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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Gisela von Wobeser, <i>Historia de M&eacute;xico</i></b></font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Fernando Sa&uacute;l Alan&iacute;s Enciso</b></font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Presidencia de la Rep&uacute;blica/SEP/FCE, M&eacute;xico, 2010.</b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>El Colegio de San Luis</i></font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hace 100 a&ntilde;os, igual que durante 2010, el gobierno de M&eacute;xico, entonces encabezado por Porfirio D&iacute;az, impuls&oacute; los festejos del Centenario de la Independencia apoyado en un amplio programa de actividades que inclu&iacute;a elocuentes discursos, ceremonias conmemorativas a los h&eacute;roes de la independencia, inauguraciones de monumentos, parques, obras, edificios de beneficencia p&uacute;blica, colocaci&oacute;n de primeras piedras, exposiciones cient&iacute;ficas y art&iacute;sticas, obras de ampliaci&oacute;n, concursos y conferencias. Para las fiestas del Centenario, don Porfirio "ech&oacute; la casa por la ventana" en aras de mostrar al mundo la imagen de un pa&iacute;s culto y civilizado, moderno, similar a aquellas naciones consideradas como las m&aacute;s avanzadas en el entorno internacional.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A diferencia de hace 100 a&ntilde;os, ahora los grupos involucrados en los festejos son numerosos. No s&oacute;lo se trata del presidente y de la clase dirigente, sino de artistas, intelectuales, activistas, gobiernos estatales, universidades, entre otros. Asimismo, los objetivos han cambiado, muestra de ello es la <i>Historia de M&eacute;xico,</i> coordinada por Gisela von Wobeser y publicada por la Presidencia de la Rep&uacute;blica, la Secretar&iacute;a de Educaci&oacute;n P&uacute;blica y el Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, cuyos fines tienen que ver, por un lado, con la funci&oacute;n que tiene la historia para la clase dirigente (el uso pol&iacute;tico y hasta demag&oacute;gico que el Estado le da a la historia nacional, la historia rom&aacute;ntica, gloriosa, de las grandes proezas) y, por otro, con el quehacer de los historiadores profesionales en M&eacute;xico a trav&eacute;s de la Academia Mexicana de la Historia.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La clase dirigente, en voz del presidente, propone que la celebraci&oacute;n del Bicentenario y del Centenario sirva para impulsar el desarrollo sustentable al que aspira el pa&iacute;s a trav&eacute;s de la difusi&oacute;n del conocimiento de la historia, de la reflexi&oacute;n hist&oacute;rica y de la historia &eacute;pica, de gloria. De ah&iacute; la raz&oacute;n de ser de esta publicaci&oacute;n dirigida, seg&uacute;n el presidente, "a todos los mexicanos con el ideal de acercarlos al pasado, para entender el presente y construir un mejor futuro", es decir, aplicar la vieja f&oacute;rmula idealista que los historiadores pregonamos sobre la utilidad de nuestra ciencia.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A diferencia de Porfirio D&iacute;az, quien con las celebraciones del Centenario quiso mostrar al mundo la imagen de un pa&iacute;s culto, civilizado, moderno, en la introducci&oacute;n de la <i>Historia de M&eacute;xico,</i> Felipe Calder&oacute;n hace hincapi&eacute; en los deseos de un mejor futuro para el pa&iacute;s: una naci&oacute;n m&aacute;s justa y pr&oacute;spera, con m&aacute;s oportunidades de educaci&oacute;n, salud, servicios p&uacute;blicos para todos los mexicanos; con crecimiento econ&oacute;mico, justicia; que compita y gane en una econom&iacute;a global, un pa&iacute;s m&aacute;s seguro, donde impere el Estado de derecho; con m&aacute;s libertad e independencia, donde sus habitantes tengan una vida digna y democr&aacute;tica, con una sociedad plural en donde la pol&iacute;tica sea una democracia efectiva. Un M&eacute;xico con una presencia s&oacute;lida en el mundo; m&aacute;s limpio, con desarrollo arm&oacute;nico con el medio ambiente.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El discurso pol&iacute;tico de la celebraci&oacute;n de la haza&ntilde;a independentista y revolucionaria muestra los grandes retos y problemas que el pa&iacute;s enfrenta hoy d&iacute;a (los cuales hace 100 a&ntilde;os don Porfirio h&aacute;bilmente ocult&oacute;), pero al igual que en la &eacute;poca de D&iacute;az, a&uacute;n estamos esperando impulsar la econom&iacute;a y la competitividad para estar a la altura de los pa&iacute;ses m&aacute;s desarrollados del mundo.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otros aspectos que el discurso presidencial subraya en la introducci&oacute;n de esta obra son la patria y el orgullo de ser mexicanos. La alocuci&oacute;n, el eslogan, est&aacute; plagado de expresiones tendentes a exaltar el amor a la patria, a hacer una patria m&aacute;s libre, &iexcl;3! <i>celebrar el a&ntilde;o de la Patria</i> (a elogiar a nuestro pa&iacute;s, a nuestra gente). Se llama a celebrar 200 a&ntilde;os de ser "orgullosamente mexicanos". Es un discurso oficial que apela a la unidad, en que se reitera que todos somos mexicanos y debemos unirnos en torno a nuestra naci&oacute;n. Tambi&eacute;n se recurre al "uso p&uacute;blico de la historia", que coloca a la naci&oacute;n y al nacionalismo como centro de inter&eacute;s preferente para la cultura ciudadana y para el sistema educativo. Se utiliza el pasado, ciertos s&iacute;mbolos y fechas, para exaltar la unidad de todos los pobladores del territorio nacional y as&iacute; encontrar una identidad com&uacute;n. Al igual que en la mayor&iacute;a de los pa&iacute;ses del mundo, determinados hechos hist&oacute;ricos son usados como s&iacute;mbolos del nacionalismo mexicano, un nacionalismo moderno constituido hist&oacute;ricamente, en el que cada Estado naci&oacute;n trata de desarrollar una s&iacute;ntesis de historia, cultura y tradiciones.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cuanto al quehacer de los historiadores profesionales, la <i>Historia de M&eacute;xico</i> muestra que el gremio contribuye, a trav&eacute;s de su trabajo, a fortalecer la identidad y la unidad nacionales. Como se&ntilde;ala el destacado historiador David Brading, los historiadores</font></p> 	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">han participado en la b&uacute;squeda de s&iacute;mbolos, mitos y conceptos para definir la identidad de patria y naci&oacute;n que comenz&oacute; con los intelectuales mexicanos a partir de las primeras d&eacute;cadas del siglo diecisiete, y este af&aacute;n prosigue hasta hoy en d&iacute;a.</font></p> </blockquote> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Actualmente, con nuestras investigaciones, algunos historiadores profesionales favorecemos que nuestra materia se convierta en instrumento de persuasi&oacute;n nacionalista, funci&oacute;n legitimadora de la construcci&oacute;n y existencia de los Estados nacionales.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Uno de los prop&oacute;sitos de la Academia Mexicana de la Historia es la divulgaci&oacute;n de la historia a trav&eacute;s de obras como la <i>Historia de M&eacute;xico.</i> En ella participan trece reconocidos historiadores que nos explican, a trav&eacute;s de los pasajes m&aacute;s importantes de la historia nacional, qui&eacute;nes somos los mexicanos; nuestro origen y las principales caracter&iacute;sticas raciales, sociales, culturales, religiosas y pol&iacute;ticas que hemos adquirido a trav&eacute;s de los siglos. El trabajo comienza con un ensayo de Manuel Ceballos Ram&iacute;rez el cual resalta que una de las caracter&iacute;sticas de nuestro pa&iacute;s son los regionalismos, es decir, las peculiaridades y diferencias geogr&aacute;ficas, demogr&aacute;ficas y productivas de cada regi&oacute;n que conforma la naci&oacute;n, regionalismos que se han formado a lo largo de la historia y son elementos de los cuales se debe partir para impulsar nuevos proyectos para el futuro de la sociedad mexicana.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Miguel Le&oacute;n Portilla se&ntilde;ala que s&oacute;lo entendiendo nuestras ra&iacute;ces prehisp&aacute;nicas podemos comprender el M&eacute;xico y a los mexicanos de hoy; de ah&iacute; la relevancia de la historia de los primeros pobladores (olmecas, zapotecas, mayas, mexicas o aztecas) que ese establecieron en lo que se conoce como Mesoam&eacute;rica. El virreinato de Nueva Espa&ntilde;a es explicado en tres diferentes apartados, cada uno de los cuales abarca un siglo, en que se destacan los procesos m&aacute;s importantes. En el siglo XVI, Jos&eacute; Mar&iacute;a Muri&aacute; destaca el encuentro de dos mundos (ind&iacute;gena y espa&ntilde;ol) que dio lugar a la conquista y a la colonizaci&oacute;n; la llegada de los espa&ntilde;oles a territorio mesoamericano y la manera en que esto provoc&oacute; que todo cambiara: la naturaleza, la poblaci&oacute;n, las estructuras pol&iacute;ticas, la sociedad y la econom&iacute;a. La paulatina incorporaci&oacute;n de la lengua castellana, el sistema jur&iacute;dico espa&ntilde;ol, la religi&oacute;n cat&oacute;lica, la escritura occidental, la econom&iacute;a de mercado, el pensamiento y las costumbres hispanas, entre otros elementos. Esto se construy&oacute; sobre la pacificaci&oacute;n y la unificaci&oacute;n de los antiguos se&ntilde;or&iacute;os, el mestizaje facial y cultural, la reconfiguraci&oacute;n del paisaje, temas abordados por Gisela von Wobeser.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Del siglo XVII Alberro Manrique destaca el momento extraordinario que vivieron la cultura, el arte y las letras. Del XVIII Ernesto de la Torre Villar brinda un panorama general de la poblaci&oacute;n, la organizaci&oacute;n social, pol&iacute;tica y cultural. El siglo XIX se divide en tres grandes cap&iacute;tulos. El primero, dedicado a la independencia (1808&#150;1821), en el cual Virginia Guedea explica el proceso por el que Nueva Espa&ntilde;a se convirti&oacute; en el M&eacute;xico independiente, y el inicio de la formaci&oacute;n del Estado nacional mexicano. El segundo, que abarca de 1821 a 1848, es decir, del establecimiento del M&eacute;xico independiente a mediados del siglo, es abordado por Josefina Zoraida V&aacute;zquez, quien destaca las crisis pol&iacute;ticas recurrentes: el imperio mexicano, la primera rep&uacute;blica federal, el federalismo, la guerra con Estados Unidos, la bancarrota y el estancamiento de la econom&iacute;a. El tercero, analizado por Andr&eacute;s Lira, trata sobre la consolidaci&oacute;n nacional (1853&#150;1887), periodo que se caracteriz&oacute; por cierta estabilidad pol&iacute;tica, el paso al orden constitucional, en medio de lo cual el pa&iacute;s vivi&oacute; una guerra civil (la guerra de Reforma), una intervenci&oacute;n extranjera encabezada por Francia y el establecimiento de un segundo imperio. Fue el proceso, la lucha para establecer al gobierno en plena vigencia de la Construcci&oacute;n y con ello el orden republicano que finalmente deriv&oacute; en el liberalismo conservador.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El porfiriato, es decir, el periodo que va de finales del siglo XIX a principios del XX, en donde el protagonista principal fue Porfirio D&iacute;az, merece un apartado especial de este libro. All&iacute;, Javier Garciadiego narra el ascenso y consolidaci&oacute;n en el poder, la caracter&iacute;stica central del r&eacute;gimen: "poca pol&iacute;tica y mucha, administraci&oacute;n", su decadencia y ca&iacute;da. &Aacute;lvaro Matute analiza la etapa titulada "Los a&ntilde;os revolucionarios 1910&#150;1934", centra su atenci&oacute;n en lucha armada, el movimiento constitucionalista, la constituci&oacute;n de 1917 y la aparici&oacute;n de los caudillos (&Aacute;lvaro Obreg&oacute;n y Plutarco El&iacute;as Calles). Posteriormente, Jean Meyer desarrolla el periodo de 1934 a 1988, tomando como ejes temporales y explicativos los principales acontecimientos en los periodos presidenciales de L&aacute;zaro C&aacute;rdenas, &Aacute;vila Camacho, Miguel Alem&aacute;n, Ruiz Cortines y Gustavo D&iacute;az Ordaz (en donde se subraya la matanza del 2 de octubre de 1968). La participaci&oacute;n de Meyer cierra se&ntilde;alando los problemas econ&oacute;micos y la crisis econ&oacute;mica a partir de 1982.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro cierra con la participaci&oacute;n de Enrique Krause, quien hace una rese&ntilde;a de los sucesos m&aacute;s significativos del "M&eacute;xico contempor&aacute;neo": la transici&oacute;n a la democracia (en medio del juego pol&iacute;tico de Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo, Cuauht&eacute;moc C&aacute;rdenas y Vicente Fox), los conflictos entre Andr&eacute;s Manuel L&oacute;pez Obrador y Vicente Fox, la apertura al libre comercio como pieza principal del engranaje para inducir el crecimiento econ&oacute;mico y la estabilidad, la rebeli&oacute;n zapatista (1 de enero de 1994), la migraci&oacute;n a Estados Unidos, la participaci&oacute;n ciudadana, la guerra al narcotr&aacute;fico y el reconocimiento de dos mexicanos sobresalientes, uno en el &aacute;mbito de la cultura, Octavio Paz, y el otro, Mario Molina, mexicano universal.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La <i>Historia de M&eacute;xico,</i> publicada por la Academia Mexicana de la Historia y el gobierno federal, es una obra de divulgaci&oacute;n, por lo que el lector no debe esperar grandes novedades te&oacute;ricas ni interpretativas. Es fundamentalmente un texto, realizado por connotados especialistas, que presenta la s&iacute;ntesis de las etapas m&aacute;s importantes de la historia de nuestro pa&iacute;s desde la etapa prehisp&aacute;nica hasta 2008. Cada periodo comprende, por lo menos, 50 a&ntilde;os, narrados en diez cuartillas o menos, lo cual debi&oacute; ser un gran reto intelectual para los participantes. Asimismo, es una obra cl&aacute;sica en varios sentidos. Desde los historiadores que participan en ella, considerados unos cl&aacute;sicos en sus &aacute;reas, hasta la manera en que cada etapa hist&oacute;rica se desarrolla, principalmente se destacan eventos sociales, pol&iacute;ticos y econ&oacute;micos, los ejes tradicionales con que se ha analizado la historia.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una limitante de esta obra es que carece de una conclusi&oacute;n general sobre todo el proceso hist&oacute;rico que M&eacute;xico ha vivido a lo largo de los siglos, el cual se desarrolla a lo largo del trabajo. Es decir, no hay un balance final de nuestra historia. Tampoco hay una reflexi&oacute;n final sobre lo que significan la independencia y la revoluci&oacute;n en t&eacute;rminos de identidad, de consolidaci&oacute;n de pa&iacute;s, de consolidaci&oacute;n del Estado mexicano, que es parte del objetivo central por el cual fue realizada esta obra. Asimismo, a pesar de ser una obra de difusi&oacute;n (que quiso ser una obra equilibrada: no tan peque&ntilde;a como la <i>Historia m&iacute;nima</i> de El Colegio de M&eacute;xico, de 100 p&aacute;ginas, o la <i>Historia general de M&eacute;xico,</i> de vatios tomos) no es tan corta en sus dimensiones: 277 p&aacute;ginas en letra peque&ntilde;a, lo cual, en un pa&iacute;s de pocos lectores, no parece ser una obra muy atractiva para el p&uacute;blico en general.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una cr&iacute;tica que merece este libro es que describe una historia centralista, es decir, vista desde la ciudad de M&eacute;xico, sobre todo para los siglos XIX y XX. Ciertamente muchos de los procesos de nuestra historia tienen como eje la ciudad de M&eacute;xico. El centralismo es una caracter&iacute;stica de nuestro pasado y presente, pero la historia de nuestro pa&iacute;s se ha construido tambi&eacute;n afuera de la ciudad de M&eacute;xico, en los estados, con otras caracter&iacute;sticas a las del centro, con otros tiempos, otras din&aacute;micas, con otros actores que aparecen muy poco en esta obra. De hecho la propuesta inicial del texto, los regionalismos, se va perdiendo a lo largo del trabajo. El centralismo tambi&eacute;n se manifiesta en los historiadores que participan. Salvo un caso, Manuel Ceballos, todos los dem&aacute;s son profesores&#150;investigadores de instituciones de la ciudad de M&eacute;xico (UNAM o El Colegio de M&eacute;xico). El peso de ambas instituciones as&iacute; como las contribuciones al conocimiento de la historia de M&eacute;xico de cada uno de los acad&eacute;micos que aqu&iacute; participa es innegable, pero tambi&eacute;n es indudable que hay destacados historiadores en diversos estados de la rep&uacute;blica que en los &uacute;ltimos a&ntilde;os han hecho contribuciones igualmente relevantes para comprender y entender" mejor la histeria de nuestro pa&iacute;s, por lo que hay un hueco significativo en la participaci&oacute;n de estudiosos del pasado que viven y ejercen su profesi&oacute;n fuera de la ciudad de M&eacute;xico.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los historiadores que participan en este libro sin duda han hecho grandes aportaciones al conocimiento del pasado de M&eacute;xico con sus investigaciones y reflexiones. La mayor&iacute;a, si no todos, han divulgado su conocimiento en universidades e instituciones de posgrado especializadas en el estudio de la historia. Es decir, han difundido su ilustraci&oacute;n sobre todo a un c&iacute;rculo selecto y en determinadas instituciones a las cuales s&oacute;lo un grupo limitado tiene acceso. Por su formaci&oacute;n, trayectoria y desarrollo profesional, la manera de escribir, sus ideas y los planteamientos de estos historiadores est&aacute;n pensados para un determinado sector de la sociedad mexicana, con inter&eacute;s en la historia, con cierto nivel de comprensi&oacute;n, con cierto bagaje cultural. Es decir, hay una distancia muy importante entre el conocimiento hist&oacute;rico, las grandes investigaciones de los destacados pensadores mexicanos y un contingente m&aacute;s amplio de la sociedad mexicana. El punto central para acercar a ambos polos (historiadores profesionales y sociedad en general) est&aacute; en la manera de trasmitir, ense&ntilde;ar y mostrar de manera accesible, sencilla, los procesos hist&oacute;ricos y los nuevos descubrimientos que cada d&iacute;a el gremio de los historiadores va realizando. Aspecto nada sencillo y que poco interesa a mis colegas, ya que se asumen como profesionales que se dedican a formar investigadores y no a la difusi&oacute;n de la historia. Son fundamentalmente investigadores&#150;historiadores de licenciatura y, sobre todo, de posgrado.</font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La <i>Historia de M&eacute;xico</i> es una de las maneras en que el c&iacute;rculo de historiadores profesionales difunde el pasado de nuestro pa&iacute;s. Sin embargo, deber&iacute;amos dar un paso m&aacute;s all&aacute;, es decir, aprender de los educadores, de los pedagogos, para presentar trabajos de difusi&oacute;n de la historia m&aacute;s imaginativos y creativos cuyo fin sea llegar a c&iacute;rculos m&aacute;s amplios de la sociedad mexicana, que rompan el esquema tradicional y hasta anticuado de difundir la historia. Por ejemplo, se puede promover la realizaci&oacute;n de juegos de mesa (una loter&iacute;a, un turista, un rompecabezas) sobre la historia de M&eacute;xico y sus procesos m&aacute;s importantes asesorados por los distinguidos historiadores. Otra opci&oacute;n ser&iacute;an las historietas, un c&oacute;mic e incluso un video&#150;juego. Estos instrumentos did&aacute;cticos adem&aacute;s de ser divertidos, amenos, llevar&iacute;an el conocimiento hist&oacute;rico a grupos m&aacute;s grandes de mexicanos. Estas propuestas podr&iacute;an parecer alejadas del quehacer de los "grandes historiadores". Alguien podr&iacute;a decir que eso es para maestros de educaci&oacute;n b&aacute;sica. Esta postura se debe a la falta de conocimiento de las t&eacute;cnicas b&aacute;sicas de la did&aacute;ctica y la pedagog&iacute;a (que son muy poco conocidas y aplicadas entre el gremio) y tambi&eacute;n a cierto desprecio a los m&eacute;todos de ense&ntilde;anza que, por otro lado, nos ayudar&iacute;an a transmitir mejor el conocimiento hist&oacute;rico y, sobre todo, a tener una mayor cercan&iacute;a con la sociedad mexicana en sus diversos niveles, es decir, hacer m&aacute;s accesible y comprensible lo que hacemos para un sector m&aacute;s amplio de la poblaci&oacute;n. Ello justificar&iacute;a a&uacute;n m&aacute;s nuestro trabajo, sobre todo en una sociedad que en t&eacute;rminos generales est&aacute; alejada del conocimiento hist&oacute;rico debido, en parte, a la manera en que se ense&ntilde;a esta materia en los niveles b&aacute;sicos.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si hacemos un examen cr&iacute;tico, podemos llegar a la conclusi&oacute;n de que al grueso de la sociedad mexicana le interesa poco el significado que tiene para el pa&iacute;s festejar el Bicentenario y el Centenario y, sobre todo, muestra tambi&eacute;n que los historiadores profesionales no hemos sabido transmitir con claridad la relevancia de estos acontecimientos para la vida nacional. Un ejemplo de ello es una discusi&oacute;n que se dio en Internet acerca del tema. En opini&oacute;n de una serie de j&oacute;venes, los discursos y "sermones" que se avienta el presidente son un claro ejemplo de demagogia y simple discurso (simple oratoria sin ning&uacute;n contenido, sin ideas de fondo).</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El Bicentenario y el Centenario son emblemas que han ayudado a la construcci&oacute;n de nuestro pa&iacute;s y nuestra identidad como mexicanos apoyados en el discurso del Estado y respaldados por la historia oficial, de ah&iacute; la relevancia y la justificaci&oacute;n de hacer grandes festejos (desde un torneo de f&uacute;tbol &#91;Bicentenario&#93;, un partido de f&uacute;tbol contra la selecci&oacute;n de Espa&ntilde;a en el estadio azteca, hasta monumentos como la torre Bicentenario en la ciudad de M&eacute;xico). Por otro lado, y ubic&aacute;ndonos en otro contexto, est&aacute; la misi&oacute;n de los historiadores profesionales, aquellos que nos dedicamos a analizar el pasado. Nuestro objetivo es examinar de manera cr&iacute;tica ambos acontecimientos. En ese sentido la importancia de conmemorar el Bicentenario y el Centenario radica, entre otras cosas, en la posibilidad de divulgar el conocimiento hist&oacute;rico, es decir, dar a conocer una visi&oacute;n cr&iacute;tica y reflexiva de lo que son estas conmemoraciones. Por lo que toca a los historiadores, hacer congresos, revistas, mesas de debate, presentaciones de libros, representa abrir un debate y reflexi&oacute;n en torno a nuestras conmemoraciones y, al mismo tiempo, estar presente en esta gran fiesta nacional.</font></p>      ]]></body>
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