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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Diversa</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>La obsesi&oacute;n del crecimiento<a href="#nota">*</a></b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Elmar Altvater</b></font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>(Kamen, 1938), economista y soci&oacute;logo. Profesor de la Universidad Libre de Berl&iacute;n en el Departamento de Ciencias Pol&iacute;ticas (Instituto Otto Suhr) desde 1970. Profesor visitante en las universidades de Sao Paulo y Bel&eacute;m&#45;Par&aacute; (Brasil), Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana (UAM) (M&eacute;xico) y Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico (UNAM), York University en Toronto (Canad&aacute;), y en la New School for Social Research de Nueva York (EE.UU.), ha escrito varias obras relacionadas con el sistema econ&oacute;mico mundial. Fue redactor de la revista Prokla desde su fundaci&oacute;n en 1971, y estuvo colaborando en ella hasta el 2008. Altvater ha publicado numerosos libros sobre la evoluci&oacute;n del capitalismo, la teor&iacute;a del Estado, la pol&iacute;tica de desarrollo, la crisis de deuda y la relaci&oacute;n entre econom&iacute;a y pol&iacute;tica.</i></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Introducci&oacute;n</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En tiempos precapitalistas y preindustriales el crecimiento econ&oacute;mico depend&iacute;a del aumento de la poblaci&oacute;n, el cual a su vez depend&iacute;a de la oferta de bienes y servicios para la subsistencia y la reproducci&oacute;n. Sin embargo, desde la Revoluci&oacute;n Industrial, el crecimiento del producto interno bruto (PIB) ha sido impulsado por el desarrollo din&aacute;mico de las fuerzas productivas, es decir, por una mayor productividad (laboral). Desde la segunda mitad del siglo XIX, las tasas promedio de crecimiento aumentaron notablemente. No obstante, este crecimiento ha sido extremadamente desigual a trav&eacute;s del tiempo y el espacio, y ha fracasado en reducir las desigualdades entre personas y regiones en un mundo globalizante.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ignorando toda la evidencia discordante, un reporte reciente del Banco Mundial (BM) lleg&oacute; a la excepcional conclusi&oacute;n de que "el crecimiento es bueno para los pobres", que un crecimiento m&aacute;s r&aacute;pido no ensancha sino acorta la brecha entre ricos y pobres &#45;por otra parte, no como el efecto de un proceso de "goteo"; y alega la existencia de una relaci&oacute;n uno a uno entre crecimiento y reducci&oacute;n de la pobreza (Dollar y Kraay, 2015). Por tanto, el reporte del BM es altamente optimista con respecto a los efectos distribucionales del crecimiento econ&oacute;mico.<sup><a href="#nota">1</a></sup> A pesar de todo, incluso esta bizarra (y vigorosamente impugnada) conclusi&oacute;n no hace referencia a la important&iacute;sima pregunta sobre si el crecimiento econ&oacute;mico es sustentable, tanto econ&oacute;mica como social y ecol&oacute;gicamente. Este ensayo discute los l&iacute;mites econ&oacute;micos, ecol&oacute;gicos y financieros del crecimiento y aborda la cuesti&oacute;n de porqu&eacute; el crecimiento cuantitativo es crucial para el sistema capitalista.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>1. &iquest;Crecimiento triunfante?</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la historia del capitalismo industrial, particularmente durante la segunda mitad del siglo XX bajo el fordismo, puede decirse que el crecimiento econ&oacute;mico ha sido "triunfante" (Easterlin, 1998) &#45;debido a la a&uacute;n m&aacute;s eficiente movilizaci&oacute;n de los recursos productivos. Entre 1950 y 1973 (a&ntilde;o del colapso del sistema de Bretton Woods y de la crisis del petr&oacute;leo), en casi todas las partes del mundo las tasas de crecimiento alcanzaron niveles sin precedente en la historia de la humanidad, tentando a Richard Easterlin a predecir que "el futuro&#91;...&#93; al cual la &eacute;poca de crecimiento econ&oacute;mico est&aacute; dando lugar es uno de crecimiento econ&oacute;mico sinf&iacute;n, un mundo en el cual la siempre creciente abundancia es igualada por las aspiraciones siempre en aumento" (Easterlin, 1998:153).<sup><a href="#nota">2</a></sup> Sin embargo, el supuesto de que los insumos f&iacute;sicos pueden expandirse indefinidamente y generar una producci&oacute;n creciente cada vez mayor es, como McMichael dice, "un sinsentido ecol&oacute;gico &#45;nada f&iacute;sico puede crecer indefinidamente" (citado en Bellamy, 1997:126). Por lo tanto la afirmaci&oacute;n "crecimiento por siempre" solamente tiene sentido si el crecimiento que Easterlin y otros entusiastas del crecimiento tienen en mente es simplemente monetario (conocido como inflaci&oacute;n), o una "nueva" econom&iacute;a puramente virtual (sin transporte, producci&oacute;n material y consumo f&iacute;sico de recursos). Y, de hecho, estas nociones son invocadas a menudo en argumentos que tratan de reconciliar la sustentabilidad ecol&oacute;gica con los requerimientos de una econom&iacute;a de crecimiento capitalista (Ekins y Jacob, 1995).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aun as&iacute;, tanto en la historia econ&oacute;mica reciente como en la teor&iacute;a econ&oacute;mica contempor&aacute;nea, el entusiasmo por el crecimiento es cualquier cosa menos marginal. Por un lado, se desprende de la "l&oacute;gica eurocentrista" (Dussel, 1998:3) del crecimiento cuantitativo, es decir, de una aceleraci&oacute;n en el tiempo y una expansi&oacute;n en el espacio &#45;la "compresi&oacute;n espacio&#45;temporal", como la llama David Harvey (1996)&#45; que es responsable de los procesos contempor&aacute;neos de globalizaci&oacute;n. No obstante, es importante se&ntilde;alar que en esta corriente de pensamiento no es simplemente el "crecimiento" lo que importa, sino el crecimiento eficiente. Al capital no le agrada el crecimiento desordenado; necesita un crecimiento que sirva al fin de la rentabilidad. A la inversa, la rentabilidad es el motor del crecimiento. Por lo tanto, no solamente cuenta la tasa del crecimiento del PIB, sino tambi&eacute;n las tasas de ganancia y de acumulaci&oacute;n. Esto plantea complicadas preguntas te&oacute;ricas y metodol&oacute;gicas, especialmente en la era de la globalizaci&oacute;n cuando la econom&iacute;a nacional (o un sector dado como la manufactura) ya no es la que define la arena para la formaci&oacute;n de una tasa de ganancia promedio.<sup><a href="#nota">3</a></sup> Desde que el super&aacute;vit puede ser generado tanto por una productividad avanzada como por costos laborales bajos, la misma tasa de crecimiento puede resultar de muy diferentes constelaciones de productividad, salarios y relaciones capital&#45;trabajo. En estas condiciones las implicaciones sociales del "crecimiento" se vuelven indeterminadas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Adem&aacute;s, en esta corriente de pensamiento el funcionamiento de la "econom&iacute;a real" es usualmente interpretado sin hacer referencia a la globalizaci&oacute;n financiera. Este acercamiento tiene graves deficiencias porque el capital monetario es m&aacute;s movible y flexible que nunca. Las decisiones de inversi&oacute;n (y por lo tanto tambi&eacute;n las tasas de crecimiento) no solamente est&aacute;n determinadas por tasas de ganancia (industriales) sino tambi&eacute;n por las tasas globales de inter&eacute;s sobre los activos financieros. Puesto que en las condiciones de la globalizaci&oacute;n financiera la acumulaci&oacute;n ya no necesariamente tiene lugar en la econom&iacute;a real, la relaci&oacute;n entre plusval&iacute;a, ganancias, acumulaci&oacute;n y crecimiento del PIB real se ha vuelto mucho m&aacute;s suelta. En ciertas circunstancias, ahora es m&aacute;s rentable acumular activos financieros que invertir en proyectos reales. Por lo tanto, los precios de los activos financieros se inflan mientras que los precios de las mercanc&iacute;as &#45;particularmente en la manufactura, como han mostrado Dum&eacute;nil y L&eacute;vy (1999) se desinflan&#45; al menos en relaci&oacute;n con el &iacute;ndice de precios del PIB. El v&iacute;nculo roto entre la acumulaci&oacute;n real y la monetaria se manifiesta como una parad&oacute;jica "deflaci&oacute;n inflacionaria" (Mattick, en Alvater, <i>et al.</i>, 1976).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una segunda raz&oacute;n general por la cual la mayor&iacute;a de los cient&iacute;ficos sociales y los pol&iacute;ticos predican obsesivamente la ideolog&iacute;a del crecimiento triunfante es la idea de que el crecimiento econ&oacute;mico incrementa el empleo, los ingresos y los impuestos, y de esta forma provee recursos para la mitigaci&oacute;n de conflictos sociales, la expansi&oacute;n de la asistencia para el desarrollo, la erradicaci&oacute;n de la pobreza, la implementaci&oacute;n de est&aacute;ndares ambientales, y as&iacute; sucesivamente. El crecimiento sostenido fue precisamente la columna vertebral del corporativista "compromiso keynesiano de clase" asociado con el modo de regulaci&oacute;n "fordista" que caracteriz&oacute; al capitalismo desarrollado durante la posguerra; y tambi&eacute;n se asume que ofrece un remedio para el atraso del mundo menos desarrollado &#45;el argumento de la teor&iacute;a de la "modernizaci&oacute;n". As&iacute;, un reciente art&iacute;culo dedicado a los beneficios del Consenso de Washington declara: "sin inversi&oacute;n no hay crecimiento econ&oacute;mico, y sin crecimiento econ&oacute;mico no hay pol&iacute;tica econ&oacute;mica sustentable..." (Naim, 2000:96). La idea de que pudiera existir un modo de cohesi&oacute;n social distinto al capitalista basado en un alto crecimiento econ&oacute;mico naturalmente no es considerada.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dadas estas dos razones generales de la obsesi&oacute;n con el crecimiento que se refuerzan mutuamente, no es sorprendente que la difusi&oacute;n de propuestas pol&iacute;ticas para la estimulaci&oacute;n del crecimiento sea una preocupaci&oacute;n com&uacute;n de los economistas, independientemente de que trabajen dentro de la tradici&oacute;n keynesiana o sean de alguna convicci&oacute;n m&aacute;s neocl&aacute;sica y neoliberal (por ejemplo Banco Mundial, 2000). Incluso muchos economistas ecol&oacute;gicos tambi&eacute;n creen que no es el crecimiento econ&oacute;mico, sino el estancamiento econ&oacute;mico, el que da&ntilde;a el ambiente (Blazejczak, 1998; Glyn, en Bhaskar y Glyn, 1995). Esto puede no ser completamente falso con respecto a la poluci&oacute;n "sucia", aquella que es visible y perceptible. Sin embargo, el estilo de vida de la poluci&oacute;n "limpia", es decir, la emisi&oacute;n de gases de efecto invernadero o la "externalizaci&oacute;n" de efectos ecol&oacute;gicamente destructivos hacia &aacute;reas remotas o hacia el futuro lejano (desperdicio nuclear) es, sin lugar a dudas, tambi&eacute;n un efecto secundario del crecimiento y la creaci&oacute;n de bienestar.<sup><a href="#nota">4</a></sup></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Asimismo, como Immanuel Wallerstein ha se&ntilde;alado, la man&iacute;a de crecimiento tiene una naturaleza sist&eacute;mica. Est&aacute; consagrada en las instituciones que permiten al sistema funcionar como una "totalidad": "el capitalismo como un sistema hist&oacute;rico est&aacute; definido por el hecho de que hace a la acumulaci&oacute;n de capital interminable algo central y primario. Esto significa que las instituciones que constituyen su estructura recompensan a aquellos que persiguen la acumulaci&oacute;n de capital interminable y penalizan a aquellos que no lo hacen (Wallerstein, 2000)." Ya que la acumulaci&oacute;n del capital est&aacute; impulsada por (la anticipaci&oacute;n de) ganancias, la afirmaci&oacute;n de Wallerstein realmente resume la "gran narrativa" del sistema capitalista moderno: los procesos de obtenci&oacute;n de beneficios, acumulaci&oacute;n y regulaci&oacute;n institucional que le dan un grado de seguridad al sistema producen simult&aacute;neamente inseguridad en todos los niveles de la vida social e individual.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Wallerstein conf&iacute;a en que el actual ciclo largo de acumulaci&oacute;n, que ha durado m&aacute;s de un siglo, llegar&aacute; pronto a su fin, y que entonces el capitalismo entrar&aacute; en una etapa de crisis sist&eacute;mica. Es cierto que la man&iacute;a de crecimiento no tiene fundamento en la econom&iacute;a real. Pero la construcci&oacute;n continua de instituciones que enfatizan el crecimiento e infunden a&uacute;n m&aacute;s el &aacute;nimo de lucro en capitalistas individuales debe ser entendida como un intento por mantener la estabilidad social, econ&oacute;mica y social, as&iacute; como para evitar un cambio radical, "paradigm&aacute;tico". Sin importar si se disfraza como "modernidad" o como "posmodernidad", o se apele a una "Tercera v&iacute;a" o una "nueva econom&iacute;a", o como justificaci&oacute;n para superar el atraso, la man&iacute;a de crecimiento no es m&aacute;s que una reacci&oacute;n conservadora a la tendencia a la "crisis sist&eacute;mica" identificada por Wallerstein.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>2. Desarraigo</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La transici&oacute;n a una "econom&iacute;a de crecimiento" en el siglo XIX fue tan s&oacute;lo uno de los aspectos de la "gran transformaci&oacute;n" en curso de las formas sociales precapitalistas en una econom&iacute;a capitalista de mercado (Polanyi, 1978). La combinaci&oacute;n de los procesos de mercantilizaci&oacute;n, la funci&oacute;n del dinero como facilitador de la circulaci&oacute;n y la f&aacute;cil disponibilidad de combustibles formaron una "trinidad" perfecta que provoc&oacute; la aceleraci&oacute;n del capital en el tiempo y su expansi&oacute;n en el espacio, es decir, acumulaci&oacute;n y crecimiento.<sup><a href="#nota">5</a></sup> Los mercados han existido desde que la gente comenz&oacute; a intercambiar productos, pero hasta el modo de producci&oacute;n capitalista los mercados surgidos y las tasas de crecimiento se mantuvieron "lentos". El capitalismo estableci&oacute; una base social, econ&oacute;mica, pol&iacute;tica y cultural, as&iacute; como las fuentes de energ&iacute;a necesarias, todo lo cual permiti&oacute; la movilizaci&oacute;n y desarrollo de las fuerzas productivas en una escala hasta entonces desconocida. Durante la "acumulaci&oacute;n originaria del capital", el crecimiento econ&oacute;mico se emancip&oacute; del suministro de energ&iacute;a limitado ofrecido por el trabajo vivo. A partir de entonces, a lo largo de la historia del capitalismo, los trabajadores han sido reemplazados por medios de producci&oacute;n impulsados (principalmente) por energ&iacute;a f&oacute;sil. Este proceso ha sido analizado como la "subsunci&oacute;n real del trabajo" o la "producci&oacute;n de plusval&iacute;a relativa" (Marx, s/f, vol. I, cap. 14). El capital y sus instituciones pasaron por un proceso de "autonomizaci&oacute;n" (<i>Verselbst&auml;ndigung</i>) <i>vis&#45;&agrave;&#45;vis</i> a la sociedad (por ejemplo, el crecimiento de la poblaci&oacute;n, las necesidades humanas) y al control social. Este fue el proceso conceptualizado por Polanyi como el desarraigo del mercado del sistema social (Polanyi, 1978; Giddens, 1995; Altvater y Mahnkopf, 1999, cap. 3:90&#45;123), el primero entonces impuso su l&oacute;gica &#45;el imperio de la mercanc&iacute;a, el dinero y el capital&#45; sobre el segundo.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El d&iacute;a de hoy tenemos que ser conscientes de que, en primer lugar, el proceso de desarraigo no fue de ning&uacute;n modo un evento &uacute;nico en el siglo XIX; y, en segundo, que el proceso continuo de desarraigo engloba al dinero en sus muchas formas y funciones. El dinero no solamente circula bienes y servicios en "mercados ordinarios"; como cr&eacute;dito obedece no s&oacute;lo las reglas de la econom&iacute;a real sino tambi&eacute;n a la "l&oacute;gica" de un sistema financiero desarraigado que opera en una escala global, parcialmente desconectado de la econom&iacute;a real y que le otorga a las finanzas no solamente cada vez m&aacute;s inversiones reales (dom&eacute;sticas y extranjeras), sino tambi&eacute;n especulaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los instrumentos financieros modernos est&aacute;n desconectados casi por completo de la econom&iacute;a real. Como resultado de ello, las tasas de crecimiento de rotaci&oacute;n de activos financieros pueden ser muchas veces m&aacute;s altas que el crecimiento de cualquier indicador de actividad "real". Sin embargo, la esfera financiera desarraigada ciertamente no se ha vuelto irrelevante para el funcionamiento de la econom&iacute;a real o de la sociedad. Por el contrario, las tasas de inter&eacute;s de los activos financieros formadas globalmente requieren corresponder a las tasas de crecimiento real, y de esta forma ejercen una severa presi&oacute;n sobre la econom&iacute;a real. Esto establece nuevos l&iacute;mites econ&oacute;micos al crecimiento.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>3. L&iacute;mites econ&oacute;micos al crecimiento</b></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El crecimiento econ&oacute;mico es el resultado de un proceso de transformaci&oacute;n de energ&iacute;a y materia. En t&eacute;rminos marxianos &eacute;ste es el aspecto concreto y el valor de uso del crecimiento. Desde esta perspectiva, deber&iacute;a ser evidente que el crecimiento tiene sus l&iacute;mites. Despu&eacute;s de todo, los <i>stocks</i> de energ&iacute;a y materia en el planeta Tierra son limitados. Discutiremos esto en la siguiente secci&oacute;n. Pero el crecimiento econ&oacute;mico tambi&eacute;n es el resultado de un proceso de producci&oacute;n social regido por el dinero (por medio de la tasa de inter&eacute;s) y el capital (mediante la tasa de ganancia). En el largo plazo, el capital requiere un crecimiento "geom&eacute;trico" de insumos a fin de mantener tasas de crecimiento (relativas) estables. Debido a que el crecimiento geom&eacute;trico de cantidades absolutas a largo plazo es una idea absurda, las tasas altas de crecimiento econ&oacute;mico (real) pueden ser sostenidas solamente por cierto periodo de tiempo. No obstante, mantener tasas de inter&eacute;s altas precisamente requiere nada menos que la realizaci&oacute;n de este absurdo, y el discurso dominante del crecimiento lo presenta como un objetivo social y econ&oacute;micamente factible.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Evidencia estad&iacute;stica (v&eacute;ase <a href="#c1">Cuadro 1</a>) muestra que <i>a)</i> los incrementos absolutos del PIB en los pa&iacute;ses altamente desarrollados se mantuvieron positivos y bastante estables desde la d&eacute;cada de 1960 (con meras fluctuaciones c&iacute;clicas); y que <i>b)</i> en la d&eacute;cada de 1990 los incrementos reales no solamente eran m&aacute;s peque&ntilde;os en t&eacute;rminos absolutos, adem&aacute;s se alcanzaron sobre la base de un nivel del PIB real ya m&aacute;s alto. Las tasas de crecimiento inevitablemente disminuyeron.</font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><a name="c1"></a></p>  	    <p align="center"><img src="/img/revistas/argu/v28n77/a10c1.jpg"></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En Alemania el incremento m&aacute;s alto en PIB real ocurri&oacute; en 1968, despu&eacute;s de la "peque&ntilde;a" crisis de 1966&#45;1967; 102 millardos de marcos alemanes traducidos a una tasa de crecimiento real del PIB de 7.46%. En 1988 el mismo incremento absoluto hubiera producido una tasa de crecimiento de solamente 4.43%. El incremento realmente alcanzado en ese a&ntilde;o igual&oacute; no m&aacute;s de 83.4 millardos de marcos alemanes. La tasa de crecimiento real era de 3.62%; todav&iacute;a bastante elevada para los est&aacute;ndares hist&oacute;ricos. En Estados Unidos, el incremento absoluto m&aacute;s alto en el PIB (327.4 millardos de d&oacute;lares) durante el periodo investigado ocurri&oacute; en 1983; la tasa real de crecimiento de ese a&ntilde;o fue de 7%. En 1996 el mismo incremento real hubiera producido una tasa de crecimiento de 4.99%. En realidad, el PIB en ese a&ntilde;o creci&oacute; s&oacute;lo un (a&uacute;n respetable) 2.76 porciento.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En su an&aacute;lisis de largo plazo del crecimiento econ&oacute;mico, Angus Maddison ha medido el impacto de la productividad laboral, las horas trabajadas y la productividad del capital en la tasa de crecimiento compuesto anual promedio. Muestra que "en el largo plazo, las horas de trabajo de la persona promedio se redujeron a la mitad; el insumo de trabajo aument&oacute; menos que la poblaci&oacute;n...". Sus hallazgos claramente subrayan la relaci&oacute;n positiva entre productividad laboral y crecimiento econ&oacute;mico. "La productividad laboral", contin&uacute;a, "aument&oacute; mucho m&aacute;s r&aacute;pido que el PIB per c&aacute;pita. De 1820 a 1992 la productividad laboral japonesa aument&oacute; cuarenta y seis veces comparada con un incremento de veintiocho veces en el PIB per c&aacute;pita"(Maddison, 1995:40).<sup><a href="#nota">6</a></sup></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero, aunque la productividad laboral obviamente ha sido el principal motor del crecimiento en el &uacute;ltimo siglo, una mirada a las cifras de crecimiento desde 1950 revela que 1) el factor total de productividad cay&oacute; en todos los pa&iacute;ses considerados, que 2) el cociente capital&#45;trabajo increment&oacute; hasta mediados de la d&eacute;cada de 1970 y ha decrecido desde entonces, y que 3) el coeficiente de capital increment&oacute; (esto es, "la productividad del capital" declin&oacute; notablemente). El impacto de los factores mencionados en la tasa de ganancia es negativo. La tasa de ganancia depende positivamente de 1) una distribuci&oacute;n de la renta a favor del capital, es decir, en bajos salarios reales por trabajador; 2) un incremento en la productividad laboral; y negativamente de 3) un cociente capital&#45;trabajo creciente (el cual, en t&eacute;rminos de valor, indica el aumento de la composici&oacute;n org&aacute;nica del capital). En el largo plazo, la tasa de ganancia tiende a declinar (como Marx lo mostr&oacute;), pero por supuesto esta disminuci&oacute;n es modificada c&iacute;clicamente. Por lo tanto, durante la &uacute;ltima d&eacute;cada de desregularizaci&oacute;n salvaje, flexibilizaci&oacute;n y movilizaci&oacute;n de todos los factores de producci&oacute;n (esto es, de grandes presiones sobre los salarios individuales y sociales, una redistribuci&oacute;n del ingreso a favor del capital y costos decrecientes de capital constante (especialmente en materias primas)), la tasa de crecimiento subi&oacute; bruscamente. Con todo, la expectativa de Wallerstein de una "contracci&oacute;n en las ganancias globales" es plausible en el largo plazo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde la d&eacute;cada de 1960, en los pa&iacute;ses industrializados las tasas de crecimiento de la productividad, aunque en disminuci&oacute;n, han seguido siendo m&aacute;s elevadas que la tasa de crecimiento de la producci&oacute;n manufacturera.<sup><a href="#nota">7</a></sup> La consecuencia ha sido el despido de trabajadores y la emergencia de una "brecha de empleo". El crecimiento tiende a convertirse en un "crecimiento sin trabajo" &#45;un desarrollo que s&oacute;lo puede ser contrarrestado por una reducci&oacute;n del tiempo de trabajo o la creaci&oacute;n de trabajos en el sector p&uacute;blico y en el sector privado no industrial. La reducci&oacute;n hist&oacute;rica de las horas de trabajo por persona descritas por Maddison disminuye el potencial de crecimiento de la sociedad, pero al mismo tiempo provee una soluci&oacute;n parcial al problema de la "brecha de empleo". En Europa entre 1973 y 1992 el n&uacute;mero de personas empleadas aument&oacute; de 138 a 148 millones, mientras que hubo una disminuci&oacute;n del 5% en el n&uacute;mero de horas trabajadas &#45;de 242 a 232 millardos (Pianta, 1998).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El <a href="/img/revistas/argu/v28n77/a10c2.jpg" target="_blank">Cuadro 2</a> resume el desarrollo a largo plazo de la productividad (producci&oacute;n por hora trabajada) y crecimiento (producci&oacute;n en la industria manufacturera). Desde finales de la d&eacute;cada de 1970 hasta mediados de la de 1990, solamente Jap&oacute;n y Canad&aacute; alcanzaron un crecimiento de la producci&oacute;n igual al crecimiento de la productividad; todos los otros pa&iacute;ses desarrollados muestran el patr&oacute;n que Maddison descubri&oacute; como una tendencia a largo plazo desde principios del siglo XIX hasta la d&eacute;cada de 1990. La imagen, sin embargo, cambia cuando el crecimiento a largo plazo del PIB es comparado con las tasas de crecimiento del PIB por persona empleada, porque la tasa de productividad laboral en servicios al ser comparada con la industria manufacturera es generalmente menor. El crecimiento del "trabajo no productivo" (para Estados unidos v&eacute;ase a Moseley, 1999:28&#45;29) tiene el efecto de aumentos de la productividad disminuidos. Debido particularmente a la creciente importancia de los servicios financieros en la producci&oacute;n y las ventas (por ejemplo, en la industria automotriz ha alcanzado aproximadamente 70%), el trabajo no productivo compensa en parte los aumentos de productividad conseguidos por el trabajo "productivo"<sup><a href="#nota">8</a></sup> y por lo tanto tambi&eacute;n la resultante ampliaci&oacute;n de la brecha de empleo. Pero debido a la introducci&oacute;n de las nuevas tecnolog&iacute;as de la comunicaci&oacute;n al sector servicios, es probable que este sector muestre tasas de crecimiento de la productividad mayores en el futuro &#45;un escenario que ya ha sido anunciado por los partidarios de la "nueva econom&iacute;a"&#45; as&iacute; que no hay garant&iacute;as de que la capacidad del sector servicios de absorber una parte sustancial de la fuerza de trabajo pueda ser sostenida en el largo plazo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No hay soluciones f&aacute;ciles para la brecha de empleo en sociedades capitalistas din&aacute;micas. Esto es, el desempleo estructural debe ser considerado como una consecuencia inevitable de una econom&iacute;a de alto desempe&ntilde;o. Esto no es, sin embargo, un estado de las cosas al que la gente se resigne feliz y voluntariamente. La izquierda siempre ha buscado pol&iacute;ticas "alternativas" (esto es, no de mercado) para alcanzar pleno empleo. Como el espacio para ese tipo de proyectos alternativos se ha contra&iacute;do dram&aacute;ticamente, cada vez m&aacute;s a menudo la &uacute;nica elecci&oacute;n que le queda a la gente es "salirse" del sistema del empleo pagado. Esto puede tomar la forma de una aceptaci&oacute;n pasiva del desempleo y sus consecuencias o la organizaci&oacute;n creativa de nuevas formas de trabajo. Esta &uacute;ltima forma de salida se refiere nada m&aacute;s y nada menos que al "sector informal", el cual est&aacute; creciendo en todas partes del mundo reduciendo as&iacute; la brecha de empleo. La Organizaci&oacute;n Internacional del Trabajo (OIT) indica que m&aacute;s de 80% de los nuevos trabajos creados en Am&eacute;rica Latina y &Aacute;frica en a&ntilde;os recientes han sido en la econom&iacute;a informal (Bangasser, 2000; Tokman, en Carpio y Novacovsky, 1999; Bologna y Fumagalli, 1997; Schneider y Enste, 2000). Regresaremos al tema del "sector informal" m&aacute;s adelante, en la quinta secci&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>4. L&iacute;mites ecol&oacute;gicos al crecimiento y la productividad</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los incrementos de la alta productividad constituyen uno de los rasgos b&aacute;sicos del capitalismo industrial en general y del sistema fordista en particular. Por esta raz&oacute;n, las formas de crecimiento de la productividad son el punto de partida del an&aacute;lisis de Adam Smith sobre el "origen de la riqueza de las naciones": la especializaci&oacute;n y una multiplicaci&oacute;n de la divisi&oacute;n del trabajo ayuda a incrementar la productividad por hora trabajada, y esto causa que el ingreso y la riqueza aumenten (Smith, 1976). David Ricardo extendi&oacute; el argumento a la divisi&oacute;n del trabajo internacional, basado en el libre comercio. Su "ley de las ventajas comparativas" todav&iacute;a sirve como uno de las m&aacute;s importantes fundamentos te&oacute;ricos de la econom&iacute;a moderna, e incluso es acogido con entusiasmo por la literatura de la globalizaci&oacute;n moderna y euroc&eacute;ntrica (Held, <i>et al.</i>, 1999).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dejando de lado los efectos del aumento de la eficiencia, la productividad solamente puede ser incrementada poniendo m&aacute;s capital fijo en circulaci&oacute;n y consumiendo cantidades cada vez m&aacute;s grandes de materia y energ&iacute;a.<sup><a href="#nota">9</a></sup> Por supuesto, la reproducci&oacute;n del capital(ismo) como un todo sigue siendo crucialmente dependiente del valor (super&aacute;vit), que s&oacute;lo puede ser producido mediante el trabajo. Pero el intento del capital de emanciparse de su dependencia del trabajo vivo mediante su sustituci&oacute;n con energ&iacute;a f&oacute;sil y maquinaria, establece una nueva relaci&oacute;n con la naturaleza. Del mismo modo, el fordismo no puede ser entendido como una innovaci&oacute;n meramente t&eacute;cnica y social. Tambi&eacute;n incluye una nueva relaci&oacute;n con la naturaleza, porque tanto el sistema de producci&oacute;n y consumo y el modo de regulaci&oacute;n social se basan en gran medida en el uso de energ&iacute;a f&oacute;sil (Altvater, 1992; 1993).</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es claro que las precondiciones materiales del "estilo de vida occidental" no pueden ser establecidas en todas las sociedades del planeta sin destruir a la naturaleza hasta el punto en que se ponga en peligro la vida humana en la Tierra (Goodland, Daly y El, 1992). Uno de los primeros signos de que se ha llegado a los l&iacute;mites del espacio ambiental es que los bienes necesarios para la producci&oacute;n y el consumo se han vuelto "olig&aacute;rquicos", es decir, reservados para una oligarqu&iacute;a capaz de asegurar su acceso a estos recursos con reclamaciones monetarias. Aquellos que no poseen riqueza monetaria quedan cada vez m&aacute;s excluidos del consumo de bienes y servicios. En consecuencia, el n&uacute;mero de personas pobres en el mundo est&aacute; aumentando; en 1998 el Banco Mundial contaba 2.8 millardos de seres humanos viviendo debajo de la l&iacute;nea internacional de pobreza de dos d&oacute;lares per c&aacute;pita por d&iacute;a (Banco Mundial, 1998).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero tambi&eacute;n hay l&iacute;mites absolutos, cuyos efectos no pueden ser f&aacute;cilmente evitados en su totalidad por los ricos. Estudios serios de la capacidad de carga de los ecosistemas globales y sobre el concepto de "espacio ambiental" han demostrado que &eacute;stos establecen l&iacute;mites objetivos al proceso de crecimiento econ&oacute;mico (Wuppertal Institut f&uuml;r Klima, 1996; WIR, 1984; Brown, s/f). Por ahora (desde la Cumbre de R&iacute;o de 1992) se ha dejado en claro que los recursos f&oacute;siles no solamente son limitados, sino que su uso excesivo es responsable del efecto invernadero y otros males ecol&oacute;gicos. Es en esta forma que la cuesti&oacute;n de la sostenibilidad ecol&oacute;gica se afirma a s&iacute; misma y remodela el discurso de las ciencias sociales en general y el de la econom&iacute;a del crecimiento en particular. Esta deber&iacute;a ser una raz&oacute;n suficiente para desechar cualquier ilusi&oacute;n respecto a la naturaleza benigna de la globalizaci&oacute;n econ&oacute;mica y financiera. Por otra parte, la democracia (formal) liberal occidental s&oacute;lo podr&iacute;a ser globalizada si el "estilo de vida occidental" pudiera ser globalizado. Pero una situaci&oacute;n de genuina globalidad, es decir, una sociedad mundial basada en la igualdad y la reciprocidad (si no en la solidaridad) nunca se lograr&aacute; a partir de la globalizaci&oacute;n.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>5. L&iacute;mites financieros al crecimiento</b></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La tasa de inter&eacute;s constituye un punto de referencia &#45;"fuerte restricci&oacute;n presupuestaria"&#45; (Kornai, 1986) para cualquier empresa econ&oacute;mica. Si los capitalistas no logran una ganancia al menos igual a la tasa de inter&eacute;s vigente, su capital ser&aacute; clasificado como no rentable y los pr&eacute;stamos que les fueron hechos ser&aacute;n designados morosos. Mientras que el inter&eacute;s real sea menor que el crecimiento real del PIB y de la "eficiencia marginal del capital" (esto es, de la tasa de ganancia), los rendimientos de las inversiones productivas superar&aacute;n el precio monetario del capital, y por lo tanto es probable que los prestatarios en los mercados financieros inviertan sus pr&eacute;stamos en la econom&iacute;a real. Este "estado de las cosas keynesiano" lleg&oacute; a un fin, sin embargo, al mismo tiempo que la "&eacute;poca dorada" de la expansi&oacute;n fordista, a saber, en el curso de la d&eacute;cada de 1970. Para principios de la siguiente d&eacute;cada, las tasas de inter&eacute;s real en los mercados financieros globales superaron con creces la tasa de crecimiento real promedio del PIB (OCDE, 1993). La econom&iacute;a real est&aacute; "deprimida" por el sistema financiero. La OCDE da tres razones para esta configuraci&oacute;n de las finanzas y la producci&oacute;n: primero, los d&eacute;ficits fiscales crecientes y la acumulaci&oacute;n de la deuda p&uacute;blica en los pa&iacute;ses altamente desarrollados; segundo, riesgos inflacionarios altos y consecuentemente un mayor peso de los factores de riesgo en la formaci&oacute;n de los tipos de inter&eacute;s; y tercero, la globalizaci&oacute;n de los mercados financieros desde la segunda mitad de la d&eacute;cada de 1970, con el resultado de que los mecanismos de mercado desregulado m&aacute;s que las intervenciones p&uacute;blicas comenzaron a ejercer la funci&oacute;n de asignaci&oacute;n de cr&eacute;ditos (OCDE, 1993:29&#45;31). El proyecto pol&iacute;tico de desregulaci&oacute;n, liberalizaci&oacute;n, flexibilizaci&oacute;n y privatizaci&oacute;n ha intensificado de este modo la competencia global con respecto a la estabilidad de las monedas y la rentabilidad de los activos. Las crecientes oportunidades de explotar los diferenciales de rentabilidad a escala global, junto con las innovaciones t&eacute;cnicas (tecnolog&iacute;as de la informaci&oacute;n y la comunicaci&oacute;n) y financieras (de los fondos de cobertura a los derivados y los centros financieros extraterritoriales), pueden ser considerados como el principal impulso de la globalizaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Existe, sin embargo, una cuarta raz&oacute;n por la cual han prevalecido los altos tipos de inter&eacute;s real desde principios de la d&eacute;cada de 1980 que no es reconocida por la OCDE: la crisis de la hegemon&iacute;a americana. El d&eacute;ficit de la balanza comercial estadounidense que existe desde 1971 (debido a la fuga de capitales) y el deterioro de la cuenta corriente desde mediados de la d&eacute;cada de 1970, junto con el colapso del sistema de tipo de cambio fijo de Bretton Woods, ha ejercido una presi&oacute;n descendente en el tipo de cambio del d&oacute;lar estadounidense y estimulado la inflaci&oacute;n. Un mayor deterioro del (todav&iacute;a hegem&oacute;nico) d&oacute;lar podr&iacute;a ser prevenido por medio de un aumento en las tasas de inter&eacute;s de Estados Unidos.<sup><a href="#nota">10</a></sup> El periodo de las altas tasas de inter&eacute;s comenz&oacute; en 1979 bajo la administraci&oacute;n Carter y fue rigurosamente continuada por la administraci&oacute;n Reagan. Sus efectos en el tipo de cambio estadounidense fueron positivos, pero resultaron devastadores para los deudores &#45;en Estados Unidos (por ejemplo, la crisis de los ahorros y pr&eacute;stamos), pero sobre todo en el Tercer Mundo. La combinaci&oacute;n de altas tasas de inter&eacute;s, los precios del petr&oacute;leo ascendentes y los precios de las materias primas decrecientes desencadenaron una crisis de la deuda en el Tercer Mundo que no ha sido superada todav&iacute;a despu&eacute;s de 20 a&ntilde;os. El <a href="#c3">Cuadro 3</a> muestra la relaci&oacute;n entre tasas de inter&eacute;s reales de largo plazo y crecimiento del PIB real en los pa&iacute;ses altamente desarrollados.</font></p> 	    <p align="center"><a name="c3"></a></p> 	    <p align="center"><img src="/img/revistas/argu/v28n77/a10c3.jpg"></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">De acuerdo con el paradigma keynesiano tradicional, la acumulaci&oacute;n del capital es financiada con pr&eacute;stamos prove&iacute;dos por "due&ntilde;os de la riqueza monetaria", esto es, por bancos e inversionistas institucionales. Las tasas de inter&eacute;s obligan a los capitalistas industriales a producir un ingreso que es lo suficientemente grande para pagar sus pr&eacute;stamos as&iacute; como para cumplir sus propios requerimientos de acumulaci&oacute;n. En esta forma, la tasa de inter&eacute;s est&aacute; vinculada con los ingresos, el empleo y la acumulaci&oacute;n del capital real, es decir, a la organizaci&oacute;n social del r&eacute;gimen de acumulaci&oacute;n y su regulaci&oacute;n pol&iacute;tica. La tasa de inter&eacute;s misma es sujeta a regulaci&oacute;n por las autoridades monetarias (nacionales), por encima de todo el Banco Central. Aunque sigue siendo una premisa central de la teor&iacute;a keynesiana, la globalizaci&oacute;n por ahora ha erosionado significativamente la habilidad de las autoridades monetarias nacionales de determinar las tasas de inter&eacute;s que hoy en d&iacute;a se forman en los mercados financieros globales. Por un lado, el arbitraje entre diferentes mercados iguala los diferenciales de las tasas de inter&eacute;s (y las tasas de cambio); por otro lado, los diferenciales (calculados en "puntos base") son continuamente recreados, lo cual desencadena nuevas rondas de la especulaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aquellos que prestan riqueza monetaria (por ejemplo, acciones de empresas o fondos, o bonos gubernamentales) se convierten as&iacute; en los titulares de derechos. El sistema financiero internacional funciona como un dispositivo muy poderoso para canalizar el super&aacute;vit producido en cualquier lugar del mundo a los titulares de derechos financieros en los grandes centros financieros. Como resultado, la desigualdad est&aacute; creciendo dr&aacute;sticamente. Sin embargo, hay tantos intermediarios en la cadena entre las reclamaciones monetarias, el servicio de la deuda y la transferencia de excedentes en t&eacute;rminos reales que bajo condiciones normales estos v&iacute;nculos raramente son visibles para la gente y se vuelven solamente reconocibles en tiempos de crisis. El sistema financiero parece ser un "mundo virtual" sin ninguna influencia en la producci&oacute;n y la reproducci&oacute;n, es decir, en las condiciones de vida de las personas y en el ambiente natural. Com&uacute;nmente es visto como un tipo de "juego de suma cero" entre jugadores en el mundo virtual del mercado de valores: algunos pierden lo que otros ganan y viceversa, y nada real est&aacute; pasando. Verdaderamente es otro mecanismo por el cual los tenedores de activos financieros ganan a expensas de aquellos que no pertenecen a estas especies envidiables. Las cifras de Estados Unidos indican que entre 1989 y 1997, 86% de las ganancias del mercado de valores fueron al 10% de los hogares, mientras que entre 1983 y 1995 la parte inferior del 40% de los hogares perdi&oacute; 80% de su patrimonio neto (Gates, 1999:437). Estos hechos se oponen frontalmente a la reivindicaci&oacute;n del Banco Mundial de que hay una "relaci&oacute;n de uno a uno" positiva entre crecimiento y mitigaci&oacute;n de la pobreza. La comprensi&oacute;n "posmoderna" del sistema financiero como algo desvinculado del mundo real de la producci&oacute;n y la distribuci&oacute;n es completamente inadecuada para aprehender las contradicciones y tendencias de crisis generadas por el sistema financiero global. Algunas de estas tendencias se abordan brevemente aqu&iacute;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">1) Aunque los mercados globales en principio dependen de la iniciativa privada, el rol del Estado es indispensable para el funcionamiento del sistema. Por supuesto, los Estado&#45;naci&oacute;n y las instituciones internacionales proveen la estructura del orden (mundial) social y econ&oacute;mico. Con respecto a las finanzas globales, sin embargo, el rol del Estado, como deudor p&uacute;blico mano a mano con los propietarios de riqueza monetaria privada, es el de un participante directo. El sistema financiero privado es fundamentalmente defectuoso porque los propietarios de riqueza (y los titulares de derechos) son agentes privados, mientras que los deudores en la mayor&iacute;a de los casos son instituciones p&uacute;blicas &#45;o se vuelven p&uacute;blicas cuando los deudores privados incumplen. La crisis de la deuda de la d&eacute;cada de 1980 fue causada, sobre todo, por el impago de la deuda p&uacute;blica, mientras que la crisis de la de la d&eacute;cada de 1990 sucedi&oacute; por el impago de la deuda privada. Este cambio fue resultado de las pol&iacute;ticas de desregularizaci&oacute;n y privatizaci&oacute;n que han sido impulsadas por las instituciones internacionales y los gobiernos nacionales por igual. La noci&oacute;n keynesiana (as&iacute; como marxiana) de los deudores como capitalistas privados (industriales) que pagan sus deudas mediante la extracci&oacute;n y realizaci&oacute;n de una plusval&iacute;a ha perdido su validez en la era de la especulaci&oacute;n financiera global. El servicio de deuda de los cr&eacute;ditos monetarios privados se ha "socializado": los gobiernos est&aacute;n hechos para transmitir los costes a sus ciudadanos. Esta es la raz&oacute;n por la cual la deuda p&uacute;blica ha incrementado tan notablemente en casi todos los pa&iacute;ses durante los &uacute;ltimos 20 a&ntilde;os. Donde ni los deudores privados ni los estados nacionales est&aacute;n en posici&oacute;n de pagar la deuda privada, las instituciones internacionales (especialmente el FMI) proveen nuevos cr&eacute;ditos con la condici&oacute;n de que el pa&iacute;s en cuesti&oacute;n adopte una pol&iacute;tica de paquete de ajuste estructural. El objetivo principal de la gesti&oacute;n de crisis de la deuda es salvaguardar los activos de los titulares de los derechos de los pa&iacute;ses industrializados, y as&iacute; evitar una "crisis sist&eacute;mica". En el largo y mediano plazo, estas pol&iacute;ticas canalizan recursos de los ciudadanos de los pa&iacute;ses endeudados a los titulares de los derechos en otros pa&iacute;ses. Por lo tanto, la redistribuci&oacute;n de la riqueza real (plusval&iacute;a) entre los acreedores y deudores est&aacute; organizada por las instituciones oficiales, y no solamente por el mercado. Esta es una de las maneras en las que el capitalismo contradice la ideolog&iacute;a del "libre mercado"; la presentaci&oacute;n que hace &eacute;sta de la realidad capitalista contrasta a&uacute;n m&aacute;s radicalmente con la experiencia que la gente tiene de &eacute;l.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">2) En la mayor&iacute;a de los casos, los llamados "mercados emergentes" se caracterizan por altas tasas de crecimiento real y/o altas tasas de inter&eacute;s nominal, sirviendo ambos para atraer capital extranjero. Cuando la tasa de crecimiento disminuye o se espera que la moneda se deprecie, el capital extranjero inmediatamente sale del "mercado emergente" para no "sumergirse". El resultado de esa fuga de capital es una mayor depreciaci&oacute;n de la moneda. En los casos de los pa&iacute;ses asi&aacute;ticos, as&iacute; como en M&eacute;xico, Brasil y Rusia, entre otros, las monedas se depreciaron entre 50 y 80%. Por diversas razones los efectos fueron devastadores: <i>a)</i> la deuda extranjera que ten&iacute;a que ser pagada, la cual estaba denominada en moneda extranjera, se dispar&oacute;; <i>b)</i> fueron requeridos mayores vol&uacute;menes de exportaci&oacute;n para poder obtener ingresos de exportaci&oacute;n constantes; <i>c)</i> precios de importaci&oacute;n m&aacute;s altos pusieron una presi&oacute;n inflacionaria en la econom&iacute;a; <i>d)</i> para aquellos que ten&iacute;an divisa fuerte a su disposici&oacute;n, tanto ciudadanos o extranjeros, los precios de los activos cayeron. Por lo tanto, la extensi&oacute;n global de los t&iacute;tulos de cr&eacute;dito resulta ser un dispositivo mucho m&aacute;s eficiente para la transferencia de valor real y la intensificaci&oacute;n de la explotaci&oacute;n que, por ejemplo, las actividades de saqueo llevadas a cabo bajo el dominio colonial del siglo XVI en adelante. El modo operativo del sistema global de cr&eacute;dito aniquila las potenciales ventajas comparativas de costos del libre comercio. De ello se desprende, una vez m&aacute;s, que la relaci&oacute;n de uno a uno entre crecimiento y erradicaci&oacute;n de la pobreza postulada por el Banco Mundial es falsa.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">3) Mientras que por una parte el capital financiero ejerce presiones <i>deflacionarias</i> sobre los precios de los productos b&aacute;sicos, por la otra produce una inflaci&oacute;n de los precios de los activos. Esta situaci&oacute;n parad&oacute;jica de una <i>deflaci&oacute;n inflacionaria</i> (Mattick, 1976) es un indicador del grado en que el sistema financiero mundial se ha desconectado de la econom&iacute;a real. Un auge financiero tiene lugar junto con sobreproducci&oacute;n y exceso de capacidad en la econom&iacute;a real: "Hay demasiado de todo. Desde la cachemira hasta los pantalones de mezclilla, de las joyas de plata a las latas de aluminio... Asia es el epicentro del problema. Inversiones masivas realizadas en el supuesto de que las continuas altas tasas de crecimiento resultaron en un amplio el exceso de capacidad..." (Friedland y Chang, 1998).<sup><a href="#nota">11</a></sup> La configuraci&oacute;n de instituciones internacionales de la posguerra fue adaptada para un mundo de cambio constante y moderado de las tasas de inflaci&oacute;n; fue dise&ntilde;ada para contrarrestar las presiones deflacionarias que hab&iacute;an demostrado ser tan destructivas despu&eacute;s de la gran crisis de 1929. Durante la d&eacute;cada de 1930, las tendencias deflacionarias resultaron en un colapso casi total del mercado mundial y la posterior acogida de los Estado&#45;naci&oacute;n de medidas proteccionistas y pol&iacute;ticas agresivamente aut&aacute;rquicas. Las bajas tasas de inter&eacute;s nominales hacen que las cotizaciones del mercado de valores suban.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, en relaci&oacute;n con las tendencias deflacionarias de precios de los productos y las tasas de crecimiento real, incluso las tasas de inter&eacute;s reales bajas no desencadenan nuevas inversiones en la econom&iacute;a real debido a su baja rentabilidad, como muestra el caso de Jap&oacute;n. Este pa&iacute;s "construy&oacute; una capacidad industrial enorme en casa y en el extranjero a lo largo de la d&eacute;cada de 1980, alentada por bajas tasas de inter&eacute;s. A finales de esa d&eacute;cada, las autoridades monetarias japonesas redujeron las tasas de inter&eacute;s reales a pr&aacute;cticamente nada para ayudar a los exportadores japoneses a sobrevivir el fortalecimiento dr&aacute;stico del yen en 1986. Esa pol&iacute;tica gener&oacute; una enorme burbuja en el mercado de valores..." (friedland y Chang, 1998). Sin embargo, las tasas de inter&eacute;s reales bajas eran todav&iacute;a demasiado altas en relaci&oacute;n con la tasa de ganancia esperada. La sobreproducci&oacute;n o sobreacumulaci&oacute;n de capitales desencaden&oacute; una crisis que ten&iacute;a sus or&iacute;genes en la esfera "real" de la econom&iacute;a pero que apareci&oacute; primero en la esfera monetaria &#45;como una crisis del mercado de valores en Jap&oacute;n y como una crisis financiera en Asia, Rusia y Brasil.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una situaci&oacute;n caracterizada por estas tendencias es extremadamente inestable y puede causar el colapso de compa&ntilde;&iacute;as que de repente se encuentran en profunda deuda. Esta es la situaci&oacute;n a la cual Keynes se refer&iacute;a como la "trampa de la liquidez": aunque las tasas de inter&eacute;s nominales sean bajas, incluso cercanas a cero, nadie pide prestado porque ni siquiera se espera que las inversiones produzcan la tasa de ganancia m&iacute;nimo. En tales circunstancias, cobra sentido para los individuos transferir sus fondos l&iacute;quidos a lugares en donde pueden obtener mayores ganancias a corto plazo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hoy en d&iacute;a, los propietarios de la riqueza monetaria, antes que los capitalistas industriales "tradicionales", determinan el proceso de acumulaci&oacute;n global. La tasa de rendimiento real del capital es menos relevante para las decisiones de inversi&oacute;n que las tasas de inter&eacute;s monetarias. Pero los procesos de desarraigo y desvinculaci&oacute;n no han creado una esfera financiera completamente aut&oacute;noma. Los efectos del sistema financiero global constituyen la experiencia viva de las personas en los pa&iacute;ses afectados por las crisis financieras. El gobierno de Indonesia habla de al menos 30 millones de personas viviendo debajo de la l&iacute;nea de pobreza. En Tailandia la pobreza y la informalizaci&oacute;n est&aacute;n creciendo visiblemente. En Rusia el hambre y la malnutrici&oacute;n han regresado a gran escala. En grandes partes del pa&iacute;s el dinero ha desaparecido y una econom&iacute;a premoderna de trueque est&aacute; a la alza &#45;un tipo diferente de "econom&iacute;a virtual" (Gaddy e Ickes, 1998). Aunque los datos emp&iacute;ricos son mejores para algunos casos que para otros, la tendencia en otros pa&iacute;ses afectados por la crisis es b&aacute;sicamente la misma. Todo esto apunta al hecho de que el sistema financiero contin&uacute;a impactando gravemente en la acumulaci&oacute;n real, el trabajo y la regulaci&oacute;n pol&iacute;tica.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>6. Conclusi&oacute;n: crecimiento, naturaleza, empleo y dinero</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los problemas discutidos anteriormente surgieron porque durante d&eacute;cadas tanto el crecimiento de la productividad como las tasas de inter&eacute;s real han sido considerablemente m&aacute;s altas que las tasas de crecimiento real. Estas son expresiones de la disminuci&oacute;n de la tasa de ganancia sobre el capital en la mayor&iacute;a de lugares del mundo (Brenner, s/f). El desempleo y la desigualdad est&aacute;n incrementando en una escala global. Para muchos, la forma m&aacute;s obvia y conveniente para salir de esta situaci&oacute;n precaria parece ser la estimulaci&oacute;n del crecimiento econ&oacute;mico. En la mayor&iacute;a de las propuestas pol&iacute;ticas de los gobiernos nacionales, las instituciones internacionales como el FMI o el Banco Mundial, los institutos de investigaci&oacute;n o los medios, la estimulaci&oacute;n del crecimiento es vista como una panacea capaz de resolver todos y cada uno de los problemas globales. Pero no solamente hay obst&aacute;culos econ&oacute;micos para un incremento de las tasas de crecimiento real, sino tambi&eacute;n hay serios l&iacute;mites ecol&oacute;gicos para un mayor crecimiento cuantitativo (que, por cierto, tambi&eacute;n se hacen sentir en t&eacute;rminos econ&oacute;micos y sociales). Entonces, la pregunta se vuelve: &iquest;es posible reducir la tasa de inter&eacute;s real o frenar el crecimiento de la productividad laboral, en lugar de seguir estimulando la tasa de crecimiento real del producto interno bruto?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Reducir la tasa de inter&eacute;s era la propuesta de Keynes para crear nuevos trabajos. Si la eficiencia marginal del capital (la tasa de ganancia) no puede ser incrementada, la tasa de inter&eacute;s deber&iacute;a ser disminuida (la "eutanasia del rentista") (Keynes, 1964). Sin embargo, este remedio se basa en la soberan&iacute;a de las autoridades monetarias en cuanto a la determinaci&oacute;n de la tasa de inter&eacute;s. Como resultado de la regularizaci&oacute;n del mercado, la liberalizaci&oacute;n de las tasas de cambio y las innovaciones financieras, la formaci&oacute;n de las tasas de inter&eacute;s en mercados financieros globales ya no puede ser influenciada de manera significativa por los bancos centrales nacionales. Y las instituciones globales con un control adecuado sobre los mercados financieros no existen. Incluso las propuestas de reforma desarrolladas despu&eacute;s de la crisis asi&aacute;tica de 1997 (por ejemplo, por el "Foro de estabilidad financiera") no van m&aacute;s all&aacute; de recomendaciones para una mayor transparencia, un comportamiento prudente, una mejora de la vigilancia, la supervisi&oacute;n y las salvaguardias; no hay sugerencias para intervenir en el funcionamiento de los mercados financieros.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El ex ministro de finanzas de Alemania, Oskar Lafontaine, trat&oacute; de establecer un grado de control pol&iacute;tico sobre las tasas de inter&eacute;s globales (limit&aacute;ndolas) y los tipos de intercambio (introduciendo zonas objetivo). Era muy consciente de que un proyecto de este tipo s&oacute;lo podr&iacute;a realizarse en cooperaci&oacute;n con el Banco Europeo Central y en coordinaci&oacute;n con los otros gobiernos del G7 (G8). Pero las propuestas de Lafontaine fueron rechazadas con indignaci&oacute;n por "los mercados", las grandes corporaciones trasnacionales y &#45;en &uacute;ltimo lugar, aunque no menos importante&#45; los principales economistas de la corriente hegem&oacute;nica. El proyecto de Lafontaine fue el &uacute;ltimo intento de escaparse del discurso de crecimiento dominante y de reconquistar la soberan&iacute;a de la pol&iacute;tica econ&oacute;mica de "los mercados globales".</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hay una tercera soluci&oacute;n posible: reducir la tasa de crecimiento de la productividad. Sin embargo, el crecimiento econ&oacute;mico tiene lugar por medio de la competencia y por lo tanto est&aacute; basado en los esfuerzos individuales de los pa&iacute;ses para mejorar su posici&oacute;n competitiva; esto, a su vez, requiere de aumentos en la productividad. Ello significa que el discurso de globalizaci&oacute;n y competitividad inevitablemente depende de la productividad y las condiciones necesarias para mejorarla. Esta visi&oacute;n ha sido expresada muy claramente por el ex presidente brasile&ntilde;o Fernando Henrique Cardoso:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La globalizaci&oacute;n significa competencia fundada en altos niveles de productividad. Esto quiere decir m&aacute;s producci&oacute;n por unidad de trabajo. El desempleo por lo tanto ha resultado de la misma raz&oacute;n que hace que una econom&iacute;a sea competitivamente exitosa... La flexibilizaci&oacute;n de las relaciones laborales tambi&eacute;n deber&iacute;a resultar en menores costos para la contrataci&oacute;n de trabajadores... En pa&iacute;ses con grandes poblaciones como Brasil e India tambi&eacute;n se debe considerar la operaci&oacute;n de la llamada econom&iacute;a informal en cuanto a la creaci&oacute;n de empleo se refiere...<sup><a href="#nota">12</a></sup></font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La consecuencia de un ajuste "exitoso" a los retos de la globalizaci&oacute;n es por lo tanto la creaci&oacute;n de una econom&iacute;a dual: una parte formal, competitiva y altamente productiva, y una parte informal que sirve para absorber trabajadores despedidos precisamente porque en general es menos productiva que la formal (ILO, 1972; Portes, en Pozo, 1996). El aumento de la econom&iacute;a informal obviamente proporciona una "soluci&oacute;n" al problema del creciente desempleo. Sus efectos perjudiciales sobre las condiciones de trabajo, los salarios, la seguridad social, las condiciones de salud y dem&aacute;s se vuelven virtudes en la era de la globalizaci&oacute;n y bajo un r&eacute;gimen de acumulaci&oacute;n o un modelo de crecimiento que excluye a una parte cada vez mayor de la fuerza laboral global del sistema de empleo formal. Los porcentajes de trabajo informal del empleo total en los pa&iacute;ses del "Tercer mundo" van desde el 30% en Chile al 80% en Uganda.<sup><a href="#nota">13</a></sup> En Am&eacute;rica Latina, entre 1990 y 1996, la proporci&oacute;n del empleo informal en los sectores no agr&iacute;colas incrementaron de 51.6% a 57.4% (Tokman, en Carpio y Novacovsky, 1999:82). En las &aacute;reas rurales el porcentaje de trabajo informal era a&uacute;n mayor; el Instituto Brasile&ntilde;o de Geograf&iacute;a y Estad&iacute;stica (IBGE) considera hasta 90% de la fuerza de trabajo como informal. Tambi&eacute;n en Europa Central y del Este la transici&oacute;n a una econom&iacute;a de mercado y la crisis de 1997 empuj&oacute; a muchos trabajadores del sector formal hacia el informal, e incluso en los pa&iacute;ses europeos altamente desarrollados, el trabajo informal tambi&eacute;n se est&aacute; volviendo m&aacute;s y m&aacute;s importante. El porcentaje de personas empleadas en la llamada "econom&iacute;a sombra" constituye entre el 7% y 16%, dependiendo de la medida utilizada, sin contar el aproximadamente 15% de la fuerza de trabajo que es trabajador autoempleado (Perulli, en Altvater y Mahnkopf, 2000).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El trabajo informal, aunque normalmente es menos productivo que el formal, no tiene que ser improductivo en el sentido marxiano. Por lo tanto, la tendencia de informalizaci&oacute;n puede ser una soluci&oacute;n (parcial) al problema del desempleo que no ejerce presi&oacute;n sobre la tasa de ganancia media. De hecho, dado que los costes salariales en el sector formal tambi&eacute;n son influenciados por el bajo nivel de remuneraci&oacute;n por el trabajo informal, el efecto en la tasa promedio de ganancia es con toda probabilidad positivo, particularmente en aquellas industrias en donde las grandes corporaciones toman ventaja del trabajo informal de proveedores locales.<sup><a href="#nota">14</a></sup> Necesitamos considerar la posibilidad de que la globalizaci&oacute;n le ofrece nuevas oportunidades al capital para intimidar a las personas que trabajan. Por un lado, el capital va a tratar de incrementar la tasa de ganancia e impulsar la productividad mediante la continua flexibilizaci&oacute;n forzada de la mano de obra y los salarios. Por otro, va a empujar a los trabajadores despedidos al sector informal donde proporcionan trabajo mal remunerado, se emplean para los mercados locales y regionales o organizan servicios compensado las funciones que el Estado de bienestar ha abandonado bajo la presi&oacute;n del capital.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, el crecimiento del sector informal parece ofrecer una soluci&oacute;n parcial al problema del desempleo. Mucho, sin embargo, depende de la medida de la productividad que se aplique. Normalmente, &eacute;sta es factor trabajo (en horas trabajadas) contra producci&oacute;n vendible. Esta medida no es arbitraria; es resultado de la "racionalidad occidental", las definiciones prevalecientes de derechos de propiedad y la tendencia asociada de comparar competitividad en mercados mundiales altamente integrados en t&eacute;rminos monetarios. No obstante, hay otra medida que tendr&iacute;a sentido: factor de trabajo sobre el ciclo completo de vida de un producto incluyendo su reparaci&oacute;n, ajuste y actualizaci&oacute;n e incluyendo productos no comerciables de la producci&oacute;n, esto es, la contaminaci&oacute;n externalizada. Un procedimiento de este tipo podr&iacute;a extender las reglas de la "planificaci&oacute;n de m&iacute;nimo coste" que ya se utiliza en los mercados energ&eacute;ticos a los mercados para otros productos. Desafortunadamente, esta medida no ser&iacute;a aceptada voluntariamente por "los mercados". Los mercados y la competencia aplican la aceleraci&oacute;n, mientras que la sustentabilidad ambiental requiere una pol&iacute;tica de desaceleraci&oacute;n, es decir, restringir los aumentos de productividad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ya que la estimulaci&oacute;n del crecimiento no aborda los problemas del desempleo, la desigualdad y la inestabilidad econ&oacute;mica, una soluci&oacute;n m&aacute;s viable podr&iacute;a ser provista mediante una combinaci&oacute;n de nuevas formas de regulaci&oacute;n a los mercados financieros globales con el fin de reducir la tasas de inter&eacute;s real y una desaceleraci&oacute;n del crecimiento de la productividad mediante la expansi&oacute;n de los sectores informales y/o una transici&oacute;n a patrones (y estilos de vida) de producci&oacute;n (y consumo) ecol&oacute;gicamente m&aacute;s sostenibles. La concientizaci&oacute;n p&uacute;blica sobre los problemas econ&oacute;micos, financieros, ecol&oacute;gicos y sociales tra&iacute;dos por la globalizaci&oacute;n y posibles soluciones para &eacute;stos tiene que ser creada &#45;por ejemplo, por movimientos sociales y organizaciones no gubernamentales. Sin ello, la fe ilusoria en el "crecimiento triunfante" est&aacute; destinada a seguir viviendo y a impulsar nuevas medidas de desregularizaci&oacute;n &#45;mientras falla en superar la crisis. Al final del d&iacute;a, el crecimiento se estancar&aacute; o disminuir&aacute;, el ambiente se deteriorar&aacute; a&uacute;n m&aacute;s y los pobres seguir&aacute;n siendo pobres y ser&aacute;n cada vez m&aacute;s numerosos &#45;todo debido a la ingenua noci&oacute;n de que las tasas de crecimiento pueden hacerse avanzar incluso cuando se hayan alcanzado los l&iacute;mites del espacio ambiental y la econom&iacute;a real est&eacute; deprimida por tasas de inter&eacute;s reales m&aacute;s altas que la tasa de crecimiento sostenible del PIB real. En una era de globalizaci&oacute;n, el paradigma convencional de pol&iacute;tica econ&oacute;mica est&aacute; en la necesidad de repensarse de manera radical. Este cambio paradigm&aacute;tico, sin embargo, necesariamente tendr&aacute; que ser acompa&ntilde;ado por esfuerzos pr&aacute;cticos para rearraigar el sistema econ&oacute;mico global en nuevas relaciones sociales cualitativamente hablando y formas de regulaci&oacute;n pol&iacute;tica, tanto en el nivel local como en el global. Es a una transformaci&oacute;n de este tipo a la cual los movimientos contra el capitalismo de&#45;civilizado, de Seattle a G&eacute;nova, aspiran.</font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><img src="/img/revistas/argu/v28n77/a10i1.jpg"></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Altvater, Elmar (1992), <i>Der Preis des Wohlstands</i>, M&uuml;nster, Westf&auml;lisches Dampfboot.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1241098&pid=S0187-5795201500010001000001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1993), <i>The Future of the Market</i>, Londres, Verso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1241100&pid=S0187-5795201500010001000002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1999), "World Economy, the Financial Crisis, and Ecological Sustainability B A Trilemma, in: Capitalism, Nature, Socialism", <i>A Journal of Socialist Ecology</i>, vol. 10 (4), n&uacute;m. 40, pp. 37&#45;68.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1241102&pid=S0187-5795201500010001000003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Altvater, Elmar, <i>et al.</i>, (1979), <i>Vom Wirtschaftswunder zur Wirtschaftskrise. &Ouml;konomie und Politik in der Bundesrepublik</i>, Berlin, Olle und Wolter.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1241104&pid=S0187-5795201500010001000004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Altvater, Elmar y Birgit Mahnkopf, (1996; 1999), <i>Grenzen der Globalisierung. &Ouml;konomie, Politik, &Ouml;kologie in der Weltgesellschaft</i>, M&uuml;nster, Westf&auml;lisches Dampfboot.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1241106&pid=S0187-5795201500010001000005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Blazejczak, J&uuml;gen, (1998), "Zukunftsgestaltung ohne Wirtschaftswachstum?" B Ergebnisse eines Workshops des DIW im Auftrag von Greenpeace Deutschland, in: DIW B <i>Diskussionspapier,</i> n&uacute;m. 168, Berlin, DWI.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1241108&pid=S0187-5795201500010001000006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bologna, Sergio y Andrea Fumagalli (1997), <i>Il Lavoro Autionomo di Seconda Generazione. Scenari del Postfordismo in Italia</i>, Mil&aacute;n, Feltrinelli.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1241110&pid=S0187-5795201500010001000007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Brenner, Robert (1998), "The Economics of Global Turbulence", <i>New Left Review,</i> n&uacute;m. 229</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1241112&pid=S0187-5795201500010001000008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Callinicos, Alex (1999), Capitalism, Competition and Profits: A Critique of Robert Brenner's Theory of Crisis, <i>Historical Marxism,</i> n&uacute;m. 4, Londres, Faculty of Law and Social Sciences SOAS, University of London, pp. 9&#45;31.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1241113&pid=S0187-5795201500010001000009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Crafts, Nicholas (2000), Globalization and Growth in the Twentieth Century, <i>IMF Working Paper WP/00/44</i>, IMF, Washington DC.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1241115&pid=S0187-5795201500010001000010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Daly, Herman E. (1991), <i>Steady&#45;State Economics</i>, 2a. ed., Washington DC / Covelo Island Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1241117&pid=S0187-5795201500010001000011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dollar, David/ Kraay, Aaart (2000), <i>Growth Is Good for the Poor</i>, Development Research. Group of the World Bank &#91;<a href="http://www.worldbank.org/research" target="_blank">www.worldbank.org/research</a>&#93;, consultado en junio de 2000.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1241119&pid=S0187-5795201500010001000012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dum&eacute;nil, G&eacute;rard y Dominique L&eacute;vy (1999), Brenner on Distribution, H<i>istorical Materialism,</i> n&uacute;m. 4, Londres, Faculty of Law and Social Sciences SOAS, University of London, pp. 73&#45;94</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1241121&pid=S0187-5795201500010001000013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dussel, Enrique (1998), Beyond Eurocentrism: The World&#45;System and the Limits of Modernity, en: Jameson, Frederic y Masao Miyoshi, <i>The Cultures of Globalization</i>, Durham y Londres, Duke University Press, pp. 3&#45;31.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1241122&pid=S0187-5795201500010001000014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Easterlin, Richard A. (1998), <i>Growth Triumphant. The Twenty&#45;first Century in Historical  Perspective</i>, Estados Unidos, The University of Michigan Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1241124&pid=S0187-5795201500010001000015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ekins, Paul y Michel Jacobs (1995), Environmental Sustainability and the Growth of GDP: Conditions for Compatibility, en: V. Bhaskar y A. Glyn. (eds.) <i>The North, The South and the Environment. Ecological Constraints and the Global Economy</i>, Londres, Earthscan, pp. 9&#45;46</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1241126&pid=S0187-5795201500010001000016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Foster, John Bellamy (1997), "The Crisis of the Earth. Marx's Theory of Ecological Sustainability as Nature&#45;Imposed Necessity for Human Production", <i>Organization &amp; Environment</i>, vol. 10, n&uacute;m. 3, pp. 278&#45;295.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1241127&pid=S0187-5795201500010001000017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Friedland, Jonathaan y Leslie Chang (1998), Spreading Fat Slows Global Economy, Estados Unidos, <i>Wall Street Journal</i>, publicado el 30 de noviembre de 1998.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1241129&pid=S0187-5795201500010001000018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gaddy, Clifford G. y Barry W. Ickes (1998), "Russia's Virtual Economy", <i>Foreign Affairs</i>, vol. 77, n&uacute;m. 5.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1241131&pid=S0187-5795201500010001000019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gates, Jeff (1999), "People&#45;ized Owenership Patterns: The Key to a Smarter Capitalism", <i>Systems Research and Behavioral Science</i>, Syst. Res. n&uacute;m. 16, pp. 437&#45;452.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1241133&pid=S0187-5795201500010001000020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Georgescu&#45;Roegen, Nicholas (1971), <i>The Entropy Law and the Economic Process</i>, Cambridge (Mass.)/Londres, Harvard University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1241135&pid=S0187-5795201500010001000021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Giddens, Anthony (1995), <i>Konsequenzen der Moderne</i>, Frankfurt, Suhrkamp.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1241137&pid=S0187-5795201500010001000022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Goodland, Robert <i>et al.</i> (1992) <i>Nach dem Brundtland&#45;Bericht: Umweltvertr&auml;glic he wirtschaftliche Entwicklung</i>, Bonn, Deutsche UNESCO&#45;Kommission.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1241139&pid=S0187-5795201500010001000023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Harrod, Roy (1958), The Possibility of Economic Satiety&#45;Use of Economic Growth for Improving the Quality of Education and Leisure, en: <i>Problems of United States Economic Development,</i> vol. 1, Nueva York, Comit&eacute; para el Desarrollo Econ&oacute;mico, pp. 207&#45;213.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1241141&pid=S0187-5795201500010001000024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Harvey, David (1996), <i>Justice, Nature &amp; the Geography of Difference</i>, Cambridge, Mass. / Oxford, Blackwell.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1241143&pid=S0187-5795201500010001000025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Held, David, Anthony McGrew, <i>et al.</i> (1999), <i>Global Transformations. Politics, Economics and Culture</i>, Cambridge, Polity Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1241145&pid=S0187-5795201500010001000026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hirsch, Fred (1980), <i>Die sozialen Grenzen des Wachstums</i>, Reinbek, Rowohlt.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1241147&pid=S0187-5795201500010001000027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hobsbawm, Eric (1995), Das Zeitalter der Extreme. Weltgeschichte des 20. Jahrhunderts, Viena / Munich, Hanser.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1241149&pid=S0187-5795201500010001000028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">ILO (1972), <i>Employment, Incomes and Equality</i>, G&eacute;nova, ILO.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1241151&pid=S0187-5795201500010001000029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Keynes, John M. (1936), <i>The General Theory of Employment, Interest and Money</i>, reedici&oacute;n 1964, London/ Melbourne/Toronto, Macmillan.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1241153&pid=S0187-5795201500010001000030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Kornai, J&aacute;nos (1986), "The Soft Budget Constraint", <i>Kyklos</i>, vol. 39, n&uacute;m. 1, Cambridge, Blackwell Publishing, pp. 3&#45;30.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1241155&pid=S0187-5795201500010001000031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Maddison, Angus (1995), <i>Monitoring the World Economy 1820&#45;1992</i>, Paris, OCDE.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1241157&pid=S0187-5795201500010001000032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Martinez&#45;Alier, Juan (1987), <i>Ecological Economics. Energy, Environment and Society</i>, Oxford, Basil Blackwell.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1241159&pid=S0187-5795201500010001000033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Martinez&#45;Alier, Juan y Ramachandra Guha (1997), V<i>arieties of Environmentalism: Essays North and South</i>, Londres, Earthscan.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1241161&pid=S0187-5795201500010001000034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Marx, Karl (1970), <i>MEW 23</i>, Das Kapital. Kritik der politischen &Ouml;konomie, Erster Band Buch I: Der Produktionsproze&szlig; des Kapitals, en K. Marx y F. Engels, Werke, Band 23, Berlin, Dietz.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1241163&pid=S0187-5795201500010001000035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mattick, Paul (1976), Die deflation&auml;re Inflation, en: Altvater, Elmar <i>et al.</i>, <i>Inflation B Akkumulation B Krise, I, Handbuch 3</i>, Frankfurt&#45;Main / Colonia, Europ&auml;ische Verlagsanstalt, pp. 146&#45;176.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1241165&pid=S0187-5795201500010001000036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Moseley, Fred (1999), The United States Economy at the Turn of the Century: Entering a New Era of Prosperity?, in: Capital and Class, No 67, Spring 1999: 25&#45;45</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1241167&pid=S0187-5795201500010001000037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Na&iacute;m, Mois&eacute;s (2000), "Washington Consensus or Washington Confusion?", <i>Foreign Policy</i>, n&uacute;m. 18, pp. 86&#45;103.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1241168&pid=S0187-5795201500010001000038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">O`Connor, James (1988), Capitalism, Nature, Socialism. A Theoretical Introduction, <i>Journal of Socialist Ecology</i>, n&uacute;m. 1, pp. 11&#45;45.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1241170&pid=S0187-5795201500010001000039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">OECD (1993), en Annual Projections for OECD Countries, <i>Economic Outlook</i>, n&uacute;m. 53, Paris, OECD.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1241172&pid=S0187-5795201500010001000040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Perulli, Paolo (2000), Die Bedeutung der informellen Arbeit im postindustriellen Europa, en: Altvater, Elmar y Birgit Mahnkopf (coord.), <i>Die &Ouml;konomie eines friedlichen Europa, Ziele B Hindernisse&#45;Wege</i>, M&uuml;nster, Agenda&#45;Verlag.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1241174&pid=S0187-5795201500010001000041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pianta, Mario (1997), "Trasformazioni del lavoro: il`terzo settore", en: <i>Parolechiave</i>, n&uacute;m. 14/15, Roma, Dozelli editore, pp. 257&#45;276.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1241176&pid=S0187-5795201500010001000042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Polanyi, Karl (1957), <i>The Great Transformation</i>, Boston, Beacon Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1241178&pid=S0187-5795201500010001000043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Portes, Alejandro (1996), The Informal Economy. Perspectives from Latin America, en: Pozo, Susan (ed.) <i>Exploring the Underground Economy, Studies of Illegal and Unreported Activity</i>, Michigan, W.E. Upjohn Institute for Employment Research, pp. 147&#45;165</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1241180&pid=S0187-5795201500010001000044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Schneider, Friedrich y Dominik Enste (2000), <i>Schattenwirtschaft und Schwarzarbeit. Umfang, Ursdachen, Wirkungen und wirtschaftspolitische Empfehlungen</i>, Munich / Viena, R. Oldenbourg.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1241181&pid=S0187-5795201500010001000045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Smith, Adam (1776/1976), <i>An Inquiry into the Nature and Causes of The Wealth of Nations</i>, reedici&oacute;n en 1976, Chicago, The University of Michigan Press; Alemania, Jena 1923, reedici&oacute;n en 1973, Giessen, Andreas Achenbach.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1241183&pid=S0187-5795201500010001000046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sparks, Christopher y Mary Greiner (1997), "U.S. and foreign productivity and labor costs", <i>Monthly Labor Review</i>, pp. 26&#45;36.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1241185&pid=S0187-5795201500010001000047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tokman, Victor (1999), La informalidad en los a&ntilde;os noventa: situatci&oacute;n actual y perspectivas, en: Carpio, Jorge e Irene Novacovsky, (comps.), <i>De igual a igual. El desaf&iacute;o del Estado ante los nuevos problemas sociales</i>, Buenos Aires, FCE/Siempro/ FLACSO, pp. 80&#45;101.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1241187&pid=S0187-5795201500010001000048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">UNDP (1998), <i>Human Development Report 1998</i>, Oxford, Oxford University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1241189&pid=S0187-5795201500010001000049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">UNEP (1997), United Nations Environmental Programme, <i>Global Environmental Outlook</i>, Oxford, Oxford University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1241191&pid=S0187-5795201500010001000050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Wallerstein, Immanuel (2000), "A Left Politics for the 21st Century? Or, Theory and Praxis Once Again", <i>New Political Science</i>, vol. 22, n&uacute;m. 2, pp. 143&#45;159.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1241193&pid=S0187-5795201500010001000051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ward, Kathryn, (ed.) (1990), <i>Women Workers and Global Restructuring,</i> Ithaka NY, ILR Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1241195&pid=S0187-5795201500010001000052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">World Bank (2000), <i>World Development Report: Attacking Poverty,</i> Washington DC.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1241197&pid=S0187-5795201500010001000053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">World Bank <i>et. al.</i> (2000), <i>Global Poverty Report</i>, Cumbre G8 Okinawa, julio 2000.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1241199&pid=S0187-5795201500010001000054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Worldwatch Institute Report (1984) Lester R. Brown <i>et al.</i>: State of the World, Nueva York/Londres, W.W. Norton.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1241201&pid=S0187-5795201500010001000055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Wuppertal Institut f&uuml;r Klima, Umwelt, Energie (1996) Zukunftsf&auml;higes Deutschland. Ein Beitrag zu einer global nachhaltigen Entwicklung, (ed.) by BUND and Misereor, Basel/ Boston/ Berlin, Birkh&auml;user.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1241203&pid=S0187-5795201500010001000056&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font>	</p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="nota"></a>Notas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">* Publicado antes por Merlin Press en <i>Social Registrer</i> 2002, vol. 38 ("A World of Contradictions") &#91;<a href="http://socialistregister.com/" target="_blank">http://socialistregister.com/</a>&#93;. Traducci&oacute;n de Luciano Concheiro SanVicente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Esta posici&oacute;n ha sido citada extensamente en los peri&oacute;dicos, subrayando la necesidad del crecimiento econ&oacute;mico como un soluci&oacute;n para todo. Por ejemplo: "no hay forma de no reconocer el hecho de que el crecimiento econ&oacute;mico tiene que ser el punto de partida para todas las mejoras de los est&aacute;ndares de vida..." (Livanos, 2000). Es similar el argumento de Keith Marsden (2000), publicado en The Wall Street Journal Europe (19 Julio 2000): "Para reducir la pobreza, haz crecer la econom&iacute;a". No todo el mundo en el Banco Mundial comparte la visi&oacute;n esbozada por Dollar y Kraay y respaldada por el nuevo economista en jefe Nicholas Stern. El editor responsable del <i>World Development Report</i> 2000, Ravi Kanbur, renunci&oacute; a su puesto porque no pod&iacute;a estar de acuerdo con la interpretaci&oacute;n optimista (y en muchas maneras oportunista) de Dollar y Kraay (Beattle, 2000).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Esta declaraci&oacute;n parece ser una repetici&oacute;n de las bastante similares predicciones futurol&oacute;gicas del crecimiento perene realizadas por Herman Kahn y su Hudson Institute en la d&eacute;cada de 1970 (Moseley, 1999:26). El &eacute;nfasis en la conveniencia y viabilidad del crecimiento es un aspecto esencial del discurso afirmativo de la Modernidad porque uno de los rasgos m&aacute;s importantes de &eacute;sta es su expansi&oacute;n cuantitativa en el tiempo y el espacio.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> Esto ha sido entendido como una declaraci&oacute;n acerca de la tendencia principal del desarrollo econ&oacute;mico. Tambi&eacute;n hay contratendencias, tales como el proteccionismo entre bloques comerciales y la gran brecha entre aquellas partes del mundo capturadas por las din&aacute;micas de la globalizaci&oacute;n y las partes excluidas de &eacute;sta.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> Para la distinci&oacute;n entre poluci&oacute;n "limpia" y "sucia" v&eacute;ase Elmar Alvater y Birgit Manhkopf (1999).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> La pregunta de si este proceso comenz&oacute;, como asume Polanyi, en el siglo XVIII y XIX o mucho antes, en el curso del largo siglo XVI, es importante; sin embargo, no puede ser contestada aqu&iacute;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> Datos expuestos e interpretados por Crafts sustentan lo dicho por Maddison; v&eacute;ase Crafts, (2000).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> El Instituto Alem&aacute;n de Investigaci&oacute;n Econ&oacute;mica (DIW) calcul&oacute; un incremento medio anual del valor de la producci&oacute;n de la manufactura alemana de 1.7% y un incremento medio de la productividad laboral (valor de la producci&oacute;n por persona empleada) de 3.7% de 1991 a 1999 (DIW, 2000).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> Este no es el lugar para discutir los conceptas marxistas de trabajo productivo y no productivo. Para Marx, un trabajador es productivo en la medida que &eacute;l (o ella) produzca una plusval&iacute;a. Esto no significa que sea in&uacute;til. El trabajo no productivo es a menudo necesario para mantener un proceso social de reproducci&oacute;n. La distinci&oacute;n entre trabajo productivo y no productivo no es colindante con la que existe entre la producci&oacute;n y los servicios, o con aquella entre trabajo material e inmaterial. Sin embargo, es obvio que los aumentos de la productividad pueden ser "consumidos" por trabajadores no productivos, por lo que hay un cierto margen para la creaci&oacute;n de puestos de trabajo fuera del sector "productivo".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup> En cualquier proceso de producci&oacute;n determinado, el contenido material de una unidad de producci&oacute;n puede decrecer. Pero en el largo plazo, y en una escala de toda la sociedad, el consumo de energ&iacute;a y materia est&aacute; aumentando tan r&aacute;pidamente que la capacidad de los ecosistemas se ha sobrecargado. Si fuera posible reducir el consumo de energ&iacute;a y materia por medidas t&eacute;cnicas simples, no surgir&iacute;an muchas de las dificultades durante las negociaciones del clima y el agua.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup> El trilema de la pol&iacute;tica macroecon&oacute;mica primero articulado por Mundell (que un gobierno puede alcanzar solamente dos de los siguientes tres objetivos &#45;una tasa de cambio fija o al menos estable, una libre circulaci&oacute;n de capitales y una pol&iacute;tica monetaria independiente) ha sido resuelto usando altas tasas de inter&eacute;s para proteger la tasa de cambio ante una mercado financiero cada vez m&aacute;s desregulado (es decir, la pol&iacute;tica monetaria independiente ha sido sacrificada).</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>11</sup> Los autores contin&uacute;an su argumento se&ntilde;alando el hecho de que China y otros nuevos competidores han estado lanzando masas de mercanc&iacute;as baratas en mercados ya saciados. Pero el principal culpable de la sobreproducci&oacute;n mundial es Jap&oacute;n.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>12</sup> El texto del discurso puede ser consultado en internet: &#91;<a href="http://www.brasil.emb.nw.dc.us/fpst06gl.htm" target="_blank">http://www.brasil.emb.nw.dc.us/fpst06gl.htm</a>&#93;; consultado el 24 enero 1999; en portugu&eacute;s: Folha de Sao Paulo, 28 enero 1996.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>13</sup> V&eacute;ase: &#91;<a href="http://www.ilo.org/public/spanish/region...temas/worker/doc/otros/iv/ii/i/index.htm" target="_blank">http://www.ilo.org/public/spanish/region...temas/worker/doc/otros/iv/ii/i/index.htm</a>&#93;.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>14</sup> Este es el tema de un n&uacute;mero creciente de libros, por ejemplo, Ward (1990); ILR, (1990)Altvater y Mahnkopf (1996; 1999).</font></p>      ]]></body><back>
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