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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Humberto F&eacute;lix Ber&uacute;men, <i>Tijuana la Horrible: Entre la historia y el mito</i></b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Hugo Santos G&oacute;mez*</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Tijuana, El Colegio de la Frontera Norte, 2011, 412 p.</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Ciesas&#45;Programa Noreste. Correo e:</i> <a href="mailto:hugo.santos1@gmail.com">hugo.santos1@gmail.com</a></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hace alg&uacute;n tiempo, en lo que ser&iacute;a mi primera visita a Tijuana, recuerdo haber preguntado al taxista que me condujo del aeropuerto a mi hotel, acerca de la calidad de vida en la ciudad. La espiral de interrogantes con que inund&eacute; al amable conductor incluy&oacute; la pregunta t&iacute;pica de casi cualquier fuere&ntilde;o que se apersona en Tijuana por primera vez.</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#151;&iquest;Qu&eacute; tan peligrosa es la ciudad? El taxista revir&oacute; mis cuestionamientos con una actitud que bordaba el hartazgo y la condescendencia:</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">       &#151;Tijuana tiene lo que falta en el resto del pa&iacute;s: trabajo. Aqu&iacute; la gente viene a trabajar y trabajo es lo que sobra. Mientras uno no se meta en donde no debe, aqu&iacute; nadie lo molesta. Para peligro vaya al D.F. Ah&iacute; s&iacute; que hay que andarse con cuidado.</font></p> </blockquote>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La respuesta me sorprendi&oacute; y, a decir verdad, me coloc&oacute; en una situaci&oacute;n inc&oacute;moda. Siendo originario de la ciudad de M&eacute;xico, era consciente de c&oacute;mo la ola de asaltos a plena luz del d&iacute;a, el robo de coches y los secuestros "expr&eacute;s" contribu&iacute;an a la reputaci&oacute;n de ciudad sin ley que la capital del pa&iacute;s gozaba ya de tiempo atr&aacute;s. La asertividad del taxista tranquiliz&oacute; mis aprehensiones sobre Tijuana, alimentadas sin duda por esa idea generalizada de esta ciudad fronteriza como la imagen viviente de la degradaci&oacute;n urbana.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es precisamente esa imagen que se tiene de Tijuana lo que constituye el centro de an&aacute;lisis del interesante estudio de Humberto F&eacute;lix Ber&uacute;men. Realizado desde una perspectiva que se advierte ambiciosamente multidisciplinaria, en la que predominan la teor&iacute;a y cr&iacute;tica literarias. El intento anal&iacute;tico recurre desde Claude Levi&#45;Strauss y Michel Foucault hasta Raymond Williams por citar algunas de las referencias m&aacute;s importantes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Como lleg&oacute; Tijuana a representar lo que la gente piensa de ella? Aqu&iacute; la referencia a "la gente" necesariamente incluye a los propios residentes y a los fuere&ntilde;os, tanto de este lado de la frontera como del lado norteamericano. "Tijuana la Horrible" es, a final de cuentas, una representaci&oacute;n compartida por todos. Es un "imaginario social" producto de la historia y el mito. El car&aacute;cter fronterizo de la ciudad y las circunstancias hist&oacute;ricas de su desarrollo temprano contribuyeron a generar el contraste entre un San Diego, que del lado norteamericano de la frontera, se esforzaba por proyectar la imagen de una ciudad pulcra, libre de vicios y tentaciones, sobre todo durante de la prohibici&oacute;n; y una Tijuana que creci&oacute; estimulada por una econom&iacute;a pol&iacute;tica del turismo del placer y el hedonismo negado a los habitantes de la opulenta San Diego, y por ello se trasladaban al otro lado de la l&iacute;nea para dar rienda suelta al gozo y al placer.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De acuerdo con F&eacute;lix Ber&uacute;men, contingencias hist&oacute;ricas cedieron su paso a la construcci&oacute;n de un discurso en el que Tijuana adquiri&oacute; una identidad fuertemente influenciada por la imagen que de ella se produjo en "el otro lado". As&iacute; la ubicaci&oacute;n geogr&aacute;fica (frontera) y la contingencia hist&oacute;rica (la prohibici&oacute;n) constituyeron ingredientes de primer orden en la creaci&oacute;n de la leyenda negra de Tijuana y, seg&uacute;n la propuesta del autor, de su transformaci&oacute;n en mito.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro est&aacute; estructurado en seis partes. La primera da cuenta del aparato metodol&oacute;gico y de los conceptos fundamentales en los que se apoya la profusa argumentaci&oacute;n del estudio.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La segunda y tercera partes dan cuenta de las circunstancias hist&oacute;ricas que dieron lugar a la "gestaci&oacute;n" del mito. Aqu&iacute; se describen los hechos que crearon y, en una etapa posterior, desencadenaron la representaci&oacute;n de Tijuana como la Babilonia b&iacute;blica, la gran prostituta condenada por la ira divina debido a su depravaci&oacute;n y a sus vicios. La figura ret&oacute;rica fue de hecho una met&aacute;fora con la que se describ&iacute;a lo que &#151;a los ojos del puritanismo estadounidense de la &eacute;poca&#151; suced&iacute;a en Tijuana. Como lo describe F&eacute;lix Ber&uacute;men, durante las primeras d&eacute;cadas del siglo veinte Tijuana pas&oacute; de ser un puerto fronterizo de poca importancia, a convertirse en un punto de primer orden para el turismo proveniente sobre todo de San Diego y sus alrededores. En 1919 se aprob&oacute; en los Estados Unidos la llamada ley nacional de la prohibici&oacute;n o ley <i>Volstead.</i> Esta legislaci&oacute;n ser&iacute;a uno de los productos culminantes del vigoroso, complejo y, en ocasiones contradictorio, conjunto de movimientos sociales que confluyeron en una tajante oposici&oacute;n a la producci&oacute;n, distribuci&oacute;n y consumo de alcohol. La Uni&oacute;n de Mujeres Cristianas por la Moderaci&oacute;n (<i>Women's Christian Temperance Union</i>) destacar&iacute;a entre ese abigarrado abanico de organizaciones civiles proabstinencia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mientras en los Estados Unidos la prohibici&oacute;n crear&iacute;a sus propias tensiones sociales, Tijuana se ir&iacute;a constituyendo en la v&aacute;lvula de escape para los deseos de una poblaci&oacute;n que no se resignaba a la imposici&oacute;n de patrones culturales de una sociedad de corte puritano. De ese modo, Tijuana comenz&oacute; a tornarse en el lugar donde el placer era posible. Esto inclu&iacute;a todo tipo de placeres desde el consumo de alcohol y drogas, a las apuestas y los disfrutes er&oacute;ticos basados en el floreciente negocio de la prostituci&oacute;n. Uno de los signos m&aacute;s palpables de esa transformaci&oacute;n fue la construcci&oacute;n del casino de Agua Caliente. Todo un complejo tur&iacute;stico que inclu&iacute;a campos de golf, hotel, carreras de caballos, casino, etc&eacute;tera. Durante la prohibici&oacute;n, Agua Caliente ser&iacute;a lugar de placer para reconocidas figuras del mundo hollywoodense. Agua Caliente se convirti&oacute; en la imagen caracter&iacute;stica de la ciudad y con esto se dar&iacute;a pie a la creaci&oacute;n del mito de Tijuana como la Meca del placer, el vicio y la degradaci&oacute;n. De ser representada con la met&aacute;fora de la Babilonia b&iacute;blica, Tijuana adquirir&iacute;a significado propio pasando entonces a ser adjetivo, met&aacute;fora y mito. No es casual que existan un buen numero de poblados y ciudades tanto en M&eacute;xico como en los Estados Unidos en los que las secciones, generalmente pobres, m&aacute;s distinguidas, caracterizadas por presencia de bandas o "gangas", por la venta de sustancias prohibidas, y temidas en general por ser lugares de residencia de gente que vive en los m&aacute;rgenes de la legalidad sean com&uacute;nmente conocidos como "Tijuanitas". El mito cobr&oacute; carta de naturalidad e independientemente de lo que los tijuanenses piensen o crean de su ciudad, &eacute;sta es representada en el imaginario social como lugar de degradaci&oacute;n social.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La irrupci&oacute;n del puritanismo cardenista en la segunda mitad de la d&eacute;cada de los a&ntilde;os treinta, decret&oacute; el cierre de instalaciones de apuestas y juegos de azar. Sin embargo, poco pudo hacer para evitar que Tijuana continuara de una u otra forma vinculada a la econom&iacute;a pol&iacute;tica del turismo y "el deseo"sobre todo del &aacute;vido p&uacute;blico norteamericano.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La cuarta parte del libro da cuenta de c&oacute;mo el mito reflejado en la literatura, que hace lo propio por alimentar al mito. Para el autor, la literatura en tanto producto social, ha hecho de Tijuana no s&oacute;lo el escenario t&iacute;pico de historias s&oacute;rdidas y relatos y tramas violentas, sino que ha usado a Tijuana como la encarnaci&oacute;n del lugar maldito, como sin&oacute;nimo del vicio y la degradaci&oacute;n humana. Escritores estadounidenses como Dashiell Hammett, Raymond Chandler y Henry Miller, latinoamericanos como Manuel Puig y &Aacute;lvaro Mutis, o mexicanos como Jos&eacute; Revueltas, Parm&eacute;nides Garc&iacute;a Salda&ntilde;a y Sergio Pitol han mantenido esa constante en sus narrativas: Tijuana como escenario de degradaci&oacute;n y como representaci&oacute;n del lado oscuro de una sociedad que asocia los placeres con el crimen. De acuerdo con F&eacute;lix Ber&uacute;men, la contribuci&oacute;n literaria al mito, ha sido tambi&eacute;n alimentada por la obra de los escritores locales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La quinta parte del estudio explora como otras formas de expresi&oacute;n art&iacute;stica y period&iacute;stica han seguido los mismos derroteros cuando de Tijuana se trata. Desde el cine y la m&uacute;sica popular (en especial los llamados narcocorridos), hasta los medios masivos de comunicaci&oacute;n (la prensa escrita y la televisi&oacute;n). Posiblemente tambi&eacute;n podr&iacute;an incluirse en el an&aacute;lisis de F&eacute;lix Ber&uacute;men el papel del internet. Ese medio de dif&iacute;cil clasificaci&oacute;n, pero indudable actualidad. En la que temas de narcotr&aacute;fico y violencia son temas comunes, ya sea a trav&eacute;s de la amplia difusi&oacute;n de pel&iacute;culas de bajo presupuesto por medio de Youtube o, bien, a trav&eacute;s de blogs y paginas personales, y desde luego esa peculiar forma de comunicaci&oacute;n en redes basada en internet como Facebook y otros del estilo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La sexta parte del texto es un intento por dar cuenta de c&oacute;mo el mito de Tijuana, su representaci&oacute;n simb&oacute;lica en el imaginario social, lejos de ser est&aacute;tica, se encuentra sujeta a conflictos y tensiones con versiones distintas de la ciudad impulsadas por grupos diversos. Un ejemplo lo constituye la campa&ntilde;a por medio de la cual grupos empresariales locales hicieron presi&oacute;n para que los medios de comunicaci&oacute;n masiva desistieran de identificar al grupo de narcotraficantes asociados al grupo de los hermanos Arellano F&eacute;lix &#151;cuyos l&iacute;deres se encuentran en la lista de los criminales m&aacute;s buscados por la DEA, la agencia antidrogas de los Estados Unidos&#151; como el "Cartel de Tijuana" y que en todo caso se refirieran a esa organizaci&oacute;n como el "Cartel de los Arellano&#45;F&eacute;lix".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La representaci&oacute;n simb&oacute;lica de Tijuana en el imaginario social como ciudad peligrosa, asociada al vicio y a los placeres reprobables se encuentra viva. Las ocasionales explosiones de violencia asociada a la actividad de grupos criminales y a sus ajustes de cuentas, el trasiego de inmigrantes que tratan de pasar al otro lado de la l&iacute;nea recurriendo a redes de traficantes &#151;polleros o coyotes&#151; de personas, el continuo uso de la ciudad como destino de turistas j&oacute;venes norteamericanos en busca de un lugar donde pueden expresar y satisfacer sus &aacute;nimos l&uacute;dicos en fines de semana sin las restricciones de las leyes norteamericanas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">F&eacute;lix Ber&uacute;men da cuenta puntual de c&oacute;mo el mito tijuanense, la Babilonia de la frontera, est&aacute; siempre sujeto a tensiones y conflicto. Conflicto en el que confluyen sectores sociales diversos, desde las c&uacute;pula empresariales vinculadas a la pujante econom&iacute;a manufacturera o maquiladora o a la industria tur&iacute;stica y de bienes ra&iacute;ces, pero tambi&eacute;n grupos subalternos a los que pertenecen gente como el taxista que me condujo del aeropuerto al hotel en mi primera visita a Tijuana, e incluso grupos acad&eacute;micos e intelectuales reconocidos como Jorge A. Bustamante quien se queja expresando su incomodidad por la forma en como Tijuana es representada ya desde los Estados Unidos, ya desde otras partes de M&eacute;xico, especialmente de la ciudad de M&eacute;xico "donde algunos se imaginan la vida en Tijuana como dominada por las balas y la sangre de los que ah&iacute; mueren todos los d&iacute;as" (<i>Reforma,</i> 12 de octubre de 2011).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La construcci&oacute;n del mito de Tijuana, su origen hist&oacute;rico y la forma misma en que esa representaci&oacute;n fue configur&aacute;ndose a lo largo del tiempo, cobra vigencia en el M&eacute;xico de hoy en el que la violencia en las calles y los enfrentamientos entre bandas criminales y entre &eacute;stas y las fuerzas de seguridad del Estado, son parte de un discurso y de una representaci&oacute;n interesada del pa&iacute;s que se empe&ntilde;a en presentarlo como ingobernable y al borde del caos y, claro, necesitado del concurso m&aacute;s amplio de las llamadas fuerzas del orden tanto polic&iacute;acas como militares. En todo caso, la solidificaci&oacute;n de Tijuana como s&iacute;mbolo de degradaci&oacute;n social se encuentra siempre en conflicto con otras representaciones, por m&aacute;s que &eacute;stas no sean hegem&oacute;nicas (como la del taxista relatada en las primeras l&iacute;neas de esta rese&ntilde;a) y sean formuladas &#151;siguiendo a Michel de Certeau&#151; desde los "poco visibles", pero efectivos espacios de la vida cotidiana.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Interesa subrayar que en 2004 el texto de F&eacute;lix Ber&uacute;men se hizo merecedor a una menci&oacute;n honor&iacute;fica como mejor libro en antropolog&iacute;a e historia en el premio Antonio Garc&iacute;a Cubas, convocado por el Instituto Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia. Interesa sobre todo porque el texto fue basado en la tesis de licenciatura del autor quien &#151;conforme se indica en las solapas del libro&#151; es cronista de la ciudad de Tijuana desde 2003. Hace tiempo que no se ven tesis de licenciatura de esta calidad.</font></p>     ]]></body>
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