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<journal-title><![CDATA[Relaciones. Estudios de historia y sociedad]]></journal-title>
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<publisher-name><![CDATA[El Colegio de Michoacán]]></publisher-name>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Presentaci&oacute;n</b></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2">Esos dos a&ntilde;os de 29 y 30 quiso Nuestro Se&ntilde;or por sus altos juicios que, el un     <br>     a&ntilde;o tras el otro, fuesen tantas las aguas, tan continuas de dia y de noche, y     <br>     con tanta furia que los mas viejos assi indios como espa&ntilde;oles no se acuerdan     <br>     haver visto tales lluvias, en lo qual cresieron tanto las aguas de las lagunas     <br>     que sobrepujaban mas de una bara a las mas altas cal&#231;adas y reparos que     <br>     nuestros hermanos &#91;jesuitas&#93; avian hecho, con lo cual no solo todas las calles     <br>     de esta ciudad se inundaron, principales y callejones, sino tambi&eacute;n todas las     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>     pla&#231;as grandes y peque&ntilde;as, y lo que mas, asta los mismos templos se llenaron     <br>     de agua, de manera que en muchos de ellos no se dixo missa. Y se consumio     <br>     el Santisimo Sacramento, sesaron los sermones, seso el trato y comunicacion     <br>     de manera que ni se abr&iacute;an las tiendas ni se vend&iacute;an en las pla&#231;as, ni se oya     <br>     en toda la ciudad otra cosa mas que clamores de campanas, llantos y gritos     <br>     que todos daban al cielo pidiendo misericordia, pensando era ya llegado el     <br>     dia final, y &#91;para&#93; los mas advertidos era este alg&uacute;n diluvio particular con     <br>     que Dios quer&iacute;a consumir y acabar y castigar esta ciudad &#91;...&#93;</font></p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2">Lo primero, al principio, quando comenso el agua a entrar por las calles y    <br> arrebasar las acequias, se turbaron todos, assi los que gobiernan la ciudad como     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> los particulares, seso el trato, pocos sal&iacute;an de sus casas, y no solo se serraron las     <br> tiendas, sino tambi&eacute;n las audiencias, dexo de venir el vastimiento a la pla&#231;a y a     <br> las alh&oacute;ndigas de la ciudad, con que comenso a apretar tanto el hambre que no     <br> se hallaba un pan por qualquier dinero, assi por haber faltado el trigo y harina     <br> como por haverse mojado y caydo con el agua los hornos que todos eran de     <br> adobe. Los mas no pod&iacute;an salir de sus casas aunque quisieran porque el agua     <br> los tenia atajados, principalmente los que vivian en los arrabales de la ciudad     <br> que, por ser lo mas bajo, y las casas no tan fuertes, se padecio mas. Muchas     <br> personas murieron de ambre, y en algunos casos todos quantos las habitaban,     <br> de manera que ni aun una persona se quedo que diesse aviso del da&ntilde;o o falta     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> que en ella avia, asta que el mal olor avisaba a los vecinos. Todas las casas del     <br> contorno se cayeron y algunas cogieron debajo a todos sus moradores.<sup><a href="#notas">1</a></sup></font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Prince, n'enquerez de sepmaine    <br> 		O&ugrave; elles sont, ne de cest an,    <br> 		Qu'&agrave; ce reffrain ne vous remaine:    <br> 		Mais o&ugrave; sont les neiges d'antan!<sup><a href="#notas">2</a></sup></font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Fran&#231;ois Villon, <i>Ballade des dames du temps jadis</i> &#91;antes de 1485&#93;</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El poeta piensa en t&eacute;rminos metaf&oacute;ricos: mas, &iquest;d&oacute;nde est&aacute;n las damas de anta&ntilde;o, blancas como nieve? Hubiese podido escribir: "blancas como armi&ntilde;o". No desperdiciemos, aun para nuestro prop&oacute;sito, estas dos aperturas. Nos recuerdan que para la civilizaci&oacute;n occidental la pureza fue ante todo un manto de blancura, que en &uacute;ltima instancia, aun en el caso del armi&ntilde;o, nos remite a la nieve, cubriendo, protegiendo y nutriendo nuestra madre tierra. Nieve que vino del cielo, tra&iacute;da por torbellinos de viento. Los pies en la tierra, la cabeza en el aire, as&iacute; hemos vivido de milenio en milenio, por lo menos hasta hace unos a&ntilde;os y la llegada de los "tiempos modernos" (los actuales) y nuestro progresivo divorcio con la naturaleza. Y &eacute;ste se transparenta hasta en nuestro lenguaje: hoy hablamos de preferencia de la "cobertura de la red", "del motor de la vida"...</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Seamos pues pragm&aacute;ticos, y volvamos a lo literal de "las nieves de anta&ntilde;o". Tres nociones, esenciales para entender el conjunto de art&iacute;culos que siguen, se entretejen en esa frase. En cierta manera, como lo pensaban los contempor&aacute;neos de Fran&#231;ois Villon, estamos inmersos en universos c&iacute;clicos, particularmente, en materia clim&aacute;tica. Es as&iacute; que analizando el largo ep&iacute;grafe relativo a la ciudad de M&eacute;xico en 1629&#45;1630, y report&aacute;ndonos a los eventos dram&aacute;ticos que han conocido estas &uacute;ltimas semanas buena parte de la Rep&uacute;blica mexicana y ahora Filipinas, se puede hacer la lista de todas las semejanzas y diferencias entre los dos momentos. Probablemente ganar&iacute;an las similitudes.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero la rueda no s&oacute;lo trae, d&iacute;a tras d&iacute;a, reminiscencias o paralelos, tambi&eacute;n va girando lentamente, de clima en clima, de paisaje en paisaje, de humanidad en humanidad. El primer momento &#151;multisecular&#151; al que podemos acercarnos a ciencia cierta es el calentamiento de los siglos X&#45;XIII: las temperaturas se asemejan a las del siglo XX hasta la d&eacute;cada de 1990. Esto permiti&oacute; la roturaci&oacute;n de nuevos campos, la colonizaci&oacute;n de Groenlandia, la extensi&oacute;n sin precedente de la vid a regiones septentrionales &#151;&eacute;sta fue fiel compa&ntilde;era de la evangelizaci&oacute;n&#151;, y la sublime sonrisa del bello &aacute;ngel de la catedral de Reims. Cuando en 1284 la b&oacute;veda de la catedral de Beauvais, llevada a una altura desafiante (48 metros) se derrumba, cuando bajo la lluvia en 1302 y en medio del lodo, en la batalla de Courtrai, las milicias burguesas de Flandes hacen una vendimia terrible de las espuelas de oro de los caballeros del rey de Francia, clima, sociedad y cultura est&aacute;n cambiando. Agobiado por otros males &#151;la peste&#151;, Fran&#231;ois Villon, a finales del siglo XV, conoci&oacute; tiempos intermedios, probablemente con algo de calentamiento hacia el final: se preparaba el "bello siglo XVI", breve e intenso.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A mediados del siglo XVI empez&oacute; la peque&ntilde;a era glacial: los vi&ntilde;edos retrocedieron en el espacio, las fechas de vendimias se atrasaron varias semanas, los pastos ganaron sobre las labranzas as&iacute; como la humedad sobre la sequ&iacute;a, los glaciares se extendieron. As&iacute; fue, con m&aacute;s o menos fuerza, hasta el siglo XIX. Desde entonces, en circunstancias variadas, el ciclo del calentamiento ha vuelto. Probablemente, los cambios clim&aacute;ticos explican que entre el siglo XVII, h&uacute;medo, y el XVIII, m&aacute;s seco, los hacendados de la regi&oacute;n Tula&#45;Ixmilquipan&#45;Tetepango convirtieron sus pastos en labores, como lo recuerda Verenice Cipatli Ram&iacute;rez. Y el agua que era abundante (gracias a los r&iacute;os), y por ello menospreciada y dejada entre las manos de los indios, se volvi&oacute; un bien valorado y discutido en esa parte. Ejemplo significativo de esos trastornos es el devenir de la acequia de Ixmiquilpan, que se dej&oacute; en ruinas a finales del XVII, se rehabilit&oacute; por los a&ntilde;os 1720. Y el sistema de riego que se edific&oacute; hacia la mitad del siglo XVIII en el valle de Tula es m&aacute;s que notable, con canales y acueductos de m&aacute;s de 9 leguas. Pero no seamos demasiado deterministas &#151;es aqu&iacute; un peligro&#151;: la transici&oacute;n del ganado al grano tambi&eacute;n acompa&ntilde;&oacute; el crecimiento demogr&aacute;fico, como lo estudi&oacute; Eric van Young para el XVIII en la regi&oacute;n de Guadalajara, fuera de todo cambio clim&aacute;tico significativo. El hecho es que estamos en presencia de modificaciones radicales en el paisaje, la econom&iacute;a agr&iacute;cola, y la alimentaci&oacute;n y sus derivados en unas pocas d&eacute;cadas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y hoy, con m&aacute;s insistencia que en tiempos de Villon podemos, en todas partes, escuchar el lamento: "&iquest;d&oacute;nde est&aacute;n las nieves de anta&ntilde;o?". Ser&aacute; posible entender lo que significa un paisaje y una cultura de nieve para quien conoci&oacute; las intensas ca&iacute;das de copos blancos, se sumergi&oacute; en su silencio, con el &uacute;nico ruido del crujir de la nieve al ritmo de los pasos y aprovech&oacute; las mil posibilidades de juego que ofrecen. Claro, nos situamos bajo otras latitudes y hace apenas unos cuarenta a&ntilde;os. Y si no se conocen tales realidades y fruiciones, es posible ilustrarse admirando los cuadros holandeses de "la peque&ntilde;a edad glacial", de Brueghel el Viejo a Brueghel el Joven, pasando por Hendrick Avercamp.<sup><a href="#notas">3</a></sup> Es esta la ocasi&oacute;n de entender lo complejo que puede ser un paisaje, desequilibrio permanente, cuando el estado de la atmosfera &#151;particularmente cambiante en ese contexto, cuando sol, niebla y reverberaci&oacute;n se combinan&#151;, naturaleza en sus diversos ciclos y cultura del hielo y del fr&iacute;o se entretejen, como aqu&iacute;. En el caso holand&eacute;s del siglo XVII, visto a trav&eacute;s de su pintura, es cierto domina lo urbano, pero sin mutilar las otras expresiones culturales. Y sus cielos son entre plomizos y plateados, algo anaranjados: entre recuerdos y promesas. &iquest;As&iacute; podemos entender el primer acercamiento a la ecolog&iacute;a?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De cualquier modo, as&iacute; es la nieve, un estado intermedio, entre el hielo que cubre r&iacute;os y espacios lacustres y el agua que brotar&aacute; en la primavera, o caer&aacute; del cielo, benefactora o destructora. La nieve, m&aacute;s apacible, ira alimentando gota a gota el manto fre&aacute;tico. Despu&eacute;s se pondr&aacute; en movimiento la gran noria de la naturaleza, transportando la vida de las ra&iacute;ces a las hojas, activada por la energ&iacute;a de la luz. &iquest;D&oacute;nde est&aacute; el hombre en todo esto? Por supuesto al final, dominando la cadena de los predadores. Tal una macroabeja, su acci&oacute;n puede ser positiva, ampliando, transfiriendo, desviando los efectos de la naturaleza, construyendo presas, canales, acueductos, galer&iacute;as acu&iacute;feras, pozos: as&iacute; nos lo describen los art&iacute;culos de la segunda secci&oacute;n. Es decir, extendiendo en tiempo y espacio la mancha acu&iacute;fera. Gracias a ello, crecen m&aacute;s abundantes las cosechas, se multiplican &#151;un tiempo&#151; los hombres "como ratas en un granero", como se dec&iacute;a en el siglo XVI. Y por lo tanto aumentan sus necesidades, su desesperaci&oacute;n, su ceguera, sus destrucciones &#151;suelos, plantas, fauna&#151;, e inconsecuencias &#151;asentamientos en zonas reconocidas peligrosas&#151;: y el agua se vuelve m&aacute;s imprevisible, se rarifica o sumerge amplias regiones. En t&eacute;rminos generales es la historia de la humanidad desde siglos; de forma m&aacute;s acertada aun, es parte de la dramaturgia desde mediados del siglo XIX y la &uacute;ltima crisis tradicional &#151;es decir c&iacute;clica, agr&iacute;cola&#151;, la de 1846&#45;1848. Desde entonces parece que hemos roto el esquema de la rueda: del c&iacute;rculo pasamos a la espiral ascendente, donde cada avance es un desaf&iacute;o m&aacute;s, que superamos en el corto plazo, sin dar soluci&oacute;n a los dilemas cruciales. Hay necesidad, entre otras cosas, de traer el agua de m&aacute;s lejos, de m&aacute;s profundo y, al mismo tiempo, aceptar vivir en los lechos de los r&iacute;os intermitentes con los riesgos de inundaciones imprevisibles. &iquest;Hasta cu&aacute;ndo?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo cual trae otra pregunta, a la cual nosotros tendremos la prudencia de no contestar: &iquest;son hombres diferentes &#151;queremos decir culturalmente, y tal vez un poco m&aacute;s&#151; los que vivieron bajo la tiran&iacute;a de climas duros que despu&eacute;s se volvieron benignos, los que conocen la nieve y los que la desconocen? Las experiencias son tan variadas, o s&iacute;miles, en lugares tan diferentes, o pr&oacute;ximos, que descorazona el an&aacute;lisis, m&aacute;s aun la s&iacute;ntesis. Sin olvidar los fantasmas que se esconden detr&aacute;s &#151;la raza, o por lo menos la etnia, el suelo y sus virtudes&#151;. Es un debate casi tan viejo como el del determinismo geogr&aacute;fico, pero m&aacute;s resistente al tiempo.<sup><a href="#notas">4</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Necesitamos la amplitud de vista de un Alfred Crosby,<sup><a href="#notas">5</a></sup> su perspectiva que atraviesa milenios, explora sistemas agr&iacute;colas distintos, los une y perfora a la vez con el "imperialismo ecol&oacute;gico" para desenmara&ntilde;ar parte del nudo gordiano. Imperialismo que puede funcionar en sentido contrario con una rapidez fulgurante: ya en el XVI el ma&iacute;z empez&oacute; a conquistar Europa (Espa&ntilde;a en primer lugar), origin&oacute; una expansi&oacute;n demogr&aacute;fica en zonas marginales &#151;la Galicia del siglo XVII, por ejemplo&#151;. Pero clima, monocultivo y pobreza son como muelas para el filo de la navaja: nos podemos referir al exceso de calor de 1846 y el desastre irland&eacute;s. Y las huellas no desaparecen f&aacute;cilmente, y menos del paisaje f&iacute;sico: todav&iacute;a en la d&eacute;cada de 1970 vi campos en Irlanda donde los surcos de papas, abandonados en 1846&#45;1847, se hab&iacute;an fosilizado. Es como un recordatorio para los humanos de la prepotencia y complejidad de las conductas de la naturaleza, aun (&iquest;o m&aacute;s?) en tiempos del "Antropoceno", como dice Crosby, siguiendo a Paul Crutzen.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esa estrecha interacci&oacute;n entre el hombre y la naturaleza ha conducido a tratar de teorizar los esquemas seg&uacute;n los cuales se hacen los intercambios entre uno y otra, con la denominaci&oacute;n de "metabolismo social" &#151;en cierta forma, la macro digesti&oacute;n que las sociedades humanas realizan desde los tiempos m&aacute;s oscuros, tanto de lo tangible como de lo inmaterial&#151;, y que pone a nuestro alcance el art&iacute;culo de V&iacute;ctor M. Toledo. Es un modelo articulado, con una gram&aacute;tica que se explaya tanto en la escala de los espacios, como de los tiempos, o de las caracter&iacute;sticas (rural, urbano, industrial). Y con un elemento esencial, articulador, el de circulaci&oacute;n: los flujos, sus propiedades, sus dimensiones est&aacute;n implicados en todas las operaciones de este metabolismo. Esto es adem&aacute;s la puerta abierta, a la vez, al mundo de la regi&oacute;n &#151;territorio donde se mueven los flujos&#151; y de la econom&iacute;a &#151;la circulaci&oacute;n se convierte en el proceso dominante&#151;. Y todo esto para acabar con la utop&iacute;a seg&uacute;n la cual vivimos en un mundo eternamente "lleno", un pa&iacute;s de Cuca&ntilde;a.<sup><a href="#notas">6</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hay, en el coraz&oacute;n de ese concepto, otra realidad fundamental, la de ecosistema, sobre la cual descansa precisamente la apropiaci&oacute;n m&aacute;s o menos destructora por parte de la sociedad de los recursos que encierra el paisaje &#151;el elemento visible, tangible&#151;. Es precisamente a las transformaciones de &eacute;ste, dentro de marcos hist&oacute;ricos y sociol&oacute;gicos regionales (Centro&#45;Occidente del actual M&eacute;xico), que se acercan los art&iacute;culos de Paulina Machuca y Jos&eacute; Hern&aacute;ndez. En esos universos tropicales estamos lejos de las nieves de Fran&#231;ois Villon, pero la impronta europea es como una cicatriz indeleble: como a control remoto Espa&ntilde;a introdujo elementos no solamente de su propio ecosistema, sino tambi&eacute;n del asi&aacute;tico en ese espacio. Y cuando se trat&oacute; de hacer fructificar productos ind&iacute;genas, como el maguey, o asi&aacute;ticos &#151;la palmera&#151;, el metabolismo social que se impuso fue en parte occidental (alambique, econom&iacute;a de mercado con sus circuitos de distribuci&oacute;n), pero con matices (destilador "asi&aacute;tico", hacienda de beneficio, salario sobre base del "partido", como en las minas, peonaje por deudas).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En estos casos, el mestizaje del ecosistema, en el encuentro &#151;aun violento&#151; de tres y hasta cuatro continentes, ha sido exitoso, y las transferencias son hoy parte de la identidad: la pi&ntilde;a en Filipinas, la palma en Colima, el destilado de agave en Tequila y, si vamos mucho m&aacute;s all&aacute;, el cacao en Costa de Marfil, en &Aacute;frica. El cacao es hoy en d&iacute;a la demostraci&oacute;n m&aacute;s impresionante de transferencia en el rubro vegetal: Am&eacute;rica, continente de origen apenas produce 7&#37;; &Aacute;frica del oeste, donde se introduce en la primera mitad del siglo XIX, en otro contexto colonial, concentra las dos terceras partes de la producci&oacute;n mundial actual. A ra&iacute;z de esto, otra vez encontramos flujos, pero tambi&eacute;n sistemas donde econom&iacute;a y pol&iacute;ticas interfieren poderosamente: desde el XVI hasta el XXI, el cacao se produce en zonas dominadas para ser transformado en regiones ricas y endulzar la vida de sus poblaciones. El caso del caf&eacute; es casi sim&eacute;trico: nacido en el Viejo Mundo es hoy principalmente producido en el Nuevo &#151;las tres cuartas partes por lo menos&#151;, pero los flujos de consumo &#151;reflejo de la dominaci&oacute;n&#151; tambi&eacute;n privilegian los pa&iacute;ses del Norte.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Todo esto es muy tangible. Si volvemos a la regi&oacute;n Jalisco&#45;Michoac&aacute;n, espacio de los dos art&iacute;culos, nos topamos tambi&eacute;n con lo intangible; y todo se vuelve sumamente complejo... y atractivo con el paisaje agavero, patrimonio cultural de la humanidad (2006), la cocina michoacana, patrimonio inmaterial de la misma humanidad (2010), y el mariachi recibiendo su reconocimiento en 2011. Hileras de agave azul, mezcal, tequila en botellas etiquetadas, uchepos, tortas de charales, canciones con cuerdas y trompetas y, sin olvidar, Los Guachimontones: as&iacute; se vende y se consume el mundo actual. &iexcl;Qu&eacute; lejos estamos de todo cl&iacute;max y otros mundos estables y simples que hemos perdido!</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si de flujos hablamos, no hay m&aacute;s esencial que el del agua, y la secci&oacute;n dedicada a lo que Verenice Ram&iacute;rez llama "el l&iacute;quido vital" lo demuestra ampliamente.<sup><a href="#notas">7</a></sup> Es particularmente cierto a partir del siglo XVIII, en el caso mexicano y, m&aacute;s a&uacute;n, del XIX. Entonces las haciendas y las ciudades crecen a la par, y se disputan por su posesi&oacute;n bajo el arbitrio del nuevo estado federal, como en el caso de Aguascalientes, la bien nombrada, en lucha desde 1829 con el propietario de la hacienda de Ojocaliente &#151;un Rinc&oacute;n Gallardo&#151; (v&eacute;ase el art&iacute;culo de Jes&uacute;s G&oacute;mez Serrano). Un episodio del eterno conflicto, dice el autor, entre "los chilares de los pobres y los trigales de los ricos", simplemente que ahora en un contexto jur&iacute;dicamente m&aacute;s abierto, desde la Independencia: el derecho es parte del ser intangible del metabolismo social. Conflicto, sin embargo, renovado por el mismo car&aacute;cter proteiforme del consumo de agua, aqu&iacute; en el medio urbano: en este caso se trata de la utilizaci&oacute;n de ba&ntilde;os p&uacute;blicos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La apropiaci&oacute;n para uso industrial del l&iacute;quido es una antigua realidad, pero que tom&oacute; otra dimensi&oacute;n con la Revoluci&oacute;n Industrial y la aparici&oacute;n del "hada" electricidad. Se multiplican los corredores industriales a lo largo de los r&iacute;os, como en el caso del Atoyac (Puebla&#45;Tlaxcala), y aumenta el valor del agua dentro de la inversi&oacute;n industrial, hasta m&aacute;s de la mitad del total del capital. Ya en 1897, la f&aacute;brica textil La Covadonga utilizaba la energ&iacute;a hidr&aacute;ulica, nos dice Sergio Francisco Rosas Salas. Consumible universal (hombres, plantas, animales), agente de transporte, materia prima y energ&iacute;a, el agua est&aacute; en todas nuestras actividades. Inclusive parte de su ciclo mar&#45;nube&#45;tierra&#45;consumo&#45;mar, autorreciclable, escapa tradicionalmente al proceso b&aacute;sicamente destructor del metabolismo social. Claro, hoy todo est&aacute; cambiando, hasta la inmensidad del mar no soporta ya nuestra contaminaci&oacute;n. Pero todo esto no se vislumbraba todav&iacute;a en el horizonte de 1888 cuando una ley federal regul&oacute; un acceso al agua favorable a la implantaci&oacute;n industrial, como en el caso de La Covadonga y sus 1,000 operarios.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De una revoluci&oacute;n a otra, de las ruedas y turbinas de La Covadonga a la "Bola" y sus consecuencias sobre el paisaje h&iacute;drico, s&oacute;lo hay un cambio de sentido y algunos a&ntilde;os de distancia, siguiendo a Antonio Escobar. Y as&iacute; introducimos el evento, esa cascarilla epid&eacute;rmica, en el amplio metabolismo social, siempre con la misma pregunta: &iquest;m&aacute;s cambian los hechos, m&aacute;s se sumergen en la continuidad? Aqu&iacute; la continuidad ofrece el rostro de la rutina, de los pudientes, del Estado centralizado, o los tres a la vez. Tambi&eacute;n la elasticidad al cambio merece en esos casos ser discutida: en materia de aguas, fue muy relativa, es decir, tard&iacute;a: las reglamentaciones tuvieron que esperar hasta 1926 e inclusive 1929. En amplia medida el art&iacute;culo de Jes&uacute;s Edgar Mendoza Garc&iacute;a, desde otros &aacute;mbitos &#151; Chilac y Teotihuacan&#151; pero con una periodicidad cercana plantea unas facetas pr&oacute;ximas, insistiendo sobre el papel del Estado federal.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tal conjunto de problem&aacute;ticas s&oacute;lo se pueden resolver en un marco geogr&aacute;fico preciso, como el valle de Rioverde descrito por Escobar, donde adem&aacute;s las condiciones geogr&aacute;ficas son contrastadas: un clima que requiere de la irrigaci&oacute;n, una pluviometr&iacute;a que la permite, unas zonas calizas y un encajonamiento del r&iacute;o Verde que la dificultan: es decir que los conflictos por el agua eran tradicionales aunque finalmente las tierras de riego siempre tuvieron una superficie limitada, unas 6,000 hect&aacute;reas en la regi&oacute;n, que pasaron casi en totalidad a manos de los ejidos. Como en muchas otras revoluciones, fue la voluntad de <i>statu quo</i> (la Cristiada) quien condujo a una afirmaci&oacute;n de la ruptura (agrarista y cedillista), y de conflicto en conflicto se deterior&oacute; el paisaje de riego, con contradicciones que nos pueden parecer alarmantes: las presas quedan en manos de los antiguos hacendados, los canales pasan a los ejidos. &iquest;Qui&eacute;n ide&oacute; soluciones tan poco viables? Hay en el metabolismo social reflujos que por lo menos son irracionales. Todo esto propici&oacute;, a partir sobre todo de la d&eacute;cada de 1950, otra ruptura en la continuidad, la multiplicaci&oacute;n de pozos en las partes calizas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En otra perspectiva, pero con problemas hidrofisicos parecidos (suelos permeables, aguas en altitudes inferiores a las tierras), desde su fundaci&oacute;n, la ciudad de Guadalajara, castigada por la escasez superficial de l&iacute;quido vital, le apost&oacute; tambi&eacute;n a los pozos (Alicia Torres Rodr&iacute;guez). Esta t&eacute;cnica fue complementada, muy temprano, con las galer&iacute;as filtrantes m&aacute;s eficientes que los simples pozos, originarias del Medio Oriente <i>(qanat, karez, foggara).</i> Es decir que muy temprano la tecnolog&iacute;a del agua perteneci&oacute; a un mundo cada vez m&aacute;s interconectado (de Persia a Am&eacute;rica, pasando por la zona mediterr&aacute;nea). Para 1796, las galer&iacute;as de Guadalajara alcanzaban una longitud de m&aacute;s de 11 kil&oacute;metros y abastec&iacute;an de agua a una poblaci&oacute;n de cerca de 20,000 habitantes. As&iacute; se dispon&iacute;a de un agua for&aacute;nea de buena calidad cuando los pozos urbanos estaban ya contaminados.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El sistema result&oacute; viable a lo largo del XIX, cuando la poblaci&oacute;n de la ciudad se multiplicaba por cinco. Sin embargo, aqu&iacute; como en muchas partes el siglo XX, la expansi&oacute;n urbana introdujo un desequilibrio fundamental: hasta entonces cada habitante dispon&iacute;a de unos 220 litros por d&iacute;a, en 1947 s&oacute;lo de 133. Y el problema no es &uacute;nicamente demogr&aacute;fico: la caducidad de muchas instalaciones es alarmante, la captaci&oacute;n de aguas de lluvia es cada vez m&aacute;s complicada, los usos indebidos de suelos son m&uacute;ltiples. Aqu&iacute; la improvisaci&oacute;n, la falta de perspectivas a largo plazo son otro peligro grave y el perro acaba mordi&eacute;ndose la cola.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En realidad, qui&eacute;n debe se&ntilde;alarse como principal actor en esas circunstancias: &iquest;la colectividad en su conjunto, sus elites econ&oacute;micas, las instituciones rectoras (Estado central, municipio)? Mendoza Garc&iacute;a, comparando dos regiones y dos desenvolvimientos radicalmente distintos, nos puede dar pautas para responder. En s&iacute;, Teotihuacan, templado y con notable humedad, y Chilac, semicalido seco, son diferentes, est&aacute; uno cercano al gran mercado de consumo mexicano y el otro aislado. Al tratar la posesi&oacute;n del agua hay diferencias notables: hasta los a&ntilde;os 1920, en Teotihuacan est&aacute; en manos privadas (hacendados) y el municipio no se opone a la acci&oacute;n del Estado federal que tiende a desposeerlas a partir de 1917, mientras haciendas y pueblos se enfrentan. Hacia 1930, las grandes propiedades han perdido la partida. En Chilac es la municipalidad quien se aprovecha econ&oacute;micamente del recurso &#151;hasta 89&#37; de sus ingresos&#151; y, por lo tanto, ofrecer&aacute; un respaldo a la lucha directa contra la intromisi&oacute;n federal, pero sin que esto significara un consenso en el nivel local. El l&iacute;quido vital es demasiado precioso para que todos los intereses converjan sin ri&ntilde;as y otros descalabros. Es as&iacute; que uno de los espacios de justicia m&aacute;s tradicionales, y tal vez antiguo, todav&iacute;a en actividad, sea el <i>Tribunal de las Aguas</i> de Valencia (Espa&ntilde;a).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desviamos un poema de su cauce en un principio, lo mismo haremos en el final: "La tierra es azul como una naranja"<sup><a href="#notas">8</a></sup> escrib&iacute;a Paul Eluard cuando no se dispon&iacute;a aun de fotograf&iacute;as por sat&eacute;lite. &iquest;Tal verso es un absurdo, tal vez una verdad profunda? Pero que la fuerza de la poes&iacute;a no nos desv&iacute;e de nuestro prop&oacute;sito: recordar y enfatizar la importancia del elemento l&iacute;quido, lo mismo en copos que cristalino, y a veces lodoso; fuente de vida pero tambi&eacute;n fen&oacute;meno destructor: mientras escribo me llegan las noticias del "monstruo" Haiyan desolando Filipinas, me llena el recuerdo de Manuel e Ingrid sobre parte de la Rep&uacute;blica mexicana. &iquest;Tenemos que prepararnos para vivir con m&aacute;s familiaridad con estos fen&oacute;menos meteorol&oacute;gicos aterradores? &iquest;Para eso les hemos puesto los nombres de nuestros amigos?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por esto, y para dejar una piedra blanca en el camino de <i>Relaciones,</i> hemos trastocado las reglas que aplica la revista: el lector asiduo &#151;los hay&#151; no encontrara aqu&iacute; el documento o las rese&ntilde;as que se acostumbran. No es precisamente porque se ha querido romper con la tradici&oacute;n. Dados los temas aqu&iacute; tratados, su importancia, la coherencia del conjunto, hemos pensado que se pod&iacute;a derivar, por una &uacute;nica vez, hacia una forma m&aacute;s libresca, &iquest;m&aacute;s perenne?, y as&iacute; desafiar el correr del tiempo y de las aguas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="notas"></a><b>Notas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> AGN, Misiones, vol. 25, "Carta annua de la provincia de la Compa&ntilde;&iacute;a de Jes&uacute;s de la Nueva Espa&ntilde;a, de los a&ntilde;os de 629 y 630", fol. 2.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> "Principe, no averiguar&eacute;is en una semana / d&oacute;nde est&aacute;n, ni en todo el a&ntilde;o, / que este estribillo no os lleve: / &iexcl;Mas d&oacute;nde est&aacute;n las nieves de anta&ntilde;o!".</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> V&eacute;ase la portada y <i>Hendrick Avercamp, Master of the Ice Scene,</i> Amsterdam, Rijksmuseum, 2009.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6547099&pid=S0185-3929201300040000200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> Sobre el tema sigue vigente Lucien Febvre, <i>La Terre et l'&eacute;volution humaine. Introduction g&eacute;ographique &agrave; lhistoire,</i> Par&iacute;s, L'Evolution de l'humanit&eacute;, 1924,    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6547101&pid=S0185-3929201300040000200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> escribe : "des n&eacute;cessit&eacute;s, nulle part. Des possibilit&eacute;s partout. Et l'homme, maitre des possibilit&eacute;s, juge de leur emploi &#91;...&#93;; l'homme et non la terre, ni les influences du climat ni les conditions d&eacute;terminantes des lieux" (p. 284). Febvre cre&oacute; la palabra "posibilismo" para definir (y encerrar) el pensamiento del ge&oacute;grafo Paul Vidal de La Blache.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> La secci&oacute;n "Ecolog&iacute;a, fruto del ambiente y del tiempo" ha sido coordinada por Paulina Machuca.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> Pa&iacute;s de Cuca&ntilde;a que los espa&ntilde;oles califican con el t&eacute;rmino "es Jauja &#91;primera ciudad de Per&uacute; donde lleg&oacute; Pizarro&#93;", los franceses: "c'est le P&eacute;rou". La invenci&oacute;n de Am&eacute;rica, de sus riquezas inagotables, abri&oacute; camino a ese optimismo peligroso, devastador.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> Esta secci&oacute;n ha sido coordinada por Mart&iacute;n S&aacute;nchez.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> "la terre est bleue comme une orange".</font></p>      ]]></body><back>
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