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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Flavia Fiorucci, <i>Intelectuales y peronismo</i></b></font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Mar&iacute;a Paula Luciani</b></font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Biblos, Buenos Aires, 2011, 226 pp</b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Idaes&#150;Unsam</i></font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De unos a&ntilde;os a esta parte, la historiograf&iacute;a profesional en Argentina ha retomado el estudio del peronismo, pero bajo una nueva sensibilidad. No se trata de analizar la significaci&oacute;n global del movimiento que tanto marc&oacute; a la cultura pol&iacute;tica de nuestro pa&iacute;s. Tampoco de continuar investigando la relaci&oacute;n con el movimiento obrero, sus tensiones e implicancias. La mirada, en cambio, se ha vuelto hacia el conocimiento del Estado peronista. La intenci&oacute;n parece ser la de encarar una tarea deconstructiva, inquieta por indagar las pol&iacute;ticas efectivamente dise&ntilde;adas por el gobierno, &aacute;rea por &aacute;rea. As&iacute;, los especialistas est&aacute;n llevando adelante una labor colectiva para mejorar la comprensi&oacute;n de m&uacute;ltiples aspectos del peronismo en el poder, que continuaban sesgados por ciertas nociones de sentido com&uacute;n o por ideas que fueron leg&aacute;ndose sin reexamen. Gracias a esos trabajos, se han restituido el dinamismo, la oscilaci&oacute;n y el cambio al Estado, durante un periodo que sol&iacute;a considerarse de manera m&aacute;s homog&eacute;nea. Como resultado, por momentos el Estado peronista se parece m&aacute;s a un gigante con pies de barro que a la imagen del agente poderoso que &eacute;l mismo busc&oacute; proyectar.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro de Flavia Fiorucci, producto de una adaptaci&oacute;n de su tesis doctoral, tiene su puntapi&eacute; inicial en uno de esos lugares comunes invocados a la hora de hablar del peronismo: su antiintelectualismo y la relaci&oacute;n imposible que mantuvo con la cultura. La historiadora atraviesa ese presupuesto, tributario de una representaci&oacute;n construida por un sector mayoritario de la intelectualidad argentina de los a&ntilde;os cuarenta y cincuenta, para apostar a la sistematizaci&oacute;n del estudio de la gesti&oacute;n cultural peronista y sus consecuencias en el mundo intelectual entre 1946 y 1956, un a&ntilde;o despu&eacute;s del derrocamiento de Per&oacute;n.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El objeto que se recorta en <i>Intelectuales y peronismo</i> combina varias preocupaciones simult&aacute;neas. Por un lado, poner en evidencia que un Estado que atravesaba por una etapa de expansi&oacute;n de sus capacidades de intervenci&oacute;n, tuvo a la cultura en su agenda, ya que esta pod&iacute;a colaborar en una doble tarea de cohesi&oacute;n y control social, en el marco de un gobierno populista, legitimado por el advenimiento de la "era de las masas" y por la necesidad de gobernar ese cambio "desde arriba". Por otro lado, entender las razones, las manifestaciones, los alcances y los l&iacute;mites del desentendimiento protagonizado por quienes dan nombre al libro. Por ello, adem&aacute;s de estar enmarcado dentro de las nuevas perspectivas de estudio del Estado peronista ya mencionadas, el trabajo de Fiorucci tambi&eacute;n debe ser considerado como una contribuci&oacute;n a la historia intelectual, en tanto abordaje que comunica la historia pol&iacute;tica, la historia de las elites culturales y el an&aacute;lisis hist&oacute;rico de la "literatura de ideas".</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La conexi&oacute;n del tema con la historia intelectual pone a la autora frente a un problema conceptual: para escribir una obra que analice las reacciones de los intelectuales ante las iniciativas estatales, hay que lidiar con los r&iacute;os de tinta que se han escrito sobre la figura y el papel del "intelectual". El punto es resuelto elegantemente mediante un triple recurso. Primero, haciendo pie en la figura del escritor, en tanto personaje con producci&oacute;n escrita p&uacute;blica y no exclusivamente filiado a la literatura. Segundo, apelando a la idea del autorreconocimiento,</font></p> 	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">no porque todo aquel que se identifica como un intelectual deba ser considerado de esa forma, sino porque quien se reconoce en esa identidad participa de las "disputas de demarcaci&oacute;n" que organizan el campo (p. 13).</font></p> </blockquote> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, proponiendo un criterio concreto para ese autorreconocimiento, adecuado al periodo: la pertenencia a algunas de las dos asociaciones de escritores existentes por entonces. Tanto la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) como la Asociaci&oacute;n de Escritores Argentinos (ADEA) inclu&iacute;an a sujetos que, al unirse a esas organizaciones, daban la pauta de estar identific&aacute;ndose como parte del mundo intelectual. De tal manera, Fiorucci se refiere a los "intelectuales" y los "escritores" de manera intercambiable.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A lo largo de los cinco cap&iacute;tulos de <i>Intelectuales y peronismo,</i> se procura ir m&aacute;s all&aacute; del tan mentado desde&ntilde;o de ese gobierno hacia la cultura, para reconstruir y comprender en qu&eacute; consist&iacute;an y hacia d&oacute;nde apuntaban sus pol&iacute;ticas. En palabras de la autora:</font></p> 	    <blockquote> 	      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El objetivo no es reemplazar una historia de censura y hostigamiento por otra de iniciativas conciliadoras sino rastrear las tramas que dan cuenta de una relaci&oacute;n compleja, marcada desde el principio por el desentendimiento (p. 12).</font></p> </blockquote> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En correlaci&oacute;n, la historiadora quiere explicitar los efectos que estas medidas tuvieron entre los intelectuales, tomando en cuenta el enfrentamiento entre quienes se posicionaron en contra del r&eacute;gimen desde sus or&iacute;genes y aquellos pocos que intentaron obtener un lugar bajo el sol peronista.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para organizar el tratamiento de un espectro tan amplio de cuestiones, Fiorucci se aferra al concepto bourdiano de "campo intelectual". Como es sabido, lograr la autoridad dentro del campo es importante no solamente por una cuesti&oacute;n de predominio y reconocimiento desinteresado en su interior, sino porque el capital social acumulado por medio de las luchas es traducible en otras formas de capital. As&iacute;, las relaciones entre los pares son relaciones de fuerza, porque estos son al mismo tiempo colegas y competidores.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Quienes ocupan las posiciones dominantes, manejan los criterios que habilitan a un sujeto como competente y el acceso a los recursos materiales que permiten vivir de la profesi&oacute;n. Los que podr&iacute;amos llamar "dominados" del campo, oscilan entre estraregias de sucesi&oacute;n para relevar a los dominantes, acorde a las reglas determinadas por ellos, y estrategias de subversi&oacute;n, planteando nuevas reglas o polos de atracci&oacute;n. El papel del Estado, por su parte, siempre es problem&aacute;tico para la autonom&iacute;a del campo. Puede ser una fuente de recursos y oportunidades tanto como introducir constre&ntilde;imientos en el quehacer cultural. En funci&oacute;n de estas herramientas te&oacute;ricas, se vertebran y despliegan los cap&iacute;tulos del libro.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el primer cap&iacute;tulo, Fiorucci mira hacia el Estado. Distingue dos momentos en sus pol&iacute;ticas culturales. El primero, entre 1945 y 1950, se caracteriz&oacute; por un mayor dinamismo y disponibilidad de recursos materiales y una ampliaci&oacute;n de los canales de intervenci&oacute;n sobre el campo intelectual. Se articularon medidas como la creaci&oacute;n de la Subsecretar&iacute;a de Cultura y una amplia convocatoria para participar de la organizaci&oacute;n de la Junta Nacional de Intelectuales, en 1948. Lo m&aacute;s mentado de la <i>intelligentsia</i> argentina se resisti&oacute; a esos proyectos. Los rostros visibles designados para encabezarlos eran personajes "menores" dentro del campo o figuras procedentes del nacionalismo cat&oacute;lico, mal conceptuadas por la mayor&iacute;a de los referentes intelectuales que hab&iacute;an de&#150;codificado la emergencia del peronismo en t&eacute;rminos de un conflicto internacional que lo exced&iacute;a: el de la lucha fascismo/ antifascismo. Para Fiorucci, el gobierno peronista demostraba desconocimiento de las reglas del campo intelectual y fue torpe al designar a los funcionarios del &aacute;rea no cediendo lo suficiente como para quebrar el rechazo casi un&aacute;nime que hab&iacute;a obtenido desde su encumbramiento. El fracaso de ese periodo lo llev&oacute; a una estrategia m&aacute;s confrontativa. Por ende, desde 1950 y sobre todo durante la segunda presidencia de Per&oacute;n, se percibe un retroceso en el impulso inicial, reflejado en cuestiones como la p&eacute;rdida de jerarqu&iacute;a de la cultura en el organigrama estatal, v&iacute;a la transformaci&oacute;n de la Subsecretar&iacute;a en Direcci&oacute;n. Las medidas contradictorias se suced&iacute;an una a otra: mientras el Estado asignaba dineros suculentos para los Premios de la Comisi&oacute;n Nacional de Cultura, comenzaba el periodo de reglamentaci&oacute;n y control centralizado del funcionamiento de las Academias Nacionales. As&iacute;, los cada vez m&aacute;s d&eacute;biles intentos de cooptaci&oacute;n de los intelectuales, quedaban subsumidos al proceso de peronizaci&oacute;n de la sociedad, que estaba en marcha en medio de la recesi&oacute;n econ&oacute;mica y con una oposici&oacute;n m&aacute;s visible.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Donde la gesti&oacute;n de Per&oacute;n s&iacute; tuvo cierto &eacute;xito fue en el &aacute;mbito de las pol&iacute;ticas de redistribuci&oacute;n de los consumos culturales, sobre todo en sus objetivos de lograr una mayor democratizaci&oacute;n y federalizaci&oacute;n del acceso a la cultura. Analizando distintos emprendimientos como el Tren Cultural, la Orquesta de M&uacute;sica Popular y el Programa de Bibliotecas Populares, la historiadora llega a una conclusi&oacute;n interesante: pese a la presencia de algunos elementos folkl&oacute;ricos y populares en las empresas alentadas por el peronismo, este no estuvo ligado a una visi&oacute;n rom&aacute;ntica en la que el pueblo funcionara como depositario de una cultura "aut&eacute;ntica" o en que se planteara una dicotom&iacute;a en que debiera reflotarse una cultura "desde abajo" en confrontaci&oacute;n con una "cultura letrada". M&aacute;s bien al contrario, la idea de extender el acceso a la cultura a la mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n estuvo construida sobre la noci&oacute;n liberal de que existe un centro que irradia cultura, asociado a la ciudad y de que es responsabilidad del Estado arbitrar los medios para la elevaci&oacute;n del "soberano". El ataque a lo que podr&iacute;a ser pensado como "alta cultura" ven&iacute;a liado a cuestiones pol&iacute;ticas y no a una intenci&oacute;n de invertir las jerarqu&iacute;as culturales.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los cap&iacute;tulos 2, 3 y 4 nos muestran cara y ceca del campo intelectual. El 2 y el 4 est&aacute;n dedicados al abordaje de distintos aspectos del grupo antiperonista, mientras que el tercero indaga sobre qui&eacute;nes fueron los intelectuales que recibieron positivamente al peronismo y qu&eacute; espacio y oportunidades tuvieron durante esos a&ntilde;os.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el segundo cap&iacute;tulo, la autora hace pie en la SADE como instituci&oacute;n que n&uacute;cleo a la mayor parte de los intelectuales antiperonistas, proyectados como actor colectivo. Desde all&iacute; se pueden observar intersecciones entre el campo intelectual y el pol&iacute;tico para enfocar los efectos de la irrupci&oacute;n del peronismo. Seg&uacute;n Fiorucci, este movimiento tuvo un efecto paradojal ya que fractur&oacute; el campo intelectual bajo una l&oacute;gica pol&iacute;tica, definiendo espacios de sociabilidad distintos para opositores y adherentes. Al mismo tiempo que los antiperonistas demostraron su capacidad y sus recursos para mantener instituciones y publicaciones sin el auspicio estatal, su estrategia fue despolitizar el discurso p&uacute;blico. No hicieron an&aacute;lisis de coyuntura y no repensaron la significaci&oacute;n del peronismo en la vida social y pol&iacute;tica del pa&iacute;s, cuesti&oacute;n desplegada en el cap&iacute;tulo 4 a trav&eacute;s del tratamiento de un muestreo de revistas del espectro antiperonista, como <i>Sur, Imago Mundi, Liberalis,</i> etc. La cruzada estuvo signada por la resistencia por igual a los embates y a la cooptaci&oacute;n estatal. Esto, que fue efectivo para preservar la producci&oacute;n intelectual y las instituciones, trajo varios problemas. Para el caso de la sade, Fiorucci plantea que al querer evitar las denuncias y acusaciones expl&iacute;citas contra las avanzadas gubernamentales, en situaciones tan tensas como las del encarcelamiento de figuras como el poeta Banchs o la directora de <i>Sur,</i> Victoria Ocampo, la organizaci&oacute;n abdic&oacute; de la funci&oacute;n de defender a sus miembros. Asimismo, la autora se&ntilde;ala que la activa labor de militancia contra el fascismo que hab&iacute;a dominado el campo intelectual antes del surgimiento de Per&oacute;n, fue atenuada. En las revistas del periodo, el peronismo fue discutido tangencialmente, bajo un lenguaje simb&oacute;lico, s&oacute;lo comprensible para p&uacute;blicos acotados y aludiendo a problemas m&aacute;s generales como la crisis del liberalismo o la decadencia de la cultura occidental. En esas p&aacute;ginas no se debatieron temas del contexto pol&iacute;tico inmediato ni se intent&oacute; articular explicaciones o representaciones del peronismo que revisaran la decodificaci&oacute;n del fen&oacute;meno en t&eacute;rminos de "fascismo criollo". Como consecuencia de ello, Fiorucci lanza una de sus tesis m&aacute;s punzantes sobre el consenso liberal que uni&oacute;, no sin tensiones, a la <i>intelligentsia</i> opositora:</font></p> 	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">considerando que muchos intelectuales se autoidentificaban como guardianes de la civilizaci&oacute;n y la libertad, podemos decir que su rol bajo un r&eacute;gimen que percib&iacute;an como una dictadura no estuvo a la altura de <i>sus propias representaciones,</i> aun cuando el tema haya generado roces y discusiones, e incluso aceptando que la autocensura era el resultado de las presiones que el gobierno ejerc&iacute;a contra el campo intelectual (p. 172, &eacute;nfasis de la autora).</font></p> </blockquote> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El cap&iacute;tulo 3, por su parte, curiosamente dispuesto en medio de los que se abocan al tratamiento del antiperonismo, busca desmontar el aparente ox&iacute;moron de concebir un intelectual peronista. All&iacute; se rastrean la procedencia de las figuras que se adhirieron al movimiento liderado por Per&oacute;n y los avatares de dos de sus proyectos: la ADEA y la revista <i>Hechos e Ideas.</i> En resumen, aquellos que abrazaron tempranamente las pol&iacute;ticas sociales de Per&oacute;n ten&iacute;an un rasgo en com&uacute;n: proven&iacute;an de sectores intelectuales cuya prioridad no era la defensa de las instituciones democr&aacute;ticas. Fueron los grupos nacionalistas, descontentos con el liberalismo, los que Rieron atra&iacute;dos por el gobierno militar de 1943&#150;1946, aunque s&oacute;lo algunos de ellos continuar&iacute;an apoyando a Per&oacute;n en 1946. Dentro de esa etiqueta quedaban comprendidos nacionalistas de derecha, m&aacute;s o menos fascistoides; nacionalistas ligados con lo m&aacute;s reaccionario del catolicismo; exponentes del revisionismo hist&oacute;rico; miembros del nacionalismo popular de forja (Fuerza de Orientaci&oacute;n Radical de la Joven Argentina) ligados a la admiraci&oacute;n del l&iacute;der radical Hip&oacute;lito Yrigoyen y personajes que, formados en una cultura de izquierda, frieron sorprendidos por el fen&oacute;meno de movilizaci&oacute;n popular.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pese a sus diferencias internas, estas figuras vieron en el peronismo ya fuera una posibilidad de imponer las urgencias que marcaba su agenda, de repensar cuestiones ligadas con la relaci&oacute;n elites letradas&#150;pueblo y/o de adquirir posiciones de mayor visibilidad que no hubieran obtenido siguiendo las reglas del campo intelectual, cuyas instancias de consagraci&oacute;n y reconocimiento segu&iacute;an controladas por los intelectuales liberales y discurr&iacute;an ahora por instituciones desligadas del &aacute;mbito estatal. Durante las presidencias de Per&oacute;n, los intelectuales peronistas intentaron generar polos alternativos dentro del campo, para lo cual esperaban contar con el respaldo efectivo, simb&oacute;lico y material del Estado. La organizaci&oacute;n de ADEA y el relanzamiento de <i>Hechos e Ideas</i> fueron, seg&uacute;n Fiorucci, acciones inspiradas en ese fin ulterior. Estas empresas fracasaron por no contar con el respaldo econ&oacute;mico necesario, pero adem&aacute;s, porque fueron invadidas por la peronizaci&oacute;n m&aacute;s profunda. La tarea intelectual, que est&aacute; asociada por definici&oacute;n al pensamiento cr&iacute;tico y la pol&eacute;mica, no pod&iacute;a desplegarse en el marco de un gobierno que iba incrementando sus exigencias de lealtad partidaria. El peronismo se mostr&oacute; m&aacute;s interesado en el aspecto del "adoctrinamiento" que en el hecho de tener ide&oacute;logos capaces de ofrecer nuevos t&oacute;picos de identificaci&oacute;n, reflexi&oacute;n o cr&iacute;ticas constructivas. De este modo, los intelectuales peronistas fueron los "convidados de piedra" dentro del movimiento. Estuvieron doblemente marginados: dentro del campo intelectual, por sus pares/competidores, y en el gobierno, sin apoyo financiero para sus organizaciones, sin puestos clave en la administraci&oacute;n y sin espacio de colaboraci&oacute;n ideol&oacute;gica con el r&eacute;gimen. Pese a todo, Fiorucci resalta que en el caso del nacionalismo popular, aun a costa de la segregaci&oacute;n de sus "nombres propios", se puede considerar exitosa la influencia que ejerci&oacute; en la configuraci&oacute;n del discurso peronista.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El &uacute;ltimo cap&iacute;tulo, aunque construido evitando el anacronismo, es un punto de fuga hacia lo que ser&iacute;an los debates futuros del campo intelectual argentino. La historiadora elige tomar el primer a&ntilde;o de "la Libertadora" para iluminar los momentos de inflexi&oacute;n en la posici&oacute;n de ciertos personajes que otrora formaran parte del consenso antiperonisra. Seg&uacute;n piensa, el fin de la hegemon&iacute;a del liberalismo en ese &aacute;mbito fue detonado por el cuestionamiento hacia los m&eacute;todos violentos e ilegales a los que apel&oacute; el gobierno militar de Aramburu en su af&aacute;n de "desperonizar" la sociedad. Una vez que la persecuci&oacute;n estuvo dirigida no hacia los letrados consagrados sino hacia buena parte de los sectores que hab&iacute;an apoyado al peronismo, los intelectuales ten&iacute;an la posibilidad de denunciar o criticar abiertamente acciones como las violaciones de los derechos humanos. Las posturas adoptadas quedan representadas pr&iacute;stinamente en el conflicto suscitado entre dos de los grandes escritores argentinos: Jorge L. Borges y Ernesto S&aacute;bato. Muchos coincidieron con el primero en que cuestionar al gobierno militar equival&iacute;a a socavar un orden que todav&iacute;a estaba amenazado por la "tiran&iacute;a" depuesta. Otros, en consonancia con el autor de <i>El t&uacute;nel,</i> se adscribieron a una postura en la cual aspectos como la persecuci&oacute;n ideol&oacute;gica y pol&iacute;tica, los tormentos f&iacute;sicos, etc. eran igualmente condenables, provinieran estos del peronismo o del gobierno que lo hab&iacute;a desbancado. En el marco de este alineamiento, ser&iacute;a posible repensar las implicancias del peronismo y la irrupci&oacute;n de las masas en la pol&iacute;tica nacional as&iacute; como el problema del distanciamiento entre estas y las elites intelectuales. El consenso antiperonista mostrar&iacute;a sus l&iacute;neas de tensi&oacute;n abiertamente. Unos pocos consagrados replantear&iacute;an algunos de sus viejos posicionamientos al mismo tiempo que una generaci&oacute;n m&aacute;s joven, representada muy bien por Contorno, repondr&iacute;a con toda contundencia la discusi&oacute;n sobre el papel de los intelectuales, que ven&iacute;a asomando desde los a&ntilde;os treinta.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hacer un balance sobre los aportes de <i>Intelectuales y peronismo</i> obliga a desdoblar la cuesti&oacute;n en dos frentes. La contribuci&oacute;n m&aacute;s original de Fiorucci es su tratamiento sobre la burocracia y las pol&iacute;ticas culturales del peronismo, pr&aacute;cticamente inexploradas hasta el momento. El trabajo con fuentes estatales tiene un valor en s&iacute; mismo, dado que durante las gestiones posperonistas se destruyeron muchos documentos. Esto deber&iacute;a proporcionar una idea de los problemas que implica la fase heur&iacute;stica para el historiador, quien debe rastrear las fuentes por distintos archivos y agencias del Estado hasta conseguir un corpus adecuado para reflexionar diacr&oacute;nicamenre. Fiorucci dibuja l&iacute;neas de an&aacute;lisis interesantes sobre la postura del peronismo hacia la cultura, tanto respecto de sus pol&iacute;ticas hacia sus productores como hacia sus consumidores. Sobre todo, pone en evidencia que se trataba de un movimiento tan heterog&eacute;neo que pod&iacute;a conciliar, al mismo tiempo, cuestiones como la recuperaci&oacute;n de ciertas tradiciones folcl&oacute;ricas con una visi&oacute;n liberal de la historia nacional y el fomento del arte vocacional en la poblaci&oacute;n con la idea del entorno urbano como foco civilizador.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La atenci&oacute;n a la relaci&oacute;n entre el Estado y los intelectuales peronistas tambi&eacute;n es algo novedoso. No porque no existan trabajos sobre las figuras que se acercaron a Per&oacute;n, sino porque aqu&iacute; la premisa orientadora es la de revisar la idea del antiintelectualismo del peronismo. A partir del an&aacute;lisis de Fiorucci deber&iacute;a aceptarse que el peronismo, con su mezcla de indiferencia, torpeza y censura, mostr&oacute; una posici&oacute;n m&aacute;s hostil hacia los intelectuales que la observable en otros movimientos populistas. As&iacute; fue para con sus defensores y detractores. Podr&iacute;a aducirse que el discurso de los actores pol&iacute;ticos fue m&aacute;s trascendente que el de las elites culturales, y que dentro de &eacute;l fue fundamental el papel que tuvo Per&oacute;n como decodificador exclusivo de la doctrina oficial.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los cap&iacute;tulos dedicados al antiperonismo son interesantes porque ofrecen nuevas formas de pensar un tema ya visitado por la historiograf&iacute;a. Hay que destacar, particularmente, que Fiorucci va en contra de la imagen &eacute;pica que muchos intelectuales antiperonistas se construyeron para s&iacute; mismos una vez ca&iacute;do el gobierno. Se propone evaluar los alcances y l&iacute;mites de sus acciones y estrategias durante 1946 y 1955, miradas desde el mismo contexto en que fueron elaboradas y medidas conforme a los parrones de conducta delineados por ellos mismos. Sin pretender establecer juicios de valor, Fiorucci se anima a explicitar tesis incisivas respecto de nombres y publicaciones que han mantenido un halo de prestigio importante en el &aacute;mbito local. Las discusiones sobre el peronismo, muy vigentes en funci&oacute;n del escenario pol&iacute;tico que nos rodea, siguen siendo apasionadas. Las l&oacute;gicas del campo intelectual siguen operando. As&iacute;, el libro no s&oacute;lo es valioso por profundizar en el conocimiento hist&oacute;rico del Estado peronista, sino por su avidez para repensar temas que todav&iacute;a generan susceptibilidades.</font></p>      ]]></body>
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