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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Notas y traducciones</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>      <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Sexualidades: teor&iacute;a social y la crisis de identidad<sup>1</sup></b><a href="#notas">*</a></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Anthony Elliot</b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> <i>Traducido por A. Patricia Gayt&aacute;n S&aacute;nchez, profesora&#45;investigadora del Departamento de Sociolog&iacute;a de la Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana, unidad Azcapotzalco.</i> Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:apgs@correo.azc.uam.mx">apgs@correo.azc.uam.mx</a>. </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>INTRODUCCI&Oacute;N</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En d&eacute;cadas recientes, la sexualidad se ha convertido en un t&oacute;pico crecientemente discutido y debatido entre los te&oacute;ricos sociales. De hecho, sexo y deseo se han convertido en el foco de una intensa fascinaci&oacute;n feminista, filos&oacute;fica y te&oacute;rico&#45;social, y ello es gracias al tel&oacute;n de fondo en que los te&oacute;ricos se han visto en la necesidad de repensar la constituci&oacute;n y reproducci&oacute;n de sexualidades, cuerpos, placeres, deseos, impulsos, sensaciones y afectos. &iquest;C&oacute;mo pensar la sexualidad m&aacute;s all&aacute; de los constre&ntilde;imientos de la cultura? es una pregunta crecientemente crucial para las posibilidades del radicalismo pol&iacute;tico actual. El impulso cultural de este giro hacia la sexualidad en la teor&iacute;a social no es demasiado dif&iacute;cil de distinguir. En el ocaso de la revoluci&oacute;n sexual de los a&ntilde;os sesenta, y particularmente debido al surgimiento del feminismo, la sexualidad ha comenzado a tratarse como los cambios inducidos de amplio rango que toman lugar en la vida personal y social. Las pol&iacute;ticas de identidad, diversidad sexual, feminismo posmoderno, o posfeminismo; las identidades gay<sup><a href="#notas">2</a></sup> y lesbianas; la crisis de las relaciones personales y la vida familiar; el SIDA ; la &eacute;tica sexual y la responsabilidad de cuidado, amor y respeto: estos son los aspectos centrales de nuestros dilemas sexuales contempor&aacute;neos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este giro hacia la sexualidad en la teor&iacute;a social es, como lo he mencionado, relativamente reciente. Los te&oacute;ricos sociales por muchos a&ntilde;os ignoraron enormemente el sexo. Esta negaci&oacute;n es quiz&aacute; menos extra&ntilde;a que su primera aparici&oacute;n, una vez que los placeres de la carne no fueron considerados como materia sustantiva o cient&iacute;fica de las ciencias sociales &#45;especialmente en una &eacute;poca en que las filosof&iacute;as naturalistas o positivistas de las ciencias naturales dominaron los m&eacute;todos de las ciencias sociales y las humanidades. Hubieron, es verdad, textos dispersos &#45;The <i>Function of the Orgasm,<sup><a href="#notas">3</a></sup></i> de Wilhelm Reich (1961), o <i>Love's Body,<sup><a href="#notas">4</a></sup></i> de Norman O. Brown. Aun as&iacute;, fue &uacute;nicamente en los inicios de la protesta social y de los movimientos de los a&ntilde;os sesenta y setenta que los soci&oacute;logos y los te&oacute;ricos sociales dirigieron su atenci&oacute;n hacia un an&aacute;lisis de la sexualidad de alg&uacute;n modo detallado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este cap&iacute;tulo explorar&eacute; los discursos centrales de la sexualidad que dominan la teor&iacute;a social contempor&aacute;nea y las ciencias sociales. Dichas aproximaciones pueden agruparse bajo cinco grandes encabezados &#45;teor&iacute;a psicoanal&iacute;tica, foucaultiana, feminista, sociol&oacute;gica <i>y queer.<sup><a href="#notas">5</a></sup></i> No pretendo en este an&aacute;lisis discutir todos los temas significativos provocados por esos discursos o teor&iacute;as. En su lugar, busco describir las contribuciones de te&oacute;ricos particulares en t&eacute;rminos generales, con el objetivo de sugerir algunas preguntas centrales a las que da lugar el an&aacute;lisis de la sexualidad dentro de la teor&iacute;a social actual.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>FREUD Y EL PSICOAN&Aacute;LISIS</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El fundador del psicoan&aacute;lisis, Sigmund Freud, inici&oacute; una tendencia en el siglo XX que consisti&oacute; en atribuir un lugar central a la sexualidad humana en la organizaci&oacute;n de la cultura y de la sociedad. La teor&iacute;a de Freud desarroll&oacute; visiones de la mente agobiada por deseos conflictivos y represiones dolorosas; se trata de un modelo en el que el Yo, o Ego, lucha contra los quereres del subconsciente, por un lado, y las demandas de represi&oacute;n y negaci&oacute;n que surgen del SuperEgo, por el otro. El recuento freudiano de las formas complejas en que el individuo es atormentado por or&iacute;genes ocultos de conflicto mental proporcion&oacute; una fuente de inspiraci&oacute;n para el abandono de la represi&oacute;n sexual tanto en la vida social como en la personal. En nuestra cultura terap&eacute;utica las restricciones y negaciones de la sexualidad han sido (y para muchos a&uacute;n lo son) vistas como da&ntilde;inas emocional y socialmente. La perspectiva freudiana de que la identidad se forja a partir del encuentro de la psique con ciertas experiencias particulares, especialmente aquellas olvidadas de la infancia, ha promovido un inter&eacute;s creciente en la historia secreta del Yo (Elliot, 1998).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Muchos cr&iacute;ticos psicoanalistas que trabajan en las humanidades y en las ciencias sociales han buscado preservar el acento de las doctrinas de Freud en el an&aacute;lisis del discurso de la subjetividad y el deseo (Elliot, 1994 y 1999). Para estos te&oacute;ricos, el psicoan&aacute;lisis disfruta de una posici&oacute;n altamente privilegiada con respecto a la cr&iacute;tica social, debido a que se focaliza en la fantas&iacute;a y en el deseo, en la "naturaleza interna" o los aspectos representacionales de la subjetividad humana &#45;aspectos no irreductibles a las fuerzas sociales, pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas. De hecho, los te&oacute;ricos sociales han partido de la teor&iacute;a psicoanal&iacute;tica para abordar un amplio rango de problem&aacute;ticas, que van desde la destructividad (Erich Fromm) hasta el deseo (Jean Fran&ccedil;ois Lyotard); desde las distorsiones en la comunicaci&oacute;n (J&uuml;rgen Habermas) hasta el surgimiento de la cultura narcisista (Chirstopher Lasch). No obstante, es tal vez en t&eacute;rminos de la sexualidad que Freud y el psicoan&aacute;lisis han contribuido (y algunos dir&iacute;an obstaculizado) m&aacute;s obviamente a las teor&iacute;as social y cultural. El psicoan&aacute;lisis ha sido importante, ciertamente, como fuente te&oacute;rica para comprender la centralidad de las configuraciones espec&iacute;ficas del deseo y el poder en el nivel de las "pol&iacute;ticas de identidad", abarcando desde la identidades feministas y posfeministas hasta las pol&iacute;ticas de los gays y de las lesbianas. Es posible identificar tres enfoques clave a trav&eacute;s de los cuales el pensamiento psicoanal&iacute;tico ha estado conectado con el estudio de la sexualidad en la teor&iacute;a social:</font></p>     <blockquote>           <p align="justify"><font face="verdana" size="2">1. Como una forma de cr&iacute;tica social, proveyendo los t&eacute;rminos conceptuales (represi&oacute;n, deseo subconsciente, complejo de Edipo, y otros por el estilo) con los cuales la sociedad y la pol&iacute;tica son evaluadas;</font></p>           <p align="justify"><font face="verdana" size="2">2. Como una forma de pensamiento que puede ser retada, de&#45;construida y analizada, primariamente, en t&eacute;rminos de su sospecha del g&eacute;nero en sus suposiciones sociales y culturales.</font></p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">3. Como una forma de pensamiento que contiene tanto capacidad de comprensi&oacute;n, como ceguera, en tanto que las tensiones y las paradojas del psicoan&aacute;lisis son puestas en evidencia.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ya que no puedo hacer justicia aqu&iacute; al rango completo de las teor&iacute;as sociales de la sexualidad psicoanal&iacute;ticamente inspiradas, me concentrar&eacute; a continuaci&oacute;n en las contribuciones seminales de Herbert Marcuse y Ja&ccedil;ques Lacan.</font></p>     <blockquote>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> </blockquote>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><i>HERBERT MARCUSE</i></b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un miembro de la Escuela de Frankfurt, Herbert Marcuse, desarroll&oacute; una interpretaci&oacute;n pol&iacute;tica radical de Freud que tuvo un impacto significativo sobre aquellos que trabajaban las ciencias sociales y las humanidades, as&iacute; como sobre los estudiantes activistas y los liberacionistas sexuales. Marcuse imprimi&oacute; un giro novedoso a la teor&iacute;a de Freud sobre la represi&oacute;n sexual porque insisti&oacute;, en primer lugar, en que la famosa revoluci&oacute;n sexual de los sesenta no amenaz&oacute; seriamente el orden social establecido, sino que fue m&aacute;s bien otra forma de poder y de dominaci&oacute;n. En vez de ofrecer liberaci&oacute;n verdadera, la revoluci&oacute;n sexual fue neutralizada por el avance del orden capitalista, a trav&eacute;s de la canalizaci&oacute;n de pasiones y deseos liberados en desahogos alternativos m&aacute;s comerciales. La demanda de libertad individual y colectiva fue seducida y transfigurada por la fascinaci&oacute;n de anuncios y comodidades lujosas, cuyo resultado fue una adaptaci&oacute;n narcisista y defensiva al mundo m&aacute;s amplio. Esta apariencia narcisista caracter&iacute;stica de las relaciones sociales contempor&aacute;neas era de hecho, sostuvo Marcuse, evidente en la interpretaci&oacute;n del psicoan&aacute;lisis freudiano como psicolog&iacute;a del ego en Estados Unidos &#45;un tipo de terapia en el cual el autodominio y el autocontrol fueron elevados sobre y muy por encima del subconsciente y la sexualidad reprimida.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un rango de conceptos psicoanal&iacute;ticos &#45;incluyendo los de la represi&oacute;n; la divisi&oacute;n entre el principio del placer y el principio de la realidad; el complejo de Edipo, y otros m&aacute;s&#45; ha probado ser una espina clavada del lado de los pol&iacute;ticos radicales que buscan hacer una interpretaci&oacute;n cr&iacute;tica de Freud. Muchos han argumentado que las teor&iacute;as de Freud son pol&iacute;ticamente conservadoras. Marcuse disiente. &Eacute;l sostiene que los t&eacute;rminos pol&iacute;ticos y sociales no tienen que ser importados en el psicoan&aacute;lisis, toda vez ya que est&aacute;n presentes en el trabajo de Freud. M&aacute;s bien, las categor&iacute;as pol&iacute;ticas y sociales necesitan ser contrastadas con los supuestos centrales de la teor&iacute;a freudiana. El n&uacute;cleo de la revisi&oacute;n radical de Marcuse de la explicaci&oacute;n de Freud sobre la sexualidad descansa en su divisi&oacute;n de la represi&oacute;n en b&aacute;sica y sobrante,<sup><a href="#notas">6</a></sup> as&iacute; como en la conexi&oacute;n entre el principio de actuaci&oacute;n<sup><a href="#notas">7</a></sup> y el principio de realidad. La represi&oacute;n b&aacute;sica se refiere al nivel m&iacute;nimo de renuncia psicol&oacute;gica demandada por la vida social colectiva, con el objeto de la reproducci&oacute;n del orden, la seguridad y la estructura. La represi&oacute;n que es sobrante, por contraste, se refiere a la intensificaci&oacute;n de la autorrestricci&oacute;n demandada por las relaciones asim&eacute;tricas de poder. Marcuse describe a la familia patriarcal monog&aacute;mica, por ejemplo, como una forma cultural en la que opera la represi&oacute;n sobrante. Tal represi&oacute;n sobrante, sostiene, funciona de acuerdo con el "principio de actuaci&oacute;n", definido esencialmente como la cultura del capitalismo. De acuerdo con Marcuse, el principio de actuaci&oacute;n capitalista transforma a los individuos en "cosas" u "objetos"; reemplaza el erotismo con la sexualidad genital masculinista; y demanda un disciplinamiento del cuerpo humano (lo que en t&eacute;rminos de Marcuse se conoce como "des&#45;sublimaci&oacute;n represiva") para prevenir que el deseo irrumpa en el orden social establecido.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Qu&eacute; oportunidad existe para la emancipaci&oacute;n social y personal? Marcuse es sorpresivamente optimista acerca del cambio socio&#45;sexual. Sostiene que el principio de actuaci&oacute;n abre, ir&oacute;nicamente, un camino para la destrucci&oacute;n de la represi&oacute;n sexual. La afluencia material del avance de las sociedades capitalistas, afirma Marcuse, es la base sobre la cual puede darse una reconciliaci&oacute;n entre cultura y naturaleza &#45;el acomodo de una fase del desarrollo social que &eacute;l llama "racionalidad libidinal". Aunque es enloquecedoramente vago acerca de esta destrucci&oacute;n de la represi&oacute;n sexual, Marcuse ve en el surgimiento de la comunicaci&oacute;n emocional y de la madurez de la intimidad una reconciliaci&oacute;n de la felicidad con la raz&oacute;n. La "imaginaci&oacute;n &#45;escribe Marcuse (1956: 258)&#45;, predice la reconciliaci&oacute;n del individuo con el todo; del deseo con la realizaci&oacute;n; de la felicidad con la raz&oacute;n".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><i>Ja&ccedil;ques Lacan</i></b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tal vez el autor m&aacute;s influyente que ha incidido en los recientes debates sobre la sexualidad en la teor&iacute;a social es el controversial psicoanalista franc&eacute;s Ja&ccedil;ques Lacan. Como Marcuse, Lacan critica las tendencias conformistas de una buena parte de la terapia psicoanal&iacute;tica; fue particularmente cr&iacute;tico de la Psicolog&iacute;a del Ego, una escuela de psicoanalistas que desde su perspectiva negaba las dimensiones inquietantes y poderosas de la sexualidad humana. Al igual que Marcuse, Lacan privilegia el lugar del subconsciente en la subjetividad humana y en las relaciones sociales. A diferencia de Marcuse, sin embargo, Lacan era pesimista con respecto a las posibilidades de transformaci&oacute;n de la estructura sexual de la cultura moderna y a las din&aacute;micas de las relaciones de g&eacute;nero.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En un infame "retorno a Freud", Lacan intenta leer conceptos psicoanal&iacute;ticos a la luz de la ling&uuml;&iacute;stica estructuralista y postestructuralista &#45;especialmente del n&uacute;cleo de los conceptos de Saussure, como los de sistema; y diferencia y arbitrariedad entre significante y significado. Una de las caracter&iacute;sticas m&aacute;s importantes del psicoan&aacute;lisis de Lacan es la idea de que el subconsciente, como el lenguaje, es un proceso interminable de diferencia, carencia y ausencia. Para Lacan, como para Saussure, el "Yo" es un intercambiable<sup><a href="#notas">8</a></sup> ling&uuml;&iacute;stico que marca una diferencia y una divisi&oacute;n en la comunicaci&oacute;n interpersonal; hay siempre en el lenguaje una escisi&oacute;n entre la persona<sup><a href="#notas">9</a></sup> que emite, "Yo", y la palabra "Yo" que es hablada. El sujeto individual, afirma Lacan, es estructurado por y en contra de esta escisi&oacute;n, cambiando de un significante a otro en un juego de deseos potencialmente interminable. El lenguaje, y con &eacute;l el subconsciente, prospera en la diferencia: los signos llenan la ausencia de los objetos reales en el nivel de la mente y del intercambio social. El "inconsciente", argumenta Lacan, "es estructurado como un lenguaje". Y el lenguaje que domina la psique es el de la sexualidad &#45;compuesto de fantas&iacute;as, sue&ntilde;os, deseos, placeres y ansiedades.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este entretejido de lenguaje y subconsciente recibe su expresi&oacute;n formal en la noci&oacute;n lacaniana de orden simb&oacute;lico. El orden simb&oacute;lico, comenta Lacan, instituye significado, l&oacute;gica y diferenciaci&oacute;n; se trata de una esfera en la que los signos llenan amores perdidos, tales como el de una madre o un padre. Mientras que el ni&ntilde;o peque&ntilde;o fantasea en que es uno mismo con el cuerpo materno en sus primeros a&ntilde;os, el orden simb&oacute;lico le permite el desarrollo individual para simbolizar y expresar deseos y pasiones en relaci&oacute;n con la identidad propia; con los otros; y dentro de la cultura m&aacute;s amplia. El t&eacute;rmino clave en la teor&iacute;a de Lacan, que da cuenta de esta divisi&oacute;n entre unidad imaginaria y diferenciaci&oacute;n simb&oacute;lica, es el de <i>falo,</i> un t&eacute;rmino utilizado por Freud en la teorizaci&oacute;n del complejo de Edipo. Para Lacan, como tambi&eacute;n para Freud, el falo es la primera marca de diferencia sexual. La funci&oacute;n del falo en el orden simb&oacute;lico es, de acuerdo con Lacan, la imposici&oacute;n del nombre&#45;del&#45;padre <i>(nom&#45;du&#45;p&egrave;r&egrave;).</i> Ello no significa (absurdamente) que en la realidad cada padre individual proh&iacute;ba la uni&oacute;n madre&#45;infante, con lo cual Freud afirm&oacute; que el ni&ntilde;o peque&ntilde;o fantasea. M&aacute;s bien significa que una "met&aacute;fora paterna" se inmiscuye en el ego narcic&iacute;sticamente estructurado del ni&ntilde;o para referirlo (a &eacute;l o a ella) a lo que hay afuera; a lo que tiene la fuerza de la ley &#45;ll&aacute;mese el lenguaje. El <i>falo,</i> concluye Lacan, es ficticio, ilusorio e imaginario. Aun as&iacute;, tiene efectos poderosos, especialmente en el nivel del g&eacute;nero. Las funciones del falo son menores en el sentido de la biolog&iacute;a que en el de la fantas&iacute;a, una fantas&iacute;a que fusiona deseo, poder, omnipotencia y dominio.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es frente a este complejo tel&oacute;n de fondo psicoanal&iacute;tico que Lacan desarrolla un retrato global de la relaci&oacute;n entre los sexos. A los hombres se les permite obtener prestigio f&aacute;lico, asegura, una vez que la imagen del pene es simb&oacute;licamente igualada en el nivel de la diferencia sexual. "Puede decirse que el significante f&aacute;lico, comenta Lacan (1977: 287), es elegido porque es el elemento m&aacute;s tangible en el rol de la copulaci&oacute;n sexual &#91;...&#93;; es la imagen del flujo vital en tanto que formaliza la generaci&oacute;n". La masculinidad es forjada, as&iacute;, mediante la apropiaci&oacute;n del signo del falo, un signo que confiere poder, mando y dominaci&oacute;n. La femineidad, por contraste, es construida alrededor de la exclusi&oacute;n del poder f&aacute;lico. La femineidad sostiene una relaci&oacute;n precaria, e incluso fr&aacute;gil, con el lenguaje, la racionalidad y el poder. "No hay mujer, nos dice Lacan, sino excluida del valor de las palabras" (1975: 221). Este punto de vista, como el lector deber&aacute; haberlo concluido ya, dif&iacute;cilmente obtiene gran apoyo de las feministas y, de hecho, Lacan ha sido tomado como objeto de cr&iacute;tica por muchas autoras feministas por su perpetuaci&oacute;n de supuestos patriarcales en el discurso psicoanal&iacute;tico. Sin embargo, tal vez valga la pena considerar que muchas posibilidades para la transformaci&oacute;n del g&eacute;nero est&aacute;n contenidas en la formulaci&oacute;n de Lacan de la diferencia sexual y sus consecuencias culturales. M&aacute;s all&aacute; del oscuro poder ed&iacute;pico del <i>falo,</i> Lacan deconstruye la identidad sexual como ficci&oacute;n o como fraude. El deseo, sostiene, se oculta en los signifcantes sobre los que la identidad y el sexo se fabrican. La fijaci&oacute;n del g&eacute;nero est&aacute; siempre abierta a ser reemplazada.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El "regreso de Lacan a Freud" ha ejercido una enorme influencia en los debates sobre sexualidad en la teor&iacute;a social, especialmente en el &aacute;rea de los estudios feministas. Sin embargo, su trabajo ha sido tambi&eacute;n criticado por sus inclinaciones estructuralistas, su fracaso en atender las complejidades internas de la emoci&oacute;n y el afecto, y su relato pesimista de las posibilidades para el cambio social y personal (Elliot, 1994 y 1999; Frosh, 1987).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>FOUCAULT SOBRE LA PRODUCCI&Oacute;N DISCURSIVA DE LA SEXUALIDAD</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para el fil&oacute;sofo e historiador franc&eacute;s Michel Foucault la sexualidad est&aacute; intrincadamente ligada al avance de los sistemas de poder y dominaci&oacute;n dentro de nuestra cultura m&aacute;s amplia. Los trabajos m&aacute;s importantes de Foucault de los a&ntilde;os sesenta y setenta, tales como <i>Historia de la locura, La arqueolog&iacute;a del saber</i> y <i>Vigilar y castigar</i>examinan las implicaciones sociales m&aacute;s profundas de las configuraciones de conocimiento y poder en las ciencias humanas &#45;por ejemplo, en psiquiatr&iacute;a, sexolog&iacute;a, criminolog&iacute;a, penalog&iacute;a y demograf&iacute;a. D&aacute;ndole un giro novedoso a aquel <i>dictum</i> de Bacon que enuncia que "el conocimiento es poder", Foucault sostiene que los discursos cient&iacute;ficos en tanto que apuntan a descubrir la verdad sobre "lo criminal", "la locura" o "el sexo" son, de hecho, utilizados para controlar a los individuos. En sus genealog&iacute;as de redes de poder&#45;conocimiento argumenta que las disciplinas cient&iacute;ficas y sus discursos configuran las estructuras sociales en las que la cultura define lo que es aceptable e inaceptable; lo que puede decirse desde una posici&oacute;n de autoridad; y por qui&eacute;n y en qu&eacute; condiciones sociales. En una sociedad tal como la nuestra, Foucault sostiene que:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Existen m&uacute;ltiples relaciones de poder que permean, caracterizan y constituyen el cuerpo social, y esas relaciones de poder no pueden ser establecidas, consolidadas o instrumentadas sin la producci&oacute;n, acumulaci&oacute;n, circulaci&oacute;n y funcionamiento de un discurso. No existe ejercicio de poder posible sin una cierta econom&iacute;a de discursos de verdad que operan a trav&eacute;s y sobre la base de esta asociaci&oacute;n. Estamos sujetos a la producci&oacute;n de la verdad mediante el poder y no podemos ejercer el poder excepto a trav&eacute;s de la producci&oacute;n de la verdad (Foucault, 1980a: 93).</font></p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La producci&oacute;n de discursos, textos y conocimientos est&aacute; profundamente entretejida con la operaci&oacute;n del poder en la sociedad. El sujeto individual es concebido por Foucault en esta fase temprana de su carrera como el resultado o producto del posicionamiento discursivo y su fijaci&oacute;n; el individuo est&aacute; sujeto crecientemente a nuevas formas de poder y de control que Foucault llama "nuestra sociedad disciplinaria". En t&eacute;rminos weberianos, el sujeto foucaultiano est&aacute; atrapado en la jaula de hierro de la modernidad (O'Neill, 1986; Turner, 1993). En la &uacute;ltima etapa de su carrera, Foucault problematiz&oacute; las concepciones globales de la sexualidad (tales como aqu&eacute;llas representadas en las teor&iacute;as psicoanal&iacute;ticas, socialconstructivistas y feministas), y desarroll&oacute; genealog&iacute;as poderosas del Yo y la subjetividad. Explic&oacute; este cambio de foco anal&iacute;tico del poder y la dominaci&oacute;n a la sexualidad y al Yo en los siguientes t&eacute;rminos:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si se quiere analizar la genealog&iacute;a del sujeto en la civilizaci&oacute;n occidental se tienen que tomar en consideraci&oacute;n no solamente las t&eacute;cnicas de dominaci&oacute;n, sino tambi&eacute;n las t&eacute;cnicas del Yo. Uno tiene que mostrar la interacci&oacute;n entre esos dos tipos del Yo. Cuando estaba estudiando los asilos, las prisiones, etc&eacute;tera, tal vez insist&iacute; demasiado sobre las t&eacute;cnicas de dominaci&oacute;n. Lo que llamamos disciplina es algo realmente importante en este tipo de instituci&oacute;n, pero aqu&eacute;lla es &uacute;nicamente un aspecto del arte de gobernar a la gente en nuestras sociedades. Habiendo estudiado el campo de las relaciones de poder tomando las t&eacute;cnicas de dominaci&oacute;n como punto de partida, deber&eacute; estudiar en los pr&oacute;ximos a&ntilde;os las relaciones de poder especialmente en el campo de la sexualidad, comenzando por las t&eacute;cnicas del Yo (Foucault, 1985: 367).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La preocupaci&oacute;n de Foucault acerca de la cultura de la sexualidad fue provocada, en parte, por su propia homosexualidad; en particular, el autor estaba conflictuado por lo que &eacute;l observ&oacute; como el r&eacute;gimen de gobierno del sexo heterosexual, intolerante y represivo en la sociedad francesa. Se fascin&oacute; crecientemente con los movimientos de liberaci&oacute;n sexual de los a&ntilde;os setenta y ochenta, especialmente con los que impulsaban la politizaci&oacute;n de las identidades gays y lesbianas; consider&oacute; a las demandas pol&iacute;ticas de liberaci&oacute;n sexual, como las definieron te&oacute;ricos como Marcuse, de crucial importancia para redefinir las configuraciones de los deseos normales y patol&oacute;gicos, los actos y las identidades. Sin embargo, sospech&oacute; de la afirmaci&oacute;n de varios liberacionistas sexuales de que el deseo era reprimido en las sociedades occidentales; &eacute;l estaba m&aacute;s preocupado por la noci&oacute;n de que, si la sexualidad era liberada de los constre&ntilde;imientos sociales y personales existentes, la sociedad podr&iacute;a alcanzar niveles m&aacute;s altos de autonom&iacute;a. Con su rechazo a lo que describi&oacute; como el "culto del Yo californiano" &#45;la noci&oacute;n de que el escrutinio de la sexualidad revelar&iacute;a la esencia del verdadero Yo&#45; Foucault busc&oacute; desarrollar un enfoque radicalmente diferente para analizar la cultura de la sexualidad, el deseo y la identidad sexual.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el n&uacute;cleo del enfoque de Foucault se aprecia un rechazo al supuesto modernista de que el sexo deber&iacute;a comprenderse como un fundamento natural o biol&oacute;gico sobre el cual se agrega una impresi&oacute;n de "sexualidad" y "g&eacute;nero". D&aacute;ndole un giro a tal sabidur&iacute;a convencional en su cabeza, Foucault argumenta que la idea del sexo como origen, como base, o como algo dado para la identidad y las relaciones sociales es en s&iacute; misma resultado de un r&eacute;gimen discursivo de la sexualidad. El propio Foucault lo explica: "No debemos cometer el error de pensar que el sexo es una agencia<sup><a href="#notas">10</a></sup> aut&oacute;noma que produce efectos secundarios sobre la extensi&oacute;n completa de su superficie de contacto con el poder. Por el contrario, el sexo es el elemento m&aacute;s especulativo, el m&aacute;s ideal y el m&aacute;s interno en un desarrollo de la sexualidad organizado por el poder en su control sobre los cuerpos y su materialidad, sus fuerzas, energ&iacute;as, sensaciones y placeres" (Foucault, 1980b: 155).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los tipos preexistentes de placer sensual, afirma Foucault, se convierten en "sexo" en tanto que los discursos acerca de &eacute;l &#45;tales como los textos m&eacute;dicos, los libros terap&eacute;uticos, los manuales de autoayuda, etc&eacute;tera&#45; provocan un orden de pr&aacute;cticas sexuales "normales" y "patol&oacute;gicas". El sujeto humano es, de acuerdo con Foucault, "no sexuado" en cualquier sentido significativo previo a su constituci&oacute;n dentro de un discurso a trav&eacute;s del cual se convierte en portador de un sexo natural o esencial.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En <i>La historia de la sexualidad,</i> Foucault presenta antes que nada &eacute;l llama la "hip&oacute;tesis represiva". De acuerdo con esta hip&oacute;tesis, la expresi&oacute;n saludable de la sexualidad ha sido censurada, negada, prohibida; por lo menos, esto es sostenido para el caso de Occidente. La sexualidad reprimida: este teorema ha sido crucial no s&oacute;lo para las teor&iacute;as freudiana y posfreudiana, sino tambi&eacute;n para varios liberacionistas sexuales. Foucault, sin embargo, rechaza la tesis de la represi&oacute;n sexual. El sexo, asegura, no ha sido enviado bajo tierra en la cultura contempor&aacute;nea. Por el contrario, se ha dado una amplia discusi&oacute;n acerca del sexo y de la sexualidad. Esta &uacute;ltima, sostiene Foucault, ha florecido. La sexualidad para Foucault es un efecto final, un producto de nuestro interminable monitoreo, discusi&oacute;n, clasificaci&oacute;n, ordenamiento, registro y regulaci&oacute;n del sexo. Como un ejemplo, Foucault considera las actitudes hacia la sexualidad en la &eacute;poca victoriana de finales del siglo XIX. El victorianismo, escribe Foucault, es usualmente asociado con la emergencia de la mojigater&iacute;a, el silenciamiento de la sexualidad, y la racionalizaci&oacute;n del sexo dentro de la esfera dom&eacute;stica, el hogar, la familia. En contra de dicha sabidur&iacute;a convencional, no obstante, &eacute;l argumenta que la producci&oacute;n de la sexualidad durante la era victoriana como un secreto, como algo prohibido o tab&uacute;, cre&oacute; una cultura en la que el sexo ten&iacute;a, entonces, que ser administrado, regulado y vigilado. Por ejemplo, los doctores, los psiquiatras y otros catalogaron y clasificaron numerosas perversiones. Tales cuestiones acerca del sexo se convirtieron en infinitamente rastreadas y monitoreadas con el avance de la medicina social, la educaci&oacute;n, la criminolog&iacute;a y la sexolog&iacute;a.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De acuerdo con Foucault, esta adopci&oacute;n de una ciencia de la sexualidad surgi&oacute; de la conexi&oacute;n de la confesi&oacute;n<sup><a href="#notas">11</a></sup> con el crecimiento del conocimiento acerca del sexo. La Iglesia Cat&oacute;lica Romana, sostiene Foucault, fue el principal medio de regulaci&oacute;n de la sexualidad individual de los creyentes. La iglesia era el lugar al que los sujetos ven&iacute;an a decir la verdad acerca de ellos mismos, especialmente en relaci&oacute;n con la sexualidad, a sus p&aacute;rrocos. La confesi&oacute;n puede visualizarse como la fuente de la preocupaci&oacute;n occidental sobre el sexo, particularmente en t&eacute;rminos del incentivo autorizado para hablar de ello. Sin embargo, la confesi&oacute;n se desconect&oacute; de su marco religioso m&aacute;s amplio en alg&uacute;n momento del siglo XVIII y fue transformada en alg&uacute;n tipo de investigaci&oacute;n o interrogatorio mediante el estudio cient&iacute;fico del sexo y la creaci&oacute;n de discursos m&eacute;dicos acerca de &eacute;l. El sexo se relacion&oacute; cada vez m&aacute;s con las redes del conocimiento y el poder, y con el tiempo se convirti&oacute; en tema de una creciente autovigilancia, autorregulaci&oacute;n y autointerrogaci&oacute;n. En otras palabras, en vez de que el sexo fuera regulado por fuerzas externas, se trata m&aacute;s bien de un asunto de disciplina actitudinal conectada con temas de, digamos, conocimiento y educaci&oacute;n. La psicoterapia y el psicoan&aacute;lisis, afirma Foucault, son instancias de esta autovigilancia en la era contempor&aacute;nea. En terapia, el individuo no se siente muy forzado a confesar sus pr&aacute;cticas sexuales y fantas&iacute;as er&oacute;ticas; m&aacute;s bien, la informaci&oacute;n divulgada por el paciente es tratada como un medio para la libertad, para la realizaci&oacute;n de la liberaci&oacute;n de la represi&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los escritos de Foucault han sido criticados con dureza sobre la base del determinismo sociol&oacute;gico &#45;esto es, que su definici&oacute;n de poder principalmente en t&eacute;rminos de sus consecuencias disciplinarias sobre cuerpos pasivos niega el papel activo de la agencia humana (Giddens, 1981; Habermas, 1987). Sus escritos sobre la sexualidad y el <i>Self</i> han sido tambi&eacute;n criticados por su negaci&oacute;n de las din&aacute;micas de g&eacute;nero (McNay, 1992). No obstante esos cuestionamientos, muchos te&oacute;ricos sociales, desde soci&oacute;logos hasta cr&iacute;ticos literarios, han partido de las ideas de Foucault sobre la sexualidad para desacreditar las nociones tradicionales de la racionalidad, del sujeto unificado, y de la sexualidad como fundamento de la identidad.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>FEMINISMO Y SEXUALIDAD</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Son muchos los enfoques distintos que el feminismo ha adoptado en la exploraci&oacute;n de los temas de la sexualidad y el g&eacute;nero. Algunas feministas han ofrecido perspectivas sobre el rol de las mujeres desde el punto de vista de nuestra sociedad patriarcal, en la cual las mujeres son objeto de opresi&oacute;n sexual, abuso, hostigamiento y denigraci&oacute;n. Otras se han concentrado en, digamos, los reg&iacute;menes de embellecer o los modos de autopresentaci&oacute;n a los cuales se someten las mujeres al adoptar "m&aacute;scaras de femineidad", con el prop&oacute;sito de funcionar como objetos del deseo sexual de los hombres. Incluso, otras feministas han examinado las influencias m&aacute;s amplias de la econom&iacute;a y las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas en la reducci&oacute;n de la sexualidad de las mujeres a las tareas de la crianza de los hijos y los deberes del hogar. En esos enfoques contrastantes los temas de la diferencia sexual; de la jerarqu&iacute;a de g&eacute;nero; de la marginaci&oacute;n social; y de las pol&iacute;ticas de identidad alcanzan diferentes niveles de prominencia. Para los prop&oacute;sitos de esta breve discusi&oacute;n explorar&eacute; los cruciales v&iacute;nculos entre subjetividad sexual y pr&aacute;cticas de g&eacute;nero tal como los elaboran el pensamiento feminista contempor&aacute;neo, el an&aacute;lisis cultural y el psicoan&aacute;lisis.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las relaciones entrelazadas de subjetividad, g&eacute;nero y sociedad fueron poderosamente teorizadas a finales de los a&ntilde;os setenta por la soci&oacute;loga feminista estadounidense Nancy Chodorow. En <i>La reproducci&oacute;n de la maternidad</i>(1978), que es en la actualidad considerada como una declaraci&oacute;n feminista cl&aacute;sica sobre la sexualidad y el g&eacute;nero, Chodorow combina enfoques sociol&oacute;gicos y psicoanal&iacute;ticos para estudiar la reproducci&oacute;n de las asimetr&iacute;as de g&eacute;nero en las sociedades modernas. Su idea era centrarse en las ramificaciones emocionales, sociales y pol&iacute;ticas de la maternidad exclusivamente femenina, poniendo atenci&oacute;n especial a la construcci&oacute;n de la masculinidad y de la femineidad. Contra la corriente de varias teor&iacute;as de la socializaci&oacute;n, Chodorow alegar&iacute;a que el g&eacute;nero no es s&oacute;lo materia del "rol" como una consecuencia de la forma en que las madres se relacionan emocionalmente con los hijos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al explicar los roles de g&eacute;nero que hombres y mujeres esperan conformar, Chodorow sostiene que el desarrollo del infante adquiere un n&uacute;cleo de identidad de g&eacute;nero que funciona como una fuerza psicol&oacute;gica en la perpetuaci&oacute;n del patriarcado. El n&uacute;cleo de su argumento est&aacute; en la diferencia de g&eacute;nero. Las madres, asegura, experimentan a sus hijas como dobles de ellas mismas, a trav&eacute;s de una proyecci&oacute;n narcisista de mismidad. La madre se relaciona emocionalmente con su hija como una extensi&oacute;n de ella misma, no como una persona independiente; la hija, como consecuencia, encuentra extremadamente dif&iacute;cil desengancharse emocionalmente de su madre, y con ello crear un sentido de independencia e individualidad. Chodorow visualiza p&eacute;rdidas y ganancias aqu&iacute;. La empat&iacute;a, sensibilidad e intimidad son las ganancias de ese flujo de fusi&oacute;n narcisista entre madre e hija. Las hijas, argumenta, est&aacute;n dispuestas a crecer con un sentido de continuidad emocional con su madre, una continuidad que provee fuertes conexiones relacionales en la vida adulta. En este recuento, las chicas se convierten en madres una vez que sus mismas madres femeninas est&aacute;n profundamente inscritas en sus psiques. Sin embargo, las p&eacute;rdidas consisten en que, debido a que las hijas no son percibidas como otros separados, las mujeres carecen, consecuentemente, de un fuerte sentido del Yo y de la agencia. Los sentimientos de inadecuaci&oacute;n, falta de autocontrol y temor a la fusi&oacute;n con otros emergen como n&uacute;cleo de problemas emocionales para las mujeres.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En contraste, Chodorow concibe a la identidad sexual masculina como basada sobre una firme represi&oacute;n del amor maternal. Los ni&ntilde;os, sostiene, deben negar su v&iacute;nculo primario con el amor materno &#45;de esta forma reprimen permanentemente la femineidad en su subconsciente. Esta no es una tarea que los ni&ntilde;os completen por s&iacute; mismos, sin embargo. Las madres, de acuerdo con Chodorow, asisten a los ni&ntilde;os en este doloroso proceso de represi&oacute;n ps&iacute;quica a trav&eacute;s de su propia comprensi&oacute;n t&aacute;cita de la diferencia de g&eacute;nero. Es decir, debido a que las madres experimentan a sus hijos como otros, los impulsan hacia la individuaci&oacute;n, la diferenciaci&oacute;n y la autonom&iacute;a. Las madres gu&iacute;an a sus hijos en el desenganche emocional de la intimidad. La madre, en efecto, prepara a su hijo para una relaci&oacute;n instrumental y abstracta con el Yo, con otras personas y con la sociedad m&aacute;s amplia; y ello, por supuesto, es una relaci&oacute;n que los hombres esperar&aacute;n mantener en el mundo p&uacute;blico del trabajo, las relaciones sociales y la pol&iacute;tica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El trabajo de Chodorow es una importante contribuci&oacute;n al feminismo acad&eacute;mico; su sociolog&iacute;a orientada psicoanal&iacute;ticamente ha influenciado a muchas investigadoras feministas del g&eacute;nero y la identidad en el marco m&aacute;s amplio de las familias y las comunidades. Su afirmaci&oacute;n principal de que las mujeres madres recuperan una intensidad del sentimiento originalmente experimentado en la relaci&oacute;n madre&#45;hija ha sido especialmente fruct&iacute;fera. Tal afirmaci&oacute;n conecta en el trabajo de Chodorow una explicaci&oacute;n m&aacute;s amplia de la alienaci&oacute;n de g&eacute;nero y la opresi&oacute;n. La vida emocional de las mujeres es vaciada y secada una vez que a los hombres les es extirpada la comunicaci&oacute;n interpersonal y la intimidad sexual. Desde este &aacute;ngulo, el deseo de tener un hijo est&aacute;, en parte, originado en la represi&oacute;n y en la distorsi&oacute;n del sistema de g&eacute;nero com&uacute;n. Frente a este tel&oacute;n de fondo, Chodorow propone compartir el cuidado de los hijos como un medio de transformar el r&eacute;gimen de g&eacute;nero com&uacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un inter&eacute;s similar sobre la relaci&oacute;n madre&#45;hija se encontrar&aacute; en los escritos de la fil&oacute;sofa francesa Luce Irigaray. Al igual que Chodorow, el objetivo de Irigaray es analizar las fuerzas simb&oacute;licas m&aacute;s profundas que limitan o constri&ntilde;en la autonom&iacute;a y el poder de las mujeres. A diferencia de Chodorow, sin embargo, Irigaray propone una tesis m&aacute;s formalista o estructuralista. Al formular su problema a partir de Lacan, Irigaray alega que la mujer es, por definici&oacute;n, excluida del orden simb&oacute;lico. Desde esta perspectiva, lo femenino no puede simbolizarse adecuadamente bajo condiciones patriarcales. Es en este sentido que Irigaray sostiene que "no hay posibilidad en absoluto dentro de la l&oacute;gica de operaciones socioculturales actual, para una hija situarse a s&iacute; misma con respecto a su madre debido, hablando estrictamente, a que ninguna de las dos tiene un nombre, significado, sexo propio, ni puede ser 'identificada' con respecto a la otra" (Irigaray, 1985: 143). De forma similar, la psicoanalista feminista francesa Julia Kristeva (1984) contrasta, frente a la tendencia patriarcal del orden simb&oacute;lico lacaniano, el orden "semi&oacute;tico" &#45;una esfera de la experiencia pre&#45;ling&uuml;&iacute;stica, pre&#45;ed&iacute;pica, consistente en orientaciones, afectos, ritmos y tonalidades. De acuerdo con Kristeva, las orientaciones semi&oacute;ticas giran en torno a la p&eacute;rdida de la madre pre&#45;ed&iacute;pica, y hacen en s&iacute; mismas sentir la ruptura del lenguaje &#45;en deslices, silencios, ritmos tonales. Esas orientaciones semi&oacute;ticas, sugiere, son subversivas de la ley simb&oacute;lica del padre, toda vez que est&aacute;n enraizadas en una conexi&oacute;n pre&#45;ed&iacute;pica con el cuerpo materno. El potencial subversivo de lo semi&oacute;tico est&aacute;, as&iacute;, atado cercanamente a la femineidad, raz&oacute;n por la cual Kristeva dedica mucho de su trabajo psicoanal&iacute;tico al an&aacute;lisis de la maternidad y sus consecuencias f&iacute;sicas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">M&aacute;s recientemente, el desarrollo de una teor&iacute;a social de la sexualidad ha sido transformada por los escritos de la feminista estadounidense postestructuralista Judith Butler, la cual busca desacreditar el trabajo de te&oacute;ricas como Chodorow, quien apela a la mujer como fundamento o base de la teor&iacute;a y pol&iacute;tica feministas. Argumenta que las nociones de "identidad" o "n&uacute;cleo gen&eacute;rico de identidad" sirven para reforzar un orden de g&eacute;nero binario que mantiene la opresi&oacute;n de las mujeres. Al igual que Kristeva e Irigaray, Butler observa a la identidad sexual como algo que emerge con el deseo, la fantas&iacute;a, la emoci&oacute;n, el s&iacute;mbolo, el conflicto y la ambivalencia. A diferencia de ellas, sin embargo, sostiene que el deseo no es tanto una fuerza f&iacute;sica sino un resultado de la internalizaci&oacute;n de im&aacute;genes de g&eacute;nero sobre la superficie de nuestros cuerpos. Partiendo del trabajo de Foucault, Butler argumenta que el v&iacute;nculo entre sexo y poder de g&eacute;nero es producido no por medio de la naturaleza, la biolog&iacute;a o la raz&oacute;n, sino a trav&eacute;s del desarrollo del conocimiento, el discurso y las formas de poder, actualizado mediante cuerpos actuantes y pr&aacute;cticas sexuales.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En <i>Gender Trouble. Feminism and the Subversion of Identity</i> (1990)<sup><a href="#notas">12</a></sup> y <i>Bodies that Matter</i> (1993),<sup><a href="#notas">13</a></sup> Butler sostiene que sexo y sexualidad son constituidos y reproducidos a trav&eacute;s del cuerpo que act&uacute;a &#45;la producci&oacute;n de los cuerpos masculinos y femeninos; de los cuerpos l&eacute;sbicos y gays; el cuerpo "sexy"; el cuerpo sano y saludable; el cuerpo anor&eacute;xico; el cuerpo hermoso. El g&eacute;nero, dice Butler, no es la consecuencia del "Yo verdadero" o del "n&uacute;cleo de la identidad sexual", sino m&aacute;s bien es una cuesti&oacute;n de desempe&ntilde;o: el desempe&ntilde;o de un estilo corporal. Para Butler, los individuos modelan sus actuaciones de g&eacute;nero a partir de fantas&iacute;as, imitaciones e idealizaciones de lo que piensan que significa ser un "hombre" o "una mujer" dentro del rango de representaciones culturales del sexo en el actual r&eacute;gimen del g&eacute;nero. La noci&oacute;n de Butler de desempe&ntilde;o, del cuerpo que act&uacute;a, acompa&ntilde;a la copia, imitaci&oacute;n y repetici&oacute;n de estereotipos culturales, convenciones ling&uuml;&iacute;sticas y formas simb&oacute;licas que gobiernan la producci&oacute;n de la femineidad y de la masculinidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><i>LA SOCIOLOG&Iacute;A DEL SEXO</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los soci&oacute;logos sostienen que entre los cambios que dominan nuestra cultura pocos son m&aacute;s profundos que aquellos que transforman la textura de la vida familiar. En muchas sociedades avanzadas estamos dirigi&eacute;ndonos a una situaci&oacute;n en la que casi la mitad de los primeros matrimonios terminan en divorcio, y las estad&iacute;sticas son incluso peores para el segundo matrimonio y subsecuentes. Entre los conservadores, este declive es frecuentemente entendido como un s&iacute;mbolo de la decadencia moral de la sociedad; su lamento est&aacute; dirigido a varias fuentes: desde la permisividad sexual al feminismo; desde las nuevas formas de organizaci&oacute;n de la paternidad hasta la proliferaci&oacute;n de la homosexualidad abierta. Nuestra nueva era, sostienen muchos conservadores, es una que anuncia el fin de los lazos familiares que contiene. Un punto de referencia clave aqu&iacute; es un estudio reciente acerca de las familias estadounidenses, <i>A Generation at Risk. Growing Up in an Era of Family Upheaval.<sup><a href="#notas">14</a>,</sup></i> Paul Amato y Alan Booth, los autores del estudio, afirman que los costos de nuestra sociedad separatista y divorciante son simplemente demasiado altos. El divorcio puede convenir a los adultos, pero no a los ni&ntilde;os. Son los ni&ntilde;os los que sufren el impacto doloroso y destructivo a largo plazo del divorcio en su propio sentido del Yo, en su sexualidad y en sus relaciones &iacute;ntimas. Basados en un an&aacute;lisis de parejas casadas por m&aacute;s de quince a&ntilde;os, los autores de <i>A Generation at Risk</i>sugieren que los padres infelices deber&iacute;an tratar de permanecer juntos por el bien de sus hijos. Es bien sabido que los hijos pueden sufrir si permanecen con padres en "matrimonios altamente conflictivos", pero los autores argumentan que en los "matrimonios poco conflictivos" las parejas deben hacer ciertos sacrificios con el prop&oacute;sito de cumplir con sus responsabilidades societales y como padres.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Existen algunas cr&iacute;ticas m&aacute;s que obvias que deben realizarse a este argumento. Por un lado, se pone poca o ninguna atenci&oacute;n al da&ntilde;o emocional sufrido por los ni&ntilde;os que viven en contextos familiares carentes de respeto, sin mencionar la falta de amor. Por otro lado, suena excesivamente prescriptivo y moralista. &iquest;Qui&eacute;n exactamente est&aacute; autorizado para determinar si los conflictos que se viven en un matrimonio son de "bajo nivel" o de "alto nivel"? Las emociones, despu&eacute;s de todo, no son exactamente trabajadores calificados. En una escala sociol&oacute;gica m&aacute;s profunda existe algo turbio con los argumentos acerca de "la ruptura de la familia". Ciertamente, el nacimiento de las familias monoparentales, as&iacute; como el dram&aacute;tico incremento de nacimientos fuera del matrimonio, indican que los cambios de amplio rango est&aacute;n extendi&eacute;ndose en la sociedad. Y el divorcio innegablemente es una caracter&iacute;stica inminente de la familia y de los acuerdos dom&eacute;sticos. Incluso los cr&iacute;ticos, tanto los liberales como los conservadores, no reconocen con facilidad el hecho de que la gente con mucha frecuencia se vuelve a casar. Las implicaciones de ello son de gran alcance, e incluso algunos soci&oacute;logos sugieren que m&aacute;s que una ruptura la familia est&aacute; sufriendo una renovaci&oacute;n constructiva.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las relaciones sexuales hoy en d&iacute;a, llevadas a cabo dentro y fuera del matrimonio, adoptan lo que se ha dado en llamar el movimiento hacia la "individualizaci&oacute;n". La individualizaci&oacute;n se refiere principalmente a la autoconstrucci&oacute;n y el autodise&ntilde;o, mediante los cuales la formaci&oacute;n de la identidad y la sexualidad se convierten en menos dependientes de las tradiciones sociales y de las costumbres y se organizan en torno a decisiones personales y de elecci&oacute;n. La autoproducci&oacute;n de la individualizaci&oacute;n inevitablemente se efect&uacute;a en medio de constre&ntilde;imientos sociales tradicionales, econ&oacute;micos y pol&iacute;ticos. Sin embargo, la individualizaci&oacute;n, como lo sostiene el soci&oacute;logo alem&aacute;n Urlich Beck, es una compulsi&oacute;n parad&oacute;jica que conduce al individuo a un escenario social postradicional; a un escenario en el que la persona debe vivir como un agente individual, dise&ntilde;ador de su propia biograf&iacute;a. Se produce una nueva contingencia en el nivel de Yo, de la identidad y de la sexualidad, afirma Beck. Lo que significa tanto para las familias como para los acuerdos dom&eacute;sticos es que el acento actual sobre la elecci&oacute;n y la autonom&iacute;a individual provee una radicalizaci&oacute;n din&aacute;mica que altera la esfera interpersonal en la que se fundan las relaciones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Beck sostiene que existen muchas pautas de desarrollo familiar que sugieren que las expectativas tradicionales (hasta&#45;que&#45;la&#45;muerte&#45;nos&#45;separe) est&aacute;n siendo puestas a un lado, y que en su lugar las relaciones dom&eacute;sticas se est&aacute;n basando cada vez m&aacute;s en el crecimiento del individuo, as&iacute; como en el cuidado de los otros. El "individuo individualizado", sostiene Beck, se compromete en relaciones en las que el anclaje clave es la confianza. Si &eacute;sta se evapora tambi&eacute;n lo hace la relaci&oacute;n: los lazos tradicionales ya no unen m&aacute;s en el sentido en el que alguna vez lo hicieron. Beck conecta este redise&ntilde;o de la familia viviente con las formas cambiantes en las que los individuos experimentan el sexo, la sexualidad, las relaciones y la intimidad. "Las tradiciones de matrimonio y de familia, escribe Beck, se est&aacute;n convirtiendo en dependientes de la toma de decisiones, y con todas sus contradicciones deben ser experimentadas como riesgos personales" (Beck, 1991: 96). La teor&iacute;a social de Beck permite traer a la luz transformaciones sociales muy amplias en el nivel de las relaciones personales y sociales. Muchos padres son ahora padrastros y madrastras,<sup><a href="#notas">15</a></sup> as&iacute; como padres y madres biol&oacute;gicos; y la tendencia es hacia un nuevo compromiso con los dem&aacute;s a trav&eacute;s de los lazos familiares. Ello puede ser apreciado positivamente por los ni&ntilde;os, en la medida en que involucra una "extensi&oacute;n" de las relaciones de la ni&ntilde;ez en el sentido m&aacute;s profundo del t&eacute;rmino. Como Beck lo nota, existen muchas fuerzas sociales que trabajan aqu&iacute;, incluyendo las opciones de empleo m&aacute;s flexibles; los logros recientes en la autonom&iacute;a de las mujeres; las nuevas definiciones emergentes de la masculinidad; as&iacute; como los experimentos nacientes en diversos estilos de vida heterosexuales y homosexuales. Sumado a todo lo anterior, la variedad de opciones en el &aacute;rea de las tecnolog&iacute;as reproductivas &#45;tales como la fertilizaci&oacute;n <i>in vitro</i> y el congelamiento de embriones&#45; y los cambios en las actitudes humanas hacia la reproducci&oacute;n sexual se vuelven crecientemente transparentes. Esos desarrollos se acomodan en un mundo de nuevas posibilidades y riesgos para la gente.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El soci&oacute;logo brit&aacute;nico Anthony Giddens tambi&eacute;n considera al mundo moderno como desencadenante de desarrollos positivos y negativos en el nivel del Yo, la sexualidad y la intimidad. Como Beck, Giddens sostiene que el Yo se individualiza crecientemente hoy en d&iacute;a &#45;el Yo se convierte en algo que es reflejado, re&#45;trabajado, alterado e, incluso, reconfigurado. "El Yo, escribe Giddens, se convierte en un proyecto reflexivo" (Giddens, 1991: 32). Por reflexividad, Giddens entiende una disposici&oacute;n de automonitoreo continuo, en la que los practicantes sociales son constantemente examinados y reformados a la luz de la nueva informaci&oacute;n y los desarrollos m&aacute;s recientes acerca de aquello que practican. De nuevo, el matrimonio es un ejemplo clave. De acuerdo con Giddens, las estad&iacute;sticas acerca del matrimonio y el divorcio no existen en una esfera separada de la de los agentes humanos de carne y hueso que conforman esas estad&iacute;sticas. Por el contrario, la sociolog&iacute;a de Giddens enfatiza la cognoscibilidad de los agentes sociales, y particularmente, la manera en la que las transformaciones sociales afectan a la organizaci&oacute;n reflexiva del Yo. El advenimiento de una sociedad divorciante, comenta Giddens, penetra el n&uacute;cleo de nuestras vidas personales de tal forma que es virtualmente imposible equiparar el amor rom&aacute;ntico con el "para siempre" o la permanencia del contrato matrimonial. Cuando la gente se casa hoy en d&iacute;a, lo hacen frente a un escenario de altas estad&iacute;sticas de divorcio &#45;conocimiento que, en este caso, altera su concepci&oacute;n acerca de la permanencia de las relaciones. "Al luchar en contra de los problemas &iacute;ntimos, sostiene Giddens, los individuos contribuyen activamente a reconstruir el universo de actividad social a su alrededor" (1991: 12). En <i>The Transformation of Intimacy. Sexuality, Love and Eroticism in Modern Societies</i> (1992),<sup><a href="#notas">16</a></sup> Giddens habla de la "pura relaci&oacute;n",<sup><a href="#notas">17</a></sup> una relaci&oacute;n creada y mantenida sobre la mutua confianza entre las partes. As&iacute; lo explica:</font></p>     <blockquote>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La pura relaci&oacute;n no tiene nada que ver con la pureza sexual, y es un concepto restrictivo m&aacute;s que descriptivo. Se refiere a una situaci&oacute;n en la que una relaci&oacute;n social es iniciada para su propio beneficio, por aquello que puede derivarse para cada persona desde una asociaci&oacute;n sostenida con otro; y que se contin&uacute;a s&oacute;lo en tanto que proporciona para ambas partes suficientes satisfacciones para permanecer en ella (Giddens, 1992: 58).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el centro de este relato del estilo de vida y de la intimidad postmoderna contempor&aacute;nea descansa una radicalizaci&oacute;n del g&eacute;nero y del sexo. Si las relaciones se dise&ntilde;an y se mantienen mediante compromisos personales, de confianza y de satisfacci&oacute;n emocional, ello implica que los hombres y las mujeres contempor&aacute;neas demandan igualdad con el prop&oacute;sito de proveer con su consentimiento a ese mundo postradicional de la intimidad en el que se encuentran. El feminismo y el movimiento de las mujeres, afirma Giddens, son cruciales para este proceso de democratizaci&oacute;n en la esfera del g&eacute;nero, la sexualidad y la intimidad.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se encontrar&aacute; un &eacute;nfasis af&iacute;n sobre la reflexividad en la construcci&oacute;n y deconstrucci&oacute;n de la sexualidad en el trabajo del te&oacute;rico social brit&aacute;nico Jeffrey Weeks. En una serie de publicaciones (1977, 1985, 1995), Weeks desarroll&oacute; un enfoque social constructivista del estudio de la sexualidad, en el cual el sexo es menos un asunto de deseos internos y de comportamiento personal, y m&aacute;s un terreno en el que las ideolog&iacute;as, las normas culturales y las instituciones se entretejen. Weeks alega que la noci&oacute;n de pr&aacute;cticas homosexuales, que revela una identidad definida &#45;"lo homosexual"&#45; no surge en Occidente sino hacia finales del siglo XIX. Antes, la vigilancia de la homosexualidad no fue emprendida bajo el monitoreo de las personas desviadas, sino mediante el castigo de actos particulares, organizados bajo la categor&iacute;a general de sodom&iacute;a. Al prestar atenci&oacute;n a las formas en que se caracteriza socialmente a la homosexualidad en relaci&oacute;n con los rasgos espec&iacute;ficos de la identidad, las disposiciones psicol&oacute;gicas y los indicadores culturales, Weeks intenta destacar las pautas de invenci&oacute;n social que respaldan los reg&iacute;menes de sexualidad de la modernidad.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>TEOR&Iacute;A QUEER</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La historia de la etiqueta "Teor&iacute;a <i>Queer"</i> se establece en el contexto de las pol&iacute;ticas sexuales radicales de los a&ntilde;os setenta, en particular de la suposici&oacute;n de que la homosexualidad es un fundamento o identidad de una minor&iacute;a sexual experimentada en el orden sociocultural. El desarrollo de este enfoque te&oacute;rico de la sexualidad surgi&oacute; no s&oacute;lo de algunas divisiones sociales emergentes alrededor del significado de la homosexualidad durante los a&ntilde;os ochenta, sino tambi&eacute;n de varios nuevos intentos por evitar las estrategias excluyentes y separatistas de oposici&oacute;n pol&iacute;tica a la din&aacute;mica heterosexual y <i>masculinista</i> de la cultura occidental. Si la primera generaci&oacute;n de activistas y te&oacute;ricos gays, lesbianas y feministas busc&oacute; analizar a la homosexualidad como una experiencia minoritaria, el foco de la Teor&iacute;a <i>Queer</i> ha sido discutir la divisi&oacute;n binaria entre experiencia minoritaria y mayoritaria, as&iacute; como entre las din&aacute;micas sociales de la heterosexualidad y la homosexualidad.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El fundamento te&oacute;rico de la Teor&iacute;a <i>Queer </i>descansa en el postestructuralismo y en el deconstructivismo literario, as&iacute; como en la influencia de te&oacute;ricos sociales como Foucault, Lacan y Derrid&aacute;, entre otros. Al ser menos un cuerpo unitario y coherente que un ensamblaje de herramientas conceptuales y estrategias pol&iacute;ticas, la Teor&iacute;a <i>Queer</i> intenta subvertir los estereotipos culturales utilizados para comprender a gays, lesbianas o bisexuales con el objeto de poner especial atenci&oacute;n en los saberes <i>queer</i> que la modernidad ha desencadenado en su marco de identidades sexuales y diferencias. As&iacute; explica Teresa de Laurentis (1991: v) este filo transgresor de la Teor&iacute;a <i>Queer:</i></font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hoy en d&iacute;a tenemos, por un lado, los t&eacute;rminos "lesbiana" y "gay" para designar distintos tipos de estilos de vida, sexualidades, pr&aacute;cticas sexuales, comunidades, problemas, publicaciones y discursos; por otro lado, la frase "gay y l&eacute;sbico", o m&aacute;s frecuentemente, "l&eacute;sbico&#45;gay" (las damas primero), se ha convertido en una de uso com&uacute;n. &#91;...&#93; En un sentido, el t&eacute;rmino "Teor&iacute;a <i>Queer"</i> se incorpor&oacute; en un esfuerzo por evitar todas esas distinciones finas en nuestros protocolos discursivos, no para adherirse a alguno de los t&eacute;rminos dados, ni para asumir sus responsabilidades ideol&oacute;gicas, sino para transgredirlas y trascenderlas &#45;o al menos problematizarlas.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por lo tanto, la Teor&iacute;a <i>Queer</i>no s&oacute;lo abarca a lesbianas, gays y bisexuales, sino tambi&eacute;n a s&aacute;dicos, fetichistas, voyeurs,<sup><a href="#notas">18</a></sup> travestis, transexuales,<sup><a href="#notas">19</a></sup> marimachos, y todas las dem&aacute;s pr&aacute;cticas que atrae la etiqueta "sexualidades desviadas" en el interior de las relaciones de poder asim&eacute;tricas del patriarcado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En <i>Essentially Speaking,<sup><a href="#notas">20</a></sup></i> Diana Fuss (1989) desarrolla una cr&iacute;tica postestructuralista del binarismo homosexual&#45;heterosexual. La heterosexualidad, sostiene Fuss, cobra significaci&oacute;n a partir de su opuesto, la homosexualidad; el fundamento sexual de la primera est&aacute; enmarcado sobre una exclusi&oacute;n y represi&oacute;n de la segunda; la producci&oacute;n de las divisiones y diferencias hetero&#45;homosexuales resulta crucial para el funcionamiento de la opresi&oacute;n sexual. Ello acarrea implicaciones radicales para la comprensi&oacute;n de la identidad sexual, y especialmente para la construcci&oacute;n de las identidades de lesbianas y gays. Fuss argumenta que la oposici&oacute;n hetero&#45;homo&#45;sexual constituye una normatividad establecida para las identidades sexuales, un orden cultural r&iacute;gido en el que las diferencias sexuales son negadas y desplazadas para siempre. As&iacute;, la afirmaci&oacute;n de las comunidades basadas en las identidades gay y lesbiana tiene el efecto parad&oacute;jico de reforzar la heterosexualidad y la homofobia como la din&aacute;mica clave de organizaci&oacute;n sociosexual. En contraposici&oacute;n a las pol&iacute;ticas de la identidad, Fuss (1991) convoca a los radicales sexuales a protestar y, por consiguiente, a desestabilizar la jerarqu&iacute;a hetero&#45;homosexual. Ella insta, en breve, a una pol&iacute;tica de las identidades relacionales.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Eve Kosofsky Sedwick (1990), algunas veces apodada la "madre de la Teor&iacute;a Queer", va un paso m&aacute;s all&aacute;. En <i>The Epistemology of the Closet<sup><a href="#notas">21</a></sup></i> ella sostiene que el binarismo hetero&#45;homosexual no s&oacute;lo configura y estructura las identidades sexuales y las diferencias, sino que conforma categor&iacute;as clave del pensamiento y de la cultura occidentales. Para Sedgwick, el binarismo hetero&#45;homosexual organiza la experiencia de la gente y el conocimiento del mundo, particularmente las formas de autoconocimiento y autorrevelaci&oacute;n. "Salir a la luz" y "cl&oacute;set" son t&eacute;rminos clave para comprender las experiencias de la gente gay y lesbiana; pero esas amplias categor&iacute;as de autodefinici&oacute;n afectan tambi&eacute;n profundamente a los heterosexuales, que sit&uacute;an sus propias identidades y pr&aacute;cticas en relaci&oacute;n con la homosexualidad, especialmente con su poder para perturbar y desplazar. La crisis contempor&aacute;nea de definici&oacute;n homo&#45;heterosexual es en el fondo un deseo de certeza en el nivel del conocimiento sexual. Siguiendo a Foucault, Sedgwick afirma que la secrec&iacute;a que rodea al conocimiento del cl&oacute;set es mantenida y frustrada debido al riesgo de revelaci&oacute;n del secreto. En forma similar a la descripci&oacute;n de Lacan del "falo" como un "significante dominante", Sedgwick describe la divisi&oacute;n hetero&#45;homosexual como el pivote de la l&oacute;gica cultural del avance de las sociedades. El conocimiento del cl&oacute;set y sus secretos, afirma Sedgwick, est&aacute; investido con mucha energ&iacute;a y ansiedad, con un conjunto de temores y fantas&iacute;as que asegura la distancia entre apariencia y realidad; norma y patolog&iacute;a; poder e impotencia.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El trabajo de Sedgwick ha sido muy influyente en la Teor&iacute;a <i>Queer,</i> principalmente porque ha llevado el debate m&aacute;s lejos de las estrechas definiciones de las pol&iacute;ticas de la identidad, as&iacute; como tambi&eacute;n m&aacute;s all&aacute; de las oposiciones b&aacute;sicas de opresi&oacute;n y resistencia. Al rehusarse a aceptar que el mundo puede ser f&aacute;cilmente dividido entre homosexuales y heterosexuales, Sedgwick busca subrayar: a) que el conocimiento es la consecuencia de los cuerpos; b) que el centro no es el objeto del fundamento del sujeto humano; c) que las identidades sexuales son fundamentalmente provisionales, m&oacute;viles y fracturadas; y d) que la inestabilidad de la oposici&oacute;n binaria hetero&#45;homosexual ampl&iacute;a las posibilidades para la reinvenci&oacute;n de identidades, deseos, pr&aacute;cticas, comunidades, conocimientos y estructuras sociales.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>COMENTARIOS FINALES</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este cap&iacute;tulo he llevado a cabo una investigaci&oacute;n del trabajo reciente sobre sexualidad en la teor&iacute;a social. Situando a la sexualidad en los espacios discursivos del psicoan&aacute;lisis; el an&aacute;lisis foucaultiano; el feminismo; el pensamiento sociol&oacute;gico; y la Teor&iacute;a <i>Queer </i>encontramos problemas de primera importancia para las ciencias sociales. Aunque los enfoques precedentes comparten poco en t&eacute;rminos anal&iacute;ticos, todos ellos est&aacute;n preocupados por el cuestionamiento de la constituci&oacute;n de la sexualidad, as&iacute; como por los contextos interpersonal, social, cultural, pol&iacute;tico y epist&eacute;mico en los cuales la sexualidad es producida.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>BIBLIOGRAF&Iacute;A</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Beck, Ulrich. 1991. <i>The Reinvention of Politics,</i> Polity Press, Cambridge.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9675000&pid=S0187-0173200900010000900001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p> 	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Butler, Judith. 2007. <i>El g&eacute;nero en disputa: el feminismo y la subversi&oacute;n de la identidad,</i> Paid&oacute;s Ib&eacute;rica, Barcelona.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9675002&pid=S0187-0173200900010000900002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150; 2003. <i>Cuerpos que importan: sobre los l&iacute;mites materiales y discursivos del sexo,</i> Paid&oacute;s Ib&eacute;rica, Barcelona.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9675004&pid=S0187-0173200900010000900003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150; 1993. <i>Bodies that Matter. On the Discursive Limits of "Sex"</i> Routledge, Nueva York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9675006&pid=S0187-0173200900010000900004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150; 1990. <i>Gender Trouble. Feminism and the Subversion of Identity,</i> Routledge, Nueva York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9675008&pid=S0187-0173200900010000900005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Chodorow, Nancy. 1978. <i>The Reproduction of Mothering,</i> University of California Press, Berkeley, California.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9675010&pid=S0187-0173200900010000900006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p> 	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">De Laurentis, Teresa, editora. 1991. "Queer Theory", <i>Differences,</i> vol. 3, n&uacute;m. 2.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9675012&pid=S0187-0173200900010000900007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Elliot, Anthony. 1999. <i>Social Theory and Psychoanalysis in Transitions. Self and Society from Freud to Kristeva,</i> segunda edici&oacute;n, Free Association Books&#45;New York University Press, Londres.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9675014&pid=S0187-0173200900010000900008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150; 1994. <i>Psychoanalitic Theory. An Introduction,</i> Blackwell, Oxford.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9675016&pid=S0187-0173200900010000900009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Elliot, Anthony, editor. 1998. <i>Freud 2000,</i> Routledge, Oxford y Nueva York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9675018&pid=S0187-0173200900010000900010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"> Foucault, Michel 1985 "Sexuality and Solitude", en M. Blonsky (ed.), <i>On Signs. A Semiotic Reader,</i> Blackwell, Oxford.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9675020&pid=S0187-0173200900010000900011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150; 1980a. "Two Lectures", traducci&oacute;n de C. Gordon <i>et al</i>,en C.Gordon (ed.), <i>Power/Knowledge. Selected Interviews and other Writings, 1972&#45;1977,</i> Pantheon, Nueva York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9675022&pid=S0187-0173200900010000900012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150; 1980b. <i>The History of Sexuality An Introduction,</i> Penguin, Har&#45;mondsworth.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9675024&pid=S0187-0173200900010000900013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Frosh, S. 1987. <i>The Politics of Psychoanalysis</i>,Macmillan, Londres.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9675026&pid=S0187-0173200900010000900014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Fuss, Diana. 1991. <i>Inside/Outside. Lesbian Theories, Gay Theories,</i> Routledge, Nueva York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9675028&pid=S0187-0173200900010000900015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150; 1989. <i>Essentially Speaking,</i> Routledge, Nueva York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9675030&pid=S0187-0173200900010000900016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Giddens, Anthony 1995 <i>La transformaci&oacute;n de la intimidad,</i> C&aacute;tedra, Madrid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9675032&pid=S0187-0173200900010000900017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150; 1992. <i>The Transformation of Intimacy. Sexuality, Love and Eroticism in Modern Societies,</i> Polity Press, Cambridge.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9675034&pid=S0187-0173200900010000900018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150; 1991. <i>Modernity and Self Identity,</i> Polity Press, Cambridge.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9675036&pid=S0187-0173200900010000900019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150; 1981. <i>Profiles and Critiques in Social Theory,</i> Macmillan, Londres.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9675038&pid=S0187-0173200900010000900020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Habermas, J&uuml;rgen. 1987. <i>The Philosophical Discourse of Modernity,</i> Polity Press, Cambridge.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9675040&pid=S0187-0173200900010000900021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Irigaray, Luce. 1985. <i>This Sex wich Is Not One,</i> Cornell University Press, Ithaca, Nueva York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9675042&pid=S0187-0173200900010000900022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Kristeva, Julia. 1984. <i>Revolution in Poetic Language,</i> Columbia University Press, Nueva York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9675044&pid=S0187-0173200900010000900023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lacan, Ja&ccedil;ques. 1977. <i>Ecrits. A Selection,</i> Tavistock, Londres.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9675046&pid=S0187-0173200900010000900024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150; 1975. <i>Encore. Le Seminaire XX,</i> Seuil, Par&iacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9675048&pid=S0187-0173200900010000900025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">McNay, L.. 1992. <i>Foucault and Feminism,</i> Polity Press, Cambridge.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9675050&pid=S0187-0173200900010000900026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Marcuse, Herbert. 1970. <i>Eros y civilizaci&oacute;n. Una investigaci&oacute;n filos&oacute;fica sobre Freud,</i> Joaqu&iacute;n Mortiz, M&eacute;xico, D. F.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9675052&pid=S0187-0173200900010000900027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150; 1956 <i>Eros and Civilization,</i> Ark, Londres.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9675054&pid=S0187-0173200900010000900028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">M&eacute;rida Jim&eacute;nez, Rafael M., editor. 2002. <i>Sexualidades transgresoras: una antolog&iacute;a de estudios</i> queer, Icaria, Madrid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9675056&pid=S0187-0173200900010000900029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">O'Neill, J. 1986. "The Disciplinary Society: From Weber to Foucault", <i>British Journal of Sociology,</i> n&uacute;m. 37, pp. 42&#45;60.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9675058&pid=S0187-0173200900010000900030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sedgwick, Eve K. 1990. <i>The Epistemology of the Closet,</i> University of California Press, Berkeley, California.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9675060&pid=S0187-0173200900010000900031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Turner, B. S. 1993. <i>Max Weber: From History to Modernity,</i> Routledge, Londres.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9675062&pid=S0187-0173200900010000900032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Weeks, Jeffrey. 1995. <i>Invented Moralities: Sexual Values in an Age of Uncertainty,</i> Polity Press, Cambridge.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9675064&pid=S0187-0173200900010000900033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150; 1985 <i>Sexuality and its Discontents,</i> Routledge, Londres.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9675066&pid=S0187-0173200900010000900034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150; 1977 <i>Coming Out,</i> Quartet Books Limited, Londres.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9675068&pid=S0187-0173200900010000900035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="notas"></a> <b>Notas</b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">* Texto tomado de Anthony Elliot, "Sexualities: Social Theory and the Crisis of Identity", en George Ritzer y Barry Smart (eds.), Handbook of Social Theory, Sage, Thousand Oaks, pp. 428&#45;438.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup></sup><sup>2</sup> Palabra ya incorporada por la Real Academia de la Lengua Espa&ntilde;ola en la vig&eacute;simo tercera edici&oacute;n de su diccionario, tal cual es empleada en la lengua inglesa, con el siguiente significado: "1. a. adj. Dicho de una persona, especialmente de un hombre: homosexual.!...&#93;; 2. adj. Perteneciente o relativo a los homosexuales". V&eacute;ase <a href="http://www.rae.es/rae.html" target="_blank">www.rae.es/rae.html</a>. &#91;Nota de la traductora&#93;.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> quot;La funci&oacute;n del orgasmo".</font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> "El cuerpo del amor".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> Ya que sus traducciones al espa&ntilde;ol suelen ser peyorativas y ofensivas ("marica" o "joto", de acuerdo con el Diccionario Compacto Larousse), y en ese sentido distintas a la acepci&oacute;n que denota la palabra queeren su uso principal en ingl&eacute;s (idioma en el que a pesar de que puede ser utilizada ofensivamente tambi&eacute;n, es asimismo empleada para nombrar un tipo particular de estudios reconocidos acad&eacute;micamente); y debido a que "raro" y "extra&ntilde;o" se alejan de su referente concreto, que ser&iacute;a alusivo a la homosexualidad femenina y masculina, entre otros (v&eacute;ase el &uacute;ltimo apartado de este art&iacute;culo), he respetado el anglicismo queer,esperando que en un futuro ocurra algo similar a lo que ocurri&oacute; con "gay", apoy&aacute;ndome adem&aacute;s en que ya existen publicaciones en castellano que utilizan el t&eacute;rmino "Teor&iacute;a Queer" (M&eacute;rida, 2002). &#91;Nota de la traductora&#93;.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> Surplus repression fue traducido en la edici&oacute;n mexicana de 1970 de Eros y Civilizaci&oacute;n (realizada por Juan Garc&iacute;a Ponce y publicada por la editorial Joaqu&iacute;n Mortiz) como "represi&oacute;n sobrante". &#91;Nota de la traductora&#93;.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> Performance principle fue traducido en Marcuse (1970) como "principio de actuaci&oacute;n" y definido por el propio Marcuse como "la forma hist&oacute;rica prevaleciente del principio de realidad" (Marcuse, 1970: 50). Se trata de un concepto fuertemente vinculado al de trabajo enajenado como una caracter&iacute;stica de la racionalidad t&eacute;cnica capitalista (Marcuse: 1970: 91117). El concepto ha sido traducido tambi&eacute;n como "principio de efectividad" (v&eacute;ase <a href="http://www.visionesalternativas.com/index.php?option=com_deeppockets&task=contShow&id=56738&Itemid" target="_blank">www.visionesalternativas.com/index.php?option=com_deeppockets &amp; task=contShow &amp; id=56738 &amp; Itemid</a>). &#91;Nota de la traductora&#93;.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> Shifteren el original. &#91;Nota de la traductora&#93;.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup> Selfen el original. &#91;Nota de la traductora&#93;.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup> En lo subsecuente, equip&aacute;rese el t&eacute;rmino "agencia" con su connotaci&oacute;n sociol&oacute;gica m&aacute;s contempor&aacute;nea: "acci&oacute;n". &#91;Nota de la traductora&#93;.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>11</sup> Religiosa. &#91;Nota de la traductora&#93;.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>12</sup> Existe versi&oacute;n en espa&ntilde;ol; v&eacute;ase Butler (2007) &#91;Nota de la traductora&#93;.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>13</sup> Existe versi&oacute;n en espa&ntilde;ol; v&eacute;ase Butler (2003) &#91;Nota de la traductora&#93;.</font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>14</sup> "Una generaci&oacute;n en riesgo: crecer en una era de trastorno familiar". &#91;Nota de la traductora&#93;.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>15</sup> Step&#45;parentsen el original. &#91;Nota de la traductora&#93;.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>16</sup> Existe versi&oacute;n en espa&ntilde;ol; v&eacute;ase Giddens (1995). &#91;Nota de la traductora&#93;.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>17 </sup>The pure relationship ha sido traducido al espa&ntilde;ol como "pura relaci&oacute;n personal". V&eacute;ase Giddens (1995). &#91;Nota de la traductora&#93;.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>18</sup> Voz francesa, definida por la Real Academia de la Lengua Espa&ntilde;ola como: "persona que disfruta contemplando actitudes &iacute;ntimas o er&oacute;ticas de otras personas" (www.rae.es). &#91;Nota de la traductora&#93;.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>19</sup> Drag queens y gender benders en el original. &#91;Nota de la traductora&#93;.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>20</sup> "Hablando esencialmente" &#91;Nota de la traductora&#93;.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>21</sup> La epistemolog&iacute;a del cl&oacute;set. &#91;Nota de la traductora&#93;.</font></p>      ]]></body><back>
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