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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[De la filantropía a la rebelión. Mujeres en los movimientos sociales del siglo XIX al siglo XXI]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Gloria Arminda Tirado (coord.), <i>De la filantrop&iacute;a a la rebeli&oacute;n. Mujeres en los movimientos sociales del siglo XIX al siglo XXI</i></b></font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Rogelio Jim&eacute;nez Marce</b></font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Benem&eacute;rita Universidad Aut&oacute;noma de Puebla&#150;Cuerpo Acad&eacute;mico de Estudios Hist&oacute;ricos, M&eacute;xico, 2008, 277 pp.</b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Universidad Iberoamericana Puebla</i></font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No cabe la menor duda de que la mujer se ha convertido en uno de los objetos de estudio que mayor atenci&oacute;n ha recibido de las humanidades en los &uacute;ltimos 25 a&ntilde;os. A pesar de la gran cantidad de libros y art&iacute;culos que se han publicado sobre esta tem&aacute;tica, siguen apareciendo investigaciones que aportan datos e interpretaciones novedosas, tal como es el caso de <i>De la filantrop&iacute;a a la rebeli&oacute;n. Mujeres en los movimientos sociales del siglo XIX al siglo XXI,</i> texto en el que se presenta el an&aacute;lisis de movimientos en los que las mujeres fueron protagonistas sociales. El texto se compone de trece trabajos que se sit&uacute;an entre los siglos XVII y XXI. El primero es el de Lidia E. G&oacute;mez que, a partir del an&aacute;lisis de un proceso judicial de 1646 entre una ind&iacute;gena y un espa&ntilde;ol, intenta mostrar la manera en la que los grupos subalternos se enfrentaban con los grupos dominantes en las Cortes judiciales. La autora plantea que los ind&iacute;genas contaban con una plataforma legal que les permit&iacute;a luchar en contra de los abusos de la autoridad. Sin embargo, los argumentos judiciales basaban su credibilidad en la evaluaci&oacute;n del estrato social y se insertaban en un sistema simb&oacute;lico de valores que regulaba las relaciones interpersonales inmediatas, y en el cual el honor se convert&iacute;a en el instrumento ordenador de la sociedad. Aunque la ind&iacute;gena logr&oacute; en un primer momento ganar el juicio, la posici&oacute;n social del espa&ntilde;ol contribuy&oacute; a que el dictamen se volviera a su favor.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por su parte, Mar&iacute;a de Lourdes Herrera estudia las instituciones de caridad que se establecieron en la ciudad de Puebla. La autora advierte que las primeras empresas caritativas estuvieron influenciadas por el ideal cristiano de ayudar al pr&oacute;jimo, pero en el siglo XVIII se produjo una modificaci&oacute;n en la concepci&oacute;n de la caridad y aparecieron las instituciones de beneficencia que se encargaban por igual de exp&oacute;sitos, hu&eacute;rfanos, ancianos enfermos y dementes. Tras la independencia de M&eacute;xico, las instituciones de beneficencia pasaron de manos de la Iglesia a ser competencia de la administraci&oacute;n civil. Bajo esta nueva &oacute;ptica, no s&oacute;lo se buscaba socorrer a las clases menesterosas sino asistirlos para que estos se allegaran los recursos necesarios para su supervivencia. Herrera considera que a trav&eacute;s del estudio de las instituciones de beneficencia, se puede percibir el papel que las mujeres desempe&ntilde;aron en la sanaci&oacute;n, civilizaci&oacute;n y r&eacute;gimen de disciplina de la sociedad, situaci&oacute;n que, de acuerdo con la autora, se convertir&iacute;a en uno de sus primeros pasos a la socializaci&oacute;n pol&iacute;tica y el empoderamiento personal.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La inserci&oacute;n de las mujeres como educadoras es el asunto que estudia Blanca Estela Santib&aacute;&ntilde;ez, quien toma el caso de Tlaxcala para ilustrar la manera en la que estas lograron abrirse paso en la cerrada sociedad decimon&oacute;nica. La autora menciona que el pensamiento del siglo XIX planteaba que las mujeres, en espec&iacute;fico las de clases alta y media, eran las encargadas de proporcionar ense&ntilde;anza a sus hijos, motivo por el que su educaci&oacute;n deb&iacute;a estar enfocada a la m&uacute;sica, la declamaci&oacute;n y el teatro. Aunque se pensaba que a las mujeres s&oacute;lo les correspond&iacute;a el cuidado del hogar y de los hijos, algunas tuvieron la oportunidad de incorporarse a la educaci&oacute;n, pues se requer&iacute;an profesoras para las escuelas de mujeres. De acuerdo con los datos obtenidos por la autora, en 1890 hab&iacute;a 266 preceptores, de los cuales 76 eran mujeres, pero resulta interesante destacar que 24 de ellas se desempe&ntilde;aban como directoras de escuela, n&uacute;mero alto si se toma en cuenta que eran 57 instituciones de ense&ntilde;anza. Las profesoras no s&oacute;lo tuvieron que enfrentarse con el inconveniente de recibir un sueldo menor (20 pesos por 50 que recib&iacute;an los hombres), sino que tambi&eacute;n ten&iacute;an que hacer frente a la carencia de materiales did&aacute;cticos, la insalubridad en los salones, el ausentismo y la desnutrici&oacute;n de los escolares.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Continuando con la l&iacute;nea de la educaci&oacute;n pero desde una perspectiva distinta, Estela Mungu&iacute;a analiza las huelgas de los profesores de las primarias oficiales realizadas en julio de 1923 y abril de 1925 en la ciudad de Puebla. La de 1923 fue provocada por los salarios vencidos. Como el gobernador Froyl&aacute;n C. Manjarrez hizo caso omiso de las peticiones, los profesores decidieron realizar una huelga que cont&oacute; con el apoyo de la Confederaci&oacute;n de Ferrocarrileros, pero en el interior del movimiento se formaron dos grupos que llevar&iacute;an a la escisi&oacute;n y posterior abandono de la huelga por parte de una de las alas. Aunque el mandatario decidi&oacute; cesar a 70 de los profesores huelguistas, unos d&iacute;as despu&eacute;s se logr&oacute; la reinstalaci&oacute;n de los despedidos. De estos grupos se formaron la Uni&oacute;n Fraternal del Estado de Puebla y la Sociedad de Profesores, mismas que la Junta Directiva de Educaci&oacute;n Primaria busc&oacute; unificar sin &eacute;xito y que provoc&oacute; que los de la Uni&oacute;n buscaran la remoci&oacute;n de los de la Sociedad. Las tensiones entre el sindicato y el gobierno, junto con la crisis econ&oacute;mica, provocaron que se declarara la huelga en abril de 1925, misma que cont&oacute; con el apoyo de diversas organizaciones de trabajadores. Pero sin el auxilio de la CROM ni del gobierno federal, los huelguistas tuvieron que ceder y los profesores ser&iacute;an reubicados para acabar con el sindicato.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A trav&eacute;s de un bien documentado y amplio recorrido hist&oacute;rico, Ana Lau Jaiven muestra las diversas tentativas que se realizaron para lograr que se otorgara el voto femenino en M&eacute;xico. Aunque en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas del siglo XIX se hicieron las primeras peticiones para que las mujeres tuvieran participaci&oacute;n pol&iacute;tica, ser&iacute;a hasta la d&eacute;cada de 1920 cuando se har&iacute;a mayor presi&oacute;n sobre todo por la presencia de grupos como el Consejo Feminista Mexicano y la Uni&oacute;n de Mujeres Americanas. En 1924 se realizar&iacute;a en M&eacute;xico el Primer Congreso Feminista convocado por la Liga Panamericana de Mujeres, el cual se pronunci&oacute; por la igualdad civil. Si bien en Yucat&aacute;n (1923), San Luis Potos&iacute; (1923), Chiapas (1925) y Tabasco (1925) se concedi&oacute; el voto a la mujer, las iniciativas fracasaron a causa de los cambios de gobierno. En 1934 se fund&oacute; el Ateneo Mexicano de Mujeres y en 1935 el Frente &Uacute;nico Pro Derechos de la Mujer, organismos que pugnaron por la obtenci&oacute;n del sufragio femenino. Sus demandas ser&iacute;an retomadas por el presidente C&aacute;rdenas que envi&oacute; una iniciativa de reforma del art&iacute;culo 34 a la C&aacute;mara de Diputados, pero sin ning&uacute;n resultado. No obstante, en 1947 se consigui&oacute; que las mujeres pudieran votar en las elecciones municipales y en 1953 se lograr&iacute;a que se extendiera el sufragio al &aacute;mbito federal, lo cual, seg&uacute;n la autora, fue producto de varias circunstancias: la desaparici&oacute;n del temor de que las mujeres votaran por partidos conservadores, la presi&oacute;n internacional, el afianzamiento del partido de Estado y la presi&oacute;n ejercida por las mujeres organizadas.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las formas de participaci&oacute;n social de las mujeres son analizadas por Alma Silvia D&iacute;az, quien hace una comparaci&oacute;n de las huelgas estudiantiles de 1968 y de 1999&#150;2000 en la UNAM. La autora plantea que en la d&eacute;cada de 1960 el n&uacute;mero de mujeres que acced&iacute;a a la educaci&oacute;n superior y se incorporaba a la vida acad&eacute;mica empez&oacute; a crecer de manera acelerada. A diferencia de la visi&oacute;n tradicional que muestra que el movimiento de 1968 fue esencialmente masculino, se puede advertir una importante intervenci&oacute;n de mujeres estudiantes, tanto en el Comit&eacute; Nacional de Huelga como en las distintas brigadas, pero con la circunstancia de que tuvieron que "masculinizarse". La modificaci&oacute;n de las formas de ejercer la autoridad, tanto en el &aacute;mbito p&uacute;blico como en el privado, contribuy&oacute; a la emancipaci&oacute;n y empoderamiento de las mujeres en diferentes espacios. En 1998, y a ra&iacute;z de la propuesta de modificar las cuotas, se gest&oacute; otro movimiento estudiantil en el que la presencia femenina fue significativa. Las mujeres colaboraron en todas las actividades, sin imitar los papeles masculinos, y se gener&oacute; entre ellas una gran hermandad, sobre todo en aquellas que fueron mandadas a la c&aacute;rcel. D&iacute;az concluye que los dos movimientos evidencian la construcci&oacute;n de nuevas funciones de g&eacute;nero.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde un escenario distinto, Gloria Villegas analiza el desempe&ntilde;o de las madres de familia en el movimiento estudiantil poblano de 1970. La autora menciona que estas mujeres formaron el grupo conocido como Las Meminas, que se incorporaron a la lucha en 1968 y su grupo se nutri&oacute; de simpatizantes del Movimiento Revolucionario Magisterial, del Frente Obrero Campesino y Popular y de mujeres an&oacute;nimas que conoc&iacute;an los problemas por lo que les contaban sus hijos, esposos o novios. Las Meminas constitu&iacute;an la filial de la Uni&oacute;n Nacional de Mujeres, misma que manten&iacute;a contacto con algunos estudiantes de la Juventud Comunista, pero su papel se limit&oacute; a servir de enlace con la organizaci&oacute;n estudiantil de la ciudad de M&eacute;xico y a recabar firmas, aunque s&iacute; asistieron a las sesiones del Consejo Universitario e intervinieron en los comit&eacute;s de lucha. Un testimonio significativo de Las Meminas es el de Ana Mar&iacute;a Romero, una ama de casa que se involucr&oacute; en el movimiento estudiantil por dos de sus hijos: Miguel y Alfonso Calder&oacute;n. Ella relata los lazos de solidaridad que establecieron y las actividades que realizaron para apoyar a los estudiantes.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No s&oacute;lo los movimientos estudiantiles han sido el marco desde el que las mujeres se han manifestado, sino tambi&eacute;n otros movimientos sociales como lo muestra Elva Rivera con los casos de los campesinos de Ateneo que se opon&iacute;an a la construcci&oacute;n de un aeropuerto, el Movimiento Popular Oaxaque&ntilde;o, el Movimiento Revolucionario del Magisterio y la Asamblea Popular de los Pueblos ele Oaxaca (APPO), movimientos que, desde la perspectiva de la autora, deben considerarse de "nueva generaci&oacute;n" pues se desarrollaron bajo los efectos de la econom&iacute;a de la globalizaci&oacute;n y la mundializaci&oacute;n de la cultura. En los movimientos antes mencionados, las mujeres no s&oacute;lo participaron en las manifestaciones, brigadas, reuniones, plantones, marchas, caminatas y huelgas de hambre, sino que tambi&eacute;n se convirtieron en las portavoces de los mismos pues utilizaron la tecnolog&iacute;a digital como un medio para informar sobre los &uacute;ltimos acontecimientos. En el caso de la APPO, ellas desempe&ntilde;aron el papel de enlace, interno y externo, del movimiento con los diversos sectores de la sociedad civil. Las mujeres que tomaron la palabra fueron amas de casa, profesoras y mujeres adultas, las que fundar&iacute;an la Coordinadora de Mujeres Oaxaque&ntilde;as (COMO).</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro trabajo que busca analizar el papel de la mujer en los "nuevos movimientos sociales" es el de Lya M. Ni&ntilde;o, Jos&eacute; M. Moreno y Norma Garc&iacute;a, quienes tratan de entender la influencia del g&eacute;nero en la emergencia y desarrollo de toda protesta social, para lo cual toman como referente el Movimiento de Resistencia contra la ley del ISSSTE<b>.</b> Los autores mencionan que en Baja California se han manifestado dos movimientos magisteriales fuera del control oficial: el Movimiento de la Base Unida (1973&#150;1974) y el Movimiento Democr&aacute;tico de la Base (1984) que movilizaron a una importante porci&oacute;n del magisterio. Tras aprobarse la nueva ley del ISSSTE en 2007 se realizaron movilizaciones en Mexicali y conforme crec&iacute;a el movimiento, se crearon varias comisiones y la direcci&oacute;n se torn&oacute; m&aacute;s incluyente, democr&aacute;tica, cambiante y se organizaba de acuerdo con la situaci&oacute;n. En el movimiento se observ&oacute; una amplia participaci&oacute;n de las mujeres, quienes no s&oacute;lo marchaban sino que asum&iacute;an responsabilidades en la conducci&oacute;n del movimiento. Su activa presencia era consecuencia de su educaci&oacute;n y su intervenci&oacute;n en la vida s&iacute;ndico&#150;laboral.</font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En un &aacute;mbito distinto, Rosario Rom&aacute;n, Mar&iacute;a A. Margot, Mar&iacute;a Jos&eacute; Cubillas y Elba Abril Vald&eacute;s estudian un proyecto impulsado por el gobierno de Sonora para promover la democratizaci&oacute;n de las familias y acabar con la violencia familiar que se considera un problema de &iacute;ndole social y de orden p&uacute;blico. Aunque desde 2002 se aprob&oacute; la Ley de Prevenci&oacute;n y Atenci&oacute;n de la Violencia Intrafamiliar, no se ha logrado disminuir los altos porcentajes de violencia en el hogar. Para prevenirla, se ha buscado impulsar la democratizaci&oacute;n en las relaciones familiares, lo que se traduce en el respeto de la libertad de cada uno de sus integrantes. Los autores consideran que el estudio de las familias permite introducirse en el microcosmos de las interacciones entre sus miembros y llegar hasta las complejidades de las relaciones estructurales de la sociedad. La aplicaci&oacute;n del enfoque de democratizaci&oacute;n familiar propone apoyar los procesos de transformaci&oacute;n de las familias desde la pol&iacute;tica p&uacute;blica federal y estatal, lo cual redundar&aacute; en una mayor autonom&iacute;a femenina y su participaci&oacute;n en &aacute;mbitos extradom&eacute;sticos. El cambio de la administraci&oacute;n provoc&oacute; que la democratizaci&oacute;n no rindiera los frutos esperados, motivo por el que cre&iacute;an que su experiencia constitu&iacute;a un llamado para que se advierta de la necesidad de vincular las acciones de gobierno con la participaci&oacute;n de la sociedad civil.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El asunto de la migraci&oacute;n calificada de las mujeres es tratado por Aurora Furlong y Yandi Zobeida Condado, quienes mencionan que este fen&oacute;meno es consecuencia de que en M&eacute;xico no se protege el capital intelectual, debido a que las pol&iacute;ticas educativas estimulan la p&eacute;rdida de este recurso. La migraci&oacute;n calificada es aquella en la que personal especializado no encuentra espacio en las econom&iacute;as nacionales. La migraci&oacute;n calificada tiende a dirigirse a regiones en donde la productividad es elevada y abandona aquellas en las que es baja. El n&uacute;mero de mujeres que migran se ha incrementado en los &uacute;ltimos a&ntilde;os y su aporte al env&iacute;o de remesas se ha tornado significativo. A diferencia de las mujeres que remiten la totalidad, los hombres s&oacute;lo mandan 50% de su salario. As&iacute;, por ejemplo, en 2005 ellas enviaron 54% de las remesas y los hombres 46. Se cuenta con datos que revelan que 20.6% de las mujeres se ocupa en tareas calificadas y 7.7 son profesionistas; estas cifras se explican por el hecho de que el exilio provoca que la mano de obra calificada se proletarice por la precarizaci&oacute;n del empleo y la falta de su valorizaci&oacute;n. Las autoras concluyen que la migraci&oacute;n calificada genera mayores m&aacute;rgenes de ganancia para los pa&iacute;ses receptores, pues los migrantes reciben 30% menos del salario de los trabajadores intelectuales dom&eacute;sticos</font>.</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los dos &uacute;ltimos trabajos tienen la particularidad de analizar novelas escritas por dos autoras mexicanas. Mar&iacute;a del Carmen Santib&aacute;&ntilde;ez utiliza <i>Los recuerdos del porvenir,</i> de Elena Garro, para mostrar las pasiones que envolv&iacute;an a las protagonistas, las cuales perdieron el inter&eacute;s por la vida como consecuencia de la turbulenta &eacute;poca que les toc&oacute; vivir. As&iacute;, por un lado, estaban las hermanas Dorotea e Isabel que luchan por hacer triunfar sus ideales aunque en ello les fuera la vida y, por el otro, se encontraban las amantes de los militares que, por haber sido raptadas, compart&iacute;an una existencia triste y resignada, pero abrigaban la esperanza de una vida mejor. Por su parte, Patricia Camacho y Fidel Romero escudri&ntilde;an la obra de Elena Poniatowska para entender la manera en la que esta elabora sus conceptos sobre la sociedad, la justicia y la paz social, a la vez que se evidencia el papel que se le otorga a la mujer en cada uno de sus relatos. Los autores consideran que las narraciones de Poniatowska han contribuido a crear una nueva cultura est&eacute;tica y &eacute;tica de nuestro pa&iacute;s.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como se puede apreciar, las investigaciones analizan por igual experiencias individuales y colectivas en las que las mujeres tuvieron una significativa presencia, tanto en el pasado como en el presente.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por la diversidad de enfoques y los datos que se aportan al estudio de las mujeres, no existe duda de que este libro contribuye a la tarea que se propuso desde el principio: mostrar que la mujer ha sido, y sigue siendo, un pilar fundamental en la constituci&oacute;n de la sociedad.</font></p>      ]]></body>
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