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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Dossier. Crisis de la cultura, cultura de la crisis</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Mirada e imagen en El <i>Art brut</i></b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Hans Saettele</b></font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Es psicoanalista y doctor en filosof&iacute;a por la Universidad de Zurich. Profesor&#45;investigador de la UAM&#45;Xochimilco, donde es docente en el Doctorado en Ciencias Sociales y en la Maestr&iacute;a en Psicolog&iacute;a Social de Grupos e Instituciones. Es coordinador acad&eacute;mico y co&#45;fundador de "Dimensi&oacute;n Psicoanal&iacute;tica, AC. Asociaci&oacute;n para el Psicoan&aacute;lisis Lacaniano". Sus investigaciones actuales versan en torno a la filosof&iacute;a del lenguaje y el arte marginal.</i></font></p>      <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>LA MIRADA ENTRE IMAGEN Y VISI&Oacute;N</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el 2003, el historiador de arte Hans Belting imparti&oacute; en el Coll&egrave;ge de France un curso bajo el t&iacute;tulo "Historia de la mirada"; &eacute;l mismo menciona este evento en su libro <i>Antropolog&iacute;a de la imagen: esbozos para una ciencia de la imagen.</i><sup><a href="#notas">1</a></sup> Historia de la mirada y ciencia de la imagen, antropolog&iacute;a de la imagen, se han constituido desde entonces en t&oacute;picos fundamentales que ha hecho surgir un nuevo tipo de investigaci&oacute;n en est&eacute;tica. El planteamiento es nuevo en la medida en que, siguiendo a Walter Benjamin, este tipo de investigaci&oacute;n parte de la idea de que no es el tiempo el que da su sentido a la obra de arte, sino la obra de arte que da su sentido al tiempo y, por ende, la obra de arte es lo que genera presente, pasado y futuro.<sup><a href="#notas">2</a></sup> Con esta <i>inversi&oacute;n de enfoque en historia de arte,</i> la obra se convierte en instrumento de conocimiento. Con la condici&oacute;n, claro, de que se d&eacute; por aceptado que lo universal no se revela sino en lo singular, y que la verdad no surge sino en un objeto.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En lo que voy a comunicarles hoy como resultado de investigaci&oacute;n, pretendo convertir ciertas obras de arte en instrumentos para conocer algo acerca de la mirada, es decir, que parto de lo singular de la obra para conocer algo de este universal, la mirada, que ha dado el tema de esta reuni&oacute;n. Las obras de arte que forman mi "material" est&aacute;n en casi su totalidad expuestas en la ciudad de Lausanne, en el Mus&eacute;e de l'Art Brut. Pertenecen al campo que se designa hoy con el nombre "outsider art", o "arte marginal".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Volvamos a la idea de una "historia de la mirada". La propuesta de Belting es de suma importancia para la teor&iacute;a psicoanal&iacute;tica del sujeto. Porque, si es posible escribir una historia de la mirada (en la vida de un sujeto y en las im&aacute;genes de una &eacute;poca), &eacute;sta necesariamente tiene que tomar como punto de partida las im&aacute;genes que se han producido, im&aacute;genes susceptibles de ser interrogadas acerca de la mirada que opera en ellas. En la experiencia del psicoan&aacute;lisis como proceso, estas im&aacute;genes son siempre producciones significantes que funcionan como punto de convergencia de varias cadenas significantes, a la manera de una rama en la cual se deposita un enjambre de abejas. Pensemos por ejemplo en la frase "Pegan a un ni&ntilde;o" y lo que Freud infiri&oacute; de ella en cuanto a la mirada: el proceso de transformaci&oacute;n, en el cual Freud detecta tres fases: 1) "un ni&ntilde;o que no soy yo y que yo odio es pegado por mi padre"; 2) "(yo) pegado/pegada por mi padre"; 3) "pegan a un ni&ntilde;o", no s&oacute;lo muestra la ubicuidad de la mirada en tanto le procura al sujeto evidencias y certezas, sino, sobre todo, una conversi&oacute;n del sujeto en un mero ojo: el sujeto deviene, en este fantasma, un ojo.<sup><a href="#notas">3</a></sup> Freud lig&oacute; este proceso de reducci&oacute;n con la "g&eacute;nesis de las perversiones": se trata de una puesta en lugar, de un emplazamiento del sujeto mediante el rasgo de perversi&oacute;n, la pulsi&oacute;n esc&oacute;pica. Pero al mismo tiempo, esa mirada est&aacute; relacionada con la dimensi&oacute;n del decir, la cual, como constata Freud, est&aacute; abolida en la segunda fase: &eacute;sta es inconsciente, fuera del decir, y cargada de real. La pulsi&oacute;n esc&oacute;pica, como la oral, la anal y la invocante, se juega, como dir&iacute;a Lacan, como "eco, en el cuerpo, del hecho de que hay un decir".<sup><a href="#notas">4</a></sup> Lo que no se puede decir es que para ser amado por el padre, y para gozar del padre, de su l&aacute;tigo, el sujeto toma la v&iacute;a de convertirse en objeto de desecho. Es as&iacute; como se separa el ojo, en tanto &oacute;rgano de un aparato sensorial de la mirada, en tanto que zona de goce.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la experiencia de la obra de arte, la imagen coincide con el objeto producido por el artista, con el cuadro. Esto permite precisar la homolog&iacute;a entre fantasma y cuadro. Lacan elabor&oacute; esta homolog&iacute;a en los seminarios 11 y 13 (Los cuatro conceptos fundamentales, El objeto del psicoan&aacute;lisis): opone el imaginario especular por un lado al imaginario del fantasma y del cuadro por otro lado. Erik Porge dice acerca de esta oposici&oacute;n:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De manera resumida y esquem&aacute;tica &#91;...&#93; se puede decir que del lado del espejo se ubican la visi&oacute;n, la imagen i(a), la representaci&oacute;n, el sujeto supuesto saber, la finta, la geometr&iacute;a; y del lado del fantasma y del cuadro (se sit&uacute;an) el objeto a, la mirada, el deseo, el enga&ntilde;a&#45;ojos, el sujeto cartesiano, la pulsi&oacute;n, la topolog&iacute;a.<sup><a href="#notas">5</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con base en esta homolog&iacute;a podemos decir que si las obras guardan con el sujeto de la experiencia una relaci&oacute;n an&aacute;loga a la que guarda la tercera fase del fantasma con la segunda, la constelaci&oacute;n de elementos que pueden tener acceso al decir, combinados con otros que no son "articulables",<sup><a href="#notas">6</a></sup> como la conocemos en psicoan&aacute;lisis por la estructura del fantasma, se repite en el cuadro bajo la forma de una constelaci&oacute;n, en la imagen, que lleva a ciertos objetos a la representaci&oacute;n, pero al mismo tiempo hace surgir un lazo entre <i>el fading del</i> sujeto y un objeto causa de deseo. Este lazo permanecer&aacute; siempre en lo invisible y no podr&aacute; ser representado. Y as&iacute; como la frase de sus pacientes le abri&oacute; a Freud el acceso al rasgo de perversi&oacute;n en el deseo sexual, as&iacute; el cuadro nos abre el acceso a la mirada como objeto causa de deseo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Volviendo al tema de la visibilidad, recordemos la famosa frase de Paul Klee: "El arte no reproduce lo visible, hace visible." Lo que interesa respecto a la obra de arte en nuestro enfoque, es la visi&oacute;n como proceso, el proceso de devenir visible, de hacer visible. El artista, podr&iacute;amos decir, nos abre el acceso al espacio donde est&aacute; lo que no es visible. Maurice Merleau&#45;Ponty llam&oacute; este proceso "visi&oacute;n". La visi&oacute;n es <i>el acontecer del devenir visible,</i> un proceso que no s&oacute;lo tiene lo invisible como horizonte, sino que hace del umbral de lo invisible su lugar de pertenencia. La visi&oacute;n, dice Merleau&#45;Ponty, "funciona seg&uacute;n un programa y una ley que ella misma no se ha dado, ella no est&aacute; en posesi&oacute;n de sus propias premisas, ella no es pensamiento todo presente, todo actual, hay en su centro un misterio de pasividad".<sup><a href="#notas">7</a></sup> Desde Lascaux hasta hoy, dice adem&aacute;s Merleau&#45;Ponty, "pura o impura, figurativa o no, la pintura no celebra nunca otra enigma m&aacute;s que el de la visibilidad". Enigma de la visibilidad, misterio de la pasividad del sujeto: estos son los campos en los que nos movemos al interrogar las obras de arte acerca de la mirada.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>LA MIRADA COMO OBJETO CAUSA DE DESEO</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Preguntemos por las implicaciones de la definici&oacute;n del lugar de la mirada como situado en el quiasma en tanto pulsional, o sea objeto causa de deseo u objeto a. La invenci&oacute;n del objeto a, como le gustaba decir a Lacan, descansa sobre las siguientes bases te&oacute;ricas: <i>a)</i> es axioma lacaniano que el sujeto del deseo es sujeto s&oacute;lo en la medida en que est&aacute; alienado al orden simb&oacute;lico, en la medida en que su deseo se articula en la cadena simb&oacute;lica, o sea en el Otro. <i>b)</i> Esta entrada a lo simb&oacute;lico, es decir a la subjetivaci&oacute;n, implica que algo no est&eacute; integrado a esta cadena simb&oacute;lica, algo que es, como dice Lacan, "fuera de significado", es decir "fuera de significante", o sea "resto irreductible a la simbolizaci&oacute;n en el lugar del Otro, lo cual no quita que depende de este Otro.<sup><a href="#notas">9</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde este punto de vista del lugar de este objeto causa de deseo, hay dos aspectos que se deben tomar en cuenta para la lectura de las im&aacute;genes: 1. La inclusi&oacute;n del cuerpo y 2. La naturaleza del cruce entre imagen y visi&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>LA INCLUSI&Oacute;N DEL CUERPO</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las modalidades de inclusi&oacute;n del cuerpo a nivel esc&oacute;pico remiten a la problem&aacute;tica del sentir y de los sentidos. Respecto al arte, podemos orientarnos en este campo con una frase de Paul Val&eacute;ry: "El pintor incluye a su cuerpo, s&oacute;lo as&iacute; transforma el mundo en pintura".<sup><a href="#notas">10</a></sup> En las investigaciones de la filosof&iacute;a fenomenol&oacute;gica, esta transformaci&oacute;n mediante la inclusi&oacute;n del cuerpo condujo a Maurice Merleau&#45;Ponty al t&eacute;rmino "transubstanciaci&oacute;n", con lo cual se indica que se trata de un proceso que implica mucho m&aacute;s que una "interpretaci&oacute;n simb&oacute;lica de hechos sensoriales".<sup><a href="#notas">11</a></sup> Y en efecto, el t&eacute;rmino "transubstanciaci&oacute;n", conocido por su importancia en la doctrina de la eucarist&iacute;a cat&oacute;lica, introduce a la reflexi&oacute;n fenomenol&oacute;gica el tema de la encarnaci&oacute;n. Pero &iquest;qu&eacute; es lo que se encarna? La respuesta de la religi&oacute;n es: el esp&iacute;ritu. Pero esta respuesta nos enfrenta a una contradicci&oacute;n fundamental, porque parecer&iacute;a entonces que la inclusi&oacute;n del cuerpo como "carne", estar&iacute;a estructurada como una incorporaci&oacute;n o introyecci&oacute;n del sentido al cuerpo, cuerpo que se concebir&iacute;a como preexistente al sentido. Lacan, en cambio, insisti&oacute; siempre en el corte significante como lo que constituye al cuerpo pulsional, en la partici&oacute;n del cuerpo, en la separaci&oacute;n del objeto causa de deseo del cuerpo de la imagen especular. Recientemente, Jean&#45;Luc Nancy propuso su teor&iacute;a de la encarnaci&oacute;n como una des&#45;corporaci&oacute;n.<sup><a href="#notas">12</a></sup> El cuerpo significante, encarnado, es por definici&oacute;n, dice Nancy, una instancia de contradicci&oacute;n:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#91;...&#93; o <i>es por</i> &eacute;l, y <i>en</i> &eacute;l, que hay significaci&oacute;n, y entonces el cuerpo significante hace obst&aacute;culo al sentido; o bien es <i>de</i> &eacute;l que nace la significaci&oacute;n, es &eacute;l en verdad aquello que el sentido interpreta, pero entonces, su lugar propio de cuerpo deviene el lugar m&aacute;s que &iacute;ntimo de una propiedad incorporal.<sup><a href="#notas">13</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La mirada se incluye en el cuadro en tanto lugar &iacute;ntimo de una propiedad incorporal, lugar no ubicable en el espacio, con lo cual podemos leer la "transubstanciaci&oacute;n" como una transformaci&oacute;n de un dado espacial en un dado temporal. Para ubicar este punto, tenemos que recurrir al "sofismo" de los tres prisioneros,<sup><a href="#notas">14</a></sup> cosa que excede el prop&oacute;sito de esta ponencia. Baste con una cita de la lectura que hace Erik Porge:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La mirada de los dem&aacute;s no es del orden de la contemplaci&oacute;n imaginaria, no se dirige a un i(a). Hace surgir la potencia <i>(puissance)</i> del objeto <i>a</i> mirada, como tal, en el otro y en tanto objeto no especular: el instante de ver toma su efecto de esto que los otros <i>no ven</i> dos negros. Hay una <i>transformaci&oacute;n de un dado espacial, invisible, en un dado temporal</i> en el <i>instante de ver.</i> (Por lo tanto), la evidencia (en el juego de la mirada), no es la de lo visible, de la especularidad; depende en cambio de <i>un tiempo que se funda en la ausencia de visible .</i><sup><a href="#notas">15</a></sup></font></p>  		    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>EL CRUCE ENTRE IMAGEN Y VISI&Oacute;N</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;C&oacute;mo pensar un tiempo que se funda en la ausencia de lo visible, un tiempo que se produce entre la visi&oacute;n y la imagen, haciendo surgir la mirada? Para dar una formulaci&oacute;n l&oacute;gica de este proceso, Maurice Merleau&#45;Ponty introdujo el t&eacute;rmino "quiasma". El quisma, del griego <i>khiasma,</i> cruzamiento, se usa b&aacute;sicamente en dos acepciones: <i>a)</i> como figura de la ret&oacute;rica que sustituye un paralelismo entre dos t&eacute;rminos por su cruzamiento, por ejemplo "Hay que comer para vivir y no vivir para comer" (an&aacute;logamente podr&iacute;amos decir: "hay que mirar para vivir y no vivir para mirar"), y <i>b)</i> en anatom&iacute;a, y espec&iacute;ficamente en la del ojo, se trata de una estructura de las fibras en forma de cruzamiento.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bernhard Waldenfels ha comentado la idea del quiasma de la siguiente manera:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En forma estricta, esto no puede significar que dos entidades son parcialmente id&eacute;nticas como dos c&iacute;rculos que se recortan, sino que movimientos diferentes se encuentran en un lugar que les es com&uacute;n o tambi&eacute;n que topan unos con otros en un punto, y con m&aacute;s exactitud todav&iacute;a, que forman un com&uacute;n lugar. Pero no es posible localizar el cruce &#91;...&#93; Expresiones como cubrimiento o no&#45;cubrimiento, coincidencia y no&#45;coincidencia pueden referirse solamente a lo visto, a algo que es visible parcialmente o potencialmente, y no al "que" del devenir visible; porque el ver y lo visto, as&iacute; como el decir y lo dicho, pertenecen a dos dimensiones diferentes.<sup><a href="#notas">16</a></sup></font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entre la imagen y la visi&oacute;n hay pues la misma diferencia que entre el dicho y el decir, y la mirada, el sujeto de la pulsi&oacute;n esc&oacute;pica, est&aacute; ubicado en el abismo que hay entre ellos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El efecto inevitable de esta estructura del quiasma, es que podr&aacute;n aparecer grietas en la textura de lo visible, agujeros insondables. Es interesante observar que estos agujeros aparecen con mucha frecuencia en aquellos pintores del <i>art brut cuyo</i> objetivo consiste justamente en cubrir la superficie por una textura continua, para decirlo as&iacute; sin interrupci&oacute;n del flujo de la visi&oacute;n, o a&uacute;n que aspiran al cubrimiento entre imagen y visi&oacute;n. Veamos el siguiente cuadro:</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/argu/v25n68/a6c1.jpg"></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Muchas veces, los pintores del Art Brut logran cubrir la superficie con una textura que casi no muestra ninguna grieta. Sin embargo, la aparici&oacute;n de agujeros parece ser hasta cierto punto inevitable, aun en un cuadro como &eacute;ste:</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/argu/v25n68/a6c2.jpg"></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los agujeros remiten al "punctum caecum" que detectaron los te&oacute;ricos de la &oacute;ptica al examinar el tema de la perspectiva y de la visibilidad. El lugar en cuesti&oacute;n, lugar imposible de localizar que resulta del quiasma, es un punto ciego que se revela ser el fundamento de la mirada como pulsi&oacute;n: se manifiesta como agujero negro en Lonn&eacute;, y como error de tejido en el tapiz de Ofelia. Veamos ahora otra manifestaci&oacute;n del <i>punctum caecum:</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/argu/v25n68/a6c3.jpg"></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este cuadro, aparentemente no hay agujeros, el tejido es completo y si hay vac&iacute;os, &eacute;stos forman caminos. Sin embargo, las caras y especialmente los ojos son equivalentes a agujeros, insondables, y est&aacute;n en todas partes. Ya Merleau&#45;Ponty hab&iacute;a puesto en evidencia la presencia anterior a cualquier cosa, de una omnividencia que nos expone a la mirada del Otro: veo hombres como yo, viendo tambi&eacute;n; ellos me pueden ver como ellos, y los mundos privados comunican como variantes de un mundo com&uacute;n, pre&#45;objetivo, anterior a toda positividad.<sup><a href="#notas">17</a></sup> Y Lacan lo ha confirmado: "Yo no veo m&aacute;s que a partir de un punto, pero, en mi existencia, soy mirado desde todos lados".<sup><a href="#notas">18</a></sup> Michel Th&eacute;voz, ex curador del Mus&eacute;e de l'Art Brut, dice:</font></p> 	 	      ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 	        <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El objeto <i>a</i> de la pulsi&oacute;n esc&oacute;pica ser&aacute; electivamente esta insondable, angustiante y a veces insostenible mirada del Otro, agujero negro en mi campo visual, asimilable a la hiancia abierta por la castraci&oacute;n. Es el objeto que, a la vez, reactiva y drena la b&uacute;squeda de un goce prohibido y perdido, es el objeto que simboliza o que encarna la falta original.<sup><a href="#notas">19</a></sup></font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>LOS CUADROS &iquest;NOS MIRAN?</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como consecuencia de esta anterioridad l&oacute;gica del "soy mirado", la distinci&oacute;n entre "mirar" y "ser mirado" es s&oacute;lo secundaria, &oacute;ntica, mientras que la mirada del Otro, concepto ontol&oacute;gico, no implica esta distinci&oacute;n como esencial. De esta estructura deriva la idea, formulada primero por Merleau&#45;Ponty,<sup><a href="#notas">20</a></sup> y retomada por Didi&#45;Huberman,<sup><a href="#notas">21</a></sup> de que <i>las obras de arte</i> no son simplemente miradas por nosotros, sino que ellas nos miran: forman en un movimiento de retorno a nuestra mirada. Y en sentido estricto, lo que nos mira se ha hecho, <i>ipso facto,</i> nuestro. As&iacute;, podemos decir que las obras de arte nos <i>devuelven la mirada,</i> lo que se refleja en la palabra <i>regarder</i> (mirar) y en el giro <i>cela me regarde,</i> el cual marca la afectaci&oacute;n del sujeto por algo que le viene al encuentro desde el cuadro, incluso desde las cosas mismas. En espa&ntilde;ol se dir&iacute;a "eso me concierne, ata&ntilde;e". Esto no ser&iacute;a posible si la pintura "no lograra llevar determinadas experiencias al cuadro, as&iacute; como la palabra y el escribir logran llevar determinadas experiencias al lenguaje", dice Bernhard Waldenfels.<sup><a href="#notas">22</a></sup> En efecto, el experimento lacaniano con el espejo c&oacute;ncavo adquiere su importancia en este conexto: el <i>quid</i> del experimento es que las im&aacute;genes "reales" se muestran, aparecen fuera del espejo. Quiere decir que aparecen en el mismo espacio en el que se encuentran los objetos, en contraste con la imagen virtual, que hace aparecer las cosas ah&iacute; donde no est&aacute;n. Lacan introduce al experimento de Bouasse un espejo plano adicional, que hace que la imagen real de un jarro se junte con una flor virtual en una sola imagen. Esto le sirve para sostener que:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#91;...&#93; ah&iacute; donde el sujeto se ve, es decir ah&iacute; donde se forma aquella imagen real e invertida de su propio cuerpo, dada en el esquema del yo, no est&aacute; el lugar desde donde &eacute;l se mira. En cambio, con toda seguridad se ve en el espacio del Otro, y tambi&eacute;n el punto desde el cual se mira &eacute;sta en este espacio.<sup><a href="#notas">23</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como el punto desde el cual miro la imagen est&aacute; en el espacio del Otro, el pintor inventar&aacute; un mundo hecho para regresar esta mirada, <i>operar una inversi&oacute;n de mirada.</i> Las im&aacute;genes que surgen en el cuadro dar&aacute;n a ver algo que apacigue la persecuci&oacute;n que puede venir de la mirada del Otro. Lo hacen respondiendo a la diferencia abismal entre visi&oacute;n y mirada, proponi&eacute;ndose como se&ntilde;uelo, como carnada. El ver no se agota en una armon&iacute;a pre&#45;estabilizada entre ojo e imagen; <i>el ojo</i> puede saturarse con lo que le es ofrecido a ver, puede afirmar su poder de realidad, pero por mucho que trague, <i>nunca mira lo que pretende ver.<sup><a href="#notas">24</a></sup></i> Andreas Cremonini comenta esta <i>respuesta que es el cuadro</i> de la siguiente manera:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El cuadro responde a la escisi&oacute;n interna del ver &#151;por un lado pulsi&oacute;n, por otro lado instancia cognitiva&#151; por medio de una puesta en compensaci&oacute;n puntual de los dos campos heterog&eacute;neos: funciona como carnada del ojo, dando a ver algo (un "sujet"), y al mismo tiempo apela, aunque de manera oblicua, al deseo.<sup><a href="#notas">25</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este mecanismo logra al mismo tiempo enga&ntilde;ar al ojo y domesticar la mirada del Otro.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>LA MIRADA, LA VOZ Y EL FALO</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero &iquest;c&oacute;mo logra el cuadro apelar, de manera oblicua, digamos obscura, para referirme al t&iacute;tulo de esta reuni&oacute;n, al deseo? Quiero retomar aqu&iacute; una frase de Lacan en el seminario 23, <i>Le sinthome,</i> que antes s&oacute;lo he citado parcialmente:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las pulsiones son el eco en el cuerpo del hecho de que hay un decir. Este decir, para que resuene &#91;...&#93; es necesario que el cuerpo sea sensible para &eacute;l. Es porque el cuerpo tiene algunos orificios, de los cuales el m&aacute;s importante es la oreja, porque ella no puede taparse, clausurarse, cerrarse. Es por esta v&iacute;a que responde en el cuerpo lo que he llamado la voz. Lo inc&oacute;modo <i>(embarrassant)</i> es sin duda que no hay solamente el oido <i>(oreille),</i> y que la mirada le hace una concurrencia eminente.<sup><a href="#notas">26</a></sup></font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se pueden leer en esta frase las siguientes afirmaciones acerca de la mirada como pulsi&oacute;n: primera: la introducci&oacute;n de la mirada, en conjunci&oacute;n con la voz, es <i>embarrassant,</i> palabra que Lacan introduce ya en el seminario 10, La angustia, cuando sit&uacute;a el t&eacute;rmino "embarras" en un cuadro de doble entrada: el "embarras" se sit&uacute;a en el grado m&aacute;ximo de la dificultad que experimenta el sujeto, igual en esto a la angustia; pero por otro lado se sit&uacute;a en el primer grado del movimiento del objeto causa de deseo que agita al sujeto, y en este sentido difiere de la angustia, la cual se caracteriza por un m&aacute;ximo grado del movimiento del objeto.<sup><a href="#notas">27</a></sup> Entre punto de deseo y punto de angustia en la pulsi&oacute;n esc&oacute;pica existe una singular disimetr&iacute;a: aunque el movimiento del objeto&#45;causa sea baja, la dificultad del sujeto, es decir <i>su fading,</i> es muy alta. Segunda afirmaci&oacute;n: la mirada entra con la voz en una <i>concurrence.</i> La palabra <i>concurrence</i> es polisem&aacute;ntica; puede designar: <i>a)</i> el encuentro, <i>b)</i> el movimiento por el cual una cosa llega a ser equivalente a otra, <i>c)</i> la rivalidad entre diferentes fuerzas que persiguen un mismo fin, <i>d)</i> la relaci&oacute;n misma entre estas fuerzas. No se trata pues de un "o ... o" (o voz o mirada), sino de un acudir, de un converger atropellado hacia un mismo lugar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Cu&aacute;l es el punto de convergencia? El falo. En efecto, la cl&iacute;nica psicoanal&iacute;tica, y especialmente la cl&iacute;nica con ni&ntilde;os puede mostrar c&oacute;mo la significaci&oacute;n f&aacute;lica se construye mediante la concurrencia del objeto <i>a</i> desde todos los niveles objetales: el falo se construye, como lo demuestra Rosine Lefort, en la "ronda sustitutiva f&aacute;lica" de los significantes pulsionales.<sup><a href="#notas">28</a></sup> Respecto a la visi&oacute;n, este proceso tiene como consecuencia la abolici&oacute;n de la visibilidad del falo. Imponi&eacute;ndose el falo en tanto simb&oacute;lico, es <i>ipso facto</i> borrado del campo de las apariencias y del campo de la percepci&oacute;n. El falo es el &uacute;nico objeto del cual el sujeto puede tener la absoluta certeza de que no lo podr&aacute; encontrar en el campo de lo visible, a diferencia del objeto oral y anal. Esto quiere decir que el sujeto, al acecho de alguna cosa visible, no encontrar&aacute; nunca lo buscado como efectivamente presente en lo visible. Con ello, lo visible adquiere el estatuto de una pantalla protectora (&eacute;cran), y la mirada s&oacute;lo se adivina como el esfuerzo repetido incesantement de ver "detr&aacute;s" que se origina en un punto no localizable. As&iacute;, el objeto "mirada" adquiere valor de s&iacute;mbolo de la falta, es decir del falo, en la medida en que &eacute;ste representa una ausencia. La mirada misma adquiere con ello el valor de s&iacute;mbolo del deseo.<sup><a href="#notas">29</a></sup> &iquest;Y la imagen en todo esto? Tendr&aacute; al mismo tiempo una funci&oacute;n de encubrimiento y de revelaci&oacute;n: encubre aquello que el sujeto quiere ver y revela aquello que no espera ver.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En muchas ocasiones, Lacan ha insistido en la relaci&oacute;n entre el campo visual y la escena primitiva:</font></p>  	    <blockquote> 		    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Les he recordado la estructura propia del campo visual, la sustentaci&oacute;n y la ocultaci&oacute;n del objeto <i>a</i> en este campo, y debo insistir en ello cuando es en este campo que se hace el primer abordaje de la presencia f&aacute;lica, y eso de una manera que sabemos que es traum&aacute;tica. Es lo que se llama la escena primitiva. Todo mundo sabe que, a pesar de que el falo est&aacute; presente en ella, visible, bajo la forma de un funcionamiento del pene, lo que impresiona en la evocaci&oacute;n de la realidad de la forma fantaseada de la escena primitiva, es siempre alguna ambig&uuml;edad que concierne esta presencia. Cuantas veces se puede leer que, justamente, uno no lo ve en su lugar? A veces incluso lo esencial del efecto traum&aacute;tico de la escena consiste en las formas bajo las cuales desaparece y se escamotea.<sup><a href="#notas">30</a></sup></font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  		    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/argu/v25n68/a6c4.jpg"></font></p>  		    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  		    <p align="left"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pascal Quignard comenta acerca de este cuadro:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la extraordinaria pintura de Jean Rustin, es la mirada fascinada que el ni&ntilde;o fija, dando la espalda al coito. Toda <i>la obra</i> de Rustin <i>interroga esta mirada que se vuelve hacia &eacute;lmismo.</i> En el comienzo del siglo XX, se trat&oacute; de ennoblecer esta figuraci&oacute;n del hijo que mira hacer el amor a su padre, con el nombre de Edipo, rey de Tebas, el que prefiri&oacute;, de noche, ver como su propia mujer en su madre. El conflicto ed&iacute;pico concierne a los protagonistas, a los cuales se a&ntilde;ade aqu&eacute;l que ve, aqu&eacute;l que cree ver, aqu&eacute;l que sostiene la velita, aqu&eacute;l que prende la luz. Este mismo es el ni&ntilde;o que es el fruto del coito. Pero si el conflicto ed&iacute;pico rara vez llega hasta el asesinato real de aqu&eacute;l que nos incomoda por el simple hecho de que es del mismo sexo que nosotros, la escena originaria, ella, siempre llega hasta al coito que nos hace.<sup><a href="#notas">31</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El coito que nos hace puede pasar a la representaci&oacute;n, formando la escena primitiva, haci&eacute;ndola visible, pero lo que permanece en lo invisible, es la mirada del sujeto.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>LA ESCRITURA DE LA SEXUACI&Oacute;NEN EL ARTE BRUTO</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Veamos ahora algunos cuadros del <i>Art Brut</i> en los que el tema del sexo se da a ver.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>LA DIFERENCIA ENTRE LOS SEXOS</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/argu/v25n68/a6c5.jpg"></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="left"><font face="verdana" size="2">En los dibujos de Tschirtner rige un minimalismo extremo. Esto corresponde a una actitud que Tschirtner adopt&oacute; despu&eacute;s de una vida que empez&oacute; con el estudio de la teolog&iacute;a y acab&oacute; en el hospital psiqui&aacute;trico, pasando por Stalingrad y un campo de prisioneros en Toulouse. Esta actitud es la del "preferir&iacute;a no hacerlo", adoptada por el personaje de Bartleby en la novela de Melville, con la cual se opone a todo lo que se le pide o demanda. Hay en Tschirtner mutismo y reducci&oacute;n de la interacci&oacute;n con otros al m&iacute;nimo: "s&iacute;" y "no", cuando le hacen preguntas. An&aacute;logamente, si se le pide que dibuje algo, lo hace con un esfuerzo m&iacute;nimo en cuanto a la complicaci&oacute;n del trazo, es decir que hay al mismo tiempo un esfuerzo m&aacute;ximo por lograr una escritura que funcione con rasgos unarios b&aacute;sicos, p. ej. lineas paralelas que escriben los cuerpos en movimiento. Mediante esta escritura, en este dibujo, se enuncia la verdad de que la diferencia entre los sexos no se puede escribir mediante un rasgo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Todo pasa como si el pintor debiera reaccionar a un "demasiado pleno" que hay en la realidad, y lo hace por medio de una ocultaci&oacute;n selectiva que no deja subsistir m&aacute;s que el m&iacute;nimo significativo sin el cual la figura se convertir&iacute;a en nada. Un m&iacute;nimo de subjetividad, un m&iacute;nimo de contenido, un m&iacute;nimo de "naturaleza".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En realidad, el dibujo de Tschirnter podr&iacute;a llevar el t&iacute;tulo "Estas no son parejas bailando", lo cual lo acercar&iacute;a al dibujo de una pipa de Ren&eacute; Magritte, comentado por Michel Foucault.<sup><a href="#notas">32</a></sup> La diferencia est&aacute; en que Tschirtner niega la similitud desidentificante que Magritte hace aparecer mediante el t&iacute;tulo: a &eacute;l le importa m&aacute;s se&ntilde;alar el vano esfuerzo de escribir la diferencia, tanto entre una pareja y otra, como entre hombre y mujer. Si se le pide escribir esta diferencia, lo hace con su trazo minimalista, logrando en el espectador una reacci&oacute;n de risa por la elegancia con la que se quit&oacute; de encima el molesto encargo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El arte minimalista de ciertos escultores estadounidenses (p.ej. Donald Judd, Frank Stella) tambi&eacute;n procedi&oacute; por medio de la eliminaci&oacute;n de todos los detalles "naturales", pretendiendo producir objetos sin juego de significaci&oacute;n, sin equ&iacute;voco, sin latencia, y de esta manera renunciar a la imagen misma.<sup><a href="#notas">33</a></sup> En cierto sentido, Tschirtner est&aacute; cerca de ellos, porque tambi&eacute;n &eacute;l est&aacute; interesado en mostrar la "ausencia c&iacute;nica de sentido que la tautolog&iacute;a glorifica".<sup><a href="#notas">34</a></sup> Se asoma de esta manera un sujeto esc&eacute;ptico en cuanto a la existencia de la significaci&oacute;n misma de la diferencia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hay un extra&ntilde;o parecido de esta escritura con las caricaturas, pero no hay una intenci&oacute;n significativa como la hay en el chiste y en los juegos de palabra. M&aacute;s que de hacer una caricatura, este dibujo se burla de la diferencia (entre los sexos, entre las parejas) y logra al mismo tiempo una emancipaci&oacute;n respecto a lo caricaturesco en el g&eacute;nero humor&iacute;stico. Este proceso pone los trazados de Tschirtner en una sugerente cercan&iacute;a con algunos cuadros de Picasso y de Klee.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los dibujos de Tschirtner son una viva ilustraci&oacute;n de lo que afirma Lacan en el seminario 7, La &eacute;tica del psicoan&aacute;lisis:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por supuesto, las obras de arte imitan a los objetos que representan, pero su fin (meta) no es justamente el de representarlos. Dando la imitaci&oacute;n del objeto, hacen de este objeto otra cosa. As&iacute; solamente fingen imitar. El objeto es instaurado en una cierta relaci&oacute;n con la Cosa, y esta relaci&oacute;n est&aacute; hecha al mismo tiempo para ce&ntilde;ir o presentificar y para generar ausencia.<sup><a href="#notas">35</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Veamos tambi&eacute;n otro dibujo de Tschirtner, con el t&iacute;tulo "El ojo".</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/argu/v25n68/a6c6.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El dibujo se distingue de una mancha &uacute;nicamente por la insinuaci&oacute;n de los p&aacute;rpados. El ojo puede cerrarse, mientras que no es as&iacute; para el o&iacute;do. Tschirtner insiste as&iacute; en la diferencia entre mirada y voz.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/argu/v25n68/a6c7.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se trata de una sutil presentaci&oacute;n de la diferencia entre los sexos por medio de peque&ntilde;os elementos escriturales. Constatamos primero una acumulaci&oacute;n, una "concentraci&oacute;n" de figuras humanas, en principio id&eacute;nticas, que hacen pensar en la indiferencia a la que fue expuesto Carlo (traumas de guerra, campo de prisioneros). Hay un efecto de multiplicaci&oacute;n y de redoblamiento, las r&eacute;plicas son sin original, lo cual hace pensar en el fen&oacute;meno de la masa. Las siluetas est&aacute;n esquematizadas o estandarizadas, el hombre se nos presenta aqu&iacute; b&aacute;sicamente como un ser de serie.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las figuras grandes est&aacute;n agrupadas en dos filas, cuatro arriba, cuatro abajo. Las de abajo son m&aacute;s grandes y se distinguen por una figurita en el tercer redondel en el cuerpo (los redondeles repiten la figura del ojo) y por un puntito blanco en la cara: son las mujeres. Los hombres (fila arriba) son m&aacute;s peque&ntilde;os, en cierto modo secundarios.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;C&oacute;mo se escribe aqu&iacute; la diferencia? Se escribe de manera tenue pero n&iacute;tida: en las mujeres, el tercer "ojo", en el torso, es una combinaci&oacute;n del ojo y del ni&ntilde;o. En cuanto a los ni&ntilde;os que hay en el cuadro, su distribuci&oacute;n es desigual: parece que los mayores est&aacute;n con los hombres, los m&aacute;s chiquitos con las mujeres, con las madres; y tal vez los ni&ntilde;os blancos sean los ni&ntilde;os muertos o los no&#45;nacidos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Todo el edificio tiene como fundamento una fila interminable de ni&ntilde;os; son los ni&ntilde;os en potencia, los que est&aacute;n por venir a la vida, pasando por esta capa azul que sostiene toda la construcci&oacute;n del cuadro por niveles, que empieza con las mujeres.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En los ni&ntilde;os que est&aacute;n arriba de la capa azul, s&oacute;lo uno, uno solamente, est&aacute; marcado por el puntito que tienen en la cara las mujeres, detalle fino que muestra el esfuerzo por no caer en simples dicotom&iacute;as. En cambio, hay m&aacute;s puntitos en cara en la fila de los ni&ntilde;os de la l&iacute;nea de abajo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los del segundo piso, los hombres seg&uacute;n la lectura que permiten hacer los rasgos, tienen consigo un carrito de guerra con bombas, al parecer como una emanaci&oacute;n de ellos, del mismo color, y es definitivamente del orden de la representaci&oacute;n, pero es el &uacute;nico elemento representativo del cuadro que permitir&iacute;a decir "eso es un...". Todo lo dem&aacute;s es del orden de lo indecible.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La verdad que se revela en este cuadro, es que la diferencia sexual est&aacute; en lo visible solamente bajo la forma de rasgos o trazos en el cuerpo, el cual, como forma en s&iacute;, no logra escribir esta diferencia. Remite a lo que Lacan se&ntilde;ala en el seminario 23, el s&iacute;ntoma respecto a la funci&oacute;n de la forma en relaci&oacute;n al anudamiento borromeo entre real, simb&oacute;lico e imaginario:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo que sorprende es que la forma no proporciona m&aacute;s que la bolsa, o, si Vds. quieren, la burbuja, ya que ella es algo que se hincha &#91;...&#93; No obstante, un saco vac&iacute;o sigue siendo un saco, es decir el uno que no es imaginable m&aacute;s que por la exsistencia y por la consistencia que tiene el cuerpo, por ser una vasija.<sup><a href="#notas">36</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Somos mirados por este cuadro, y el efecto de angustia que desencadena es muy sensible.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/argu/v25n68/a6c8.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La angustia tambi&eacute;n habita este cuadro, en el cual del ojo de las cuatro figuras emana algo letal. Tal vez sea una alusi&oacute;n al campo de prisioneros.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/argu/v25n68/a6c9.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este cuadro, la diferencia entre los sexos se hace m&aacute;s expl&iacute;cita. Sin embargo, a pesar de la escritura que acompa&ntilde;a sobre todo el lado masculino, la manera de dirigirse el hombre a la mujer no logra unirlos, tal vez por la alusi&oacute;n al ni&ntilde;o muerto.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/argu/v25n68/a6c10.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Katharina fue internada en el hospital psiqui&aacute;trico a ra&iacute;z de la supuesta infidelidad de su marido. Su estado ps&iacute;quico alterna entre un relativo bienestar con calma y fases delirantes "en el curso de las cuales realiza grandes dibujos que destruye tan pronto como los termina. Los &uacute;nicos dibujos conservados son los que los m&eacute;dicos han logrado sustraerle <i>in extremis". <sup><a href="#notas">37</a></sup></i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En estas representaciones imaginarias del cuerpo llama la atenci&oacute;n el dibujo esquem&aacute;tico, casi rob&oacute;tico del cuerpo. Las inscripciones denotan una b&uacute;squeda desesperada por lograr la unificaci&oacute;n del cuerpo, el cual est&aacute; amenazado por la desintegraci&oacute;n. Este esfuerzo por recuperar el cuerpo vivo se hace mediante palabras, muchas veces neologismos, que se refieren m&aacute;s que a la fisiolog&iacute;a y a las pasiones, a supuestas "leyes" de la vida humana. Se mencionan todo tipo de "leyes" ("ley del esp&iacute;ritu", "ley del cuerpo", "ley de la naturaleza") y de prescripciones o mandamientos ("mandamiento de la naturaleza", "mandamientos divinos", "mandamiento de la reproducci&oacute;n", "mandamiento del deber", los dos &uacute;ltimos t&eacute;rminos claramente neologismos). Las pocas inscripciones que se aluden directamente al cuerpo, inscritas del lado derecho, se refieren al aire, al alimento y a la piel, es decir a la superficie del cuerpo. La zona genital no est&aacute; nombrada, como tampoco ning&uacute;n &oacute;rgano interno: s&oacute;lo funge, en el interior del cuerpo, la palabra "alma (conciencia moral)". Evitar la diferencia entre los sexos denota el esfuerzo por ignorarla, acallarla mediante una escritura que insiste en elementos comunes a ambos sexos, y, consecuentemente, lleva a una combinaci&oacute;n de los dos sexos en el t&iacute;tulo "Hombre&#45;Mujer".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el segundo dibujo, con el t&iacute;tulo "Cuerpo humano", lllama la atenci&oacute;n la frecuente menci&oacute;n de la funci&oacute;n de "filtro" y de "bacterias", es decir de las funciones de intercambio y de las amenazas que derivan de ellas. En la regi&oacute;n genital, est&aacute; arriba la inscripci&oacute;n "intestino" y abajo la inscripci&oacute;n "sexual". En medio, hay una inscripci&oacute;n cuyo desciframiento es inseguro, podr&iacute;a ser algo as&iacute; como "Zell... Schlucker" ("tragador de c&eacute;lulas"), tal vez una alusi&oacute;n a la funci&oacute;n de fecundaci&oacute;n. Tambi&eacute;n dice, en el margen inferior, "hormonas de nervios". En este cuadro, adem&aacute;s, la funci&oacute;n sexual y la sexuaci&oacute;n del cuerpo humano son eludidas, subsistiendo del intercambio y de la uni&oacute;n coital s&oacute;lo unos restos que pasan a otro registro del cuerpo que no sea la sexualidad.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/argu/v25n68/a6c11.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>LA FUNSI&Oacute;N PATERNA Y EL DESMORONAMIENTO DE LO SIMB&Oacute;LICO</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se trata de un ensamble de restos de madera pintadas que Chaissac denomina "T&oacute;tem". El que se pretenda construir un t&oacute;tem con restos, con desechos, es ya de por s&iacute; notable. Aunque esta figura nos recuerde el aspecto muy a menudo terror&iacute;fico del <i>xoanon</i> (&eacute;stos no estaban hechos para ser vistos, bajo peligro de que el que se atrev&iacute;a a hacerlo se volviera loco),<sup><a href="#notas">38</a></sup> contrasta con estas figuraciones de lo invisible justamente por su car&aacute;cter de remiendo, de conjunto amenazado permanentemente por la fragmentaci&oacute;n, muy diferente de las formas que pod&iacute;a tomar el xoanon, de las cuales cabe aqu&iacute; destacar sobre todo la "anic&oacute;nica, como, por ejemplo, una piedra bruta".<sup><a href="#notas">39</a></sup></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/argu/v25n68/a6c12.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En otras ocasiones, Chaissac utiliza papel arrugado, cart&oacute;n usado, fragmentos de tapiz. Seg&uacute;n Michel Th&eacute;voz, su procedimiento produce una especie de aventura de l&iacute;neas que redirigen la imaginaci&oacute;n, resultado de la superposici&oacute;n de los restos. Sobre la figura de este "t&oacute;tem", hay trazos pintados: la cara, bastante terrible, de un pobre &iacute;dolo ca&iacute;do, adem&aacute;s manco; tambi&eacute;n contornos, adornos, s&iacute;mbolos. &iquest;Acaso no viene ah&iacute; el padre "declinado" de nuestro tiempo, con toda su carga simb&oacute;lica metida en una especie de traje de cazador, pero con una cara absolutamente terror&iacute;fica, por lo que expresa la mirada penetrante pero perdida, desorientada, desorbitada, y la boca interminable que la barba a penas disimula? Car&aacute;cter grotesco, siniestro y pat&eacute;ticamente impotente de la figura paterna.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Chaissac estaba en contacto epistolar con Jean Dubuffet y otros intelectuales, como Raymond Queneau y Andr&eacute; Breton. Con su idea del t&oacute;tem despedazado, apunta al centro de la cuesti&oacute;n de la escritura. El t&oacute;tem, recu&eacute;rdese, es para Freud un "signo de escritura". Baste con remitirnos al p&aacute;rrafo de "T&oacute;tem y Tab&uacute;",<sup><a href="#notas">40</a></sup> donde Freud define al t&oacute;tem como "Schriftzeichen", que se debe traducir "signo de escritura", lo cual significa no s&oacute;lo que el t&oacute;tem es escritura, sino que es lo que se&ntilde;ala, da testimonio, de lo escritural en la estructuraci&oacute;n del mundo humano en su fundamento. Esta estructuraci&oacute;n se realiza por medio de una oposici&oacute;n fundamental entre una zona de lo sagrado y una zona de lo profano. Podr&iacute;amos decir que Chaissac logra una presentificaci&oacute;n de esta partici&oacute;n por medio de una figuraci&oacute;n que est&aacute; exenta de toda referencia a lo santo, es decir, fuera de toda referencia a lo divino. Logra de esta manera una partici&oacute;n entre las dos ra&iacute;ces de la palabra latina <i>sacer.</i> Como lo ha se&ntilde;alado Emile Benveniste, en el lat&iacute;n <i>sacer</i> confluyen dos significaciones: lo que pertenece al &aacute;mbito de lo sagrado, y est&aacute;, por lo tanto, prohibido para el profano, teniendo la profanaci&oacute;n consecuencias terribles; y lo que es <i>sanctus,</i> es decir elevado en cuanto a virtudes.<sup><a href="#notas">41</a></sup> En Chaissac asistir&iacute;amos entonces a un trabajo de partici&oacute;n: se queda nada m&aacute;s con la parte "de otro orden, prohibido, fuera de lo profano" y la asocia con la parte imaginaria, grotesca. Hay un retorno del <i>xoanun,</i> con el efecto de extra&ntilde;amiento que causaba su visi&oacute;n en los humanos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El sexo de la figura est&aacute; tapado por una larga pieza color caf&eacute; a la izquierda, y es justo sobre esta parte que Chaissac puso elementos de escritura (rayas, puntos, un tri&aacute;ngulo). La pieza anaranjada a la derecha termina en algo que puede ser le&iacute;do como un beb&eacute; que el personaje sostiene, y tambi&eacute;n sobre esta pieza aparecen signos escriturales. B&aacute;sicamente, la figura est&aacute; partida verticalmente en dos: de un lado, nada m&aacute;s se marca el contorno, y no hay mano; del otro, hay "ni&ntilde;o" (aunque disimulado), signos de escritura y tambi&eacute;n una mano bien contorneada y un adorno. La pieza caf&eacute; que tapa el sexo tiene as&iacute; una funci&oacute;n doble: encubre el primer lado y deja al descubierto el segundo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si avanzamos un poco m&aacute;s en la lectura, esto nos da: en la funci&oacute;n paterna, la producci&oacute;n de distinciones a partir del sexo oculto y provisto de s&iacute;mbolo implica, por un lado, la aparici&oacute;n del padre como carente (el brazo manco) y, por otro, la aparici&oacute;n del padre como portador de vida (la insinuaci&oacute;n de "ni&ntilde;o" que est&aacute; del lado derecho).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El ensamblaje, visto as&iacute;, aparece como una construcci&oacute;n entre elementos imaginarios y simb&oacute;licos. Se dir&iacute;a que la figura paterna misma est&aacute; ah&iacute;, expuesta, y de aqu&iacute; en adelante en constante exposici&oacute;n, pieza de museo, bajo la forma de un objeto muy <i>sui g&eacute;neris,</i> arte o no, bruto o no: es un objeto que no representa nada, pero que hace presente, mediante una escritura singular, eso que Freud trat&oacute; de cernir en "T&oacute;tem y tab&uacute;", lo hace en cierto modo "tangible", tocable, pero s&oacute;lo con la condici&oacute;n de combinar la idea del contacto con la de la falla de contacto que hay en la figura geom&eacute;trica de la tangente.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/argu/v25n68/a6c13.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Originario de un pueblo del cant&oacute;n de Berna, Suiza, Heinrich Anton M&uuml;ller trabajaba como vi&ntilde;ero en el colindante cant&oacute;n de Vaud (de lengua francesa), cuando, a los 38 a&ntilde;os, invent&oacute; una m&aacute;quina ingeniosa para tallar la vi&ntilde;a, pero fue v&iacute;ctima de un robo de ideas que desencaden&oacute; en &eacute;l un proceso delirante de persecuci&oacute;n y de grandeza que lo lleva al hospital psiqui&aacute;trico, de vuelta en el cant&oacute;n de Berna, donde se qued&oacute; hasta su muerte.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dicen de M&uuml;ller que "construy&oacute; en el jard&iacute;n del hospital un gigantesco telescopio, con el que pasaba sus d&iacute;as a contemplar un objeto singular, de fabricaci&oacute;n propia, de car&aacute;cter sexual".<sup><a href="#notas">42</a></sup> Esta actividad nos impresiona como una puesta en escena, a la manera de <i>un performance,</i> de su conflicto: la imposibilidad de efectuar el "telescopaje" que posibilita la puesta en relaci&oacute;n de la figura del padre con el propio pasado,<sup><a href="#notas">43</a></sup> y la imposibilidad de inmiscuirse en situaciones sociales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las construcciones de M&uuml;ller, desgraciadamente s&oacute;lo accesibles en fotograf&iacute;as, han recibido el expl&iacute;cito reconocimiento del artista kin&eacute;sico Jean Tinguely.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/argu/v25n68/a6c14.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En una de las primeras exposiciones de la colecci&oacute;n Prinzhorn, en Heidelberg, organizada por Harald Szeemann en 1975, &eacute;l dijo que la b&uacute;squeda de M&uuml;ller consist&iacute;a en crear un<i>perpetuum mobile,</i> expresi&oacute;n de su nostalgia del eterno funcionamiento y de la potencia duradera.<sup><a href="#notas">44</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el cuadro <i>El hombre con la gotita en la nariz,</i> M&uuml;ller recurre a la combinaci&oacute;n del perfil y de la vista frontal. La primera mirada le permite destacar la boca voraz; la segunda, los ojos con la mirada rapaz y l&uacute;brica del personaje diab&oacute;lico. Pero sobre todo, esta combinaci&oacute;n "cubista" permite vectorizar la mirada del espectador hacia la gotita en la nariz. Lo que se escribe con la "gotita en la nariz" podr&iacute;a tener que ver con el episodio del telescopio, en la medida en que el objeto sexual no fue integrado a un proceso que combina el pasado y el presente (integraci&oacute;n que M&uuml;ller pretende recuperar imaginariamente con la construcci&oacute;n del telescopio), con el resultado de que aparece s&oacute;lo en forma de una perversa concretizaci&oacute;n, como una especie de l&iacute;quido venenoso acumulado en la nariz.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La escritura en este cuadro apunta, a manera de franqueamiento de un l&iacute;mite, a lo perdido, a saber la figura tranquilizadora del padre, portador de la vida en la medida en que desempe&ntilde;a la funci&oacute;n de la reproducci&oacute;n, la cual aparece aqu&iacute; en forma degradada.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/argu/v25n68/a6c15.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Augustin Lesage (Le sage = el sabio) fue un minero que se dedic&oacute; tambi&eacute;n al espiritismo, y a quien sus dones como m&eacute;dium permitieron desempe&ntilde;arse con &eacute;xito en la curaci&oacute;n, lo cual lo implic&oacute; en un proceso por ejercicio ilegal de la medicina.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En 1911, una voz en la mina le anunci&oacute; que ser&iacute;a pintor, y le orden&oacute; pintar una tela gigantesca (nueve metros cuadrados), obra que realiz&oacute; durante todo el a&ntilde;o consecutivo. M&aacute;s delante, las pinturas le fueron ordenadas por los esp&iacute;ritus de seres queridos (una hermana muerta a los 3 a&ntilde;os) o de seres admirados y sabios del pasado (p. ej. Leonardo Da Vinci).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al terminar la Primera Guerra Mundial, el Instituto Metaps&iacute;quico Internacional de Par&iacute;s expuso sus obras y lo invit&oacute; a trabajar con ellos. Pero Lesage prefiri&oacute; seguir como minero, alegando que &eacute;l no era el autor de esas obras. Sin embargo, como Wolfli, Lesage es el autor de una obra gigantesca (alrededor de 800 piezas). Lo caracteriza una escritura del flujo anamorf&oacute;tico por medio de peque&ntilde;os elementos de construcci&oacute;n, repetidos en un ordenamiento horizontal y vertical que acaba por figurar una construcci&oacute;n gigantesca. Lo que impresiona al espectador, es que a pesar de este gran esfuerzo por construir algo grande y s&oacute;lido, aparecen espacios en blanco, grietas que amenazan con el derrumbe de todo el "edificio".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La apariencia de un templo y la referencia imaginaria a Egipto indican el car&aacute;cter delirante de esta construcci&oacute;n simb&oacute;lica en peligro de derrumbarse. Extra&ntilde;amente, desde sus inicios, la pintura de Lesage procede a la manera de la escritura de los jerogl&iacute;ficos: empieza la escritura en la parte superior derecha; adem&aacute;s, el cuadro "Composici&oacute;n simb&oacute;lica sobre el mundo espiritual" fue pintado dos a&ntilde;os antes de su encuentro con un egipt&oacute;logo en 1925, fecha a partir de la cual Lesage pudo "asumir" por fin su autor&iacute;a &#151;poni&eacute;ndose, en su delirio, en el lugar de la reencarnaci&oacute;n de un artista fara&oacute;nico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El desarrollo del delirio, que va desde la epifan&iacute;a provocada por la voz en las profundidades de la tierra (1911) hasta la autonominaci&oacute;n en tanto reencarnaci&oacute;n de un artista fara&oacute;nico (1925), invita a considerar que la evoluci&oacute;n de esta escritura singular implic&oacute; realizar, es decir, convertir en obra pict&oacute;rica, el vector temporal entre la voz y el significante que la teor&iacute;a psicoanal&iacute;tica postula como proceso constitutivo de la ley en el sujeto. "Existe un vector temporal entre la voz (lo incomprensible, lo traum&aacute;tico) y el significante (de la articulaci&oacute;n, de la racionalizaci&oacute;n)", dice Mladen D&oacute;lar, "y lo que liga a ambos mediante la temporalidad prospectiva y retroactiva, es la fantas&iacute;a en tanto juntura del sujeto y del objeto".<sup><a href="#notas">45</a></sup> Desde este punto de vista, las construcciones fant&aacute;sticas de Augustin Lesage son un esfuerzo por lograr esta <i>juntura</i> entre la voz y el significante mediante la escritura del vector temporal que media entre ellos. Se trata para Lesage, parece, de lograr esta juntura que la funci&oacute;n paterna en este caso no logr&oacute; producir, de logarla mediante la construcci&oacute;n de lo simb&oacute;lico en la imagen.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la teor&iacute;a psicoanal&iacute;tica, esta juntura remite a lo que se podr&iacute;a llamar "Paso a la ley", tem&aacute;tica tan frecuente en la literatura, en donde aparece espec&iacute;ficamente en la met&aacute;fora de la puerta como lugar donde se regula el acceso a la ley (p.ej. Franz Kafka). En las construcciones de Augustin Lesage, las puertas por las que un visitador podr&iacute;a llegar al santuario no se abren sobre ning&uacute;n camino. El tabern&aacute;culo es pr&aacute;cticamente inaccesible. Adem&aacute;s falta por completo cualquier representaci&oacute;n de una figura humana. M&aacute;s bien, la construcci&oacute;n, a pesar de su intento de introducir la idea de un espacio "profundo", mediante la perspectiva en la parte de abajo, se le impone al espectador como una mera pared: del padre queda nada m&aacute;s lo simb&oacute;lico, fr&iacute;o e inaccesible, fr&aacute;gil y pretensioso al mismo tiempo, en proceso de convertirse en ruina.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este templo sin estatua y sin &iacute;dolo, en cuyo centro queda &uacute;nicamente un s&iacute;mbolo (una especie de c&aacute;lice), grandioso y de una fragilidad extrema, se revela como una escritura de la funci&oacute;n paterna fallida. Con Jean&#45;Pierre Vernant, podr&iacute;amos decir que en estos impresionantes cuadros se escribe la ruptura definitiva de "la reciprocidad entre el templo y la estatua"<sup><a href="#notas">46</a></sup> que caracterizaba el primer tiempo del arte en la Grecia Antigua. La ruptura de esta reciprocidad produce la ruina, objeto "hablante" por excelencia. Podr&iacute;a ser que Lesage quede en la historia de la mirada como el que vio la posibilidad de construir una ruina nueva, moderna, que hace funci&oacute;n de monumento.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>LO FEMENINO: ENTRE "LA" MUJER Y MEDUSA</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/argu/v25n68/a6c16.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este cuadro de Johann Hauser podemos constatar la presencia de un conjunto complejo de emociones: deseo sexual con idealizaci&oacute;n de la mujer, aunado al miedo, incluso a la muerte; y tambi&eacute;n transgresi&oacute;n, porque si bien se trata de una especie de reina, las in&#45;vaginaciones en su cuerpo hacen presente la mirada penetrante del pintor. Este hombre, analfabeta, descubierto por el psiquiatra Leo Navratil, sin duda fue uno de los de "afuera", no porque lo quisiera, sino porque as&iacute; fue su destino. "Gran mujer amarilla" es un maravilloso cuadro. La mirada de la mujer es como atenuada por el entorno decorativo, bonito, del ojo; la boca est&aacute; cerrada, aunque de repente, cambiando de mirada, puede ser le&iacute;da como muy grande, incluso grotesca y devoradora; eso sucede cuando uno incluye, en la lectura, los trazos alrededor de la barbilla en la configuraci&oacute;n de la boca. El cuello est&aacute; como armado, los brazos parecen ra&iacute;ces. Lo m&aacute;s llamativo es sin duda el vientre: muestra una in&#45;vaginaci&oacute;n a partir de la cual empieza a constituirse una zona de confusi&oacute;n. Michel Th&eacute;voz ha llamado al procedimiento de Hauser "esquizograf&iacute;a". Dice:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se trata de una "esquizograf&iacute;a" aplicada al emblema mismo de la persona unitaria que libera una energ&iacute;a metaf&oacute;rica incendiaria. Los ojos, la nariz, los dientes, la caballera, metamorfoseados en igual n&uacute;mero de objetos parciales, es decir exageradamente sexualizados, son expuestos al campo de atracci&oacute;n del fantasma.<sup><a href="#notas">47</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La pintura de Hauser se parece a primera vista a ciertos cuadros del expresionismo, pero es mucho m&aacute;s salvaje, o dicho en otros t&eacute;rminos: la escritura de la imagen est&aacute; m&aacute;s directamente relacionada con la emoci&oacute;n y la b&uacute;squeda del deseo. El trazo de Hauser es m&aacute;s m&uacute;ltiple. La insistencia del deseo sexual produce una zona &#151;vaga m&aacute;s que vaginal&#151; donde la mirada del pintor y el cuerpo que se representa est&aacute;n <i>intrincados</i> al m&aacute;ximo, con lo cual los trazos se convierten en una escritura que hace que la "delgada pel&iacute;cula del <i>quale,</i> la superficie de lo visible, est&aacute;, en toda su extensi&oacute;n, doblada de una reserva invisible".<sup><a href="#notas">48</a></sup> En este contexto, puede ser interesante recordar que Merleau&#45;Ponty recurre al t&eacute;rmino <i>envagination</i> precisamente para designar esta intrincaci&oacute;n de la visi&oacute;n con el cuerpo, con la carne, con el deseo:</font></p>  	    <blockquote> 		    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#91;...&#93; en nuestra carne, como en la de las cosas, lo visible actual, emp&iacute;rico, &oacute;ntico, por una especie de repliegue, de <i>envagination,</i> o de <i>capitonnage,</i> exhibe una visibilidad, una posibilidad que no es la sombra de lo actual, que es &#91;al contrario&#93; su principio; que no es el aporte propio de un "pensamiento", que es &#91;al contrario&#93; la condici&oacute;n; &#91;que es&#93; un estilo alusivo, el&iacute;ptico, como todo estilo, pero, como todo estilo, inimitable, inalienable; &#91;es&#93; un horizonte interior y un horizonte exterior, entre los cuales lo visible actual es un apartamiento provisorio y que, sin embargo, se abre indefinidamente s&oacute;lo sobre otros visibles.<sup><a href="#notas">49</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El cuadro de Hauser transciende por lo tanto la distinci&oacute;n, inmediata y dualista, de lo visible y de lo invisible, de la extensi&oacute;n y del pensamiento, para juntar estos aspectos por medio de una escritura que los liga como el anverso y el reverso de una hoja. La imagen se desprender&aacute; completamente de la funci&oacute;n de imitaci&oacute;n de la apariencia y retorna, m&aacute;s all&aacute; de su funci&oacute;n de traducci&oacute;n de lo invisible, a la funci&oacute;n arcaica de dar a ver, a la manera de los "xoanon" griegos, los poderes de lo invisible, de la deidad femenina. Por esta raz&oacute;n, en el cuadro <i>Gran mujer amarilla</i> de Hauser, este car&aacute;cter divino, igual que en el caso de los &iacute;dolos, no excluye el aspecto monstruoso. Esto, sin embargo, no excluye una diferencia esencial en comparaci&oacute;n con el xoanon, detectable en la figura del aura que caracteriza a la <i>Gran mujer amarilla.</i> El aura es, como lo ha mostrado Georges Didi&#45;Huberman con base en los trabajos de Walter Benjamin, la marca de la juntura del fen&oacute;meno de la memoria involuntaria y del culto religioso.<sup><a href="#notas">50</a></sup></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/argu/v25n68/a6c17.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hauser se inspiraba viendo revistas, en las que le interesaban sobre todo los retratos de estrellas de cine y personajes femeninos de la actualidad, as&iacute; como fotos de m&aacute;quinas de guerra. El acto de Hauser, acto por el cual se convirti&oacute; en autor, seg&uacute;n Th&eacute;voz, es que supo convertir su mentalidad de un ni&ntilde;o de 8 a&ntilde;os en un motor de su creaci&oacute;n:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los artistas socialmente consagrados, incluso aquellos mismos que parecen obstinarse contra el sistema convencional de la representaci&oacute;n, est&aacute;n cortados de estas disposiciones de la infancia, es decir de las &uacute;nicas alternativas mentales radicales. Son en efecto v&iacute;ctimas, como todos los adultos integrados, del hiato educativo que ha reprimido, alrededor de la edad de diez a&ntilde;os, la impulsi&oacute;n primitiva para dibujar, hiato que los condena a recomenzar profesionalmente, sobre bases adultas, un trabajo de subversi&oacute;n necesariamente m&aacute;s artificial, m&aacute;s superficial, y fatalmente comprometido por el sistema en el cual est&aacute;n desde ya inexorablemente inmersos.<sup><a href="#notas">51</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El "retrato" de la reina nos impresiona por su boca devoradora y por su mirada penetrante (hasta ahora no hemos encontrado en el <i>Art Brut</i> otra manera de pintar la mirada que la del punto negro, luego c&iacute;rculo blanco, luego de nuevo negro; aqu&iacute;, el colorido de la cara invade el ojo, como en el t&oacute;tem de Chaissac). El pelo parece ser de Medusa, pero luego aparecen figuras humanas. Ah&iacute; donde empieza la parte de abajo del cuerpo de la reina, todo deviene confuso: hay anamorfosis , y lo que puede parecer primero un palacio lleno de vegetaci&oacute;n, del lado izquierdo, parece presentarse finalmente m&aacute;s bien como el laberinto de la femineidad de la reina.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aparentemente el sexo femenino aparece escrito mediante la imaginaci&oacute;n acerca de la posici&oacute;n de la reina, con todas sus resonancias de poder y de riqueza en relaci&oacute;n al sexo de mujer. Las l&iacute;neas horizontales de abajo parecen insinuar la presencia de alguien que tiene puestas sus piernas, enfundadas en una tela de traje de payaso, en el regazo de la reina.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Wittlich, despu&eacute;s de la guerra, en la cual fue herido y hecho prisionero, trabajaba como vigilante en una f&aacute;brica de cer&aacute;mica. El pintor Fred Stelzig descubri&oacute; su obra, una modalidad "bruta" del <i>Pop Art.</i> Wittlich no daba ninguna importancia al producto final: se descubrieron cientos de dibujos preparados para ser tirados a la basura. No quer&iacute;a vender, y lo &uacute;nico que le interesaba era que le fueran valiosas a alguien.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La pintura de Wittlich recibe por parte de Th&eacute;voz el calificativo de "her&aacute;ldico". As&iacute;, en este cuadro, "la mujer" se hace presente bajo la modalidad de una bandera.</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como si hiciera falta poner este sistema de reducci&oacute;n bidimensional a prueba de lo que le es m&aacute;s refractario, es decir el cuerpo desnudo de la mujer, espacio irreductible del deseo, Wittlich sostiene el reto de exentar la carne de su propio espesor y de identificarla con la epidermis ultrasensible de la hoja, de tal manera que se puede hablar, mejor que nunca, del "blas&oacute;n de un cuerpo".<sup><a href="#notas">52</a></sup></font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  		    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/argu/v25n68/a6c18.jpg"></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la historia de la literatura, "blasonar" (estilo que rige en Francia en el siglo XV) implica: proteger, alabar, hacer ostentaci&oacute;n, hacer elogio de algo.<sup><a href="#notas">53</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otro lado, llama la atenci&oacute;n el marco brillante, que contiene mucho amarillo, color que en cierto modo invade el cuadro desde el marco. Recordemos la equivalencia que Freud detect&oacute; en un caso suyo entre "Glanz auf der Nase" (brillo en la nariz), "glance at the nose"(mirada a la nariz) y, aunque esto no lo presente as&iacute; Freud, pero es impl&iacute;cito en la medida en que es un caso de fetichismo, Glans, o sea glande.<sup><a href="#notas">54</a></sup> En esta equivalencia se manifiesta toda la trayectoria de la mirada: desde la percepci&oacute;n de un cierto brillo, pasando por la focalizaci&oacute;n de la mirada en una parte del cuerpo que no sea el genital femenino, hasta la ilusi&oacute;n f&aacute;lica. La mujer aparece como en el marco de una ventana y parece jalar o sostener la escultura, de sexo indefinido con un gesto extra&ntilde;o, enigm&aacute;tico, desde el afuera del marco. Lacan compar&oacute; el fantasma con una imagen que llenar&iacute;a el marco de una ventana que aparece en el momento de abrir los ojos. El fantasma, seg&uacute;n Lacan, implica por lo tanto un deseo de verse proyectar el fantasma, pero al mismo tiempo es un tomar distancia. Lacan rompe sin embargo este paralelismo entre fantasma e imagen en la ventana. Dice que el artista renuncia al fantasma para poder obtener la imagen, inscribi&eacute;ndose en un lugar que en el fantasma es descartado, en el cual el lugar de la falta puede ser mostrado.<sup><a href="#notas">55</a></sup></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/argu/v25n68/a6c19.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>LA MALDICI&Oacute;N DEL FALO</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b><img src="/img/revistas/argu/v25n68/a6c20.jpg"></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Friedrich Schr&ouml;der&#45;Sonnenstern es sin duda el pintor del <i>art brut</i> que m&aacute;s reconocimiento tuvo de parte de los te&oacute;ricos de la est&eacute;tica de su tiempo: en 1959 sus obras fueron recibidas con entusiasmo por el <i>groupe surrealiste</i> de Par&iacute;s y, en 1967, expuso en la "St&auml;dtische Kunsthalle D&uuml;sseldorf". El inter&eacute;s de los surrealistas por su obra se explica por el lugar central que este grupo daba a lo on&iacute;rico y a la psicosis. En su texto fundador, <i>L'immacul&eacute;e conception</i> (Par&iacute;s 1961), Paul Eluard y Andr&eacute; Breton propusieron al artista surrealista basar el proceso creativo en la simulaci&oacute;n, simulaci&oacute;n de la debilidad mental, de la man&iacute;a aguda, de la par&aacute;lisis general, del delirio de interpretaci&oacute;n, de la demencia precoz.<sup><a href="#notas">56</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cuanto a Schr&ouml;der&#45;Sonnenstern, no necesitaba simular la <i>dementia precox,</i> la esquizofrenia: las padec&iacute;a al parecer desde los 16 a&ntilde;os y su vida, inestable siempre, lo llev&oacute; a fundar una secta en Berl&iacute;n, a dedicarse adem&aacute;s al oficio de magnetizador y de vidente, para lo cual se hac&iacute;a llamar "El Duque de Sonnenstern" (Sonne=sol, Stern=estrella).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Seg&uacute;n &eacute;l mismo, la idea de pintar le vino al observar, en ocasi&oacute;n de una internaci&oacute;n psiqui&aacute;trica a los 38 a&ntilde;os, a un interno del hospital que se dedicaba a la gr&aacute;fica. Al principio, sus primeros dibujos conten&iacute;an muchos elementos de palabra escrita (explicaciones, rimas, neologismos) que m&aacute;s tarde son desplazados al anverso, con la a&ntilde;adidura de un t&iacute;tulo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El cuadro es de 1946 y marca el auge de Schr&ouml;der&#45;Sonnenstern despu&eacute;s de terminada la Segunda Guerra Mundial, que lo llevar&aacute; al momento culminante de 1967 (exposici&oacute;n en D&uuml;sseldorf).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El le&oacute;n se est&aacute; despidiendo, llora mientras recibe la ostia de un sacerdote horripilante. &iquest;Va a comerla? Sobre su espalda, lleva un loco m&uacute;sico cuyo cerebro est&aacute; siendo jalado por un extra&ntilde;o ser, algo as&iacute; como una ardilla diab&oacute;lica. En realidad, todo excepto el pobre y simp&aacute;tico le&oacute;n con el pene fl&aacute;cido, es grotesco en este cuadro, y eso se manifiesta principalmente en las bocas y en los aditamentos: gorros, zapatos, colas enroladas. Estas &uacute;ltimas establecen una relaci&oacute;n entre la figura del sacerdote y la figura de la ardilla, que es probablemente uno de los rasgos de escritura m&aacute;s interesantes en esta obra y que invita al desciframiento y, tal vez, permita entender la segunda parte del t&iacute;tulo ("gesch&auml;ndete Kraft", fuerza violada). En efecto, la fuerza (simb&oacute;lica) del le&oacute;n, del padre que sostiene al hijo, est&aacute; siendo violada, y lo est&aacute; siendo justamente en la medida en que es v&iacute;ctima de una correspondencia secundaria entre el sacerdote (una ley grotesca y asesina) y la ardilla diab&oacute;lica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Schroder&#45;Sonnenstern basaba sus cuadros en un delirio elaborado que se refleja tambi&eacute;n en sus cuadernos de notas. Distingu&iacute;a dos tipos de universos: el de la luna (las cosas comunes, alejadas de la vida correcta) y el del sol (las cosas excepcionales, en posici&oacute;n correcta respecto a la vida).<sup><a href="#notas">57</a></sup> El sol tiene la funci&oacute;n de talism&aacute;n que protege del deterioro de la vida sexual y de la infelicidad en general.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esto nos permite reconocer en el le&oacute;n un ser de "sol", mientras que las otras figuras son "habitantes de la luna", como dice Schr&ouml;der&#45;Sonnenstern en el t&iacute;tulo de otro cuadro, una nueva versi&oacute;n de la nave de los locos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cuanto a su escritura pict&oacute;rica, en Schr&ouml;der&#45;Sonnenstern constatamos una ausencia llamativa del ornamentismo, tan caracter&iacute;stica del <i>Art Brut.</i> La iteraci&oacute;n, en cambio, se lleva a la imagen&#45;cuerpo, pero las figuras son "personajes" que en sus constelaciones generan un relato enigm&aacute;tico y a veces ominoso. Schr&ouml;der trabajaba con machotes que calcaba en diferentes dibujos, es decir, que el n&uacute;mero de las figuras irracionales (l&uacute;bricas, insensatas, situadas a medio camino entre la simbolog&iacute;a de la magia y la mitolog&iacute;a) era en principio restringido.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/argu/v25n68/a6c21.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/argu/v25n68/a6c22.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/argu/v25n68/a6c23.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Michel Th&eacute;voz describe a Schr&ouml;der&#45;Sonnenstern como el creador de un "universo liberado de las normas de la realidad, (sus obras) obedecen s&oacute;lo a los deseos m&aacute;s locos y a las fantas&iacute;as m&aacute;s inadmisibles".<sup><a href="#notas">58</a></sup> Por esta raz&oacute;n, seguramente sus obras fueron consideradas por unos como obscenas, o degeneradas (durante el r&eacute;gimen nacionalsocialista), por otros tomadas como referencia para la creaci&oacute;n de una nueva est&eacute;tica (tanto por los surrealistas como por los fundadores de la nueva "est&eacute;tica sexual").<sup><a href="#notas">59</a></sup> Si bien, de esta manera, es decir con el surrealismo y la est&eacute;tica sexual, se logr&oacute; arrancar este pintor a la psiquiatr&iacute;a y a la evaluaci&oacute;n est&eacute;tica tradicional, parece, sin embargo, que asistimos, particularmente en este cuadro del le&oacute;n, al se&ntilde;alamiento, en cierto modo visionario, de un ocaso de la fuerza viril en s&iacute;.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/argu/v25n68/a6c24.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En otro cuadro, llamado "La maldici&oacute;n del arado" (1956) que representa a un hombre diab&oacute;lico con un l&aacute;tigo que hace jalar un arado por un atelaje de doce mujeres j&oacute;venes, aparece el otro lado de esta problem&aacute;tica del poder del falo, a saber la crueldad que implica respecto a las mujeres.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/argu/v25n68/a6c25.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Por qu&eacute; hizo el pintor dos versiones del tema? En la repetici&oacute;n aparece la constante del hombre diab&oacute;lico con l&aacute;tigo (pintado una vez en rojo, una vez en morado), visiblemente un ser de luna por un lado, y de las mujeres j&oacute;venes, de cabello rubio, probablemente seres de sol. En un cuadro, el sol est&aacute; pintado de color naranjo y con un ojo, en el otro en un color rojizo&#45;caf&eacute;, sin ojo. No parece haber manera de que la escena pueda ser vista por un ser humano, e incluso el sol a veces cierra su ojo, no ve la escena, que es una maldici&oacute;n, relacionada sin embargo con la fecundaci&oacute;n de la tierra.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/argu/v25n68/a6c26.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Peter Gorsen ha relacionado los dos cuadros con una costumbre medieval en la cual las v&iacute;rgenes "quedadas" ten&iacute;an que jalar un arado por las calles de la ciudad.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/argu/v25n68/a6c27.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La significaci&oacute;n f&aacute;lica, a saber el trabajo de "arar" la tierra (femenina) permite sin embargo una &uacute;ltima transformaci&oacute;n: el hombre fecunda la tierra, pero la que gu&iacute;a el hombre&#45;arado, es la mujer. El hombre&#45;arado<sup><a href="#notas">60</a></sup> no es m&aacute;s que una caricatura de hombre.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La muerte del le&oacute;n es tambi&eacute;n, dir&iacute;amos para concluir, una confirmaci&oacute;n de que el falo no es m&aacute;s que una funci&oacute;n y que su positivizaci&oacute;n mediante la figura del hombre con poder es una maldici&oacute;n, al mismo tiempo que la inversi&oacute;n de esta positivizaci&oacute;n es grotesca. En este sentido, Schr&ouml;der&#45;Sonnenstern supera tanto al surrealismo como a la est&eacute;tica sexual, en la medida en que apunta a una problem&aacute;tica inherente a la sexualidad, al malestar en la cultura, y no s&oacute;lo al nivel de lo on&iacute;rico e irracional o a la represi&oacute;n de la sexualidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>CODA</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En general, me atrevo a formular la tesis de que la investigaci&oacute;n del <i>Art Brut</i> y desde luego tambi&eacute;n del arte marginal actual es fecunda para revelar m&uacute;ltiples aspectos de la mirada que se hacen presentes en los cuadros. Si tantos de estos pintores del <i>Art Brut</i> se consideran hoy en d&iacute;a como "pioneros", es sin duda porque en ellos, a veces mucho antes de que surgiera en el arte "culto", se manifiesta una diversidad de aspectos de la historia de la mirada. Adem&aacute;s, s&oacute;lo as&iacute; es posible restituir a estas obras su car&aacute;cter de arte, y no de expresi&oacute;n de determinadas enfermedades mentales.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>BIBLIOGRAF&Iacute;A</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Belting, Hans, <i>Pour une anthropologie des images,</i> Gallimard, Par&iacute;s, 2004.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1223064&pid=S0187-5795201200010000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Benveniste, &Eacute;mile, <i>Le vocabulaire del institutions indo&#45;europ&eacute;ennes,</i> vol 1, &Eacute;conomie, parent&eacute;, soci&eacute;t&eacute;, vol. 2, Pouvoir, droit, religi&oacute;n, Minuit, Par&iacute;s, 1969.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1223066&pid=S0187-5795201200010000600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cheymol, Marc, "El Blason. El renacimiento del cuerpo", <i>Diagonales,</i> n&uacute;m. 2, <i>El fetichismo,</i> M&eacute;xico, 1986, pp. 101&#45;122.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1223068&pid=S0187-5795201200010000600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cremonini, Andreas, "Sobre el brillo. La mirada como objeto pulsional seg&uacute;n Lacan", en Claudia Bl&uuml;mle, Anne von der Heiden (eds.), <i>Blickz&auml;hmung und Augent&auml;uschung. Zu Jacques LacansBildtheorie,</i> Diaphanes, Z&uuml;rich&#45;Berlin, 2005/2009.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1223070&pid=S0187-5795201200010000600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Didi&#45;Huberman, Georges, <i>Ce que nous voyons, ce qui nous regarde,</i> Minuit, Par&iacute;s, 1992.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1223072&pid=S0187-5795201200010000600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dolar, Mladen, <i>His Master's Voice. Eine Theorie der Stimme,</i> Suhrkamp, Frankfurt, 2007.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1223074&pid=S0187-5795201200010000600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Falad&eacute;, Solange, <i>Clinique des n&eacute;vroses,</i> Economica, Par&iacute;s, 2003.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1223076&pid=S0187-5795201200010000600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Foucault, Michel, <i>Ceci n'est pas une pipe,</i> Fata Morgana, Montpellier, 1973.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1223078&pid=S0187-5795201200010000600008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Freud, Sigmund (1913), "Totem y tab&uacute;", <i>Obras completas,</i> tomo XIII, Amorrortu, Buenos Aires, 2001.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1223080&pid=S0187-5795201200010000600009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">J&aacute;di, Inge, "Sammlung Prinzhorn", <i>Revista Vernissage,</i> 13/07.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1223082&pid=S0187-5795201200010000600010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lacan, Jacques, "Le temps logique et l'assertion de certitude anticip&eacute;e. Un nouveau sophisme (1945)", <i>en Ecrits,</i> Seuil, Par&iacute;s, 1966.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1223084&pid=S0187-5795201200010000600011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;,<i> El Seminario XIII, L'objet de la psychanalyse,</i> Flamarion, Par&iacute;s, 2000.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1223086&pid=S0187-5795201200010000600012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, "Le s&eacute;minaire, libre X, L'angoisse", Seuil, Par&iacute;s, 2004.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1223088&pid=S0187-5795201200010000600013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;,<i> Le s&eacute;minaire XXIII, Le sinthome,</i> Seuil, Par&iacute;s, 2005.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1223090&pid=S0187-5795201200010000600014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, "Le s&eacute;minaire, livre VII, L'&eacute;thique de la psychanalyse", Seuil, Par&iacute;s, 1986.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1223092&pid=S0187-5795201200010000600015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;,<i> Seminario VII, La &eacute;tica del psicoan&aacute;lisis,</i> Paid&oacute;s, Buenos Aires, 2006.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1223094&pid=S0187-5795201200010000600016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;,<i> Seminario X, La angustia,</i> Paid&oacute;s, Buenos Aires, 2005.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1223096&pid=S0187-5795201200010000600017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;,<i> Seminario XIV. La l&oacute;gica del fantasma,</i> Paid&oacute;s, Buenos Aires, 2007.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1223098&pid=S0187-5795201200010000600018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Merleau&#45;Ponty, Maurice, <i>L'oeil et l'&eacute;sprit,</i> Gallimard, Par&iacute;s, 1964.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1223100&pid=S0187-5795201200010000600019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;,<i> Le visible et l'invisible,</i> Gallimard, Par&iacute;s, 1964.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1223102&pid=S0187-5795201200010000600020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nancy, Jean&#45;Luc, <i>Corpus,</i> M&eacute;taili&eacute;, Par&iacute;s, 2000.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1223104&pid=S0187-5795201200010000600021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Porge, Erik, <i>Jacques Lacan, un psychanalyste. Parcours d'un enseignement,</i> Er&egrave;s, Par&iacute;s, 2000.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1223106&pid=S0187-5795201200010000600022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Quignard, Pascal, <i>La nuit sexuelle,</i> Flammarion, Par&iacute;s, 2007.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1223108&pid=S0187-5795201200010000600023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rosine Lefort, <i>Maryse se hace una ni&ntilde;a. Psicoan&aacute;lisis de una ni&ntilde;a de 26 meses,</i> Paid&oacute;s, Barcelona&#45;Buenos Aires, 1995.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1223110&pid=S0187-5795201200010000600024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Th&eacute;voz, Michel, <i>Le miroir infidele,</i> Minuit, Par&iacute;s, 1996.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1223112&pid=S0187-5795201200010000600025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Wajcman, G&eacute;rard, "L'art, la psychanalyse, le si&egrave;cle", en Aubert, Cheng, Milner, R&eacute;gnault, Wajcman, <i>Lacan, l'&eacute;crit, l'&iacute;mage,</i> Flammarion, Par&iacute;s, 2000.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1223114&pid=S0187-5795201200010000600026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Waldenfels, Bernhard, <i>Sinne und K&uuml;nste im Wechselspiel. Modi &auml;sthetischer Erfahrung,</i> Suhrkamp, Berl&iacute;n, 2010.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1223116&pid=S0187-5795201200010000600027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="notas"></a><b>Notas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Hans Belting, <i>Pour une anthropologie des images,</i> Gallimard, Par&iacute;s, 2004, p. 11 (texto original del alem&aacute;n: <i>Bild&#45;Anthropologie: Entw&uuml;rfe f&uuml;r eine Bildwissenschaft,</i> Wilhelm Fink, M&uuml;nchen, 2001.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup>  G&eacute;rard Wajcman, "L'art, la psychanalyse, le si&egrave;cle", en Aubert, Cheng, Milner, R&eacute;gnault, Wajcman, <i>Lacan, l'&eacute;crit, l'&iacute;mage,</i> Flammarion, Par&iacute;s, 2000, p. <i>33.</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> Solange Falad&eacute;, <i>Clinique des n&eacute;vroses,</i> Economica, Par&iacute;s, 2003, p. 325.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> Jacques Lacan, <i>Le S&eacute;minaire, libre XXIII,</i> Seuil, Par&iacute;s, 2005, p. 17.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> Erik Porge, <i>Jacques Lacan, un psychanalyste. Parcours d'un enseignement,</i> Er&egrave;s, Par&iacute;s, 2000, p. 198.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> Jacques Lacan, <i>Seminario XIV. La l&oacute;gica del fantasma,</i> 21 de junio de 1967.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> Maurice Merleau&#45;Ponty, <i>L'oeil et l'esprit,</i> Gallimard, Par&iacute;s, 1964, p. 52.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> <i>Ibid.,</i> p. 26.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup> Jacques Lacan, <i>Seminario VII. La &eacute;tica del psicoan&aacute;lisis,</i> Paid&oacute;s, Buenos Aires, 2004, p. 67; y <i>Seminario X, La angustia,</i> Paid&oacute;s, Buenos Aires, 2006, p. 382.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup>  Seg&uacute;n Bernhard Waldenfels, <i>Sinne und K&uuml;nste im Wechselspiel. Modi &auml;sthetischer Erfahrung,</i> Suhrkamp, Berl&iacute;n, 2010, p. 149.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>11</sup> <i>Ibid.,</i> p. 150.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>12</sup> Jean&#45;Luc Nancy, <i>Corpus,</i> M&eacute;taili&eacute;, Par&iacute;s, 2000, p. 61.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>13</sup> <i>Idem.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>14</sup> Jacques Lacan (1945), "Le temps logique et l'assertion de certitude anticip&eacute;e. Un nouveau sophisme", publicado en <i>Ecrits,</i> Seuil, Par&iacute;s, 1966.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>15</sup> Erik Porge, <i>Jacques Lacan, un psychanalyste. Parcours d'un enseignement, op. cit.,</i> p. 210.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>16</sup> Bernhard Waldenfels, <i>Sinne und K&uuml;nste im Wechselspiel. Modi &auml;sthetischer Erfahrung, op. cit.,</i> p. 150.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>17</sup> Maurice Merleau&#45;Ponty, <i>Le visible et l'invisible,</i> Gallimard, Par&iacute;s, 1964.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>18</sup> Jacques Lacan, <i>El Seminario 11. Los cuatro conceptos fundamentales,</i> Buenos Aires, 2005, p. 69.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>19</sup> Michel Th&eacute;voz, <i>Le miroir infidele,</i> Minuit, Par&iacute;s, 1996, p. 9.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>20</sup> Maurice Merleau&#45;Ponty, <i>L'oeil et l'&eacute;sprit,</i> Gallimard, Par&iacute;s, 1964.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>21</sup> Georges Didi&#45;Huberman, <i>Ce que nous voyons, ce qui nous regarde,</i> Minuit, Par&iacute;s, 1992.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>22</sup> Bernhard Waldenfels, <i>Sinne und K&uuml;nste im Wechselspiel. Modi &auml;sthetischer Erfahrung, op. cit.</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>23</sup> Jacques Lacan, <i>El Seminario 11, op. cit.,</i> p. 132.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i><sup>24</sup> Ibid., p.</i> 94.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>25</sup> Andreas Cremonini, "Sobre el brillo. La mirada como objeto pulsional seg&uacute;n Lacan", en Claudia Bl&uuml;mle, Anne von der Heiden (eds.), <i>Blickz&auml;hmung und Augent&auml;uschung. Zu Jacques Lacans Bildtheorie,</i> Diaphanes, Z&uuml;rich&#45;Berl&iacute;n, 2005/2009, p. 235.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i><sup>26</sup> </i>Jacques Lacan, <i>Le s&eacute;minaire, livre XXIII, Le sinthome,</i> Seuil, Par&iacute;s, 2005, p. 17.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>27</sup> Jacques Lacan, <i>Le s&eacute;minaire, libre X, L'angoisse,</i> Seuil, Par&iacute;s, 2004, p. 22.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>28</sup> Rosine Lefort, <i>Maryse se hace una ni&ntilde;a. Psicoan&aacute;lisis de una ni&ntilde;a de 26 meses,</i> Paid&oacute;s, Barcelona&#45;Buenos Aires, 1995.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>29</sup> Jacques Lacan, <i>S&eacute;minaire 11, op. cit.,</i> p. 95.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>30</sup> Jacques Lacan, <i>Seminario X, La angustia,</i> Paid&oacute;s, Buenos Aires, 2005, p. 301.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>31</sup> Pascal Quignard, <i>La nuit sexuelle,</i> Flammarion, Par&iacute;s, 2007, pp. 26&#45;28.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>32</sup> Michel Foucault, <i>Cea nest pas une pipe,</i> Fata Morgana, Montpellier, 1973.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>33</sup> Didi&#45;Huberman, <i>Ce que nous voyons, ce qui nous regarde, op. cit.,</i> p. 34.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>34</sup> <i>Ibid,</i> p.51.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>35</sup> Jacques Lacan, <i>Le s&eacute;minaire, livre VII, L'&eacute;thique de la psychanalyse,</i> Seuil, Par&iacute;s, 1986, p. 169.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>36</sup> Jacques Lacan, <i>Le sinthome, op. cit.,</i> p. 18.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>37</sup> Michel Th&eacute;voz, <i>Le miroir infidele,</i> Minuit, Par&iacute;s, 1996, p. 85.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>38</sup> Seg&uacute;n Pierre Vernant, "La pr&eacute;sentification deFinvisible&aacute;rimitation desapparences", <i>en Image et signification,</i> La Documentation fran&ccedil;aise, 1983, en Jean&#45;Claude Milner, <i>et al., Lacan: el escrito, la imagen,</i> Siglo XXI Editores, M&eacute;xico, 2001, p. 63.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i><sup>39</sup> Ibid., p.</i> 340.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>40</sup>  Sigmund Freud (1913), "Totem y tab&uacute;", <i>Obras completas,</i> tomo XIII, Amorrortu, Buenos Aires, 2001.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>41</sup>  &Eacute;mile Benveniste, <i>Le vocabulaire del institutions indo&#45;europ&eacute;ennes,</i> vol 1, <i>&Eacute;conomie, parent&eacute;, soci&eacute;t&eacute;<sub>;</sub></i> vol. <i>2, Pouvoir, droit, religi&oacute;n,</i> Minuit, Par&iacute;s, 1969.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>42</sup> Michel Th&eacute;voz, <i>Le miroir infidile, op. cit.,</i> p. 100.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>43</sup> Walter Benjamin emplea el t&eacute;rmino para designar la articulaci&oacute;n de un elemento del pasado con un elemento del presente que le permite al historiador producir una nueva forma de discurso, una imagen dial&eacute;ctica que desempe&ntilde;a una funci&oacute;n cr&iacute;tica, tanto respecto al pasado como respecto al presente. V&eacute;ase Georges Didi&#45;Huberman, <i>Ce que nous voyons, ce qui nous regarde,</i> Minuit, Par&iacute;s, 1992, p. 134.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>44</sup> Seg&uacute;n Inge J&aacute;di, "Sammlung Prinzhorn", <i>Revista Vernissage,</i> 13/07, p. 42.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>45</sup> Mladen Dolar, <i>His Master's Voice. Eine Theorie der Stimme,</i> Suhrkamp, Frankfurt, 2007, p. 185.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>46</sup> Jean&#45;Pierre Vernant, "De la pr&eacute;sentification...", <i>op. cit.,</i> p. 247.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>47</sup> Michel Th&eacute;voz, <i>D&eacute;tournement d'ecriture,</i> Minuit, Par&iacute;s, 1989, p. 95. Se trata si duda del fantasma de Lacan, el S tachado&#45; rombo&#45; objeto <i>a;</i> tal vez, para algunos, ser&iacute;a mejor traducir "fantas&iacute;a", pero entonces se pierde el elemento de "lugar en el sujeto".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>48</sup> Maurice Merleau&#45;Ponty, <i>Le visible et l'invisible, op. cit.,</i> p. 199. Con "quale", Merleau&#45;Ponty se refiere a lo que est&aacute; ah&iacute;, a la mano, o al alcance de la visi&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i><sup>49</sup> Ibid., p. 200.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>50</sup>  Georges Didi&#45;Huberman, "La double distance", en Georges Didi&#45;Huberman, <i>Ce que nousvoyons, ce qui nous regarde, op. cit.,</i> pp. 103&#45;123.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>51</sup>  Michel Th&eacute;voz, <i>D&eacute;tournement..., op. cit.,</i> p. 89.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>52</sup> <i>Ibid.,</i> p. 102.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>53</sup> Marc Cheymol, "El Blason. El renacimiento del cuerpo", <i>Diagonales,</i> n&uacute;m. 2, "El fetichismo", M&eacute;xico, 1986, pp. 101&#45;122.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>54</sup> Andreas Cremonini, "&Uuml;ber den Glanz. Der Blick als Triebobjekt nach Lacan", en Claudia Bl&uuml;mle, Anne von der Heiden (eds.), <i>Blickz&auml;hmung und Augent&auml;uschung. Zu Jacques Lacans Bildtheorie, op. cit.,</i> pp. 217&#45;248.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>55</sup> Jacques Lacan, <i>S&eacute;minaire 13, L'objet de la psychanalyse,</i> 11 de mayo de 1966.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>56</sup> Seg&uacute;n Peter Gorsen, "Das Schizophrene als Kunst. Der Fall Friedrich Schr&ouml;der&#45;Sonnenstern", en <i>Sexual&auml;sthetik Zur b&uuml;rgerlichen Rezeption von Obsz&ouml;nit&auml;t und Poenographie,</i> Rowohlt, Hamburg, 1972, pp. 76 y 378.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>57</sup> La oposici&oacute;n se marca en su cuaderno de notas mediante los significantes: <i>lebensnichtig</i>frente a <i>lebensrichtig,</i> ambos neologismos basados en la <i>lebens</i> (de la vida) combinado con adjetivos asonantes <i>(richtig</i> correcto, <i>nichtig =</i> sin valor, negativo).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>58</sup> Michel Th&eacute;voz, <i>Cat&aacute;logo Collection de l'Art Brut,</i> Mus&eacute;es Suisses, Lousanne, 2001, p. 108.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>59</sup> La segunda opci&oacute;n es la de Peter Gorsen, <i>Sexual&auml;sthetikZur b&uuml;rgerlichen Rezeption von Obsz&ouml;nit&auml;t und Poenographie,</i> Rowohlt, Hamburg, 1972.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>60</sup> <i>Ibid.,</i> p. 97.</font></p>      ]]></body><back>
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