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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Cr&iacute;tica de Libros</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Un cielo estrellado </b><b>sobre las ruinas de la historia*</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Antonio Garc&iacute;a de Le&oacute;n**</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3">* <b>Intervenci&oacute;n en la presentaci&oacute;n del libro de Adolfo Gilly, <i>Historia a contrapelo. Una constelaci&oacute;n, </i>Ediciones Era, M&eacute;xico, 2006. Facultad de Ciencias Pol&iacute;ticas y Sociales, UNAM, 25 de mayo de 2006.</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>** Historiador. Profesor&#150;investigador en la UNAM.</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="right"><font face="verdana" size="2">La Historia, con may&uacute;sculas,    <br> la cuentan los vencedores,    <br> pero las historias, con min&uacute;sculas,    <br> las cuentan los supervivientes.</font></p>     <p align="right"><font face="verdana" size="2">Alexander Hemon, <i>La cuesti&oacute;n de Bruno</i></font></p>     <p align="right"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro de Adolfo Gilly, el que ahora nos convoca, se teje sobre una preocupaci&oacute;n antigua y permanente, es la reflexi&oacute;n de un historiador colocado siempre en los l&iacute;mites y mucho m&aacute;s all&aacute; de la pura reflexi&oacute;n acad&eacute;mica. Las sugerencias de Gilly en este ensayo, pretenden ser una s&iacute;ntesis de un pu&ntilde;ado de pensadores del siglo XX que se involucraron en la historia social, la historia viva en la que el observador se compromete y a menudo se deja llevar por la vor&aacute;gine de los hechos. Siguiendo una l&iacute;nea que traz&oacute; desde su libro cl&aacute;sico, <i>La revoluci&oacute;n interrumpida, </i>Gilly intenta reconstruir hipot&eacute;ticamente en todos sus ensayos un sistema ausente, un orden que no es visible a la simple vista. Recordemos que <i>La revoluci&oacute;n interrumpida </i>fue concebida y escrita en la c&aacute;rcel y fue un texto que marc&oacute;, junto con el <i>Zapata </i>de Womack, el arranque de la nueva historiograf&iacute;a cr&iacute;tica de la Revoluci&oacute;n Mexicana; aunque, y he aqu&iacute; la paradoja, era un texto ajeno por completo al gabinete universitario. Por vez primera, un amasijo de acontecimientos fundadores, fue colocado all&iacute; bajo un orden, como un rompecabezas que por fin alcanzara su coherencia.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y si cada nueva obra no es m&aacute;s que una actualizaci&oacute;n imperfecta de un libro primordial y &uacute;nico, en <i>Historia a contrapelo... </i>resurgen esas fuerzas del pasado que han animado siempre su mirada, aunque ahora decantadas en una preocupaci&oacute;n que es producto del gran derrumbe del paradigma revolucionario del siglo XX. Pero en Gilly hay siempre ese <i>principio esperanza </i>de Ernst Bloch que est&aacute; mucho m&aacute;s all&aacute; de los puros contratiempos coyunturales, y que se expresa como una mirada sobre la larga duraci&oacute;n y sobre esos peque&ntilde;os motores de la historia que le animan a este viaje a trav&eacute;s de una constelaci&oacute;n extra&ntilde;a, en un trayecto que emprende airoso y sin dejarse atraer por los agujeros negros de la desilusi&oacute;n y el fin de la historia, que tan atractivos resultan en funci&oacute;n de los acontecimientos m&aacute;s recientes: precisamente, porque el escenario milenarista de la redenci&oacute;n del hombre y del establecimiento del reino de la justicia sobre la Tierra se niega a dejar la escena, y porque cualquier experimento en la esperanza dispara la imaginaci&oacute;n m&aacute;s all&aacute; de los hechos pol&iacute;ticos reales. Creo que en esto radica la originalidad de estas puertas abiertas que deja Gilly en <i>Historia a contrapelo. </i>A partir de esto, quisiera referir algunas reflexiones que el texto me sugiere:</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Edward P. Thompson, uno de los planetas con anillos de la constelaci&oacute;n de Gilly, en el prefacio a su ensayo cl&aacute;sico, <i>La formaci&oacute;n de la clase obrera en </i><i>Inglaterra, </i>plantea una de las visiones m&aacute;s interesantes que revolucionaron la mirada que la izquierda militante y la acad&eacute;mica ten&iacute;an acerca del sujeto privilegiado de la revoluci&oacute;n, la clase obrera. A contrapelo de la creencia de que las clases sociales eran objetos r&iacute;gidos y predeterminados por su lugar en la producci&oacute;n, "cosas" o conjuntos destinados de antemano a la salvaci&oacute;n o la ruina, Thompson arranca su libro diciendo que la clase obrera "no surgi&oacute; como el sol, a una hora determinada: sino que estuvo presente en su propia formaci&oacute;n". Para &eacute;l, la <i>clase social </i>era </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">era un proceso fluido que elude el an&aacute;lisis si intentamos detenerlo en seco en un determinado momento y analizar su estructura &#91;...&#93; la relaci&oacute;n debe estar siempre encarnada en gente real y en un contexto real &#91;...&#93; Si detenemos la historia en un punto determinado &#91;sigue diciendo&#93; entonces no hay clases, sino simplemente una multitud de individuos con una multitud de experiencias...</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">es decir, un rompecabezas para armar a partir de la simple experiencia humana. Pero al darle sentido a esta reconstrucci&oacute;n viva de la historia, el an&aacute;lisis se coloca como necesariamente enmarcado en el presente y te&ntilde;ido de los intereses que animan la reconstrucci&oacute;n. El pasado cambia seg&uacute;n las estaciones, para usar la met&aacute;fora de Benjamin, al igual que el paisaje visto desde el furg&oacute;n de cola de un tren en perpetuo movimiento... "Escribir la historia", nos recuerda Benjamin prefigurando el giro ling&uuml;&iacute;stico actual, "no es reencontrar el pasado, es crearlo a partir de nuestro propio presente; o m&aacute;s bien, es interpretar las huellas que el pasado ha dejado, transformarlas en signos: es, a fin de cuentas, leer lo real como un texto". </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero no hay que perder de vista que la obra de Thompson se ubica tambi&eacute;n, y eso hay que decirlo, en la gran revoluci&oacute;n historiogr&aacute;fica de la segunda mitad del siglo pasado, en un momento de la humanidad en el que la esperanza se movilizaba con base en las utop&iacute;as, y esto es, a mi modo de ver, el hilo conductor que recorre los paradigmas de la historia evocados por Gilly en este ensayo, autores cuyo lugar com&uacute;n tiene que ver con el rechazo a la noci&oacute;n de progreso un&iacute;voco que caracteriz&oacute; al proyecto capitalista desde la primera globalizaci&oacute;n del siglo XVI, y tambi&eacute;n a todas las ideolog&iacute;as surgidas de la revoluci&oacute;n industrial, incluyendo, por supuesto al marxismo cl&aacute;sico. Tampoco hay que dejar de considerar que mucho de la coherencia de la constelaci&oacute;n evocada se remite a la crisis de 1929 y a planteamientos tan novedosos en su tiempo como los trazados por la escuela de <i>Annales; </i>sobre todo en la certeza de que "todo es historia", de que &eacute;sta no se mueve necesaria y solamente alrededor de los grandes hombres y los grandes acontecimientos, sino que es el sujeto de una emergente relatividad, aplicada ya desde entonces al <i>acontecimiento, </i>al "&aacute;tomo" de la tarea historicista anterior, al nudo de relaciones que, al reconstruirse con las herramientas de la "nueva historia" dej&oacute; ver en su interior otros mundos a&uacute;n m&aacute;s peque&ntilde;os, tenaces y cotidianos, sin los cuales no era posible explicarse la l&oacute;gica del devenir. En suma, una visi&oacute;n de la historia que va a marcar y explicar este lugar com&uacute;n en donde confluyen los astros evocados por Gilly: una constelaci&oacute;n de pensadores, como Karl Polanyi, Antonio Gramsci, Edward P. Thompson, Ranajit Guha y Guillermo Bonfil Batalla, que tienen como estrella central a Walter Benjamin, ese poeta incomprendido de la modernidad. En todos ellos &#151;y no voy a referirme a todos&#151;, la l&oacute;gica es el arma de la burocracia culta contra los m&eacute;todos intuitivos y sensoriales de decir y sentir de las masas menos cultas o de los bordes "primitivos" del sistema. Para todos ellos, el colocar en un templo las leyes cient&iacute;ficas, sean newtonianas, darwinianas o maltusianas, refleja una implicaci&oacute;n conciente en el control intelectual y tecnol&oacute;gico sobre la sociedad, implica dominaci&oacute;n a partir del conocimiento cient&iacute;ficamente correcto. Pero a diferencia de lo que ocurr&iacute;a en la noche sombr&iacute;a de Port Bou, cuando Benjamin se quitara la vida, actualmente estas fuerzas contra la verdad anterior, que estuvieron fragmentadas y dispersas, est&aacute;n unidas en una actitud general, moral y pol&iacute;tica que va m&aacute;s all&aacute; de la reflexi&oacute;n hist&oacute;rica cl&aacute;sica. No puedo dejar de evocar aqu&iacute; la lucha final de Thompson contra la guerra y la devastaci&oacute;n ecol&oacute;gica, su inter&eacute;s final por la poes&iacute;a ni el sentido m&uacute;ltiple y contradictorio de muchas de las expresiones sociales de nuestro tiempo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero esta reacci&oacute;n contra el progreso, en autores m&aacute;s recientes y pr&oacute;ximos como Bonfil &#151;colocado en otras circunstancias y otras realidades&#151;, no deja de mostrar ciertos rasgos de "pastoralismo an&aacute;rquico" (seg&uacute;n sus cr&iacute;ticos), de rebeli&oacute;n contra la ciencia, y parece concentrarse en sus planteamientos en por lo menos tres l&iacute;neas de ataque: m&iacute;stico, religioso y de acci&oacute;n pol&iacute;tica. En todo caso, nos recuerdan el antirracionalismo de Blake, su repudio del discurso y la l&oacute;gica, o el c&eacute;lebre ataque a Newton por haber destrozado con sus f&oacute;rmulas la magia del arcoiris: por eso, Bonfil ha sido acusado de "etnicista" por los dog&#150;matistas de la Raz&oacute;n cient&iacute;fica. Pero esto podr&iacute;a explicarse porque existe en la actualidad un desfase entre la verdad y la supervivencia humana, entre la b&uacute;squeda racional de las estructuras y los ideales opuestos de la justicia social. No se trata s&oacute;lo de que la verdad puede no hacernos libres, sino de que puede destruirnos. Sobre todo hoy, cuando las "fuerzas del mercado" se conciben cada vez m&aacute;s al margen de los actores humanos reales, o como las ve Woody Allen al exclamar: "el sistema econ&oacute;mico funcionar&iacute;a todav&iacute;a mucho mejor, con sus variables macroecon&oacute;micas, si no hubiera gente".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero tampoco hay que olvidar que todos los autores evocados pertenecen a un siglo ido, a la lucha anticapitalista en las postrimer&iacute;as de la vieja Revoluci&oacute;n Industrial, de ah&iacute; precisamente su horizonte, el que permit&iacute;a el creer en las utop&iacute;as. Hoy, por lo contrario, estamos ante una revoluci&oacute;n tecnol&oacute;gica mucho m&aacute;s inmaterial &#151;"virtual" como ahora se dice&#151;, ante formas de dominaci&oacute;n que nos plantean nuevos retos y que de seguro se mostrar&aacute;n con m&aacute;s claridad cuando las piezas sueltas de la actual vor&aacute;gine acaben de acomodarse. Mientras, no nos quedan en el horizonte m&aacute;s que las "felices transiciones" y la idea hegem&oacute;nica de la democracia representativa, idea pragm&aacute;tica que, nos guste o no, ha terminado por sustituir a las expectativas de la vieja revoluci&oacute;n. Hoy d&iacute;a, las chispas de la esperanza incendian pocas praderas, el tren de la historia de Benjamin &#151;con su freno y su furg&oacute;n de cola&#151;, abandon&oacute; el and&eacute;n sin nosotros, las ruinas son virtuales como la muerte en directo de las im&aacute;genes televisivas, y el &Aacute;ngel de la Historia ya no regresa a ver y habr&aacute; que intuirlo y atraparlo en las redes de la informaci&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En todo caso, lo que Adolfo vislumbra desde su mirador solitario, es el recorrido a partir de un optimismo estructural, de una esperanza que pretende trascender la actual confusi&oacute;n y la disoluci&oacute;n de todos los referentes anteriores. Por otro lado, sabemos tambi&eacute;n que las constelaciones, sobre todo las antiguas como las del Zodiaco y muchas otras, son formaciones imaginarias que representaban figuras de objetos y animales percibidos as&iacute; desde el horizonte de la Tierra: y cada observador, digamos que cada cultura, ve&iacute;a en la b&oacute;veda celeste cosas muy diferentes. Es as&iacute;, uniendo desde la Tierra lo que en s&iacute; puede estar separado por d&eacute;cadas y miles de kil&oacute;metros, como la mirada de Adolfo Gilly pudo poner juntos a estos autores y encontrar en ellos una "figura", es decir, la coherencia que quiso ver desde su atalaya y que se distingue sobre un campo, un "campo de ruinas" para ser m&aacute;s fiel a Benjamin. En pocas palabras, en donde otros ven solamente "giros historiogr&aacute;ficos", Adolfo ve coherencias discursivas y de acci&oacute;n pr&aacute;ctica.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El arte de narrar, evocado al final del ensayo, arremete justamente contra el "fin de la historia" y reivindica la coherencia de las peque&ntilde;as historias, que, como dec&iacute;a al principio, son las que cuentan los supervivientes, en un horizonte en el que la Historia en may&uacute;sculas s&oacute;lo existe en la cabeza de algunos iluminados. Por eso es que debemos congratularnos de estar ante un an&aacute;lisis&nbsp;total, vivo y din&aacute;mico como &eacute;ste: es decir, ante el intento de la construcci&oacute;n de un sentido a partir de los fragmentos todav&iacute;a dispersos de un Cosmos subalterno que subyace en <i>Historia a con</i><i>trapelo. </i>Mientras, la del siglo XXI podr&aacute; prefigurarse como otra historia.</font></p>      ]]></body>
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