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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Presentaci&oacute;n</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b><i>Comunicaci&oacute;n y Sociedad,</i> hija de la d&eacute;cada perdida</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Pablo Arredondo Ram&iacute;rez<sup>1</sup></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i><sup>1</sup> Universidad de Guadalajara, M&eacute;xico.</i> Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:pablor@csh.udg.mx">pablor@csh.udg.mx</a></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un cuarto de siglo es un lapso considerable, podr&iacute;a decirse extraordinario, para la existencia y continuidad de un proyecto de difusi&oacute;n y an&aacute;lisis acad&eacute;mico, como ha sido la historia de <i>Comunicaci&oacute;n y Sociedad</i>. Concebida a la luz de un proyecto de investigaci&oacute;n, en la provincia mexicana, con la formaci&oacute;n del Centro de Estudios de la Informaci&oacute;n y la Comunicaci&oacute;n en 1986, hoy en d&iacute;a transformado en Departamento de Estudios de la Comunicaci&oacute;n Social de la Universidad de Guadalajara, esta revista no fue tal, sino hasta el cuarto y quinto n&uacute;mero de su existencia, cuando de manera embrionaria busc&oacute; conjuntar los elementos de lo que tendr&iacute;a que considerarse una "publicaci&oacute;n peri&oacute;dica con rigor acad&eacute;mico".</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los primeros pasos de este proyecto editorial se dieron a trav&eacute;s de tres estudios monogr&aacute;ficos aportados por igual n&uacute;mero de (entonces) j&oacute;venes acad&eacute;micos: Francisco de Jes&uacute;s Aceves con <i>La televisi&oacute;n en Guadalajara: g&eacute;nesis y desarrollo</i>; Guillermo Orozco G&oacute;mez, con <i>Televisi&oacute;n y producci&oacute;n de significados (tres ensayos)</i>, y Enrique S&aacute;nchez Ruiz con <i>Centralizaci&oacute;n, poder y comunicaci&oacute;n en M&eacute;xico</i>, constituyeron los cimientos de este proyecto editorial. Desde aquellos d&iacute;as muchos cambios han operado tanto en el contexto que le dio origen a esta revista, como en los objetos de estudio en los que se ha concentrado a lo largo de 25 a&ntilde;os.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Comunicaci&oacute;n y Sociedad</i> vino al mundo en el tiempo en que los aires del llamado "neoliberalismo" arreciaban en todos los puntos cardinales del orbe. El Estado, en las sociedades avanzadas y a su manera en las menos desarrolladas, fue llevado al banquillo de los acusados, bajo la amenaza de comenzar el desmantelamiento de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas que le hab&iacute;an dado forma desde la postguerra. Hab&iacute;a llegado el tiempo de privilegiar al mercado, de apoyar las bondades de la presunta competencia y la desregulaci&oacute;n en la econom&iacute;a. En las tierras latinoamericanas todav&iacute;a se apreciaba el tufo de los reg&iacute;menes autoritarios (de extracci&oacute;n militar en su mayor&iacute;a), aunque un proceso tenue de liberalizaci&oacute;n pol&iacute;tica que abrir&iacute;a las puertas a esquemas de democracia electoral se hab&iacute;a puesto en marcha. En escenarios como el mexicano, tras dos magnas crisis de naturaleza econ&oacute;mica (en 1976 y 1982) se hac&iacute;a evidente el desgaste de un modelo de control pol&iacute;tico sui generis, que estaba a punto de sufrir una de sus mayores pruebas con la escisi&oacute;n del partido que hab&iacute;a mantenido, desde hac&iacute;a m&aacute;s de cinco d&eacute;cadas, la hegemon&iacute;a indiscutible en el sistema pol&iacute;tico nacional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mercado a la alza, privatizaciones en boga, relativa liberalizaci&oacute;n pol&iacute;tica y movimientos sociales de m&uacute;ltiple naturaleza marcaron un decenio que culminar&iacute;a, entre otras situaciones in&eacute;ditas, con el derrumbe del socialismo de la antigua Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica y con un proceso intenso de globalizaci&oacute;n del capitalismo triunfante. Una d&eacute;cada a la que m&aacute;s de alguno, con justa raz&oacute;n, bautiz&oacute; como la "d&eacute;cada perdida", marcada por altos &iacute;ndices de inflaci&oacute;n econ&oacute;mica, deudas externas impagables y un significativo d&eacute;fcit fscal en las cuentas p&uacute;blicas. Una etapa que exacerb&oacute; la multiplicaci&oacute;n de la pobreza en pr&aacute;cticamente toda la Am&eacute;rica Latina y, muy particularmente, en M&eacute;xico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tales din&aacute;micas no fueron ajenas al mundo de la comunicaci&oacute;n y al de su estudio. Si bien la revoluci&oacute;n tecnol&oacute;gica de las comunicaciones fue m&aacute;s notable durante los a&ntilde;os noventa y en los albores del nuevo milenio, las marcas estaban puestas desde los a&ntilde;os del decenio perdido. Internet operaba de manera restringida en las comunidades de iniciados en Estados Unidos, pero ya iniciaba su explosi&oacute;n; las computadoras ya hab&iacute;an cambiado su escala para ser incorporadas como un electrodom&eacute;stico m&aacute;s en los hogares y un sustituto de diversas tecnolog&iacute;as de oficina; las redes telem&aacute;ticas, si bien incipientes, estaban prefiguradas en el entorno empresarial m&aacute;s que en el social; la televisi&oacute;n por cable no era novedad, pero su popularizaci&oacute;n desde luego que s&iacute;, tanto como la multiplicaci&oacute;n de los canales. Las llamativas antenas satelitales irrumpieron en los suburbios de las clases pudientes y experimentos audiovisuales como el llamado <i>multipoint service</i> fueron igualmente abrazados por los segmentos de una audiencia urbana m&aacute;s sofsticada y demandante. Y la interactividad medi&aacute;tica, podr&iacute;a decirse, era una pulsi&oacute;n en espera de ser realizada. Ese <i>Big Bang</i> suceder&iacute;a pocos a&ntilde;os m&aacute;s tarde.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las "nuevas tecnolog&iacute;as" de entonces luchaban por un lugar en el oc&eacute;ano del ecosistema comunicativo predominante, particularmente del subordinado a la televisi&oacute;n tradicional. El mismo medio que incluso en nuestros d&iacute;as establece las agendas y los derroteros de cuanta actividad social le apetece. Las viejas antenas han desaparecido poco a poco del paisaje urbano, pero el septuagenario medio est&aacute; m&aacute;s metido que nunca en los hogares, en la vida cotidiana, en la econom&iacute;a y en la pol&iacute;tica. As&iacute; pues, la multiplicaci&oacute;n de soportes, de mensajes y de audiencias ya estaba en marcha ascendente desde aquellos "ochenteros" d&iacute;as, como tambi&eacute;n lo estaba el crecimiento de la comunicolog&iacute;a como disciplina en el territorio latinoamericano.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin duda, un fen&oacute;meno incuestionable del inter&eacute;s creciente por los procesos comunicativos en aquella d&eacute;cada, en el &aacute;mbito de Am&eacute;rica Latina, se manifest&oacute; en la intensa creaci&oacute;n de escuelas y facultades de comunicaci&oacute;n. M&eacute;xico no fue ajeno a ello. En apenas unos cuantos a&ntilde;os, el n&uacute;mero de instituciones dedicadas a la formaci&oacute;n de profesionistas para la comunicaci&oacute;n alcanz&oacute; proporciones considerables y su explosiva din&aacute;mica se torn&oacute;, simult&aacute;neamente, en objeto de estudio para m&aacute;s de un acad&eacute;mico de la propia disciplina. Aunque de manera m&aacute;s modesta, la multiplicaci&oacute;n de escuelas y facultades de comunicaci&oacute;n abri&oacute; la puerta a un inter&eacute;s por abordar &#150;desde la investigaci&oacute;n&#150; los fen&oacute;menos comunicativos, tanto aquellos que se circunscrib&iacute;an de manera directa al mundo de los medios como los que ten&iacute;an que ver con las llamadas mediaciones socioculturales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Frente a las corrientes anglosajonas de la <i>Communication Research</i> (m&aacute;s criticadas que comprendidas), y aquellas inspiradas en el marxismo (muy populares durante los a&ntilde;os setenta), ciertos acad&eacute;micos latinoamericanos estaban empe&ntilde;ados en desarrollar los paradigmas te&oacute;ricos que explicar&aacute;n nuestra realidad y preocupaciones desde una &oacute;ptica m&aacute;s pr&oacute;xima a las manifestaciones culturales y sociales de la regi&oacute;n. Nuestra propia versi&oacute;n de los <i>cultural studies</i> emergi&oacute; como modelo conceptual, centrado menos en las manifestaciones tecnol&oacute;gicas y m&aacute;s en las din&aacute;micas complejas de una sociedad distinguida por la polarizaci&oacute;n de todo cu&ntilde;o y por las especificidades de una cultura mestiza.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con todo, la preocupaci&oacute;n inherente al papel econ&oacute;mico de la industria medi&aacute;tica, en tanto industria cultural, y la complicidad de los grandes medios con los esquemas imperantes de dominaci&oacute;n pol&iacute;tica, bastante ajenos a la democracia, no dejaron de estar presentes en la agenda de los investigadores de la comunicaci&oacute;n de esos a&ntilde;os. En nuestro pa&iacute;s, ello se reflej&oacute; en un intento por mantener viva la discusi&oacute;n p&uacute;blica sobre la necesidad de reglamentar y, por tanto, hacer efectivo el derecho a la informaci&oacute;n; un logro de naturaleza constitucional obtenido al finalizar la d&eacute;cada anterior, pero inconcluso. Un "triunfo" que form&oacute; parte de una reforma pol&iacute;tica que abri&oacute; las puertas de la participaci&oacute;n electoral a fuerzas que hasta entonces hab&iacute;an sido consideradas al margen de la ley. Fueron los primeros s&iacute;ntomas de un proceso de agotamiento del sistema autoritario mexicano.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Paralelamente, la creciente concentraci&oacute;n de los esquemas corporativos imperantes en el sector de los medios, muy especialmente en la radio y la televisi&oacute;n, y la p&aacute;lida participaci&oacute;n del Estado en este territorio, por no hablar de la titubeante pol&iacute;tica p&uacute;blica en la materia, plagaron la agenda de preocupaciones de los escasos n&uacute;cleos de investigaci&oacute;n que para entonces operaban en el pa&iacute;s.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De hecho, <i>Comunicaci&oacute;n y Sociedad</i> naci&oacute; en el contexto de un esfuerzo por cimentar un proyecto de investigaci&oacute;n, m&aacute;s o menos riguroso, fuera de los espacios centralizados y centralistas que para entonces dominaban la mayor parte de la actividad acad&eacute;mica en el campo de la comunicaci&oacute;n. Se trataba de un proyecto universitario encaminado a generar conocimiento y reflexi&oacute;n en lo que ya se prefiguraba como el estrat&eacute;gico territorio de la comunicaci&oacute;n mediada y de la cultura.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute; pues, el lector tiene en sus manos una publicaci&oacute;n cuya gestaci&oacute;n fue producto de un esfuerzo acad&eacute;mico de mayor talante; de un espacio con fines de formaci&oacute;n de recursos humanos y de generaci&oacute;n de conocimiento socialmente pertinente que, a lo largo de estos a&ntilde;os, se ha empe&ntilde;ado en convocar la diversidad obligada para el entendimiento de los complejos fen&oacute;menos que aborda.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los escenarios contempor&aacute;neos relativos a la comunicaci&oacute;n, si bien anclados en su pasado inmediato, han sufrido transformaciones incuestionables. La abrumadora revoluci&oacute;n de las tecnolog&iacute;as de la informaci&oacute;n y de la comunicaci&oacute;n est&aacute; impactando, de forma y de fondo pr&aacute;cticamente a todas las &aacute;reas de la actividad humana. La mediatizaci&oacute;n social se extiende tanto a los terrenos de la lucha y preservaci&oacute;n del poder pol&iacute;tico, como a los centros neur&aacute;lgicos de la econom&iacute;a, por no hablar de la cotidianidad simb&oacute;lica de miles de millones de seres humanos. Revoluci&oacute;n tecnol&oacute;gica y dilemas tradicionales como la identidad y el sentido de pertenencia, se diluyen en din&aacute;micas &uacute;nicas. Situaciones que, hasta no mucho, eran imaginadas como parte de una fcci&oacute;n tecno&#45;social posible son ahora pr&aacute;ctica cotidiana. La "aldea global" pas&oacute; de ser una met&aacute;fora a convertirse en una realidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entre los polos que recorren lo &uacute;ltimos 25 a&ntilde;os, la revista <i>Comunicaci&oacute;n y Sociedad</i> ha debido desarrollarse, no sin pocas dificultades. Dos &eacute;pocas y 58 n&uacute;meros despu&eacute;s (40 de la primera &eacute;poca y 18 de la actual) la publicaci&oacute;n de marras sobrevive con los signos de la vitalidad y la diversidad que la vieron nacer. Se ha constituido en un territorio de tem&aacute;ticas variadas que abordan &#150;desde &oacute;pticas diversas, en ocasiones antag&oacute;nicas&#150; un plural n&uacute;mero de objetos de estudio: el desarrollo e impacto social de los medios "tradicionales", la conformaci&oacute;n y desenvolvimiento de las audiencias de toda &iacute;ndole, el an&aacute;lisis de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas, la econom&iacute;a pol&iacute;tica de la comunicaci&oacute;n, la vinculaci&oacute;n religiosidad y cultura, las apropiaciones simb&oacute;licas, el an&aacute;lisis de fujos informativos, los estudios sobre el periodismo, el desarrollo cinematogr&aacute;fico, las culturas juveniles, el an&aacute;lisis sobre el devenir de la comunicaci&oacute;n como campo acad&eacute;mico, los estudios regionales, los estudios de la realidad comunicacional latinoamericana, el an&aacute;lisis cr&iacute;tico de la mercadotecnia, las expresiones comunicativas de los pueblos ind&iacute;genas, los debates te&oacute;ricos y metodol&oacute;gicos, etc. Una mir&iacute;ada de intereses y de objetos de estudio pertenecientes al complejo y basto universo de la comunicaci&oacute;n han transitado por las p&aacute;ginas de esta publicaci&oacute;n diversa, plural y cr&iacute;tica desde los a&ntilde;os ochenta.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y precisamente en este n&uacute;mero, el de su vig&eacute;simo quinto aniversario, <i>Comunicaci&oacute;n y Sociedad</i> busca reafirmar su vocaci&oacute;n inicial y la madurez acad&eacute;mica adquirida a lo largo de estos a&ntilde;os. El lector tiene en su manos &#150;en los ensayos de investigaci&oacute;n contenidos en este ejemplar&#150; una muestra palpable de la naturaleza acad&eacute;mica de una iniciativa universitaria que hace un cuarto de siglo arranc&oacute; con el &aacute;nimo y las pretensiones que hoy confirma.</font></p>      ]]></body>
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