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<journal-title><![CDATA[Relaciones. Estudios de historia y sociedad]]></journal-title>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Presentaci&oacute;n</b></font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>La fotograf&iacute;a en la encrucijada</b></font></p>     <p align="right"><font face="verdana" size="2">Photographier: c'est dans un m&ecirc;me instant et en une fraction de seconde    <br> reconna&icirc;tre un fait et l'organisation rigoureuse de formes perpues visuellement     <br> qui expriment et signifient ce fait. C'est mettre sur la m&eacute;me ligne de    <br> mire la t&ecirc;te, l'oeil et le coeur. C'est une fa&ccedil;on de vivre.<sup><a href="#nota">1</a></sup></font></p>     <p align="right"><font face="verdana" size="2">Henri Cartier&#45;Bresson</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si se trata de recorrer el pasado, de ensartar im&aacute;genes y momentos sobre el hilo del tiempo, empezaremos por Lascaux, siguiendo con la invenci&oacute;n de la fotograf&iacute;a unos veinte mil a&ntilde;os despu&eacute;s, la del cine apenas 70 a&ntilde;os m&aacute;s tarde, y finalmente Guernica en 1937. Ya podemos sacar algunas conclusiones, aparte del hecho que el tiempo vivido o hist&oacute;rico es una materia eminentemente el&aacute;stica. Se pone en evidencia la importancia de la fotograf&iacute;a, que en poco m&aacute;s de un siglo acab&oacute; con los c&aacute;nones milenarios de nuestras percepciones est&eacute;ticas. &iquest;Por qu&eacute; y a cambio de qu&eacute;? Son estas grandes preguntas que van mucho m&aacute;s all&aacute; de lo que puede ofrecer un &uacute;nico n&uacute;mero de revista. Pero es bueno plantearlas desde el umbral: en uno o dos siglos no se resuelve nada, a la escala de la Humanidad, pero en estos caminos abiertos por la fotograf&iacute;a, y otros que ha cerrado casi a candado, como algunas formas del naturalismo, hay todav&iacute;a mucho que explorar, muchas encrucijadas donde dudar. Aqu&iacute; se ofrecen algunas. Es posible que mucho se aplane, si aceptamos, desde este momento, que la fotograf&iacute;a puede ser, parafraseando la par&aacute;bola de la lengua de Esopo: toda ciencia, toda arte.<sup><a href="#nota">2</a></sup></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo cual plantea, tambi&eacute;n desde el principio, muchas ambig&uuml;edades y dificultades para la fotograf&iacute;a, en un inicio entre manos de pintores fallidos, a menudo, al remolque de otros modos de expresi&oacute;n, o simple instrumento de valoraci&oacute;n &#151;de publicidad&#151;. Es tard&iacute;amente que sale de los salones y de los &aacute;lbumes de familia, para el caso mexicano, y seg&uacute;n Siqueiros hay que esperar los a&ntilde;os 1920 para que gracias a Modotti y Weston, se convierta en "una manifestaci&oacute;n gr&aacute;fica aut&oacute;noma" (v&eacute;ase el art&iacute;culo de Leonardo D&iacute;az&#45;Borioli). Es cierto que desde el fin del siglo XIX, los adelantos de la t&eacute;cnica &#151;la fotograf&iacute;a nunca podr&aacute; desligarse de ella&#151;, permiten la multiplicaci&oacute;n de libros y revistas con abundantes fotograf&iacute;as, o inclusive &uacute;nicamente dedicados a ella.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El mismo art&iacute;culo nos recuerda que la cementera La Tolteca, por esos mismos a&ntilde;os 1920, apoy&oacute; la consolidaci&oacute;n del nuevo modo de expresi&oacute;n en M&eacute;xico. En estas cosas nada es fortuito: de la cementera a la arquitectura, y de &eacute;sta a la fotograf&iacute;a. No hay duda que a lo largo del siglo XX (y hasta hoy) estas dos artes est&aacute;n estrechamente ligadas, probablemente porque las dos tienen su origen en la ciencia, porque las dos exploran, en dos o tres dimensiones, los vol&uacute;menes, las dos tratan de atrapar la luz. El cinemat&oacute;grafo es el &uacute;nico que pueda aqu&iacute; interferir, procediendo de las mismas ra&iacute;ces, y con ambiciones cercanas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el caso presente, el intercambio entre arquitectura y fotograf&iacute;a parece m&aacute;s o menos equilibrado, aunque est&eacute; un poco m&aacute;s a favor de la arquitectura. &Eacute;sta utiliza su cong&eacute;nere para valer m&aacute;s, poner a prueba sus logros y difundirlos. Pero tambi&eacute;n sabemos que la arquitectura ofreci&oacute; nuevos temas al cazador de im&aacute;genes: adobe, muros, aperturas; &iquest;desde antes de 1920?<sup><a href="#nota">3</a></sup> Lo cierto es que hoy es una de las vetas cl&aacute;sicas de ese arte: es la ilusi&oacute;n fotogr&aacute;fica que se topa con la solidez de la pared, al misterio de la puerta cerrada, de la ventana entreabierta.</font></p>  	  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con todo lo anterior vamos hilando una hip&oacute;tesis: hay en ese arte, por lo menos, hasta hace unas d&eacute;cadas, cierta timidez, que contrasta con la arrogancia de su hermana mayor, la pintura. Y es por eso que podr&iacute;amos discutir el punto de partida del excelente art&iacute;culo de Beatriz Bastarrica sobre la representaci&oacute;n de la mujer en Guadalajara en el siglo XIX. &iquest;Y si el fot&oacute;grafo y la fotograf&iacute;a fueran los instrumentos de la mujer, y con ella de la sociedad, en su af&aacute;n de representaci&oacute;n y reconocimiento, sobre todo en el siglo XIX? &iquest;Qui&eacute;n est&aacute; en manos de qui&eacute;n? Y as&iacute; fue con los pintores retratistas a lo largo del siglo XVIII, salvo algunos genios como Goya para quienes no hay discusi&oacute;n, su pincel fue la batuta. Es cierto que eso vale sobre todo para un segmento de la poblaci&oacute;n, la elite. Para los grupos m&aacute;s desfavorecidos (prisioneras, prostitutas), como es manifiesto en el art&iacute;culo, est&aacute;n en manos de la autoridad, y la fotograf&iacute;a es simple instrumento de control.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hay en esto juegos m&uacute;ltiples de interferencias, y eso nos remite de nuevo al paralelo con el retrato pictogr&aacute;fico: estamos en continuidad. Son los mismos c&oacute;digos, simplificados por un lado &#151;menos escudos y otras referencias al linaje que en el siglo XVIII&#151;, multiplicados por otro &#151;entorno burgu&eacute;s, sillones, mesas&#151;. M&aacute;s esencial, pero m&aacute;s dif&iacute;cil de alcanzar en sus implicaciones: la pose ante el pintor es larga, la operaci&oacute;n fotogr&aacute;fica toma unos instantes, a veces muy breves; la discusi&oacute;n, las precisiones, las relaciones entre sujeto <i>(operator)</i> y objeto <i>(spectrum)</i> son muy distintas, tienen, por lo tanto, un alcance sobre la obra final. Son dos formas distintas, m&aacute;s reflexivas, m&aacute;s instintivas, de acercarse a lo indecible que hay en cada uno, m&aacute;s all&aacute; de ciertas similitudes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Volviendo al ensayo de Bastarrica, &iquest;de d&oacute;nde procede la flor que tienen entre manos las presidiarias fotografiadas? De la pesada herencia de la "mujer&#45;flor" en alguna medida; del esp&iacute;ritu f&eacute;rtil del mismo fot&oacute;grafo: notemos que son fechas muy cercanas, 18681870. Todo se mezcla, pero lo primero es lo primero.. .<sup><a href="#nota">4</a></sup> Probablemente en ese momento el t&eacute;cnico fue Rafael Alatorre, el mismo presidiario y fot&oacute;grafo de los prisioneros hombres en Guadalajara: no le conoc&iacute;amos ese rasgo po&eacute;tico.<sup><a href="#nota">5</a></sup> La incertidumbre es mayor trat&aacute;ndose del trucaje en relaci&oacute;n con el talle de una que otra joven recamarera. Es posible que se lo pidieran ellas al fot&oacute;grafo, para aparentar una cintura de avispa, a unos d&iacute;as de intervalo apenas: &iquest;se conoc&iacute;an las muchachas?</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De una p&aacute;gina a otra la versatilidad de la fotograf&iacute;a permite dar un giro radical. Con el art&iacute;culo de Celia del Palacio Montiel se trata de desenmascarar &#151;en teor&iacute;a&#151; la realidad, despu&eacute;s de haber, en el ensayo anterior, enmascarado a la persona. Aunque la puesta al desnudo de la violencia tenga sus c&oacute;digos y sus formas de mitificaci&oacute;n. Inclusive &eacute;stos son aqu&iacute; m&aacute;s necesarios que en otras formas de fotograf&iacute;a; es como una manera de neutralizar la agresividad de las situaciones a las cuales la fotograf&iacute;a, aqu&iacute; s&iacute;, pretende ofrecer su veracidad. Neutralizaci&oacute;n no exenta de fascinaci&oacute;n. Hay en la "nota roja" algo de misterioso trat&aacute;ndose de su irradiaci&oacute;n, por no hablar de las estad&iacute;sticas que se manejan, y de las cuales el documento visual es como un interprete cualitativo, teniendo sus propias distorsiones en cuanto a la realidad. &iquest;Pero qui&eacute;n puede decirse buen traductor de tal realidad? Hay cifras insoportables o manipuladas, oficiales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por lo dem&aacute;s, el fotoperiodismo tiene a su alcance muchas formas de modular el impacto de la violencia, a trav&eacute;s del escenario escogido, sea amplio o estrecho, los pies de p&aacute;gina, el lugar ocupado dentro del peri&oacute;dico (primera plana, interiores). Por lo tanto, tiene tambien su responsabilidad &#151;su intencionalidad&#151; en la representaci&oacute;n de ese flagelo. Y con esto topamos con otras preguntas sin verdaderas respuestas: sirve el fotoperiodismo en estas circunstancias fines nobles, como es testimoniar, denunciar, o simplemente &iquest;se trata de aprovecharse de algunos sentimientos confusos de los lectores, y m&aacute;s trivialmente de vivir comercializando la representaci&oacute;n de la violencia extrema?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La reflexi&oacute;n de V&iacute;ctor Gayol se puede extender, ya lo vimos con las fotograf&iacute;as de identidad o de sal&oacute;n del siglo XIX en Guadalajara, m&aacute;s all&aacute; del fotoperiodismo. Pero &eacute;ste tiene intereses, posibilidades y repercusiones m&aacute;s marcados. Finalmente, y a casi todos los g&eacute;neros fotogr&aacute;ficos, se les puede aplicar la sentencia de Lewis Hine: "aunque las fotos no mienten, los mentirosos pueden hacer fotos".<sup><a href="#noota">6</a></sup> Hine, algo c&iacute;nico, era duro consigo mismo. Hoy en d&iacute;a, si seguimos a Gayol, conscientes del sambenito que se les puede colgar, los foto&#45;periodistas lo son aun m&aacute;s; llegan a posturas de integrismo seg&uacute;n las cuales no se puede tocar ni un pixel de la fotograf&iacute;a tomada. Pero, entonces, es olvidarse de todas las formas de manipulaci&oacute;n que anteceden (la puesta en escena, como en el caso de "la muerte" del miliciano de Capa, por ejemplo), o suceden (los pies de pagina, en particular). Es canonizar excesivamente el simple gesto e instante de apretar el obturador del aparato, por decisivo que sea, recordando a Cartier&#45;Bresson. Y la palabra que se introduce aqu&iacute;, la de propaganda, no puede descansar sobre las &uacute;nicas espaldas del fot&oacute;grafo, aunque por supuesto no sea inocente.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Abandonemos las im&aacute;genes para remontarnos en el tiempo con el problema de la verdad en el siglo XVIII. La discusi&oacute;n de los asuntos de polic&iacute;a y buen gobierno (pol&iacute;ticos) recurr&iacute;a por entonces a la elaboraci&oacute;n de argumentos que permitieran vengar, reclamar, vindicar o satisfacer la verdad que hab&iacute;a sido ocultada en los pareceres de particulares en los que se fundamentaban las decisiones de la Corona, sobre todo, cuando &eacute;stas se tomaban para realidades lejanas, como la de las Indias. Era importante hacerle ver al Pr&iacute;ncipe la verdad para suplicarle que rectificara sus providencias. Por ello, "Vindicias de la verdad" es el t&iacute;tulo de un largo texto de fray Francisco Antonio de la Rosa escrito en 1773 en el cual critic&oacute; largamente la decisi&oacute;n de Carlos III de abolir el uso de los idiomas ind&iacute;genas, por real c&eacute;dula de 1770, apoyado en la famosa pastoral de Lorenzana. Her&eacute;ndira T&eacute;llez Nieto nos ofrece un fragmento de ese interesante manuscrito que defend&iacute;a y explicaba la diversidad ling&uuml;&iacute;stica de la Nueva Espa&ntilde;a y, detr&aacute;s de ello, la importante actividad que el clero regular hab&iacute;a desarrollado desde la conquista y que en la segunda mitad del siglo XVIII se ve&iacute;a ya muy diezmada por la secularizaci&oacute;n de doctrinas y el regalismo del clero dioscesano.</font></p>          	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">M&aacute;s all&aacute; de la cr&iacute;tica a la pol&iacute;tica ling&uuml;&iacute;stica de Carlos III por parte del franciscano De la Rosa &#151;y seguramente sin que su texto haya influido en algo al respecto&#151;, queda claro que el sustrato cultural ind&iacute;gena continu&oacute; desarroll&aacute;ndose a trav&eacute;s de los siglos sin perderse totalmente, quiz&aacute; reinvent&aacute;ndose m&aacute;s que conserv&aacute;ndose en su pureza. Junto a la pr&aacute;ctica de las lenguas ind&iacute;genas, la particularidad de un mundo culinario vinculado a sistemas de cultivo familiar y de autoconsumo, a la vez asociado a pr&aacute;cticas ceremoniales y rituales es una realidad que no puede ser puesta de lado. Cahuich&#45;Campos, Huicochea y Mariaca nos ofrecen una mirada a las tradiciones familiares de la zona de Hopalch&eacute;n, Campeche. Se trata, quiz&aacute;, de esas culturas que se reinventan en la resistencia. As&iacute; como lo podemos pensar a partir de la contribuci&oacute;n de Paz Frayre sobre las estrategias identitarias del grupo p&aacute;pago de la Alta Pimer&iacute;a.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El problema de lo cultural y las estrategias identitarias nos parece un buen punto de partida para discutir con Olmedo Mu&ntilde;oz y su texto sobre la contribuci&oacute;n del exilio espa&ntilde;ol a la historiograf&iacute;a literaria. La presencia de los trasterrados inyect&oacute; gran creatividad y sentido a los proyectos culturales as&iacute; como a las instituciones educativas y cient&iacute;ficas mexicanas. No s&oacute;lo la <i>Revista Mexicana de Cultura,</i> sino tambi&eacute;n instituciones como el Colegio de M&eacute;xico &#151;e indirectamente, el Colegio de Michoac&aacute;n&#151;, son deudoras de esa contribuci&oacute;n que Olmedo nos presenta. Por su parte, Tello D&iacute;az nos recuerda los avatares de la tard&iacute;a conquista de la costa jalisciense durante la d&eacute;cada de 1950, mientras que Bail&oacute;n pone el dedo en el dif&iacute;cil rengl&oacute;n del comercio sexual en la Oaxaca del porfiriato a trav&eacute;s de sus matronas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Last, but not least, por una vez enfatizamos las rese&ntilde;as y, en particular, la innovaci&oacute;n que representa la del libro de Arndt Brendecke. Libro alem&aacute;n, traducido al espa&ntilde;ol y publicado en Fr&aacute;ncfort, y rese&ntilde;ado en su propia lengua por un acad&eacute;mico franc&eacute;s. No quer&iacute;amos dejar pasar la ocasi&oacute;n de abrir, a&uacute;n m&aacute;s, la revista al &aacute;mbito internacional. Apertura t&iacute;mida, pero decidida. Cada vez m&aacute;s esperamos que <i>Relaciones</i> siga el lema que adopt&oacute; Pierre Larousse: &laquo;je s&egrave;me &agrave; tous vents&raquo;...</font></p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2"><b>La Redacci&oacute;n</b></font></p>  	    <p align="justify">&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="nota"></a>Notas</b></font></p>     	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> "Fotografiar: es en un mismo instante y en una fracci&oacute;n de segundo, reconocer un hecho y la organizaci&oacute;n rigurosa de las formas percibidas visualmente, las cuales expresan y significan ese hecho. Es poner sobre la misma l&iacute;nea de visi&oacute;n el ojo y el coraz&oacute;n. Es una manera de vivir".</font></p>                      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> La secci&oacute;n dedicada a la fotograf&iacute;a ha sido coordinada por Arturo Camacho.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> No queremos aqu&iacute; ser injustos con Guillermo Kahlo, ya a principios del siglo xx la ciudad de Mexico fue uno de sus personajes favoritos.</font></p>          ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> Es una rareza, pero tal circunstancia, un poco m&aacute;s tarde, se puede encontrar entre las fotograf&iacute;as de prostitutas de Oaxaca.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> Laura Benitez Barba, Thomas Calvo, Alejandro Sol&iacute;s Mat&iacute;as, <i>Tras el estigma del infortunio. Fotograf&iacute;a carcelaria en el primer cant&oacute;n de Jalisco, 1872&#45;1873,</i> Guadalajara, Universidad de Guadalajara, El Colegio de Michoac&aacute;n, 2012, 32&#45;35.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> Citado por Peter Burke, <i>Visto y no visto. El uso de la imagen como documentos fotogr&aacute;fico,</i> Barcelona, Critica, 2001, 25.</font></p>              ]]></body>
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