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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Moisei Ostrogorski. <i>La democracia y los partidos pol&iacute;ticos </i></b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Francisco Reveles V&aacute;zquez*</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b><font size="3">(Madrid: Trotta, colecci&oacute;n M&iacute;nima, 2008 &#91;1912&#93;), 142 pp.</font></b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="3">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* </i><i>Facultad de Ciencias Pol&iacute;ticas y Sociales Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En los albores del siglo XX, Moisei Ostrogorski public&oacute; un texto de referencia indispensable para el estudio de los partidos pol&iacute;ticos: <i>La democracia y los partidos pol&iacute;ticos. </i>Recientemente en Espa&ntilde;a se publicaron solamente las conclusiones que el autor escribi&oacute; para su segunda edici&oacute;n en 1912. El libro es una extensa obra centrada en lo que suced&iacute;a a principios del siglo con los partidos ingleses y estadounidenses, estableciendo una aguda cr&iacute;tica hacia estas formas organizativas debido principalmente a su car&aacute;cter no democr&aacute;tico. Su punto de vista part&iacute;a del predominio del individuo por encima de la organizaci&oacute;n, de manera que cualquier forma de encuadramiento de los sujetos no pod&iacute;a ser sino una camisa de fuerza para su libre albedr&iacute;o. Su cr&iacute;tica nos muestra la posici&oacute;n de quienes en ese entonces experimentaban una forma novedosa de participaci&oacute;n pol&iacute;tica, que iba m&aacute;s all&aacute; de la participaci&oacute;n individualista y elitista de los reg&iacute;menes aristocr&aacute;ticos y mon&aacute;rquicos. Sus preocupaciones anunciaban la existencia ya no solamente de partidos de cuadros, sino que daban cuenta de la presencia de m&aacute;quinas electorales y partidos de masas. El riesgo en ellos era que el individuo fuese presa de los designios de sus l&iacute;deres, de los esquemas de participaci&oacute;n del mismo r&eacute;gimen pol&iacute;tico, de las formas de movilizaci&oacute;n social de masas, de la participaci&oacute;n electoral guiada por el inter&eacute;s de los pol&iacute;ticos y no por el de los electores. Ostrogorski fue testigo de la transformaci&oacute;n de los primigenios partidos en poderosas organizaciones orientadas a la participaci&oacute;n electoral y a la lucha social. Y plasm&oacute; su cr&iacute;tica hacia los usos cada vez m&aacute;s comunes, develando lo que parec&iacute;a un car&aacute;cter antidemocr&aacute;tico de los partidos en general.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin llegar a establecer una tendencia a la oligarqu&iacute;a (como s&iacute; lo har&iacute;a Robert Michels en esa misma &eacute;poca), Ostrogorski cuestion&oacute; a los partidos por ser organizaciones colectivas permanentes, r&iacute;gidas, corruptas y tiranas. Visto en perspectiva amplia, su enfoque consideraba reglas y pr&aacute;cticas, puesto que el comportamiento de las masas estaba vinculado con la actuaci&oacute;n de los partidos. La incapacidad de las masas para autogobernarse en armon&iacute;a y de com&uacute;n acuerdo las hac&iacute;a aceptar un gobierno aparentemente democr&aacute;tico, distante de una genuina representaci&oacute;n de los intereses de todos. El papel de las masas no era gobernar, sino <i>intimidar </i>a los gobernantes, en el sentido de vigilarlos, presionarlos para que cumplieran con su cometido de manera leg&iacute;tima. En la actualidad, nosotros usar&iacute;amos la idea de la <i>rendici&oacute;n de cuentas </i>para expresar la antigua propuesta de Ostrogorski.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De acuerdo con nuestro autor, el r&eacute;gimen pol&iacute;tico establece candados para la participaci&oacute;n aun a pesar de sus pretensiones pluralistas, pues restringe la libertad del individuo para, en primer lugar, participar o no en los asuntos p&uacute;blicos. En segundo lugar, mediante el sistema electoral, establece l&iacute;mites para seleccionar a sus representantes  de entre organizaciones partidistas que dicen representar los intereses sociales. En tercero, estos partidos encuadran a los ciudadanos y potenciales militantes bajo <i>su </i>estructura y con base en <i>su </i>ideolog&iacute;a. En cuarto, ya en el partido, los militantes son presa f&aacute;cil de los l&iacute;deres, quienes tienen en sus manos el control de los principales asuntos. La posibilidad de influir en la toma de decisiones de parte de los militantes es reducida debido a sus propias caracter&iacute;sticas, poco propicias para la participaci&oacute;n aut&oacute;noma, libre, colectiva y consciente.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La alternativa del autor para superar todas las carencias de la democracia y de los partidos pol&iacute;ticos es lo m&aacute;s vigente de su obra en nuestros d&iacute;as: la eliminaci&oacute;n de los partidos permanentes y su sustituci&oacute;n por partidos temporales con base en banderas espec&iacute;ficas. A contracorriente de muchas ideas y tipolog&iacute;as que se dieron a conocer posteriormente, Ostrogorski pone en tela de juicio la perdurabilidad de los partidos como una necesidad para su buen funcionamiento. Desde su punto de vista, esta perdurabilidad no hace sino mantener maniatados a los militantes a los designios de sus l&iacute;deres por el mayor tiempo posible. Los dirigentes conservan esta condici&oacute;n a toda costa, por lo que a las bases no les queda m&aacute;s que seguirlos, aun cuando no est&eacute;n de acuerdo con ellos o con sus posiciones ideol&oacute;gicas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La perdurabilidad de la organizaci&oacute;n implica la adopci&oacute;n de un ideario pragm&aacute;tico que gu&iacute;e al partido pol&iacute;tico. En la &eacute;poca de la publicaci&oacute;n de <i>La democracia y los partidos pol&iacute;ticos, </i>los principios ideol&oacute;gicos parec&iacute;an la esencia de estas organizaciones.  Ostrogorski refut&oacute; esta idea indicando la manera en que las ideolog&iacute;as se subordinaban a la conservaci&oacute;n del poder por parte de los l&iacute;deres. Asimismo, le resultaba dif&iacute;cil creer que un partido pudiera tener un programa que abarcara todos los asuntos de la cosa p&uacute;blica. Le parec&iacute;a il&oacute;gico que una formaci&oacute;n partidista tuviera a la mano propuestas de soluci&oacute;n para todos los problemas (pol&iacute;ticos, econ&oacute;micos y sociales); no hab&iacute;a m&aacute;s que simulaci&oacute;n. Lo peor es que el programa del partido restring&iacute;a los puntos de vista diversos que el militante pudiera tener a la hora de discutir un tema en espec&iacute;fico. Con ello nuestro autor alud&iacute;a a otra restricci&oacute;n al individuo, en este caso, a su libertad de expresi&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La propuesta de Ostrogorski consist&iacute;a en la creaci&oacute;n de partidos que lucharan por banderas espec&iacute;ficas, con militancia abierta, financiamiento proveniente de los propios miembros, profundo debate ideol&oacute;gico interno y con capacidad de hacer gobierno y de producir leyes. Al alcanzar sus objetivos (es decir, sus banderas espec&iacute;ficas) los partidos se disolver&iacute;an para que los individuos, en caso de desearlo, construyeran una nueva organizaci&oacute;n para la consecuci&oacute;n de otra bandera espec&iacute;fica. Y as&iacute; sucesivamente.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ostrogorski pretend&iacute;a eliminar muchos de los problemas de los partidos pol&iacute;ticos de su tiempo: en lugar de partidos r&iacute;gidos, partidos temporales; en vez de oligarqu&iacute;as, dirigencias que pudieran variar de acuerdo con los fines y los participantes en su formaci&oacute;n; en vez de masas manipuladas por sus l&iacute;deres, militantes activos y participativos en la b&uacute;squeda de una soluci&oacute;n a un problema concreto; en lugar de grandes y ambiguos programas de partido (programas <i>&oacute;mnibus), </i>posicionamientos especializados sobre fines particulares; en lugar de financiamiento estatal, autonom&iacute;a financiera con base en recursos de los militantes; en vez de individuos distantes de la forma de gobierno democr&aacute;tica (producto del protagonismo de los partidos), ciudadanos prestos a la participaci&oacute;n por la necesidad de resolver sus problemas a partir de su propia organizaci&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es probable que la propuesta de Ostrogorski en 1902 pareciese una utop&iacute;a, pero en la actualidad ya no lo es. En su tiempo era pr&aacute;cticamente irrealizable: los partidos de masas eran el modelo a seguir por parte de las elites, las grandes ideolog&iacute;as pol&iacute;ticas estaban en plenitud y las instituciones de democracia representativa ten&iacute;an varios a&ntilde;os de probar su eficacia para el ejercicio del poder, en comparaci&oacute;n con las monarqu&iacute;as y aristocracias de la misma &eacute;poca. Sin embargo, despu&eacute;s de un siglo y considerando los problemas de representaci&oacute;n pol&iacute;tica que la democracia y los partidos siguen teniendo, su propuesta no parece estar tan lejana de un futuro deseable y posible.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En muchos casos, sobre todo en las nuevas democracias de Am&eacute;rica Latina y otras partes del mundo, el derrotero de los partidos ha sido determinado por cambios sustanciales en instituciones pol&iacute;ticas y reglas electorales. Como la forma de gobierno adoptada ha sido la democracia representativa, el peso de las leyes en la vida interna de los partidos, en el sistema electoral y en el sistema pol&iacute;tico en general es sustantivo. El cambio de los partidos por la v&iacute;a legal ha sido comprobado en muchos casos concretos. &iquest;Por qu&eacute; no pensar en el uso de ese recurso para llegar a lo que Ostrogorski plante&oacute; hace m&aacute;s de cien a&ntilde;os? &iquest;Por qu&eacute; no institucionalizar una utop&iacute;a? Por lo menos en este caso, desde ahora sabr&iacute;amos que el futuro no ser&aacute; peor de lo que tenemos en el presente.</font></p>      ]]></body>
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