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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4"><b>Rese&ntilde;as</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Daniel Chernilo. <i>Nacionalismo y cosmopolitismo. Ensayos sociol&oacute;gicos</i></b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Ren&eacute; Mill&aacute;n*</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>(Santiago de Chile: Ediciones Universidad Diego Portales, 2009), 215 pp.</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Instituto de Investigaciones Sociales Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por su tema y desarrollo, el libro que Daniel Chernilo nos ofrece es at&iacute;pico y simult&aacute;neamente ilustrativo para Am&eacute;rica Latina. Detr&aacute;s de la relaci&oacute;n entre nacionalismo y cosmopolitismo se encuentra la tensi&oacute;n entre un Estado que se concibe como garant&iacute;a de las identidades locales y los procesos globales que se asumen como atentatorios de esa garant&iacute;a. Las visiones m&aacute;s comunes contraponen esas dos din&aacute;micas. En otro nivel de formulaci&oacute;n, Chernilo afirma: "Nacionalismo y cosmopolitismo se requieren y presuponen mutuamente" (p. 9). Es decir, lo particular y lo universal se reclaman mutuamente: el derecho a autodeterminarse de cada naci&oacute;n (e individuo) se logra al reconocer ese derecho "como universal", ejercible por cada sociedad que lo demande. De ah&iacute; que el universalismo no pueda negar lo particular.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con esta premisa, la originalidad del libro radica en que toma a la teor&iacute;a social como un "texto" que condensa el complejo v&iacute;nculo entre nacionalismo y cosmopolitismo. Lo condensa porque la propia teor&iacute;a es un "evento" de la modernidad que se constituye tratando de explicarla. En ese intento, elabora postulados universalistas (su pretensi&oacute;n) y se enfrenta a retos explicativos de cara a lo particular y lo espec&iacute;fico.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para ilustrar el reto, Chernilo dialoga con un n&uacute;mero impresionante de pensadores sociales: de Marx a Beck, de Parsons a Luhmann; de Weber a Guiddens y Habermas, Bendix o Barrington Moore, por citar algunos. En discusi&oacute;n con ellos va armando las tesis principales del libro. En su lectura se advierte de inmediato la extensa cultura sociol&oacute;gica del autor y se constata la presencia de un pensamiento agudo, inteligente y provocador.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como consecuencia, el libro expresamente desaf&iacute;a las interpretaciones comunes sobre el nacionalismo y el cosmopolitismo. El tema central de la primera parte se refiere a lo que el autor llama "nacionalismo metodol&oacute;gico". El punto es pertinente y atractivo. Ese nacionalismo, dice Chernilo, surge entonces "cuando la perspectiva intelectual de la sociolog&iacute;a se basa en una equiparaci&oacute;n entre la sociedad y el Estado&#150;naci&oacute;n, por un lado, y cuando la explicaci&oacute;n sustantiva del cambio se basa en una concepci&oacute;n internalista y autosuficiente del Estado&#150;naci&oacute;n, por otro" (p. 22).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El nacionalismo metodol&oacute;gico tiene primordialmente dos versiones: la l&oacute;gica&#150;conceptual y la que lo deduce como un resultado hist&oacute;rico. En contraposici&oacute;n con ellas, ha surgido un cosmopolitismo metodol&oacute;gico, cuya mejor expresi&oacute;n es Beck y su teor&iacute;a del riesgo global. El contraste radical de ambas posturas no tiene, sin embargo, sentido alguno: reconocer los l&iacute;mites de uno no presupone que el otro se valide te&oacute;rica o metodol&oacute;gicamente. Lo fundamental es entender que la noci&oacute;n de Estado&#150;naci&oacute;n presenta demasiadas inconsistencias como para estructurar la tarea explicativa de la teor&iacute;a social. Como disposici&oacute;n social (y te&oacute;rica), el Estado&#150;naci&oacute;n presenta rasgos "hist&oacute;ricamente opacos" (porque su periodizaci&oacute;n es imprecisa y esquiva); "sociol&oacute;gicamente inciertos" (porque no se alcanza a entender c&oacute;mo se adapta y sobrepasa las crisis que enfrenta), y "normativamente ambivalentes" (porque no existe una soluci&oacute;n precisa a los problemas que se pueden presentar para alcanzar y ejercer su autonom&iacute;a). Cada una de esas objeciones es convincentemente tratada en distintos momentos en el texto.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En esa l&iacute;nea, Chernilo explora la relaci&oacute;n entre Estado&#150;naci&oacute;n y la sociolog&iacute;a cl&aacute;sica y muestra c&oacute;mo aquel permanece, si acaso, como una categor&iacute;a marginal en la constituci&oacute;n te&oacute;rica del pensamiento social. Marx, por ejemplo, revela una cierta "elusi&oacute;n hist&oacute;rica" ante el Estado&#150;naci&oacute;n al asumir que su &eacute;xito lo conducir&iacute;a al imperio o, por contraste, al sucumbir a sus contradicciones internas, lo reducir&iacute;a a una "comuna". Weber considera la categor&iacute;a sociol&oacute;gicamente "incierta". Para Chernilo, el nacionalismo en Weber est&aacute; asociado a la estratificaci&oacute;n social: cada clase muestra una actitud diferente frente a la naci&oacute;n. Como Marx, Weber cree que si el Estado&#150;naci&oacute;n triunfa tratar&aacute; de trasladar su identidad m&aacute;s all&aacute; de sus fronteras. Tras una revisi&oacute;n de varios an&aacute;lisis espec&iacute;ficos que Parsons realiz&oacute;, se concluye, contrariamente a sus cr&iacute;ticos, que &eacute;l "no fusion&oacute; las nociones de sociedad, sistema social y Estado&#150;naci&oacute;n" (p. 87) y que incorpor&oacute; emp&iacute;ricamente dimensiones conflictivas e inestables del sistema, as&iacute; como variables externas. Es decir, ni siquiera Parsons asumi&oacute; al Estado&#150;naci&oacute;n como la categor&iacute;a eje de la sociedad: ni &eacute;sta encuentra en aqu&eacute;l su mejor expresi&oacute;n, ni aqu&eacute;l contiene la vida social plenamente. La relectura de Parsons, como la de los otros autores, le es &uacute;til a Chernilo para mostrar que una buena arquitectura te&oacute;rica no se compromete con una postura nacionalista&#150;metodol&oacute;gica y, en la medida en que es capaz de realizar an&aacute;lisis emp&iacute;ricos de realidades diversas, tampoco con una versi&oacute;n radical del cosmopolitismo. Y su lectura de Durkheim confirma la tesis de un balance entre ambas dimensiones.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La segunda parte del libro est&aacute; dedicada a ese balance. La pregunta es si el cosmopolitismo es compatible, y bajo qu&eacute; t&eacute;rminos, con la teor&iacute;a social. En di&aacute;logo con Parsons, Raymond Aron, Luhmann, Beck, Habermas, Fine y Turner, Chernilo atestigua que el punto de contacto es el universalismo que ambos elementos implican y que puede analizarse en tres dimensiones: a) normativa, en la medida en que la sociedad debe progresivamente implicar al conjunto de los seres humanos y garantizar sus derechos (naturales o no); 2) conceptual, en la medida que identifica qu&eacute; es lo social; y 3) metodol&oacute;gica, en la medida en que se fincan procedimientos para investigaciones emp&iacute;ricas en &aacute;mbitos culturalmente diferentes, es decir, instrumentos que pueden ser aplicados de manera general. Estos tres aspectos son desarrollados, en distintos momentos, en lo que resta del texto.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para el autor, la teor&iacute;a social cl&aacute;sica mantuvo su compromiso con las primeras formas de universalismo ilustrado pero, m&aacute;s all&aacute; de ellas, se vio forzada a asumir una pretensi&oacute;n universalista diferenciada (p. 137) en tres &aacute;mbitos: el normativo, al cuestionar &#151;por presocial&#151; la premisa de que los derechos son naturales y al postular que todos los hombres son iguales, m&aacute;s all&aacute; de clases o religiones. En ese sentido, la humanidad es una y como tal deb&iacute;a ser teorizada. Para la sociolog&iacute;a, la sociedad es local en su origen, nacional en su organizaci&oacute;n y universal en su impacto. En lo conceptual, al intentar clasificar cualquier forma de interacci&oacute;n social bajo categor&iacute;as que puedan ser comparadas. En lo metodol&oacute;gico, al no identificar posici&oacute;n pol&iacute;tica con posici&oacute;n te&oacute;rica y al asumir que los procedimientos de investigaci&oacute;n comparten criterios universalistas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con esa diferenciaci&oacute;n, la teor&iacute;a social pudo ajustar su pretensi&oacute;n universalista. Sin embargo, se precisa hoy una noci&oacute;n m&aacute;s refinada y diferenciada de universalismo. Ese refinamiento implica, al menos, renunciar a la idea de que las formas sociopol&iacute;ticas de la modernidad son inevitables y a la pretensi&oacute;n de que el Estado&#150;naci&oacute;n es una instituci&oacute;n permanente e inmutable. Requiere evitar caer &#151;como Beck&#151; en la postura de que al cambio radical que hoy transcurre corresponde algo totalmente nuevo en el pensamiento social (p. 156). Al mismo tiempo, debemos ponderar los cambios que se est&aacute;n gestando: el car&aacute;cter cosmopolita del derecho, por ejemplo, ha roto con la idea de que s&oacute;lo los Estados son sujetos de autoridad y pone el acento en los derechos de los individuos. Del mismo modo, la sociolog&iacute;a se separa del nacionalismo metodol&oacute;gico. En otros t&eacute;rminos, y &eacute;sta es una de las grandes conclusiones del texto, la teor&iacute;a social "cosmopolita" puede ayudarnos a reconstruir las ciencias sociales y a lograr la tarea de "fijar los par&aacute;metros para un nuevo orden normativo" (p. 163).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como se aprecia, Chernilo rechaza, a la luz de las mejores tradiciones te&oacute;ricas en las ciencias sociales, considerar como irreconciliable una tensi&oacute;n: de un lado, la necesidad de construir un plano cognitivo y metodol&oacute;gico universal, pero suficientemente refinado como para aplicarse a las diferentes realidades sociales y culturales; del otro, el imperativo de fincar una dimensi&oacute;n normativa universalista que no parta de ning&uacute;n fundamento metafisico y, por ello, respete la diversidad. Es decir, se trata de asumir, como lo hace Habermas, "un cosmopolitismo que debe acreditarse desde dentro... &#91;y&#93; que debe dar cuenta argumentativa de la pertinencia y la plausibilidad de su propia pretensi&oacute;n normativa" (p. 184). En ese sentido, el cosmopolitismo no puede pretender "anular formas particulares de vida", sino que debe "promoverlas y defenderlas" (p. 130).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se est&eacute; de acuerdo con ella o no, la propuesta de Chernilo y la forma de construirla nos dar&aacute;n ocasi&oacute;n para una reflexi&oacute;n seria y pertinente.</font></p>      ]]></body>
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