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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Traducci&oacute;n</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Amarlo por quien es: la microsociolog&iacute;a del poder<a href="#nota">*</a></b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Lena Gunnarsson**</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>** Universidad de Orebro, Suecia.</i> Correo electr&oacute;nico: &lt;<a href="mailto:lena.gunnarsson@oru.se">lena.gunnarsson@oru.se</a>&gt;.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las asimetr&iacute;as de g&eacute;nero no son leg&iacute;timas en las sociedades contempor&aacute;neas occidentales con Estado de bienestar. Sin embargo, las normas judiciales e ideol&oacute;gicas de la igualdad de g&eacute;nero coexisten armoniosamente con una continua realidad de desigualdad de g&eacute;nero, incluso en los pa&iacute;ses n&oacute;rdicos, que est&aacute;n regidos por fuertes normas de igualdad. La pareja heterosexual es quiz&aacute;s el lugar en donde esta contradicci&oacute;n se hace m&aacute;s evidente. En las sociedades occidentales, la formaci&oacute;n de parejas heterosexuales se basa, generalmente, en una elecci&oacute;n individual motivada por la experiencia mutua del amor. Por lo tanto, no es de sorprender que este desarrollo hist&oacute;ricamente espec&iacute;fico de la intimidad en la intimidad haya dado lugar a interpretaciones optimistas del amor democr&aacute;tico. Si estar juntos se trata de las recompensas que cada uno de los involucrados experimenta por ello, entonces &#150;como Anthony Giddens (1992) ha se&ntilde;alado&#150; la falta de igualdad es lo que motivar&aacute; a aquel cuyos beneficios sean menores a terminar con la relaci&oacute;n. No obstante, algunas investigaciones emp&iacute;ricas muestran que la creciente falta de motivaciones externas para que alguien permanezca en una relaci&oacute;n no es condici&oacute;n suficiente para poder negociar igualitariamente dentro de la misma (Dempsey, 2002; Dryden, 1999; Duncombe y Marsden, 1993; Holmberg, 1995; Jamieson, 1999; Langford, 1994 y 1999; Strazdins y Broom, 2004). La gran incidencia de la violencia en v&iacute;nculos cuya <i>raison d'&ecirc;tre</i> deber&iacute;a ser el amor, y donde no existen obst&aacute;culos econ&oacute;micos significativos que obliguen a las mujeres a permanecer en la relaci&oacute;n, constituye la expresi&oacute;n m&aacute;s dram&aacute;tica del pobre establecimiento de normas de igualdad en la intimidad.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este art&iacute;culo, mi argumento se centra en la tensi&oacute;n inherente entre el amor heterosexual contempor&aacute;neo en Occidente y las normas de la igualdad y la libertad de elecci&oacute;n, por un lado, y la desigualdad continua, por otro. Como punto de partida tenemos que en un contexto marcado por la ideolog&iacute;a de la igualdad de g&eacute;nero, las experiencias de desigualdad deben ser altamente incompatibles con la experiencia de amar y ser amado, de tal manera que cuando las asimetr&iacute;as prevalecen debe haber mecanismos que las hacen parecer leg&iacute;timas si es que el amor ha de subsistir. Mi enfoque no se centra en el tipo de abuso abierto y llano al que la mayor&iacute;a de las personas se opondr&iacute;an, sino en las tendencias asim&eacute;tricas normalizadas que son constitutivas del amor heterosexual contempor&aacute;neo en Occidente &#150;aunque bien es cierto que la violencia f&iacute;sica y otras formas obvias de abuso pueden ser vistas como actos facilitados por dichas tendencias. Mi perspectiva tampoco se enfoca en la estructuraci&oacute;n diferenciada de actividades <i>conectadas</i> con la pr&aacute;ctica del amor heterosexual, tales como el cuidado de los hijos o las tareas dom&eacute;sticas. Mi visi&oacute;n se concentra en las interacciones amorosas tal cual son. Anna G. J&oacute;nasd&oacute;ttir (1993, 2009 y 2011; Gunnarsson, 2011b, 2013 y 2014) propone que en las sociedades occidentales contempor&aacute;neas la pr&aacute;ctica misma del amor, que incluye el &eacute;xtasis er&oacute;tico y los cuidados (<i>care</i>), debe ser vista como el sitio crucial de la lucha entre los sexos. La autora sostiene que el modo dominante de organizaci&oacute;n de las relaciones de los cuidados y del &eacute;xtasis er&oacute;tico, en sociedades basadas en una igualdad de g&eacute;nero formal y en la relativa independencia socioecon&oacute;mica de las mujeres, es aquel en el que los hombres explotan el <i>poder del amor</i> de las mujeres. Se trata de una capacidad humana b&aacute;sica por medio de la cual nos empoderamos (<i>empower</i>) los unos a los otros, lo que implica que si queremos crecer como personas <i>necesitamos</i> amar y ser amados. Mientras que la explotaci&oacute;n del amor de las mujeres por parte de los hombres produce un tipo de "excedente de valoraci&oacute;n" masculina (J&oacute;nasd&oacute;ttir, 1993: 319), que les otorga una autoridad estructuralmente producida, para la mayor&iacute;a de las mujeres la consecuencia de este proceso es "una lucha continua en los l&iacute;mites de la 'pobreza' en cuanto a sus posibilidades de operar en la sociedad como gente evidentemente valiosa y segura de ello, que ejerce sus capacidades de forma efectiva y leg&iacute;tima" (J&oacute;nasd&oacute;ttir, 1993: 316). Estudios emp&iacute;ricos corroboran que el poder no es algo que ocurre fuera del amor, sino que es parte integrante del mismo (Haavind, 1984 y 1985; Holmberg, 1995; Langford, 1994 y 1999). En pocas palabras, estos estudios muestran que las mujeres tienden a dar m&aacute;s amor a los hombres que los hombres a las mujeres, si por "dar amor" entendemos reconocimiento y afirmaci&oacute;n, en la pr&aacute;ctica, de la otra persona, de sus necesidades y de sus metas como valiosas en s&iacute; mismas, de una manera que no se encuentre determinada por las necesidades y metas de uno mismo (Djikic y Oatley, 2004; J&oacute;nasd&oacute;ttir, 1993, 2009 y 2011). Esta definici&oacute;n refleja el aspecto del cuidado m&aacute;s que el aspecto er&oacute;tico del amor, y es precisamente la dimensi&oacute;n del cuidado la que constituye el centro de nuestra atenci&oacute;n aqu&iacute;. Una manera m&aacute;s <i>operacionalizada</i> de describir el patr&oacute;n de g&eacute;nero del cuidado consistir&iacute;a en pensar que las mujeres tienden a adaptarse m&aacute;s a los hombres que viceversa.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;<i>C&oacute;mo,</i> me pregunto, <i>es que las mujeres tienden a dar m&aacute;s amor a los hombres de lo que los hombres dan a las mujeres cuando el amor mutuo es (supuestamente) la mism&iacute;sima</i> raison d'&ecirc;tre <i>de la relaci&oacute;n, cuando el contexto ideol&oacute;gico prescribe la igualdad de g&eacute;nero y cuando no existen factores externos sobresalientes que impidan a las mujeres separarse en caso de que no se encuentren satisfechas</i>?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mi an&aacute;lisis comienza con una evaluaci&oacute;n de la investigaci&oacute;n llevada a cabo por Carin Holmberg (1995) sobre parejas heterosexuales, con un enfoque espec&iacute;fico en las interacciones de pareja en t&eacute;rminos de la toma de <i>papeles asim&eacute;trica</i> (<i>asymmetrical role&#45;taking</i>). El estudio est&aacute; basado en entrevistas individuales con las y los miembros de diez parejas suecas heterosexuales y sin hijos, que son percibidas por otros y por s&iacute; mismas como iguales. Tambi&eacute;n utilizo la investigaci&oacute;n sobre el amor de Wendy Langford basada en entrevistas a quince mujeres heterosexuales cuyos resultados comparten similitudes considerables con el trabajo de Holmberg. En lugar de considerar estas investigaciones como "evidencia" de mi marco anal&iacute;tico, mi objetivo es demostrar c&oacute;mo &eacute;ste &uacute;ltimo nos ayuda a comprender los datos emp&iacute;ricos. M&aacute;s adelante extiendo este an&aacute;lisis al desarrollar una conceptualizaci&oacute;n del v&iacute;nculo entre la identidad de g&eacute;nero y las tendencias de g&eacute;nero presentes en el amor a trav&eacute;s de un examen del papel mediador de las expectativas y la gratitud, destacando la importancia de distinguir entre la experiencia subjetiva del amor y su pr&aacute;ctica objetiva. Por &uacute;ltimo, muestro c&oacute;mo la tensi&oacute;n entre ser amadas para cumplir con la feminidad y ser amadas para beneficio propio genera distintos tipos de riesgos y de posibilidades, dependiendo de la estrategia que las mujeres elijan como medio para satisfacer sus necesidades de amor.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>La toma de papeles asim&eacute;trica: o "amarlo por quien es"</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si "dar amor" significa ocuparse cuidadosa y activamente de las necesidades de la otra persona de una manera que no se encuentra determinada por necesidades personales, ser&aacute; mucho m&aacute;s fruct&iacute;fero anal&iacute;ticamente observar de cerca a aquellas instancias de conflicto existentes entre las necesidades y los deseos de dos amantes. En la medida en que somos personas distintas, cuidar de las necesidades del otro algunas veces supone contradecir el cuidado de nuestras propias necesidades. Cuando dichos conflictos desaf&iacute;an al amor, que es la <i>raison d'&ecirc;tre</i> de la relaci&oacute;n, la forma en que las mujeres y los hombres reaccionan en aras de salvar la experiencia del mismo ante dicha amenaza puede revelarnos cu&aacute;les son las estructuras subyacentes de la relaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Holmberg (1995) sostiene que la identificaci&oacute;n de patrones en la <i>toma&#45;de&#45;papeles</i> nos puede revelar qu&eacute; tipo de estructuras de poder tienen lugar dentro de la interacci&oacute;n humana. La toma de papeles, en pocas palabras, es un concepto del interaccionismo simb&oacute;lico usado para denotar la acci&oacute;n de adoptar la perspectiva del otro. Dado que permitimos que tal perspectiva informe nuestras pr&aacute;cticas, mi argumento es que la toma de papeles &#150;expresada en t&eacute;rminos te&oacute;ricos&#150; es la esencia del amor maduro. Un hallazgo central en la investigaci&oacute;n de Holmberg es la existencia de un patr&oacute;n de g&eacute;nero <i>asim&eacute;trico</i> en la asunci&oacute;n de roles. Mientras que las mujeres tienden a percibir situaciones desde la perspectiva de los hombres al tiempo que relativizan las propias, los hombres tienden a considerar su propio punto de vista como el terreno neutral desde el que la perspectiva de las mujeres es juzgada. No se trata de que la subjetividad de ellas sea eliminada; despu&eacute;s de todo las parejas en la investigaci&oacute;n de Holmberg han invertido en la igualdad de g&eacute;nero. Sin embargo, cuando expresan estar insatisfechas con el comportamiento de sus parejas, dicha insatisfacci&oacute;n tiende a ser percibida como una perspectiva subjetiva que, a su vez, es relativa a la perspectiva absoluta del hombre. Puede que a ellas no les guste lo que &eacute;l hace, pero "&eacute;l es as&iacute;". Ser aceptados por quienes somos es algo que, desde cierto punto de vista, podemos esperar de nuestra pareja. Sin embargo, el <i>derecho</i> de estos hombres a ser amados por quienes son se basa en la premisa de excluir de una oportunidad similar a las mujeres. Para que el hombre <i>sea como es</i>, la mujer tiene que seguirle.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Incluso siendo conscientes de que a sus parejas les molesta su comportamiento, en el estudio de Holmberg los hombres suelen a menudo legitimar su adhesi&oacute;n a tal conducta refiri&eacute;ndose a su propio punto de vista. Uno de los entrevistados asegura que sabe que su pareja aprecia cuando &eacute;l le compra flores o le dice que luce bien; sin embargo, no lo hace a menudo porque "para &eacute;l no es importante" (Holmberg, 1995: 131; Thagaard, 1997).<sup><a href="#nota">1</a></sup> De igual manera, otro entrevistado afirma que &eacute;l "no es de hablar mucho", que s&oacute;lo lo hace cuando "tiene algo que decir", y Holmberg sugiere que el hecho de que su pareja quiera hablar no parece ser algo que le pase por la mente. Es m&aacute;s, este hombre se&ntilde;ala que espera que ella "no le hable sobre cosas que le parecen poco interesantes o aburridas" (Holmberg, 1995: 144). Aunque por lo general las entrevistadas est&aacute;n m&aacute;s interesadas en hablar con sus parejas, es de notarse que una de las pocas que no lo est&aacute; ha intentado cambiar con el fin de adaptarse a los deseos de su pareja; aunque "le resulta dif&iacute;cil discutir ciertos problemas, ha aprendido a hacerlo" (Holmberg, 1995: 145).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A menudo son las mujeres mismas quienes mantienen la tendencia de los hombres a legitimar su propia falta de adaptaci&oacute;n al referirse a lo que es importante para ellos o a lo que a ellos les gusta. A pesar de que develan la frustraci&oacute;n provocada por la renuencia de sus parejas a hablar, continuamente utilizan expresiones como "&eacute;l es una persona reservada" o "hablar no le interesa mucho" (Holmberg, 1995: 145), pero de una manera complaciente o quiz&aacute; resignada (Strazdins y Broom, 2004). Los l&iacute;mites impuestos por los hombres tienden a ser vistos como caracter&iacute;sticas absolutas e intr&iacute;nsecas de sus personalidades, y el <i>entendimiento</i> de largo alcance que las mujeres llevan a cabo con respecto a sus parejas es reforzado en el hecho de que ellas minimizan sus propios deseos y necesidades. Holmberg se&ntilde;ala que "ella no se da cuenta que atribuye un estatus m&aacute;s estable e inmutable a la 'personalidad' de &eacute;l, mientras que su propia personalidad parece mutable. Aunque querer hablar sea parte de su 'naturaleza', ella puede subordinarse a la 'naturaleza' de &eacute;l de no querer hablar" (Holmberg, 1995: 150).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una consecuencia de la tendencia de las mujeres a identificarse con el punto de vista del hombre, incluso cuando &eacute;ste las descalifica, es que a menudo perciben su propia opini&oacute;n como no v&aacute;lida. Por ejemplo, aunque muchas mujeres expresan frustraci&oacute;n ante la falta de respuesta de sus parejas, tienden a ver su propio comportamiento como la causa principal de ello. Una de ellas se&ntilde;ala que "entiende si &eacute;l no la escucha" y acepta que "a menudo habla de cosas aburridas o poco importantes" (Holmberg, 1995: 147). Con frecuencia las mujeres comparten la opini&oacute;n general de los hombres respecto de que ellas son <i>ileg&iacute;timamente exigentes</i>. Por ejemplo, una entrevistada a quien le gustar&iacute;a escuchar m&aacute;s a menudo que su pareja la ama, suele sustraer ese deseo de legitimidad al tomar como suyo el punto de vista de su pareja; afirma que "de verdad, ella sabe que &eacute;l la ama, por lo tanto no es necesario querer escuch&aacute;rselo decir de vez en cuando" (Holmberg, 1995: 155). En palabras de Holmberg, "cuando ella piensa que su deseo es innecesario, se percibe a s&iacute; misma como una persona exigente. Parece que piensa que su reclamo es irrazonable &#91;...&#93;. Por lo tanto, legitima la manera en que &eacute;l se comporta y, de forma indirecta, se reduce a s&iacute; misma y a su deseo" (Holmberg, 1995: 155). Dicho patr&oacute;n tambi&eacute;n se hace evidente en la investigaci&oacute;n de Langford: "La construcci&oacute;n del deseo femenino de atenci&oacute;n como falto de legitimidad era algo com&uacute;n en los datos, y algunas veces estaba asociado con la correspondiente empat&iacute;a por el hombre, quien era visto como extremadamente paciente" (Langford, 1999: 67).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Qu&eacute; sucede si los reclamos por atenci&oacute;n que hacen las mujeres <i>son</i> tan abrumadores que se perciben como irrazonables por la gran mayor&iacute;a? A la luz de la tesis de J&oacute;nasd&oacute;ttir, seg&uacute;n la cual la gran mayor&iacute;a de las mujeres se encuentran estructuralmente empobrecidas (<i>impoverished</i>) de amor, entonces debe ser el caso que ellas tienden a estar m&aacute;s desesperadas por el amor que los hombres (Gunnarsson, 2013 y 2014; Hooks, 2000). Si las mujeres expresan una necesidad desesperada de atenci&oacute;n, entonces es m&aacute;s probable que &eacute;sta sea una respuesta racional a una falta real de cuidados, en lugar del resultado de alguna deficiencia ps&iacute;quica. Por otra parte, la tendencia de los hombres a percibir los llamados de aprobaci&oacute;n de las mujeres como exagerados debe ser vista a la luz de la tendencia de las mujeres a asegurarse de que las necesidades de atenci&oacute;n de los hombres se vean satisfechas (Jack, 1991: 59; Rubin, 1983: 127). O como Jean Duncombe y Dennis Marsden destacan, "aunque no es reconocida, los hombres poseen una fuerte necesidad del trabajo emocional que las mujeres llevan a cabo para ellos" (Duncombe y Marsden, 1993: 236). De esta forma, pueden vivir bajo la ilusi&oacute;n de que no dependen de la aprobaci&oacute;n de sus parejas; luego entonces, minan la empat&iacute;a y la identificaci&oacute;n con necesidades similares que su pareja pueda tener. Como observa Holmberg: "&Eacute;l no necesita pedirle afirmaci&oacute;n, dado que ella se la otorga activamente. Esta puede ser la raz&oacute;n por la cual &eacute;l piensa que esas formas de expresar amor son menos importantes. &Eacute;l no sabe lo que significa no tenerlas" (Holmberg, 1995: 159).</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Ira y rendici&oacute;n de cuentas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Que las mujeres se identifiquen con la perspectiva de los hombres a expensas de la suya propia se puede ver como una manera de "resolver" un conflicto entre dos personas al transferirlo a la mujer. Sin embargo, en los estudios de Holmberg (1995) y Langford (1999) s&oacute;lo de vez en cuando las mujeres ventilan sus puntos de vista de manera un&iacute;voca; por lo tanto, el conflicto entre ellas y sus parejas emerge de forma m&aacute;s clara. Aun as&iacute;, cuando afrontan la resistencia de los hombres, parece que es dif&iacute;cil para ellas asirse a aquellos de sus puntos de vista que resultan divergentes, debido a que la din&aacute;mica de la identificaci&oacute;n masculina es a menudo reinsertada. Tanto las mujeres como los hombres en el trabajo de Holmberg tienden a ver a las primeras como "demasiado exigentes", y ellas mismas se identifican frecuentemente con la opini&oacute;n de sus parejas sobre ellas como "dif&iacute;ciles e hist&eacute;ricas" (Holmberg, 1995: 160). Por el contrario, cuando los hombres se enfadan parece tratarse de una reacci&oacute;n racional y leg&iacute;tima; a menudo la ira de &eacute;stos ni siquiera es percibida como tal. Una de las entrevistadas en la investigaci&oacute;n de Langford refiere un incidente dentro de su matrimonio en el que su esposo quer&iacute;a tener sexo pero ella no. Cuando le explic&oacute; sus razones, la respuesta de &eacute;l fue: "Eso no es m&aacute;s que basura emocional" (Langford, 1999: 97). Como argumenta la investigadora, el hombre parec&iacute;a estar cegado al hecho de que su propia manera de reaccionar no era menos emocional que la de ella. La autora identifica la l&oacute;gica de esta din&aacute;mica habitual: "Las acusaciones por parte de los hombres de que las mujeres son 'irracionales' implicaban una desviaci&oacute;n de la norma asumida como manifestada en el punto de vista de los hombres y que, por lo tanto, parad&oacute;jicamente no requer&iacute;a de examen o explicaci&oacute;n racional alguna" (Langford, 1999: 96). De tal manera, la naturaleza subjetiva del punto de vista del hombre queda encubierta. La estructura normativa sobre la que descansa esta manera asim&eacute;trica de exigir una rendici&oacute;n de cuentas hace eco a una larga historia de teorizaci&oacute;n feminista sobre la mujer como el <i>otro</i> subjetivo y desviado, definida en relaci&oacute;n con el centro masculino, objetivo y supuestamente sin g&eacute;nero (De Beauvoir, 1989).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, esta estructura no puede ser reducida a un conjunto de nociones ideol&oacute;gicas. En mi an&aacute;lisis, una raz&oacute;n por la que tanto unas y otros tienden a ver a la mujer como la causa de sus conflictos comunes es que principalmente ella es quien pone los problemas sobre la mesa. Dado que &#150;dentro de la estructura normal de la toma de papeles asim&eacute;trica&#150; es ella quien carga con los conflictos dentro de s&iacute; misma, el hombre no va a experimentar la existencia de ning&uacute;n problema hasta que la mujer ventile su subjetividad de forma inflexible. As&iacute;, cuando se&ntilde;ala que hay un conflicto parece que es ella quien causa el conflicto. Entonces, como Holmberg explica, la estrategia de "comenzar" una pelea es un arma de dos filos: "Al re&ntilde;ir ella muestra que se trata de algo serio, lo cual les lleva a hablar. Por un lado, ella logra lo que se propon&iacute;a, que es hablar y no pelear. Por otro lado, &eacute;l la ve como la 'problem&aacute;tica' o la 'hist&eacute;rica'. dado que es ella quien comienza las peleas" (Holmberg, 1995: 163; Langford, 1999: 95).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No existe, empero, nada objetivo respecto de la idea de que la causa del conflicto sea ella; todo est&aacute; sustentado en concepciones equ&iacute;vocas de causalidad, lo cual lleva a evaluaciones injustas sobre a qui&eacute;n culpar. El hombre no se da cuenta que la insatisfacci&oacute;n de la mujer es algo que ha contribuido a crear; para &eacute;l, es <i>su</i> problema s&oacute;lo porque le sucede a &eacute;l, pero no en el sentido de que sea responsable del mismo.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Las mujeres como problemas t&eacute;cnicos</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Holmberg resume la l&oacute;gica que se encuentra detr&aacute;s de la asimetr&iacute;a en la asunci&oacute;n de roles:</font></p>  	    <blockquote> 		    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La personalidad de ella y sus exigencias son vistas como relativas a la personalidad de &eacute;l y a sus exigencias. &Eacute;stas, en cierto sentido, aparecen como absolutas. Ella es de quien se espera un cambio de actitud con respecto al trabajo dom&eacute;stico, los temas de conversaci&oacute;n y sus deseos de ser cortejada. &Eacute;l, no obstante, "es as&iacute;", "no piensa en esas cosas", "no le gusta hablar", etc&eacute;tera. &Eacute;l y su forma de ser simplemente "son". Ella es "el otro" que debe organizarse en torno a lo que es posible exigir de &eacute;l (Holmberg, 1995: 191).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es necesario diferenciar un poco m&aacute;s el concepto de asunci&oacute;n de roles desarrollado por Holmberg. La autora se&ntilde;ala, y con raz&oacute;n, que los hombres frecuentemente se encuentran al tanto del punto de vista de sus parejas (Holmberg, 1995: 190), lo cual no podr&iacute;a suceder a menos que hayan "tomado" tal perspectiva. Yo dir&iacute;a que este es el caso, pero el meollo de la cuesti&oacute;n es que la tendencia del hombre a deslegitimar el punto de vista de la mujer provoca una disyunci&oacute;n entre la informaci&oacute;n que &eacute;l tiene sobre las opiniones de ella y la forma en la que se siente motivado para dejar que dicha informaci&oacute;n lo afecte: la informaci&oacute;n <i>no lo mueve.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A mi parecer, los hombres en el estudio de Holmberg llevan a cabo muchas acciones de toma de papeles. Nos guste o no, dependemos de la voluntad de otras personas; incluso alguien a quien s&oacute;lo le interesa la consecuci&oacute;n manipulativa de sus propios intereses ego&iacute;stas tiene que adaptarse a las agendas de las y los dem&aacute;s para lograr sus objetivos. La distinci&oacute;n hecha por Michael Schwalbe (1992) entre toma de papeles <i>anal&iacute;tica</i> y <i>receptiva</i> nos es de utilidad aqu&iacute;. Este autor argumenta que el tipo de toma de papeles que es constitutivo de lo que llama "<i>self</i> masculinista" puede ser caracterizado como anal&iacute;tico. Ello implica "&#91;lidiar&#93; con las mujeres no como problemas morales, sino t&eacute;cnicos, &#91;es decir&#93;, de las maneras que sean necesarias para superar la resistencia de las mujeres como objetos" (Schwalbe, 1992: 42). La toma de papeles receptiva, por el contrario, sugiere recibir al otro como sujeto, lo que implica <i>sentir con</i> el otro de manera tal que "los hechos de los sentimientos del otro puedan convertirse en hechos de nuestra propia existencia. &#91;...&#93; Cuando realmente sentimos con el otro &#91;afirma el soci&oacute;logo&#93; estamos obligados a tener en cuenta que el peso de los sentimientos del otro es igual al nuestro. Es esto lo que a menudo, pareciera ser, los hombres no pueden hacer respecto de las mujeres" (Schwalbe, 1992: 37).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los hombres en el estudio de Holmberg a menudo parece que se ven a s&iacute; mismos como blancos no&#45;participativos de los estados de &aacute;nimo de sus parejas. Esto deja ver el fracaso de <i>sentir con</i> ellas; no se identifican emocionalmente con su pareja de manera que su aflicci&oacute;n se vuelva suya y los obligue a tomar medidas. M&aacute;s bien, su toma de papeles parece extenderse &uacute;nicamente hasta el punto en que les permite deshacerse de la situaci&oacute;n problem&aacute;tica en la que se encuentran en virtud de la relaci&oacute;n. Cuando se encuentra discutiendo con su pareja, uno de los hombres se plantea dos alternativas: "decir que lo siento" o "dejarla ganar" (Holmberg, 1995: 168). Esta asunci&oacute;n de papeles se basa en el entendimiento de que ella est&aacute; enfadada con &eacute;l y en que debe hacer algo si es que ella ha de calmarse. Su acci&oacute;n no est&aacute; motivada por una preocupaci&oacute;n sobre la subjetividad de su pareja, ni por el deseo de hacerla sentirse bien, sino por la ambici&oacute;n instrumental de "superar su resistencia como objeto", dado que &eacute;sta se interpone en el camino de su propio bienestar.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>La mediaci&oacute;n de g&eacute;nero en el amor: expectativas y gratitud</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;C&oacute;mo podemos explicar la tendencia de g&eacute;nero <sup><a href="#nota">2</a></sup> descrita anteriormente?, &iquest;cu&aacute;l es el v&iacute;nculo causal entre la posici&oacute;n de g&eacute;nero de una persona y la manera en que ella o &eacute;l toma el papel de amar y de no amar? Siguiendo a Hanne Haavind, Holmberg pone &eacute;nfasis en que el deseo de afirmar la propia identidad de g&eacute;nero es una fuerza divisoria crucial del amor heterosexual. En este sentido, dado que la feminidad &#150;en contraste con la masculinidad&#150; est&aacute; en gran parte constituida por una actitud de mayor cuidado hacia otros, las mujeres tender&aacute;n de manera voluntaria a formar parte de la toma de papeles asim&eacute;trica. En palabras de la autora: "las mujeres han internalizado la jerarqu&iacute;a de g&eacute;nero como parte de su identidad de g&eacute;nero. Una consecuencia de ello es que las elecciones de estrategia de acci&oacute;n de las mujeres las colocan en una posici&oacute;n subordinada en relaci&oacute;n con los hombres y que, al mismo tiempo, es justamente a trav&eacute;s de dicha subordinaci&oacute;n que son confirmadas (<i>affirmed</i>) como mujeres" (Holmberg, 1995: 45).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aun as&iacute;, considero que poner mucho &eacute;nfasis en la confirmaci&oacute;n de la identidad de g&eacute;nero <i>como tal</i> es un error, especialmente en un contexto donde el nivel de las intenciones es, por mucho, neutral al g&eacute;nero. Argumentar&iacute;a que para aquellos que se encuentran en una relaci&oacute;n amorosa ser valorados como <i>personas</i> &#150;es decir, ser amados&#150; constituye su fuerza motriz primaria. Es por el simple hecho de que nuestra existencia como personas no puede ser separada de la identidad de g&eacute;nero que el deseo de ser afirmados como mujeres o como hombres &#150;o como cualquier otra identidad de g&eacute;nero&#150; se convierte en una fuerza tan importante. Si una mujer se comporta de una forma usualmente percibida como masculina, su principal problema no es que no sea valorada como <i>mujer</i>, sino que es menos probable que sea vista como una persona amada y deseable en comparaci&oacute;n con una mujer que se ajusta a los est&aacute;ndares de feminidad imperantes. Schwalbe se&ntilde;ala: "Nuestras necesidades de amor, inclusi&oacute;n, aceptaci&oacute;n y apoyo material &#150;necesidades que debemos cumplir para mantener los sentimientos de estima, eficacia y coherencia&#150; por lo general se cumplen cuando uno se ajusta a las expectativas de aquellos que se encuentran vinculados a ideolog&iacute;as y pr&aacute;cticas de g&eacute;nero similares" (Schwalbe, 1992: 32).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El tema de las <i>expectativas</i> es crucial en el contexto del amor. Es parte de su naturaleza que no pueda darse bajo demanda (J&oacute;nasd&oacute;ttir, 1993); el poder que el amor tiene para mostrar nuestro valor proviene del hecho que hace que alguien se preocupe por nosotros aunque <i>no tenga</i> por qu&eacute; hacerlo. Como subraya Arlie Hochschild (1989), los sentimientos de gratitud que estimulan nuestro amor son evocados cuando sentimos que se nos da algo <i>extra</i>, eso que no podemos exigir ni esperar. Entonces el hecho de que las expectativas entre hombres y mujeres difieran, no s&oacute;lo gracias a normas sino tambi&eacute;n a tendencias de comportamiento, significa que aquello que incita gratitud, apreciaci&oacute;n y amor tambi&eacute;n est&aacute; cruzado por el g&eacute;nero. Tove Thagaard combina la teor&iacute;a del poder del amor de J&oacute;nasd&oacute;ttir con el an&aacute;lisis de Hochschild y concluye:</font></p>  	    <blockquote> 		    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una de las consecuencias de la explotaci&oacute;n masculina del poder del amor de las mujeres podr&iacute;a ser cuando el esposo toma, m&aacute;s o menos, el amor de su esposa por sentado, y entonces no valora como un regalo las consideraciones que ella tiene con &eacute;l. Dado que la esposa no est&aacute; en condiciones de contar con un amor rec&iacute;proco, incluso los peque&ntilde;os signos de amor de su esposo pueden ser considerados como regalos (Thagaard, 1997: 359).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por ejemplo, en el estudio de Holmberg, "que &eacute;l hable algunas veces es interpretado por ella como una expresi&oacute;n de su comprensi&oacute;n. En otras palabras, cuando &eacute;l se abstiene de determinar la conversaci&oacute;n, la mujer ve esto como una expresi&oacute;n de su amor por ella" (Holmberg, 1995: 150). Por lo tanto, mientras el estado normal de las cosas supone que la mujer compromete sus propios deseos, la adaptaci&oacute;n del hombre a las necesidades de las mujeres aparece, en virtud de su excepcionalidad, como una expresi&oacute;n de amor. La otra cara de la moneda es que cuando la mujer se comporta como lo hacen los varones normalmente, ella parecer&aacute; &#150;hablando en t&eacute;rminos generales&#150; menos amorosa. En este sentido, la experiencia subjetiva sim&eacute;trica de ser amado puede coexistir con la asimetr&iacute;a real del amor, mientras que una simetr&iacute;a real puede parecer como si el hombre estuviera siendo dominado por una mujer exigente &#150;incluso <i>ego&iacute;sta</i> (Langford, 1994; Tormey, 1976)&#150; dado el contraste con las expectativas incorporadas dentro de la posici&oacute;n femenina. Ya que sentirnos amados generalmente nos hace amar, los par&aacute;metros de lo que cuenta como amor y que, a su vez, est&aacute;n diferenciados por el g&eacute;nero tambi&eacute;n implican, en palabras de Haavind, que "la manera en que los sentimientos de amor son suscitados en la otra persona es diferente en hombres y en mujeres" (Haavind, 1984: 144). La regla general es que "las mujeres reciben menos recompensas cuando se comprometen en las mismas actividades que los hombres" (Haavind, 1984: 139). De manera m&aacute;s precisa: las mujeres, en aras de ser amadas, por lo general necesitan amar m&aacute;s que los hombres.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El argumento anterior depende de la distinci&oacute;n entre una dimensi&oacute;n objetiva y otra subjetiva del amor. Ello implica que incluso cuando una persona se siente amada por su pareja, si esto no se basa en la realizaci&oacute;n pr&aacute;ctica de una preocupaci&oacute;n por sus necesidades por parte de su pareja, sino m&aacute;s bien en la falta de <i>expectativas</i> de que sus necesidades sean valoradas, el sentimiento de ser amada no tendr&aacute; los efectos propios del amor; es decir, no la empoderar&aacute; efectivamente como persona. Tal situaci&oacute;n se encuentra condicionada por la experiencia <i>real</i> de que otros valoran nuestras necesidades y nuestros objetivos individuales <i>en la pr&aacute;ctica</i>. De manera inversa &#150;y s&oacute;lo por su alto sentido de privilegios&#150; un hombre que no se siente amado estar&aacute; empoderado si sus necesidades y deseos <i>son</i> atendidos activamente. En este sentido, la declaraci&oacute;n de Schwalbe sobre que generalmente tenemos nuestras necesidades satisfechas al conformarnos con ciertas expectativas requiere de elaboraci&oacute;n, ya que la apreciaci&oacute;n que recibimos al encarnar la feminidad de manera exitosa se encuentra lejos de estar completa. Ser valoradas como personas femeninas se encuentra parad&oacute;jicamente condicionado por la disposici&oacute;n a hacer a un lado a la propia persona.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la siguiente secci&oacute;n se&ntilde;alo c&oacute;mo, dentro de la relaci&oacute;n de la pareja heterosexual, esta contradicci&oacute;n estructural da forma a la lucha de las mujeres por el amor, creando dilemas tanto para las conformistas como para quienes se resisten.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Costos y beneficios de conformarse</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La estrategia <i>conformista</i>, en su forma idealizada, ser&iacute;a que la mujer se identificase con las necesidades y deseos de su pareja a tal grado que los viva como si fuesen suyos. Este procedimiento puede resultar altamente gratificante bajo dos condiciones: que la mujer experimente que es ella quien <i>elige</i> dejar a un lado sus propias necesidades y que el hombre la valore por ello. La experiencia de elegir preserva su dignidad como persona, porque incluso si se convierte a s&iacute; misma en un objeto que existe por y para las necesidades de otros, esto deriva de su propio deseo. Una de las grandes ventajas de la estrategia es que la mujer evita el riesgo de descubrir que la apreciaci&oacute;n de su pareja est&aacute; basada en que ella no expresa las partes de s&iacute; misma que contradicen los objetivos de &eacute;l. Al elegir dejar sus propias necesidades a un lado, ella puede vivir bajo la creencia de que seguir&iacute;a siendo amada incluso si decidiera no hacer esa elecci&oacute;n. La desventaja, sin embargo, es que su creencia de que es amada por ser quien es nunca ser&aacute; verificada.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Problemas a&uacute;n m&aacute;s agudos podr&iacute;an surgir si las dos condiciones antes mencionadas no se cumplen. En primer lugar, si la mujer se somete a los deseos del hombre porque los experimenta como la &uacute;nica forma de ser <i>amada</i>, su dignidad se ver&aacute; minada. Como se&ntilde;ala J&oacute;nasd&oacute;ttir, la esencia propia del amor es que sea practicado de una manera que no se encuentre determinada por las metas del amante, sino que "el objeto, mediante la recepci&oacute;n del amor, consiga la capacidad de modelarse a s&iacute; mismo y a sus propias metas" (J&oacute;nasd&oacute;ttir, 1993: 119). En virtud de esta cualidad, sostengo que el amor posee la fuerza de empoderarnos como personas, dado que ser una persona es la ant&iacute;tesis de ser un objeto o un medio para los prop&oacute;sitos de alguien m&aacute;s (Smith, 2010). Langford explica que si una persona es amada &uacute;nicamente bajo la condici&oacute;n de suprimirse a s&iacute; misma, el amor no tendr&aacute; el efecto deseado. La autora describe el c&iacute;rculo vicioso en el que Hannah, una de sus entrevistadas, se encontraba reiteradamente: "Al participar en su propia auto&#45;objetivaci&oacute;n, Hannah &#91;...&#93; se envolvi&oacute; en un proceso en el que 'se perdi&oacute; a s&iacute; misma', y que estaba motivado, parad&oacute;jicamente, por su deseo de recuperar el sentimiento de que era amada 'por &#91;ser&#93; quien es' " (Langford, 1999: 103). Este proceso, muy com&uacute;n en los datos de esta investigadora, tambi&eacute;n tiende a ser autorreforzado, dado que merma la propia seguridad de la mujer y, por lo tanto, la hace m&aacute;s dependiente de la afirmaci&oacute;n del hombre.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En segundo lugar, el car&aacute;cter contraproducente de esta estrategia se ve a&uacute;n m&aacute;s marcado cuando los esfuerzos de la mujer por complacer a su pareja no producen el efecto deseado de ser apreciada. Sarah, otra de las mujeres en el estudio de Langford, es muy infeliz con su relaci&oacute;n, pero enfrenta grandes dificultades para terminarla. Ser consciente de su propia sumisi&oacute;n ante una pareja abusiva socava su sentido de valor, haci&eacute;ndola sentir que no se merece ser amada. De esta manera, su actual pareja &#150;que por lo menos no la ha abandonado&#150; parece ser su &uacute;nica esperanza de ser amada, lo cual la lleva a continuar con sus esfuerzos por complacerlo. Si ponemos esto en t&eacute;rminos de expectativas y gratitud, encontramos que su sentido de gratitud y su sentimiento de no merecer amor la har&aacute;n agradecer incluso las migas m&aacute;s peque&ntilde;as de amor. Y cuanto m&aacute;s rebaja su propio valor al mostrarse agradecida con su abusador, menos digna de amor aparecer&aacute; no s&oacute;lo ante s&iacute; misma sino tambi&eacute;n ante &eacute;l.<sup><a href="#nota">3</a></sup></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Riesgos y promesas de resistirse</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La estrategia de la <i>resistencia</i> implica la lucha por honrar las necesidades y deseos de uno mismo, incluso cuando contradicen a los del ser amado. La gran ganancia aqu&iacute; es que, si la lucha es exitosa, la mujer <i>sabr&aacute;</i> que es valorada no por ser &uacute;til. Se sentir&aacute; amada por ser quien es. El riesgo, sin embargo, radica en que su lucha por ser reconocida fracase. Si termina siendo vista como demasiado exigente e irrazonable, no s&oacute;lo el amor de su pareja por ella sino el amor de ella por &eacute;l se ver&aacute;n amenazados. No debemos subestimar la importancia pr&aacute;ctica y existencial de esto &uacute;ltimo dentro de un contexto donde todos los arreglos de la convivencia penden del amor. Una manera en la que ella puede salvar tanto su experiencia de &eacute;l y la experiencia de &eacute;l sobre ella consiste en regresar a la estrategia conformista y validar la opini&oacute;n de que sus exigencias son irrazonables. Como se&ntilde;ala Holmberg en relaci&oacute;n con los casos en los que la mujer se enfada s&oacute;lo para, m&aacute;s tarde, asumir la posici&oacute;n de su pareja, la cual invalida dicho enfado: "Parece que ella busca hacer que los l&iacute;mites de &eacute;l hacia su ira sean m&aacute;s inteligibles al verse a s&iacute; misma como exigente y exaltada" (Holmberg: 1995: 163). Mediante el sacrificio de la validez de sus propios sentimientos, ella protege la imagen de su pareja como razonable y amoroso y, entonces, justifica las <i>inversiones</i> que ha hecho en &eacute;l (Haavind, 1984: 161).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si, en cambio, la mujer se apega a su demanda por la simetr&iacute;a a pesar de la resistencia del hombre, se arriesga a que la abandonen. En primer lugar, dicha demanda no es f&aacute;cil de alcanzar sin recursos feministas intelectuales y afectivos que ayuden a distinguir aquellas asimetr&iacute;as que tienden a verse oscurecidas dentro de la estructura de g&eacute;nero de las expectativas. Aun as&iacute;, la conciencia feminista no es suficiente, ya que no hace que el riesgo cruel de quedarse sin amor desaparezca, sobre todo en un contexto en donde las posibilidades de encontrar a otro hombre que acepte las demandas de simetr&iacute;a son escasas. Como se&ntilde;alan Duncombe y Marsden: "De cara a los retos feministas en sus vidas personales, los hombres reaccionan com&uacute;nmente negando que tengan un problema; una salida a esto es buscar validaci&oacute;n en otra relaci&oacute;n heterosexual con una mujer que tenga valores m&aacute;s tradicionales y que sea 'menos exigente' " (Duncombe y Marsden, 1993: 233).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otra parte, aun en el caso de que la mujer encuentre a un hombre que sea genuinamente rec&iacute;proco, se hallar&aacute; estructuralmente subordinada a &eacute;l en virtud de su estatus de rara excepcionalidad. En t&eacute;rminos patriarcales, ambos saben que &eacute;l puede conseguir una <i>mejor oferta</i>. Hochschild sugiere que las normas de g&eacute;nero con respecto a lo que se espera y lo que hay que agradecer no son solamente asuntos de ideolog&iacute;a, sino que se encuentran asentadas en un "marco pragm&aacute;tico de referencia" que deriva de comparaciones entre lo que uno tiene y alternativas existentes (Hochschild, 1989: 108). Aquellos hombres orientados por la igualdad, que son un grupo inusual, pueden sentir que no son especialmente valorados precisamente por el hecho de ser m&aacute;s atentos de lo que generalmente se espera de ellos. Entonces es posible que de manera parad&oacute;jica el no tomar ventaja de sus privilegios est&eacute; vinculado con un sentimiento de privilegio persistente (Pease, 2010), el cual socava la igualdad que se pretend&iacute;a lograr. Dado que el amor y el aprecio como tales se encuentran en riesgo, y si los hombres esperan obtener m&aacute;s amor y aprecio que las mujeres s&oacute;lo porque son igualmente amorosos y apreciativos que ellas, entonces nos encontramos de vuelta en donde hab&iacute;amos empezado.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Conclusi&oacute;n: la feminidad como arma de doble filo</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">He tratado de identificar cu&aacute;les son los mecanismos de g&eacute;nero por medio de los cuales las mujeres tienden a dar m&aacute;s amor del que reciben dentro de las relaciones heterosexuales, ello a pesar de que los amantes se adhieren a nociones de igualdad y del hecho de que la experiencia del amor mutuo es la <i>raison d'&ecirc;tre</i> de dichas relaciones. Mientras que Holmberg propone que la base de la sumisi&oacute;n de las mujeres radica en el deseo de que su feminidad sea afirmada, yo he argumentado que la identidad de g&eacute;nero no es el <i>bien</i> primario en la interacci&oacute;n heterosexual, sino un veh&iacute;culo crucial por medio del cual nos convertimos en seres amados. La fuerza b&aacute;sica en estas interacciones es la necesidad de ser amado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Necesitamos del amor porque es lo que nos empodera como personas. Por lo tanto, conformarse con expectativas construidas dentro de la posici&oacute;n femenina nos empodera a tal grado que es lo que nos asegura que somos amadas. Sin embargo, he mostrado que el amor que las mujeres obtienen al adherirse a las expectativas de g&eacute;nero las deshabilita de cierta manera como personas. Es as&iacute; porque ese amor est&aacute; basado en la premisa de que las mujeres son de utilidad para otros en vez de que sean valoradas por s&iacute; mismas, lo cual corresponde a ser amado en el sentido propio del t&eacute;rmino. Esta contradicci&oacute;n configura la b&uacute;squeda del amor de las mujeres y las lleva a hacer un balance entre los riesgos y beneficios implicados en, por un lado, conformarse a una feminidad subordinada y, por otro, los riesgos y beneficios implicados en resistirse a dicha asimetr&iacute;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El hecho de que la experiencia de ser amado est&aacute; considerablemente basada en la experiencia de ser tratado mejor de lo que uno puede exigir o esperar, nos ayuda a explicar por qu&eacute; los sentimientos de amor mutuo pueden coexistir sin problema con pr&aacute;cticas asim&eacute;tricas reales con respecto de qui&eacute;n se preocupa m&aacute;s por la otra persona dentro de la relaci&oacute;n. Desde el punto de vista de las diferencias entre los comportamientos generales de hombres y mujeres &#150;y entre lo que se espera de cada uno de ellos&#150; ellas simplemente tienden a no ser tan apreciadas &#150;o amadas&#150; por sus actos reales de amor como lo son los hombres. Este hecho nos deja con una contradicci&oacute;n peculiar: una mujer puede sentirse insatisfecha respecto de la reciprocidad dentro de la relaci&oacute;n con su pareja y, al mismo tiempo, percibir que los actos m&iacute;nimos de preocupaci&oacute;n de &eacute;l hacia ella son m&aacute;s valiosos como se&ntilde;al de amor en virtud del hecho de que son inesperados. Aun as&iacute;, y aunque ella no se sienta insatisfecha, al establecer la distinci&oacute;n entre una dimensi&oacute;n objetiva y una subjetiva del amor he argumentado que las asimetr&iacute;as son da&ntilde;inas para el sentido de dignidad de la mujer como persona.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Es que acaso no hay salida alguna de estas contradicciones? Debemos enfatizar que ambas estrategias de conformidad y resistencia ocurren dentro de la relaci&oacute;n heterosexual individual. Como se&ntilde;ala Haavind: "Las mujeres se encuentran en una situaci&oacute;n imposible en la que muchas de ellas intentan, de manera individual, cambiar el sistema, pero lo hacen de formas que requieren esfuerzos colectivos" (Haavind, 1984: 166). Con el fin de desafiar las condiciones de estas interacciones individuales, las mujeres necesitan congregarse. As&iacute; como los trabajadores pueden desafiar al capitalismo a trav&eacute;s de &#150;la amenaza de&#150; un repliegue coordinado de su fuerza de trabajo (de la cual depende el capitalismo), el repliegue relativo de las mujeres de su amor (del cual dependen los hombres) puede funcionar como fuerza estructural de cambio s&oacute;lo si se ejecuta en una escala m&aacute;s amplia. Si las mujeres han de ser capaces de tomar el riesgo de quedarse sin el amor de los hombres, entonces necesitan dirigir m&aacute;s de su amor y apoyo hacia ellas mismas y hacia otras mujeres, para as&iacute; construir sus propias reservas de valor como personas, las cuales ser&aacute;n relativamente independientes del amor de los hombres (Ferguson, 1989; Haavind, 1984; Irigaray, 1985). S&oacute;lo podremos dar cuenta de un cambio a escala colectiva cuando, con tal de ser amados por las mujeres, los hombres <i>tengan que</i> ser m&aacute;s amorosos. Porque, como hemos visto, las lindas normas (<i>rosy norms</i>) de igualdad y amor mutuo no valen mucho si los hombres pueden disfrutar del amor y estima de las mujeres incluso cuando ellos mismos no se encuentran a la altura de dichas normas.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">De Beauvoir, Simone (1989). <i>The Second Sex.</i> Nueva York: Vintage.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9714569&pid=S0187-0173201500020000800001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dempsey, Ken (2002). "Who Gets the Best Deal from Marriage: Women or Men?" <i>Journal of Sociology</i> 38 (2): 91&#45;110.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9714571&pid=S0187-0173201500020000800002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Djikic, Maja y Keith Oatley (2004). "Love and Personal Relationships: Navigating on the Border between the Ideal and the Real". <i>Journal for the Theory of Social Behaviour</i> 34: 199&#45;209.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9714573&pid=S0187-0173201500020000800003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dryden, Caroline (1999). <i>Being Married, Doing Gender: A Critical Analysis of Gender Relationships in Marriage.</i> Londres y Nueva York: Routledge.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9714575&pid=S0187-0173201500020000800004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Duncombe, Jean y Dennis Marsden (1993). "Love and Intimacy: The Gender Division of Emotion and 'Emotion Work' ". <i>Sociology</i> 27 (2): 221&#45;241.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9714577&pid=S0187-0173201500020000800005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ferguson, Ann (1989). <i>Blood at the Root: Motherhood, Sexuality and Male Dominance.</i> Londres: Pandora.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9714579&pid=S0187-0173201500020000800006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Giddens, Anthony (1992). <i>The Transformation of Intimacy: Sexuality, Love and Eroticism in Modern Societies.</i> Stanford: Stanford University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9714581&pid=S0187-0173201500020000800007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gunnarsson, Lena (2011a). "A Defence of the Category 'Women' ". <i>Feminist Theory</i> 12 (1): 23&#45;37.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9714583&pid=S0187-0173201500020000800008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gunnarsson, Lena (2011b). "Love&#45;Exploitable Resource or 'No&#45;Lose Situation'? Reconciling J&oacute;nasd&oacute;ttir's Feminist View with Bhaskar's Philosophy of MetaReality". <i>Journal of Critical Realism</i> 10 (4): 419&#45;441.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9714585&pid=S0187-0173201500020000800009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gunnarsson, Lena (2013). <i>On the Ontology of Love, Sexuality and Power: Towards a Feminist&#45;Realist Depth Approach.</i> Disertaci&oacute;n: &Ouml;rebro University.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9714587&pid=S0187-0173201500020000800010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gunnarsson, Lena (2014). <i>The Contradictions of Love.</i> Londres y Nueva York: Routledge.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9714589&pid=S0187-0173201500020000800011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Haavind, Hanne (1984). "Love and Power in Marriage". En <i>Patriarchy in a Welfare Society</i>, editado por Harriet Holter. Oslo: Universitetsforlaget.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9714591&pid=S0187-0173201500020000800012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Haavind, Hanne (1985). "F&ouml;r&auml;ndringar i f&ouml;rh&aring;llandet mellan kvinnor och m&auml;n". <i>Kvinnovetenskaplig tidskrift</i> 6 (3): 17&#45;27.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9714593&pid=S0187-0173201500020000800013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hochschild, Arlie (1989). "The Economy of Gratitude". En <i>The Sociology of Emotions: Original Essays and Research Papers</i>, editado por David D. Franks y E. Doyle McCarthy, 95&#45;113. Greenwich: Jai Press Inc.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9714595&pid=S0187-0173201500020000800014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Holmberg, Carin (1995) &#91;1993&#93;. "Det kallas k&auml;rlek". En <i>socialpsykologisk studie om kvinnors underordning och m&auml;ns &ouml;verordning bland unga j&auml;mst&auml;llda par.</i> Estocolmo: M&aring;npocket.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9714597&pid=S0187-0173201500020000800015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hooks, Bell (2000). <i>All about Love: New Visions.</i> Londres: Women's Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9714599&pid=S0187-0173201500020000800016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Irigaray, Luce (1985). <i>This Sex which Is Not One.</i> Ithaca: Cornell University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9714601&pid=S0187-0173201500020000800017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Jack, Dana Crowley (1991). <i>Silencing the Self: Women and Depression.</i> Cambridge: Harvard University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9714603&pid=S0187-0173201500020000800018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Jamieson, Lynn (1999). "Intimacy Transformed? A Critical Look at the 'Pure Relationship' ", <i>Sociology</i> 33 (3): 477&#45;494.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9714605&pid=S0187-0173201500020000800019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">J&oacute;nasd&oacute;ttir, Anna G. (1993). <i>El poder del amor: &iquest;le importa el sexo a la democracia?</i> Madrid: C&aacute;tedra.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9714607&pid=S0187-0173201500020000800020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">J&oacute;nasd&oacute;ttir, Anna G. (1994). <i>Why Women Are Oppressed.</i> Filadelfia: Temple University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9714609&pid=S0187-0173201500020000800021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">J&oacute;nasd&oacute;ttir, Anna G. (2009). "Feminist Questions, Marx's Method and the Theorisation of 'Love Power' ". En <i>The Political Interests of Gender Revisited</i>, editado por Anna G. J&oacute;nasd&oacute;ttir y Kathleen B. Jones, 58&#45;83. Manchester: Manchester University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9714611&pid=S0187-0173201500020000800022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">J&oacute;nasd&oacute;ttir, Anna G. (2011). "What Kind of Power Is 'Love Power'?" En <i>Sexuality, Gender and Power: Intersectional and Transnational Perspectives</i>, editado por Anna G. J&oacute;nasd&oacute;ttir, Kathleen B. Jones y Valerie Bryson, 45&#45;59. Londres y Nueva York: Routledge.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9714613&pid=S0187-0173201500020000800023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Langford, Wendy (1994). "Gender, Power and Self&#45;Esteem: Women's Poverty in the Economy of Love". <i>Feminist Theology</i> 3 (7): 94&#45;115.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9714615&pid=S0187-0173201500020000800024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Langford, Wendy (1999). <i>Revolutions of the Heart: Gender, Power and the Delusions of Love.</i> Londres y Nueva York: Routledge.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9714617&pid=S0187-0173201500020000800025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pease, Bob (2010). <i>Undoing Privilege: Unearned Advantage in a Divided World.</i> Londres: Zed.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9714619&pid=S0187-0173201500020000800026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rubin, Lillian B. (1983). <i>Intimate Strangers: Men and Women Together.</i> Nueva York: Harper &amp; Row.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9714621&pid=S0187-0173201500020000800027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Schwalbe, Michael (1992). "Male Supremacy and the Narrowing of the Moral Self". <i>Berkeley Journal of Sociology</i> 37: 29&#45;54.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9714623&pid=S0187-0173201500020000800028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Smith, Christian (2010). <i>What is a Person? Rethinking Humanity, Social Life, and the Moral Good from the Person Up.</i> Chicago y Londres: The University of Chicago Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9714625&pid=S0187-0173201500020000800029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Strazdins, Lyndall y Dorothy H. Broom (2004). "Acts of Love (and Work): Gender Imbalance in Emotional Work and Women's Psychological Distress". <i>Journal of Family Issues</i> 25 (3): 356&#45;378.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9714627&pid=S0187-0173201500020000800030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Thagaard, Tove (1997). "Gender, Power and Love: A Study of Interaction between Spouses". <i>Acta Sociol&oacute;gica</i> 40: 357&#45;376.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9714629&pid=S0187-0173201500020000800031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tormey, Judith Farr (1976) "Exploitation, Oppression and Self&#45;Sacrifice". En <i>Women and Philosophy: Toward a Theory of Liberation</i>, editado por Carol C. Gould y Marx W. Wartofsky, 206&#45;221. Nueva York: Capricorn Books.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9714631&pid=S0187-0173201500020000800032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="nota"></a>Notas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">*Art&iacute;culo publicado originalmente en ingl&eacute;s bajo el t&iacute;tulo: Lena Gunnarsson (2014). "Loving Him for Who He Is: The Microsociology of Power". En <i>Love &#150;a Question for Feminism in the Twenty First Century</i>, editado por Anna G. J&oacute;nasd&oacute;ttir y Ann Ferguson. Londres: Routledge. Una versi&oacute;n ampliada puede encontrarse en: Lena Gunnarsson (2014). <i>The Contradictions of Love.</i> Londres: Routledge. Agradezco a Routledge el permiso para traducirlo y publicarlo en espa&ntilde;ol. Traducci&oacute;n de Amneris Chaparro, doctora en teor&iacute;a pol&iacute;tica por la Universidad de Essex, e investigadora posdoctoral (2014&#45;2015) en la "Chaire Hoover" de &Eacute;tica y Econom&iacute;a Social de la Universidad de Lovaina en B&eacute;lgica. Correo electr&oacute;nico: &lt;<a href="mailto:amnerischa@gmail.com">amnerischa@gmail.com</a>&gt;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> En su an&aacute;lisis, Holmberg utiliza el m&eacute;todo de "poner entre par&eacute;ntesis", es decir, no cita directa ni literalmente a las y los entrevistados, sino que acorta sus respuestas de manera que solamente constituyan "el significado que capta la esencia de la respuesta" (Holmberg, 1993: 85). Para resaltar las tendencias generales de g&eacute;nero y para asegurar el anonimato de las fuentes, las y los entrevistados son <i>desindividualizados</i>, y por lo tanto todos los hombres aparecen como "&eacute;l" y todas las mujeres como "ella". De igual manera, en la presentaci&oacute;n de las respuestas Holmberg sustituye "ella", "&eacute;l", "de ella" y "de &eacute;l" por "yo" y "m&iacute;". Me apego a este modo estil&iacute;stico cuando cito las respuestas. Todas las referencias de Holmberg fueron traducidas directamente del sueco al ingl&eacute;s por la autora.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Estas regularidades de comportamiento de g&eacute;nero deben ser vistas como tendencias que no excluyen excepciones o complejidad. Para un tratamiento m&aacute;s elaborado de este tema v&eacute;ase Gunnarsson 2011a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> Cabe se&ntilde;alar que la <i>autodesaparici&oacute;n</i> en la que estas mujeres se involucran constituye un tipo de amor enajenado el cual, como tal, no empodera a los hombres en el sentido fundamental en que el amor genuino lo hace. El amor es esencialmente una relaci&oacute;n entre dos subjetividades irreductibles y cuando alguien se convierte a s&iacute; misma en un objeto que existe s&oacute;lo para el otro, no tendr&aacute; mucho que darse a ella ni a la otra persona. Sin embargo, en mi opini&oacute;n, dado el tipo de <i>selves</i> enajenados que son los hombres (paradigm&aacute;ticamente constituidos bajo el patriarcado) es el amor enajenado de las mujeres lo que los empodera. Es s&oacute;lo que los <i>selves</i> masculinos restringidos &#150;que son producto de este orden de explotaci&oacute;n&#150; se encuentran basados en la supresi&oacute;n de la posibilidad de modos de vinculaci&oacute;n humana m&aacute;s satisfactorios y, en consecuencia, de una mayor realizaci&oacute;n de los <i>selves</i> de los hombres. Este tema es desarrollado a profundidad por Gunnarsson (2013 y 2014).</font></p>      ]]></body><back>
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