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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>INFANTES, V&Iacute;CTOR. <i>Del libro &aacute;ureo.</i><i> </i></b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>por Idalia Garc&iacute;a</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Madrid: Calambur, 2006. 211 p. (Biblioteca Litterae 10). ISBN 84&#150;96049&#150;89&#150;2</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hay libros que pueden ser fascinantes o esclarecedores. Este que hoy presentamos es la suma de ambas caracter&iacute;sticas. Su autor, V&iacute;ctor Infantes, es un autor prolijo cuya obra nos ha acostumbrado a la presencia de los libros. Para algunos lectores esta presencia puede resultar toda una pesadilla; para otros, entre los que me incluyo, es como encontrarse con viejos amigos. En efecto, el doctor Infantes consigue este efecto a trav&eacute;s de sus cuidadosas l&iacute;neas en donde van apareciendo uno a uno esos libros,</font></p>     <blockquote>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">armado s&oacute;lo de palabras a la descripci&oacute;n imposible de una cosmolog&iacute;a donde habita (encerrados) los mundos que lo constituyen (p. 11).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A esta pr&aacute;ctica se suman las puntuales notas que acompa&ntilde;an todos sus trabajos, lo que nos permite armar un universo de relaciones posibles y una inevitable deuda con las lecturas. Hay que decir adem&aacute;s, que nuestro autor escribe con frases de enorme belleza que hacen de esta lectura casi un suspiro.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En esta ocasi&oacute;n, esos viejos libros son los protagonistas de los textos que se han reunido bajo el afortunado t&iacute;tulo <i>Del libro &aacute;ureo. </i>Si duda, debemos aplaudir esta decisi&oacute;n editorial por una raz&oacute;n principal: nos han ahorrado el trabajo de b&uacute;squeda y recuperaci&oacute;n de los textos del doctor Infantes publicados previamente en otros espacios, como actas de congresos y publicaciones peri&oacute;dicas. Son un total de diecis&eacute;is trabajos compilados, de los cuales los primeros seis est&aacute;n dedicados a la "Tipolog&iacute;a de la enunciaci&oacute;n literaria en la prosa &aacute;urea". Estos textos fueron publicados entre 1996 y 2004, en memorias de congresos. Los diez restantes, dedicados a diferentes tem&aacute;ticas sobre impresos antiguos, fueron publicados entre 1983 y el 2005, tanto en memorias de congresos, revistas especializadas y conmemoraciones.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Existe una frase del doctor Infantes en el liminar con el que inicia esta compilaci&oacute;n que nos invita a reflexionar y, que en lo personal se convirti&oacute; en un eje durante toda la lectura: nuestro autor dice que cuando hablamos de impresos antiguos</font></p>     <blockquote>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">incluso estamos seguros de que la identificaci&oacute;n autom&aacute;tica que establecemos entre su menci&oacute;n y su reconocimiento es incuestionable (p. 17).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nada m&aacute;s cierto tanto para aqu&eacute;l que trabaja en la custodia de libros antiguos, como para qui&eacute;n realiza investigaci&oacute;n disciplinar sobre esos objetos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estamos frente a un libro sobre libros, pero de aquellos publicados durante el Siglo de Oro, que son objetos materiales, de ah&iacute; que sea</font></p>     <blockquote>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">con el asentamiento del veh&iacute;culo impreso cuando se inicia el problema de identificarlos textos (p. 20).</font></p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero debemos precisar que a pesar de haber sido publicados con anterioridad, todos los textos se han organizado en siete cap&iacute;tulos de forma arm&oacute;nica. Estos son: "De la morfolog&iacute;a del libro de una arquitectura gr&aacute;fica", "De la titulaci&oacute;n", "De la primera letra", "Del formato", "De la representaci&oacute;n", "Del recuerdo", y finalmente "De los textos del libro".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El primero, de la morfolog&iacute;a (sobre la estructura de las palabras), es una forma de pr&oacute;logo en la que el autor consigue apresarnos a trav&eacute;s de una breve narraci&oacute;n en donde cada parte material de los libros se hace presente, como un horizonte que al tiempo nos coloca a este libro en concreto frente a nosotros, sus lectores. As&iacute;, nos explica como los trabajos se han reunido hermanados edificando un nuevo libro, "libres de reformas posteriores para remachar sus soldaduras" (p. 12). Los textos se han impreso "con las licencias necesarias" de las que tenemos cuenta por su procedencia y, ahora gracias al empe&ntilde;o de Emilio Torn&eacute;.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El cap&iacute;tulo segundo "de la titulaci&oacute;n", aborda el problema de la identificaci&oacute;n como g&eacute;nero literario. Nombrar a los objetos de la imprenta manual, tanto desde nuestra perspectiva moderna como desde quienes los produjeron y comercializaron, es tratar con diferentes percepciones entre la reconstrucci&oacute;n que intentamos hacer de una cultura libresca y una realidad materializada en libros que debemos admitir. Como nos dice el Dr. Infantes,</font></p>       <blockquote>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">probablemente la mejor manera de iniciar una relaci&oacute;n cr&iacute;tica con una obra es la de mencionarla o conocerla por su verdadero nombre (p. 25).</font></p>   </blockquote>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De esta manera comienza el an&aacute;lisis de las palabras que se emplearon para titular las obras de la literatura &aacute;urea. La primera de &eacute;stas es "libro", ya sea como titulo ofrecido en la portada, en el colof&oacute;n o en la terminaci&oacute;n. Sin embargo este nombre refiere a textos con una cierta extensi&oacute;n como noci&oacute;n de una estructura formal y literaria, pero tambi&eacute;n a la idea de libro como divisi&oacute;n de las partes de una obra. A partir de la presentaci&oacute;n de algunos ejemplos de este tipo nombramiento, nuestro autor se pregunta si existe un g&eacute;nero literario que se llame libro. La respuesta que nos ofrece es que no, porque no parece haber uniformidad y ni coherencia en esta titulaci&oacute;n, que dio nombre a tantos textos del pasado.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La siguiente palabra de an&aacute;lisis es "cr&oacute;nica", de la cual hay testimonios abundantes. Esta denominaci&oacute;n se emple&oacute; para libros que narran hechos hist&oacute;ricos, pero no solamente ya que tambi&eacute;n se uso en textos literarios. De esta manera el autor nos dice que esta palabra sirve para "rotular cualquier tipo de historia" (p. 39). Por lo cual, tampoco permite agrupar obras con caracter&iacute;sticas comunes o significativas. Y as&iacute; da lugar a la presencia de numerosos ejemplos de estos libros, para mostrar la serie de obras que con este nombre pretenden diferenciarse de otras similares, en un intento de hacia una tradici&oacute;n hist&oacute;rica y menos literaria. La aplicaci&oacute;n de un rotulo que identifica un texto, fue tambi&eacute;n labor de impresores y editores, pero es el lector qui&eacute;n otorga un rango literario.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otra palabra de an&aacute;lisis de la titulaci&oacute;n es "historia". El estudio, cinco a&ntilde;os posterior al primero, reconoce que</font></p>     <blockquote>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">la realidad no es siempre como nosotros queramos que sea y algo hay que atender a la objetividad de lo que la propia &eacute;poca se empe&ntilde;&oacute; en dejarnos expuesto (p. 51).</font></p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como en los anteriores, el uso del sustantivo, ofrece numerosas interpretaciones tanto de quienes lo escriben como de quienes lo leen. Desde esta perspectiva debemos diferenciar la historia de los hechos acaecidos y la historia en el &aacute;mbito religioso. Para ejemplificar esta forma de titulaci&oacute;n, el autor vuelve a presentarnos un n&uacute;mero considerable de libros antiguos, de ambos casos (el propiamente hist&oacute;rico y el religioso), que le sirven para explicar c&oacute;mo el t&eacute;rmino es empleado para aclarar el contenido de una obra, siempre que se considere m&aacute;s informaci&oacute;n que la portada en s&iacute; misma.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El texto dedicado a la palabra de titulaci&oacute;n "tratado", nos indica que casi ning&uacute;n texto de ficci&oacute;n fue rotulado as&iacute;, pero que esta palabra es empleada para designar un texto en prosa que se encuentra m&aacute;s en los documentos preliminares. Pero al igual que con los anteriores, los ejemplos mostrados sirven para mantener la postura de que las titulaciones no son empleadas de forma unitaria, pero que se emplean para denominar textos en prosa, literarios o no. As&iacute; la menci&oacute;n de tratado denomina a un tipo de obra, pero se utilizara acompa&ntilde;ado de una especificaci&oacute;n "literaria" de la materia que ocupa la obra, bien sea una referencia geogr&aacute;fica, bien sea la menci&oacute;n del personaje principal, o por su forma de cerrar: "aqu&iacute; termina este tratado" (p. 74)</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La &uacute;ltima forma de titulaci&oacute;n que ocupa las preocupaciones de investigaci&oacute;n del Dr. Infantes presentadas en este texto es "cuento". Es aqu&iacute; donde el autor nos habla de la complejidad de la investigaci&oacute;n que realiza, ya que debe localizar todos los textos, tanto manuscritos como impresos, para cotejarlos y leerlos, y s&oacute;lo as&iacute; buscar similitudes o caracter&iacute;sticas comunes que le permitan constituir un g&eacute;nero literario de las obras acogidas bajo una titulaci&oacute;n concreta. Esta titulaci&oacute;n de "cuento" es la que resulta m&aacute;s compleja porque ya hab&iacute;a sido analizado con anterioridad debido a la numerosa presencia de este tipo de obras, frente a las ya citadas. Por esa raz&oacute;n existen problemas concretos a saber para este estudio: la primera es una necesaria conceptualizaci&oacute;n diferente porque el t&iacute;tulo permite una tipificaci&oacute;n gen&eacute;rica con variantes ret&oacute;ricas. Cuesti&oacute;n que no pasaba con libro, cr&oacute;nica o tratado.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El segundo problema es la denominaci&oacute;n que es absolutamente uniforme; el tercero es la habitual brevedad de las obras por lo que son incluidas insertas en otras cuyos contextos pueden ser bien diferentes. La pretensi&oacute;n del autor es encontrar aquellos que existen de forma aislada e independiente. Si bien son testimonios escasos, pero representativos de una forma editorial concreta en b&uacute;squeda de lectores. Nuevamente nuestro autor trae a escena varios ejemplos. Tanto excepciones a la regla como confirmaciones a la misma, que ayudan a ser comprensibles sus conclusiones: que los libros solamente existen cuando los nombramos y que esta acci&oacute;n, es una forma de conocerlos y al mismo tiempo de reconocerlos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El siguiente texto de esta compilaci&oacute;n est&aacute; dedicado a un elemento decorativo del impreso antiguo: las capitulares (denominadas iniciales en la literatura espa&ntilde;ola), y la certeza de la existencia de alfabetos completos como una serie de escenas continuas. El autor se interesa por las que ha tenido a bien denominar como "letras con historia", en tanto que refieren a hechos tem&aacute;ticos secuenciales con un argumento o una historia continua. Estas letras ocupan la primera forma visual de la escritura con la que un lector se encuentra. Sin embargo el destino de muchas de estas series de letras no ser&aacute; la unidad, sino la dispersi&oacute;n "entre los bosques impresos de los libros espa&ntilde;oles" (p. 97).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El texto muestra estas islas que pudieron haber formado parte de un continente narrativo, pero muchas son "letras sin historia" que permitir&iacute;an armar una compilaci&oacute;n de todas ellas, que ser&aacute;n gradualmente sustituidas por las may&uacute;sculas (o capitales). Para sistematizar la b&uacute;squeda de tan particular informaci&oacute;n, nuestro autor sugiere cuatro planteamientos: Identificaci&oacute;n efectiva de que se trata de un alfabeto secuencial; fechas de aparici&oacute;n y transmisi&oacute;n en el tiempo, aisladas o en su conjunto; la t&eacute;cnica de construcci&oacute;n, factura y tama&ntilde;o, as&iacute; como la tipolog&iacute;a y motivos del argumento; y finalmente, lugar de inclusi&oacute;n en el libro impreso y posible relaci&oacute;n de contenido.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A partir de estas consideraciones, el autor nos ofrece una primera selecci&oacute;n de los testimonios compilados por orden cronol&oacute;gico en donde veremos nuevamente la presencia de numerosos libros antiguos que se relacionan unos con otros, as&iacute; como con aquellos textos modernos que los han integrado o mostrado en su an&aacute;lisis. En esta selecci&oacute;n veremos descripciones de esas letras con sus medidas correspondientes, as&iacute; como la referencia de los otros impresos antiguos en donde han aparecido y la posible familia del alfabeto al que corresponden. El autor cierra este texto ofendiendo una completa relaci&oacute;n bibliogr&aacute;fica dedicada al tema que, sin duda, servir&aacute; para orientar a quienes se interesen en esta tem&aacute;tica iconogr&aacute;fica.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El siguiente texto est&aacute; dedicado al formato, empezando por el an&aacute;lisis de los impresos de una sola hoja que se produjeron en los primeros tiempos de la imprenta. Aqu&iacute; es en donde el autor nos precisa que toda p&aacute;gina de un libro debemos traducirla en hoja impresa, porque esto nos ayuda a entender c&oacute;mo la decisi&oacute;n del formato en la impresi&oacute;n es previa al resultado. Esta caracter&iacute;stica, solemos obviarla y olvidarla y se trata de una </font></p>     <blockquote>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">distribuci&oacute;n geom&eacute;trica encaminada a calcular el papel necesario, los costes de producci&oacute;n, las horas de trabajo, y dem&aacute;s operaciones pr&aacute;cticas imprescindibles para confeccionar un libro (p. 113).</font></p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En especial son importantes estas l&iacute;neas porque destacan la dificultad de trabajar con las hojas impresas, que no son parte de una unidad sino que &eacute;stas mismas son esa unidad.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por su caracter&iacute;stica material, se han conservado pocos ejemplares de estas hojas, cuyo destino no ha sido siempre tan afortunado como un libro que se conserva dentro de una biblioteca. De ah&iacute; la dificultad de realizar un inventario de una producci&oacute;n que nuestro autor denomina como "obritas" y cuya finalidad era transmitir un mensaje ic&oacute;nico y textual. Son textos breves y con una pertinencia informativa que se realizan para ser conocidos. Desde el siglo XV, se publican numerosas hojas impresas, pero a partir del siglo XVI ser&aacute;n miles de hojas que son un testimonio de la representaci&oacute;n tipogr&aacute;fica interesante para la historia cultural.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estos testimonios tambi&eacute;n son interesantes por su conservaci&oacute;n, que es el resultado afortunado de alg&uacute;n coleccionista an&oacute;nimo, que van apareciendo poco a poco como una sorpresa. Son tan variadas en sus contenidos estas hojas, que nos informan sobre el precio del pan, el decoro de los vestidos, el control de las armas, entre otros aspectos de conocimiento p&uacute;blico. Representan una permanencia de la palabra real, legal y eclesi&aacute;stica que muy a menudo son ignorados en los repertorios bibliogr&aacute;ficos. Sobre esto el autor se pregunta bajo qu&eacute; t&eacute;rminos puede indagarse sobre una unidad bibliogr&aacute;fica que habitualmente no tiene un t&iacute;tulo que lo nombre. Esas hojas evolucionar&aacute;n hacia los pliegos sueltos con caracter&iacute;sticas propias y singulares que se mantendr&aacute;n durante casi cuatro siglos. La decisi&oacute;n editorial que origin&oacute; estos testimonios tipogr&aacute;ficos fueron la base de todo libro impreso y muestran la cultura letrada de una &eacute;poca.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este libro, integra tambi&eacute;n un texto dedicado a uno de los formatos m&aacute;s comunes en el libro antiguo: el octavo. Este es el resultado de la decisi&oacute;n tomada por Aldo Manucio en 1501 para una impresi&oacute;n de las obras de Virgilio. Con esta noticia da inicio el Dr. Infantes al texto dedicado al formato que hizo posible trasportar un libro a pr&aacute;cticamente cualquier sitio. Con este cambio editorial la lectura de atril encerrada en un espacio definido, se hace m&aacute;s p&uacute;blica. Ahora bien resulta importante porque como nos indica nuestro autor</font></p>     <blockquote>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">el formato de los libros, el primer contacto visual con su representaci&oacute;n, derivan de los tama&ntilde;os de papel y de los dobleces que se efect&uacute;an sobre el pliego base (139).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde el siglo XVI el formato base de los libros fuel el cuarto, un &uacute;nico pliego doblado cuyo resultado son ocho p&aacute;ginas, y que se corresponde con los denominados pliegos sueltos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El pen&uacute;ltimo texto est&aacute; dedicado a la representaci&oacute;n de la imagen impresa. Sobre esto el autor nos recuerda que en nuestra realidad de estudio, el texto se hace presente y lo aprehendemos s&oacute;lo a trav&eacute;s de su representaci&oacute;n gr&aacute;fica y de su forma expl&iacute;cita. A trav&eacute;s de &eacute;stas nos llega un texto, no siempre de la misma forma y, desde luego, de forma consecutiva. El estudio se hace todav&iacute;a m&aacute;s rico si contamos con la posibilidad de estudiar el manuscrito que ser&aacute; convertido en un libro impreso para observar las transformaciones y ordenamiento de un texto, las correcciones y versiones del mismo, as&iacute; como la continuidad de un discurso. El lector es quien recibe este texto estructurado de una cosmograf&iacute;a que necesita de un autor alfabetizado. Es necesario recuperar esa mancha gr&aacute;fica como una geograf&iacute;a concebida para un lector y que s&oacute;lo de esta manera ser&aacute; interpretado a trav&eacute;s del entendimiento.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Todos los lectores tienen preferencia sobre una obra, la m&iacute;a no es una excepci&oacute;n. Es la &uacute;ltima parte del libro que est&aacute; dedicada a la memoria de los libros impresos: el inventario. Aqu&iacute;, nuestro autor nos recuerda que se trata de instantes fugaz de una existencia. A partir de aqu&iacute;, el Dr. Infantes nos conduce a analizar las formas en que los inventarios de bibliotecas antiguas se han estudiado, como la publicaci&oacute;n de los mismos y en ocasiones el estudio m&aacute;s o menos pormenorizado de los libros que ah&iacute; fueron registrados. De ah&iacute; que nos invite a considerar que en estos estudios debemos realizar una transcripci&oacute;n adecuada, una clasificaci&oacute;n y una tipolog&iacute;a documental, cuantitativa y referencial.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este texto incluye una reflexi&oacute;n por dem&aacute;s interesante: la pregunta sobre la ausencia de ciertos libros en los inventarios de las bibliotecas antiguas. En este apartado el autor nos proporciona una clasificaci&oacute;n "abierta y provisional" (p. 174) que considera a la biblioteca pr&aacute;ctica, la biblioteca profesional, la biblioteca patrimonial y la biblioteca museo. Pero tambi&eacute;n nos invita a reflexionar sobre la pertinencia de denominar "inventario de biblioteca" a lo que deber&iacute;amos nombrar como "inventario de libros", puesto que las ausencias est&aacute;n presentes y son palpables lo que nos conduce a reflexionar sobre lo que no se ha registrado y las razones por las que no se hizo, como la biblioteca prestada, devaluada o la silenciada.</font></p>     ]]></body>
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