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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4"> Rese&ntilde;as bibliogr&aacute;ficas</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="center"><font face="verdana" size="4"><i><b>Tijuana la horrible: Entre la historia y el mito</b></i></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>  	    <p align="center"><b><font face="verdana" size="2">Luis Ernesto L&oacute;pez Aspeitia*</font></b></p> 	    <p align="center">&nbsp;</p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Humberto F&eacute;lix Berumen, Tijuana, B. C., El Colegio de la Frontera Norte y Libros Pen&iacute;nsula, 2003.</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>*Estudiante del doctorado en sociolog&iacute;a de la Escuela de Altos Estudios de Par&iacute;s.</i> Direcci&oacute;n electr&oacute;nica: <a href="mailto:laspeitia@yahoo.fr">laspeitia@yahoo.fr</a>.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro de Humberto F&eacute;lix Berumen es una defensa apasionada de la historia y la riqueza cultural de la ciudad de Tijuana y, por ende, una denuncia de la imagen de Tijuana como un lugar de turismo sexual, violencia y degradaci&oacute;n moral. Igualmente es un an&aacute;lisis semi&oacute;tico de la diversidad de textos y lecturas a los que Tijuana ha dado lugar, sea en la literatura, el cine o la m&uacute;sica, es decir, en el imaginario social de la cultura popular, tanto en M&eacute;xico como en Estados Unidos. En la lectura de sus p&aacute;ginas, pasamos del panfleto emotivo a la erudici&oacute;n acad&eacute;mica; de la cr&iacute;tica de arte a la an&eacute;cdota ilustradora, todo ello, al servicio de una hip&oacute;tesis m&aacute;s bien simple: de la diversidad de representaciones sociales con las cuales Tijuana ha sido observada, significada, construida o apropiada, predomina una en la que la ciudad se construye como una encarnaci&oacute;n del desorden social y moral, de la violencia y la falta de ley, de la corrupci&oacute;n y el narcotr&aacute;fico.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El trabajo de Berumen no se contenta con mostrar efectivamente la imposici&oacute;n de este significado de la ciudad de Tijuana; su prop&oacute;sito es mucho m&aacute;s ambicioso: se trata de desmontar el mito, volver evidentes sus efectos, los dispositivos con los cuales funciona y, por consiguiente, liberar el campo que &eacute;ste coloniza al juego de las representaciones simb&oacute;licas diversas. A estas dos dimensiones se suma una tercera, que vuelve la empresa a&uacute;n m&aacute;s compleja: el autor se interesa en mostrar el origen hist&oacute;rico del mito, la manera en que &eacute;ste se impuso y sus efectos sociales hasta el d&iacute;a de hoy.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La primera tarea que emprende Humberto F&eacute;lix Berumen es, pues, la de demostrar la existencia del mito de Tijuana como una anticiudad, como "&#91;...&#93; la ciudad del vicio y de la perversi&oacute;n por antonomasia" (p. 24). Situ&aacute;ndose desde una perspectiva centrada en el an&aacute;lisis discursivo de los relatos que se han producido sobre Tijuana a lo largo de la historia, que datan desde finales del siglo XIX pero que se concentran en dos per&iacute;odos &#151;entre los a&ntilde;os treinta y cuarenta y en los a&ntilde;os recientes&#151;, el autor se esfuerza en convencernos c&oacute;mo la identificaci&oacute;n de Tijuana como una ciudad decadente, ep&iacute;tome de aquello contra lo cual el occidente puritano se ha construido, es producto de un largo y consistente proceso hist&oacute;rico de simbolizaci&oacute;n de Tijuana como una negaci&oacute;n de los valores de la civilizaci&oacute;n occidental. Se trata no tanto de mostrar la secuencia hist&oacute;rica del mito &#151;es decir, la historia de la aparici&oacute;n de cada uno de los relatos mitificadores de la ciudad de Tijuana&#151;, sino m&aacute;s bien, de evidenciar c&oacute;mo la misma historia de la ciudad, la misma imagen que &eacute;sta tiene de s&iacute; misma es producida por esos relatos. As&iacute;, el mito funciona como un dispositivo de gesti&oacute;n de lo pensable. Esto significa que el mito no es tanto un relato en s&iacute;, sino la operaci&oacute;n simb&oacute;lica que hace posible describir, pensar y experimentar la ciudad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La estructura del libro est&aacute; compuesta de tres partes. La primera destaca fundamentalmente los or&iacute;genes del mito de Tijuana como una ciudad del vicio, la ciudad&#45;Babilonia, asociada a la funci&oacute;n tur&iacute;stica de la urbe como v&aacute;lvula de escape para la sociedad norteamericana durante el per&iacute;odo conocido como la prohibici&oacute;n. Es el per&iacute;odo de la llamada <i>leyenda negra</i> de Tijuana. Una segunda parte analiza el funcionamiento del mito como un sistema de gesti&oacute;n de lo simbolizable a trav&eacute;s de la literatura, el cine y la cultura popular. Es el espacio de la mitolog&iacute;a de Tijuana; es decir, de los relatos que se nutren del mito originario de la ciudad babil&oacute;nica, que institucionalizan el mito al rango de verdad y que a su vez nutren las im&aacute;genes con las que los propios habitantes de la ciudad se significan a s&iacute; mismos. Finalmente, la tercera parte analiza los efectos de sentido del mito y la mitolog&iacute;a, al mostrar c&oacute;mo en la actualidad, bajo el discurso que evoca la ciudad como un espacio posmoderno, sigue operando la mec&aacute;nica del mito, aunque ahora se presenta bajo la forma de un discurso mucho m&aacute;s acad&eacute;mico. En esta tercera parte, el mito pierde su origen religioso, asociado a los temores y visiones puritanas de la sociedad norteamericana de los a&ntilde;os treinta y cuarenta, para secularizarse bajo la forma de un lugar donde "todo lo s&oacute;lido se desvanece", donde las identidades culturales son fluidas y donde prevalecen la hibridaci&oacute;n y el caos sobre la identidad y el orden modernos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Podr&iacute;amos decir que, en t&eacute;rminos de su mitificaci&oacute;n, Tijuana pasa de la premodernidad a la posmodernidad sin jam&aacute;s haber sido moderna. Desafortunadamente, el autor no sigue esa l&iacute;nea de mostrar c&oacute;mo la representaci&oacute;n simb&oacute;lica de Tijuana, de estar anclada en relatos que oponen el orden moral de la sociedad puritana al desorden moral de la ciudad, pasa a im&aacute;genes que la dise&ntilde;an como un espacio del desorden posmoderno en oposici&oacute;n del orden de la modernidad. Pero, &iquest;es que, en ese sentido, Tijuana nunca ha sido moderna? La respuesta parecer&iacute;a obvia pero no lo es, porque de la lectura de <i>Tijuana la horrible</i> no podemos extraer la consecuencia de si hubo o no un discurso moderno sobre la ciudad (aunque algunos relatos apuntan a que s&iacute; lo hubo).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De acuerdo con Berumen, la producci&oacute;n del mito de Tijuana es un "efecto de mirada". Est&aacute; estructurado en los discursos y relatos creados desde afuera, fundamentalmente desde el imaginario social norteamericano. En &eacute;l, la ciudad emerge como un espacio que produce sensaciones ambivalentes. En efecto, Tijuana atrae, al mismo tiempo que repele, a los ciudadanos norteamericanos que llegan a ella buscando diversiones que en su pa&iacute;s est&aacute;n prohibidas. Al mismo tiempo que la ciudad se desarrolla como un enclave tur&iacute;stico, adquiere, en los discursos de la prensa de la &eacute;poca, el estatuto de ciudad maldita, de lugar de perversi&oacute;n. Es la leyenda negra. Como dice Berumen, bajo la forma de la llamada leyenda negra se esconde un aspecto mucho m&aacute;s profundo que est&aacute; enraizado en la mentalidad norteamericana de entonces: el mito de la ciudad corrompida o ca&iacute;da; el mito babil&oacute;nico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Adem&aacute;s del car&aacute;cter religioso del mito babil&oacute;nico o premoderno de Tijuana, la matriz mitificadora introduce otros elementos: el racismo de la sociedad norteamericana contra los mexicanos; el etnocentrismo; el car&aacute;cter liminal que adquiere Tijuana como ciudad fronteriza, como un espacio indeterminado, como un no&#45;lugar (Aug&eacute;), en donde todo puede acontecer. Lo importante por destacar es el hecho de que el mito de la ciudad es una representaci&oacute;n impuesta desde fuera por la mirada ambigua del extranjero, doblemente extranjero puesto que norteamericano y anglosaj&oacute;n. No s&oacute;lo se apuntala la superioridad racial del occidente puritano, sino su superioridad moral. El mito premoderno de Tijuana est&aacute; construido, entonces, con referencia al mito por excelencia de las ciudades perdidas: Babilonia. &Eacute;ste se encuentra fundamentalmente en el relato novel&iacute;stico de la &eacute;poca, en el que la met&aacute;fora de Babilonia sirve a la vez tanto para comparar la ciudad con el vicio y la decadencia, como para informar el significado mismo de la ciudad de Tijuana. Es decir, en la construcci&oacute;n de los relatos sobre la ciudad se pas&oacute; del enunciado "Tijuana es como Babilonia" al de "Tijuana es Babilonia" (pp. 181&#45;206). El espacio literario fue el terreno por excelencia donde se construy&oacute; esta versi&oacute;n del mito, aunque no excluye el cine, la prensa ni el relato oral. El autor analiza con cierto detalle las obras de Dashiell Hammet (La <i>herradura dorada),</i> Joseph Wambaugh <i>(L&iacute;neas y sombras),</i> aunque tambi&eacute;n hay ejemplos de escritores del lado mexicano como Rub&eacute;n Vizca&iacute;no y Fernando del Corral.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si el mito premoderno de Tijuana es producto de la mirada del doble extranjero, la producci&oacute;n del mito posmoderno es, al mismo tiempo, continuidad y ruptura: ruptura con la estructura religiosa del mito, y continuidad con la mirada exterior acerca de la ciudad. En este sentido, Berumen analiza, sobre todo, la generalizaci&oacute;n del mito de Tijuana ya no s&oacute;lo como la ciudad ca&iacute;da, sino como la capital del caos, la violencia, el narcotr&aacute;fico y la desnacionalizaci&oacute;n, tal como &eacute;sta es definida en la mirada del otro extranjero. del lado mexicano. En efecto, la mitolog&iacute;a posmoderna de Tijuana es hija del centralismo y de la persistencia de los estereotipos con que se ha mirado la ciudad desde el centro del pa&iacute;s. En esta otra mirada ya no predominan el racismo ni la superioridad moral, pero s&iacute; el reproche y el temor a la p&eacute;rdida de la identidad nacional, as&iacute; como la vulgarizaci&oacute;n y banalizaci&oacute;n del tema de la violencia y el narcotr&aacute;fico tanto en el cine y la literatura como en los llamados narcocorridos. En este sentido, Tijuana ya no emerge como un espacio&#45;otro, como una heterotop&iacute;a, sino m&aacute;s bien como una antiutop&iacute;a, como un relato negativo de anticipaci&oacute;n del futuro que espera al pa&iacute;s. El mecanismo por excelencia de esta mitificaci&oacute;n de Tijuana es la m&uacute;sica popular, fundamentalmente el narcocorrido, en el cual Tijuana aparece como el teatro de operaciones del narcotr&aacute;fico donde reina el mundo de las drogas, la violencia y el desorden. Esta misma imagen ha trasminado, a decir de Berumen, el propio discurso acad&eacute;mico. As&iacute;, para autores como N&eacute;stor Garc&iacute;a Canclini, Tijuana representa un laboratorio de la posmodernidad. Un elemento central del mito posmoderno de Tijuana es que &eacute;ste funciona como referente para designar otras realidades sociales. As&iacute;, cuando se habla de <i>tijuanizar,</i> se hace referencia al aumento de la violencia, el caos y la delincuencia. Como dice el autor, Tijuana pasa del estatuto de ciudad m&iacute;tica a ser "&#91;...&#93; una referencia m&iacute;tica m&aacute;s. Su funci&oacute;n simb&oacute;lica consiste en servir de soporte para nuevas y diferentes representaciones sociales que aparecen condensadas a trav&eacute;s de su nombre" (p. 351).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Considero que el libro de Humberto F&eacute;lix Berumen representa un importante aporte a los estudios culturales de la frontera, sobre todo en la medida en que se aleja un tanto de lo que otros acad&eacute;micos est&aacute;n realizando en este momento. Sin embargo, la perspectiva adoptada en el libro, as&iacute; como la carencia de estudios emp&iacute;ricos sobre el tema, hacen que el proyecto de desmitificaci&oacute;n, en el que el autor pone tanto empe&ntilde;o, corra el riesgo del autosabotaje. Es un trabajo que evidencia, al mismo tiempo, la riqueza y los l&iacute;mites de los estudios culturales y, particularmente, de los an&aacute;lisis del discurso. Ciertamente, por las propias premisas del libro, quedan excluidas de antemano las referencias a los actores que consumen o hacen propio el discurso sobre Tijuana. As&iacute;, hablan en el libro aquellos quienes producen el mito pero no quienes lo habitan. Un estudio al respecto mostrar&iacute;a que los actores sociales no necesariamente reproducen mec&aacute;nicamente el mito.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro problema deriva del car&aacute;cter acr&iacute;tico con que el autor asume los postulados de las distintas teor&iacute;as que utiliza, algunas de las cuales son contradictorias. En el tratamiento que Berumen da a las fuentes no aparecen las pr&aacute;cticas sociales: s&oacute;lo los contenidos sem&aacute;nticos, pero &eacute;stos no pueden confundirse con las pr&aacute;cticas sociales mismas. Un an&aacute;lisis de los actores sociales permitir&iacute;a mostrar c&oacute;mo ha cambiado la composici&oacute;n social de la frontera en los &uacute;ltimos a&ntilde;os y las consecuencias de esos dram&aacute;ticos cambios en las pr&aacute;cticas sociales de los habitantes de la ciudad. Finalmente, el autor excluye deliberadamente algunos discursos sociales que construyen la ciudad de Tijuana como un espacio de reconstrucci&oacute;n de identidades, como una "tierra de oportunidades". Este fondo narrativo no est&aacute; s&oacute;lo presente en el discurso pol&iacute;tico de los empresarios o los pol&iacute;ticos locales. En muchas de las entrevistas que yo mismo he realizado, encuentro que predomina un discurso m&aacute;s bien positivo de los inmigrantes y las inmigrantes residentes en Tijuana, para quienes la ciudad es, ante todo, un lugar de trabajo. Con ello no quiero negar la tesis central del libro, pero s&iacute; apuntar la necesidad de relativizarla o al menos someterla a una contrastaci&oacute;n emp&iacute;rica m&aacute;s amplia.</font></p>      ]]></body>
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