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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Partidos, facciones y otras calamidades: Debates y propuestas acerca de los partidos políticos en México siglo XIX]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Alfredo &Aacute;vila y Alicia Salmer&oacute;n (coords.), <i>Partidos, facciones y otras calamidades. Debates y propuestas acerca de los partidos pol&iacute;ticos en M&eacute;xico siglo</i> <i>XIX</i></b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Irving Reynoso Jaime</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>FCE/Consejo Nacional para la Cultura y las Artes/Instituto de Investigaciones Hist&oacute;ricas&#45;UNAM, M&eacute;xico, 2012, 256 pp.</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Colegio de Estudios Latinoamericanos, FFyL&#45;UNAM</i></font>.</p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Un mal necesario</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El sistema pol&iacute;tico mexicano ha experimentado una serie de transformaciones durante los &uacute;ltimos 30 a&ntilde;os, consecuencia de la llamada transici&oacute;n democr&aacute;tica, que ha obligado a replantear cuestiones como las bases del presidencialismo, el equilibrio entre los poderes, la funci&oacute;n de los partidos pol&iacute;ticos, las condiciones necesarias para la gobernabilidad y dem&aacute;s elementos que ata&ntilde;en a cualquier r&eacute;gimen democr&aacute;tico moderno. Si centramos la atenci&oacute;n en los partidos pol&iacute;ticos, es imposible ignorar la crisis de representatividad por la que atraviesan, y la percepci&oacute;n que se tiene de ellos, entre importantes sectores de la opini&oacute;n p&uacute;blica, como representantes de intereses particulares. El cambio ha sido extremo: hemos pasado de un partido oficial hegem&oacute;nico, subordinado a la voluntad presidencial, a un sistema de partidos en el que las diferencias ideol&oacute;gicas pueden constituir un verdadero obst&aacute;culo para la gobernabilidad. La partidizaci&oacute;n del sistema ha planteado la necesidad de dialogar y llegar a acuerdos entre grupos antag&oacute;nicos &#151;es decir, de actuar democr&aacute;ticamente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No obstante, el r&eacute;gimen priista de la segunda mitad del siglo XX, que concret&oacute; la unidad de la familia revolucionaria e impuso el consenso a trav&eacute;s de la disciplina de partido, no debe hacernos olvidar que el problema de los partidos pol&iacute;ticos, lejos de constituir una novedad, es tan antiguo como la naci&oacute;n misma. As&iacute; lo demuestra el libro coordinado por Alfredo &Aacute;vila y Alicia Salmer&oacute;n, <i>Partidos, facciones y otras calamidades. Debates y propuestas acerca de los partidos pol&iacute;ticos en M&eacute;xico, siglo</i> <i>XIX,</i> una obra que viene a enriquecer, desde una perspectiva hist&oacute;rica, el an&aacute;lisis de la problem&aacute;tica actual de los partidos, coloc&aacute;ndolos como actores de primer orden en la construcci&oacute;n nacional, los cuales, m&aacute;s all&aacute; de los juicios de valor que puedan generar, no pueden ser subestimados, pues fueron protagonistas de un proceso dial&eacute;ctico que marc&oacute; la historia pol&iacute;tica mexicana del siglo XIX, con repercusiones todav&iacute;a latentes.<sup><a href="#notas">1</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los coordinadores afirman en su presentaci&oacute;n que, despu&eacute;s de la independencia, los partidos pol&iacute;ticos fueron considerados "verdaderas calamidades".<sup><a href="#notas">2</a></sup> Dividir a la sociedad, "partirla", se pensaba, iba contra los intereses de la patria. Esta temprana animadversi&oacute;n hacia las divisiones pol&iacute;ticas gener&oacute; la idea de que el progreso del pa&iacute;s s&oacute;lo podr&iacute;a lograrse con la unidad, posici&oacute;n profundamente antidemocr&aacute;tica y con plena vigencia en la actualidad (nostalgia ingenua del orden colonial, de la <i>pax</i> <i>porfiriana</i> o del corporativismo priista). Sin embargo, hacia finales del siglo XIX y las primeras d&eacute;cadas del XX, el reconocimiento de los partidos pol&iacute;ticos ya era percibido como una necesidad impostergable, debido a la gran cantidad de sectores sociales que reclamaban espacios de participaci&oacute;n pol&iacute;tica en la vida institucional. &iquest;C&oacute;mo se produjo este cambio? Las historias que nos cuenta <i>Partidos, facciones y otras calamidades,</i> entendidas no de manera aislada sino como parte de una obra integral, contribuyen a generar una respuesta para dicha interrogante.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La actitud hacia los partidos pol&iacute;ticos a lo largo del siglo XIX, fue un ir y venir entre el franco rechazo y la aceptaci&oacute;n cr&iacute;tica. Lejos de representar un remedio para todos los males, los partidos pol&iacute;ticos fueron percibidos como un mal necesario. Desde el principio hubo voces que alabaron las virtudes c&iacute;vicas de los partidos, as&iacute; como pregoneros de los peligros que representaban para el inter&eacute;s nacional cuando su participaci&oacute;n en la vida pol&iacute;tica era irreversible.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Uno de los primeros grupos que se defini&oacute; como partido pol&iacute;tico estuvo ligado a las logias mas&oacute;nicas del rito de York, seg&uacute;n demuestra el cap&iacute;tulo inicial de Alfredo &Aacute;vila y Mar&iacute;a Eugenia V&aacute;zquez, "El orden republicano y el debate por los partidos, 1825&#45;1828". Se presenta una interesante genealog&iacute;a de las facciones, que arranca con la distinci&oacute;n entre serviles y liberales (1821&#45;1823), que se convierte, en 1824, en la oposici&oacute;n borbonistas/centralistas e iturbidistas/federalistas, rivalidad que dar&aacute; paso &#151;advirtiendo la simplificaci&oacute;n&#151; a la lucha entre las logias mas&oacute;nicas del rito escoc&eacute;s y del yorkino durante la primera rep&uacute;blica federal. El gobierno de Guadalupe Victoria reconoci&oacute; de facto la existencia de estas facciones, pero se cuid&oacute; de no fomentarlas con su "pol&iacute;tica de amalgamaci&oacute;n".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La divisi&oacute;n esquem&aacute;tica entre escoceses&#45;centralistas y yorkinos&#45;federalistas se complic&oacute; con la aparici&oacute;n del grupo de "Los Imparciales", quienes desde <i>El &Aacute;guila Mexicana</i> afirmaron no ser una facci&oacute;n, y se proclamaron por la conciliaci&oacute;n de los intereses de los diversos grupos en pos de la unidad. Los yorkinos respondieron identific&aacute;ndose como "la voz de la naci&oacute;n", y tacharon de antipatriota a cualquiera que no perteneciera a su partido. Las elecciones presidenciales de 1828 fueron el escenario de la lucha entre los distintos partidos. Luego del triunfo de G&oacute;mez Pedraza (apoyado por escoceses e "imparciales"), y el desconocimiento del resultado por parte de Santa Anna (simpatizante yorkino), el Congreso decret&oacute; la prohibici&oacute;n de las sociedades secretas, rechazando el primer sistema de partidos que se hab&iacute;a creado despu&eacute;s de la independencia, pues las logias y su "esp&iacute;ritu de cuerpo" actuaban sobreponi&eacute;ndose a la ley y al gobierno.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Catherine Andrews advierte que con la prohibici&oacute;n de las logias y el creciente rechazo a las divisiones partidarias se produjo una paradoja: dado que ninguna agrupaci&oacute;n pol&iacute;tica se reconoc&iacute;a como partido, asum&iacute;an que sus opiniones eran las de toda la naci&oacute;n. En su trabajo "La actitud de la administraci&oacute;n de Anastasio Bustamante hacia los partidos y la oposici&oacute;n pol&iacute;tica (1830&#45;1832)", sostiene que para el gobierno bustamantino el fin de la sociedad pol&iacute;tica era el bien com&uacute;n &#151;rasgo distintivo del republicanismo cl&aacute;sico&#151;, concepci&oacute;n enemiga de los partidos que, lejos de respetar ese principio, atend&iacute;an al bien particular.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, el rechazo a los partidos no equival&iacute;a a la eliminaci&oacute;n de la oposici&oacute;n pol&iacute;tica. Por el contrario, como se desprende del estudio de la prensa bustamantina, se consideraba que la oposici&oacute;n era fruct&iacute;fera, adem&aacute;s de legal, y que deb&iacute;a ser fomentada por el gobierno. La cuesti&oacute;n fundamental consist&iacute;a en alejar al pueblo llano del debate p&uacute;blico, foro reservado para la "gente decente", aquellos m&aacute;s aptos para opinar: los ciudadanos virtuosos, educados y sin afiliaci&oacute;n partidista. Por lo tanto, la autora sostiene que el rechazo del gobierno de Bustamante hacia los partidos no lo diferenciaba sustancialmente del resto de los gobiernos de la primera rep&uacute;blica federal, contrario a ciertas visiones historiogr&aacute;ficas que se refieren a su administraci&oacute;n como dictadura.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hacia finales de la d&eacute;cada de 1840, despu&eacute;s de la guerra contra Estados Unidos, se percibe un cambio de actitud respecto a la necesidad de la organizaci&oacute;n pol&iacute;tica, de la lucha partidista y de cierta pluralidad. As&iacute; se constituy&oacute;, en 1848, un grupo pol&iacute;tico que se asum&iacute;a como el "partido conservador". &Eacute;rika Pani analiza los avatares de esta organizaci&oacute;n, la cual no quiso o no pudo disponer de los instrumentos para intervenir con &eacute;xito en la pol&iacute;tica competitiva y popular del siglo XIX mexicano. En su cap&iacute;tulo titulado "Entre la espada y la pared: el partido conservador (1848&#45;1853)", la autora se&ntilde;ala que si bien los conservadores acertaron en el diagn&oacute;stico de uno de los males del cuerpo pol&iacute;tico, fueron incapaces de administrarle remedio.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El "exclusivismo pol&iacute;tico" fue considerado como uno de los problemas m&aacute;s importantes que aquejaron a la pol&iacute;tica mexicana durante el siglo XIX, sobre todo a partir de la &eacute;poca de la reforma. Por exclusivismo se entiende la man&iacute;a de un solo partido por acaparar el poder y los puestos p&uacute;blicos, seg&uacute;n la definici&oacute;n que ofrece Fr&eacute;d&eacute;ric Johansson en su estudio "El imposible pluralismo pol&iacute;tico: del exclusivismo y otros vicios de los partidos pol&iacute;ticos en el M&eacute;xico de la reforma". Tanto los liberales, que propon&iacute;an un pluripartidismo pac&iacute;fico, como los conservadores, que delineaban un cierto pluralismo que no los excluyera de la participaci&oacute;n pol&iacute;tica &#151;sobre todo al encontrarse en la oposici&oacute;n&#151;, contradec&iacute;an en la pr&aacute;ctica su discurso. Al encontrarse en el poder la pol&iacute;tica de ambos era netamente excluyen&#45;te. Se trataba de relegar al adversario de manera sistem&aacute;tica para beneficiar a su propia clientela pol&iacute;tica, lo cual explica las constantes revoluciones y cambios de gobierno.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No obstante, m&aacute;s all&aacute; de esta contradicci&oacute;n, se hab&iacute;a operado un cambio en el discurso pol&iacute;tico con respecto a los partidos, pues las elites mexicanas coincid&iacute;an en la necesidad de ampliar la participaci&oacute;n y permitir el debate pol&iacute;tico con el fin de abatir el vicio exclusivista y sus efectos, como la empleoman&iacute;a, aunque permaneciera la concepci&oacute;n tradicional de la soberan&iacute;a y el Estado, que exig&iacute;a una unidad inquebrantable del conjunto social para legitimarse.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hacia finales del siglo XIX conviv&iacute;an dos acepciones de partido: una tradicional (grupo personalista que antepone su inter&eacute;s particular al colectivo), y otra moderna (movimiento pol&iacute;tico y de opini&oacute;n atento a principios ideol&oacute;gicos). El estudio de Alicia Salmer&oacute;n, "Partidos personalistas y de principios; de equilibrios y contrapesos. La idea de partido en Justo Sierra y Francisco Bulnes", ilustra pertinentemente dicha oposici&oacute;n entre la nueva y la vieja concepci&oacute;n de partido.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tanto Bulnes como Sierra, connotados pol&iacute;ticos porfiristas, coincid&iacute;an en su rechazo a los partidos, pues se deb&iacute;a mantener la unidad &#151;as&iacute; se tratara de un gobierno autoritario&#151; para garantizar el progreso econ&oacute;mico. Sin embargo, el problema de la sucesi&oacute;n presidencial los llev&oacute; a plantear algunos mecanismos de soluci&oacute;n. Sierra aspiraba a un partido nacional y &uacute;nico, que fuera m&aacute;s all&aacute; de la combatividad del partido liberal y se convirtiera en un verdadero partido de gobierno. Bulnes, en cambio, admiti&oacute; la posibilidad de un multipartidismo &#151;al estilo anglosaj&oacute;n&#151; pero restringido a los partidos apoyados por las clases dominantes, excluyendo a "socialistas" y "populistas". Salmer&oacute;n advierte que, hacia 1911, el temor al triunfo maderista reafirm&oacute; el pluralismo pol&iacute;tico que Bulnes propon&iacute;a como un intento desesperado para salvar al r&eacute;gimen.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como es sabido, Porfirio D&iacute;az salud&oacute; la organizaci&oacute;n de partidos pol&iacute;ticos en la famosa entrevista con Creelman de marzo de 1908. Ese mismo a&ntilde;o, Francisco i. Madero afirm&oacute; en su libro, <i>La sucesi&oacute;n presidencial,</i> que M&eacute;xico estaba apto para la democracia, y convoc&oacute; a organizar un partido "nacional democr&aacute;tico", que respetara el orden constitucional e instaurara el principio de la no reelecci&oacute;n. Pedro Salmer&oacute;n explica los avatares de lo que ser&iacute;a el Partido Nacional Antirreeleccionista en su an&aacute;lisis titulado "&iexcl;Sufragio efectivo, no reelecci&oacute;n! Un partido pol&iacute;tico contra el poder absoluto".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La creaci&oacute;n del Centro Antirreeleccionista de M&eacute;xico, en mayo de 1909, y la organizaci&oacute;n de m&aacute;s de 100 clubes antirreeleccionistas por todo el pa&iacute;s, fueron los antecedentes para la fundaci&oacute;n del Partido Nacional Antirreeleccionista, en abril de 1910, el cual lanzar&iacute;a a Madero como su candidato presidencial. Si bien el PNA fracas&oacute; electoralmente en 1910 y se convirti&oacute; en un grupo clandestino, su importancia hist&oacute;rica es fundamental como el primer intento significativo, a escala nacional, de crear un partido pol&iacute;tico moderno basado en principios ideol&oacute;gicos y no en intereses personalistas. Su derrota legitim&oacute; la lucha armada como la &uacute;nica v&iacute;a posible para el cambio pol&iacute;tico y social.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Casi de manera simult&aacute;nea a la experiencia antirreeleccionista, pero atendiendo a sus propios intereses, se sentaron las bases para la constituci&oacute;n de un partido cat&oacute;lico, seg&uacute;n nos cuenta Laura O'Dogherty en el cap&iacute;tulo final, "El Partido Cat&oacute;lico Nacional. Las instituciones liberales al servicio de la restauraci&oacute;n cat&oacute;lica". Luego de la renuncia de Porfirio D&iacute;az, los cat&oacute;licos mexicanos convocaron a formar el Partido Cat&oacute;lico Nacional, seg&uacute;n el modelo del Partido Cat&oacute;lico Belga, propuesta que se concret&oacute; en mayo de 1911, postulando a Francisco i. Madero para la presidencia. Para mediados de 1912 sus dirigentes contaban con 692 centros regionales, pero no pudieron convertirlo en un partido moderno, ya que en su concepci&oacute;n tradicional de sociedad org&aacute;nica no hab&iacute;a espacio ni para el individuo ni para el disenso.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El PCN estableci&oacute; relaciones con el r&eacute;gimen golpista de Victoriano Huerta, por lo que fue calificado de enemigo de la revoluci&oacute;n; de hecho, este apoyo gener&oacute; una profunda divisi&oacute;n entre los militantes del partido (simpatizantes de la dictadura y cr&iacute;ticos del militarismo). El r&eacute;gimen aprovech&oacute; la debilidad del partido para reprimir a los dirigentes detractores y clausurar la prensa cat&oacute;lica. A principios de 1914, el PCN pr&aacute;cticamente hab&iacute;a desaparecido. As&iacute;, despu&eacute;s de la revoluci&oacute;n, la iglesia mexicana abandon&oacute; la v&iacute;a partidista para la defensa de sus intereses.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Obras como <i>Partidos, facciones y otras calamidades</i> demuestran la importancia de abordar la pol&iacute;tica decimon&oacute;nica desde nuevas perspectivas. Los partidos pol&iacute;ticos importan, y el hecho de que los pronunciamientos militares trastocaran a menudo el curso de la pol&iacute;tica institucional no demerita su an&aacute;lisis; por el contrario, explicar su evoluci&oacute;n a lo largo del siglo XIX demuestra que el camino hacia un sistema pol&iacute;tico institucional est&aacute; plagado de grandes dificultades.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="notas"></a><b>Notas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup>&nbsp;El estudio de los partidos pol&iacute;ticos forma parte de un esfuerzo acad&eacute;mico por derribar los lugares comunes y visiones tradicionales sobre la pol&iacute;tica mexicana del siglo XIX, que la muestran como una &eacute;poca dominada por los pronunciamientos militares, en la que la vida pol&iacute;tica institucional era, o bien inexistente o francamente irrelevante. Como parte de este esfuerzo es importante mencionar el seminario Hacia una Historia de las Pr&aacute;cticas Electorales en M&eacute;xico, siglo XIX, coordinado por Fausta Gant&uacute;s y Alicia Salmer&oacute;n en el Instituto Mora.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup>&nbsp;En esta obra se define al "partido pol&iacute;tico" como el conglomerado de afinidades ideol&oacute;gicas y relacionales que dividen a las elites para luchar por el poder, algo que no implica la existencia de una instituci&oacute;n partidaria estructurada, como se entiende actualmente. Esta es una precisi&oacute;n fundamental, pues los conceptos son din&aacute;micos y cambian con el transcurrir del tiempo. Los partidos pol&iacute;ticos del siglo XIX son sustancialmente distintos a los del siglo XX y XXI, en su legitimidad, forma y funcionamiento.</font></p>      ]]></body>
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