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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>BONNET, JACQUES, <i>Bibliotecas llenas de fantasmas</i></b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>por H&eacute;ctor Guillermo Alfaro L&oacute;pez</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Espa&ntilde;a, Anagrama, 2010.</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">J. L. Borges conceb&iacute;a su para&iacute;so bajo la forma de una biblioteca (de manera sim&eacute;trica lo consideraba Gast&oacute;n Bachelard), lo cual expresaba tambi&eacute;n su credo existencial y literario. Tal visi&oacute;n biblioparadis&iacute;aca ha tenido fortuna porque ha suministrado una imagen y un mito para aquellos que han hecho de sus bibliotecas personales el territorio de sus gozos y evasiones: mundo libresco signado por la felicidad, aunque no exento de ansiedad por su fragilidad; <i>remember Farenheit 451.</i> Pero tales para&iacute;sos por ser personales se encuentran poblados por fantasmas, los cuales deambulan entre las estanter&iacute;as, los hacinamientos rebosantes y desbordantes de libros, as&iacute; como en las habitaciones de los domicilios particulares por donde crece la hiedra bibliogr&aacute;fica. Son los fantasmas del propio forjador de su biblioteca personal: la sustancia et&eacute;rea de que est&aacute;n hechos es la de los anhelos de posesi&oacute;n de todos aquellos libros que expresan qui&eacute;n es y lo que busca su due&ntilde;o en esta vida (y por qu&eacute; no, tambi&eacute;n en la otra).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde el momento que alguien emprende la epopeya de construir una biblioteca personal, pone tambi&eacute;n en juego sus fantasmas los que acompa&ntilde;ar&aacute;n a tal biblioteca el resto de su existencia hasta que, como acontece en la mayor&iacute;a de los casos sea desmembrada con la desaparici&oacute;n de su poseedor. S&oacute;lo entonces los fantasmas se desvanecen. Hay por supuesto casos excepcionales donde la biblioteca sobrevive a su propietario sea porque fue adquirida por una instituci&oacute;n, un potentado o simplemente porque su familia (caso a&uacute;n m&aacute;s excepcional) ha corrido el venturoso riesgo de preservarla. Con lo que los fantasmas tienen una oportunidad m&aacute;s de seguir deambulando en el para&iacute;so bibliogr&aacute;fico. Pero ahora vagan solitarios y su rumor s&oacute;lo es un eco perdido: ya no tienen la respuesta de aquel que la forj&oacute;. Tales bibliotecas con sus entra&ntilde;ables fantasmas quedan ah&iacute; para ser exhibidas como lo que alguna vez fue la pasi&oacute;n de una vida por los libros, pero m&aacute;s a&uacute;n, para dejar de manifiesto una posibilidad particular de lo humano para acercarse, comprender y abarcar la realidad a trav&eacute;s del conocimiento y la creaci&oacute;n de multitud de seres humanos que escribieron esos libros: la intimidad de los fantasmas se torna p&uacute;blica. Con lo que se establecen los vasos comunicantes entre la biblioteca privada y la biblioteca p&uacute;blica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando una biblioteca p&uacute;blica hace que una biblioteca privada forme parte de sus fondos conserv&aacute;ndola tal cual, los fantasmas de su anterior poseedor a&uacute;n pueden susurrar entre el acervo de la biblioteca p&uacute;blica. Pero fuera de tal fusi&oacute;n entre ambas formas de bibliotecas hay m&aacute;s distancia que consonancias. De primera instancia, lo obvio, una biblioteca p&uacute;blica carece de los fantasmas de un propietario individual, lo que ya marca una amplia distancia. Tal vez podr&iacute;a arg&uuml;irse un fantasma social en la biblioteca p&uacute;blica pero eso ya es excesivo, porque al ampliar tal presencia fantasm&aacute;tica acaba por evaporarse. La biblioteca p&uacute;blica es as&eacute;ptica y esc&eacute;ptica en cuanto a las pasiones y obsesiones del propietario individual para conformar su biblioteca, por lo tanto, no obedece a un proyecto espec&iacute;fico de vida como una potencia onmiabarcadora de una porci&oacute;n de la realidad por medio de la posesi&oacute;n de una colecci&oacute;n espec&iacute;fica, sino que es un poliedro de visiones e intereses culturales y de conocimiento propio de las sociedades. Otros elementos distanciadores son los factores de tiempo y espacio: el tiempo en la biblioteca privada se dilata, es un remedo de la eternidad, donde conviven todos los tiempos a los que su propietario puede acceder y que le ofrecen sus libros en el momento que lo desee. En la biblioteca p&uacute;blica el tiempo se contrae, es un parpadeo fugaz que dura mientras el usuario hace uso del acervo durante su visita, tiempo que se cierra una vez que sale de la biblioteca. El espacio en la biblioteca privada es personal, &iacute;ntimo, no s&oacute;lo por la disposici&oacute;n con que la ha dispuesto f&iacute;sicamente su forjador, sino porque es un espacio para ser habitado perenne y permanentemente. Espacio del que ya no sale porque es presente y presencia para su propietario: la biblioteca se ha simbiotizado con su hogar, de hecho &eacute;sta se convierte en su hogar. Es el espacio id&oacute;neo donde convergen y fusionan los m&uacute;ltiples tiempos para fraguar la eternidad. Por su parte la biblioteca p&uacute;blica es un espacio de tr&aacute;nsito, de circulaci&oacute;n zigzagueante entre usuario, informaci&oacute;n y espacio arquitect&oacute;nico an&oacute;nimo. Las bibliotecas p&uacute;blicas son estaciones de paso de un viaje interminable y siempre renovado en el que no llega la estaci&oacute;n &uacute;ltima de destino. La biblioteca privada es el principio y fin del viaje: alfa y omega de una traves&iacute;a inm&oacute;vil.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Comoquiera que sea, ambas formas de bibliotecas representan los dos escorzos extremos de las posibilidades de ser de las bibliotecas. Entre una y otra caben multiplicidad de variantes y amalgamas. La expresa notabilidad del libro de Jacques Bonnet es que se abisma exclusivamente en uno de tales escorzos: el universo de las bibliotecas privadas; pero el periplo que sigue es de feliz recorrido. Por una parte es una erudita descripci&oacute;n de las bibliotecas privadas del mundo moderno, algunas de ellas de sus amigos y conocidos, o simplemente de aquellos de los que se ha informado en los libros. Y entre los pliegues de la informaci&oacute;n que brinda sobre esas bibliotecas privadas, se perfila la biograf&iacute;a de su propia biblioteca. Por otra parte J. Bonnet despliega una serie de agudas consideraciones reflexivas sobre las particularidades de las bibliotecas privadas, con lo que queda de manifiesto porqu&eacute; son bibliotecas llenas de fantasmas. Algo que es de resaltar a lo largo del libro de Bonnet es el coherente e impresionante oficio de lector del autor. Como lo expresa reiteradamente, para &eacute;l la biblioteca o, m&aacute;s exactamente, su biblioteca es antes que nada un &aacute;mbito destinado a la lectura: m&aacute;s all&aacute; de que como en toda biblioteca personal de vertiginoso y vasto acervo de libros no puedan ser le&iacute;dos la mayor&iacute;a de ellos, de hecho suscribir&iacute;a Bonnet que tales bibliotecas por muy personales que sean deben tener un amplio margen de libros para no ser le&iacute;dos, con ello se guarda el equilibrio entre lo le&iacute;do y por leer (lo que ser&iacute;a una contundente respuesta a la absurda e infaltable expresi&oacute;n de todos aquellos ne&oacute;fitos en el arte de construir bibliotecas privadas de: "&iquest;los has le&iacute;do todos?"). Esto a contramarcha de esas espec&iacute;ficas bibliotecas privadas signadas y destinadas prioritaria y privilegiadamente al coleccionismo ostentoso, reacio a cualquier tipo de lectura. Asimismo, ese af&aacute;n voraz de lectura se encuentra transido por el impulso libertario que ella brinda, como lo expresa Bonnet con clarividente ret&oacute;rica:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La lectura expande nuestra realidad forzosamente limitada, y nos permite penetrar en &eacute;pocas lejanas, en los corazones, las almas y las motivaciones de los hombres, as&iacute; como conocer costumbres ajenas, etc. &iquest;C&oacute;mo detenerse cuando se vislumbra la oportunidad de escapar de un mundo limitado? La libertad estaba al alcance de la mano, se trataba de leer, de leer m&aacute;s y m&aacute;s para poder seguir albergando la esperanza de escapar al propio destino.<sup><a href="#nota">1</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tal visi&oacute;n sobre la lectura nos muestra una paradoja: una biblioteca privada que <i>par excellence</i> es un espacio cerrado en el que se enclaustra su propietario se constituye un &aacute;mbito libertario. Cada libro le&iacute;do es un sello de visado que se estampa en el pasaporte de la libertad para que las barreras que aprisionan la mente y el esp&iacute;ritu se abran. De ah&iacute; que el libro <i>Bibliotecas llenas de fantasmas</i> sea tambi&eacute;n una alabanza a lo que puede hacer una biblioteca ha su propietario. Formar una biblioteca personal es, por tanto, una manera de salvaci&oacute;n aqu&iacute; en este mundo, por lo que el libro de Bonnet es asimismo una invitaci&oacute;n a que los lectores formen sus propias bibliotecas para que cada uno encuentre en ella la salvaci&oacute;n que le corresponde. Lo que no deja de ser un llamado te&ntilde;ido de nostalgia puesto que la tendencia actual debido a la oleada tecnol&oacute;gica es la contraria, prescindir de los libros de papel. Pero a&uacute;n con todo ello Bonnet enarbola su fe inquebrantable en el libro y la biblioteca como respuesta al reto de lo virtual que lanza Internet:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Curiosamente, la fuente infinita de informaci&oacute;n que es Internet no tiene para m&iacute; la misma aura m&aacute;gica que mi biblioteca. Estoy frente a un ordenador con el que puedo acceder a toda la informaci&oacute;n imaginable, m&aacute;s amo del tiempo y del espacio que nunca, y sin embargo me falta algo de &lt;&lt;divinidad&gt;&gt;. Es tal vez una cuesti&oacute;n carnal: hago mis investigaciones con la punta de los dedos, es algo exterior a m&iacute;, que pasa por una m&aacute;quina y una pantalla. Nada que ver con esas paredes tapizadas de libros que me s&eacute; &#45;casi&#45; de memoria. Por un lado tengo la sensaci&oacute;n de estar al mando de un fabuloso brazo articulado capaz de todas las proezas en el vac&iacute;o sideral exterior, por el otro de estar en el interior de un &uacute;tero cuyas paredes est&aacute;n tapizadas de estanter&iacute;as y cuyo arquetipo novelesco podr&iacute;a ser el <i>Nautilus.</i> Como se puede ver, no es una cuesti&oacute;n meramente racional.<sup><a href="#nota">2</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Despu&eacute;s de recorrer los distintos temas de que trata el libro en torno a las bibliotecas privadas y los entra&ntilde;ables fantasmas que las pueblan, la conclusi&oacute;n es clara: las bibliotecas privadas representan un universo amenazado pero que vale la pena conservar, porque en ellas late la cultura que nos ha formado y de la que a&uacute;n somos parte, la cultura impresa. Pero tambi&eacute;n puede ser el territorio en el que un individuo, un lector puede, como frente a un espejo, verse a s&iacute; mismo y saber qui&eacute;n es porque finalmente los fantasma que pueblan su biblioteca no son m&aacute;s que su otro rostro, el que expresa su m&aacute;s profundo ser. Libro vemos todos aquellos que tenemos que a su vez es un espejo en el que nos nuestra biblioteca personal.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="nota"></a>Notas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> p. 34.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> p. 118&#45;119.</font></p>      ]]></body>
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