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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Nota Critica</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><i><b>El megarrelato posmoderno</b></i></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Jaime Osorio*</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Profesor&#150;investigador del Departamento de Relaciones Sociales de la UAM&#150;Xochimilco. Direcci&oacute;n electr&oacute;nica: <a href="mailto:josorio@correo.xoc.uam.mx">josorio@correo.xoc.uam.mx</a>.</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En tanto corriente filos&oacute;fica, el posmodernismo obtuvo r&aacute;pida legitimidad en el campo acad&eacute;mico por su corrosiva cr&iacute;tica a los fundamentos de la modernidad, que considera agotados, tales como la confianza en la ciencia como medio para conocer y organizar la vida social, la historia como proceso que tiende al progreso material y social y al sujeto como encarnaci&oacute;n de metas trascendentales.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Su influencia se ha hecho sentir en amplios territorios de las llamadas ciencias sociales y en las humanidades, en particular en filosof&iacute;a, antropolog&iacute;a, sociolog&iacute;a y en lo que se conoce como estudios culturales, propiciando otra mirada a viejos y nuevos temas de estudio, aportando t&eacute;rminos y categor&iacute;as y, sobre todo, nuevas posiciones &#151;no siempre explicitadas&#151; sobre el qu&eacute; y el c&oacute;mo conocer en dichas disciplinas.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al igual que como sucede con muchos cuerpos te&oacute;ricos &#151;admitiendo la ausencia de formaci&oacute;n filos&oacute;fica y epistemol&oacute;gica en los espacios en donde se ense&ntilde;an las ciencias sociales y las humanidades&#150; se han asumido planteamientos posmodernos no siempre por un conocimiento y discusi&oacute;n de sus fundamentos, sino, en gran medida, por el peso de las modas intelectuales y el af&aacute;n de "estar al d&iacute;a", no siempre reflexivo, que reclaman diversos espacios acad&eacute;micos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En lo que sigue expondr&eacute; de manera cr&iacute;tica algunas de las posiciones de lo que constituyen los n&uacute;cleos duros del posmodernismo en materia de conocimiento. Esto implica privilegiar su an&aacute;lisis en tanto propuesta filos&oacute;fico&#150;epist&eacute;mica. Considero que si bien son cuestionables muchas de las posiciones que subyacen en el positivismo&#150;empirista sobre el quehacer cient&iacute;fico, principal heredero de la modernidad cient&iacute;fica y paradigma que termin&oacute; erigi&eacute;ndose como "el enfoque cient&iacute;fico" por antonomasia, no es el posmodernismo la &uacute;nica y mucho menos la mejor base para sustentar tales cuestionamientos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>De los tiempos: teor&iacute;a desde la derrota</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Antes de entrar en materia es conveniente hacer una breve contextualizaci&oacute;n. No es un asunto irrelevante el hecho de que el florecimiento y auge inicial del posmodernismo en Europa, que puede ubicarse en los a&ntilde;os setenta del siglo XX, sea coincidente con los tiempos de inicio del proyecto reestructurador de la econom&iacute;a y de la pol&iacute;tica a nivel mundial, de la mano del gran capital internacional, proceso conocido vulgarmente como globalizaci&oacute;n, per&iacute;odo que contempla el derrumbe del socialismo "realmente existente", la tercera ola de la democratizaci&oacute;n liberal en la propuesta de Huntington y las formulaciones del "fin de la historia" de Fukuyama. Hay algo m&aacute;s que pura coincidencia y contingencia en la simultaneidad de estos procesos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tras afirmaciones como que "el gran relato ha perdido su credibilidad, sea cual sea el modo de unificaci&oacute;n que se le haya asignado: relato especulativo, relato de emancipaci&oacute;n" (Lyotard, 1994:73), Jean&#150;Fran&ccedil;ois Lyotard ubica al posmodernismo a lo menos en una posici&oacute;n esc&eacute;ptica frente a los planteamientos que postulan el cambio y la transformaci&oacute;n social. Por ello Daniel Bensaid se&ntilde;ala que "el rechazo posmoderno de los grandes relatos no implica solamente una cr&iacute;tica leg&iacute;tima a las ilusiones del progreso asociadas con el despotismo de la raz&oacute;n instrumental. Significa tambi&eacute;n una <i>de&#150;construcci&oacute;n de </i><i>la historicidad y un culto a lo inmediato, lo ef&iacute;mero, lo descartable, </i>donde proyectos de mediano plazo no tienen m&aacute;s cabida" (Bensaid, 2004:34).<sup><a href="#notas">1</a></sup></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El desencanto de una amplia generaci&oacute;n de intelectuales ubicados en un amplio espectro de posiciones de izquierda (trotskistas, mao&iacute;stas y libertarios en general) luego de la invasi&oacute;n sovi&eacute;tica que puso fin a la Primavera de Praga, en Checoslovaquia, y de las revueltas del mayo franc&eacute;s de 1968, tuvo consecuencias te&oacute;ricas y pol&iacute;ticas que acentuaron el desencanto de esa generaci&oacute;n con el socialismo en la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica y Europa del Este, as&iacute; como su escepticismo frente a la idea de la revoluci&oacute;n, propiciando posiciones que afluir&aacute;n en la gestaci&oacute;n del planteamiento de los llamados "nuevos fil&oacute;sofos" y del posmodernismo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En referencia a Francia en particular, Alex Callinicos se&ntilde;ala que "la odisea pol&iacute;tica de la generaci&oacute;n de 1968 es crucial para entender la difundida aceptaci&oacute;n de la idea de una &eacute;poca posmoderna en los a&ntilde;os ochenta. Es &eacute;sta la d&eacute;cada en que los radicales de los a&ntilde;os sesenta y setenta (...) hab&iacute;an perdido toda esperanza en el triunfo de una revoluci&oacute;n socialista y a menudo hab&iacute;an dejado de creer incluso que una revoluci&oacute;n semejante fuese deseable" (Callinicos, 1998:316).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Procesos con iguales consecuencias tienden a producirse en Am&eacute;rica Latina. Luego de la gran ebullici&oacute;n pol&iacute;tica y prol&iacute;fica producci&oacute;n te&oacute;rica que sigui&oacute; al triunfo de la revoluci&oacute;n cubana y que se prolonga hasta el fin del gobierno de Salvador Allende en Chile (1970&#150;1973), las violentas pol&iacute;ticas de contrainsurgencia que se desatan en la regi&oacute;n, y en algunos pa&iacute;ses desde antes del golpe militar en Chile, dan inicio a un per&iacute;odo de reflujo te&oacute;rico que s&oacute;lo comenzar&aacute; a revertirse hacia finales de los a&ntilde;os ochenta.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde esta perspectiva, tanto el posmodernismo, que se gesta en Europa, particularmente en Francia, as&iacute; como las formulaciones en los a&ntilde;os setenta y ochenta en Am&eacute;rica Latina en torno, por ejemplo, a los movimientos sociales y la sociedad civil, van a estar signadas como reflexiones que emergen bajo el peso y el clima que propicia la derrota.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entre la represi&oacute;n inicial y el control posterior, en la academia latinoamericana tiende a hacerse sentido com&uacute;n la idea de que los cuerpos te&oacute;ricos que se abren al an&aacute;lisis de las revoluciones sociales (y de la dominaci&oacute;n y explotaci&oacute;n, referencias que conducen sin muchos problemas al marxismo) deben ser abandonados o relegados. Ello va a tener una expresi&oacute;n no s&oacute;lo te&oacute;rica sino tambi&eacute;n pol&iacute;tica: desde un contexto en el que predominaba la idea de que el cambio societal y la revoluci&oacute;n eran posibles, se pasa a otro en que se reclama el "realismo pol&iacute;tico", que no es m&aacute;s que la asunci&oacute;n que no hay cambio de fondo factible y que s&oacute;lo queda convivir con un orden social que alguna vez se crey&oacute; poder superar. Para finales de los ochenta, y en los noventa, el terreno se encuentra apto para que al arribo del posmodernismo a Am&eacute;rica Latina, v&iacute;a la academia europea y estadounidense, &eacute;ste se expanda con rapidez.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este clima asistimos a un acelerado cambio en los referentes te&oacute;ricos, con la presencia de muchos m&aacute;s interlocutores te&oacute;ricos que los aqu&iacute; considerados, y con perspectivas pol&iacute;ticas diversas. La emergencia de nuevos "temas", muchos de ellos de relevancia, no pudo sustraerse al abandono de "viejas" teor&iacute;as que algunos cre&iacute;an rebasadas por los nuevos tiempos, con lo cual las nuevas formulaciones aparec&iacute;an como el resultado de una verdadera revoluci&oacute;n cient&iacute;fica, un nuevo estadio del conocimiento. As&iacute;, del sistema mundial capitalista se pasar&aacute; a hablar de la globalizaci&oacute;n; de econom&iacute;as centrales e imperialistas, a una noci&oacute;n de imperio, sin centro, dislocado y desterritorializado; de las clases sociales, a los movimientos sociales, la sociedad civil y a nuevos y viejos "actores"; de los debates sobre el poder y el Estado, a los an&aacute;lisis de las transiciones y a los estudios electorales; de la dominaci&oacute;n, a la gobernabilidad; de la determinaci&oacute;n a lo contingente, a lo ef&iacute;mero, a un mundo social sin condensaciones y sin relaciones sociales, a lo sumo con redes. Del estudio de "una &eacute;poca (...) a trav&eacute;s de sus manifestaciones &#151;sus obras&#150; y poner al descubierto las ra&iacute;ces sociales de esas formas simb&oacute;licas" (Altamirano, 2002:12),<sup><a href="#notas">2</a></sup> a un pastiche cultural considerado interdisciplinario, porque toma un poco de todo, en la "epistemolog&iacute;a del <i>shopping" </i>(como quien llena un carrito de supermercado), con un &eacute;nfasis por "la gracia social, el ritmo y los pasos que moldean la danza de la vida" (Garc&iacute;a Canclini, 2006).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este "pensar desde la derrota" propiciar&aacute; la extra&ntilde;a convivencia posterior de posmodernos con planteamientos te&oacute;ricos y pol&iacute;ticos inmovilistas, junto a otros que se reclaman de izquierda o progresistas, casi todos abrevando en lo fundamental de Nietszche, Heidegger, Foucault o Derrida, con lo cual se produce una interesante disputa interpretativa sobre estos autores, que se constituyen en los referentes centrales en el discurso posmoderno.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Un metarrelato que destaca el fin de los grandes relatos</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Fue desde un escrito de Lyotard que el posmodernismo proclam&oacute; alguna de sus certezas, sintetizadas en la idea del fin de los grandes relatos y de toda formulaci&oacute;n te&oacute;rica que buscara una explicaci&oacute;n totalizante de la historia, de la modernidad (y del capitalismo) (Lyotard, 1994).<sup><a href="#notas">3</a></sup> El se&ntilde;alamiento de Lyotard en contra de la raz&oacute;n instrumental de las ciencias y su idea de progreso, encontraba razones en hechos conocidos y de alta sensibilidad, sea en la irracionalidad de la experiencia nazi o en las pr&aacute;cticas del capital en su entorno ambiental. Su posici&oacute;n supon&iacute;a dar vuelta a la p&aacute;gina en c&oacute;mo reflexionar, y en los hechos una propuesta de reiniciar el camino. M&aacute;s all&aacute; de esta pretensi&oacute;n fundante, son sus propuestas para hacer frente a los males se&ntilde;alados, los considerados problem&aacute;ticos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La cr&iacute;tica a los grandes relatos significaba en los hechos reclamar la centralidad de un nuevo metarrelato,<sup><a href="#notas">4</a> </sup>aquel que declara "(al) peque&ntilde;o relato &#91;...&#93; como la forma por excelencia que toma la invenci&oacute;n imaginativa, y, desde luego, la ciencia" (Lyotard, 1994:109). Lo que se pon&iacute;a en cuesti&oacute;n no era s&oacute;lo la idea de un progreso en el devenir de la historia, se&ntilde;alada tambi&eacute;n desde otras vertientes. En el fondo fue la raz&oacute;n en tanto capacidad de buscar explicaciones del mundo (social) la que se puso en entredicho. Con ello una nueva versi&oacute;n del irracionalismo <i>epistemol&oacute;gico </i>tomaba forma.<sup><a href="#notas">5</a></sup></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El reclamo al abandono de pretensiones te&oacute;ricas generales, de toda perspectiva hol&iacute;stica, dej&oacute; a las ciencias como el recept&aacute;culo de reflexiones fragmentarias y contingentes. Lo singular y lo diverso pasaron a constituir el criterio de demarcaci&oacute;n de los objetos de investigaci&oacute;n. Con ello se propici&oacute; una suerte de reificaci&oacute;n de la pedacer&iacute;a societal.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El manifiesto posmoderno encontr&oacute; seguidores en un campo mucho m&aacute;s amplio que aquellos que se reconocen filos&oacute;ficamente con este enfoque. De manera gradual, temas relevados por el posmodernismo y olvidados o relegados con anterioridad, como el de las identidades, el multiculturalismo, la pluralidad de movimientos sociales, etc&eacute;tera, as&iacute; como diversas nuevas categor&iacute;as (entre las m&aacute;s socorridas, deconstrucci&oacute;n, textualidad, juegos de lenguaje, significantes, significados, etc&eacute;tera), se fueron convirtiendo en vocabulario com&uacute;n en la academia. En una franja m&aacute;s restringida, sus planteamientos filos&oacute;ficos y los del deconstructivismo derridaniano pasaron a fundamentar posiciones consistentes.<sup><a href="#notas">6</a></sup></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>El malestar con la totalidad</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una de las derivaciones del reclamo posmoderno al fin de los grandes relatos remite al rechazo de la noci&oacute;n de totalidad, generalmente asociada con "todo lo que existe", con lo cual se aproxima m&aacute;s bien a la de "completud" formulada por Morin (1998). En sus versiones m&aacute;s extremas, enfatizar la necesidad de la totalidad es sin&oacute;nimo de totalitarismo, visi&oacute;n en lo que el posmodernismo comparte posiciones con el positivismo. Pero &iquest;qu&eacute; significa aprehender la realidad como totalidad? Dicho de manera breve, dar cuenta de lo que articula y estructura la vida social, de aquello que la organiza y jerarquiza y que termina otorg&aacute;ndole sentido en alguna temporalidad espec&iacute;fica. No m&aacute;s, pero tampoco menos. En nuestro tiempo, ello se sintetiza en la l&oacute;gica del capital y su af&aacute;n de valoraci&oacute;n, proceso que marca de manera indeleble las relaciones humanas y el mundo institucional que las acompa&ntilde;a.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esa l&oacute;gica es prioritariamente un campo de relaciones sociales que atraviesan la producci&oacute;n y la reproducci&oacute;n social, conformando un entramado que impone su signo sobre toda la vida en sociedad. El af&aacute;n de valoraci&oacute;n del capital organiza la vida material y le otorga su impronta a la vida espiritual, en tanto "iluminaci&oacute;n general en la que se ba&ntilde;an todos los colores", con lo que es posible una mayor inteligibilidad. El conocimiento de fragmentos y parcelas y de sus singularidades ser&aacute; superior entonces si se les ubica en el terreno de las relaciones en que ellos se integran y articulan: un mundo social regido por la l&oacute;gica del capital.<a href="#notas"><sup>7</sup></a></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La mistificaci&oacute;n posmodernista de los fragmentos, expresada en la forma como aborda la diversidad cultural, la segmentaci&oacute;n y dislocaci&oacute;n del poder, o las identidades fragmentadas, nos deja en el terreno de la <i>fetichizaci&oacute;n, </i>de la ausencia de relaciones en un mundo capitalista que opera, por el contrario, como totalidad, fuertemente articulada, sea en materia de poder pol&iacute;tico, econ&oacute;mico e ideol&oacute;gico. No es razonable desconocer el sinf&iacute;n de cadenas productivas, segmentadas y repartidas por el mundo por el capital industrial; la desterritorializaci&oacute;n propiciada por el capital financiero, por mencionar algunos asuntos relevantes. Pero esta reflexi&oacute;n peca de unilateralidad, porque queda atrapada en la contingencia desarticuladora, incapaz de ver su contracara y el n&uacute;cleo que la propicia: la f&eacute;rrea centralizaci&oacute;n del poder pol&iacute;tico y econ&oacute;mico en tiempos de mundializaci&oacute;n (Osorio, 2004). Por ello, un asunto clave en la etapa actual es explicar <i>por qu&eacute; un sistema tan centralizado reclama hoy de tanta descentralizaci&oacute;n en su despliegue y funcionamiento</i>.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como nunca, en nuestros d&iacute;as el capital es capaz de procesar y asimilar a su reproducci&oacute;n la noci&oacute;n de diversidad. El fin del fordismo, por ejemplo, ha implicado una organizaci&oacute;n productiva que responde de manera expedita y eficiente a demandas de segmentos del mercado espec&iacute;ficos, con lo cual se ha puesto fin a la producci&oacute;n en serie. Ello va acompa&ntilde;ado a su vez de producciones en cadenas altamente segmentadas repartidas por todo el globo terr&aacute;queo. Todo ello cumple un papel importante en alimentar la idea de un mundo descentralizado. Pero en esos encadenamientos los n&uacute;cleos productores de conocimiento, de programas y de direcci&oacute;n se ubican en econom&iacute;as del mundo llamado central, quedando en la periferia aquellos eslabones con menores cargas de innovaci&oacute;n, y es la l&oacute;gica de la valoraci&oacute;n la que se encuentra en esta nueva divisi&oacute;n internacional del trabajo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esa idea de totalidad, de un mundo social que mantiene en lo fundamental un eje que articula y organiza, es lo que se pierde a su vez cuando se califica nuestra &eacute;poca como posindutrial, de la infomaci&oacute;n, del conocimiento, del riesgo, etc&eacute;tera, relegando lo primordial, la "iluminaci&oacute;n general" en donde todos estos elementos adquieren significaci&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Realidad y verdad como no&#150;problemas epist&eacute;micos</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tras su emergencia con un perfil cr&iacute;tico, el descontruccionismo, que nace en Francia, arriba a la academia de Estados Unidos en los a&ntilde;os ochenta y sienta sus reales en los departamentos de letras, dando vuelo a los <i>cultural studies, </i>alejados de la propuesta anglosajona sobre los estudios culturales recorrida por Raymond Williams, E. P. Thompson, Terry Eagleton, y proseguida por Fredric Jameson y Slavoj Zizek,<sup><a href="#notas">8</a></sup> en donde la cultura no es ajena a un tiempo hist&oacute;rico y a la reproducci&oacute;n y contradicciones de la vida social. Importa destacar que ese paso marcar&aacute; un giro en la forma como es asumida la propuesta te&oacute;rica de Derrida, "convirti&eacute;ndose &#91;...&#93; de una corriente filos&oacute;fica en, b&aacute;sicamente, un m&eacute;todo de an&aacute;lisis textual" (Palti, 2005:63).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">R&aacute;pidamente el deconstructivismo se extendi&oacute; a diversos territorios de las ciencias  sociales.  Los  vulgarizadores, con todas sus letras, hicieron suya la afirmaci&oacute;n derridaniana que "no hay (nada) fuera de(l) texto" (Derrida, 1986), dando vida a lo que se ha calificado como "imperialismo textual" o "pantextualismo": los discursos cient&iacute;ficos pueden ser asumidos como un discurso m&aacute;s, <i>sin referencia a nada ajeno </i><i>a ellos mismos, </i>ignorando "aquello que desborda al discurso &#91;...&#93; aquello que no puede ser reducido al texto, aunque dependa de &eacute;l para hacerse <i>aparente" </i>(Gr&uuml;ner, 1998:49). En definitiva, desconocer "una teor&iacute;a que reconozca <i>alguna </i>diferencia entre lo real y el discurso" (Gr&uuml;ner, 1998:48).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la base de esta postulaci&oacute;n se encuentra un planteamiento particular respecto de la relaci&oacute;n entre discurso y realidad, que deval&uacute;a filos&oacute;ficamente la significaci&oacute;n de la realidad. El camino podr&iacute;a describirse as&iacute;: el posmodernismo establece una distinci&oacute;n entre <i>in</i><i>dependencia causal, </i>por ejemplo, que las monta&ntilde;as existen con independencia de que "la gente tuviera en la mente la idea de monta&ntilde;a o en su lenguaje la palabra monta&ntilde;a", al fin que "una de las verdades obvias acerca de las monta&ntilde;as es que estaban all&iacute; antes de que empez&aacute;ramos a hablar de ellas" (Rorty, 2000:100), y <i>causaci&oacute;n representacional, </i>en donde "no tiene objeto preguntar si existen realmente monta&ntilde;as o si es s&oacute;lo que nos resulta conveniente hablar de monta&ntilde;as", ya que <i>"carece de objeto preguntar si la realidad es independiente de nuestro </i><i>modo de hablar de </i>ella"&#91;cursivas m&iacute;as&#93;, o de nuestras representaciones. Y "carece de objeto" porque no tenemos otra forma de referirnos a la realidad m&aacute;s que con lenguajes y alg&uacute;n sistema de representaci&oacute;n. Y como entre las palabras o representaciones y las cosas no hay ning&uacute;n "pegamento metaf&iacute;sico", <i>nada nos asegura que existe algo m&aacute;s all&aacute; de las palabras y las representaciones</i>.<sup><a href="#notas">9</a></sup></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo anterior, al decir de Eagleton, constituye "un retorno regresivo al Wittgenstein del <i>Tractatus Logico&#150;Philo</i><i>sophicus, </i>donde sostiene que puesto que nuestro lenguaje nos "da" el mundo, no puede simult&aacute;neamente comentar su relaci&oacute;n con &eacute;l" (Eagleton, 1997:67).<sup><a href="#notas">10</a></sup></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero si no hay realidad ajena al lenguaje posible de conocer, la propia idea de verdad queda como un asunto "no epist&eacute;mico", o bien un no&#150;problema. Por ello Rorty se&ntilde;ala que "si recojo lo que algunos fil&oacute;sofos han dicho sobre la verdad, es con la esperanza de desalentar a que se siga prestando atenci&oacute;n a este tema m&aacute;s bien est&eacute;ril" (2000:23).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Las ciencias sociales y la filosof&iacute;a </b><b>como</b> <b>discursos literarios</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una consecuencia de este proceso ha sido la literaturizaci&oacute;n del discurso en ciencias sociales, que al hacerse autorreferencial, sin las constricciones de un "algo" m&aacute;s all&aacute; al texto, ha propiciado el desdibujamiento de las fronteras entre literatura y ciencias, y entre literatura y filosof&iacute;a.<sup><a href="#notas">11</a></sup> Derrida fue claro en su distancia frente a este tipo de posiciones. Tras excusarse por tener que "hablar un poco brutalmente", se&ntilde;al&oacute;: "jam&aacute;s trat&eacute; de confundir literatura y filosof&iacute;a o de reducir la filosof&iacute;a a la literatura", en respuesta a posturas en tal sentido en la academia estadounidense y de Rorty en particular.<sup><a href="#notas">12</a></sup></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No desconocemos que la filosof&iacute;a puede hacer uso de recursos literarios y que la literatura de recursos filos&oacute;ficos. All&iacute; est&aacute; la producci&oacute;n de Jorge Luis Borges para ponerlo de manifiesto. Pero esto no supone desconocer las particularidades de cada quehacer. En este sentido queda claro que, en <i>strictu sensu, </i>Borges no es fil&oacute;sofo.<sup><a href="#notas">13</a></sup></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este contexto, desde la l&oacute;gica del posmodernismo deconstructivista, la teor&iacute;a pierde significaci&oacute;n. Importa m&aacute;s la est&eacute;tica del discurso que la rigurosidad epist&eacute;mica y conceptual, asuntos estos &uacute;ltimos que son asumidos como barreras a la libertad creativa. El discurso cient&iacute;fico no es m&aacute;s que un "juego de lenguaje".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>La devaluaci&oacute;n de la filosof&iacute;a</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El quehacer acad&eacute;mico se realiza en el contexto de viejos problemas que atraviesan a las ciencias sociales, renovados y reciclados por el auge posmoderno&#150;deconstructivista. Tal es lo que acontece respecto de la antigua y conflictiva relaci&oacute;n entre ciencias sociales y filosof&iacute;a.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde el posmodernismo, esta relaci&oacute;n tiende a perder significaci&oacute;n ya que desconoce la especificidad del discurso de las ciencias frente a cualquier otro   discurso,<sup><a href="#notas">14</a></sup>  lo  que  termina por anular ficticiamente aquel conflicto, al eliminar a uno de los elementos en tensi&oacute;n. Por estas v&iacute;as el posmodernismo ha desvirtuado el sentido de la filosof&iacute;a, en tanto una pr&aacute;ctica de la raz&oacute;n orientada al saber.<sup><a href="#notas">15</a></sup> El propio quehacer filos&oacute;fico, desde una postura filos&oacute;fica, termina siendo devaluado.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Todo lo anterior no implica que el posmodernismo no establezca una plataforma filos&oacute;fica. Apoy&aacute;ndose en Wittgenstein, niega "la posibilidad de un metadiscurso omnicomprensivo"; "su ruptura con la raz&oacute;n totalizante se presenta como un 'adi&oacute;s' a las grandes narraciones <i>&#151;les grands r&eacute;cits&#150; </i>(emancipaci&oacute;n de la humanidad, por ejemplo), por una parte, y al fundamentalismo por otra"; "el <i>grand r&eacute;cit </i>de la filosof&iacute;a, la ciencia... ha dejado de ocupar el papel prioritario y ha dejado de ser el principio legitimador" (Mu&ntilde;oz y Velarde, 2000:369).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La resignificaci&oacute;n del peque&ntilde;o relato y de la fragmentaci&oacute;n, despreciando toda b&uacute;squeda de explicaciones generales y de la noci&oacute;n filos&oacute;fica de totalidad; el rechazo a las condensaciones estructurales y a la idea de continuidad (y con ello de proceso) en la historia, lleva a destacar s&oacute;lo las contingencias, las discontinuidades, lo incierto. Uno de los problemas del posmodernismo es la unilateralidad de su propuesta. No termina de comprender qu&eacute; contingencia, discontinuidad, parte, etc&eacute;tera, constituyen expresiones de una realidad que necesariamente contiene la otra dimensi&oacute;n, que con esos t&eacute;rminos se pretende negar, como son necesidad, continuidad, totalidad, etc&eacute;tera.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;En qu&eacute; sentido asumir en la vida social las trasnochadas ideas de que vivimos en la incertidumbre o en la contingencia? &iquest;Cu&aacute;l es su significaci&oacute;n? Porque para millones de sujetos este mundo se mueve, en cuestiones centrales, con una gran certidumbre: saben que si no salen d&iacute;a a d&iacute;a a vender su capacidad de trabajo se mueren de hambre. Y que si no encuentran trabajo o encuentran un trabajo con salarios paup&eacute;rrimos, como de manera creciente tiende a ocurrir, tendr&aacute;n que realizar alguna otra actividad, como vender algo en la v&iacute;a p&uacute;blica, ofrecer alg&uacute;n servicio en alg&uacute;n crucero (como limpiar cristales de autos), pedir limosna, robar o salir de sus fronteras aunque sea sin documentos. Las actividades a realizar pueden ser inciertas y contingentes, pero todas derivan de una gran certeza.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Temas como los hasta aqu&iacute; expuestos ponen de manifiesto los equ&iacute;vocos de quienes suponen una tajante separaci&oacute;n entre ciencia y filosof&iacute;a, como en el caso de los positivistas,<sup><a href="#notas">16</a></sup> pero tambi&eacute;n de quienes, como los posmodernos, terminan por diluir todo en simples "juegos de lenguaje", haciendo perder la especificidad de la filosof&iacute;a y de las ciencias.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde esta perspectiva, no es un problema menor la ausencia de cursos de filosof&iacute;a y en particular de epistemolog&iacute;a en los programas de estudios de las carreras de ciencias sociales, tanto a nivel de licenciatura como de posgrado.<sup><a href="#notas">17</a></sup> Conocer los fundamentos filos&oacute;ficos de las teor&iacute;as permite poner al descubierto los supuestos sobre las cuales &eacute;stas se construyen, y nos otorgan mejores bases para comprender el horizonte de visibilidad que nos ofrecen, tanto en lo que privilegian e iluminan como problemas centrales, as&iacute; como sobre los puntos ciegos que tienden a presentar.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>A manera de conclusi&oacute;n</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Poner de manifiesto asuntos como los aqu&iacute; abordados no significa un rechazo de todo lo que determinada escuela o corriente filos&oacute;fica produce y propone. Tampoco significa desconocer su leg&iacute;timo papel y lugar en el mundo de las ideas en el campo acad&eacute;mico. Este tipo de ejercicios debiera hacerse con todas las corriente te&oacute;ricas y filos&oacute;ficas. Ninguna debiera estar excluida del juicio de la raz&oacute;n. Pero asistimos a un clima de &eacute;poca acad&eacute;mico en donde prevalece el "todo se vale", que bajo un manto de aparente respeto y tolerancia a lo diverso, constituye en realidad un fuerte signo de intolerancia (y de rechazo), por la v&iacute;a de la indiferencia.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Abbagnano, Nicola, <i>Diccionario de Filosof&iacute;a, </i>M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 4a. edici&oacute;n, 2004.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3779841&pid=S0187-7372200900020000800001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Altamirano, Carlos, director, <i>T&eacute;rminos cr&iacute;ticos de la sociolog&iacute;a de la cultura, </i>Buenos Aires, Paid&oacute;s, 2002.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3779842&pid=S0187-7372200900020000800002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bensaid, Daniel, "Teoremas de la resistencia a los tiempos que corren", <i>Memoria </i>n&uacute;m. 190, M&eacute;xico, diciembre, 2004.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3779843&pid=S0187-7372200900020000800003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Callinicos, Alex, <i>Contra el posmodernismo, </i>Bogot&aacute;, El &Aacute;ncora Editores, 1998.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3779844&pid=S0187-7372200900020000800004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Derrida, Jacques, <i>De la gramatolog&iacute;a, </i>M&eacute;xico, Siglo XXI Editores, 1986.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3779845&pid=S0187-7372200900020000800005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Derrida, Jacques, "Notas sobre desconstrucci&oacute;n y pragmatismo", en Chantal Mouffe, comp., <i>Desconstrucci&oacute;n y pragmatismo, </i>Buenos Aires, Paid&oacute;s, 1998.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3779846&pid=S0187-7372200900020000800006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Eagleton, Terry, <i>Las ilusiones del posmodernismo, </i>Buenos Aires, Paid&oacute;s, 1997.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3779847&pid=S0187-7372200900020000800007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Garc&iacute;a Canclini, N&eacute;stor, "De c&oacute;mo Clifford Geertz y Pierre Bourdieu llegaron al exilio", en <i>Diferentes, desiguales y desconectados. Mapa de la interculturalidad, </i>Barcelona, Gedisa, 2006.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3779848&pid=S0187-7372200900020000800008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gr&uuml;ner, Eduardo, "El retorno de la teor&iacute;a cr&iacute;tica de la cultura: una introducci&oacute;n aleg&oacute;rica a Jameson y Zizek", en F. Jameson y S. Zizek, <i>Estudios culturales. Re</i><i>flexiones sobre el multiculturalismo, </i>Buenos Aires, Paid&oacute;s, 1998.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3779849&pid=S0187-7372200900020000800009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hardt, Michael y Antonio Negri, <i>Imperio, </i>Buenos Aires, Paid&oacute;s, 2002.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3779850&pid=S0187-7372200900020000800010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Jameson, Fredric y Slavoj Zizek, <i>Estudios culturales. Reflexiones sobre el multiculturalis</i><i>mo, </i>Buenos Aires, Paid&oacute;s, 3a. reimpresi&oacute;n, 2005.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3779851&pid=S0187-7372200900020000800011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lyotard, Jean&#150;Fran&ccedil;ois, <i>La condici&oacute;n posmoderna, </i>Madrid, C&aacute;tedra, 1994.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3779852&pid=S0187-7372200900020000800012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Marx, Karl, <i>Grundrisse, </i>tomo I, M&eacute;xico, Siglo XXI Editores, 1971.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3779853&pid=S0187-7372200900020000800013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Morin, Edgar, <i>Introducci&oacute;n al pensamiento complejo, </i>Barcelona, Paid&oacute;s, 1998.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3779854&pid=S0187-7372200900020000800014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mouffe, Chantal, comp., <i>Desconstrucci&oacute;n y pragmatismo, </i>Buenos Aires, Paid&oacute;s, 1998.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3779855&pid=S0187-7372200900020000800015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mu&ntilde;oz, Jacobo y Juli&aacute;n Velarde, edits., <i>Compendio de epistemolog&iacute;a, </i>Madrid, Trotta, 2000.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3779856&pid=S0187-7372200900020000800016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Osorio, Jaime, <i>El Estado en el centro de la mundializaci&oacute;n. La sociedad civil y el asunto del </i><i>poder, </i>M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 2004.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3779857&pid=S0187-7372200900020000800017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Palti, El&iacute;as Jos&eacute;, <i>Verdades y saberes del marxismo, </i>Buenos Aires, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 2005.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3779858&pid=S0187-7372200900020000800018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rorty, Richard, <i>Ensayos sobre Heidegger y otros pensadores contempor&aacute;neos, </i>Barcelona, Paid&oacute;s, 1993.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3779859&pid=S0187-7372200900020000800019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rorty, Richard, <i>Verdad y progreso, </i>Barcelona, Paid&oacute;s, 2000.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3779860&pid=S0187-7372200900020000800020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rorty, Richard, "Notas sobre desconstrucci&oacute;n y pragmatismo", en Chantal Mouffe, comp., <i>Desconstrucci&oacute;n y pragmatismo, </i>Buenos Aires, Paid&oacute;s, 1998.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3779861&pid=S0187-7372200900020000800021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="notas"></a><b><i>NOTAS</i></b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Bensaid define el "mediano plazo" como el tiempo pol&iacute;tico por excelencia. Por ello agrega que "en la conjunci&oacute;n de los tiempos sociales desajustados, la temporalidad pol&iacute;tica es precisamente la del mediano plazo, entre el instante fugitivo y la eternidad inalcanzable" (2004:34).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> La cita indicar&iacute;a la visi&oacute;n de Mannheim sobre los estudios culturales.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> Obra publicada en franc&eacute;s en 1979.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> El propio Lyotard lo se&ntilde;ala: "Los grandes relatos se han tornado poco viables. Estamos tentados de creer, pues, que <i>hay un gran relato </i>de la declinaci&oacute;n de los grandes relatos" &#91;el subrayado es m&iacute;o&#93; (1994:40).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> Entre las posturas irracionalistas radicales "podr&iacute;amos citar a los sofistas. Entre ellos se generalizan y extienden, como actitudes intelectuales, tanto el <i>relativismo </i>(no hay verdad absoluta) como el <i>escepticismo </i>(si hay verdad absoluta, es imposible conocerla) &#91;...&#93;" (Mu&ntilde;oz y Velarde, 2000:365). All&iacute; se establece la distinci&oacute;n entre el irracionalismo <i>epistemol&oacute;gico, </i>que postula que "la raz&oacute;n no puede conocer lo real (o s&oacute;lo en parte)", por lo que "a lo real se accede por v&iacute;a de otros conocimientos", diferentes a los de la raz&oacute;n, como la intuici&oacute;n o el coraz&oacute;n, posici&oacute;n en donde se ubicar&iacute;a el posmodernismo, del irracionalismo <i>metaf&iacute;sico, </i>que se&ntilde;ala "el car&aacute;cter absurdo e insensato de la realidad" (Mu&ntilde;oz y Velarde, 2000:365&#150;367).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> Es frecuente que se ubique a Jacques Derrida entre los autores "que han insistido en la necesidad de salir de la tradici&oacute;n filos&oacute;fica moderna", por lo que sus posiciones "resultan afines a la sensibilidad posmoderna" (Abbagnano, 2004:839).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> Ello porque "en todas las formas de sociedad existe una determinada producci&oacute;n que asigna a todas las otras su correspondiente rango (e) influencia y cuyas relaciones por lo tanto asignan a todas las otras el rango y la influencia" (Marx, 1971:27&#150;28).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> Y que de diversas maneras se hace cargo de lo realizado por Gramsci, Luk&aacute;cs, Benjamin, Adorno, Sartre y Marcuse, entre otros.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup> En esta l&oacute;gica, siguiendo a Wittgenstein, Rorty se pregunta: "&iquest;has encontrado alg&uacute;n modo de meterte entre el lenguaje y su objeto...?" (2000:124).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup> Eagleton se&ntilde;ala que "el Wittgenstein de los &uacute;ltimos tiempos acaba por renunciar a esa perspectiva mon&iacute;stica", y dej&oacute; de pensar el "lenguaje como una totalidad" considerando "actos discursivos &#91;...&#93; que se relacionan con el mundo", proveyendo &eacute;ste "la <i>raz&oacute;n </i>para aqu&eacute;llos" (1997:67).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>11</sup> Una defensa de esta postura puede verse en Rorty (1993:125&#150;182).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>12</sup> V&eacute;ase la postura de ambos en Mouffe (1998).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>13</sup> No desconozco los planteamientos que se&ntilde;alan que en general todos los hombres (como especie) somos fil&oacute;sofos. Pero esta afirmaci&oacute;n, tras su aparente generosidad y benevolencia, termina por diluir la especificidad de la filosof&iacute;a. De igual modo podr&iacute;a afirmarse que todos somos poetas, f&iacute;sicos o m&uacute;sicos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>14</sup> Para Rorty, "la ruptura de la distinci&oacute;n entre filosof&iacute;a y literatura es <i>esencial </i>para la desconstrucci&oacute;n", ya que su filosof&iacute;a lleva "en la direcci&oacute;n de 'una textualidad general indiferenciada'" (1993:125) (subrayado en el original).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>15</sup> As&iacute;, de acuerdo con "la definici&oacute;n que aparece en el Eutidemo plat&oacute;nico: la filosof&iacute;a es el uso del saber para ventaja del hombre" (Abbagnano, 2004:485).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>16</sup> Para &eacute;stos, a&uacute;n con mayor raz&oacute;n, hay que distanciarse de la metaf&iacute;sica para hacer ciencia. Pero mientras le cierran la puerta, &eacute;sta entra por la ventana de sus propuestas: as&iacute;, la econom&iacute;a neocl&aacute;sica o la teor&iacute;a pol&iacute;tica del <i>racional choice </i>suponen en su construcci&oacute;n "naturalezas humanas" ego&iacute;stas, racionalistas, calculadoras, etc&eacute;tera. Que yo sepa, no aparece a&uacute;n ning&uacute;n gen en el que se deposite alguna de esas cualidades. Estamos as&iacute; en la metaf&iacute;sica.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>17</sup> Asuntos que no se resuelven con los tradicionales cursos de "metodolog&iacute;a" cuantitativa y cualitativa. M&aacute;s bien, esos mismos cursos responden a determinadas posturas filos&oacute;ficas sobre el conocer, la realidad, etc&eacute;tera, lo que reclamar&iacute;a justamente la discusi&oacute;n de sus premisas nunca dichas.</font></p>      ]]></body><back>
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