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</front><body><![CDATA[  		 			       <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Notas y traducciones</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>      <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Movimientos sociales en el Estado ampliado. Una lectura desde Gramsci</b></font></p>      <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>      <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Jaime Ortega Reyna<sup>1</sup> y Stefan Pimmer<sup>2</sup></b></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i><sup>1 </sup>Profesor de asignatura en la Facultad de Filosof&iacute;a y Letras de la Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, y doctorante en Estudios Latinoamericanos.</i></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i><sup>2 </sup>Estudiante de la carrera de Estudios Latinoamericanos en la misma instituci&oacute;n.</i></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>1. EL SURGIMIENTO DE LOS NUEVOS</b> movimientos sociales en los a&ntilde;os sesenta y ochenta del siglo pasado, y del movimiento altermundista a partir de las cumbres de la Organizaci&oacute;n Mundial de Comercio (OMC) en Seattle, 1999, y del Grupo de los Ocho (G&#150;8) en G&eacute;nova, 2001, estimularon un extenso debate en m&uacute;ltiples foros y espacios acad&eacute;micos. Es significativo que, sobre todo en la sociolog&iacute;a, los movimientos sociales se impusieron como objeto de estudio (Sousa Santos, 2001: 177). De esta manera, los debates llevaron a un enriquecimiento de los instrumentos te&oacute;rico&#150;metodol&oacute;gicos en cuanto al an&aacute;lisis de los movimientos sociales como tales. Sin embargo, este enfoque sociol&oacute;gico desatendi&oacute; un an&aacute;lisis propiamente pol&iacute;tico del fen&oacute;meno, principalmente en lo que al Estado se refiere. Creemos que los planteamientos de Antonio Gramsci alrededor de su concepto de "Estado ampliado" constituyen un marco te&oacute;rico adecuado para dicha tarea. En las siguientes l&iacute;neas queremos indagar posibles puntos de partida para pensar y analizar los movimientos sociales desde un punto de vista gramsciano, es decir, ubicarlos en el contexto del Estado ampliado. Creemos que tanto para los estudios gramscianos como para los estudios de los movimientos sociales esta labor puede resultar provechosa.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>2. </b>La motivaci&oacute;n de este trabajo es, pues, una cierta desatenci&oacute;n de los estudios sobre los movimientos sociales en cuanto a su car&aacute;cter pol&iacute;tico. Al respecto, resaltamos la vinculaci&oacute;n de estos movimientos con el Estado, que ha sido tema de m&uacute;ltiples pol&eacute;micas, donde el debate en torno a la autonom&iacute;a de los primeros es s&oacute;lo la &uacute;ltima expresi&oacute;n de aqu&eacute;llas. Lo que est&aacute; en juego, sin embargo, no es &uacute;nicamente la cuesti&oacute;n de la autonom&iacute;a sino tambi&eacute;n la respectiva comprensi&oacute;n del Estado. A menudo y de manera impl&iacute;cita, se da por supuesto cierta noci&oacute;n del Estado sin tomar en cuenta que se trata de un fen&oacute;meno social sumamente complejo. Esta complejidad, en consecuencia, se expresa en comprensiones te&oacute;ricas igualmente heterog&eacute;neas y divergentes. Hay que a&ntilde;adir las largas disputas ideol&oacute;gicas al respecto para entender que la noci&oacute;n de Estado suele evocar una enga&ntilde;osa falta de ambig&uuml;edad. En realidad, a menudo estamos frente a m&uacute;ltiples comprensiones que se refieren a fen&oacute;menos distintos. Se puede reconocer sin dificultad que esta imprecisi&oacute;n genera deficiencias no s&oacute;lo te&oacute;ricas, sino tambi&eacute;n pr&aacute;cticas, respecto del an&aacute;lisis de las potencialidades y l&iacute;mites de los movimientos sociales en la transformaci&oacute;n social. Por lo tanto, un an&aacute;lisis pol&iacute;tico de los movimientos sociales se tiene que basar en una respectiva y explicitada comprensi&oacute;n del Estado para evitar malentendidos que tienen su origen en una insuficiente definici&oacute;n de los t&eacute;rminos.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>3. </b>Al respecto, creemos que los planteamientos de Antonio Gramsci en torno al Estado ampliado son particularmente adecuados para analizar los movimientos sociales desde un punto de vista pol&iacute;tico. Ya en 1933 &#150;y frente al &eacute;xito de las corrientes sociol&oacute;gicas de entonces&#150; Gramsci sostiene con vehemencia un an&aacute;lisis pol&iacute;tico de los fen&oacute;menos sociales: "Lo que realmente importante hay en la sociolog&iacute;a no es m&aacute;s que ciencia pol&iacute;tica" (Gramsci, 1999, cuaderno 15, p&aacute;rrafo 10: 186). La afirmaci&oacute;n se dirige contra la decadencia tanto del concepto de pol&iacute;tica como del Estado. Gramsci advierte un doble empobrecimiento te&oacute;rico que asimila la pol&iacute;tica con el Estado, al tiempo que &eacute;ste es confundido con el concepto de gobierno. Para contrarrestar estos reduccionismos, Gramsci aboga por una com&#150;prensi&oacute;n amplia de la pol&iacute;tica. A menudo afirma que todo es pol&iacute;tica, es decir, todos los &aacute;mbitos de la realidad social est&aacute;n atravesados por la pol&iacute;tica: "&#91;...&#93; o sea que todos ellos contienen a la pol&iacute;tica como elemento real o potencial ineliminable" (Coutinho, 2004: 75). La pol&iacute;tica para Gramsci no se reduce al juego y las luchas partidarias dentro de las instituciones y organizaciones p&uacute;blicas; m&aacute;s bien da cuenta de una relaci&oacute;n mucho m&aacute;s elemental, la relaci&oacute;n entre gobernantes y gobernados: "&#91;El&#93; primer elemento es que existen verdaderamente gobernados y gobernantes, dirigentes y dirigidos. Toda la ciencia y el arte pol&iacute;ticos se basan en este hecho primordial, irreductible" (Gramsci, 1999, cuaderno 15, p&aacute;rrafo 4: 175). A partir de esta afirmaci&oacute;n se entiende por qu&eacute;, seg&uacute;n Gramsci, todo es pol&iacute;tica: porque la relaci&oacute;n entre gobernantes y gobernados atraviesa todos los niveles de la realidad social cuya constituci&oacute;n, a su vez, est&aacute; basada en esta relaci&oacute;n elemental de poder.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>4. </b>Con base en esta ampliaci&oacute;n de la noci&oacute;n de pol&iacute;tica, Gramsci puede redefinir &#150;e igualmente ampliar&#150; la noci&oacute;n del Estado. Esta operaci&oacute;n, sin embargo, no es un mero capricho te&oacute;rico, sino que da cuenta de un proceso hist&oacute;rico que termina en una transformaci&oacute;n fundamental de las sociedades modernas al inicio del siglo XX. Nos referimos a la irrupci&oacute;n organizada y consciente de las masas en la pol&iacute;tica, lo que Marco Aurelio Nogueira denomina como una "politizaci&oacute;n de lo social" y una "socializaci&oacute;n de la pol&iacute;tica" (en Liguori, 2000: 323). La pol&iacute;tica, pues, ya no es una cuesti&oacute;n de &eacute;lites, ahora se caracteriza por el surgimiento de nuevos sujetos colectivos, como lo son los grandes sindicatos y los partidos pol&iacute;ticos. Gramsci se da cuenta de que estos nuevos sujetos colectivos, junto con la difusi&oacute;n de los medios masivos de comunicaci&oacute;n e informaci&oacute;n, forman una nueva esfera de la realidad social que designa como "sociedad civil". Sin embargo, la sociedad civil no constituye un "tercer sector" al lado del Estado y del mercado, sino que m&aacute;s bien es una trama "privada" del Estado, ya que la relaci&oacute;n entre gobernantes y gobernados se constituye no s&oacute;lo a trav&eacute;s del Estado en sentido restringido. M&aacute;s bien, esa relaci&oacute;n pol&iacute;tica atraviesa toda esta nueva esfera a tal punto que el Estado ya no se comprende sin tomar en cuenta los acontecimientos dentro de la sociedad civil, mientras que &eacute;sta no se puede entender si no se la considera como parte del Estado. En palabras del propio Gramsci: "Pero qu&eacute; significa esto sino que por Estado debe entenderse adem&aacute;s del aparato gubernamental tambi&eacute;n el aparato 'privado' de hegemon&iacute;a o sociedad civil" (Gramsci, 1999, cuaderno 6, p&aacute;rrafo 137: 105). En otras palabras, el concepto del Estado ampliado da cuenta del hecho de que las pr&aacute;cticas estatales en Occidente est&aacute;n enraizadas y vinculadas profundamente con esta nueva esfera de la sociedad civil, con sus peri&oacute;dicos, revistas, partidos pol&iacute;ticos, sindicatos, etc&eacute;tera.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>5.</b> Para evitar malentendidos hasta hoy d&iacute;a bastante comunes tanto en el mundo anglosaj&oacute;n como latinoamericano es necesario se&ntilde;alar que la noci&oacute;n de sociedad civil en Gramsci no se refiere a la esfera econ&oacute;mica o de reproducci&oacute;n y acumulaci&oacute;n de capital. No es, pues, lo que Marx denomina como <i>b&uuml;rgerliche Gesellschaft</i>, el reino de las relaciones econ&oacute;micas cuya anatom&iacute;a habr&iacute;a que buscar consecuentemente en la econom&iacute;a pol&iacute;tica. Es por ello que Norberto Bobbio, en su famosa ponencia "Gramsci y la noci&oacute;n de la sociedad civil", se equivoca cuando sostiene que la innovaci&oacute;n de Gramsci respecto de Marx consiste en una inversi&oacute;n del t&eacute;rmino de sociedad civil, ya no situado dentro de la estructura sino como parte de las superestructuras. Bien es verdad que Gramsci ubica a la sociedad civil como parte de las superestructuras; lo que no es cierto, sin embargo, es que se trata de una inversi&oacute;n, simple y sencillamente porque Marx y Gramsci hablan de cosas diferentes. De hecho, en todos los pasajes que Bobbio cita respecto del t&eacute;rmino de sociedad civil en Marx, &eacute;ste en realidad est&aacute; hablando de <i>b&uuml;rgerliche Gesellschaft</i>, o sea, de sociedad burguesa. Estamos, pues, frente a dos conceptos diferentes. En uno, la sociedad burguesa de Marx efectivamente se refiere al reino de las relaciones econ&oacute;micas; es el mundo del <i>homo economicus </i>y de la propiedad privada; la esfera de la reproducci&oacute;n y acumulaci&oacute;n de capital. En otro, la sociedad civil de Gramsci, es el mundo del <i>homo politicus</i>; se refiere a la esfera de la comunicaci&oacute;n y la organizaci&oacute;n social desde el punto de vista de los proyectos universales o hegem&oacute;nicos. En cuanto los sujetos sociales superan su individualizaci&oacute;n impuesta por el proceso de socializaci&oacute;n capitalista en direcci&oacute;n a proyectos y acciones comunes para otorgarles a sus intereses un significado y una trascendencia para toda la sociedad, justo en ese momento constituyen lo que Gramsci denomina como sociedad civil: un campo de lucha (Haug, 2006: 168).</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>6.</b> Si bien la sociedad civil no es la esfera econ&oacute;mica o la sociedad burguesa de Marx, tampoco es por s&iacute; misma una esfera de emancipaci&oacute;n o liberaci&oacute;n del ser humano. Al incorporarse al discurso pol&iacute;tico y al sentido com&uacute;n el t&eacute;rmino perdi&oacute; mucha precisi&oacute;n y, a menudo, oculta los m&aacute;s variados significados. Uno de ellos es justamente esa connotaci&oacute;n normativa que percibe a la sociedad civil como una esfera de protesta y lucha social, de resistencia; una esfera aut&oacute;noma y democr&aacute;tica frente a un Estado autoritario y a la anarqu&iacute;a del mercado. Es &eacute;sta la noci&oacute;n que parece prevalecer no s&oacute;lo en el discurso de los movimientos sociales mismos que se autodefinen como parte de la sociedad civil (t&oacute;mese como ejemplo paradigm&aacute;tico los comunicados del Ej&eacute;rcito Zapatista de Liberaci&oacute;n Nacional), sino tambi&eacute;n y de manera m&aacute;s impl&iacute;cita en los trabajos cient&iacute;ficos que tienen como objeto a los movimientos sociales. Es una noci&oacute;n de sociedad civil que Marco Aurelio Nogueira (2004: 249) define como "sociedad civil social": en ella la pol&iacute;tica no es excluida de antemano, aunque es concebida &uacute;nicamente en sus formas anti&#150;institucionales. Es una sociedad civil frente al Estado, es un campo alternativo a todos los dem&aacute;s &aacute;mbitos, cuyo actor emblem&aacute;tico son los movimientos sociales. Es "la idea de que habr&iacute;a surgido una 'tercera esfera', posicionada entre el Estado y el mercado, desvinculada de los partidos, las reglas institucionales y los compromisos formales, tierra de libertad, del activismo y de la generosidad social" (Nogueira, 2004: 241). Es, pues, una esfera de autorregulaci&oacute;n y autolimitaci&oacute;n, noci&oacute;n autorreferencial que se asemeja a la comprensi&oacute;n de la teor&iacute;a de los sistemas. Ni Estado ni mercado, la sociedad civil es la esfera de autorganizaci&oacute;n de los movimientos sociales que figuran como contrapeso frente a los excesos que se generan en los dem&aacute;s &aacute;mbitos sociales. Las deficiencias de esta noci&oacute;n son obvias: primero, porque enfoca de manera unilateral a los movimientos sociales y excluye a los dem&aacute;s actores de la sociedad civil, como son los partidos pol&iacute;ticos, los medios de informaci&oacute;n y comunicaci&oacute;n, las iglesias, etc&eacute;tera. Segundo, porque comprende a la sociedad civil &uacute;nicamente en su forma "espont&aacute;nea", de movimiento, excluyendo a las instituciones como parte de la misma. Y tercero, porque percibe a la sociedad civil como una esfera intr&iacute;nsecamente "buena" y emancipadora, de contrapeso frente a los dem&aacute;s &aacute;mbitos "malos" de la realidad social. La mera expansi&oacute;n de la sociedad civil, seg&uacute;n esto, tendr&iacute;a que conducir autom&aacute;ticamente a la emancipaci&oacute;n y liberaci&oacute;n de los seres humanos.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Frente a esta versi&oacute;n y a la noci&oacute;n "econ&oacute;mica" de sociedad civil, nos parece de suma importancia reivindicar y recuperar una comprensi&oacute;n que se apegue m&aacute;s a los planteamientos de Gramsci: "La sociedad civil gramsciana condensa, en este sentido, el campo mismo de los esfuerzos societales dedicados a organizar pol&iacute;ticamente los intereses de clase" (Nogueira, 2004: 245); y no s&oacute;lo de clase, dir&iacute;amos nosotros. No es un actor sino un campo de lucha dentro del Estado ampliado donde los diferentes grupos y clases sociales forman y defienden sus proyectos pol&iacute;ticos. Por lo tanto, no es buena ni mala, no es de por s&iacute; conservadora o progresista. Ello depende, en cada caso, de las fuerzas sociales concretas y de sus proyectos pol&iacute;ticos y culturales.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>7.</b> Ahora podemos regresar a la Italia de inicios del siglo XX. Frente a la irrupci&oacute;n de las masas en la pol&iacute;tica y el surgimiento de la nueva esfera de la sociedad civil, Gramsci se da cuenta de que la ampliaci&oacute;n del Estado da origen, al mismo tiempo, a una transformaci&oacute;n fundamental del modo de dominaci&oacute;n, es decir, de la relaci&oacute;n entre gobernantes y gobernados. En esta relaci&oacute;n, los elementos de direcci&oacute;n y consenso se vuelven cada vez m&aacute;s importantes y complementan los elementos de fuerza y coerci&oacute;n en la organizaci&oacute;n de la vida social. Estrechamente vinculado con la noci&oacute;n del Estado ampliado, el concepto de "hegemon&iacute;a" da cuenta de esta transformaci&oacute;n. Lejos de ser un mero acto de voluntad, la consecuci&oacute;n y la obtenci&oacute;n de un cierto nivel de consenso entre los gobernados se impone como elemento imprescindible en la lucha pol&iacute;tica y tiene que ver con el car&aacute;cter ampliado del Estado. Al respecto, la sociedad pol&iacute;tica, o el Estado en sentido restringido, es la esfera mediante la cual las clases dominantes ejercen su dictadura, es decir, dan sustento a su proyecto de dominaci&oacute;n mediante mecanismos de coerci&oacute;n de los aparatos gubernamentales burocr&aacute;ticos y policiaco&#150;militares. La sociedad civil, en cambio, es la esfera donde operan los aparatos hegem&oacute;nicos de los diferentes grupos y clases sociales, es decir, organizaciones dedicadas a la elaboraci&oacute;n y difusi&oacute;n de ideolog&iacute;as y concepciones del mundo tales como iglesias, escuelas, partidos, sindicatos y, por qu&eacute; no, movimientos sociales. La materialidad propia de estas organizaciones, que se caracterizan por una adhesi&oacute;n voluntaria y no por el uso leg&iacute;timo de la fuerza, impone un cierto modo de acci&oacute;n pol&iacute;tica cuyo enfoque est&aacute; puesto predominantemente en la instrumentaci&oacute;n de medidas de persuasi&oacute;n y de direcci&oacute;n.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En resumidas cuentas, el concepto del Estado ampliado de Gramsci da cuenta del car&aacute;cter inmanentemente social del Estado, ya que las pr&aacute;cticas estatales est&aacute;n enraizadas profundamente en esta nueva esfera que Gramsci denomina como sociedad civil. La ampliaci&oacute;n del Estado, a su vez, termina afectando la relaci&oacute;n entre gobernantes y gobernados. Esta relaci&oacute;n pol&iacute;tica no s&oacute;lo se constituye en y por el Estado en sentido restringido, sino que se entrelaza tambi&eacute;n en la sociedad civil y sus aparatos hegem&oacute;nicos. Es decir, la relaci&oacute;n entre gobernantes y gobernados no s&oacute;lo se establece mediante el aparato gubernamental sino tambi&eacute;n mediante las pr&aacute;cticas, organizaciones e instituciones de la sociedad civil. Por lo tanto, y en relaci&oacute;n con la materialidad propia de los aparatos hegem&oacute;nicos, los proyectos pol&iacute;ticos y la organizaci&oacute;n de la vida social se basan adem&aacute;s de la fuerza y la coerci&oacute;n en los elementos de direcci&oacute;n y de consenso. En fin, son estos aparatos hegem&oacute;nicos los que dan sustento consensual al Estado en su conjunto. En palabras de Buttigieg: "El Estado moderno toma su fuerza de, y es protegido por, algo mucho m&aacute;s formidable que el poder de las armas: sus poderes y mecanismos de persuasi&oacute;n" (Buttigieg, 2004: 66).</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>8.</b> Los elementos anteriores nos permiten ahora regresar a la problem&aacute;tica del an&aacute;lisis pol&iacute;tico de los movimientos sociales a partir de Gramsci. Lo primero que podr&iacute;amos afirmar con base en lo dicho es que los movimientos sociales deben analizarse en tanto movimientos pol&iacute;ticos, siempre y cuando nos basemos en una comprensi&oacute;n amplia de la pol&iacute;tica, que Gramsci defendi&oacute; frente a las corrientes sociol&oacute;gicas de entonces. Desde este punto de vista, los movimientos sociales son inmanentemente pol&iacute;ticos porque toman parte e influyen en esa relaci&oacute;n global entre gobernantes y gobernados. El car&aacute;cter pol&iacute;tico de los movimientos sociales no deriva de sus objetivos o formas de organizaci&oacute;n, sino del hecho de que forman parte de lo que Gramsci denominaba como "irrupci&oacute;n organizada y consciente de las masas en la pol&iacute;tica", es decir, en la organizaci&oacute;n de la producci&oacute;n y reproducci&oacute;n de la sociedad en su conjunto. Por lo tanto, la formaci&oacute;n de un movimiento social es de por s&iacute; un acto pol&iacute;tico porque constituye un sujeto colectivo que afecta la relaci&oacute;n entre gobernantes y gobernados, relaci&oacute;n que a su vez rige la organizaci&oacute;n de la vida en com&uacute;n. Para usar la terminolog&iacute;a de Gramsci: el surgimiento de un movimiento social influye en una determinada relaci&oacute;n de las fuerzas sociales en pugna; y las acciones del movimiento, dirigidas a la obtenci&oacute;n de sus objetivos, tienen consecuencias en cuanto propician la conservaci&oacute;n o la transformaci&oacute;n de dicha relaci&oacute;n. Como en el caso de la sociedad civil, por lo tanto, es err&oacute;neo atribuir a los movimientos sociales de antemano un car&aacute;cter liberador o emancipador en favor de los grupos dominados y en contra de los grupos dominantes. Los movimientos sociales sencillamente son medios de expresi&oacute;n y canalizaci&oacute;n de demandas de ciertos grupos o clases sociales, y su contenido y objetivos dependen de la base social que los constituye. Si bien es cierto que algunos grupos o clases sociales &#150;debido a sus recursos tanto materiales como culturales y organizacionales&#150; pueden influir de manera directa en la toma de decisiones pol&iacute;ticas fuera de los canales institucionales formales, ello no excluye, sin embargo, la posibilidad de que promuevan sus intereses mediante la organizaci&oacute;n de las masas para complementar sus acciones formales e informales en la defensa de su posici&oacute;n social (Cadena Roa, 2006: 483). En el caso de M&eacute;xico, las llamadas "marchas blancas" en los a&ntilde;os 2004 y 2008, y el movimiento en contra del aborto, son dos ejemplos ilustrativos al respecto.</font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>9.</b> Aunque la comprensi&oacute;n general de los movimientos sociales a menudo no hace explicito su car&aacute;cter inmanentemente pol&iacute;tico, la mayor&iacute;a estar&iacute;a de acuerdo en que se trata de un fen&oacute;meno que se ubica dentro del &aacute;mbito de lo que Gramsci define como sociedad civil. En este sentido, los movimientos sociales forman parte de la esfera donde los sujetos sociales se constituyen como sujetos pol&iacute;ticos, esto es, donde los individuos se organizan y llegan a acuerdos para defender y fomentar sus propios intereses en forma de proyectos pol&iacute;ticos y culturales. Aunque en el caso de los movimientos sociales estos proyectos tiene un alcance y unos objetivos a menudo restringidos al &aacute;mbito local o con respecto a problem&aacute;ticas limitadas, se trata de un fen&oacute;meno pol&iacute;tico porque implica una reivindicaci&oacute;n de la participaci&oacute;n en la organizaci&oacute;n de la vida colectiva. Ahora bien, aunque el t&eacute;rmino de sociedad civil, en general, es atribuido a Gramsci, se olvida que para &eacute;ste la sociedad civil es parte del Estado ampliado, es decir, de "un equilibrio de la sociedad pol&iacute;tica con la sociedad civil (o hegemon&iacute;a de un grupo social sobre la entera sociedad nacional)" (Gramsci, 2007: 272). En otras palabras, comprender los movimientos sociales como parte de la sociedad civil significa, seg&uacute;n Gramsci, comprenderlos al mismo tiempo como parte del Estado ampliado, esto es, como parte de un contexto de dominaci&oacute;n y de direcci&oacute;n. En esta perspectiva, la clase dominante no s&oacute;lo opera desde el Estado en sentido restringido, manteniendo su dominio mediante el uso de los aparatos de coerci&oacute;n, sino tambi&eacute;n mediante los aparatos hegem&oacute;nicos de la sociedad civil que intentan obtener el consenso de los gobernados.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>10.</b> Lo antes dicho no es un detalle menor respecto de la comprensi&oacute;n te&oacute;rica de los movimientos y las estrategias que se derivan de &eacute;sta. A primera vista suena trivial sostener que los movimientos sociales no se pueden situar afuera del Estado, aunque quisieran. Sin embargo, este hecho afecta y limita cualquier reivindicaci&oacute;n o demanda, sobre todo si apuntan a una organizaci&oacute;n aut&oacute;noma y autodeterminada de ciertos aspectos de la vida com&uacute;n por parte de los movimientos. En este sentido resulta necesario relativizar sus demandas, es decir, ubicarlas en el contexto del Estado ampliado para valorar su factibilidad. El Estado ampliado es el marco de referencia para los movimientos sociales que como sujetos colectivos forman parte de la relaci&oacute;n entre gobernantes y gobernados que se condensa en el Estado. La reivindicaci&oacute;n de una autonom&iacute;a al lado del Estado, como es el caso del EZLN, no puede ser m&aacute;s que simb&oacute;lica y no puede ser m&aacute;s que una estrategia pol&iacute;tica en cuanto a la persecuci&oacute;n de sus objetivos. Tampoco es de sorprender que el gobierno mexicano atente con todas las medidas posibles contra el movimiento zapatista, porque sus demandas forman parte de un proyecto m&aacute;s amplio que presenta, ni m&aacute;s ni menos, que el germen de un nuevo Estado, es decir, la transformaci&oacute;n de la relaci&oacute;n prevaleciente entre gobernantes y gobernados. Por lo tanto, el proyecto zapatista no se podr&aacute; realizar "al lado" del Estado. M&aacute;s bien tendr&aacute; que desarrollarse en su seno porque es parte de este contexto de dominaci&oacute;n que es el programa neoliberal de los grupos y clases dominantes. Ambos proyectos son, pues, mutuamente excluyentes, y su marco de referencia es la misma comunidad pol&iacute;tica. Aunque, sin duda, muchos mundos cabr&iacute;an en el mundo de los zapatistas, el mundo neoliberal definitivamente no estar&iacute;a incluido. Para los zapatistas, la &uacute;nica manera de lograr sus objetivos es romper con su propia posici&oacute;n subalterna dentro del proyecto dominante y este rompimiento, en t&eacute;rminos de Gramsci, no es otra cosa que volverse Estado. A pesar de algunas declaraciones contrarias, las acciones del EZLN y sus organizaciones aliadas sugieren que &eacute;stos han entendido la cuesti&oacute;n fundamental de la lucha pol&iacute;tica, que es el desarrollo de un proyecto hegem&oacute;nico.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>11.</b> Si los movimientos sociales como sujetos colectivos necesariamente forman parte de la relaci&oacute;n entre gobernantes y gobernados que se condensa en el Estado, su sola presencia apunta todav&iacute;a a otro aspecto que se deriva de la lectura de Gramsci. El fen&oacute;meno de los movimientos sociales, de las organizaciones o los grupos cuyas demandas son compartidas por una parte considerable de la sociedad y que buscan formas de reivindicaci&oacute;n al lado de las instituciones pol&iacute;ticas establecidas, apunta a una crisis del Estado, entendido &eacute;ste como un equilibrio entre la sociedad pol&iacute;tica y la sociedad civil. La crisis, en este sentido, consiste justamente en que dicho equilibrio se ha desequilibrado y desestabilizado. Lo que Gramsci denomina como "p&eacute;rdida de los v&iacute;nculos org&aacute;nicos entre sociedad pol&iacute;tica y sociedad civil" no es otra cosa que una crisis de representaci&oacute;n. El Estado en sentido restringido ya no quiere o no puede responder y satisfacer las demandas de grandes segmentos de la sociedad civil, por lo cual la b&uacute;squeda de formas no institucionales se vuelve a menudo la &uacute;nica manera de reivindicar las propias necesidades. La crisis o el desequilibrio entre sociedad pol&iacute;tica y sociedad civil a menudo se debe al bloqueo de los canales y mediaciones entres los dos &aacute;mbitos.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>12.</b> En cuanto a uno de los canales m&aacute;s importantes del sistema pol&iacute;tico representativo, los partidos pol&iacute;ticos, Gramsci ya hab&iacute;a advertido los peligros de una "momificaci&oacute;n" que impide el desarrollo de los mismos para adaptarse a las nuevas circunstancias hist&oacute;ricas: "La burocracia es la fuerza consuetudinaria y conservadora m&aacute;s peligrosa; si &eacute;sta acaba por constituir un grupo solidario, que se apoya en s&iacute; mismo y se siente independiente de la masa, el partido termina por volverse anacr&oacute;nico, y en los momentos de crisis aguda queda vac&iacute;o de su contenido social y queda como apoyado en el aire" (Gramsci, 1999, cuaderno 13, p&aacute;rrafo 23: 53). A grandes rasgos, y en este caso las excepciones confirman la regla, es esta la historia de los partidos pol&iacute;ticos en el siglo XX, que para Gramsci figuraban como el <i>Nuevo Pr&iacute;ncipe</i>: "Un elemento de sociedad complejo en el cual ya tiene principio el concretarse de una voluntad colectiva reconocida y afirmada parcialmente en la acci&oacute;n" (Gramsci, 1999, cuaderno 13, p&aacute;rrafo 1: 15). Ahora bien, el fracaso hist&oacute;rico de los partidos pol&iacute;ticos, as&iacute; como la fetichizaci&oacute;n y burocratizaci&oacute;n que impiden su funci&oacute;n como mediaci&oacute;n entre sociedad pol&iacute;tica y sociedad civil plantean otra vez la pregunta por una forma adecuada de expresi&oacute;n de la voluntad colectiva. &iquest;Por qu&eacute; no pensar en los movimientos sociales emancipadores como s&iacute;mbolo, como nueva expresi&oacute;n de la voluntad colectiva? Parece que los movimientos sociales, en este sentido, comprenden y representan mucho mejor esta voluntad, que tambi&eacute;n se basa en las demandas y las necesidades de los grupos y clases subalternos, para darles forma y lugar para su expresi&oacute;n espont&aacute;nea. Si en el caso de los partidos pol&iacute;ticos Gramsci advierte el peligro de la burocratizaci&oacute;n, tambi&eacute;n reconoce los l&iacute;mites de una expresi&oacute;n meramente espont&aacute;nea y pasional de la voluntad colectiva: "No se puede pensar en una 'pasi&oacute;n' organizada y permanente: la pasi&oacute;n permanente es una condici&oacute;n de orgasmo y de espasmo, que determina incapacidad para actuar" (Gramsci, 1999, cuaderno 13, p&aacute;rrafo 8: 23). El puro movimiento, pues, no puede ser una forma pol&iacute;tica permanente de fomentar los propios intereses porque desgasta las fuerzas y termina en un espasmo, en una inmovilizaci&oacute;n de los propios esfuerzos. Frente a estas dos formas pol&iacute;ticas, el partido que termina en la burocratizaci&oacute;n y el movimiento permanente que conduce al espasmo, parece necesario buscar una soluci&oacute;n mediata que consiste en combinar tanto elementos de un movimiento social como elementos organizativos y de planeaci&oacute;n.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>13. </b>No podemos pasar por alto que cualquier relaci&oacute;n entre sociedad civil y sociedad pol&iacute;tica, desde la perspectiva gramsciana, tiene que evitar la visi&oacute;n liberal&#150;institucionalista. Esta visi&oacute;n liberal apela a que las sociedades "ca&oacute;ticas", "ingobernables", es decir, movilizadas, son el resultado de una sociedad civil d&eacute;bil. Por el contrario, desde la perspectiva gramsciana nos alejamos de cualquier visi&oacute;n liberal centrada en conceptos como el de "ingobernabilidad". De esta manera debemos dejar en claro que Gramsci no es un te&oacute;rico del consenso liberal ni de la paz perpetua ni de una acci&oacute;n comunicativa abstracta. Por el contrario, toda la noci&oacute;n del Estado ampliado se basa en el posible y siempre latente antagonismo entre elementos de la sociedad civil y la sociedad pol&iacute;tica, as&iacute; como en los mecanismos a los que se recurre en esta &uacute;ltima para lograr un cierto consenso. La violencia tambi&eacute;n es parte del an&aacute;lisis gramsciano y, en este sentido, es un punto de apoyo para el estudio de cualquier movimiento social. La violencia, tanto f&iacute;sica como simb&oacute;lica o ideol&oacute;gica, adquiere un sentido determinado cuando se la ubica como la acci&oacute;n de uno de los dos polos de esta conflictiva relaci&oacute;n. Las sociedades latinoamericanas pueden ser analizadas con el instrumental gramsciano precisamente porque son ricas en formas y maneras de expresar su descontento. Ya sean grupos de inter&eacute;s, clase sociales, grupos &eacute;tnicos y un largo etc&eacute;tera. Todas remiten a la noci&oacute;n de sociedad civil y todas estas formas de movilizaci&oacute;n &#150;aun las m&aacute;s radicales&#150; tienen como referente de interpelaci&oacute;n al Estado en sentido restringido. Un an&aacute;lisis emp&iacute;rico desde el instrumental gramsciano no s&oacute;lo apelar&aacute;, de esta forma, a una cierta descripci&oacute;n del estado de la cuesti&oacute;n de tal o cual movimiento social, de sus formas de expresi&oacute;n y de sus instrumentos de lucha, sino que tambi&eacute;n tiene que dejarnos una posibilidad de cr&iacute;tica te&oacute;rico&#150;conceptual a los pilares de la ciencia social liberal. Conceptos como "gobernabilidad" o "cultura pol&iacute;tica", utilizados para denotar cierto "atraso civilizatorio", y que refieren a un prejuicio culturalista desde el capitalismo central, tienen que ser criticados desde la noci&oacute;n de la pol&iacute;tica que hemos sostenido m&aacute;s arriba. Finalmente, quiz&aacute; valga recordar a uno de los m&aacute;s atentos lectores de Gramsci en Am&eacute;rica Latina, el soci&oacute;logo boliviano Ren&eacute; Zavaleta, quien fue un observador directo del movimiento obrero con mayor vocaci&oacute;n de poder en la regi&oacute;n. Zavaleta sostiene que la "masa es la sociedad civil en acci&oacute;n" (1990: 83), precisamente para reafirmar esta hip&oacute;tesis: las sociedades movilizadas, en conflicto y antagonismo, son resultado de una sociedad civil fuerte y consolidada, existente: "Lo democr&aacute;tico dentro del Estado no s&oacute;lo est&aacute; dado por el funcionamiento de las instituciones representativas, sino que est&aacute; referido, sobre todo, a la autodeterminaci&oacute;n de las masas" (Oliver, 2006: 232).</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>14.</b> La relaci&oacute;n entre gobernantes y gobernados ha sido expuesta en los t&eacute;rminos de una concepci&oacute;n general de la pol&iacute;tica. Sin embargo, el uso del instrumental gramsciano nos puede abrir horizontes de posibilidad no s&oacute;lo en la exterioridad que ata&ntilde;e a los movimientos sociales como formas organizadas de la sociedad civil. Un uso m&aacute;s penetrante de la cuesti&oacute;n permite tambi&eacute;n cuestionar la forma en que se reproduce esta relaci&oacute;n (gobernantes&#150;gobernados) al interior mismo de los movimientos sociales. Un an&aacute;lisis que busque no s&oacute;lo el recuento estad&iacute;stico del n&uacute;mero de movilizaciones, sino que pretenda entender los mecanismos, tanto formales como informales, de consolidaci&oacute;n de t&aacute;cticas y estrategias, de momentos discursivos y usos simb&oacute;licos del pasado (y el futuro) no puede remitir sino al modo en que se dan forma los movimientos sociales. No se trata entonces de una alabanza a la forma del movimiento social, sino al modo en que dicha forma opera. En otras palabras, al momento en que se constituye un determinado grupo dominante que impone cierta divisi&oacute;n social del trabajo al interior de los movimientos sociales. Gramsci hab&iacute;a intuido bien esta cuesti&oacute;n, no nada m&aacute;s porque contribuy&oacute; de forma decisiva en la creaci&oacute;n de un partido pol&iacute;tico, sino tambi&eacute;n en su lectura de la obra de Robert Michel sobre los partidos pol&iacute;ticos. Lo que Michel deja ver en su estudio sobre la socialdemocracia alemana vale aqu&iacute; desde la perspectiva gramsciana: la forma en que un grupo determinado, al interior de cualquier movimiento social, puede consolidar cierta visi&oacute;n del mundo.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>BIBLIOGRAF&Iacute;A</b></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Buttigieg, Joseph. 2004. "La educaci&oacute;n en el conjunto de relaciones que constituyen la hegemon&iacute;a", en Dora Kanoussi (coord.), <i>Gramsci en Rio de Janeiro</i>, Plaza y Vald&eacute;s, M&eacute;xico, D. 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<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cadena Roa, Jorge. 2006. "Los movimientos sociales desde un punto de vista relacional", en Norma de los R&iacute;os M&eacute;ndez e Irene S&aacute;nchez Ramos (coords.), <i>Am&eacute;rica Latina: historia, realidades y desaf&iacute;os</i>, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, M&eacute;xico, D. F., pp. 479&#150;492.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9639094&pid=S0187-0173201000010000800002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Coutinho, Carlos Nelson. 2004. "El concepto de pol&iacute;tica en los <i>Cuadernos de la c&aacute;rcel </i>", en Dora Kanoussi (coord.), <i>Gramsci en Rio de Janeiro</i>, Plaza y Vald&eacute;s, M&eacute;xico, D. F., pp. 71&#150;89.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9639096&pid=S0187-0173201000010000800003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gramsci, Antonio. 2007. <i>Antolog&iacute;a</i>, selecci&oacute;n, traducci&oacute;n y notas de Manuel Sacrist&aacute;n, Siglo XXI, M&eacute;xico, D. F.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9639098&pid=S0187-0173201000010000800004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;, 1999. <i>Cuadernos de la c&aacute;rcel</i>, edici&oacute;n cr&iacute;tica del Instituto Gramsci a cargo de Valentino Gerratana, Era&#150;Benem&eacute;rita Universidad Aut&oacute;noma de Puebla, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9639100&pid=S0187-0173201000010000800005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Haug, Wolfgang Fritz. 2006. <i>Philosophieren mit Brecht und Gramsci</i>, Argument Verlag, Hamburgo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9639102&pid=S0187-0173201000010000800006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Liguori, Guido. 2000. "El debate sobre Gramsci en el cambio de siglo", en Dora Kanoussi (coord.), <i>Gramsci en Am&eacute;rica</i>, Plaza y Vald&eacute;s, M&eacute;xico, D. F., pp. 305&#150;323.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9639104&pid=S0187-0173201000010000800007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nogueira, Marco Aurelio. 2004. "La sociedad civil como campo de luchas, como recurso gerencial y como espacio &eacute;tico", en Dora Kanoussi (coord.), <i>Gramsci en Rio de Janeiro</i>, Plaza y Vald&eacute;s, M&eacute;xico, D. F., pp. 233&#150;259.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9639106&pid=S0187-0173201000010000800008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Oliver, Lucio. 2006. "Ren&eacute; Zavaleta ante la especificidad latinoamericana del Estado y la pol&iacute;tica", en Maya Aguiluz y Norma de los R&iacute;os (coords.), <i>Ren&eacute; Zavaleta Mercado: ensayos, testimonios y re&#150;visiones</i>, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico&#150;Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales&#150;Universidad Mayor de San Andr&eacute;s&#150;Mi&ntilde;o y D&aacute;vila, M&eacute;xico y Buenos Aires, pp. 225&#150;235.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9639108&pid=S0187-0173201000010000800009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sousa Santos, Boaventura de. 2001. "Los nuevos movimientos sociales", <i>Revista del osal</i>, a&ntilde;o II, n&uacute;m. 5, septiembre, Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso), Buenos Aires, pp. 177&#150;184, en <a href="http://bibliotecavirtual.clacso.org.ar/ar/libros/osal/osal5/debates.pdf" target="_blank">http://bibliotecavirtual.clacso.org.ar/ar/libros/osal/osal5/debates.pdf</a></font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9639110&pid=S0187-0173201000010000800010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Zavaleta, Ren&eacute;. 1990. <i>El Estado en Am&eacute;rica Latina</i>, Los Amigos del Libro, La Paz.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9639111&pid=S0187-0173201000010000800011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body><back>
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