitud y Rub&eacute;n Bonifaz grit&oacute; "Porque te amo, estoy en paz conmigo" ("Canto al af&aacute;n amoroso", <i>Im&aacute;genes</i> en 1986: 83). Hoy, en medio de tanta oscuridad, tu luz ilumina, aunque tambi&eacute;n un poco antes se mir&oacute; la destrucci&oacute;n: "T&uacute; das la vista a mis pupilas ciegas / y a mi voz la ternura que te nombra; / amor, cu&aacute;nta amargura, cu&aacute;nta sombra / se destruye en la luz en que me anegas" ("La flor", <i>Im&aacute;genes</i> en 1986: 94). Pero es verdad que "Nada ten&iacute;a yo, no ped&iacute; nada / &#151;nada en amor puede pedirse&#151; / y, as&iacute;, me diste todo" (<i>El manto y la corona</i> en 1986: 203). En compensaci&oacute;n: "No me pidas, amada, que te pida; / d&eacute;jame dar &#91;...&#93; / Conc&eacute;deme que entregue simplemente, / no m&aacute;s por entregar; d&eacute;jame el gozo / de ser s&oacute;lo por ser. / Me libre Dios de dar con la esperanza / de recibir en cambio" ("La flor", <i>Im&aacute;genes</i> en 1986: 95). Tu caridad fue gracia amante que a&uacute;n enamora.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la actual etapa nihilista, de guerras intermitentes, de hambrunas, de incultura globalizada, de M&eacute;xico vendido, patria perdida en el caos, los cantos de Rub&eacute;n Bonifaz pregonaron y pregonan que nunca como ahora se necesita tanto la esperanza: "Mujer que me has querido, hermanos: / Hoy m&aacute;s que nunca necesito /echarme por las plazas, por las calles, / para llamar desesperadamente a la esperanza" (<i>Algunos poemas no coleccionados</i> en 1986: 224), porque "S&oacute;lo es verdadero lo que hacemos / para compartirnos con los otros, / para construir un sitio habitable / por hombres" (<i>Los demonios y los d&iacute;as</i> en 1986: 139).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Termino con una coda, mi coda. Rub&eacute;n Bonifaz Nu&ntilde;o, mi amoroso y amado y excelso maestro, mi amigo solidario de voz amorosa, en recuerdo de aquel 2 de octubre, me toca el turno de repetirte por segunda vez: ahora s&eacute;, que te sue&ntilde;o, y cuando velo te extra&ntilde;o.<sup><a href="#notas">4</a></sup> </font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bonifaz Nu&ntilde;o, Rub&eacute;n. <i>De otro modo lo mismo</i>. 1&#170; reimpresi&oacute;n. M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1986 (Letras Mexicanas).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5145239&pid=S0188-2546201400010000700001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cicer&oacute;n. <i>Acerca de los deberes</i>. Introducci&oacute;n, versi&oacute;n y notas de Rub&eacute;n Bonifaz Nu&ntilde;o. M&eacute;xico. Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, 2009 (Bibliotheca Scriptorum Graecorum et Romanorum Mexicana).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5145241&pid=S0188-2546201400010000700002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Machado, Antonio. <i>Obras. Poes&iacute;a y prosa</i>. Edici&oacute;n de Aurora Albornoz y Guillermo de Torre, ensayo preliminar de Guillermo de Torre. Buenos Aires: Editorial Losada, 1964.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5145243&pid=S0188-2546201400010000700003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tr&iacute;as, Eugenio. <i>Lo bello y lo siniestro</i>. 6&#170; edici&oacute;n actualizada. Barcelona: Editorial Ariel, 2006.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5145245&pid=S0188-2546201400010000700004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font size="2" face="verdana"><b><a name="notas"></a>Notas</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Las dem&aacute;s citas son de este libro de libros. &#191;Se nota que soy eco de mi maestro?</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> El inicio de este verso recuerda el "Non omnis moriar" de Manuel Guti&eacute;rrez N&aacute;jera: "No morir&eacute; del todo, amiga m&iacute;a", aunque el de Bonifaz Nu&ntilde;o habla no de la permanencia en la palabra, sino de amores que T&aacute;natos acaba.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> Para esta digresi&oacute;n cons&uacute;ltese Tr&iacute;as 2006.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> Par&aacute;frasis de "Canciones para velar su sue&ntilde;o", <i>Im&aacute;genes</i> en 1986: 78.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font size="2" face="verdana"><b>INFORMACI&Oacute;N SOBRE LA AUTORA</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Mar&iacute;a Rosa Palaz&oacute;n.</b> Licenciada en Letras Espa&ntilde;olas. Maestra y Doctora en Filosof&iacute;a por la Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico. Profesora de Filosof&iacute;a de la historia y del Seminario de Est&eacute;tica (Divisi&oacute;n de Posgrado) de la misma instituci&oacute;n. Investigadora del Instituto de Investigaciones Filol&oacute;gicas. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores. Coordinadora del equipo editor de las <i>Obras</i> de Fern&aacute;ndez de Lizardi. En el 2005 obtuvo el reconocimiento y Medalla Sor Juana In&eacute;s de la Cruz. Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico. Premio Universidad Nacional 2009 en el &aacute;rea de Investigaci&oacute;n en Humanidades.</font></p>      ]]></body><back>
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