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<article-title xml:lang="es"><![CDATA["Hacednos participantes en el rebaño": Dos cartas sobre la iglesia Católica en la Baja California de finales del siglo XIX]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4"><b>Nota cr&iacute;tica</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>"Hacednos participantes en el reba&ntilde;o": Dos cartas sobre la iglesia Cat&oacute;lica en la Baja California de finales del siglo XIX</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Nicol&aacute;s Pineda Pablos*</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">* <i>Investigador de El Colegio de Sonora.</i> Direcci&oacute;n electr&oacute;nica: <a href="mailto:npineda@colson.edu.mx">npineda@colson.edu.mx</a>.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La regi&oacute;n que hoy es el estado de Baja California tuvo una lenta integraci&oacute;n a la sociedad mexicana. Al declinar la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena y disolverse el sistema misional de la Colonia, la regi&oacute;n tuvo que ser recolonizada y reintegrada a la naci&oacute;n mexicana en la segunda mitad del siglo XIX. Uno de los elementos que contribuyeron a esa integraci&oacute;n fue la religi&oacute;n cat&oacute;lica y la reconstrucci&oacute;n de los lazos con la jerarqu&iacute;a eclesi&aacute;stica.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El prop&oacute;sito de este trabajo es presentar dos documentos relacionados con el establecimiento temprano de v&iacute;nculos de la poblaci&oacute;n de esta regi&oacute;n con la iglesia Cat&oacute;lica en el &uacute;ltimo cuarto del siglo XIX. Los originales se encuentran en el archivo de la Catedral de la Asunci&oacute;n en Hermosillo, Sonora, y aunque breves, ambos documentos reportan datos interesantes sobre la situaci&oacute;n de las poblaciones del Real del Castillo (en 1879 el primero), as&iacute; como de Tijuana, Tecate y Ensenada (en 1888 el segundo). Para ello, a fin de contextualizar los documentos, previamente se expone la evoluci&oacute;n de la jurisdicci&oacute;n eclesi&aacute;stica de la Baja California durante el siglo XIX y se repasa brevemente el desarrollo urbano y social de esta regi&oacute;n durante el &uacute;ltimo cuarto del siglo XIX.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>El obispado de Sonora y el vicariato de Baja California</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La creaci&oacute;n del obispado de Sonora es una derivaci&oacute;n de la expulsi&oacute;n de los misioneros jesuitas del noroeste de la Nueva Espa&ntilde;a en 1767 y del paulatino proceso de secularizaci&oacute;n de las misiones de los pueblos ind&iacute;genas iniciado a partir de entonces. As&iacute; mismo fue parte de un proceso de reorganizaci&oacute;n territorial del noroeste, conocido como reformas borb&oacute;nicas, que ten&iacute;an como objetivos, entre otros, afianzar el dominio espa&ntilde;ol en esas comarcas y elevar la recaudaci&oacute;n de tributos para la corona espa&ntilde;ola (Del R&iacute;o y L&oacute;pez, 1985:242).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como parte de este proceso, el obispado de Sonora fue establecido por el papa P&iacute;o VI el 7 de mayo de 1779, como una escisi&oacute;n del obispado de la Nueva Vizcaya (hoy Durango) y comprend&iacute;a las provincias de Sinaloa, Sonora y las Californias (Molina, 1979; Almada, 1983:452). El primer obispo de Sonora fue fray Antonio de los Reyes, quien muri&oacute; en &Aacute;lamos en 1787. Los obispos subsecuentes establecieron su sede en la ciudad de Culiac&aacute;n y, en general, tuvieron una presencia irregular y a&uacute;n menos actividad pastoral en la regi&oacute;n (Yescas, 1976:196).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En vista de la enorme extensi&oacute;n del obispado y de las exigencias que planteaba la secularizaci&oacute;n de las misiones ind&iacute;genas, el obispo Mart&iacute;nez Ocejo inici&oacute;, en 1824, gestiones para la subdivisi&oacute;n de su extenso obispado y la creaci&oacute;n de un obispado en las Californias. Estas gestiones no fructificaron sino hasta 1840, cuando se cre&oacute; el vicariato apost&oacute;lico de las Californias, es decir, una nueva jurisdicci&oacute;n eclesi&aacute;stica, a cargo de un vicario apost&oacute;lico que ten&iacute;a sede en San Diego y subordinado al (o sufrag&aacute;neo del) arzobispo de M&eacute;xico. Sin embargo, a partir de 1848, la funcionalidad de esta circunspecci&oacute;n eclesi&aacute;stica se volvi&oacute; improcedente en virtud de que el territorio de la Alta California se separ&oacute; de la rep&uacute;blica mexicana y se incorpor&oacute; a Estados Unidos de Am&eacute;rica. Por ello, el 12 de diciembre de 1849, el gobierno de M&eacute;xico solicit&oacute; a la santa sede que se estableciera una nueva jurisdicci&oacute;n eclesi&aacute;stica en el territorio bajacaliforniano. Fue as&iacute; como en 1853, a la par de que se cre&oacute; la Di&oacute;cesis de San Francisco, California, se estableci&oacute; tambi&eacute;n el vicariato apost&oacute;lico de la Baja California, con sede en La Paz. Hubo tres vicarios apost&oacute;licos: Juan Francisco Escalante y Moreno, nombrado en 1854; fray Ram&oacute;n Mar&iacute;a Moreno y Casta&ntilde;eda, a partir de 1873, y fray Buenaventura Portillo y Tejada (Di&oacute;cesis de Tijuana, 1989:45; <i>Enciclopedia de M&eacute;xico, </i>1978:1186). En la pr&aacute;ctica, sin embargo, el vicariato de la pen&iacute;nsula enfrent&oacute; serios obst&aacute;culos para el desarrollo de las actividades pastorales; la dispersi&oacute;n de la poblaci&oacute;n y la escasez de clero lo hicieron insostenible. Durante esos a&ntilde;os, en la pen&iacute;nsula s&oacute;lo ejercieron su ministerio cuatro sacerdotes, que s&oacute;lo alcanzaban a visitar algunas comunidades m&aacute;s pobladas de la parte sur, mientras desatend&iacute;an las rancher&iacute;as y comunidades, sobre todo en el distrito norte de la pen&iacute;nsula. No es extra&ntilde;o entonces que en 1882, la santa sede redujera el vicariato apost&oacute;lico de Baja California a la categor&iacute;a de prefectura, dependiente del obispo de Sonora (Di&oacute;cesis de Tijuana, 1989:46).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Despu&eacute;s de las turbulencias pol&iacute;ticas nacionales de los a&ntilde;os cincuenta y sesenta del siglo XIX &#151;ocasionadas por la pugna entre conservadores y liberales y por la fallida intervenci&oacute;n francesa y la rep&uacute;blica restaurada de Ju&aacute;rez con sus leyes de Reforma&#151;, poco qued&oacute; de la din&aacute;mica iglesia misionera de un siglo atr&aacute;s en el noroeste. Al inicio del porfiriato, la iglesia sonorense mostraba se&ntilde;ales de abandono: los templos estaban en ruinas y, aunque estaba organizada en 30 curatos, s&oacute;lo hab&iacute;a 15 sacerdotes para atenderlos. La paz porfiriana ofreci&oacute; a la iglesia Cat&oacute;lica la oportunidad de reorganizar el territorio y reconquistar a la poblaci&oacute;n del noroeste (Enr&iacute;quez, 2001:48).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como parte del intento de recuperar la presencia perdida en la frontera, el 27 de mayo de 1883, la santa sede dividi&oacute; el antiguo obispado de Sonora en dos di&oacute;cesis: la de Sinaloa y la de Sonora, correspondiendo a esta &uacute;ltima la atenci&oacute;n de la pen&iacute;nsula de Baja California. De este modo, el nombramiento de primer obispo de la nueva di&oacute;cesis de Sonora recay&oacute; en el doctor Jos&eacute; Mar&iacute;a Rico, quien adem&aacute;s, el 9 de agosto de 1883, fue nombrado administrador apost&oacute;lico de la Baja California. Sin embargo, el ministerio de este obispo fue muy breve, ya que muri&oacute; de fiebre amarilla a los pocos meses de haber arribado a su sede episcopal.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El siguiente obispo fue nombrado en 1887, y el nombramiento recay&oacute; en Herculano L&oacute;pez de la Mora. &Eacute;ste fue realmente el obispo que reemprendi&oacute; la organizaci&oacute;n eclesi&aacute;stica; estableci&oacute; el seminario, reorganiz&oacute; al clero, construy&oacute; la catedral y llev&oacute; a cabo una campa&ntilde;a de comunicaci&oacute;n a trav&eacute;s de cartas pastorales y, sobre todo, estableci&oacute; las contribuciones que deb&iacute;an hacerse por los sacramentos y mejor&oacute; las finanzas de la di&oacute;cesis. Al momento de su muerte en 1902, puede decirse que hab&iacute;a logrado reestablecer cierto orden y nuevo vigor a la anteriormente debilitada iglesia sonorense (Enr&iacute;quez, 2001:72).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El territorio norte de Baja California &#151;tal vez por la escasez de sacerdotes o por la distancia de las sedes episcopales (o sea por su escasa poblaci&oacute;n)&#151; se mantuvo pr&aacute;cticamente desatendido por el clero cat&oacute;lico durante la segunda mitad del siglo XIX. Sin embargo, el surgimiento de nuevos centros de poblaci&oacute;n comenz&oacute; a reclamar la atenci&oacute;n del obispo de Sonora hacia esta esquina del pa&iacute;s. Esto es al menos lo que muestran los dos documentos que aqu&iacute; se presentan.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Los vecinos del Real del Castillo solicitan un sacerdote</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En 1870, los hermanos Ambrosio y Manuel del Castillo descubrieron oro en el valle de San Rafael, al este de Ensenada. Pronto se multiplicaron las casas y tiendas de campa&ntilde;a a ambos lados del arroyo San Rafael y, en respuesta a la generosa extracci&oacute;n del metal amarillo, en poco tiempo se form&oacute; un poblado que contaba con tabernas y sucursales de las tiendas de San Diego, as&iacute; como con un servicio de diligencias provenientes de esa ciudad, que nutr&iacute;a el flujo de pobladores, visitantes y mercanc&iacute;as. Fue tal la concentraci&oacute;n de poblaci&oacute;n que, en el verano de 1872, el gobernador del distrito norte, Manuel Clemente Rojo, asentado hasta entonces en la somnolienta ex misi&oacute;n de Santo Tom&aacute;s, decidi&oacute; cambiar su sede al din&aacute;mico mineral al que, a partir de entonces, se le llam&oacute; Real del Castillo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En 1873, despu&eacute;s de la muerte del presidente Ju&aacute;rez y con el arribo de Sebasti&aacute;n Lerdo de Tejada a la presidencia de la rep&uacute;blica, el gobierno federal nombr&oacute; como nuevo gobernador del distrito norte a Jos&eacute; Mar&iacute;a Villagrana. En un principio, la gesti&oacute;n del gobernador Villagrana fue ben&eacute;fica para el Real del Castillo. Con los impuestos a la producci&oacute;n minera y con los ingresos de la aduana fronteriza ubicada en el rancho T&iacute;a Juana, Villagrana puso orden en la traza urbana y construy&oacute; la plaza principal, as&iacute; como el edificio sede del gobierno, un cuartel y la c&aacute;rcel. Para 1875, el pueblo ten&iacute;a m&aacute;s de 1 500 habitantes (Meadows, 1983:211).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Paralelamente, junto con el nuevo gobierno y la traza urbana, en el Real del Castillo florecieron tambi&eacute;n las cantinas, los salones de baile, los garitos y el vicio. El lugar se volvi&oacute; refugio de pr&oacute;fugos de la justicia estadunidense y escenario de frecuentes alborotos y desmanes provocados por los viciosos y los maleantes, aunque no toda la poblaci&oacute;n local participaba en este jolgorio, ya que en los alrededores viv&iacute;an habitantes y familias tranquilas, conservadoras y dedicadas al trabajo (Meadows, 1983:212). Hacia finales de 1875, al mismo tiempo que la producci&oacute;n minera comenz&oacute; a declinar, los des&oacute;rdenes comenzaron a subir de tono y se hicieron m&aacute;s frecuentes los hechos de violencia y asesinatos. Ante la mirada de los vecinos tranquilos del lugar, los delincuentes hac&iacute;an lo que quer&iacute;an y amenazaban con convertir al real en un pueblo sin ley.<sup><a href="#nota">1</a></sup> Desde la perspectiva de los residentes, el gobernador hab&iacute;a perdido el control de la situaci&oacute;n y proteg&iacute;a a los malhechores. Las familias tranquilas y trabajadoras se sent&iacute;an inseguras y estaban inconformes con el gobernador, a quien ve&iacute;an como incapaz de detener el clima de delincuencia. El malestar lleg&oacute; a tal grado que, el 20 de noviembre de 1876, 30 de los propios soldados del gobernador se le rebelaron, lo tomaron preso y lo metieron en la c&aacute;rcel, aunque posteriormente, al ser trasladado, se escap&oacute;. En vista de la situaci&oacute;n, el gobierno envi&oacute; un nuevo gobernador, el general Andr&eacute;s L. Tapia, quien a su llegada al Real del Castillo recibi&oacute; una larga lista de cargos contra Villagrana, firmada por 167 vecinos. Con el aplauso de los elementos tranquilos del real, el nuevo gobernador expuls&oacute; del pueblo a los elementos de mala reputaci&oacute;n y, en 1877, detuvo y envi&oacute; presos a Villagrana y a sus principales colaboradores (Meadows, 1983:214).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es en ese ambiente en el que se deja sentir que el Real del Castillo requer&iacute;a de atenci&oacute;n espiritual, lo que para un grupo de vecinos signific&oacute; que hac&iacute;a falta la presencia de un sacerdote cat&oacute;lico. De este modo, algunas mujeres del lugar recolectaron firmas, y el 15 de noviembre de 1879, Natalia Cota y Mar&iacute;a Antonia Lamadrid enviaron una carta a las autoridades eclesi&aacute;sticas, en la que se lamentaban de la carencia de sacramentos y solicitaban un cura p&aacute;rroco. No est&aacute; claro a qui&eacute;n estuvo destinada la carta. Probablemente fue enviada al obispo de Sonora, quien ten&iacute;a su sede en Culiac&aacute;n, y posteriormente a la divisi&oacute;n de la di&oacute;cesis en 1883, &eacute;ste la hizo llegar al nuevo obispo de Sonora, en su car&aacute;cter de administrador apost&oacute;lico de la Baja California, yendo, de este modo, a parar al archivo de la catedral de Hermosillo. La transcripci&oacute;n de la carta es como sigue:</font></p>     <blockquote>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ilustr&iacute;simo Se&ntilde;or</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las que suscribimos, vecinas de la Frontera Norte del Territorio de la Baja California ante V.S. Ilustr&iacute;sima, del modo mas respetuoso nos presentamos y exponemos: que convencidas de que no puede haber felicidad verdadera en esta vida, ni menos adquirir la que est&aacute; prometida para los bienaventurados, sino se cumplen los diez mandamientos de Dios Nuestro Se&ntilde;or y los cinco de la Santa Iglesia Nuestra Madre; y, teniendo en consideraci&oacute;n, que hasta ahora en esta es tensa Frontera no existe ni ha existido, un templo cat&oacute;lico en donde tributar el culto divino que es debido al Criador de los Cielos y de cuanto vive bajo el sol; y, en atenci&oacute;n tambi&eacute;n &aacute; que, todos los vecinos de esta Frontera tenemos la fortuna de profesar la fe de Cristo; y bien persuadidas por &uacute;ltimo, que la religi&oacute;n cristiana es la &uacute;nica verdadera que reconoce y confiesa la Santa Iglesia Cat&oacute;lica Apost&oacute;lica Romana: llenas de confianza en la misericordia divina y en el celo apost&oacute;lico de su Se&ntilde;or&iacute;a Ilustr&iacute;sima, venimos en suplicarle nos conceda para bien de nuestras almas, un Cura p&aacute;rroco que ilustre y dirija nuestras conciencias, nos alimente con el pan de la vida eterna, abriendo a nuestros hijos las puertas de la Jerusalen celestial, por medio de las benditas aguas del bautismo.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hemos tenido, Ytmo. <i>&#91;sic&#93; </i>Se&ntilde;or, la desgracia de vivir sin un Ministro del Alt&iacute;simo, que nos instruya y predique la ley divina, sin que ni siquiera en los dias festivos podamos asistir al santo sacrificio de la Misa: nuestro corazon se ha hecho mil pedazos, cuando hemos dado &aacute; luz un hijo de nuestras entra&ntilde;as, sin que podamos acercarlo a la fuente bautismal, para limpiarlo de la original culpa; l&aacute;grimas del corazon hemos derramado, cuando hemos visto privados &aacute; nuestros hijos del santo sacramento de la confirmacion; y, nuestro coraz&oacute;n se ha partido de dolor, nuestra alma se ha llenado de tristeza, cuando &aacute; la desgracia de ver morir &aacute; nuestros hijos, &aacute; nuestros esposos, &aacute; nuestros parientes, &aacute; nuestros amigos y amigas, hemos tambi&eacute;n agregado la indecible pena de verlos espirar privados &iexcl;oh dolor! de los auxilios divinos de Nuestra Sacrosanta Religion.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Compadeceos, Itmo. Se&ntilde;or, del abandono en que nos encontramos, y hacednos participantes en el reba&ntilde;o que os est&aacute; encomendado. Llamadnos al redil, que nosotras nos comprometemos a ser en lo sucesivo fieles a la Religion en que nacimos y deveras queremos morir en la misma Sacrosanta Religi&oacute;n.</font></p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nuestras almas han estado hasta ahora privadas del pan de los &aacute;ngeles, y si as&iacute; continuamos van a morir de muerte.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un considerable n&uacute;mero de los moradores de esta Frontera viven sin tener la fortuna de conocer a Dios, y a Vos Itmo. Se&ntilde;or, corresponde salvarlos del gentilismo en que viven. Lo repetimos confiadas en la infinita misericordia de Dios Nuestro Se&ntilde;or, en la pureza de la Inmaculada Virgen Mar&iacute;a y en el celo apost&oacute;lico de Su Se&ntilde;or&iacute;a Ilustr&iacute;sima, esperamos que en contestaci&oacute;n de esta nuestra muy humilde y respetuosa solicitud, nos ha de enviar el Cura P&aacute;rroco que fervientemente pedimos.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el Real del Castillo, cabecera del partido Norte del Territorio de la Baja California en la Rep&uacute;blica Mejicana, a los quince d&iacute;as del mes de Noviembre de mil ochocientos setenta y nueve.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La carta va acompa&ntilde;ada de 134 firmas y a pesar de que comienza con la frase "Las que suscribimos, vecinas de la Frontera Norte" &#151;salvo alguna variaci&oacute;n por nombres que pueden ser equ&iacute;vocos&#151;, consta de aproximadamente 67 nombres de hombres y 67 de mujeres, aunque no est&aacute;n organizados por parejas ni parece tratarse necesariamente de matrimonios o padres de familia. La escritura, en la mayor&iacute;a de los casos, es aut&oacute;grafa y algunas firmas van acompa&ntilde;adas de r&uacute;bricas, lo que habla de una alta proporci&oacute;n de gente que sab&iacute;a escribir. As&iacute; mismo se puede suponer que se trata de la poblaci&oacute;n tranquila y conservadora del Real del Castillo y es probable que hayan constituido la mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n adulta local en ese momento. En un an&aacute;lisis somero de los nombres enlistados, se observa una gran variedad de nombres y apellidos, casi todos ellos de origen espa&ntilde;ol, con la excepci&oacute;n de dos o tres, como George Furlorse, Gill A. Burnes o los apellidos Jean y Galiano, que pueden ser de otro origen. Entre los apellidos m&aacute;s frecuentes est&aacute;n los Moreno con siete firmas, los L&oacute;pez con seis, los Cota y los Orosco <i>(sic) </i>con cinco firmas cada uno, y los Aguilar, Damas y Herrera con cuatro casos. Entre los que aparecen tres veces est&aacute;n Arenas, Gamas, Legaspy, Murillo, Ram&iacute;rez, Rivera y Rodr&iacute;guez. </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No tenemos noticia de la respuesta que se dio a esta carta y si los vecinos hayan tenido &eacute;xito en su empe&ntilde;o. Lo que se sabe es que en 1882, la capital del territorio se traslad&oacute; del Real del Castillo al puerto de Ensenada y que a partir de entonces comenz&oacute; a declinar la poblaci&oacute;n del mineral. En 1905, la poblaci&oacute;n se hab&iacute;a reducido a menos de 200 habitantes.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>El padre Osuna reporta </b><b>la situaci&oacute;n religiosa de Tijuana </b><b>en 1888</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En 1874, el gobierno federal mexicano estableci&oacute; una aduana fronteriza en los terrenos del antiguo rancho T&iacute;a Juana. La aduana qued&oacute; localizada a un costado del camino, junto al r&iacute;o Tijuana y cercana a la mojonera fronteriza. El alto en el camino y la actividad aduanera propiciaron que el lugar comenzara a poblarse con comercios. Simult&aacute;neamente aparecieron las primeras viviendas y poco despu&eacute;s una peque&ntilde;a capilla cat&oacute;lica.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Seg&uacute;n se desprende de las diferentes actas de bautismo, los habitantes del rancho T&iacute;a Juana acud&iacute;an a la misi&oacute;n de San Diego para bautizar a sus hijos, as&iacute; como para los dem&aacute;s servicios religiosos (Mart&iacute;nez, 2003:5). Por otra parte, el sacerdote perteneciente al vicariato de Baja California resid&iacute;a en Ensenada, desde donde se desplazaba a los distintos poblados y rancher&iacute;as. De modo que en la iglesia de Ensenada tambi&eacute;n aparecen registros de bautismos y matrimonios realizados en las visitas a la comunidad de Tijuana (Ortiz, 1989:50).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En los a&ntilde;os de 1888 y 1889, el sacerdote que estuvo a cargo de esta regi&oacute;n fue Luciano Osuna. Este cl&eacute;rigo era de origen mexicano pero hab&iacute;a sido ordenado sacerdote en San Francisco, California, en 1863. Durante sus primeros a&ntilde;os de ministerio sacerdotal trabaj&oacute; con los ind&iacute;genas de Mendocino, Lake y Sonoma en la Di&oacute;cesis de San Francisco (Burns, 2003).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El padre Osuna se traslad&oacute; a Baja California y como parte de su trabajo sacerdotal estuvo varias veces en Ensenada, Tijuana, Tecate, San Diego y el valle de Guadalupe, de modo que se familiariz&oacute; con la regi&oacute;n (Ortiz, 1989:50). Por esas fechas recibi&oacute; un comunicado de parte del reci&eacute;n nombrado obispo de Sonora, Herculano L&oacute;pez de la Mora, quien le ped&iacute;a que reportara la situaci&oacute;n religiosa del &aacute;rea y que contestara varias preguntas. Es as&iacute; como el 7 de junio de 1888, el padre Luciano Osuna escribi&oacute; a Monse&ntilde;or &Aacute;ngel Barcel&oacute;, quien fung&iacute;a como secretario del obispo de Sonora. La trascripci&oacute;n literal de la carta es la siguiente:</font></p>     <blockquote>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tijuana, Junio 7, 1888    <br>     Sr. Srio. J. Angel Barcel&oacute;    <br> &eacute;aqu&iacute; recib&iacute; estas circulares y luego les doy su curso y contesto &aacute; preguntas indicadas y en razon &#91;de que&#93; este lugar es nuevo empieza a poblarse y la gente que llega toda es nueva no puedo decir lo que son y as&iacute; respondo a las preguntas. A la 1Âª. respondo concienzudamente y digo: que en lo general la gente cuando infantes han recibido el agua del bautismo y es el &uacute;nico acto religioso que han recibido y sus padres lo mismo; as&iacute; las creencias que ellos se han forjado &oacute; han pepenado mas b&iacute;en son en contra de la religion y as&iacute; una gran parte defienden puntos condenados por la Yglesia <i>&#91;sic&#93; </i>y esto responde a la 1&ordf;. pregunta; a&ntilde;adiendo que los que van entrando los mas son protestantes. A la 2&ordf;. digo que habr&aacute; como 40 &oacute; 45 cat&oacute;licos en toda la comprehensi&oacute;n. A la 3&ordf;. En Tijuana un Oratorio que yo h&eacute; construido &aacute; mi propia costa; es de adobe, techo de madera; altar de madera, dimensiones veinte y cuatro pies de largo por catorce de ancho y un cuartito adyacente. Aqu&iacute; <i>habr&aacute; </i>como 10 diez <i>&#91;sic&#93; </i>cat&oacute;licos. Este lugar est&aacute; en la l&iacute;nea divisoria. Tecate al oriente 8 leguas una vecindad habr&aacute; como 5 cinco <i>&#91;sic&#93; </i>cat&oacute;licos. Ensenada 30 leguas al sur de Tijuana habr&aacute; como 10 cat&oacute;licos; una capilla de madera que yo constru&iacute; casi a mi propia costa es 36 pies de larga por 20 de ancho y un cuarto adyacente. No tiene solar esta capilla, porque como subi&oacute; el valor del terreno los que eran due&ntilde;os vendieron con fraude el solar a otros y asi dej&aacute;ron sin solar a la capilla. A la 4&ordf;. digo que estoi yo solo. A la 5&ordf;. y 6&ordf;. digo que ninguno hay. Habr&aacute; otros 20 o 25 cat&oacute;licos diseminados en otros fuertes y a&ntilde;ado que los pocos cat&oacute;licos que hai no conocen la obligacion que tienen y no contribuien al sostenimiento del culto y de su p&aacute;rroco. Pero el que mantiene las aves del cielo no se olvida de m&iacute; aunque indigno.    <br>      Su servidor     <br>     Luciano Osuna</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El padre Osuna permaneci&oacute; a&uacute;n varios a&ntilde;os m&aacute;s como cura itinerante en el distrito norte de Baja California. Seg&uacute;n lo atestiguan las actas de bautismo y otros oficios religiosos, el sacerdote se manten&iacute;a en movimiento frecuente visitando las diversas localidades. El &uacute;ltimo registro parroquial que hizo fue el 12 de noviembre de 1893 (Ortiz, 1989:55). El padre Luciano Osuna muri&oacute; de enfermedad del coraz&oacute;n el 20 de marzo de 1894, a los 59 a&ntilde;os de edad, despu&eacute;s de tres semanas de atenci&oacute;n en el Hospital Saint Joseph de San Diego. Fue sepultado en el cementerio cat&oacute;lico de esa ciudad (Casas, 2001).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Conclusi&oacute;n</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estos dos documentos constituyen, cada uno, discretas pero penetrantes miradas a la situaci&oacute;n del distrito norte de Baja California hacia finales del siglo XIX. Su importancia no es s&oacute;lo religiosa y eclesi&aacute;stica sino que nos muestran tambi&eacute;n aspectos demogr&aacute;ficos, sociales y urban&iacute;sticos de la Baja California. Un documento nos revela los contrastantes sentimientos religiosos y las aspiraciones de mejor vida de un importante sector de las familias residentes del Real del Castillo en un entorno en el que lo que permite sobrevivir es el valor del metal, el mercado del alcohol y el negocio de la diversi&oacute;n. El segundo documento nos muestra la r&aacute;pida ojeada que el padre Luciano Osuna repasa sobre la gente que comenzaba a poblar el territorio que va de Ensenada a Tijuana y Tecate y sus construcciones religiosas. En ambos documentos se observan, desde esta temprana &eacute;poca, rasgos caracter&iacute;sticos de la sociedad bajacaliforniana con un grupo nuclear de pobladores dedicados al comercio fronterizo de mercanc&iacute;as y diversi&oacute;n junto con un sector mayoritario, pero perif&eacute;rico, de poblaci&oacute;n dedicada al trabajo y que conserva sus valores tradicionales.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Fuentes primarias</i></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Carta de los vecinos del Real del Castillo al vicario general de la Di&oacute;cesis de Sonora, Real del Castillo, 15 de noviembre de 1879. En archivo de la Catedral de la Asunci&oacute;n (sin catalogaci&oacute;n), Hermosillo, Sonora.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3793609&pid=S0187-7372200800010000800001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Carta del padre Luciano Osuna a J. &Aacute;ngel Barcel&oacute;, secretario del obispado de Sonora. Tijuana, B. C., 7 de junio de 1888. En archivo de la Catedral de la Asunci&oacute;n (sin catalogaci&oacute;n), Hermosillo, Sonora.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3793610&pid=S0187-7372200800010000800002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Fuentes secundarias</i></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Almada, Francisco R., <i>Diccionario de historia, geograf&iacute;a y biograf&iacute;a sonorenses, </i>Hermosillo, Sonora, Gobierno del estado de Sonora, 1983.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3793612&pid=S0187-7372200800010000800003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Burns, Jeffrey M., "Why Celebrate? Lessons from 150 Years", <i>Catholic San Francisco, </i>24 de enero de 2003. En <a href="http://www.catholic-sf.org/" target="_blank">http://www.catholic&#150;sf.org/012403.html</a>. Consultado en enero de 2006.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3793613&pid=S0187-7372200800010000800004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Casas, Rogelio, Query posted on: San Diego County, California on 1/16/01. Response by Donna@MBS published in GenForum, 2001. En <a href="http://archiver.rootsweb.ancestry.com/th/read/SOCAL/2001-01/0979860798" target="_blank">http://archiver.rootsweb.com/th/read/SOCAL/2001&#150;01/0979860798</a>. Consultado en enero de 2006.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3793614&pid=S0187-7372200800010000800005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Del R&iacute;o, Ignacio y Edgardo L&oacute;pez Ma&ntilde;&oacute;n, "La reforma institucional borb&oacute;nica", <i>Historia general de Sonora. De la conquista al estado libre y soberano de Sonora, </i>t. n, Hermosillo, Sonora, Gobierno del Estado de Sonora, 1985, pp. 241&#150;247.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3793615&pid=S0187-7372200800010000800006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Di&oacute;cesis de Tijuana, <i>Plan pastoral 1989&#150;1994. Hacia una iglesia nueva, </i>Tijuana, B. C., 1989.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3793616&pid=S0187-7372200800010000800007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Enciclopedia de M&eacute;xico, </i>"Baja California, gobierno eclesi&aacute;stico". t. 1, 4a. ed., M&eacute;xico, D. F., Enciclopedia de M&eacute;xico, 1978, p. 1186.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3793617&pid=S0187-7372200800010000800008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Enr&iacute;quez Lic&oacute;n, Dora Elvia, "Devotos e imp&iacute;os. La Di&oacute;cesis de Sonora en el siglo XIX", <i>El tejab&aacute;n, </i>n&uacute;m. 5, 2001.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3793618&pid=S0187-7372200800010000800009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mart&iacute;nez Zepeda, Jorge, "Del rancho Tijuana a la formaci&oacute;n del pueblo. Una aproximaci&oacute;n a sus pioneros", <i>Voces de la pen&iacute;nsula. Revista de geograf&iacute;a e historia de Baja California, </i>vol. 1, n&uacute;m. 3&#150;4, 2003, pp. 4&#150;9.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3793619&pid=S0187-7372200800010000800010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Meadows, Donald, "Real del Castillo", en David Pi&ntilde;era Ram&iacute;rez (coord.), <i>Panorama hist&oacute;rico de Baja California, </i>Tijuana, B. C., Universidad Aut&oacute;noma de Baja California, Centro de Investigaciones Hist&oacute;ricas UNAM-UABC, 1983, pp. 209&#150;216.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3793620&pid=S0187-7372200800010000800011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Molina Molina, Flavio, <i>L&iacute;mites de Sonora, Sinaloa y Californias 1790, </i>Hermosillo, Sonora, (s. e.), 1979.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3793621&pid=S0187-7372200800010000800012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ortiz Figueroa, Jes&uacute;s, "El clero itinerante. 1888&#150;1900", en David Pi&ntilde;era Ram&iacute;rez y Jes&uacute;s Ortiz Figueroa (coords.), <i>Historia de Tijuana 1889&#150;1989, </i>Tijuana, B. C., Universidad Aut&oacute;noma de Baja California, Centro de Investigaciones Hist&oacute;ricas UNAM &#150;UABC, 1989, pp. 49&#150;58.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3793622&pid=S0187-7372200800010000800013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Yescas L&oacute;pez, Ernesto, "La Iglesia en los siglos XIX y XX", <i>Memoria del Primer Simposio de Historia de Sonora, </i>Hermosillo, Sonora, Universidad de Sonora, Instituto de Investigaciones Hist&oacute;ricas, 1976, pp. 196&#150;209.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3793623&pid=S0187-7372200800010000800014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="nota"></a>NOTA</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Meadows comenta que una robusta matrona, do&ntilde;a Chena, quien defend&iacute;a sus derechos con una pistola calibre .45, gobernaba la plaza, y su secuaz, Pedro Bobadilla, alias el <i>Seis Dedos, </i>mandaba en los callejones. De modo que "los disparos, las pu&ntilde;aladas y el crimen en general mantuvieron el pueblo en efervescencia, como cerveza caliente" (Meadows, 1983:212).</font></p>      ]]></body><back>
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