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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;a bibliogr&aacute;fica</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><i><b>Schemers and Dreamers: Filibustering in Mexico, 1848&#45;1921</b></i></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Lawrence Douglas Taylor Hansen*</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Joseph A. Stout. Fort Worth, Texas, Texas Christian University Press, 2002, 148 pp.</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Investigador del Departamento de Estudios Culturales de El Colegio de la Frontera Norte.</i> Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:ltaylor@colef.mx">ltaylor@colef.mx</a>.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El filibusterismo constituye una parte importante del legado hist&oacute;rico de la regi&oacute;n fronteriza entre M&eacute;xico y Estados Unidos. La obra rese&ntilde;ada expone un an&aacute;lisis sucinto de los principales movimientos filibusteros dirigidos en contra de M&eacute;xico durante un per&iacute;odo de m&aacute;s de siete d&eacute;cadas, desde el fin de la guerra entre los dos pa&iacute;ses en 1848 hasta los inicios de la etapa de consolidaci&oacute;n que sigui&oacute; a los a&ntilde;os turbulentos de la lucha revolucionaria de 1910 a 1920.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El autor, Joseph Stout, reconocido investigador de la historia de la frontera norte y de las relaciones entre M&eacute;xico y Estados Unidos, se ha dedicado durante m&aacute;s de 30 a&ntilde;os al estudio de este tema intrigante. Su trabajo de investigaci&oacute;n se basa fundamentalmente en los expedientes sobre el filibusterismo que se encuentran guardados en el Archivo Hist&oacute;rico Genaro Estrada de la Secretar&iacute;a de Relaciones Exteriores en la ciudad de M&eacute;xico, as&iacute; como en la consulta de otras numerosas fuentes primarias en los archivos y bibliotecas de los dos pa&iacute;ses.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El autor comienza su estudio con una explicaci&oacute;n de la evoluci&oacute;n del t&eacute;rmino <i>filibustero.</i> La palabra, que proviene del holand&eacute;s <i>vribuiter</i> (<i>freebooter</i> en ingl&eacute;s, y <i>flibustier</i> en franc&eacute;s), se empleaba originalmente para referirse a un bucanero o pirata en busca de bot&iacute;n. En Estados Unidos, a partir de la d&eacute;cada de 1850, adquiri&oacute; un nuevo significado: se utilizaba para denotar una expedici&oacute;n organizada y patrocinada ilegalmente por intereses particulares en territorio neutral para participar en acciones b&eacute;licas en pa&iacute;ses vecinos. La expresi&oacute;n tambi&eacute;n hac&iacute;a referencia a los integrantes de tales expediciones, as&iacute; como a la nave en que viajaban.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cabe se&ntilde;alar, sin embargo, que la palabra en espa&ntilde;ol continu&oacute; reteniendo su antiguo significado, es decir, de referirse a una expedici&oacute;n filibustera como una empresa <i>pir&aacute;tica.</i> Por ejemplo, en un editorial publicado en el peri&oacute;dico <i>El clamor p&uacute;blico</i> del 28 de agosto de 1855, Francisco P. Ram&iacute;rez, destacado periodista de Los &Aacute;ngeles, al comentar sobre la expedici&oacute;n que el filibustero estadounidense William Walker dirigi&oacute; contra Nicaragua en aquel a&ntilde;o, declar&oacute; que "La historia del mundo nos dice que los anglosajones eran al principio ladrones y piratas, igual que otras naciones en su infancia &#91;...&#93;". Esta divergencia en las interpretaciones del significado del t&eacute;rmino ha sido uno de los factores principales de las diferencias en las opiniones de los historiadores estadounidenses y latinoamericanos con respecto a las caracter&iacute;sticas y motivaciones de los filibusteros.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Stout describe, en particular, la manera en la cual los movimientos filibusteros formaron parte del contexto general del expansionismo econ&oacute;mico y territorial estadounidense. Las expediciones filibusteras lanzadas en contra de M&eacute;xico y otras regiones durante este per&iacute;odo &#45;como Cuba, Nicaragua, Hawaii y Canad&aacute;&#45; fueron fomentadas en parte por el sentimiento expansionista que prevalec&iacute;a en los c&iacute;rculos gubernamentales y militares de Estados Unidos a mediados del siglo XIX, especialmente en los estados del sur. Las actividades de los filibusteros fueron nutridas en parte por las tradiciones violentas y el esp&iacute;ritu marcial de los estadounidenses. En general, durante el per&iacute;odo anterior a la guerra civil, muchos de los oficiales y de la tropa del ej&eacute;rcito angloamericano participaron en los proyectos filibusteros.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta simpat&iacute;a por el filibusterismo, indica Stout, obstaculizaba los esfuerzos de las autoridades estadounidenses para hacer cumplir las leyes de neutralidad decretadas en 1818, que prohib&iacute;an las expediciones filibusteras y estipulaban fuertes multas contra sus transgresores. Dado que el filibusterismo estaba profundamente enraizado en las tradiciones culturales estadounidenses de aquella &eacute;poca, los jurados frecuentemente dejaban libres a los que hab&iacute;an sido detenidos bajo el cargo de haber cometido violaciones de este tipo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El autor tambi&eacute;n examina algunos factores internos de M&eacute;xico que, conjuntamente, hicieron que se quedara vulnerable a los planes y ambiciones de los l&iacute;deres filibusteros. Hubo una larga serie de cuartelazos, revueltas y guerras civiles durante el per&iacute;odo entre 1821 y 1876, cuando Porfirio D&iacute;az asumi&oacute; la presidencia. Las fuerzas militares del gobierno nacional tambi&eacute;n eran d&eacute;biles. Las &aacute;reas fronterizas del norte, que en general constitu&iacute;an los blancos de ataque de los filibusteros, carec&iacute;an de habitantes y se quedaban muy lejos del centro de poder en la ciudad de M&eacute;xico. A&uacute;n despu&eacute;s de la construcci&oacute;n de las grandes l&iacute;neas ferroviarias hasta la frontera durante la d&eacute;cada de 1880, el noroeste, en particular, quedaba muy aislado del resto del pa&iacute;s.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A pesar de estos problemas, el gobierno mexicano intent&oacute;, durante el per&iacute;odo despu&eacute;s de la guerra de 1846 a 1848, fortalecer su control sobre la zona fronteriza del norte y limitar las incursiones de indios y forajidos provenientes de Estados Unidos. Al mismo tiempo, tambi&eacute;n adopt&oacute; medidas para aumentar el n&uacute;mero de habitantes de esta extensa regi&oacute;n. Exist&iacute;a la posibilidad de que el gobierno de Estados Unidos emprendiera nuevos intentos para extender sus territorios en esta zona. Algunos pol&iacute;ticos estadounidenses consideraban que su gobierno no hab&iacute;a sido suficientemente severo con respecto a los t&eacute;rminos del Tratado de Guadalupe Hidalgo. Opinaban que los negociadores de paz estadounidenses tambi&eacute;n deb&iacute;an haber exigido la cesi&oacute;n de Sonora y Baja California.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entre 1848 y 1852, el gobierno mexicano desarroll&oacute; tres planes distintos para el establecimiento de una serie de colonias militares a lo largo de la frontera. Se contemplaba que los inmigrantes para estas colonias &#45;que tendr&iacute;an la doble funci&oacute;n de ser guarniciones y n&uacute;cleos para un incremento futuro de la poblaci&oacute;n civil de la zona&#45; se compondr&iacute;an, en primer lugar, de los grupos de gente m&aacute;s marginados del centro de M&eacute;xico; en segundo, por aquellos mexicanos que hab&iacute;an sido expatriados a M&eacute;xico en conformidad con el tratado de 1848 y, en tercer lugar, de inmigrantes de los pa&iacute;ses europeos. El plan con respecto a los inmigrantes mexicanos y europeos fracas&oacute; finalmente debido a la falta de empe&ntilde;o y de fondos de las autoridades federales y regionales.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El problema de la discordia pol&iacute;tica interna de M&eacute;xico, particularmente en los estados, mostr&oacute; ser mucho m&aacute;s serio que los factores relacionados con la falta de poblaci&oacute;n y el aislamiento de las regiones del norte. Los filibusteros se aprovecharon de la lucha entre los grupos de poder para la realizaci&oacute;n de sus planes. Como muestra Stout, las supuestas alianzas entre los grupos filibusteros y las facciones gubernamentales o rebeldes s&oacute;lo eran aparentes y carec&iacute;an de una armon&iacute;a de intereses en el fondo. Las autoridades mexicanas fueron enga&ntilde;adas con respecto a los prop&oacute;sitos verdaderos de los filibusteros, quienes, como en el caso de aqu&eacute;llos que penetraron en el noroeste de M&eacute;xico, pretendieron ser miembros de proyectos colonizadores o aliados de una u otra de las facciones en pugna. Aunque el gobierno mexicano ten&iacute;a inter&eacute;s en atraer colonos para poblar la frontera, prefer&iacute;a, en primer lugar, a los mexicanos y, como segunda opci&oacute;n, a los inmigrantes europeos. A los estadounidenses, en cambio, se les prohibi&oacute; que se establecieran como colonos en las zonas fronterizas del norte. De mala gana, el gobierno permiti&oacute; que una parte de los integrantes de la expedici&oacute;n encabezada por Joseph C. Morehead (la que desembarc&oacute; en Mazatl&aacute;n en mayo de 1851), as&iacute; como las dirigidas por los aventureros franceses Charles de Pindray, T.P. Sainte&#45;Marie y Gaston Raousset&#45;Boulbon (con la excepci&oacute;n de la segunda de &eacute;ste &#45;la de 1854) entraran en Sonora en calidad de colonos. Se estipulaba, sin embargo, que no deber&iacute;an llevar armas y tendr&iacute;an que obrar de acuerdo con las leyes mexicanas y las instrucciones del gobierno sonorense con respecto a los lugares en que podr&iacute;an asentarse.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tampoco exist&iacute;a, como indica Stout, ning&uacute;n caso de una verdadera "alianza militar" entre los filibusteros y las varias facciones mexicanas. Esto se revel&oacute; particularmente en el caso de la expedici&oacute;n dirigida por Henry A. Crabb. Al parecer, en el transcurso de un viaje previo a Sonora, Crabb, junto con su cu&ntilde;ado Agust&iacute;n A&iacute;nza, hicieron un trato con el general Ignacio Pesqueira, l&iacute;der de la facci&oacute;n federalista del estado, en el cual aqu&eacute;l se comprometi&oacute; a apoyarle en su lucha contra el gobierno centralista, encabezado por el general Manuel Mar&iacute;a G&aacute;ndara. Pesqueira y los dem&aacute;s dirigentes federalistas supuestamente acordaron, una vez que resultaran victoriosos, entregar, a sus "aliados", concesiones mineras, as&iacute; como una cantidad no especificada de terrenos y dinero. Los adictos de G&aacute;ndara, al intentar desprestigiar el movimiento encabezado por Pesqueira, acusaron a &eacute;ste de haber hecho una alianza con los "gringos" para ganar el poder. Al mismo tiempo hubo rumores, divulgados por la prensa sonorense, controlada por Pesqueira, respecto al supuesto apoyo de G&aacute;ndara en favor del proyecto de Crabb y A&iacute;nza para introducir colonos estadounidenses en Sonora. Despu&eacute;s de derrotar a las fuerzas de G&aacute;ndara y tomar el control del estado, Pesqueira neg&oacute; la existencia de un pacto con Crabb. Esta situaci&oacute;n, junto con el hecho de que nunca llegaron los refuerzos de Estados Unidos con los cuales Crabb contemplaba reunirse al llegar a Sonora, condujeron a la derrota subsecuente de los filibusteros en Caborca, en abril de 1857.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Stout concluye su estudio con un examen de lo que considera ser la &uacute;ltima invasi&oacute;n filibustera a M&eacute;xico. &Eacute;sta ocurri&oacute; a finales de 1921, cuando dos grupos de rebeldes armados, integrados por una mezcla de participantes mexicanos y estadounidenses, cruzaron la frontera en la regi&oacute;n de Tijuana y fueron derrotados y dispersados por elementos del ej&eacute;rcito federal que vigilaban la zona. Las columnas invasoras supuestamente estuvieron dirigidas por el ex gobernador del Distrito Norte de la Baja California Esteban Cant&uacute;, quien hab&iacute;a sido derrocado a mediados de agosto de 1920. Nunca fue comprobada, sin embargo, la supuesta conexi&oacute;n de Cant&uacute; con estas invasiones y, adem&aacute;s, no hubo otros ataques despu&eacute;s de esta fecha.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A pesar del fracaso de estas &uacute;ltimas expediciones, Stout se&ntilde;ala que algunos estadounidenses siguieron teniendo inter&eacute;s en la adquisici&oacute;n y anexi&oacute;n de porciones de M&eacute;xico a Estados Unidos. Algunas de las propuestas que surgieron con este prop&oacute;sito durante la primera mitad del siglo XX se derivaron de consideraciones estrat&eacute;gicas. Hasta finales de la Segunda Guerra Mundial, el temor de una invasi&oacute;n desde el mar &#45;en vista de que la costa de la pen&iacute;nsula mide m&aacute;s de 1 000 kil&oacute;metros&#45;constituy&oacute; uno de los motivos principales del inter&eacute;s de los estadounidenses en adquirir la regi&oacute;n. Otras de las propuestas se asemejaban a aqu&eacute;llas que se hicieron durante el porfiriato, al opinar que el territorio era de poco valor o utilidad para los mexicanos y que, en cambio, pod&iacute;a ser de gran beneficio para Estados Unidos. Las propuestas en este sentido han continuado surgiendo de vez en cuando hasta los a&ntilde;os relativamente recientes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El autor muestra que, en t&eacute;rminos de sus repercusiones sobre la historia subsecuente de las relaciones entre los dos pa&iacute;ses, los asaltos filibusteros a la regi&oacute;n del noroeste aumentaron el grado de enojo y desconfianza de los mexicanos respecto a Estados Unidos y sus ciudadanos, sentimientos que hasta la fecha no ha sido posible erradicar. Las agresiones filibusteras, junto con la intervenci&oacute;n francesa de 1861 a 1867 y las concesiones favorables que el gobierno porfirista otorg&oacute; a inversionistas extranjeros hicieron patente, para muchos mexicanos, la necesidad de la unidad nacional. Tambi&eacute;n estimularon entre ellos un fuerte sentido de xenofobia, que lleg&oacute; a caracterizar las actitudes y pol&iacute;ticas de las sucesivas facciones revolucionarias que surgieron despu&eacute;s del estallido de la revoluci&oacute;n de 1910.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En conclusi&oacute;n, el libro de Stout ofrece al lector un an&aacute;lisis a fondo en torno a un tema que, por sus complejidades y elementos de drama, sigue siendo fascinante para los historiadores, bi&oacute;grafos y escritores en general. Proporciona, adem&aacute;s, una base esencial para futuras investigaciones sobre la historia del filibusterismo, en general, en las diferentes regiones del mundo.</font></p>      ]]></body>
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