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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Oficiales de imprenta, herejía e inquisición en la España del siglo XVI]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>GRIFFIN, CLIVE. <i>Oficiales de imprenta, herej&iacute;a e inquisici&oacute;n en la Espa&ntilde;a del siglo XVI</i></b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>por Idalia Garc&iacute;a</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Madrid: Imprenta Artesanal Ollero &amp; Ramos, 2009. 422 p</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tristemente no falta un d&iacute;a en que aparezca una noticia vinculada con los migrantes de todos los pa&iacute;ses y en todos los continentes. Casi nunca son historias buenas, por el contrario son terribles y nos muestran una de las caras m&aacute;s duras de la humanidad. Ejemplos nunca faltan. En nuestro pa&iacute;s a&uacute;n duelen las tragedias de la fosa com&uacute;n de Tamaulipas localizada en el 2010 y los frecuentes testimonios de quienes sobreviven al "tren de la muerte" en la aventura de su viaje en busca del sue&ntilde;o americano. Pero por m&aacute;s dura que sea esta realidad ha sido as&iacute; siempre. La historia est&aacute; plagada de ejemplos en donde aquellos que se trasladan a vivir a un nuevo territorio, por diferentes razones generan suspicacia y miedos entre los que ah&iacute; habitan; en gran parte s&oacute;lo porque son diferentes y m&aacute;s vulnerables.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es por ello que Clive Griffin dedica este libro que ahora rese&ntilde;amos a los inmigrantes actuales, porque</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">nos vemos de nuevo en un mundo de guerras religiosas, de arrestos provocados por denuncias an&oacute;nimas, de la detenci&oacute;n sin cargo y de la "interrogaci&oacute;n robusta".</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nuestro autor desea que este trabajo sirva para que nos hagamos un poco conscientes de la precaria situaci&oacute;n de los migrantes a trav&eacute;s de una mirada hist&oacute;rica. Porque la persecuci&oacute;n que actualmente padecen hombres y mujeres, quienes buscan un destino distinto al que les ha tocado por geograf&iacute;a, religi&oacute;n o econom&iacute;a, no est&aacute; tan alejada de aquella que en el pasado sufrieron muchas personas por sus rostros o sus culturas. Especialmente si el acecho lo ejerc&iacute;a una instituci&oacute;n tan temida en el imaginario colectivo: la Santa Inquisici&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En efecto, este &uacute;ltimo libro de Clive Griffin narra algunas de las desventuras que con esta instituci&oacute;n tuvieron unos personajes que casi han pasado inadvertidos en la historia: los oficiales de las imprentas antiguas. Estos fueron los hombres, y quiz&aacute; mujeres, que hicieron posible un objeto tan singular como cotidiano: el impreso. Tales impresos se hac&iacute;an desde un simple pliego (con un romance) o hasta un complejo libro compuesto de varios pliegos y dedicado a temas incomprensibles para muchos como la Teolog&iacute;a o el Derecho. Todos y cada uno de estos objetos librescos fueron producidos bajo el mismo procedimiento y las mismas t&eacute;cnicas durante m&aacute;s de trescientos a&ntilde;os, pues la m&aacute;quina fue modificada escasamente durante todo este periodo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Producir un libro implicaba un conjunto de actividades que realizaron principalmente los operarios, m&aacute;s que aquellos impresores que ostentaban sus nombres en portadas y colofones. Como el autor declara: "sabemos muy poco acerca de los cajistas, batidores, tiradores y fundidores de tipos que acompa&ntilde;aron a los impresores" (p. 115). De ah&iacute; que el nombre y la vida de muchos operarios de prensa todav&iacute;a nos sea desconocido. Bastar&iacute;a recordar aqu&iacute; a los pocos operarios que conocemos de la prensa novohispana, como el oficial Gil Barbero que viaja con Juan Pablos,<sup><a href="#notas">1</a></sup> los negros tiradores de Pedro de Ocharte,<sup><a href="#notas">2</a></sup> o Esteban &Aacute;lvarez de Soto, el administrador de Rosa Teresa de Poveda, la viuda de Hogal.<sup><a href="#notas">3</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los operarios tambi&eacute;n son desconocidos porque no abundan testimonios documentales que den cuenta de sus vidas, personales y profesionales (p. 41). De ah&iacute; que uno de los m&eacute;ritos del trabajo de Griffin sea que adem&aacute;s de recuperar documentos que nos acercan a la vida de algunos operarios, aporte evidencia suficiente para comprender a un gremio a trav&eacute;s de tan s&oacute;lo unas cuantas personas. As&iacute; este libro, a partir de los procesos inquisitoriales de Benito Dulcet y Guillermo Heldin, reconstruye la vida de otros operarios m&aacute;s como Antonio de la Bastida, Enrique Loe, Pierre de Rinz, Juan Franco y Pierre Regnier. Parecen pocos, pero todos ellos est&aacute;n entrelazados por los talleres de imprenta y el mundo que caracteriz&oacute; a estos espacios; pero especialmente porque sus destinos y sus historias acabar&iacute;an desmenuzadas por la Inquisici&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como el autor mismo declara es una obra que intenta "reconstruir la vida, personalidad y el destino" de unas personas que "el destino coloc&oacute; en el peor de los sitios y de los momentos" (p. 24). Ah&iacute; en esa &eacute;poca comenz&oacute; el gobierno del <i>Index librorum prohibitorum et expurgatorum</i>, o &iacute;ndice de libros prohibidos que determin&oacute; la circulaci&oacute;n, el comercio y la adquisici&oacute;n de numerosas obras que bien ha denominado Ramos Soriano como "delincuentes de papel".<sup><a href="#notas">4</a></sup> Este libro lleno de lecturas prohibidas fue tan s&oacute;lo una de las respuestas que la Iglesia y Monarqu&iacute;a espa&ntilde;olas dieron a los embates del luteranismos que desde 1520 ya se hab&iacute;an manifestado en la pen&iacute;nsula ib&eacute;rica. Los focos reformistas de Valladolid y Sevilla fueron terriblemente atacados que culminaron en los actos de fe de 1559 y 1562.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En un tiempo cargado de animadversi&oacute;n, hombres como los que hab&iacute;an producido tan imponente instrumento de control fueron especialmente perseguidos "por el potencial subversivo de la imprenta". Parece claro que influenci&oacute; m&aacute;s en esta apreciaci&oacute;n inquisitorial que hubiese vinculaciones con oficiales de imprenta en pr&aacute;cticamente todos los procesos de herej&iacute;a que se hab&iacute;an seguido (p. 30&#150;35). Sin embargo, los inquisidores parecen haberse interesado m&aacute;s por los operarios que por los libros que estos imprimieron (p. 335). El control y la vigilancia sobre los libros no s&oacute;lo se realiz&oacute; en las ediciones espa&ntilde;olas, sino especialmente en aqu&eacute;llas que se introduc&iacute;an desde territorios protestantes como Francia, Ginebra o Amberes. As&iacute;, si los libros son sospechosos entonces quienes los hacen tambi&eacute;n deb&iacute;an serlo. Tanto m&aacute;s si proced&iacute;an del extranjero, de ah&iacute; que el autor pueda afirmar que</font></p>  	    <blockquote> 		    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">por esto todo el peso del Santo Oficio cay&oacute; sobre aquellos desdichados hombres y mujeres (p. 39).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro de Clive Griffin contiene una excelente explicaci&oacute;n del momento hist&oacute;rico que vivieron estos personajes a los que dedica su estudio. Decir excelente con los textos de Griffin significa, como bien los saben sus lectores, que es normal. Es decir, a Griffin lo caracteriza un trabajo muy bien documentado en libros y documentos hist&oacute;ricos, pero tambi&eacute;n una escritura fluida que se aprecia en la lectura. Pero este libro adem&aacute;s se distingue porque el autor consigue hacernos sentir y padecer la angustia del proceso inquisitorial, tanto como vivir la rutina del proceso de impresi&oacute;n y en ello la magia del nacimiento de un libro.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta enriquecedora obertura, a la que dedica varios cap&iacute;tulos, describe la &eacute;poca, los procesos, las personas, y los documentos que utiliz&oacute; para su estudio dando cuenta de la riqueza de informaci&oacute;n que contienen, como salarios, pr&aacute;cticas laborales, edades, temores y otros detalles por dem&aacute;s interesantes. Son estos documentos inquisitoriales los que motivan a Griffin y le permiten acercar una mirada detallada a estas personas porque resulta</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">evidente que los procesos inquisitoriales contra oficiales de imprenta constituyen una fuente excepcional e inexplorada para la historia del libro (p. 47).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como podemos certificar en los invaluables procesos de Pedro Ocharte o Cornelio Adriano C&eacute;sar, custodiados en el Archivo General de la Naci&oacute;n, que han sido aprovechados en muchas ocasiones por los estudiosos de esta tem&aacute;tica.<sup><a href="#notas">5</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una informaci&oacute;n que debe ser analizada sin tanta algarab&iacute;a pues</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">as&iacute; como los testimonios de los acusados pueden inducir a error, los documentos del proceso tampoco son objetivos.</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuesti&oacute;n sobre la que ya nos hab&iacute;a advertido Garc&iacute;a C&aacute;rcel.<sup><a href="#notas">6</a></sup> Una opini&oacute;n que Clive Griffin reitera puntual y contundentemente. Sin embargo, el resultado de la investigaci&oacute;n realizada con esas fuentes es un libro que no s&oacute;lo debe ser recomendado para su lectura sino que nos invita a profundizar en nuestro conocimiento de la cultura impresa por el fascinante mundo que nos presenta.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ciertamente el libro que rese&ntilde;amos est&aacute; dedicado a los operarios de prensa extranjeros que vivieron en Espa&ntilde;a durante el siglo XVI, pero los datos que el autor aporta permiten suponer o confirmar condiciones semejantes de otros oficiales. Clive Griffin nos cuenta que estas personas se caracterizaron por la condici&oacute;n de ambulantes (p. 62), que hab&iacute;an trabajado y vivido en Ginebra, Lyon, Londres, Amberes, La Rochelle, Par&iacute;s, Toulouse, Espa&ntilde;a y Portugal (p. 111), que adem&aacute;s</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">no se mov&iacute;an en los estratos privilegiados de la sociedad, donde las vinculaciones pol&iacute;ticas brindaban una cierta impunidad con respecto al Santo Oficio, y que de hecho sol&iacute;an ser despreciados por la poblaci&oacute;n aut&oacute;ctona (p. 133).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como se puede apreciar no eran unas condiciones sociales muy agradables, pero la falta de personal cualificado en Espa&ntilde;a fue lo que favoreci&oacute; el trabajo de estos operarios que adem&aacute;s estaban motivados porque los salarios era relativamente m&aacute;s altos que en otros sitios (p.123). Extranjeros que se trasladaron a las ciudades impresoras espa&ntilde;olas pese a todos los riesgos, e incluso aquellos que sobreviv&iacute;an a un proceso inquisitorial, volv&iacute;an a Espa&ntilde;a para seguir trabajando.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Precisamente la narraci&oacute;n de los propios protagonistas encargados de las prensas antiguas permite que nuestro autor describa c&oacute;mo funcionaban estos talleres de imprenta en aspectos tan espec&iacute;ficos como la impresi&oacute;n a doble tinta (p. 229), o la manera en que se hac&iacute;a cada forma (p. 236). As&iacute;, sabemos que cuando menos cada prensa requer&iacute;a del trabajo orquestado de tres personas: el componedor, el batidor y el tirador (p. 228), pues de otra manera unos estar&iacute;a ocupados mientras otros no o se afectar&iacute;a al desarrollo de la producci&oacute;n. Por eso el n&uacute;mero de personas que un taller pod&iacute;a tener estaba determinado por el n&uacute;mero de prensas, a los que pod&iacute;an anexarse otros m&aacute;s dependiendo de la complejidad de tareas que se realizaron en un solo taller. Este cap&iacute;tulo titulado "Las Imprentas" es toda una aportaci&oacute;n que se suma a los excelentes trabajos de Jaime Moll y Juli&aacute;n Mart&iacute;n Abad.<sup><a href="#notas">7</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En estos negocios conviv&iacute;an personas muy preparadas capaces de componer y corregir en varios idiomas, y meros artesanos "casi o totalmente analfabetas" (p. 209) que se encontraron en franca desventaja para realizar ciertas tareas. Caracter&iacute;stica que ayuda a explicar las valoraciones negativas de los autores frente a los frecuentes errores de los libros, pese a que algunos talleres ten&iacute;an correctores. El corrector no s&oacute;lo deb&iacute;a revisar la integridad entre el manuscrito y el impreso, sino incluso verificar que la imposici&oacute;n se hiciera bien.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al igual que en otros sitios hab&iacute;a maestros, oficiales y aprendices. Tambi&eacute;n hab&iacute;a esclavos negros que no lo hac&iacute;an ni por gusto ni por ganancia, pero que eran empleados como batidores o tiradores. Todos realizaban una tarea seg&uacute;n sus capacidades, as&iacute; se pod&iacute;a ser "componedor, fundidor de tipos, tirador, batidor o cajista" (p. 220). Condici&oacute;n propiciada porque en Espa&ntilde;a</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">el trabajo en la industria tipogr&aacute;fica no estaba regulado y a menudo los operarios de imprenta encontraban empleo sin haber completado un periodo de aprendizaje (p. 116).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ese escaso desarrollo justific&oacute; tambi&eacute;n que las ediciones eruditas se produjeran en otros talleres europeos, pues</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">las imprentas espa&ntilde;olas en general carec&iacute;an de los medios para encarar proyectos de esa envergadura (p. 213).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por eso, los talleres espa&ntilde;oles depend&iacute;an de un mercado local que se abastec&iacute;a de encargos institucionales y ediciones populares, muy parecido a lo que vamos conociendo de los talleres novohispanos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien, todos los procesos inquisitoriales comenzaron con una denuncia, que indudablemente estaba motivada por una actitud o una costumbre que transgred&iacute;a la normalidad. De ah&iacute; que el proceso d&eacute; cuenta de la forma en que viajaban, su agrupamiento o aislamiento de la comunidad, las peleas o las armas que usaban que estar&iacute;an justificadas por sus traslados. Pero quiz&aacute; lo que m&aacute;s llam&oacute; la atenci&oacute;n y el detonante de sus desgracias fue su creencia religiosa, que finalmente sal&iacute;a a la luz en las verdades a medias, las ideas contradictorias y en los comentarios extra&ntilde;os que se expresaban intentando librarse de semejante infortunio.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por eso, una vez detenidos, denunciaron a otros del mismo grupo de trabajo. Una constante delaci&oacute;n que arrastr&oacute; a amigos, enemigos y por supuesto inocentes en una situaci&oacute;n que hoy nos parece injusta pero que todav&iacute;a prevalece. En efecto, los procesados eran interrogados a veces sin un buen conocimiento del idioma como Isabel Reigner, quien finalmente muri&oacute; porque los inquisidores nunca pudieron convencerla de que "sus creencias eran err&oacute;neas" (p. 103).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al final los encarcelamientos fueron en condiciones terribles a pesar de que los presos parecen haber sido tratados de forma "bastante humanitaria" (p. 77), en comparaci&oacute;n con lo que ocurr&iacute;a en otras c&aacute;rceles civiles. Esta informaci&oacute;n proporcionada por las propias v&iacute;ctimas de una instituci&oacute;n temible le permite decir a Griffin que la Inquisici&oacute;n fue</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">una instituci&oacute;n que distaba de ser la eficiente m&aacute;quina represiva de la ficci&oacute;n y constantemente ten&iacute;a que arregl&aacute;rselas con los escasos recursos de los que dispon&iacute;a (p. 80).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pese a todo se trat&oacute; de un proceso que era econ&oacute;micamente desastroso para cualquier taller de imprenta y que signific&oacute; la ruina y el rompimiento de muchos sue&ntilde;os, colectivos y personales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Griffin consigue hilar las historias personales de los oficiales analizados, para mostrarnos que la amenaza del tormento o el tormento mismo acechaban constantemente a los operarios de prensa (p. 87) y por eso sol&iacute;a rendir frutos. Aunque daba m&aacute;s miedo pensar en las galeras, uno de los m&aacute;s horribles castigos (p. 327), y por eso algunos confesaban todo para conseguir ser llevados a la hoguera. Para algunas de estas personas el proceso fue una liberaci&oacute;n, pues pod&iacute;an confesar abiertamente su protestantismo. Ciertamente pocos condenados fueron ejecutados, puesto que la mayor&iacute;a consigui&oacute; reconciliarse con la Iglesia, pero eso no los libr&oacute; de la p&eacute;rdida de propiedades y de la ruina familiar.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un conocimiento tan preciso de una parte del pasado s&oacute;lo es posible por todas aquellas personas que como el Dr. Griffin pacientemente escudri&ntilde;an en los archivos buscando una noticia, un hilo conductor. De esta manera nuestro autor narra y documenta la historia de hombres y mujeres de libros, cuyas opiniones "atestiguan su respeto por la palabra escrita. Un respeto que no deber&iacute;a sorprendernos en personas "que se ganaban la vida reproduci&eacute;ndola cientos de veces" (p. 313). Los libros fueron su alimento pero tambi&eacute;n su condena y su perdici&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="notas"></a><b>NOTAS</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Rom&aacute;n Zulaica G&aacute;rate. <i>Los franciscanos y la imprenta en M&eacute;xico en el siglo XVI</i>. M&eacute;xico: UNAM. Instituto de Investigaciones Bibliogr&aacute;ficas, 1991. (Edici&oacute;n facsimilar de la original 1939), p. 340.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Alexandre Stols. <i>Pedro Ocharte: el tercer impresor mexicano</i>. M&eacute;xico: UNAM. Instituto de Investigaciones Bibliogr&aacute;ficas, 1990, p. 18.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> Idalia Garc&iacute;a. "Retazos en la vida de una impresora novohispana: Rosa Teresa de Poveda, viuda de Hogal". <i>Las otras letras, mujeres impresoras en la Biblioteca Palafoxiana</i>, compiladora Marina Garone Gravier. Puebla, Secretar&iacute;a de Cultura del Estado de Puebla, 2009, pp. 43.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> Jos&eacute; Abel Ramos Soriano, <i>Los delincuentes de papel: Inquisici&oacute;n y libros en la Nueva Espa&ntilde;a (1571&#150;1820)</i>, M&eacute;xico: INAH: FCE, 2011</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> Una transcripci&oacute;n de ambos procesos se encuentra en Francisco Fern&aacute;ndez del Castillo, <i>Libros y libreros en el siglo XVI</i>. M&eacute;xico: FCE, 1982, pp. 85&#150;525.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> Ricardo Garc&iacute;a C&aacute;rcel, "&iquest;Son cre&iacute;bles las fuentes inquisitoriales?", en <i>Graf&iacute;as del Imaginario: representaciones culturales en Espa&ntilde;a y Am&eacute;rica (siglos XVI&#150;XVIII)</i>, compiladores Carlos Alberto Gonz&aacute;lez S&aacute;nchez y Enriqueta Vila Vilar. M&eacute;xico: FCE, 2003, pp. 96&#150;110.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> Jaime Moll Roqueta, "La imprenta manual", en <i>Imprenta y cr&iacute;tica textual en el Siglo de Oro</i>, al cuidado de Pablo Andr&eacute;s y Sonia Garza. Valladolid: Universidad. Centro para la Edici&oacute;n de los Cl&aacute;sicos Espa&ntilde;oles, 2000. pp. 13&#150;27; y Juli&aacute;n Mart&iacute;n Abad, "La t&eacute;cnica impresora", en Jos&eacute; Manuel Luc&iacute;a Mej&iacute;as. <i>Aqu&iacute; se imprimen libros: la imprenta en la &eacute;poca del Quijote</i>. Madrid: Imprenta Artesanal Ollero y Ramos, 2004. p. 11&#150;33.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[ ]]></body>
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