<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>0186-1042</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Contaduría y administración]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Contad. Adm]]></abbrev-journal-title>
<issn>0186-1042</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Universidad Nacional Autónoma de México, Facultad de Contaduría y Administración]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S0186-10422008000200001</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[El Lenguaje en la investigación científica de las organizaciones]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Ríos Szalay]]></surname>
<given-names><![CDATA[Jorge]]></given-names>
</name>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A">
<institution><![CDATA[,  ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[ ]]></addr-line>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>08</month>
<year>2008</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>08</month>
<year>2008</year>
</pub-date>
<numero>225</numero>
<fpage>3</fpage>
<lpage>6</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S0186-10422008000200001&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S0186-10422008000200001&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S0186-10422008000200001&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri></article-meta>
</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Editorial</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>El Lenguaje en la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica de las organizaciones</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La ciencia est&aacute; constituida por teor&iacute;as, las cuales se expresan en lenguaje escrito. Esto significa que el conocimiento cient&iacute;fico no puede existir sin dicho lenguaje, &eacute;ste es una condici&oacute;n <i>sine qua non </i>de la teor&iacute;a. El hecho de que el conocimiento te&oacute;rico se exprese necesariamente por escrito es imprescindible no &uacute;nicamente para su propia existencia sino tambi&eacute;n para su desarrollo, pues brinda la posibilidad de que lo pensado y escrito por un investgador sea sometido al examen cr&iacute;tico de la comunidad cinet&iacute;fica correspondiente. Al ser le&iacute;do por sus pares , el autor se inserta en lo que Eduardo Nicol llam&oacute; la relaci&oacute;n <i>dial&oacute;gica del conocimiento</i>, concepto complejo que incluye como elemento central el di&aacute;logo que establecen entre s&iacute; mediante lapalabra escrita, a trav&eacute;s del tiempo y el espacio, quienes se dedican a la b&uacute;squeda de razones para explicar la realidad social o natural. Esta peculiar forma comunicativa permite a un pensador analizar, criticar, corregir, rechazar o aceptar las ideas del otro y, con ello, enriquecer el conocimiento. Es merced a esta relaci&oacute;n dial&oacute;gica que cualquier busacdor de verdades cient&iacute;ficas puede conocer y analizar el pensamiento lo mismo de Fayol, Weber, Barnard y Mintzberg, que el &uacute;ltimo art&iacute;culo de cualquier otro investigador c&eacute;lebre o no; de la misma manera que un investigador novato o experimentado puede someter al examen de sus colegas los productos de sus pesquisas y beneficiarse de sus r&eacute;plicas. En pocas palabras: el avance del conocimiento te&oacute;rico requiere forzosamente del di&aacute;logo, de las ideas del otro; no puede generarse <i>ex nihilo. </i>He aqu&iacute; una coincidencia fundamental con aquellos que consideran que la ciencia es una construcci&oacute;n social. He aqu&iacute; la raz&oacute;n de ser revistas como <i>Contadir&iacute;a y Administraci&oacute;n</i>, portadoras y promotoras de pensamientos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En virtud de que el lenguaje es elemento vital del conocimiento cient&iacute;fico &#151;que le permite existir, ser comunicado y recreado&#151;, su cultivo exige un cuidado particularmente concienzudo. Evidentemente, aqu&iacute; las razones de elegancia literaria salen sobrando: si no se obra con la susodicha meticulosidad se estar&aacute; actuando en contra de la vocaci&oacute;n de la ciencia. El rigor que est&aacute; exige para la elaboraci&oacute;n de conceptos y teor&iacute;as implica la demanda de un lenguaje igualmente riguroso. Ahora bien, el hecho de que expl&iacute;citamente excluyamos las razones de elegancia discursiva de las razones que dan cuenta de lo imprescindible que es el lenguaje para la existencia misma del conocimiento cient&iacute;fico y para su expansi&oacute;n, de ninguna manera significa que nos opongamos a la hermosura literaria que pueda tener la expresi&oacute;n de la ciencia. De ninguna manera. Creemos que la est&eacute;tica de un te&oacute;rico y su rigurosidad cient&iacute;fica son perfectamente compatibles y que incluso la primera puede auxiliar a la comprensi&oacute;n de lo escrito con rigor cient&iacute;fico. Nicol va m&aacute;s all&aacute;: para &eacute;l la verdad es bella instr&iacute;nsecamente; por eso, entre otras razones, sostiene que "La belleza verbal reside en lo que Descartes llam&oacute; <i>"la recherche de la verit&eacute;"</i>". Asimismo, adem&aacute;s de los eminentes pensadores que se han ocupado de destacar mediante razones la posibilidad de belleza de la ciencia, incluyendo la de su expresi&oacute;n escrita, encontramos otros que han resaltado lo mismo impl&iacute;citamente, pero con hechos: mediante la elegancia misma de sus textos te&oacute;ricos. Ejemplo claro de ello lo tenemos en los escritos del mismo Nicol, as&iacute; como en los de Juan Manuel Silva. Por otra parte, el empleo de bellas met&aacute;foras que sirven fielmente a la explicaci&oacute;n te&oacute;rica, recurrente en la ciencia en general y existente tambi&eacute;n en estudios sobre las organizaciones, es una muestra de la posibilidad de coexistencia arm&oacute;nica de elegancia y rigor.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo que pretendemos dejar claro al abogar por la diligencia en el lenguaje en virtud de su importancia metodol&oacute;gica y no por razones de elegancia literaria, es que dicho ciudado no es opcional y que, en todo caso, la belleza que pueda alcanzar la expresi&oacute;m de la teor&iacute;a debe subordinarse a los criterios de objetividad, precisi&oacute;n y l&oacute;gica, en una palabra, de rigor, que rigen a la ciencia. De manera que en caso de que en la exposici&oacute;n te&oacute;rica de algo se presentara la disyuntiva de tener que escoger entre elegancia literaria y rigor o entre la primera y la claridad &#151;por ser en ese caso particular mutuamente exlcuisvos&#151;, lo que debe predominar es el rigor y la nitidez, respectivamente. &Eacute;sta es la raz&oacute;n por la cual, por ejemplo, en los textos de pretensiones cient&iacute;ficas, a diferencia de lo que sucede en el lenguaje ordinario y con mayor raz&oacute;n en el literario, se permite emplear siempre el mismo t&eacute;rmino para referirse a un concepto aunque ese t&eacute;rmino se repita muchas veces en el escrito. As&iacute;, por ejemplo, cuando Marx habla de la mercanc&iacute;a, de clases sociales o de capital, se ve precisado a utilizar estos mismo t&eacute;rminos reiteradamente; no sacrifica el rigor ni la claridad tratando de emplear t&eacute;rminos equivalentes. No obstante, muchos de sus textos, incluyendo los que requieren de la repetici&oacute;n una y otra vez del mismo t&eacute;rmino, est&aacute;n bellamente escritos. Este genial cient&iacute;fico social es igualmente un buen ejemplo de lo que un maestro en la creaci&oacute;n de met&aacute;foras puede lograr en abono del rigor cient&iacute;fico y de la elegancia literaria a la vez.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Debido al cuidado  que por razones metodol&oacute;gicas exige el empleo del lenguaje en la construcci&oacute;n te&oacute;rica, merece ser estudiada la naturaleza del lenguaje cient&iacute;fico en general y la del lenguaje te&oacute;rico sobre las organizaciones en particular. En lo que respecta a la investigaci&oacute;n del discurso cient&iacute;fico en general, ya infinidad de eminentes fil&oacute;sofos &#151;Ricoeur, Gadamer, Quine, Wittengstein, Carnap y Russell, entre ellos &#151; se han abocado a &eacute;l. Por lo que concierne al lenguaje te&oacute;rico sobre los fen&oacute;menos organizacionales, por fortuna tambi&eacute;n han surgido autores, principalmente en la administraci&oacute;n, en la teor&iacute;a de la organizaci&oacute;n y en los estudios organizacionales que, reconociendo las importantes implicaciones que el lenguaje tiene para el desarrollo del conocimiento, se han interesado por analizar, desde perspectivas muy diversas, aspectos tambi&eacute;n variados del lenguaje sobre las organizaciones. Sin embargo, a&uacute;n es menester profundizar, examinar cr&iacute;ticamente y, en su caso, corregir o afinar las respuestas que tales pensadores han ofrecido para algunas interrogantes y plantear asimismo otras m&aacute;s. Por ejemplo, hace falta abundar en el estudio de los esfuerzos te&oacute;ricos o pr&aacute;cticos en pos de la estandarizaci&oacute;n de la terminolog&iacute;a administrativa que han emprendido muchos autores, incluyendo a Urwick, Koontz y Terry, as&iacute; como m&uacute;ltiples comites terminol&oacute;gicos, desde fines de la decada de 1920 hasta nuestros d&iacute;as. Esto, con el prop&oacute;sito de mostrar su invalidad e inconveniencia, en vista de que las pretensiones estandarizadoras contravienen al esp&iacute;ritu de la ciencia: cuando &eacute;sta forja conceptos acerca de los fen&oacute;menos y los nombra mediante t&eacute;rminos, no puede consentir otras restricciones que no sean la l&oacute;gica y el rigor metodol&oacute;gico, ni puede admitir que se intente fijar el significado de los t&eacute;rminos por grupos de notables;  en su lugar, debe permitir que el debate abierto &#151;no constre&ntilde;ido ni espacial, ni temporalmente &#151; sea el que determine posibles consensos o disentimientos acerca de los conceptos, de su significado y de sus respectivos t&eacute;rminos. Asimismo, hace falta iniciar trabajos de aclaraci&oacute;n sem&aacute;ntica y conceptual de algunos t&eacute;rminos b&aacute;sicos relativos a las organizaciones, empezando por el propio nombre de la disciplina administraci&oacute;n &#151; para esclarecer, entre otras cosas, si es o no sin&oacute;nimo de gesti&oacute;n direcci&oacute;n, gerencia e incluso <i>managment, </i>t&eacute;rmino a menudo usado en espa&ntilde;ol para referirse a ella&#151; y continuando con conceptos tales como organizaci&oacute;n, cultura y esrategia. De igual manera, es necesario profundizar las investigaciones tendientes a dilucidar si efectivamente el estudio de las organizaciones, dada su complejidad, requiere un lenguaje ambiguo, como sostienen Astley y Draft y Wiginton, o si por el contrario se debe, continuar aspirando a la precisi&oacute;n del lenguaje te&oacute;rico qu d&eacute; cuenta de los fen&oacute;menos organizacionales. Es preciso, igualmente, estudiar los problemas terminol&oacute;gicos&#150;conceptuales generados por las deficientes traducciones del ingl&eacute;s a nuestra lengua de libros de administraci&oacute;n o sobre organizaciones, por ejemplo, las sucesivas ediciones de <i>Curso de administraci&oacute;n moderna</i> de Koontz y O&acute;Donnell (cuyo t&iacute;tulo y coautor han cambiado a trav&eacute;s de los a&ntilde;os), <i>Las funciones de los elementos dirigentes</i> ( <i>The Functions of the Executive</i>) de Chester Barnard, y <i>Organizaciones y burocracia</i> de Nicos Mouzelis, todas ellas obras sumamente influyentes, todas ellas tergiversadas en m&uacute;ltiples pasajes importantes de sus versiones espa&ntilde;olas. Nuevas investigaciones como las sugeridas podr&iacute;an contribuir tambi&eacute;n, m&aacute;s all&aacute; de sus aportaciones intr&iacute;nsecas, a promover entre los investigadores de las organizaciones la concietizaci&oacute;n acerca de la trascendencia <i>metodol&oacute;gica </i>del lenguaje que pretende dar cuenta cient&iacute;ficamente de los fen&oacute;menos organizacionales, y, a trav&eacute;s de ello, quiz&aacute;s coadyuvar al mejoramiento de su propia labor investigativa. Los empe&ntilde;os que los estudiosos invierten en pulir el lenguaje de sus trabajos te&oacute;ricos sulen redituar jugosos frutos en t&eacute;rminos de comprensi&oacute;n de la realidad y acercamiento a verdades. </font></p>     <p align="right"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="right"><font face="verdana" size="2"><i>Jorge R&iacute;os Szalay</i></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[ ]]></body>
</article>
