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</front><body><![CDATA[   	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Adenda: Nosedonde</b> <b>/ El casi ciego</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Anait&eacute; Galeotti</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Centro de Estudios Mexicanos y Centroamericanos.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Nosedonde</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lleg&oacute; tarde al contacto, corriendo sudorosa, la blusa la llevaba pegada a la espalda y el sudor se le enfriaba mientras las manos se le humedec&iacute;an. Ya no estaba Leonardo. Ya se hab&iacute;a ido. Se consol&oacute; con que a&uacute;n le quedaba la reserva dentro de una hora. Se fue al Portal del Comercio a babosear un poco haci&eacute;ndole tiempo. Enfil&oacute; hacia el Pasaje Rubio y se entretuvo viendo las monedas europeas antiguas que don Tito, un viejo nazi camuflado como comerciante jud&iacute;o, mostraba como cebo a los transe&uacute;ntes para que entraran a su mohoso almac&eacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#9;Haciendo tiempo entr&oacute; a preguntar a una joyer&iacute;a por el valor de unas arras, aunque nunca hab&iacute;a pensado&#160;en casarse por la iglesia, en esos d&iacute;as lo comenzaba a desear, a lucir bonita en un traje de novia, a bailar horas y horas con Jaime en su fiesta de bodas. Pronto ces&oacute; de pensar en eso porque hab&iacute;a visto ya dos veces al mismo individuo. La estaban siguiendo.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#9;Corri&oacute; por la calle de atr&aacute;s del Portal y se subi&oacute;&#160;r&aacute;pidamente a un bus n&uacute;mero uno, lleg&oacute; contrariada al&#160;final de la ruta, en el Mapa en Relieve, y subi&oacute; inmediatamente al que sal&iacute;a de regreso.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#9;El reloj de Catedral marcaba ya la hora de la reserva&#160;y se dirigi&oacute; inmediatamente a la cuarta avenida y octava calle. Mientras hac&iacute;a como que esperaba un bus en esa esquina vio como un carro Toyota se acercaba velozmente hacia donde ella estaba. La&#160;sorpresa le impidi&oacute; moverse, estaba como clavada. Estaba ocurriendo. Estaba siendo secuestrada para desaparecerla.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#9;Sinti&oacute; el cuerpo dormido cuando comenzaron a golpearla, a meterle los dedos en la vagina, a apretarle los pechos. Sent&iacute;a que estaba so&ntilde;ando. S&oacute;lo la sangre caliente le indicaba que estaba viva, que segu&iacute;a viva. Pronto le cost&oacute; respirar ya que su nariz hinchada y sangrante, m&aacute;s la bota de hombre contra su cara se lo imped&iacute;a. Apenas le entraba una miseria&#160;de aire, apenas un hilito y de eso depend&iacute;a su vida.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#9;Al llegar a <i>nosedonde</i> se oy&oacute; un chirriar de motor acompa&ntilde;ado de un chirriar de puertas. Un <i>&#161;Buenas tardes!</i> expresado marcialmente, le indic&oacute; donde quedaba <i>nosedonde</i>. Hab&iacute;an llegado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#9;Antes de bajarla del veh&iacute;culo la esposaron y le echaron sobre la cabeza una capucha hedionda. S&oacute;lo ten&iacute;a libres los pies para que pudiera caminar. Y la empujaban para que lo hiciera hacia adelante. No sent&iacute;a el suelo, no distingu&iacute;a el tipo de piso, sus pies estaban igualmente adormecidos. No los reconoc&iacute;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#9;Por la blusa rasgada le entraba el aire fr&iacute;o de la tarde. Sab&iacute;a que su muerte ya hab&iacute;a comenzado. La idea de cu&aacute;nto tardar&iacute;a en hacerse efectiva era lo que m&aacute;s la torturaba desde ya. Caminaron como quince minutos por un piso rugoso y disparejo. Alguien la llevaba del brazo sin impaciencia, lentamente. Se lo agradeci&oacute; mentalmente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#9;Este personaje, sin hablarle, la meti&oacute; a un lugar cerrado, fr&iacute;o, maloliente. El olor a mierda, a orines y a sangre menstrual era insoportable. Era seguramente una celda, pens&oacute;. Y debe haber compa&ntilde;eras aqu&iacute;, pens&oacute;. Eso la anim&oacute; a seguir con vida.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#9;Ah&iacute; sentada en el piso fr&iacute;o y sucio repas&oacute; los acontecimientos: contacto, reserva, monedas, jud&iacute;o, Portal, Mapa en Relieve, secuestro. Parec&iacute;a que todo estaba conectado, parec&iacute;a que Leonardo la hab&iacute;a se&ntilde;alado. Comenz&oacute; a dolerle la cabeza fuertemente ante ese sombr&iacute;o pensamiento. Antes le hab&iacute;an dicho que una de las gemelas, la que estudiaba medicina, sal&iacute;a a&#160;se&ntilde;alar compa&ntilde;eros en el centro de la ciudad. Que la hab&iacute;an "quebrado", que hab&iacute;a hablado, que era una de ellos...</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#9;No hab&iacute;a querido creerlo. No era posible, sobre todo que la gemela hab&iacute;a sido quien la hab&iacute;a reclutado a ella, y la hab&iacute;a formado pol&iacute;ticamente. Pero ante el dolor f&iacute;sico una nunca sabe...</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#9;Hab&iacute;a fr&iacute;o en <i>nosedonde</i>, aparte del mal olor hab&iacute;a fr&iacute;o y humedad. Pronto sinti&oacute; los sonidos de unos ratones que pasaron encima de sus piernas entumecidas. Encogi&oacute; las piernas como para protegerse de las alima&ntilde;as, pero ah&iacute; todav&iacute;a no empezaba nada.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#9;Como milagro, hab&iacute;a dejado de percibir el olor de&#160;las inmundicias. Su cerebro ya no los registraba, ahora solamente trataba de detectar la presencia de alg&uacute;n ser humano en ese cuartucho. Aguz&oacute; el o&iacute;do y crey&oacute; percibir una respiraci&oacute;n acompasada y habl&oacute;: &#150;Compa&ntilde;era, compa&ntilde;ero, &#191;qui&eacute;n est&aacute; ah&iacute;? H&aacute;blenme por favor, &#191;qui&eacute;n es, de qu&eacute; organizaci&oacute;n es compa&ntilde;ero?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#9;S&oacute;lo un quejido le respondi&oacute;, a alguien algo le dol&iacute;a mucho. R&aacute;pidamente se abri&oacute; la puerta y recibi&oacute; una brutal patada en el vientre que le hizo vomitar el almuerzo, adem&aacute;s de sacarle el aire. Su cuerpo se volvi&oacute; una pelota tratando de apartar el dolor, pero le dol&iacute;a todo. No hab&iacute;a otro pensamiento m&aacute;s que para el dolor. El dolor ocupaba todo en su mente. El dolor que no se iba y m&aacute;s bien, aumentaba.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#9;Sin poder calcular el tiempo, oy&oacute; ruidos afuera. Entr&oacute; alguien y la levant&oacute; violentamente. La sac&oacute; arrastrando del cuarto y la llev&oacute; a otro espacio, a otra habitaci&oacute;n. Ah&iacute; <i>sinti&oacute;</i> m&aacute;s personas. Casi pod&iacute;a jurar que&#160;eran cuatro, pero no sab&iacute;a c&oacute;mo los percib&iacute;a, ya&#160;que permanec&iacute;a encapuchada. Tal vez, pens&oacute;, tenemos otro sentido del espacio.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#9;Entre todos la amarraron a los hierros de una&#160;cama, cada una de sus extremidades estaba atrapada fuertemente con alambres, no pod&iacute;a moverse, estaba completamente estirada. Y ah&iacute; alguien dio la orden: la picana toc&oacute; su cl&iacute;toris y crey&oacute; morir, su ni&ntilde;ez comenz&oacute;&#160;a pasar frente a sus ojos cerrados, como una pel&iacute;cula en c&aacute;mara lenta: el mu&ntilde;eco de hule al que le hab&iacute;a quitado la cabeza en un berrinche, la escuela y la banca de cuarto grado con clavos que se le hincaban en las piernas hasta que el conserje los clav&oacute; profundo, Sor Mar&iacute;a Rosa y el premio de religi&oacute;n por contestar sin equivocarse las preguntas del catecismo. Andaba tan lejos cuando le pusieron la picana en los pezones que ya no se daba cuenta.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#9;Su cuerpo se revolv&iacute;a de dolor y los hierros de la cama se le enterraban en las nalgas y en la espalda, y luego nada. Su cabeza comenzaba, as&iacute; como con el olor, a no sentirlo, a no percibirlo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#150;&#161;Esta cabrona se nos va a ir y no le vamos a sacar ni mierda! Oy&oacute; la voz muy lejana, como en una perspectiva de llanura o pampa. &#150;Esp&eacute;rate compa, su&eacute;ltenla, ll&eacute;vensela, d&eacute;jenla. Ma&ntilde;ana la calentamos otra vez.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y de nuevo, pero esta vez arrastrada, hacia el cuarto. Hacia la oscuridad y los ratones. Hacia la nada.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#9;Al otro d&iacute;a nuevamente la picana, pero esta vez en las orejas, en los labios, dentro de la boca; alguien le hab&iacute;a introducido el pene en su boca grit&aacute;ndole al o&iacute;do vulgaridades, mientras otro se masturbaba. Enfermos, definitivamente. Al siguiente d&iacute;a la hab&iacute;an colocado boca abajo y le introduc&iacute;an la picana en el ano. El dolor era insoportable, ella no lo aguantaba y mientras se desmayaba, nuevamente el alejarse viendo el desfile de la escuela el d&iacute;a de Carnaval, y&#160;vi&eacute;ndose en su disfraz de china, la cola que hizo en el cine Lido por ser la mejor en religi&oacute;n para ver Ben Hur... la huelga de los maestros y a su madre repartiendo propaganda.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#9;Se iba tras los recuerdos, aunque su cuerpo vivo le exig&iacute;a que sintiera el dolor, que &eacute;l ah&iacute; estaba, que a &eacute;l era a quien estaban torturando, no a sus recuerdos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#9;Luego de quince largas e insoportables sesiones en que las preguntas cayeron en el vac&iacute;o, decidieron cambiar la t&aacute;ctica con ella. Le quitaron las esposas, le dieron un short y una blusa y le dieron de comer carne, verduras y pan. Tambi&eacute;n le devolvieron la posibilidad de ver, quit&aacute;ndole la capucha. Y ah&iacute; fue donde sinti&oacute; m&aacute;s miedo.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#9;Inmediatamente despu&eacute;s de ese caf&eacute; y ese pan duro que eran su desayuno, la sacaron a un patio con una fuentecita en el centro y con arriates llenos de flores. Cerca de la fuente hab&iacute;a varias bancas de cemento y le ordenaron que se sentara en una de ellas. Cuando sinti&oacute;, la ten&iacute;a atr&aacute;s. Era la gemela bien vestida, maquillada&#160;y sonriente: &#150;&#191;Qu&eacute; tal vos, que tal est&aacute;s? &#150;Se le hel&oacute; la sangre. Era cierto lo que los compas aseguraban, era una de ellos ya. Ya era una residente fija de <i>nosedonde.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#9;&#150;&#191;Te agarraron mano? &#150;Le dijo sonriente, como si se tratara de un chiste o de un juego. &#150;&#161;Y dice el jefe que no has querido cantar nada! &#161;Babosa que sos! Mir&aacute;, all&aacute; afuera los de la Direcci&oacute;n Nacional ya se la pelaron, ya se fueron, y nosotros de babosos haci&eacute;ndoles las tareas!</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#9;&#150;No, mano, mira, si colabor&aacute;s te tratan bien, hasta te dan trabajo, no te hacen nada. Mir&aacute;, si ellos no son malos, lo que pasa es que lo que nosotros hemos hecho los ha encabronado y como ese es su trabajo, pues ni modo. Tienen raz&oacute;n: &#161;hay que hacer respetar la ley!</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#9;La o&iacute;a, la miraba y no lo cre&iacute;a. Hac&iacute;a apenas un mes que la gemela le hab&iacute;a dado una charla sobre mantener la moral alta y ser consecuentes con la Revoluci&oacute;n. No lo pod&iacute;a creer.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#9;No respondi&oacute;. Guard&oacute; silencio. La gemela segu&iacute;a con su perorata, pero ya no la o&iacute;a. Estaba en la feria de Amatitl&aacute;n viendo c&oacute;mo su t&iacute;o le regalaba un enorme&#160;yoyo Russell para ganar el campeonato de yoyo de la Coca Cola. Entonces la delatora se puso furiosa al darse cuenta de que estaba perdiendo su tiempo. Llam&oacute; a uno de los hombres y le dijo: &#150;Esta cabrona no va a colaborar, ya no pierdan su tiempo con ella, mejor sigan d&aacute;ndole duro al Leonardo, que luego lo <i>quiebro</i> yo. A ese lo conozco muy bien.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#9;La subieron nuevamente atada y encapuchada a la parte de atr&aacute;s de un cami&oacute;n y su rodilla choc&oacute; con otra persona. Se alegr&oacute; porque no iba sola. Compa&ntilde;ero, pregunt&oacute; en voz muy bajita &#191;sabe usted a d&oacute;nde nos llevan? Le respondi&oacute; una voz femenina: &#150;Mire compita, no habl&eacute; e imagino que usted tampoco, nos llevan en avi&oacute;n a descansar. As&iacute; me dijo uno de estos que me daba m&aacute;s comida, porque dec&iacute;a que le d&aacute;bamos l&aacute;stima. Ahora salen de nosotros m&aacute;s r&aacute;pido porque ya casi tienen toda la informaci&oacute;n, porque han <i>quebrado</i> a varios compa&ntilde;eros cuadros.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#9;El aire fr&iacute;o de la pista de aterrizaje la hizo estremecerse. Los subieron a todos y los sentaron en el piso de la nave que no ten&iacute;a asientos. Unos iban llorando y los golpearon para que se callaran. A ella la invadi&oacute; una calma desconocida, y nuevamente vio c&oacute;mo la vacunaban contra la polio con una vacuna muy dulcecita, vio el rostro de su abuela amada cuando la esperaba en la puerta de la casa, y escuch&oacute; el ladrido de su perro que le saludaba.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#9;De pronto se abri&oacute; una puerta y entr&oacute; un viento helado. Tuvo un escalofr&iacute;o. Oy&oacute; la voz de la otra compa&ntilde;era que gritaba: &#150;&#161;Haaaaaaaaastaaaa la victoriaaaaaaaaaa! &#150;y ya no se oy&oacute; m&aacute;s. Su recuerdo ces&oacute; antes de la navidad pasada cuando en su c&eacute;lula hab&iacute;an comprado tamales y se sent&iacute;an felices. Su cabeza se hab&iacute;a estrellado contra la superficie dura y helada del oc&eacute;ano Pac&iacute;fico y cesaron los recuerdos.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/trace/n66/a6i1.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>El Casi Ciego</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Poco a poco iba perdiendo la vista. Hac&iacute;a a&ntilde;os que sent&iacute;a el temor de quedar a merced de los dem&aacute;s. Cuando se fue nublando su visi&oacute;n, la memoria espacial le fue ayudando. Sab&iacute;a perfectamente que eran 10 gradas para subir al segundo piso de su casa. Que su dormitorio quedaba a la derecha de la escalera, y que a la izquierda estaba el de su mujer, con quien no compart&iacute;a cama desde los a&ntilde;os de la guerra, porque ella se quejaba&#160;de    <br> 	lo que tanto y tan seguido &eacute;l se quejaba: de que lo&#160;andaban corriendo los colgados en los &aacute;rboles, los que &eacute;l hab&iacute;a ordenado asesinar y ella protestaba porque ya no dorm&iacute;a continuo, aunque hicieran el amor.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#9;Cuando su mujer despidi&oacute; a la gorda de la mucama, que le hac&iacute;a sexo oral por cincuenta quetzales m&aacute;s, mientras ella se iba a trabajar, se qued&oacute; m&aacute;s solo que nunca. La nueva f&aacute;mula, gorda y cincuentona, como la anterior, ten&iacute;a su moral y le advirti&oacute;: &#150;Mire don Carlos, le voy a decir a do&ntilde;a Meli lo que me est&aacute; proponiendo. Yo ser&eacute; vieja y fea, pero soy honrada, as&iacute; que no me persiga.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#9;Por primera vez fue consciente de sus limitaciones, de lo que hab&iacute;a perdido y de lo que ten&iacute;a. Hab&iacute;an pasado a la historia las grandes comilonas en Casa Presidencial, los banquetes y serenatas con mariachis cuando se acercaba su cumplea&ntilde;os y los cientos de regalos amontonados unos sobre otros en el garaje, con que lo cumplimentaban sus subordinados.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#9;Recordaba c&oacute;mo el teniente Mendiz&aacute;bal le hab&iacute;a regalado su colecci&oacute;n de ejemplares antiguos de Play Boy, y como le serv&iacute;an para masturbarse en el ba&ntilde;o que ten&iacute;a asignado s&oacute;lo para &eacute;l, en el campamento de San Juli&aacute;n. Tremendas nalgas y chiches las de las gringas que le hac&iacute;an so&ntilde;ar con irse a EE.UU. y tener plata para fornicar con todas ellas. Y aunque ver las revistas lo confortaba, le hac&iacute;a falta tenerlas de carne y hueso, aunque fuera carne nacional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#9;Recordaba c&oacute;mo su mujer se hab&iacute;a aficionado a ir todos los jueves de cada semana a Miami, a comprar la comida, a hacerse los masajes, a arreglarse el cabello, porque ella no iba a ser menos que las mujeres de los otros colegas. Y aun ajustando, hac&iacute;a tres tantos de su sueldo, para sus putas y tragos, para su casa y sus hijos y para los viajes de Meli, que si no, no le daba nada de nada.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#9;Cuando buscaba a tientas una cuchara o un tenedor en la cocina, recordaba las cajas que ten&iacute;an de finos cubiertos, ya que las amistades llenaban la casa cada 30 de junio y hab&iacute;a que darles de hartar y beber fino. Pero no hab&iacute;a pena, para eso estaba el Comisariato. Para eso estaba.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#9;El m&eacute;dico le hab&iacute;a recomendado hacer ejercicios, pero a Carlos le daba pereza hacerlos. Se hab&iacute;a ido encari&ntilde;ando con su vientre prominente que negaba la silueta de joven elegante y apuesto oficial que hab&iacute;a&#160;sido. Para qu&eacute; los ejercicios si ya no hab&iacute;a guerra. Antes s&iacute;. Antes, cualquiera que estuviera panz&oacute;n era degradado y&#160;enviado a la Editorial del Ej&eacute;rcito a ordenar papelitos&#160;y no disfrutaba de los ascensos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#9;Y &eacute;l nunca permiti&oacute; eso. Por eso fue que lo mand&oacute; la Embajada a estudiar a Fort Gullick y luego a la zona del Canal. Para prepararlo, porque apuntaba a ser un&#160;cuadrazo. Era met&oacute;dico, puntual, ordenado y fr&iacute;o.&#160;Un excelente oficial de carrera. Su lado flaco eran las mujeres y el licor. &#161;Pero qui&eacute;n no! Si todos sus compa&ntilde;eros eran iguales a &eacute;l hasta en eso.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#9;Cuando le diagnosticaron la diabetes mellitus, le&#160;volvi&oacute; a recomendar el m&eacute;dico que hiciera ejercicios. Pero fue en vano. Los hijos le compraron un verdadero gimnasio y se lo montaron en el patio de atr&aacute;s, pero Carlos se mantuvo echado en el sill&oacute;n de la sala, oyendo, m&aacute;s que viendo, televisi&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#150;Don Carlos, le dec&iacute;a la f&aacute;mula, levante los pies por favor que tengo que pasar abajo la aspiradora.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#9;&#150;A la gran, vos Basilia, no dejas de chingarme ni aqu&iacute; en la sala &#150;y obedec&iacute;a, acostumbrado a obedecer al menor grito, levantando sus pies para que la mujer barriera.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#9;&#150;Don Carlos &#150;le volv&iacute;a a insistir la f&aacute;mula&#150; &#191;por qu&eacute; no sale al patio a hacer ejercicios en esos aparatos que&#160;le compraron?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#9;&#150;Por baboso salgo Basilia. Si el vecino de atr&aacute;s me quiere matar, el de este lado me tiene sentenciado y el otro me grit&oacute; el otro d&iacute;a que yo se las iba a pagar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#9;&#150;&#191;Y qu&eacute; mal les hizo don Carlos?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#9;&#150;Lo que pasa es que estuvieron bajo mi mando y yo los jod&iacute;a mucho. El vecino de la casa de atr&aacute;s estuvo en el Quich&eacute; conmigo, y los otros dos estuvieron en Coatepeque. Y es que como en la Polit&eacute;cnica yo era&#160;de los <i>antiguos,</i> los jodiamos mucho, los pon&iacute;amos a lavar la mierda de los ba&ntilde;os con las manos, a sacarla y meterla&#160;en unas cubetas y as&iacute;... Por eso me tienen sentenciado los cabrones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y pensaba para sus adentros: Dichoso la Chilindrina que ya se pel&oacute;. Se me adelant&oacute; el cabr&oacute;n, ya est&aacute; descansando. Recordaba con cierta nostalgia a su cu&ntilde;ado, que hab&iacute;a muerto hac&iacute;a pocas semanas en un accidente de avioneta y lo hab&iacute;an dejado desangrarse sin permitirle&#160;atenci&oacute;n m&eacute;dica, algunos de los <i>nuevos</i> de 1979.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#9;Un d&iacute;a ocurri&oacute; un milagro. Estaba oyendo, m&aacute;s que viendo, un programa de televisi&oacute;n y la locutora hablaba de los ni&ntilde;os del Quich&eacute; que viv&iacute;an en pobreza extrema. Fue tal su conmoci&oacute;n que la vista se le aclar&oacute; y vio como presentaban a ni&ntilde;os extremadamente delgados, semidesnudos y descalzos y llam&oacute; a voces a la empleada.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#9;&Eacute;sta baj&oacute; corriendo alarmada, porque pens&oacute; que se hab&iacute;a lastimado con algo, ya que no usaba el bast&oacute;n de ciego por pura soberbia.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#9;&#150;&#191;Qu&eacute; le pas&oacute; don Carlos, qu&eacute; tiene? &#150;Al verlo sentado se enfureci&oacute;, pero &eacute;ste la detuvo dici&eacute;ndole:</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#9;&#150;Mir&aacute; Basilia, estos son los ni&ntilde;os que nosotros mat&aacute;bamos en la guerra, as&iacute; eran: flaquitos, pobrecitos. Y no se han terminado. De balde matamos tantos, se reprodujeron como los zancudos. Mejor no hubi&eacute;ramos hecho nada. Por eso estoy ciego, vos. &#161;De tanta c&oacute;lera que&#160;junt&eacute;, de tanto susto por los malditos subversivos que a veces nos hac&iacute;an correr... de tanta gente muerta&#160;que ni sab&iacute;a hablar la castilla! &#161;Malditos indios, nunca se van a terminar!</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#9;Despu&eacute;s de su exabrupto guard&oacute; silencio. Eso que hab&iacute;a dicho le pod&iacute;a costar la vida, estaba violando el pacto de sangre con sus propios compa&ntilde;eros de promoci&oacute;n. No pod&iacute;a creer lo que hab&iacute;a dicho. Menos mal, pens&oacute;, que esta cholera no entiende nada y que a nadie se lo va a repetir.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#9;Aprovechando que su mujer hab&iacute;a ido al sal&oacute;n de belleza llam&oacute; a Manuel, su fiel sirviente en los buenos tiempos, su sombra, casi un perro. Le explic&oacute; que lo esperaba el jueves por la ma&ntilde;ana, que trajera su carro grande porque le iba a pedir un trabajito.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#9;Y lleg&oacute; el d&iacute;a. La f&aacute;mula se encontraba arriba, limpiando el ba&ntilde;o de los se&ntilde;ores. Entr&oacute; y subi&oacute; Manuel en silencio, fue f&aacute;cil pues la mujer no ten&iacute;a muchas fuerzas. Fue sencillo meterle la cabeza en el inodoro, ahogarla en menos de cuatro minutos, como hacia &eacute;l magistralmente en los viejos tiempos y bien doblada, meterla en una bolsa grande de basura, ponerla en la palangana de su <i>pick up</i> y dejarla tirada en alguna&#160;avenida ignota.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#9;Al regreso del sal&oacute;n su mujer not&oacute; la ausencia de la empleada, primero lo lament&oacute;, luego le dijo a Carlos que era una ingrata, que c&oacute;mo la hab&iacute;a ayudado, y por &uacute;ltimo, lo de siempre: de plano se fue porque la estuviste acosando.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#9;El casi ciego guard&oacute; silencio. Todav&iacute;a saboreaba los whiskazos que se hab&iacute;an echado con su perro, es decir, con Manuel, celebrando el trabajito, como en los viejos tiempos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Informaci&oacute;n sobre la autora</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Anait&eacute; Galeotti</b> es guatemalteca nacida en 1949 y exilada pol&iacute;tica desde los cuatro a&ntilde;os de edad. Vivi&oacute; en Buenos Aires, Argentina, Amatitl&aacute;n y la ciudad de Guatemala. Comenz&oacute; a publicar en el a&ntilde;o 2000. Pertenece a la generaci&oacute;n de hijos de revolucionarios del 44 y form&oacute; parte del movimiento revolucionario de su pa&iacute;s desde 1977. Tiene formaci&oacute;n de historiadora y se gradu&oacute; como arque&oacute;loga, se prepar&oacute; con la Misi&oacute;n Arqueol&oacute;gica Francesa bajo la direcci&oacute;n de Henri Lehmann y Alain Ichon y es egresada de la Universidad de San Carlos de Guatemala. La tem&aacute;tica que trabaja se denomina Literatura de Posguerra en Guatemala y combina la labor literaria, la investigaci&oacute;n en&#160;arte, la docencia en la USAC y ocup&oacute; el puesto de Asistente de Direcci&oacute;n en el CEMCA Guatemala hasta el 2014. Las tem&aacute;ticas que trabaja est&aacute;n indisolublemente unidas a la historia de Guatemala. Destacando sobre todo los relatos relacionados con la contrainsurgencia, la insurgencia, las estrategias de resistencia de los pueblos originarios y la participaci&oacute;n de todos los sectores en la Guerra Interna de los 36 a&ntilde;os que asol&oacute; su pa&iacute;s.</font></p>     ]]></body>
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