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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;a bibliogr&aacute;fica</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><i><b>El agua y su historia. M&eacute;xico y sus desaf&iacute;os hacia el siglo</b></i> <b><i>XXI</i></b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Carlos Riojas*</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Alejandro Tortolero Villase&ntilde;or M&eacute;xico, Colecci&oacute;n Umbrales del Siglo XXI, 2000, 167 pp.</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Profesor&#45;investigador del INESER&#45;Universidad de Guadalajara.</i> Direcci&oacute;n electr&oacute;nica: <a href="mailto:criojas@cucea.udg.mx">criojas@cucea.udg.mx</a>.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El siglo XX se caracteriza por ser un periodo con tasas de crecimiento econ&oacute;mico relativamente constantes y elevadas, cuyas fuentes fueron al menos tres: el r&aacute;pido cambio tecnol&oacute;gico, el incremento en los intercambios internacionales y las transformaciones en las estructuras organizacionales. Si trazamos una curva que represente el fen&oacute;meno, tender&iacute;a hacia la vertical. Sin embargo, simult&aacute;neamente se ha presentado un deterioro continuo del medio ambiente, pues el progreso econ&oacute;mico tambi&eacute;n es depredador, e hist&oacute;ricamente se han comprobado sus nefastas consecuencias para los ecosistemas. Algunos recursos naturales que parec&iacute;an inagotables de pronto son escasos y adquieren propiedades de bienes econ&oacute;micos. Este fen&oacute;meno no se encuentra en funci&oacute;n de los niveles de desarrollo; es un proceso generalizado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para el caso de M&eacute;xico, los recursos naturales tambi&eacute;n han transitado de ser bienes libres a ser bienes econ&oacute;micos, y uno de los primeros que experiment&oacute; dicha transici&oacute;n fue la tierra; los estudios hist&oacute;ricos donde se explican sus trayectorias, causas y consecuencias son abundantes. Otro recurso que se encuentra en un camino similar es el agua; sin embargo, para este caso, los trabajos que analizan esta transformaci&oacute;n son escasos. Precisamente, <i>El agua y su historia,</i> libro de Alejandro Tortolero, nos invita a reflexionar desde el punto de vista hist&oacute;rico sobre los desaf&iacute;os, causas y consecuencias que implica dicho cambio, el cual, dada su naturaleza, rebasa el &aacute;mbito econ&oacute;mico para insertarse en una problem&aacute;tica interdisciplinaria. Adem&aacute;s, el del agua es un tema vital para M&eacute;xico, donde el l&iacute;quido ha sido relativamente abundante pero cada d&iacute;a es m&aacute;s escaso. Aunque la mayor parte del libro se refiere a la zona central del pa&iacute;s, sus ejemplos son tan ilustrativos, que convocan a ampliar el an&aacute;lisis de la tem&aacute;tica propuesta a otras regiones de M&eacute;xico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El recorrido que nos propone Tortolero es hist&oacute;rico: &iquest;qu&eacute; mejor campo del conocimiento para hacer conciencia sobre las dimensiones del problema? Aunque no se dice expl&iacute;citamente, <i>El agua y su historia</i> puede apreciarse en una triple perspectiva hist&oacute;rica: material, cultural y econ&oacute;mica, lo cual no significa que no se traten en &eacute;l otras dimensiones, incluso ajenas a la historia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La historia de la vida material puede entenderse como la forma en que los hombres, mujeres o infantes crean y producen bienes para su uso, consumo o alimentaci&oacute;n (independientemente de su v&iacute;nculo con el mercado); es una relaci&oacute;n de producci&oacute;n y consumo. En esta dimensi&oacute;n, se considera que el agua est&aacute; en una edad avanzada (tercera, seg&uacute;n el autor), en lo que respecta a la organizaci&oacute;n social. En un sentido estricto, tambi&eacute;n se incluye en la historia econ&oacute;mica, pero forma parte de lo que m&aacute;s adelante moldear&iacute;a la vida material de nuestra &eacute;poca: la edad cient&iacute;fica, que al combinarse con el uso de ciertas t&eacute;cnicas dar&iacute;a como resultado una visi&oacute;n tecnol&oacute;gica del agua. Lo anterior es una muestra de la diversidad de enfoques, cuya &uacute;nica coincidencia es la intersecci&oacute;n entre distintas &aacute;reas del conocimiento.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>El aguay su historia</i> nos muestra que en el universo prehisp&aacute;nico esta sustancia influy&oacute; sobre la vida material; fue un elemento capaz de edificar y destruir los avances de aquella sociedad. Su control significaba dominar la vida material, el acceso al poder pol&iacute;tico, econ&oacute;mico y organizativo. Asimismo, el manejo del agua para los ind&iacute;genas en el M&eacute;xico central fue t&eacute;cnico; el choque con los espa&ntilde;oles marc&oacute; la transici&oacute;n hacia un uso cient&iacute;fico, evento que, nos explica el autor, ocurri&oacute; durante el periodo colonial. Las &eacute;lites sab&iacute;an que la apropiaci&oacute;n del agua significaba dominar una parte sustancial de la vida material. En los inventarios de las haciendas coloniales se le daba bastante importancia a la obra hidr&aacute;ulica, infraestructura que se constru&iacute;a, en muchos casos, por medio de asociaciones entre distintos sectores sociales. En el norte de M&eacute;xico la posesi&oacute;n de la tierra no guardaba la misma jerarqu&iacute;a que el control del agua. Esta situaci&oacute;n era diferente en el centro y en el occidente, donde, aunque el agua fuera importante, comparativamente lo era menos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro otorga una atenci&oacute;n desproporcionada al siglo XIX. En la segunda mitad de ese periodo se establecieron las bases de la vida material que predominar&iacute;an durante el resto de la centuria, y un rasgo caracter&iacute;stico fue, seg&uacute;n el autor, el poder de decisi&oacute;n en los usos del agua. En el inicio del periodo independiente el Estado mexicano era d&eacute;bil, pero con la estabilidad pol&iacute;tico&#45;militar se comienza a controlar paulatinamente este indispensable recurso para la vida material. Incluso, la obra hidr&aacute;ulica, visible u oculta, fue una responsabilidad principal del Estado, que se regulariz&oacute; durante el auge del Estado de bienestar. En el siglo XX, el suministro del agua se convierte en un asunto estrat&eacute;gico; asimismo, deviene nuevamente elemento para rendir culto a la vida material, a trav&eacute;s de las famosas "curas" en el complejo Vittel en Francia, "curas" a&uacute;n casi gratuitas en el bosque de la Primavera en Jalisco, si &eacute;stas pueden ser comparables.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la historia cultural incluyo el estudio de las ideas que se materializan en objetos concretos, visibles a propios y extra&ntilde;os, lo mismo que el an&aacute;lisis del imaginario social, del mundo religioso, cient&iacute;fico, emocional o er&oacute;tico. &Eacute;stas son manifestaciones que caracterizan a distintos grupos humanos, situaciones que los unen, separan, enfrentan y reconcilian. El agua es un elemento sustancial de la naturaleza y sus concepciones; por tanto, no es ajena a este enfoque hist&oacute;rico. Seg&uacute;n Tortolero, la primera edad del agua se caracteriza por una noci&oacute;n divina, "de orden cosmol&oacute;gico". En esta misma l&iacute;nea encontramos su segunda edad: una interpretaci&oacute;n religiosa.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El tratamiento y el uso del agua han sido causas de conflictos interculturales. En el libro se ejemplifica con el que hubo entre la cultura ind&iacute;gena del M&eacute;xico central y la que se denomina de "los espa&ntilde;oles", cuando, en realidad, hay que hablar de la cultura europea. Se argumenta que entre los ind&iacute;genas el agua forma parte del imaginario colectivo, que es una deidad. As&iacute;, es por dem&aacute;s interesante la forma en que se describe c&oacute;mo el agua influye en una cultura. El agua no solamente es parte del imaginario, que se concreta claramente en la cocina y consumo de alimentos regionales, elementos claves de la vida cultural en M&eacute;xico; tambi&eacute;n se plasma en las distintas edificaciones con fines pr&aacute;cticos, econ&oacute;micos, pol&iacute;ticos o est&eacute;ticos. La arquitectura del periodo colonial es reveladora al respecto, y el acueducto es uno de sus principales vestigios.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El dominio del agua result&oacute; ser uno de los mayores desaf&iacute;os para los espa&ntilde;oles, tanto en la vida cotidiana como en la superioridad "civilizadora" En <i>El agua y su historia,</i> se analizan medidas tan radicales como el drenaje, desecaci&oacute;n y desaparici&oacute;n de cuencas lacustres, ante la imposibilidad de gestionarlas eficazmente. Otra funci&oacute;n del agua en el siglo XIX en M&eacute;xico se encontraba en la higiene, fundamentalmente urbana, sin&oacute;nimo de civilizaci&oacute;n, racionalidad y modernidad. En esa misma &eacute;poca las obras hidr&aacute;ulicas visibles cedieron su lugar a las ocultas; dejan de ser un rasgo de la vida cultural pero sustentan la material. A finales del siglo XX, la est&eacute;tica de los seres humanos se modifica, y ser esbelto se vuelve sin&oacute;nimo de belleza; junto con esta manifestaci&oacute;n, el consumo del agua por medio de la botella desechable se considera esencial para guardar esa esbeltez. Asimismo, nos recuerda Tortolero que en la cultura ecol&oacute;gica el agua moldea nuestras sociedades y plantea desaf&iacute;os para el siglo XXI.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La historia econ&oacute;mica es entendida como la ciencia que estudia las distintas relaciones que se establecen en las sociedades a trav&eacute;s del tiempo, derivadas del uso de recursos escasos. El dilema es c&oacute;mo se conservan, usan, reproducen y comercializan esos recursos para aumentar el bienestar social. En <i>El agua y su historia</i> encontramos m&uacute;ltiples ejemplos de distintas &eacute;pocas donde esta sustancia es considerada como fuente de energ&iacute;a y recurso productivo; sin embargo, la sant&iacute;sima trinidad del credo neocl&aacute;sico (tierra, trabajo y capital) no la toma en cuenta, por lo que se puede afirmar que nos hemos tardado bastante tiempo en incluirla como par&aacute;metro determinante en la vida econ&oacute;mica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se piensa que para los aztecas el agua fue un factor de sedentarizaci&oacute;n m&aacute;s poderoso que la misma agricultura. No es gratuito que en los lagos se desarrollara la agricultura chinampera como una peculiaridad de la econom&iacute;a prehisp&aacute;nica. A su vez, los canales fung&iacute;an como medios de comunicaci&oacute;n, a fin de hacer m&aacute;s complejos e intensivos los intercambios entre los ind&iacute;genas, quienes ve&iacute;an el agua como un factor m&aacute;s de producci&oacute;n para impulsar actividades econ&oacute;micas, mientras que para los espa&ntilde;oles resultaba un obst&aacute;culo, puesto que el factor tierra era determinante en el universo hisp&aacute;nico. Si los lagos eran un problema, debajo del agua hab&iacute;a tierra; los espa&ntilde;oles buscaban tierra: entonces, habr&iacute;a que conseguirla a cualquier precio. El autor nos muestra que con el avance del periodo colonial y el desarrollo de la agricultura en las haciendas esta perspectiva cambia: el agua deviene un recurso clave en la vida econ&oacute;mica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Posteriormente fue necesario aclarar los derechos de propiedad y uso del agua; la legislaci&oacute;n colonial se encarg&oacute; de ello. En el siglo XIX, la regulaci&oacute;n estuvo a cargo del Ministerio de Fomento. Para muchas empresas contar con un abastecimiento de agua fue importante en sus actividades; era la fuerza motriz que permit&iacute;a la continuidad ininterrumpida de sus procesos productivos, un elemento que es primordial en la vida de las industrias. El autor ejemplifica con las cerveceras, pero esto se puede hacer extensivo a otras empresas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el devenir del siglo XX, el agua, que era un bien "libre", se va transformando en uno econ&oacute;mico: es escasa, cuesta y posee un mercado, aunque este &uacute;ltimo sea regulado por el Estado. Adem&aacute;s de reconocerse como un factor de producci&oacute;n, el agua tambi&eacute;n es un bien de consumo, con excelentes expectativas desde el punto de vista de la rentabilidad, seg&uacute;n cifras presentadas por Tortolero. Finalmente, es un elemento clave en las concepciones recientes de desarrollo, como el sustentable.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se puede afirmar que esta triple perspectiva, con posibilidades de extenderse a otras, invita a la lectura detenida del libro. Es de esperarse que tambi&eacute;n impulse, motive y seduzca a los investigadores de cualquier &aacute;rea y al p&uacute;blico en general a reflexionar m&aacute;s profundamente sobre las vicisitudes que se generan en torno al vital l&iacute;quido.</font></p>      ]]></body>
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