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</front><body><![CDATA[ 
	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>

	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>

	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>La dimensi&oacute;n emocional en el discurso televisivo</b></font></p>

	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>

	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Tanius Karam<sup>1</sup></b></font></p>

	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>

	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Labrador Blanes, M. J. &amp; Rebeil Corella, M. A. (Coords.). (2013). <i>La dimensi&oacute;n emocional en el discurso televisivo</i>. M&eacute;xico: Universidad de Los Andes/Universidad An&aacute;huac/ Tirant Humanidades, 231 pp.</b></font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><i>1</i></sup> <i>Universidad An&aacute;huac M&eacute;xico Norte, M&eacute;xico.</i> Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:tanius@yahoo.com">tanius@yahoo.com</a></font></p>

	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>

	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/comso/n22/a13f1.jpg"></font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde hace varios a&ntilde;os el nuevo conocimiento que tenemos sobre el cerebro, las funciones y estructura de este &oacute;rgano han tenido un impacto fundamental, ciertamente en las ciencias naturales como la biolog&iacute;a, pero tambi&eacute;n y sobre todo en las humanidades, al grado que ya hay expresiones como neurociencias, neurohumanidades que justamente se basan en la manera como el nuevo conocimiento sobre el cerebro las impacta y modifica. No hay que olvidar que en los &uacute;ltimos 20 a&ntilde;os hemos producido casi 90% de lo que sabemos sobre este &oacute;rgano, y por tanto eso ha impactado en la noci&oacute;n de tiempo, espacio, relaci&oacute;n, afecto, percepci&oacute;n y centralmente la comunicaci&oacute;n. De alguna forma, gracias a los estudios del cerebro tenemos la oportunidad de revisar y repasar muchas de nuestras categor&iacute;as para concebir nuestros objetos y m&eacute;todos de estudio.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No resulta exagerado pensar que el t&eacute;rmino neurocomunicaci&oacute;n vaya ganando simpat&iacute;a y en breve pueda ser este una categor&iacute;a central en los estudios acad&eacute;micos de la comunicaci&oacute;n. La comunicaci&oacute;n como fen&oacute;meno m&uacute;ltiple, transversal y ecol&oacute;gico es pertinente en el estudio de las relaciones interpersonales y grupales, las institucionales y las sociales, e igualmente en la dimensi&oacute;n social e hipermedi&aacute;tica de nuestras tecnolog&iacute;as. Estos nuevos estudios sobre el cerebro y la neurolog&iacute;a han impactado relativamente poco a los estudios sobre comunicaci&oacute;n social, o al menos no parece proliferar su presencia en bibliograf&iacute;as y conferencias de congreso. Suponemos que esta situaci&oacute;n va a irse revirtiendo paulatinamente, porque de no hacerlo, habr&iacute;a un rezago sobre la imagen que podemos construir, por ejemplo, de la recepci&oacute;n televisiva. Creemos que no abundan en <i>journals</i> y <i>papers,</i> en congresos y coloquios &#45;sobre todo en nuestro medio mexicano tan adepto a centrarse en algunos pocos temas m&aacute;s de corte sociol&oacute;gico o pol&iacute;tico&#45; la dimensi&oacute;n cerebral, neuronal y su impacto en el organismo humano, la relaci&oacute;n social y eventualmente la cultura.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hay un pendiente por doble v&iacute;a: por una parte es necesaria la incorporaci&oacute;n de estos nuevos hallazgos para entender mejor el funcionamiento de los medios, de sus procesos de producci&oacute;n y recepci&oacute;n; pero por la otra, es necesario precisar el impacto real en la composici&oacute;n de toda la persona. Desde que se desarrollaron <i>micro teor&iacute;as</i> para la comunicaci&oacute;n social, como la citada por <i>Del Fleur</i> de las "diferencias individuales" que matizan el supuesto impacto general de los mensajes de los medios, sabemos que operan muchas condicionantes que explican la influencia de los medios en las personas, en los grupos sociales y en el nivel <i>macro social.</i> Hoy sabemos que dicha penetraci&oacute;n no es total, pero no por ello menos limitada; sabemos que no es inmediata, pero no por ello invisible al mediano plazo. Existe una extens&iacute;sima tradici&oacute;n de estudios sobre el efecto de los medios, incluso los cognitivos, que para el libro coordinado por Labrador y Rebeil resultan centrales, pero no necesariamente sobre funciones cerebrales espec&iacute;ficas, ni mucho menos de la "emoci&oacute;n" como ese campo particular que nos permite abrir una caja de pandora y difundir un conocimiento, como decimos, no frecuente en nuestros estudios sociales sobre medios masivos y tecnolog&iacute;as.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otra parte, los estudios sobre televisi&oacute;n se han ampliado much&iacute;simo. La industria medi&aacute;tica sabe mucho de sus audiencias, adem&aacute;s de que lleva a&ntilde;os invirtiendo ingentes cantidades para conocerlas y precisarlas; pero tambi&eacute;n hoy sabemos m&aacute;s de sus mensajes y estructuras. Las audiencias por su parte se segmentan, se delimitan; no podemos decir que hoy las audiencias sean m&aacute;s cr&iacute;ticas, pero s&iacute; tienen m&aacute;s informaci&oacute;n. La experiencia televisiva se hace m&aacute;s compleja y din&aacute;mica: de un lado, el medio sabe dirigir programas espec&iacute;ficos y diversos, mezclando g&eacute;neros y formatos cada vez m&aacute;s, con narrativas de gran agilidad y rapidez, con estrategias que simulan un acercamiento m&aacute;s directo a quien est&aacute; del otro lado de la pantalla; del otro polo, las audiencias se especializan, consumen m&aacute;s pantallas (celulares, videojuegos, dispositivos m&oacute;viles...) y construyen una experiencia cada vez m&aacute;s interactiva con aquello que consumen y usan para formar la imagen de la realidad.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No todo es miel sobre hojuelas. Tambi&eacute;n podemos decir que en alg&uacute;n sentido persisten la manipulaci&oacute;n y el aletargamiento en sociedades que sobre todo buscan entretenimiento pero poco se interesan sobre lo que la televisi&oacute;n y sus mensajes nos hacen en la cabeza, y no significa eso, como rezaban las fantas&iacute;as apocal&iacute;pticas, que quedemos adormecidos delante del televisor, ya sabemos que eso no sucede as&iacute;, pero s&iacute; hay efectos, situaciones, estructuras de narraci&oacute;n que en el mediano/largo plazo inculcan, cultivan o refuerzan visiones, im&aacute;genes, representaciones y estereotipos, en los cuales la emoci&oacute;n cumple un reforzar fundamental.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La televisi&oacute;n result&oacute; ser del cuarteto <i>massmedi&aacute;tico</i> (por orden de aparici&oacute;n: prensa, cine, radio y televisi&oacute;n) el de mayor presencia e impacto; sus efectos a lo largo de la segunda mitad del siglo xx fueron descomunales y ella misma es una instituci&oacute;n que acompa&ntilde;a el proceso de complejizaci&oacute;n de la modernidad y consolidaci&oacute;n del capitalismo informacional y cognitivo, como tambi&eacute;n se le llama. No hay aceleraci&oacute;n de la modernidad sin la influencia de la televisi&oacute;n, de sus dispositivos, de sus mensajes; no hay una serie de contradicciones (como rezar&iacute;a Daniel Bell) sin esta instancia que en m&aacute;s de un sentido ha amoldado nacionalidades y representaciones; no en balde el siempre ocurrente Carlos Monsiv&aacute;is dec&iacute;a que gracias al cine primero, y luego la televisi&oacute;n, los mexicanos adquirimos conciencia de ser mexicanos. John B. Thompson ubic&oacute; como categor&iacute;a central para el an&aacute;lisis de la modernidad a los medios, porque reconoc&iacute;a en ellos un modo de experiencia que a su manera modific&oacute; la percepci&oacute;n, la noci&oacute;n de tiempo/ espacio, as&iacute; como muchas de las costumbres que se vieron trastocadas por los rituales televisivos.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>La Dimensi&oacute;n Emocional en el Discurso Televisivo</i> es un trabajo que nos permite adentrarnos de manera por dem&aacute;s amena y did&aacute;ctica a los vericuetos del mundo emocional del discurso de la televisi&oacute;n. De todo lo que hemos dicho, esa dimensi&oacute;n emocional no ha sido suficientemente estudiada en extenso. S&iacute; sabemos que la televisi&oacute;n &#45;a su manera como medio c&aacute;lido, para evocar al viejo McLuhan&#45; es m&aacute;s potente por lo que evoca que propiamente por lo que referencia: lo dicho, lo argumentado. La gente con frecuencia recuerda de qu&eacute; color es la corbata que llevaba alg&uacute;n funcionario en un discurso, aunque no recuerde muy bien de qu&eacute; hablo. Ubicamos generalidades para lo cual la emoci&oacute;n es el basamento que permite anclarlas en la percepci&oacute;n, porque justamente los sentimientos tienen capacidad &#45;por encima de razones, argumentos y enunciados&#45; de impactar la memoria y la representaci&oacute;n que hacemos de un sujeto, un tema, un personaje de telenovela, etc. Muchos ejemplos podr&iacute;amos citar, quiz&aacute;s el m&aacute;s emblem&aacute;tico es el de las telenovelas, sobre la que hay r&iacute;os de tinta en la manera en c&oacute;mo esta dimensi&oacute;n afectiva y emocional funciona y opera. Si la televisi&oacute;n fuera &uacute;nicamente racional o l&oacute;gica, muy pocos la ver&iacute;an, porque este medio es sobre todo proveedor de experiencias, que sin lo emocional carecer&iacute;an tal vez de inter&eacute;s a sus usuarios.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El texto de Labrador y Rebeil no es por tanto un recuento de estos temas sabidos, sino que en su antolog&iacute;a realizan un aporte, porque avanzan la discusi&oacute;n y sobre todo, acercan algunos hallazgos de los estudios del cerebro al estudio social y psicol&oacute;gico de la televisi&oacute;n. Con ello permite una divulgaci&oacute;n de un saber m&aacute;s elaborado de la tele, de sus mensajes y de sus audiencias, y da las bases, por ejemplo, para el desarrollo de did&aacute;cticas y pedagog&iacute;as que incluyan justamente esta dimensi&oacute;n.</font></p>

	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">No estamos ante una antolog&iacute;a abigarrada o sesuda. Al contrario. En sus ocho art&iacute;culos vemos una subdivisi&oacute;n interna, no explicitada, pero claramente definida en los cuatro grandes asuntos que aborda: los aspectos neuropsicol&oacute;gicos, las cuestiones sobre el lenguaje televisivo &#45;desde el enfoque de las emociones y no propiamente el narrativo/discursivo&#45; y de g&eacute;nero televisivo, entretenimiento vinculado a la emoci&oacute;n; finalmente una preocupaci&oacute;n por el tema de la infancia y el impacto de contenidos desde el papel de las emociones. En suma, es un libro que presenta una organizaci&oacute;n original desde los vectores claves que se ponen a funcionar: la manera como la emoci&oacute;n transversalmente permite ver la fisiolog&iacute;a de la persona (y con ello en el nivel m&aacute;s amplio, de las audiencias) y su efecto particular en la experiencia del ver; las cuestiones sobre la ni&ntilde;ez que permiten sentar las bases de una pedagog&iacute;a cr&iacute;tica de los medios.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hoy d&iacute;a el concepto de "contenido" parece que desplaza a otros que pulularon en el mundo acad&eacute;mico como "discurso" o "mensajes". El contenido no es solamente un dato; se trata de un servicio, de una especie de "parrilla" m&aacute;s particular y espec&iacute;fica que la audiencia espera ver en un sistema de transmisi&oacute;n; tampoco restringimos el concepto de contenido al que involuntariamente difundi&oacute; el <i>content analysis</i> y que puede prestarse a una visi&oacute;n restrictiva del t&eacute;rmino. Por otra parte, la calidad de contenidos, no lo es solamente por los temas, sino por los encuadres y tratamientos, por la manera como se abordan, se plantean, y tambi&eacute;n por el sistema enunciativo de presentaci&oacute;n: concepto del canal, formas de apelar a las audiencias, etc. A fin de cuentas necesitamos una visi&oacute;n multimodal (para usar la acepci&oacute;n de Kress y Van Leewen) del discurso. Los contenidos tambi&eacute;n superan al propio mensaje del medio, porque interconectan m&aacute;s creativamente con otros formatos y estructuras.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si bien estos &uacute;ltimos temas no son el centro de <i>La Dimensi&oacute;n Emocional en el Discurso Televisivo,</i> esta antolog&iacute;a da tambi&eacute;n las bases para una reflexi&oacute;n m&aacute;s amplia que se pueda aplicar al estudio de una est&eacute;tica <i>transmedia,</i> y una experiencia afectiva donde lo emocional es el vaso conductor entre la experiencia de recepci&oacute;n m&aacute;s interconectada del tipo <i>Harry Potter</i> o <i>El se&ntilde;or de los anillos</i> en las que la televisi&oacute;n es un componente m&aacute;s de la experiencia multiflujo y ayuda igualmente a moldear la experiencia afectiva que tambi&eacute;n se tiene en el cine, el videojuego, el libro o la p&aacute;gina de Internet.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De sus varias cualidades, <i>La Dimensi&oacute;n Emocional en el Discurso Televisivo</i> renuncia al discurso del especialista. Est&aacute; escrito por soci&oacute;logos, psic&oacute;logos, pedagogos y comunic&oacute;logos, pero resultar&iacute;a dif&iacute;cil restringir a un especialista o lector de esta &aacute;rea el beneficio de este libro que tiene la habilidad de poner sobre la mesa un abanico de temas que con el sustento de la neurofisiolog&iacute;a y la antropolog&iacute;a de las emociones ofrece un marco explicativo poco frecuente para los asuntos sobre el mensaje y recepci&oacute;n televisiva. <i>El libro en ese sentido se erige con un excelente instrumento el proceso de recepci&oacute;n cr&iacute;tico,</i> en pedagogos de los medios, pero tambi&eacute;n en acad&eacute;micos e investigadores que consideran nuevas preguntas, las que muchas veces los usuarios de la televisi&oacute;n no nos hacemos, por estar demasiado entretenidos viendo contenidos que nos afectan o interpelan de un modo en que no siempre nos damos cuenta.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El texto ofrece como "plus" &#45;si se nos permite el t&eacute;rmino&#45; un "doble regalo": una bibliograf&iacute;a concreta y precisa; no estamos ante decenas de p&aacute;ginas, de listados cuyos t&iacute;tulos nos revelan dispersi&oacute;n o amplitud, pero que no ayudan a reconocer el foco de la orientaci&oacute;n biblio&#45;hemerogr&aacute;fica, y finalmente un &uacute;til listado de recursos tecnol&oacute;gicos, donde igualmente se pueden encontrar referencias a textos, art&iacute;culos que abordan el tema desde la perspectiva. Hay que subrayar, lo insistimos, que se trata de un conjunto de recursos, no exhaustivo, pero s&iacute; pedag&oacute;gicamente orientativo, que implican una ruta para proseguir la lectura y ahondar este tema, del cual comienzan a publicarse los primeros trabajos y sobre todo a difundirse dentro de las humanidades y ciencias sociales.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estamos ante un libro ubicado en la frontera de la divulgaci&oacute;n &#45;le&iacute;do por cualquier persona&#45; y propiamente de difusi&oacute;n, para algunas de las profesiones y actividades arriba se&ntilde;aladas. Es un libro que deliberadamente abre el debate de la emoci&oacute;n como categor&iacute;a transversal para recorrer el todo del an&aacute;lisis televisivo, desde una perspectiva integral. Es quiz&aacute; la comunicaci&oacute;n el dominio o el campo que permite abrazar todas las perspectivas implicadas en los ocho textos que componen la antolog&iacute;a, y demanda naturalmente diversas entradas con la idea de explicar c&oacute;mo el proceso de construcci&oacute;n de la realidad social se vincula con esas dimensiones l&uacute;dico/afectivas vehiculadas por el mensaje discursivo, eminentemente polidiscursivo y efectivo para lograr la interiorizaci&oacute;n de conceptos como legitimar, valorar, conmover, interesar, y para lo cual no basta ninguna &aacute;rea por s&iacute; sola que tradicionalmente ha abordado extensamente los estudios sobre medios, por ello incluso cuando este libro aparentemente aborda algo espec&iacute;fico, abre una puerta que nos permite redimensionar y volver a formular preguntas sobre lo que ya sab&iacute;amos o cre&iacute;amos saber, ahora reelaboradas a la luz de nuevos hallazgos y posibilidades de interpretaci&oacute;n.</font></p>
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