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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>BOLLMANNN, STEFAN. Las mujeres, que leen, son peligrosas. </b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b><i>Por Elsa Ram&iacute;rez Leyva</i></b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Prol. Esther Tusquets. Trad. Ana Kosutic Madrid: Maeva Ed., 2007. 4<sup>a</sup> ed., 152 p.</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Obra del autor alem&aacute;n Stefan Bollmannn, quien ha cultivado diversas disciplinas human&iacute;sticas como la filolog&iacute;a, la historia y la filosof&iacute;a, pero tambi&eacute;n la literatura, la poes&iacute;a y el teatro, adem&aacute;s de ser especialista en la obra de Thomas Mann y haber incursionado en la actividad editorial, afinidad que comparte con la prologuista catalana Esther Tusquets, directora por varias d&eacute;cadas de Editorial Lumen y autora de novelas, algunas sobre feminismo, quien en el pr&oacute;logo problematiza el t&iacute;tulo de la obra del que dependen algunas preguntas que desarrolla para concluir que el libro es para la mujer un objeto con el que establece una singular relaci&oacute;n entretejida de prohibiciones, aprobaciones y reincorporaciones.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Las mujeres, que leen, son peligrosas </i>es definida por su autor como una historia ilustrada sobre las mujeres lectoras de diversas &eacute;pocas, desde la Edad Media hasta principios del presente siglo XXI, pero no cumple con las caracter&iacute;sticas de un trabajo hist&oacute;rico y es m&aacute;s bien una propuesta para crear un museo imaginario. Esta obra plasma de alguna manera, el deseo de varios de nosotros, coleccionistas de reproducciones de pinturas, literatura y pel&iacute;culas que hemos tenido la idea de producir una obra que conjugue las condiciones del texto y la imagen sobre las trayectorias del libro y la lectura. Y, tambi&eacute;n, para quienes nos hemos preguntado por qu&eacute; diversos pintores y escultores de diferentes &eacute;pocas han tomado como modelo a mujeres en el acto de lectura o, con un libro en la mano o, pr&oacute;ximas a libros, ya sea en estado de reflexi&oacute;n, enso&ntilde;aci&oacute;n o con una expresi&oacute;n de placer, en algunos caso cercana al goce er&oacute;tico.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El t&iacute;tulo seleccionado por Bollmannn es muy sugestivo y encierra una intenci&oacute;n sarc&aacute;stica para el Siglo XXI que es precisamente la preocupaci&oacute;n contraria, los peligros de no leer. M&aacute;s all&aacute; de esto el t&iacute;tulo bien puede considerarse una tesis sobre el temor que prevaleci&oacute; durante siglos en el imaginario social y que todav&iacute;a existe en algunas culturas, respecto del poder emancipador de la lectura, capaz de extraviar a los lectores de la norma moral, en particular entre criaturas poseedoras de un "escaso poder de raciocinio y de fr&aacute;gil voluntad". Tusquets ilustra esta idea con la recomendaci&oacute;n de Juan Luis Vives (1523) dirigida a los padres y maridos para que no les permitieran a sus hijas y esposas leer libremente: "Las mujeres no deber&iacute;an seguir su propio juicio, puesto que tienen tan poco". No olvidemos que la lectura, en especial en el medioevo, era considerada como una forma de di&aacute;logo con la divinidad, derecho que pertenec&iacute;a en exclusividad a los hombres. De esta manera la lectura femenina se fue abriendo paso s&oacute;lo a trav&eacute;s de lecturas religiosas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bollmannn ilustra la trayectoria de la lectura femenina con un conjunto de pinturas y fotograf&iacute;as de mujeres, j&oacute;venes y ni&ntilde;as que apoyan su argumentaci&oacute;n sobre la lectura como fuente estimuladora de placer y as&iacute; aparece en la obra del siglo XVII titulada <i>Los placeres de la vida privada, </i>del pintor J.P. Simeon Chardin con la que se inicia la trayectoria de las lectoras; esta pintura representa las actividades de diversi&oacute;n y ocios de la alta sociedad. En primer plano se observa una mujer c&oacute;modamente sentada con un libro que sostiene con una mano sobre su regazo, mientras que al fondo se aprecia un anaquel con libros y, aparte, una olla y una rueca que aluden a oficios propios del sexo femenino. Pero precisamente en los siglos XVII y XVIII las mujeres lectoras de novelas se multiplicaron hasta considerar esa afici&oacute;n como un furor; la lectura de literatura lleg&oacute; a ser calificada como afici&oacute;n libertina y nociva, parecida a la peste y que incluso podr&iacute;a provocar riesgos graves o una calamidad y una desgracia para los hombres y las familias, pues pod&iacute;a significar la p&eacute;rdida de las virtudes femeninas, entre ellas la sumisi&oacute;n; o podr&iacute;a implicar una regresi&oacute;n a los vicios aristocr&aacute;ticos. Incluso lleg&oacute; a relacionarse la lectura con males org&aacute;nicos, dado que un prolongado sedentarismo podr&iacute;a ser la causa de obstrucciones y oclusi&oacute;n intestinales y flatulencia, o afectar la salud sexual puesto que daba a veces lugar al onanismo. No obstante estos presagios y prejuicios, la lectura femenina tom&oacute; cada vez m&aacute;s fuerza y en el siglo XIX encontr&oacute; las condiciones propicias para expandirse en un entorno donde la alfabetizaci&oacute;n y la educaci&oacute;n se convirtieron en derechos impulsados por los gobiernos occidentales ilustrados para todos los ciudadanos y ciudadanas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La trayectoria ilustrada de las lectoras que propone Bollmannn est&aacute; construida en un eje diacr&oacute;nico que abarca desde 1333 hasta el 2001, en tanto el eje sincr&oacute;nico, lo representan los cambios que constituyen hitos en las pr&aacute;cticas de lectura de las mujeres de acuerdo con determinadas circunstancias que el autor circunscribe en una s&iacute;ntesis de cada &eacute;poca. La introducci&oacute;n constituye, &#151; adem&aacute;s de un marco argumentativo en el cual entrelaza temas sobre lecturas peligrosas, lecturas silenciosas, lecturas femeninas, lectura an&aacute;rquica, lectura en la cama y la intimidad de  &#151; una gu&iacute;a, parecida a las c&eacute;dulas informativas de los museos para que el lector/espectador analice e interprete las im&aacute;genes. Bollmann se propuso crear un museo imaginario por donde deambular libremente entre salas tem&aacute;ticas que revelaran la metamorfosis de las pr&aacute;cticas lectoras de las mujeres. As&iacute;, podr&iacute;amos pensar en una estructura en forma de salas tem&aacute;ticas. La primer sala <i>El lugar del verbo. Lectoras llenas de gracia, </i>aparece entre otras, la pintura de Simone Martini, <i>Anunciaci&oacute;n, </i>en donde por primera vez la Virgen Mar&iacute;a aparece con un libro de horas en la mano y su dedo pulgar marcando la p&aacute;gina aludiendo a la detenci&oacute;n moment&aacute;nea de la lectura ante la llegada del &aacute;ngel. Ya antes se hab&iacute;a pintado esta escena pero sin el libro. En este caso la pintura presenta una Mar&iacute;a inteligente que practica la lectura propia de las pocas mujeres ilustradas de la Edad Media tard&iacute;a. A partir de entonces comienza a aparecer en varias de las pinturas la virgen Mar&iacute;a y otras santas con libros en la mano.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la segunda sala tenemos <i>Momentos &iacute;ntimos. Lectoras hechizadas. La lectura encuentra espacios de soledad, en donde empieza a aparecer la lectura silenciosa, </i>es decir, un respeto por los espacios femeninos, tambi&eacute;n la correspondencia se introduce como una lectura que se hace a solas, lo que podemos observar en diferentes pinturas. La tercera sala est&aacute; destinada a <i>Residencias de placer. Lectoras seguras de s&iacute; mismas. </i>En el siglo XVIII aparece una sociedad en la cual el placer se va legitimando en tanto se va reafirmando el individualismo, lo que se aprecia en las pinturas de mujeres relajadas que se han apropiado del libro y de la pr&aacute;ctica lectora intima.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La cuarta sala est&aacute; destinada a <i>Horas de &eacute;xtasis. Lectoras sentimentales. </i>Posiblemente la sensibilidad femenina fue relacionada con los sentimientos, por lo que la literatura destinada a este grupo ten&iacute;a el prop&oacute;sito de exaltarlos y provocar identificaciones con los personajes literarios como una manera de propiciar una vinculaci&oacute;n emotiva. (Recurso que han seguido la radio y las telenovelas). La emotividad aparece representada en las pinturas mediante un lenguaje corporal, por ejemplo la mano sobre el coraz&oacute;n, lectoras abrazadas con su pareja o con un ni&ntilde;o. En la quinta sala encontramos el tema <i>La b&uacute;squeda de s&iacute; misma. Lectoras apasionadas. </i>La actividad editorial produce obras sobre amores dram&aacute;ticos que favorecen la identificaci&oacute;n con determinados personajes, llegando en algunos casos a traslaparse la literatura con la vida misma; entonces el sufrimiento aparece como una forma de placer. Precisamente los cuadros seleccionados para esta sala capturan esas actitudes y logran en algunos casos lectoras totalmente imbuidas en el texto. La sexta sala dedicada a <i>Peque&ntilde;as escapadas. Lectoras solitarias, </i>nos ubica en el siglo XX, un parteaguas en la producci&oacute;n masiva del libro: m&aacute;s barato y por tanto m&aacute;s accesible, pero en la medida que avanza el siglo surgen fuertes competidores: radio, cine, televisi&oacute;n, computadoras, y en este contexto las lectoras ganan terreno y superan al g&eacute;nero masculino, lectoras extensivas y no s&oacute;lo de novelas, ahora buscan en los libros respuestas a nuevas inquietudes diferentes a las de sus cong&eacute;neres de siglos anteriores. Las pinturas y algunas fotograf&iacute;as muestran mujeres emancipadas; no por casualidad el autor decide cerrar esta sala con una foto de Marilyn Monroe en bikini leyendo las &uacute;ltimas p&aacute;ginas, nada menos que de ese dif&iacute;cil texto de Joyce que es el <i>Ulises. </i>Esta foto suscit&oacute; dudas en Tusquets acerca de la afici&oacute;n de la actriz por ese tipo de lecturas, y le pregunt&oacute; a la fot&oacute;grafa acerca de la veracidad de la inclinaci&oacute;n de la Monroe por ese autor.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La contribuci&oacute;n novedosa de esta obra no es su contenido hist&oacute;rico, por las razones mencionadas al principio, sino la conjunci&oacute;n de cuatro trayectorias: la lectura, el libro, el placer y las mujeres, que Bollmann entreteje para representarlas en el texto, pero principalmente en la imagen. Las obras seleccionadas por el autor nos permiten efectuar una lectura est&eacute;tica y placentera. M&aacute;s bien el m&eacute;rito del autor es haber abierto una l&iacute;nea creativa que podr&iacute;a desarrollarse y profundizarse en una historia ilustrada que inaugurar&iacute;a los modos de ver la lectura desde otra perspectiva, la ic&oacute;nica, que nos obligar&iacute;a a aprender la lectura semi&oacute;tica para construir sentidos y significados a fin de formular interpretaciones m&aacute;s ricas sobre los objetos de estudio de la bibliotecolog&iacute;a. Este texto puede ser un complemento did&aacute;ctico sobre la historia del libro, la lectura, as&iacute; como para el estudio de algunos aspectos de la bibliotecolog&iacute;a sociol&oacute;gica, la lectura y el an&aacute;lisis de contenido de im&aacute;genes; y, desde luego, para una lectura placentera.</font></p>      ]]></body>
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