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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b><i>Palabra y poder. Manual del discurso pol&iacute;tico</i>,<sup><a href="#nota">1</a></sup>de Yolanda Meyenberg Leicegui y Jos&eacute; Antonio Lugo</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>por Jacqueline Peschard <sup>2</sup></b><sup></sup></font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup><i>&nbsp;Comisionada Presidenta del Instituto Federal de Acceso a la Informaci&oacute;n. Correo electr&oacute;nico: </i><a href="mailto:jacqueline.peschard@ifai.org.mx">jacqueline.peschard@ifai.org.mx</a></font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entre las m&uacute;ltiples definiciones del t&eacute;rmino pol&iacute;tica, una de las que me parecen m&aacute;s sugestivas es aquella que concibe a la pol&iacute;tica como la lucha entre discursos por alcanzar hegemon&iacute;a. Cualquier coyuntura o debate en la esfera p&uacute;blica observa precisamente el planteamiento de diversas argumentaciones contrapuestas entre s&iacute; y que tienen por objetivo dominar o vencer al resto. Todo ello se observa lo mismo en los medios de comunicaci&oacute;n, en el Congreso de la Uni&oacute;n, en una asamblea estudiantil, de vecinos o de sindicatos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dicho en otros t&eacute;rminos, me resulta dif&iacute;cilmente comprensible entender la esfera p&uacute;blica, y particularmente la esfera pol&iacute;tica, sin un uso argumentativo de las palabras. Tal afirmaci&oacute;n, aunque parezca evidente, hoy por hoy supone cierto grado de osad&iacute;a.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En primer t&eacute;rmino, porque como lo ha se&ntilde;alado Giovanni Sartori, nuestras sociedades contempor&aacute;neas observan un alejamiento de las graf&iacute;as y del lenguaje escrito, que est&aacute; siendo sustituido cada vez m&aacute;s por el empleo de las im&aacute;genes, de tal suerte que las razones pierden importancia frente a la reiterada apelaci&oacute;n a las emociones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En segundo lugar, porque junto al excesivo barroquismo ret&oacute;rico al que aluden los autores respecto del discurso pol&iacute;tico latinoamericano, tambi&eacute;n ha estado presente en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas un exagerado empleo del lenguaje t&eacute;cnico, sobre todo en lo que se refiere a la instrumentaci&oacute;n de pol&iacute;ticas en la administraci&oacute;n p&uacute;blica, y por el cual el razonamiento se circunscribe a meros tecnicismos, por no decir anglicismos, termin&aacute;ndose por apelar a un &uacute;ltimo argumento de autoridad.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En tercer lugar, porque a &uacute;ltimas fechas se puede observar la reducci&oacute;n, por no decir el vac&iacute;o, de contenidos en las afirmaciones de las propias autoridades y de los actores pol&iacute;ticos, sustituy&eacute;ndose, ya sea por error o de manera deliberada, el argumento por la declaraci&oacute;n estridente, en aras de una mayor presencia o popularidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, aun con todos esos se&ntilde;alamientos en contra, me inclino a considerar que la argumentaci&oacute;n razonada y l&oacute;gicamente estructurada termina, tarde o temprano, por imponerse. Quiz&aacute; la raz&oacute;n de ello debamos buscarla en que, a pesar de todo, nuestras sociedades mantienen la impronta de la racionalidad ilustrada, de manera tal que t&eacute;rminos como igualdad y libertad, incluso con su fuerte connotaci&oacute;n emotiva, se siguen comprendiendo dentro del entramado de valores de la modernidad occidental. Quiz&aacute; se deba tambi&eacute;n a que como personas conservamos cierta memoria, que nos recuerda lo que en cada campa&ntilde;a, en cada programa de gobierno se nos ofreci&oacute;; o quiz&aacute; porque, a final de cuentas, es el propio cuerpo pol&iacute;tico que constituimos la ciudadan&iacute;a el que sufre las consecuencias de las decisiones pol&iacute;ticas. Citando la conocida sentencia de Alexis de Tocqueville de hace ya casi dos siglos acerca de la democracia en Estados Unidos: no es que los estadounidenses fueran particularmente m&aacute;s inteligentes que otros pueblos, sino que tienen la capacidad de enmendar sus propios errores.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta primera reflexi&oacute;n acerca de la importancia de la palabra y el uso del discurso en el &aacute;mbito de la pol&iacute;tica me permite destacar la val&iacute;a de un texto como el que en esta ocasi&oacute;n nos ofrecen Yolanda Meyenberg y Jos&eacute; Antonio Lugo. Y es que los autores, pienso, no s&oacute;lo comparten esta misma consideraci&oacute;n sobre el discurso reflexivo, sino porque en el fondo tambi&eacute;n parecen compartir esta misma preocupaci&oacute;n en torno al acecho de la frivolidad en la esfera p&uacute;blica. Vamos, no me los imagino dici&eacute;ndoles a sus jefes o clientes: "Que hablen de ti, aunque sea para mal".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De la misma manera, existe una insistencia en lograr que la comunicaci&oacute;n pol&iacute;tica que ofrecen se articule a trav&eacute;s de argumentos que no se limiten a la exclusiva enumeraci&oacute;n de razonamientos t&eacute;cnicos, sino que se dirija tambi&eacute;n a obtener la m&aacute;s adecuada comprensi&oacute;n por parte de quienes sean los receptores del mensaje. Se trata, como lo se&ntilde;alaba Luis Aguilar Villa&#150;nueva, de que:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#91;...&#93; para ser eficaz, la pol&iacute;tica incluye una doble dimensi&oacute;n y tarea: ser capaz de resolver los problemas tecno&#150;econ&oacute;micos que le plantea la realizaci&oacute;n de sus objetivos y tener la capacidad de solucionar los problemas de comunicaci&oacute;n que le plantea el p&uacute;blico ciudadano. Sigue as&iacute; una doble l&oacute;gica: la de la racionalidad instrumental y la de la racionalidad comunicativa; la raz&oacute;n t&eacute;cnica para poder cambiar las circunstancias de la realidad que los ciudadanos viven como negativa, y la raz&oacute;n dial&oacute;gica para poder modificar las percepciones y apreciaciones de los ciudadanos sobre los resultados esperados o efectivos de la intervenci&oacute;n del gobierno en la realidad social.<sup><a href="#nota">3</a></sup></font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De esta manera, la racionalidad del discurso pol&iacute;tico es, contra lo que puede afirmarse, m&aacute;s una necesidad que un lujo ret&oacute;rico, y dicha racionalidad opera en muy distintos niveles, no s&oacute;lo en la elaboraci&oacute;n de un texto. Incluso abarca la creaci&oacute;n de una imagen y personalidad cre&iacute;bles. Como nos lo hacen ver en el cap&iacute;tulo "La construcci&oacute;n literaria de un personaje pol&iacute;tico", as&iacute; como en las distintas referencias a Barak Obama, la creaci&oacute;n de un personaje pol&iacute;tico no es una elaboraci&oacute;n inmediata y mucho menos trivial. Es ante todo una construcci&oacute;n reflexiva, que supone conocer no s&oacute;lo a la persona a la que nos referimos, sino tambi&eacute;n el desenlace hacia el cual deseamos llegar.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este sentido, las l&iacute;neas dedicadas al presidente franc&eacute;s Nicol&aacute;s Sarkozy (p. 117) son particularmente reveladoras de esta &uacute;ltima afirmaci&oacute;n porque, a diferencia de Obama, permite apreciar la transformaci&oacute;n de un personaje, el contraste que puede alcanzar respecto de su propio pasado, pero siempre con base en el an&aacute;lisis reflexivo de lo que se desea. Las referencias de Sarkozi a Jean Jaures y a Leon Blum en el discurso de lanzamiento de su candidatura constituyen una extraordinaria ejemplificaci&oacute;n de dicha construcci&oacute;n del personaje.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este sentido, tambi&eacute;n habr&iacute;a un nivel adicional que, aunque ya no es motivo del texto, su lectura me provoc&oacute; reflexionar en &eacute;l. Y es el que se refiere al impacto del discurso y de los actos en el ejercicio del poder. Si bien es cierto que el texto est&aacute; centrado en la esfera estrictamente personal, es decir, est&aacute; pensado y elaborado para el uso de personas, el quehacer de estas personas en el ejercicio de gobierno las transciende hacia la esfera de las instituciones, y son &eacute;stas las que sufren tambi&eacute;n las consecuencias o disfrutan los beneficios de ese buen o mal desempe&ntilde;o.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De ah&iacute; que un texto como el que ahora nos ocupa resulta particularmente valioso en el contexto de nuestro pa&iacute;s, porque m&aacute;s all&aacute; de los c&aacute;nones que el <i>marketing</i> pol&iacute;tico vaya imponiendo conforme a las coyunturas, en la actual etapa de nuestra consolidaci&oacute;n democr&aacute;tica, as&iacute; como de debilitamiento del tejido social, la existencia del discurso articulado, racional, convincente y comprensivo resulta particularmente necesaria.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dicho sea en una palabra: tambi&eacute;n en el discurso, y quiz&aacute; sobre todo en &eacute;l, es indispensable articular las ideas que brinden orientaci&oacute;n y sentido al actuar colectivo a mediano y largo plazos. Por ende, si fuera posible reivindicar la responsabilidad, el discernimiento y el argumento razonado por medio de quienes elaboran los discursos, y que de esta manera los adopten tambi&eacute;n nuestras &eacute;lites, ser&iacute;a sin duda un gran avance.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien, si en t&eacute;rminos de su finalidad &uacute;ltima esta obra es meritoria, no lo es menos por el medio utilizado para alcanzarla. Y es que trat&aacute;ndose de un manual, el texto no s&oacute;lo es breve y did&aacute;ctico, sino adem&aacute;s pr&aacute;ctico. Cada uno de sus cap&iacute;tulos es de una muy f&aacute;cil lectura; son concretos y muy bien pensados para sus lectores inmediatos: redactores de discursos, asesores y comunicadores, quienes viven en el constante ajetreo y necesidad de respuestas inmediatas. Su estructura permite una r&aacute;pida b&uacute;squeda de los temas o aspectos que se desean ubicar, lo cual se facilita a&uacute;n m&aacute;s con un resumen de lo esencial al final de cada uno de estos apartados.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A trav&eacute;s de la obra, los autores llevan a sus lectores a reconocer la importancia del discurso y les brindan, paso a paso, las herramientas necesarias para llevar a cabo su labor. Quiz&aacute;s en este sentido sea particularmente valioso el hecho de que, como lo reconocen a lo largo del texto, &uacute;nicamente transcriben el conjunto de experiencias acumuladas a lo largo de los a&ntilde;os en el ejercicio de esa misma actividad, pero que sin duda resultan invaluables en tanto que plasman en el libro ese amplio conocimiento que s&oacute;lo permite la pr&aacute;ctica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este mismo sentido, las recomendaciones y atajos expuestos son por lo dem&aacute;s &uacute;tiles: el conocimiento y cercan&iacute;a con el jefe o cliente; el contexto del evento, mediato o inmediato; el objetivo de atender a distintos p&uacute;blicos; la descripci&oacute;n de cada una de las partes que integran un discurso y su importancia; los recursos ret&oacute;ricos que pueden ser empleados; la distinci&oacute;n de los tipos de discurso; as&iacute; como un &uacute;ltimo cap&iacute;tulo sobre los diferentes documentos de apoyo en la comunicaci&oacute;n pol&iacute;tica, como los boletines o comunicados de prensa, las cartas a los editores, etc&eacute;tera, constituyen en conjunto un f&aacute;cil, pero a la vez completo, cat&aacute;logo de instrumentos para el ejercicio inmediato y eficaz de la actividad, todo ello adosado con pertinentes e ilustrativos ejemplos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, deseo hacer un alto en el camino para realizar un breve comentario. Como presentadora revis&eacute; un texto que en principio, como "jefa&#150;cliente", nunca lo hubiera hecho. Y aun cuando intuitivamente reconoc&iacute;a la importancia de esta labor no me hab&iacute;a percatado del todo de su complejidad hasta el momento de leerlo. Para quienes desde la esfera acad&eacute;mica estamos acostumbrados a escribir resulta m&aacute;s o menos obvio reconocer lo imprescindible de la lectura y del conocimiento necesario para plasmar nuestras ideas, pero me imagino la enorme dificultad que ello debe implicar para quien, como escritor de discursos, tenga como cliente a una persona no familiarizada con la escritura o la lectura, por no hablar de una vasta cultura.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, para quien se dedica al estudio de la pol&iacute;tica conocer la realidad y contar con un permanente anclaje en la misma resulta tambi&eacute;n una labor constante, por lo que reconozco entonces lo complejo que debe ser transmitir dicho anclaje a las otras personas para quienes se escribe un discurso.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En suma, me parece que este trabajo tambi&eacute;n constituye una merecida distinci&oacute;n para todas aquellas personas que se dedican a elaborar tales discursos y que adquieren su mayor reivindicaci&oacute;n en la satisfacci&oacute;n de otros. A todas ellas mi reconocimiento.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="nota"></a>Notas</b></font></p> 	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Yolanda Meyenberg Leicegui y Jos&eacute; Antonio Lugo, <i>Palabra y poder. Manual del discurso pol&iacute;tico,</i> Grijalbo, M&eacute;xico, 2011, 155 pp.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9724927&pid=S0187-0173201200010001000001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p> 	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> Luis Aguilar Villanueva, "Introducci&oacute;n", en Giandom&eacute;nico Majone, <i>Evidencia, argumentaci&oacute;n y persuasi&oacute;n en la formulaci&oacute;n de pol&iacute;ticas,</i> Fondo de Cultura Econ&oacute;mica&#150;Colegio Nacional de Ciencias Pol&iacute;ticas y Administraci&oacute;n P&uacute;blica, M&eacute;xico, D. F., 2000, p. 25.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9724929&pid=S0187-0173201200010001000002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body><back>
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