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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="Verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="Verdana" size="4"><b>PIGLIA, RICARDO, <i>El &uacute;ltimo lector</i></b><i> </i></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>por H&eacute;ctor Guillermo Alfaro L&oacute;pez</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="Verdana" size="3"><b>Barcelona, Anagrama, 2005.</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#191;Qu&eacute; es un lector? La pregunta es ardua y compleja. De m&uacute;ltiples maneras se ha tratado de contestarla por quienes reflexionan sobre el acto de la lectura en s&iacute; mismo. Aunque hay que precisar que no todos los lectores se plantean tan "anormal" pregunta, de hecho la mayor&iacute;a de ellos, inclusive los m&aacute;s enviciados con la lectura, en muy escasos momentos, y quiz&aacute; en ninguno, se plantean &#191;qu&eacute; es un lector? Pregunta que por derivaci&oacute;n impl&iacute;cita podr&iacute;a plantearse &#191;qu&eacute; soy yo como lector? Ante tal escasez de planteamientos que se hacen sobre tal pregunta se podr&iacute;a argumentar aquello que se&ntilde;ala que el ojo no se ve a s&iacute; mismo; de manera an&aacute;loga puede decirse que el lector se dedica a leer, no a verse a s&iacute; mismo a trav&eacute;s del acto de la lectura. Pero semejante analog&iacute;a no es operativa puesto que debido a las caracter&iacute;sticas inherentes al actode leer, queda potencialmente abierta la puerta para plantear esa pregunta: el ver es un acto de percepci&oacute;n y el leer un acto de intelecci&oacute;n; cuando se lee no s&oacute;lo se ve sino que principalmente se lleva a cabo un complejo proceso intelectivo. Ese mismo despliegue intelectivo que conlleva la pr&aacute;ctica de la lectura hace que en una determinada fase el proceso de descodificaci&oacute;n e interpretaci&oacute;n del contenido de un texto, el lector pueda girar sobre s&iacute; mismo; esto es, de llevar a cabo un acto de reflexi&oacute;n para plantearse &#191;qu&eacute; es un lector? La mayor&iacute;a de los lectores se contentar&aacute; con simplemente llevar a cabo su lectura "como Dios manda", pero unos cuantos lectores, y sobre todo aquellos cuya curiosidad o necesidad de conocimiento e investigaci&oacute;n les lleva m&aacute;s lejos, se plantean esa pregunta. Frente a esta anomal&iacute;a cabe hacer una pregunta &#191;Por qu&eacute; no conformarse con llevar a cabo el simple acto de la lectura, que en todo esto es lo m&aacute;s importante (de hecho si no se lee, si no existiera la actividad de la lectura, ni siquiera se plantear&iacute;a la pregunta, lo que significa que ella es un producto derivado y no un principio fundante), y no estar enred&aacute;ndose con estas disquisiciones que hasta pueden obnubilar el goce de la lectura? Tal vez la respuesta que cabr&iacute;a dar a esta contundente pregunta es que el ser humano no s&oacute;lo se conforma con llevar a cabo actividades para satisfacer necesidades o requerimientos inmediatos de diversa &iacute;ndole, sino que asimismo tiene que plantearse la interrogante sobre el <i>sentido</i> de esas actividades que realiza, lo que tambi&eacute;n es una necesidad, aunque de mayor complejidad. Buscar y encontrar sentido en lo que se hace es afirmarse a s&iacute; mismo y en relaci&oacute;n con el mundo. Un mundo plet&oacute;rico de sentido es un lugar m&aacute;s satisfactoriamente habitable.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El hombre busca sentido no s&oacute;lo en lo que lee sino tambi&eacute;n en su propia actividad como lector. De hecho porque busca sentido en lo que lee es que tambi&eacute;n discierne el sentido de s&iacute; como lector. Por ello no es una pregunta oficiosa u ociosa plantear &#191;qu&eacute; es el lector? El escritor Ricardo Piglia ha comprendido plenamente la necesidad y las implicaciones (y complicaciones) de plantearse esa pregunta. Su libro <i>El &uacute;ltimo lector</i> es un periplo imaginativo en torno a esa extra&ntilde;a pregunta. Piglia tiene claro que lo que gu&iacute;a su periplo es la b&uacute;squeda de sentido que gravita sobre la pregunta &#191;qu&eacute; es el lector? de ah&iacute; que sea &eacute;sta el puerto de salida de su navegaci&oacute;n, tal es el t&iacute;tulo del primer capitulo del libro, el cual deja claramente establecida la ruta de navegaci&oacute;n que seguir&aacute;: </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Buscamos, entonces, las figuraciones del lector en la literatura; esto es, las representaciones imaginarias del arte de leer ficci&oacute;n. Intentamos una historia imaginaria de los lectores y no una historia de la lectura. No nos preguntaremos tanto qu&eacute; es leer, sino <i>qui&eacute;n</i>    es el que lee (d&oacute;nde est&aacute; leyendo, para qu&eacute;, en qu&eacute; condiciones, cu&aacute;l es su historia) (...) Para poder definir al lector, dir&iacute;a Macedonio, primero hay que saber encontrarlo, es decir, nombrarlo, individualizarlo, contar su historia. La literatura hace eso: le da, al lector, un nombre y una historia, lo sustrae de la pr&aacute;ctica m&uacute;ltiple y an&oacute;nima, lo hace visible en un contexto preciso, lo integra en una narraci&oacute;n particular. La pregunta 'qu&eacute; es el lector' es, en definitiva, la pregunta de la literatura. Esa pregunta la constituye, no es externa a s&iacute; misma, es su condici&oacute;n de existencia. Y su respuesta &#151;para beneficio de todos nosotros, lectores imperfectos pero reales&#151; es un relato: inquietante, singular, y siempre distinto."</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La ruta de Piglia queda as&iacute; precisada y delimitada, buscar al lector con santo y se&ntilde;a; esto es, con un rostro identificable (y hasta conocido), y no a aquellos lectores an&oacute;nimos de quienes suelen hablar la historia, la pedagog&iacute;a, la sociolog&iacute;a o la psicolog&iacute;a. Lo que no quiere decir que estas disciplinas en alg&uacute;n momento no individualicen al lector, destac&aacute;ndolo por sobre el anonimato colectivo, pero no es lo prioritario.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La nave sobre la que Piglia emprende su traves&iacute;a es la literatura, es precisamente &eacute;sta la que tiene como prioridad, como objetivo esencial, la especificidad, la particularidad, la distinci&oacute;n; en suma, la individualizaci&oacute;n de los personajes de ficci&oacute;n que ella procrea, e incluso individualiza al autor que los crea; los vasos comunicantes entre autor y entes de ficci&oacute;n son m&uacute;ltiples y continuos. Uno y otros se proyectan mutuamente individualiz&aacute;ndose, de ah&iacute; que la literatura sea v&iacute;a real para ubicar al lector d&aacute;ndole un nombre y un lugar ll&aacute;mese ente de ficci&oacute;n o autor. Por v&iacute;a de lo imaginario, lo "on&iacute;rico", la literatura ubica al lector bautiz&aacute;ndolo; y al fijar las escenas de lectura individualiza y designa al que lee, lo hace ver en un contexto preciso. El lector se hace identificable, con lo que a su vez se identifica con todos los lectores an&oacute;nimos y &ecute;stos se identifican con &eacute;l. As&iacute;, los lectores nominados de la literatura son como un espejo donde se reflejan los lectores innominados, an&oacute;nimos, reales, y al hacerlo comienzan a tener nombre.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero adem&aacute;s con esto el libro de Piglia nos explica el car&aacute;cter difuso de la frontera entre realidad y ficci&oacute;n, y nos muestra que el pasadizo entre ambas esferas es la lectura. Pasadizo de dos direcciones: de la realidad a la ficci&oacute;n, pero tambi&eacute;n de la ficci&oacute;n a la realidad. Cada lector a su modo particular cruza en una o en ambas direcciones. La literatura al darle nombre y lugar al lector nos muestra la direcci&oacute;n que sigue &eacute;ste en su lectura. Los restantes cap&iacute;tulos del libro <i>El &uacute;ltimo lector</i> describen a algunos de esos lectores con nombre distinguible (y hasta entra&ntilde;ablemente querido), con un lugar espec&iacute;fico y con la direcci&oacute;n seguida en su lectura (lo que significa su particular manera de entenderla y llevarla a cabo). Al conducir hasta ese extremo la individualidad de los lectores,la literatura (y Piglia como su int&eacute;rprete) nos dice de paso que no hay dos lectores iguales y por ende que la lectura en el fondo no es una pr&aacute;ctica homog&eacute;nea y que su heterogeneidad se exhibe m&aacute;s all&aacute; de la inmediata fase  descodificadora. Por eso cada lector es &uacute;nico: es el &uacute;ltimo lector.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entre esos entra&ntilde;ables lectores de que nos habla Piglia se alternan nombres reales y nombres ficticios, es decir, lectores de la realidad y lectores de la ficci&oacute;n. Con lo que nuevamente nos muestra c&oacute;mo se difumina la frontera entre realidad y ficci&oacute;n. Los lectores de ambas esferas, dentro del universo de la literatura, se confunden o se funden unos con otros, por eso vemos desfilar a lectores como Borges, Kafka o el Che Guevara fundi&eacute;ndose con los personajes por ellos creados o confundi&eacute;ndose con ese <i>alter ego</i> que proyectaron en sus escritos: tanto esos personajes de ficci&oacute;n como sus<i> alter egos</i> son lectores perfectos, purificados de las imperfecciones de que adolecen los lectores reales. Por el otro lado vemos a esos lectores literarios como Madame Bovary, Don Quijote o Robinson Crusoe, cuya pr&aacute;ctica de la lectura los lleva al desvar&iacute;o o a la redenci&oacute;n. La lectura (o la forma de leer) de  cada uno de estos personajes reales o de ficci&oacute;n contesta la pregunta &#191;Qu&eacute; es un lector? para la cual, como se deduce de la multiplicidad de formas de leer que exhiben todos ellos, no hay una sola respuesta. Piglia impl&iacute;citamente nos est&aacute; diciendo que cuando alg&uacute;n reflexivo lector se plantea esa pregunta tiene de inmediato la respuesta con su propia forma de leer. De hecho &eacute;sta es la mejor lecci&oacute;n que nos da el libro de Piglia, que cada uno de nosotros lectores &uacute;nicos y diferenciados somos el &uacute;ltimo lector.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero en otra dimensi&oacute;n el libro de Ricardo Piglia <i>El &uacute;ltimo lector </i>nos deja, a aquellos que pertenecemos al &aacute;mbito bibliotecol&oacute;gico, una lecci&oacute;n de m&aacute;s largo alcance. En una &eacute;poca como la nuestra en que el especialismo se ahonda debemos abrir o, m&aacute;s exactamente, ampliar la mirada para mejor comprender, en este caso, una de las pr&aacute;cticas primordiales que estudia la bibliotecolog&iacute;a: la lectura. Ampliaci&oacute;n de la mirada que incide sobre aqu&eacute;l que lleva a cabo esa pr&aacute;ctica: el lector. </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Originalmente se ha considerado en el campo bibliotecol&oacute;gico que para estudiar la pr&aacute;ctica de la lectura se ten&iacute;a que recurrir a disciplinas estables, por no decir "serias", como la pedagog&iacute;a, la historia, la sociolog&iacute;a o la psicolog&iacute;a. Esto implicaba que para no perder esa seriedad cognoscitiva se evitara a toda costa recurrir a conocimientos poco serios como la literatura: considerada m&aacute;s una actividad l&uacute;dica que cognoscitiva. Pero el libro de Piglia sostiene que la literatura no es algo vulgar y sin importancia con lo cual se mata el ocio, sino una disciplina con un importante fundamento cognoscitivo (lo que por supuesto en ning&uacute;n momento cancela o limita su sustancia primordial: el gozo). La literatura nos permite conocer a los lectores en su pr&aacute;ctica &uacute;nica, propia, diferencial de la lectura y no como un conjunto indiferenciado, an&oacute;nimo, de lectores que realizar&aacute;n una pr&aacute;ctica homog&eacute;nea de la lectura. Y son precisamente lectores &uacute;nicos y diferenciales los que concurren a las bibliotecas. Frente al bibliotecario se presentan para solicitar sus servicios, lectores que tienen un nombre y que buscan en la biblioteca su lugar como lectores, y ah&iacute; emprender&aacute; cada uno su propio camino en la lectura. Esto es algo que debe quedar grabado firmemente en el dec&aacute;logo de los servicios que ofrece el bibliotecario (y, por extensi&oacute;n, dentro de los conocimientos de los bibliotec&oacute;logos), de ah&iacute; el pertinente llamado impl&iacute;cito en el libro de Piglia para que lean literatura.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Leamos, pues, literatura y una buena puerta de acceso es <i>El &uacute;ltimo lector</i> de Ricardo Piglia. </font></p>      ]]></body>
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