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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La frontera indómita. En torno a la construcción y defensa del espacio poético]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>MONTES, GRACIELA. <i>La frontera ind&oacute;mita. En torno a la construcci&oacute;n y defensa del espacio po&eacute;tico</i></b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>por Graciela Leticia Raya Alonso</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>M&eacute;xico, FCE, 2001.</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuantas veces hemos escuchado las frases: "No tengo tiempo para leer" o "No me gusta leer". Y es que para el joven escolar la lectura en la mayor&iacute;a de los casos representa una m&aacute;s de sus tediosas obligaciones escolares, mientras que, por lo general, para el adulto no es sino una forma de perder el tiempo, excepto claro cuando se trata de lecturas "serias" abocadas al estudio de un campo de conocimiento espec&iacute;fico. Pocas son las personas que, sin importar el tiempo ni las obligaciones, siguen disfrutando de la oportunidad de conocer otros mundos, de viajar por el tiempo, de enfrentarse a una realidad construida a partir de la imaginaci&oacute;n; es decir, de gozar con la lectura. Ante esto surge la pregunta: &iquest;existe alguna raz&oacute;n que determine el gusto por la lectura? La lectura no es una actividad que pueda disfrutarse por decreto, tiene que aprenderse a lo largo de la vida y llegado el momento transmitirse, y cuando logramos aprehender la lectura, se la obsequiamos amorosa y naturalmente al ni&ntilde;o, quien al percibir el gusto con que el adulto recrea ese mundo maravilloso, que en primera instancia se encuentra en los cuentos, la recibe abiertamente, e incluso la exige diariamente como un ritual que d&iacute;a a d&iacute;a hace aparecer y desaparecer h&eacute;roes y piratas, brujas y princesas, animales encantados y hombres desencantados, y poco a poco comprende y va siendo parte de ese c&oacute;digo, a&uacute;n secreto para &eacute;l, que son las palabras y r&aacute;pidamente descubre otros significados en los dibujos. As&iacute;, para cuando domina la t&eacute;cnica de la lectura ya se ha convertido en un lector voraz que, sin importar el rumbo que tome su vida, tarde o temprano retomara, porque el adulto que ha hecho de la lectura parte de su vida cuenta con un tesoro secreto que al revel&aacute;rselo al ni&ntilde;o lo lleva de retorno a su propia infancia, a ese pa&iacute;s imaginario con el que alguna vez se encontr&oacute;. Este mundo secreto de la lectura es precisamente lo que Graciela Montes nos revela a lo largo de sus breves pero gratos ensayos que a pesar de su aparente ligereza encierran significados profundos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La <i>frontera ind&oacute;mita </i>nos introduce en primer lugar en ese espacio natural para el ni&ntilde;o y generalmente olvidado por el adulto: el mundo de la fantas&iacute;a y la imaginaci&oacute;n, construido a trav&eacute;s del art&iacute;fice de la escritura y reconstruido una y otra vez por medio de la lectura. Espacio en que se entremezcla la realidad con la ficci&oacute;n y que requiere de nuestra complicidad para poder existir. Se trata de un juego entre la escritura y la lectura, entre el escritor y el lector, juego en el que Graciela Montes nos va metiendo desde la primera p&aacute;gina, y es que &iquest;c&oacute;mo resistirse al encanto de Sherezada, esa contadora y creadora de cuentos. Igual que Scherezada, la autora nos seduce cont&aacute;ndonos un cuento que sin apenas advertirlo nos traslada de inmediato al mundo de la infancia. Traslaci&oacute;n indispensable porque el cuento, por excelencia forma parte del universo infantil, un mundo donde el juego es la actividad m&aacute;s seria del ni&ntilde;o, espacio atemporal regido por sus propias reglas y donde el ni&ntilde;o es capaz de vivir tanto o m&aacute;s intensamente que en el mundo real, el mundo del adulto.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Separaci&oacute;n pertinente de estos mundos porque a lo largo de los ensayos se encuentran presentes dos ideas fundamentales: la infancia como categor&iacute;a cultural y la cultura como mediadora entre el mundo real (propio del adulto) y el mundo de la ficci&oacute;n (no necesariamente infantil). Problemas que el escritor, el editor y el propio lector deben enfrentar cuando deciden hacer de la literatura parte de su existencia vital, porque la escritura y la lectura van m&aacute;s all&aacute; de los l&iacute;mites que la cultura pueda establecer. Problem&aacute;tica que para Graciela Montes est&aacute; claramente ejemplificada en torno a la censura, la utilidad y la segmentaci&oacute;n que establece el sistema escolarizado vigente, y que puede hacer de la escritura un falso manual de valores morales y reglas sociales siempre cambiantes y adaptables al tiempo presente. Esto se ejemplifica con la frivolidad con que algunas campa&ntilde;as (mal dise&ntilde;adas) han tratado de simplificar el acto de la lectura, cuando en realidad leer implica un esfuerzo, una disposici&oacute;n y un reto que poco se identifica con las necesidades de un mercado enfocado a las ventas y no a la calidad.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De all&iacute; la llamada de atenci&oacute;n presente en estos ensayos para tratar de recuperar la escritura&#150;lectura como creaci&oacute;n, como ese espacio po&eacute;tico que la autora, siguiendo a Arist&oacute;teles, considera que se encuentra justo en el filo entre lo real y lo imaginario, eso que sin ser "verdad" tampoco puede considerarse una "simple" ficci&oacute;n porque se trata de cuestiones veros&iacute;miles, f&aacute;cilmente perceptibles por el ni&ntilde;o quien al escuchar, leer o visualizar una historia la cree sin chistar, y que para el adulto resulta de inmediato cuestionable e inaceptable. Por eso la insistencia en la necesidad de renovar el pacto de ficci&oacute;n durante el espacio de lectura, de participar activamente no s&oacute;lo creyendo temporalmente en la historia que nos es contada, sino haciendo uso de la propia imaginaci&oacute;n para, como Sherezada, liberarnos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La lectura, nos deja claro la autora, es un juego que nos permite ensanchar las fronteras y no solamente escapar de la realidad, y para ello Graciela Montes nos va dando poco a poco las pautas para recomenzar el camino donde el cuento es la principal herramienta, pues en &eacute;l se encuentran todos los elementos clave para reactivar la imaginaci&oacute;n y para, como hace el ni&ntilde;o, encontrar nuevos y sorprendentes significados m&aacute;s all&aacute; de esa <i>frontera ind&oacute;mita</i>. Para esto Montes se apoya en el psicoanalista heterodoxo Donald Winnicott, para quien existe un espacio o <i>tercera zona </i>(donde interact&uacute;an otras dos: la subjetiva y la objetiva), territorio aut&oacute;nomo que, aunque se encuentra presente en la literatura, cada quien debe construir aceptando constantemente ese pacto de lectura. Tercera zona que se caracteriza por ser el &aacute;mbito privilegiado del juego, de la creatividad y del erotismo, &aacute;mbito donde la corporeidad se recrea con la cultura y el conocimiento, por lo que la lectura se convierte tambi&eacute;n en un evento de los sentidos, es decir, del cuerpo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El mensaje de fondo que subyace en este delicioso texto de Graciela Montes es que la aut&eacute;ntica literatura, la que no est&aacute; sujeta a ordenamientos morales, leyes de mercado ni valores socialmente establecidos, crea un <i>espacio po&eacute;tico </i>al que podemos acceder mediante la lectura. Si logramos superar nuestras propias barreras, a las que estamos atados por nuestra personal (e impuesta) percepci&oacute;n de la realidad, y nos reencontramos con el infantil placer perdido de la lectura, podremos transitar y construir nuestro propio <i>espacio po&eacute;tico</i>.</font></p>      ]]></body>
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