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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as bibliogr&aacute;ficas</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><i><b>&Eacute;tica para la ciudadan&iacute;a</b></i><b>, &Oacute;scar Diego Bautista</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Jaime Rodr&iacute;guez Alba</b></font></p> 	    <p align="center">&nbsp;</p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Toluca, Instituto Electoral del Edo. de M&eacute;xico, 2013, 48 pp.</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Universidad Complutense de Madrid.</i> <a href="mailto:albajaime@hotmail.com">albajaime@hotmail.com</a></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Son diversos los te&oacute;ricos que se han preocupado por el desarrollo de una ciudadan&iacute;a participativa y democr&aacute;tica desde diversas perspectivas. Entre ellos Kymlicka &#150;en obras como <i>La pol&iacute;tica vern&aacute;cula</i>&#150; se&ntilde;ala la necesidad de apostar por una ciudadan&iacute;a participativa, sobreponi&eacute;ndose a la "limitaci&oacute;n liberal": entender que los asuntos p&uacute;blicos no son del inter&eacute;s de los ciudadanos, y por lo mismo los delegan a los "pol&iacute;ticos profesionales". Reclamar la participaci&oacute;n sin incurrir, por el contrario, en una sobre exigencia a los ciudadanos, una exigencia de participaci&oacute;n constante que los espante o asuste. En todo caso, como se&ntilde;ala &Oacute;scar Diego en su escrito: si algo es de inter&eacute;s para todo habitante de una comunidad pol&iacute;tica como el Estado, es precisamente eso, la necesidad de participar. Lo pol&iacute;tico es asunto de todos, por eso la pol&iacute;tica afecta a los individuos en aquello que tienen de com&uacute;n, pese a la diversidad de ocupaciones, creencias, etc&eacute;tera.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este escrito se parte de la definici&oacute;n de "ciudadan&iacute;a" como "pertenencia a la comunidad pol&iacute;tica", estando ligada a la libertad y/o la justicia; as&iacute; como al ejercicio de los derechos civiles, pol&iacute;ticos y sociales. &Oacute;scar Diego advierte, como ya hiciera Arist&oacute;teles, que son diversos los criterios para definir a la ciudadan&iacute;a. El griego se&ntilde;alaba, como comenta &Oacute;scar Diego, que el Estado no es s&oacute;lo una agrupaci&oacute;n de personas, sino que implica la ciudadan&iacute;a. Lo que es tanto como apreciar que la polis no es la simple "suma" de individuos aislados, sino la relaci&oacute;n entre los mismos. La "ciudadan&iacute;a" queda as&iacute; vinculada al sentido de identidad, a la interacci&oacute;n solidaria y responsable por parte de los miembros de la comunidad pol&iacute;tica; y, por esta v&iacute;a, a la participaci&oacute;n: elecci&oacute;n de cargos, membres&iacute;a en las corporaciones sociales, actuaci&oacute;n favorable o contraria respecto a las decisiones de gobierno, vinculaci&oacute;n a las asociaciones pol&iacute;ticas y sindicales. La ciudadan&iacute;a comporta un "ejercicio activo" de los derechos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esto es "ciudadan&iacute;a", pero los principios de la econom&iacute;a liberal que triunfan desde el siglo XVIII, como menciona &Oacute;scar Diego, fomentan actitudes contrarias a la ciudadan&iacute;a: la codicia, la avaricia, el anhelo de riqueza, etc&eacute;tera, potencian el individualismo, la segregaci&oacute;n del sujeto pol&iacute;tico respecto al lazo social, a la relaci&oacute;n que constituye la "ciudad".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La individualizaci&oacute;n extrema de nuestras sociedades posmodernas, como el autor advierte con otros t&eacute;rminos, ha hecho de la palabra "libertad" un t&eacute;rmino vac&iacute;o. Cuando no un "chivo expiatorio" para las m&aacute;s deplorables conductas. Por eso &Oacute;scar Diego se&ntilde;ala los prerrequisitos para la libertad: una riqueza suficiente y la soberan&iacute;a; la capacidad para la autosuficiencia y la capacidad de decisi&oacute;n propia. El libre "puede" decidir, porque "sabe" decidir, de ah&iacute; la importancia de la educaci&oacute;n que tanto se aprecia en este escrito y sobre la que luego diremos algo. Pero no s&oacute;lo, pues toda libertad tiene ciertos requisitos a los que pueden llamarse "l&iacute;mites", sin por ello incurrir en contradicci&oacute;n: el ejercicio de la libertad es consustancial a la capacidad de responder, para lo que se precisa algo bien simple: "saber" y "querer".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dejemos de lado el "querer", que nos lleva a un atolladero de problemas: &iquest;existe realmente una voluntad libre? &iquest;D&oacute;nde podemos situar el ejercicio de una voluntad libre si el sujeto por definici&oacute;n desconoce la infinitud de condicionamientos de su acci&oacute;n, as&iacute; como el curso futuro de la misma o sus resultados? Centr&eacute;monos en el "saber". Que la prudencia, la equidad y la justicia son condiciones para la libertad de todos, no la de unos pocos, es algo conocido desde hace siglos. &Oacute;scar Diego lo se&ntilde;ala bien: menciona el "Prot&aacute;goras" plat&oacute;nico, cuando menta c&oacute;mo las capacidades para los oficios, los talentos para las "ciencias", etc&eacute;tera, fueron repartidos por Zeus de modo desigual, pero no as&iacute; el sentido de la moral y la justicia: sino, no existir&iacute;a la ciudad. Ahora bien, dotados como estamos los hombres para el "sentido" de lo justo y lo moral, no es menos cierto que tal sentido es preciso "encauzarlo", "adiestrarlo" o "perfeccionarlo", y esta es, precisamente, la tarea educativa. No entra el autor en dar detalles de una tal educaci&oacute;n. Pero s&iacute; nos advierte c&oacute;mo una ciudadan&iacute;a ignorante de s&iacute; &#150;desconocedora de su capacidad como "ciudadan&iacute;a"&#150; es presa f&aacute;cil de la corrupci&oacute;n y la servidumbre.</font></p>  	     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una ciudadan&iacute;a libre se    caracteriza por el razonamiento y el juicio moral &#150;que no el juicio taxativo    del necio&#150;, el pensamiento cr&iacute;tico. Para lograrla se precisa, como    retoma &Oacute;scar Diego de Fern&aacute;ndez Alegre, "crear una comunidad de    seres racionales que constituya un reino de ciudadan&iacute;a". Requisito: "salir    del laberinto creado por la sociedad de consumo", educando para desarrollar    una personalidad aut&oacute;noma. Objetivo &eacute;ste central de la disciplina    &eacute;tica: forjar el car&aacute;cter, obligarse para el perfeccionamiento    del mismo. La &Eacute;tica comporta un proceso de transformaci&oacute;n interna    que se despliega, para &Oacute;scar Diego, en una serie de etapas: reflexi&oacute;n    y deliberaci&oacute;n; despertar de la conciencia; diferenciar lo conveniente    de lo nocivo; asumir valores y convertirlos en principios, asumir deberes, madurar    el juicio y actuar responsable e &iacute;ntegramente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aunque en este trabajo, m&aacute;s program&aacute;tico que pr&aacute;ctico, no se esboza, como en otras obras, el camino a seguir, s&iacute; se nos dan pistas del mismo hacia el final, cuando &Oacute;scar Diego menciona el caso finland&eacute;s. Finlandia es uno de los pa&iacute;ses menos corruptos del mundo, seg&uacute;n informes de Transparencia Internacional. &Oacute;scar Diego toma fuentes del Ministerio de Asuntos Exteriores finland&eacute;s y explora su l&oacute;gica. Seg&uacute;n las mismas, la sociedad finlandesa se apoya en una serie de fortalezas: unos valores de moderaci&oacute;n, autocontrol y bien com&uacute;n; estructuras legislativas, judiciales y administrativas que controlan el abuso de poder; el amplio papel de la mujer en lo p&uacute;blico; y la baja disparidad en ingresos y salarios. De algunos ya hemos hablado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los valores morales adem&aacute;s de potenciar la eficiencia &#150;por frenar la corrupci&oacute;n y alentar la idea de servicio a la comunidad&#150; convierten al sujeto en un ser relacional, en alguien que "cuida de s&iacute;", "cuida del otro" y "cuida de lo otro". Racionalidad que se ejercita tanto en lo p&uacute;blico, como en lo privado; y genera un "c&iacute;rculo virtuoso": ciudadanos virtuosos hacen una sociedad virtuosa. Una "sociedad civil" activa e interesada, cultiva una gobernabilidad responsable. Unos gobiernos que han de "responder" no s&oacute;lo porque se les pregunta, sino por la posibilidad misma de que se les pregunte. A lo que se a&ntilde;ade una institucionalidad (el autor menciona en especial la judicial) que potencia valores de legalidad e igualdad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A estas observaciones de fuentes finesas a&ntilde;ade &Oacute;scar Diego las siguientes, que tambi&eacute;n formar&iacute;an parte de una "ciudadan&iacute;a &eacute;tica" (t&eacute;rmino que no emplea el autor, pero con el que pudiera resumirse el esfuerzo de una "educaci&oacute;n para la ciudadan&iacute;a"): una pol&iacute;tica basada en la igualdad y la democracia; desarrollo social; autonom&iacute;a y autogobierno; intelectualidad que valore el patriotismo, la justicia, la equidad, la constitucionalidad y la democracia; y el elevado valor otorgado a la educaci&oacute;n.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es precisamente en este aspecto donde destaca Finlandia. La educaci&oacute;n es algo importante, porque es el abono sobre el suelo nutricio de la ciudadan&iacute;a, m&aacute;s all&aacute; de la presencialidad. Mediante la educaci&oacute;n el sujeto se inserta en una rep&uacute;blica que lo trasciende, de modo que parte de su sentido &#150;al menos su "ser con" el otro&#150; es garantizado a lo largo de un tiempo que tambi&eacute;n lo trasciende. En Finlandia, ya desde 1858 se apost&oacute; por desarrollar una educaci&oacute;n primaria, al margen de las instituciones religiosas, de calidad y universal. Una educaci&oacute;n que, asumiendo los valores ilustrados de progreso, igualdad y libertad, no olvidara los tradicionales de humildad, modestia y honestidad. La consolidaci&oacute;n de una ciudadan&iacute;a &eacute;tica fue posible gracias a la tenacidad y perseverancia con la que se cultiv&oacute; la moral del bien com&uacute;n, la justicia y el inter&eacute;s general, sin descuidar el fortalecimiento de la facultad de juicio &eacute;tico. Sin dejar de lado la conciencia colectiva orientada a valores comunes y la cultura ciudadana dirimida hacia la participaci&oacute;n, el civismo, etc&eacute;tera.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Concluye &Oacute;scar Diego que la educaci&oacute;n ciudadana es, pese a la diversidad &#150;de intereses, oficios, aptitudes&#150;, necesaria, pues si algo nos caracteriza, es la pertenencia a una comunidad de ciudadanos. De hecho los seres humanos nacemos "enclasados" en una comunidad de ciudadanos, y este hecho es preciso no olvidarlo. Pero adem&aacute;s, es beneficiosa, pues una ciudadan&iacute;a cuidadosa de la &eacute;tica, educada &eacute;ticamente, es menos manipulable y sometida a servidumbre. Una ciudadan&iacute;a &eacute;tica es una ciudadan&iacute;a libre y responsable.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, haci&eacute;ndonos cargo de Freud: &iquest;es posible educar? Creo que los liberales pronto saldr&iacute;an a responder, como ya hiciera Mandeville, con su famoso lema "vicios privados, virtudes p&uacute;blicas", del que se ha insinuado tambi&eacute;n el inverso: "vicios p&uacute;blicos, virtudes privadas". Pero no es tal la situaci&oacute;n: vicios privados pueden muy bien conducir a vicios p&uacute;blicos; y vicios p&uacute;blicos a vicios privados. Casi como en l&oacute;gica presocr&aacute;tica: lo semejante atrae a lo semejante.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Podr&iacute;amos inclinarnos a pensar que Freud lleva raz&oacute;n, en parte. Si "educar" es entendido como "modelar" conforme a unos principios y valores, asfixiando la irreductible realidad de la individualidad, entonces es imposible. Pero "educar" no es eso, no es "formar" a imagen y semejanza, sino "formar" el juicio libre y responsable, la racionalidad pr&aacute;ctica. En este sentido es posible educar. Tal educaci&oacute;n supone el ejercicio compartido de la relaci&oacute;n humana: y nada hay m&aacute;s humano que la ciudad y su cualidad espec&iacute;fica, la ciudadan&iacute;a.</font></p>      ]]></body>
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