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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Un clero en transición: Población clerical, cambio parroquial y política eclesiástica en el arzobispado de México, 1700-1749]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Rodolfo Aguirre Salvador. <i>Un clero en transici&oacute;n. Poblaci&oacute;n clerical, cambio parroquial y pol&iacute;tica eclesi&aacute;stica en    <br> 	el arzobispado de M&eacute;xico, 1700&#45;1749</i></b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Marta Eugenia Garc&iacute;a Ugarte</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>(M&eacute;xico: Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico&#45;Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educaci&oacute;n/Bonilla Artiga Editores, 2012), 372 pp.</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Instituto de Investigaciones Sociales    <br> Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rodolfo Aguirre Salvador presenta la situaci&oacute;n del clero del arzobispado de M&eacute;xico, a nivel parroquial y diocesano. Construye su obra en torno a tres ejes anal&iacute;ticos. El primero registra los esfuerzos por contar con un centro de formaci&oacute;n de excelencia para el clero diocesano. El segundo eje atiende los problemas de las nuevas generaciones clericales para encontrar un acomodo en la estructura eclesi&aacute;stica y los conflictos suscitados por las condiciones del clero regular, que no s&oacute;lo contaba con muchas doctrinas sino que ten&iacute;a m&aacute;s rentas y disfrutaba de una gran autonom&iacute;a por las diversas facultades concedidas por los pont&iacute;fices, desde la famosa <i>Omnimoda</i> de Adriano VI, del 10 de mayo de 1522. El tercer eje lo constituyen los problemas pol&iacute;ticos de la Iglesia ante el cambio pol&iacute;tico que se hab&iacute;a registrado por la guerra de sucesi&oacute;n de Espa&ntilde;a a principios del siglo XVIII, cuando los Borbones sustituyeron a los Habsburgo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Uno de los temas analizados por el autor es el proceso de secularizaci&oacute;n de las parroquias o doctrinas administradas por el clero regular. Ese proceso se encuentra estrechamente relacionado con el otro tema esencial de la obra, la formaci&oacute;n del clero diocesano. Por ejemplo, el arzobispo de M&eacute;xico, Jos&eacute; Lanciego Eguilaz, propuso a la Santa Sede, en 1720, secularizar 60 doctrinas. Aunque la petici&oacute;n no fue aceptada, se puso sobre la mesa la necesidad de secularizar las doctrinas que estaban bajo la administraci&oacute;n del clero regular en el arzobispado de M&eacute;xico. No era un proyecto nuevo. Juan de Palafox y Mendoza, quien fuera consagrado obispo de Puebla de los &Aacute;ngeles el 27 de diciembre de 1639, se distingui&oacute; por su empe&ntilde;o en fortalecer el clero diocesano, secularizar las doctrinas de las congregaciones religiosas y establecer de forma clara la autoridad y la jurisdicci&oacute;n episcopal. El obispo Palafox fue punta de lanza de los proyectos modernizadores de la monarqu&iacute;a cat&oacute;lica, tal y como la conceb&iacute;a Juan de Sol&oacute;rzano Pereira (1575&#45;1655): "como &aacute;mbito universal compuesto por muchos reinos, en que todo poder descend&iacute;a del soberano" (David Brading (1991). <i>Orbe Indiano. De la monarqu&iacute;a cat&oacute;lica a la rep&uacute;blica criolla</i>, 1492&#45;1867. M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, p. 253).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">"En la Nueva Espa&ntilde;a, los mendicantes se hab&iacute;an resistido a todos los intentos de la jerarqu&iacute;a mexicana por efectuar inspecciones y nombrar curas, prefiriendo administrar sus doctrinas con peque&ntilde;os grupos de frailes" (<i>Ibid.</i>, p. 250). El asunto no estuvo definido de forma clara hasta 1624 y 1634, cuando el Consejo de Indias public&oacute; los decretos que exigieron la observancia de las leyes tridentinas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En 1749 la Corona decret&oacute; el inicio de la secularizaci&oacute;n. La Mitra de M&eacute;xico estaba lista y preparada para llevarla a cabo. Tres a&ntilde;os m&aacute;s tarde, en 1752, el arzobispo Manuel Rubio y Salinas inform&oacute; que el proceso de secularizaci&oacute;n de 12 doctrinas, agustinas y dominicas, en el arzobispado hab&iacute;a sido un &eacute;xito. Con esos resultados, la c&eacute;dula de 1749 se aplic&oacute; a todos los obispados indianos en 1753. El informe fue una cuenta alegre. Los conflictos entre el clero regular y secular por la secularizaci&oacute;n todav&iacute;a estaban presentes a finales del siglo XVIII.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El proyecto secularizador conllevaba de forma expl&iacute;cita el establecimiento del seminario conciliar para formar a los cl&eacute;rigos que iban a sustituir a los regulares. Lo mismo hab&iacute;a sucedido en Puebla. El obispo Palafox se vio obligado a fundar el seminario diocesano de San Pedro y San Juan en 1643, para contar con los cl&eacute;rigos seculares que pudieran asumir la direcci&oacute;n de las doctrinas. A partir de esa fundaci&oacute;n, tanto el arzobispado de M&eacute;xico como otras di&oacute;cesis empezaron a fundar sus seminarios: M&eacute;xico, 1697; Oaxaca, 1673; Guadalajara, 1696; Puebla, 1643. De las di&oacute;cesis existentes en el siglo XVII, s&oacute;lo Yucat&aacute;n, Durango y Morelia carec&iacute;an de seminario.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El seminario conciliar del arzobispado de M&eacute;xico tuvo dificultades para consolidarse, debido a la competencia del Colegio M&aacute;ximo de San Pedro y San Pablo, dirigido por la Compa&ntilde;&iacute;a de Jes&uacute;s, que era el principal centro de formaci&oacute;n en la Nueva Espa&ntilde;a. La competencia, que era avalada por la hist&oacute;rica participaci&oacute;n de la compa&ntilde;&iacute;a en la ense&ntilde;anza, tambi&eacute;n se manten&iacute;a porque los estudiantes del seminario acud&iacute;an a estudiar filosof&iacute;a con los jesuitas en el Colegio San Pedro y San Pablo. La raz&oacute;n era simple: los mejores catedr&aacute;ticos se encontraban en los colegios jesuitas. El dominio acad&eacute;mico de los jesuitas y la riqueza de la orden, que tantas envidias y celos causaban, pueden seguirse en el decreto de expulsi&oacute;n de 1767. La expulsi&oacute;n de los jesuitas dej&oacute; devastada la educaci&oacute;n en la Nueva Espa&ntilde;a. Tambi&eacute;n fue la expresi&oacute;n extrema de los conflictos de autoridad que enfrentaban los obispos con las &oacute;rdenes religiosas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aguirre Salvador presenta una casu&iacute;stica generosa sobre las desavenencias entre el clero regular, los obispos y los jueces eclesi&aacute;sticos. Tambi&eacute;n registra el malestar de la Iglesia novohispana por la pol&iacute;tica eclesi&aacute;stica de los Borbones, en particular sobre donativos, exacciones y el subsidio eclesi&aacute;stico, que era el cobro de 10% de todas las rentas eclesi&aacute;sticas.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La falta de formaci&oacute;n rigurosa del clero conllev&oacute; su reforma, tal y como lo plante&oacute; el Concilio de Trento. En la Nueva Espa&ntilde;a, las disposiciones que deber&iacute;an considerarse para ser ordenado (edad, buenas costumbres, patrimonio propio y conocimiento del lat&iacute;n) empezaron a tomar forma a partir del III Concilio Provincial. Sin embargo, se asent&oacute; que los individuos podr&iacute;an ordenarse, aun cuando no contaran con patrimonio propio, si conoc&iacute;an una lengua ind&iacute;gena. La decisi&oacute;n ech&oacute; por tierra la protesta de fray Pedro de San Sebasti&aacute;n a Felipe II, el 10 de junio de 1586, quien desafi&oacute; al rey a presentar un solo candidato del clero secular que "supiera lenguas, que confiese sin int&eacute;rpretes" (Le&oacute;n Lopetegui y F&eacute;lix Zubillagada (1965). <i>Historia de la Iglesia en la Am&eacute;rica Espa&ntilde;ola. Desde el descubrimiento hasta comienzos del siglo XIX</i>. M&eacute;xico, Am&eacute;rica Central, Antillas, Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos, p. 189).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La necesidad del conocimiento de lenguas se mantuvo constante, a pesar de que a lo largo del siglo XVIII la corona promovi&oacute; la castellanizaci&oacute;n de los habitantes. La dificultad de comunicaci&oacute;n de los obispos con sus feligreses los llev&oacute; a fundar, como lo hizo el arzobispo Manuel Rubio y Salinas, escuelas de castellano. Esa misma dificultad tuvo el arzobispo Lorenzana, quien ped&iacute;a que sus feligreses ind&iacute;genas, al menos, pudieran contestar el saludo de su arzobispo. Sin embargo, la ordenaci&oacute;n de Lenguas sigui&oacute; vigente, y fue permitida, en el IV Concilio Provincial Mexicano.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A principios del siglo XVIII, en los a&ntilde;os de la sede vacante del arzobispado de M&eacute;xico, entre 1708 y 1712, los requisitos para la ordenaci&oacute;n sacerdotal fueron muy flexibles y la pobreza en la formaci&oacute;n del clero secular fue una constante. El arzobispo Jos&eacute; Antonio Vizarr&oacute;n Eguiarreta, 1730&#45;1748, denunci&oacute; que el clero criollo "era ignorante y mediocre, incluyendo a los doctores". La afirmaci&oacute;n es de tenerse en cuenta, porque el arzobispo anterior hab&iacute;a puesto un empe&ntilde;o enorme por mejorar la condici&oacute;n intelectual de su clero. Tambi&eacute;n es importante porque muchos obispos de la segunda mitad del siglo XVIII, como lo expres&oacute; el arzobispo de M&eacute;xico Alonso N&uacute;&ntilde;ez de Haro y Peralta (1772&#45;1780), se preocuparon por que los candidatos al sacerdocio tuvieran "las condiciones y cualidades necesarias para desempe&ntilde;ar su ministerio con dignidad" (Alonso N&uacute;&ntilde;ez de Haro y Peralta (1807). <i>Carta Pastoral del 2 de julio de 1777</i>. Madrid: Imprenta de la Hija de Ibarra, 1807. En Carmen&#45;Jos&eacute; Alejos Grau (2001). "Vida cotidiana del clero novohispano en el apogeo de la ilustraci&oacute;n colonial". <i>UkuPacha, Revista de Investigaciones Hist&oacute;ricas</i> 12 (julio): 77; consultado en &lt;<a href="http://www.unav.es/ad/userfiles/Cvfiles/files/2714" target="_blank">http://www.unav.es/ad/userfiles/Cvfiles/files/2714</a>&gt;).</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La guerra de independencia frustr&oacute; el proyecto de mejoramiento de los seminarios que se hab&iacute;a efectuado en Puebla, Morelia y M&eacute;xico, a fines del siglo XVIII. Las sabias pr&aacute;cticas de una selecci&oacute;n rigurosa tanto de los estudiantes como de los maestros se fueron perdiendo y las vocaciones tendieron a disminuir.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El ingreso al clero era una oportunidad para modificar la situaci&oacute;n social. Hab&iacute;a vocaciones genuinas de servir a Dios y buscar el bien espiritual del pr&oacute;jimo. Pero tambi&eacute;n estaban aquellos que ten&iacute;an empe&ntilde;os temporales m&aacute;s que una divina vocaci&oacute;n. Para la poblaci&oacute;n de escasos recursos, la vocaci&oacute;n significaba vivir de la administraci&oacute;n eclesi&aacute;stica y tener capacidad de sostener a su familia. Para los hijos de familias acomodadas, el ingreso al clero era la oportunidad de acceder a los altos puestos de la jerarqu&iacute;a o del cabildo eclesi&aacute;stico. Sin embargo, los candidatos que se encontraban situados en una escala social desfavorable ten&iacute;an escasas posibilidades de alcanzar sus aspiraciones. A pesar de ello, Aguirre documenta el ascenso, aun cuando moderado, de cl&eacute;rigos de la nobleza ind&iacute;gena a principios del siglo XVIII. El hecho es importante, porque a pesar de los primeros intentos efectuados por los franciscanos, la nobleza ind&iacute;gena hab&iacute;a sido relegada del sacerdocio. Incluso, el primer Concilio Provincial mexicano prohibi&oacute; expresamente dar las &oacute;rdenes a mestizos, indios y mulatos. No fue sino hasta 1585 cuando el III Concilio permiti&oacute; la recepci&oacute;n de algunos indios y mestizos que fueran sobresalientes en sus estudios. De esa manera, de 1647 a 1749 alrededor de 40 hijos de caciques ocuparon las becas de erecci&oacute;n del Seminario. La presencia del clero ind&iacute;gena permiti&oacute; un mayor arraigo del clero secular.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El arzobispado de M&eacute;xico se asentaba en diversos territorios con climas, actividades productivas y condici&oacute;n social de sus habitantes diferentes. Esa diversidad y el crecimiento de la poblaci&oacute;n, tanto de espa&ntilde;oles, mestizos e indios, y una econom&iacute;a en expansi&oacute;n, demandaban un n&uacute;mero considerable de cl&eacute;rigos. En otro orden, la consolidaci&oacute;n de la hacienda, como sistema productivo dominante en el siglo XVII, provoc&oacute; la concentraci&oacute;n de una poblaci&oacute;n en sus terrenos, que era demandante de servicios espirituales. Esa transformaci&oacute;n gener&oacute; conflictos de jurisdicci&oacute;n entre las doctrinas y curatos con los capellanes de las haciendas. Para los curas p&aacute;rrocos, los hacendados, los nuevos desalmados conquistadores, concentraban a la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena en sus terrenos para tenerlos a su disposici&oacute;n. Adem&aacute;s, en las haciendas no aprend&iacute;an la doctrina y se entregaban a los vicios. Esos conflictos cruzaron el siglo XVIII y constituyen una de las principales problem&aacute;ticas de la Iglesia durante el siglo XIX.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El heterog&eacute;neo clero del arzobispado de M&eacute;xico compart&iacute;a muchos intereses con la sociedad novohispana. Tambi&eacute;n es cierto que las diferencias sociales cruzaban las estructuras clericales. Esas diferencias depend&iacute;an de los v&iacute;nculos familiares y sociales y de la ubicaci&oacute;n geogr&aacute;fica. La informaci&oacute;n sobre los cl&eacute;rigos podr&iacute;a ser analizada con mayor profundidad si se supiera el origen geogr&aacute;fico de los venerables curas beneficiados con la renta. &Eacute;se es un trabajo que est&aacute; pendiente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La informaci&oacute;n documental de cl&eacute;rigos y de rentas del arzobispado que se integra en el libro es muy valiosa. Un tema espinoso, que no elude el autor, es el destino que daban los p&aacute;rrocos a sus ingresos y las actividades econ&oacute;micas en que se ocupaban para garantizar un fondo familiar. Los curas se involucraban en negocios particulares que implicaban la utilizaci&oacute;n de los servicios personales y el trabajo de los fieles. La situaci&oacute;n, a pesar de ser denunciada por la feligres&iacute;a, perdur&oacute; a lo largo del siglo y en el siguiente tambi&eacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El estudio de Aguirre Salvador, bien documentado en fuentes primarias, nacionales e internacionales, presenta la situaci&oacute;n de la Iglesia novohispana no s&oacute;lo con respecto a su estructura interna, la composici&oacute;n de su clero y las divergencias con el clero regular, sino tambi&eacute;n en relaci&oacute;n con el proyecto reformista de la Corona espa&ntilde;ola en tiempos de los Borbones y con el papado. Tambi&eacute;n pone en evidencia los grandes vac&iacute;os de la historia eclesi&aacute;stica. Entre ellos, son de mencionar la historia parroquial y los acomodos y dificultades en las diversas jurisdicciones del arzobispado por la fuerza y el arraigo de las &eacute;lites locales.</font></p>      ]]></body>
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