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</front><body><![CDATA[  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Presentaci&oacute;n</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sabed que la m&aacute;s principal y derecha intenci&oacute;n con que Nos movemos a enviar, y enviamos, nuestras gentes a descubrir y pacificar y poblar esas tierras es para que los indios y gentes de ellas sean convertidos en nuestra santa fe cat&oacute;lica. Y para ello conviene que se hagan entre ellos pueblos de cristianos para que con la conversaci&oacute;n y comunicaci&oacute;n, especialmente en la administraci&oacute;n de los divinos oficios en las iglesias y monasterios, ellos vengan en conocimientos de nuestra santa fe cat&oacute;lica &#91;...&#93;. Conven&iacute;a que los pueblos de los cristianos se hicieren y asentasen entre los indios en los lugares y partes m&aacute;s convenientes, y tuviesen con ellos m&aacute;s conversaci&oacute;n y trato, y se pudiesen hacer granjerias y criar ganados y otras cosas necesarias a la conservaci&oacute;n de los dichos pueblos.</font></p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2">Real Cedula al gobernador de Tierra Firme (Toledo, 19 de mayo de 1525).<sup><a href="#notas">1</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Durante a&ntilde;os el 'Camino a Delhi' ha parecido una opci&oacute;n bastante atractiva para jovencitas que buscan escapar de la pobreza, el hambre y los sue&ntilde;os destrozados de tener un dulce hogar.    <br> 	Inicialmente las monjas cat&oacute;licas organizaron alojamiento para las j&oacute;venes, hostales donde pod&iacute;an residir hasta que fueran ubicadas y centros de capacitaci&oacute;n y formaci&oacute;n.    <br> 	La abrumadora mayor&iacute;a de las empleadas dom&eacute;sticas de Delhi son mujeres tribales (ind&iacute;genas) que pertenecen a las comunidades Oraon, Caria y Munda.</font></p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2">Samar Bosu Mullick.<sup><a href="#notas">2</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los ind&iacute;genas atrapados, deslumbrados por las luces de la ciudad. Es una realidad muy antigua y diversa, y al mismo tiempo con constancias y entramados que se repiten a lo largo de los tiempos, como lo revelan, en sus diferencias, pero tambi&eacute;n en su motivaci&oacute;n central, los dos textos que aqu&iacute; sirven de proemio. Con toda intenci&oacute;n los hemos escogido distantes de cerca de 5 siglos y separados por varios oc&eacute;anos y continentes. Demuestran, finalmente que c&iacute;nicamente o no el infierno est&aacute; adoquinado de buenas intenciones. M&aacute;s bien "los infiernos", ya que los art&iacute;culos publicados en <i>Relaciones</i> revelan la participaci&oacute;n &#151;sino competici&oacute;n&#151; de varias Iglesias y autoridades civiles en apoyo a los ind&iacute;genas de las ciudades del norte de M&eacute;xico en la actualidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por supuesto, la atracci&oacute;n y explotaci&oacute;n ejercidas por la ciudad sobre el mundo ind&iacute;gena no aparece con 1492. Podremos, si entramos en consideraciones amplias y damos a los t&eacute;rminos sus sentidos literales, remontar 7 u 8,000 a&ntilde;os atr&aacute;s, cuando la revoluci&oacute;n neol&iacute;tica, aparte de deteriorar la dieta de la humanidad, permiti&oacute; acumular excedentes de la producci&oacute;n, dio sustento "al deseo de ciudad" como dir&iacute;a &Iacute;talo Calvino. As&iacute; empez&oacute; la explotaci&oacute;n de los campesinos o ind&iacute;genas (tribales se dir&iacute;a hoy en India) por los urbanos. As&iacute; nacieron dos culturas, una luc&iacute;fera, otra l&oacute;brega &#151;seg&uacute;n las ideolog&iacute;as dominantes, las urbanas&#151;, a lo largo de los milenios, con m&aacute;s o menos de contrastes. &Eacute;stos se acentuaron en tiempos imperiales: el imperialismo necesita ciudades brillantes desde donde imperar y de pueblos ind&iacute;genas de donde sacar la sangre que irriga todo el sistema. As&iacute; fue en tiempos de Roma, as&iacute; se repiti&oacute; en tiempos de la Monarqu&iacute;a cat&oacute;lica y m&aacute;s all&aacute;: el modelo no se vuelve obsoleto en 1821.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero 1492 y las olas imperiales que siguen, sean hispana, portuguesa, francesa, inglesa, traen algo m&aacute;s, que la Real Cedula de Carlos V subraya: el ind&iacute;gena no es ahora &uacute;nicamente el campesino, es decir un r&uacute;stico, a veces un vencido, sino que tambi&eacute;n es Otro. Con esto se crea una mayor distancia (y suspicacia), m&aacute;s explotaci&oacute;n todav&iacute;a, m&aacute;s legitimidad para el sistema dominante. &Eacute;ste se ti&ntilde;e definitivamente de una coloraci&oacute;n civilizadora (notemos la ra&iacute;z <i>civis)</i>. Hay un texto que en su ingenuidad y claridad nos transmite todo esto. Lo dirige el cabildo espa&ntilde;ol de Santiago de Chile al gobernador del reino, en 1552:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El cual dicho tianguez estuvo y se puso en la plaza mayor, y en ello se serv&iacute;a a Dios, y a S.M. y a us&iacute;a, e era en gran pro de los naturales por las razones que dir&eacute;. Lo primero que estando como est&aacute; la santa iglesia en la plaza, los naturales que est&aacute;n en el tianguez, ven administrar los divinos oficios, y es parte para que ellos y todos los dem&aacute;s indios vengan mas presto, vengan con el conocimiento de nuestra Santa Fee. &#91;...&#93;. Lo otro s&iacute;rvase Dios y S.M. que los naturales tengan libertad para que contraten unos con otros, y excusase que los dichos naturales no vayan a las tiendas de los mercaderes, adonde les llevan doblado de lo que vale. Y lo otro, es p&uacute;blico y notario que la cuarta parte del oro que se saca de las minas, hurtan los indios, y como est&aacute; en poder de ellos, es mejor que torne a volver a poder de los espa&ntilde;oles; y S. M. en ello recibe provecho, porque se le acrecientan cada un a&ntilde;o cantidad de veinte mil pesos de quintos. &#91;...&#93;. Lo otro, cualquier secreto que en la tierra Hai, Ansi de alzamiento de naturales como de minas de plata y oro, se descubre, a causa de la comunicaci&oacute;n que los espa&ntilde;oles tienen con los naturales.<sup><a href="#notas">3</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los m&oacute;viles pol&iacute;ticos, econ&oacute;micos, sociales y sobre todo culturales y religiosos est&aacute;n aqu&iacute;. Todo un proyecto multidisciplinar. Notemos la fecha temprana: el encadenamiento del ind&iacute;gena al faro urbano es un castigo que procede de tiempos lejanos, que de forma casi espont&aacute;nea retoma la ciudad de Santiago, en ese momento en gestaci&oacute;n: es como un mito de Prometeo al rev&eacute;s. Recalquemos que no se plantea la promiscuidad absoluta: el indio convive con el espa&ntilde;ol en el mercado, en el trabajo dom&eacute;stico, no en la noche: un <i>apartheid</i> antes de hora. Los vencedores en la traza central, el ind&iacute;gena en los barrios perif&eacute;ricos.<sup><a href="#notas">4</a></sup> Y cuando se descubre que el esquema se pervirti&oacute;, que los indios ya se infiltraron en la <i>traza,</i> es demasiado tarde, como lo revela el mot&iacute;n de M&eacute;xico el 8 de junio de 1692.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Siempre hay que desconfiar de las revoluciones, y la Industrial no ser&aacute; mejor que la neol&iacute;tica para La dieta y para los ind&iacute;genas, sean &eacute;stos los campesinos irlandeses, ingleses o europeos en general, separados de sus tierras, atra&iacute;dos, como lumpen proletariado en las grandes urbes.<sup><a href="#notas">5</a></sup> Esto se combina con un tiempo intermedio (o paralelo), el de la protoindustrializaci&oacute;n, es decir, la instalaci&oacute;n de la industria en el medio rural &#151;principalmente&#151;: remitimos al art&iacute;culo de Carlos Riojas, de la secci&oacute;n general. La ciudad luz es un pozo para estos trabajadores, literalmente, ya que muchos viven en verdaderas cuevas sin salubridad. Esto para el siglo XIX y el Viejo Continente. En los Nuevos Mundos hay todav&iacute;a un tiempo de espera: es "el siglo de la hacienda" que interpone su figura imponente entre campesino y ciudad. El ind&iacute;gena sigue en relaci&oacute;n con la ciudad, pero de forma org&aacute;nica, trajinando lo m&aacute;s vital para la ciudad: es decir, siendo imprescindible pero de una forma menos coercitiva que en tiempos coloniales.<sup><a href="#notas">6</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Curiosamente, el atractivo por el exotismo, los relatos de los numerosos viajeros, desembocan en un fen&oacute;meno extra&ntilde;o: las ciudades del Viejo Mundo necesitan poner m&aacute;s distancia con sus ind&iacute;genas, que ahora est&aacute;n poblando sus barrios m&aacute;s c&eacute;ntricos, y construyen un intruso sobre el modelo del Otro americano. En <i>Le P&eacute;re Goriot</i> (1835) Vautrin ilustra al joven Rastignac: "Paris, voyez&#45;vous, est comme une for&ecirc;t du Nouveau&#45;Monde, o&ugrave; s'agitent vingt esp&egrave;ces de peuplades sauvages, les Illinois, les Hurons, qui vivent du produit que donnent les diff&eacute;rentes chasses sociales".<sup><a href="#notas">7</a></sup> El libro m&aacute;s extenso de Alejandro Dumas (&iexcl;14 tomos!) se intitula <i>Les Mohicans de Paris</i> (1854).<sup><a href="#notas">8</a></sup> Con esto se cierra el multisecular episodio indigenista europeo; la Primera Guerra Mundial es un cataclismo tal que todo queda arrasado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero la relaci&oacute;n urbanos&#45;ind&iacute;genas toma otros caminos en los Nuevos Mundos &#151;incluyendo Africa y Asia&#151;, primero con la revoluci&oacute;n sanitaria y la industrializaci&oacute;n que la acompa&ntilde;a en los a&ntilde;os 1920, despu&eacute;s con la descolonizaci&oacute;n (Africa, Asia), finalmente con los movimientos migratorios que se amplifican, de campo a ciudad. Nacen megal&oacute;polis, se constituye una clase media que desea imitar las elites, es decir, tener su propia servidumbre, procedente del gran recipiente humano que es el mundo rural. Esto tiende a feminizar esas migraciones, a acentuar los desequilibrios ciudad&#45;campo: &iquest;con qui&eacute;n se casaran las 50,000 "mujeres tribales" que hoy viven en Delhi, y que faltan en los pueblos del Jharkand? &iquest;Qu&eacute; piensa la mujer aymara que observa con inter&eacute;s el fresco con los mineros ind&iacute;genas (v&eacute;ase portada) ? &Eacute;stos pertenecen a otro mundo ind&iacute;gena, minero y urbano, duro, de ra&iacute;z colonial, pero consolidado a lo largo del siglo XX: &iquest;hay comunicaci&oacute;n entre los dos universos, o s&oacute;lo fugazmente, a trav&eacute;s de la mirada de la mujer?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si los ind&iacute;genas (y en cierta forma los campesinos) han desaparecido de Europa en el transcurso de los siglos XIX&#45;XX, &iquest;qu&eacute; est&aacute; pasando en los otros mundos? Hay tentativas, pol&iacute;ticas o folkl&oacute;ricas (a veces las dos...) para reforzarlos o apoyarlos: movimientos neoindios intentan encontrar soluciones o por lo menos respuestas, a menudo con seriedad, a veces se pierden en fantas&iacute;as.<sup><a href="#notas">9</a></sup>Algo que se ha de evitar es "la filantrop&iacute;a local o nacional", como lo escribe aqu&iacute; Marco Vinicio Morales Mu&ntilde;oz. En cuanto a las "intermediaciones", son el caballo de Troya de otros actores (mestizos...).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hay una realidad ineluctable: la sombra de la ciudad se extiende cada vez m&aacute;s sobre ellos. Seg&uacute;n un informe a las Naciones Unidas, actualmente la mayor&iacute;a de los ind&iacute;genas de Australia, Canad&aacute;, Chile, Estados&#45;Unidos, Noruega, Kenya, Nueva Zelanda viven en medio citadino.<sup><a href="#notas">10</a></sup> Y por supuesto el fen&oacute;meno se va amplificando. En 1993, la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena urbanizada en Colombia era de 11.3%, en 2005 pas&oacute; a ser 21.4%. Esta evoluci&oacute;n no se debe &uacute;nicamente al canto de las sirenas urbanas (estuve a punto de escribir: ciudadanas): en el mismo tiempo la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena total se multiplic&oacute; por 2.6. No todos pod&iacute;an quedarse en sus tierras: sobre todo tomando en cuenta que el contexto pol&iacute;tico agitado conduc&iacute;a a una espoliaci&oacute;n de &eacute;stas.<sup><a href="#notas">11</a></sup> Lo cual es bastante generalizado a lo largo del siglo XX para los diferentes pa&iacute;ses con ind&iacute;genas. Los censos colombianos muestran adem&aacute;s que la gran mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena urbana vive en las principales ciudades del pa&iacute;s: algo que no parece desmentir el caso mexicano, y que ponen de relieve los estudios aqu&iacute; publicados sobre capitales de estados (Chihuahua, Monterrey, San Luis Potos&iacute;). Con una precisi&oacute;n: los desplazamientos a veces son temporales, se hacen por etapas, hasta llegar a la urbe que ofrece mayores opciones (art&iacute;culo de Diana Patricia Garc&iacute;a Tello): las facilidades residenciales que ofrece, por ejemplo, la ciudad de Monterrey, son esenciales, hasta favorecen cierto tipo de "territorializaci&oacute;n", con la introducci&oacute;n de la vegetaci&oacute;n caracter&iacute;stica de su regi&oacute;n o necesaria para sus pr&aacute;cticas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero entonces, si etimol&oacute;gicamente el ind&iacute;gena es el originario del pa&iacute;s, y se va a vivir a la ciudad cosmopolita y templo del individualismo, &iquest;por cu&aacute;nto tiempo sigue siendo a&uacute;n un ind&iacute;gena? El comunitarismo, desplazado de sus horizontes habituales (campos, sierras) puede durar un tiempo, es cierto; sin embargo, del "Oasis de los indios", se pasa simplemente, en Chihuahua, "al "Oasis" a secas. Pero tal vez sea &eacute;sta una pregunta m&aacute;s filos&oacute;fica que realista. La realidad, d&iacute;a tras d&iacute;a, est&aacute; en los art&iacute;culos que aqu&iacute; coordin&oacute; S&eacute;verine Durin. No hay mejor acercamiento, dentro de una temporalidad y un espacio delimitados &#151;contemporaneidad, norte de la republica mexicana&#151;, haciendo referencia a trabajos de campo y fuentes directas, integrando documentos iconogr&aacute;ficos a la demostraci&oacute;n. Despu&eacute;s del amplio repaso hist&oacute;rico, se pueden plantear los problemas de hoy, sino las soluciones de ma&ntilde;ana, ya que es &eacute;sta la verdadera ambici&oacute;n de todo cient&iacute;fico social. Y el acercamiento "a ras del suelo" con "microdatos" o casos individuales permite mitigar la desesperanza que nace de la perspectiva macrosc&oacute;pica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si se piensa que es por las instituciones, como expresi&oacute;n comunitaria, y apoyadas sobre el peso de la tradici&oacute;n &#151;aunque m&aacute;s o menos manipulada por las autoridades externas&#151; que se puede conformar una comunidad ind&iacute;gena nueva, urbana, el ejemplo del Oasis en Chihuahua es m&aacute;s bien ambiguo. Sin duda demuestra cierta permanencia, estabilidad, pero por debajo se manifiestan nepotismo, desorden, impotencia. Tal vez era lo mismo en la sierra, pero ah&iacute; todo pod&iacute;a tener otro significado y peso, en un contexto totalmente distinto. A partir de estos art&iacute;culos ser&iacute;a conveniente cruzar las incompatibilidades, adecuaciones y continuidades entre vida en la sierra (o los pueblos) y cotidianidad urbana. Y esto relacionado con las condiciones de vida: una joven aislada, empleada dom&eacute;stica en casa de miembros de la elite (S&eacute;verine Durin) no tiene la misma capacidad de sobrevivencia cultural que un alba&ntilde;il o una familia afan&aacute;ndose en alg&uacute;n crucero, pero viviendo en comunidad, y aunque las condiciones materiales sean m&aacute;s limitadas. En particular, la preservaci&oacute;n del marco familiar puede ser un elemento clave (M&oacute;nica Lizbeth Ch&aacute;vez Gonz&aacute;lez): esto es por supuesto universal, pero m&aacute;s esencial para grupos vulnerables y segregados como los ind&iacute;genas urbanos, es decir, desplazados.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Congregados, los ind&iacute;genas urbanos pueden recrear lugares con identidad, un tejido de convivencias materiales, pol&iacute;ticas o culturales (Garc&iacute;a Tello). Esto no deja de plantear una pregunta: &iquest;m&aacute;s visibilidad implica m&aacute;s discriminaci&oacute;n? Es posible, no totalmente demostrado: el caso del "servicio dom&eacute;stico de planta", diluido entre las residencias de la gente acomodada de Monterrey, invisible detr&aacute;s de sus fachadas, pero fuertemente discriminado, presenta una situaci&oacute;n inversa (Durin). La segregaci&oacute;n nutre la diferencia, est&aacute; un s&iacute;ndrome de fiebre obsidional entre los empleadores y conduce a tentativas de "blindaje" social: &iquest;de nuevo Roma asediada por los barbaros?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Alg&uacute;n sabor de esta &iacute;ndole debi&oacute; de conocer una y otra vez el puerto de Huatulco, asediado, saqueado y quemado, su cruz profanada, por los barbaros herejes, a partir de 1579, cuando debido a Francis Drake, y despu&eacute;s a Thomas Cavendish, el Pacifico dej&oacute; de ser un lago hispano. La historia que nos cuentan los documentos presentados por Nahui Ollin V&aacute;zquez Mendoza tiene adem&aacute;s un fuerte resabio medieval: cuantas comunidades en el siglo X, cargando sus reliquias, fueron huyendo, tierra adentro, de los temibles normandos. Cada a&ntilde;o se internaban m&aacute;s profundamente, pero siempre los barbaros los alcanzaban, hasta llegar al coraz&oacute;n del continente. Puerto devastado, Huatulco fue un pueblo n&oacute;mada, martirizado lo mismo que su iglesia. Con esto se replantea la pregunta que ha sido hasta ahora uno de los hilos negros de este n&uacute;mero de <i>Relaciones:</i> entre tantos tambaleos, &iquest;"existi&oacute; una resignificaci&oacute;n del ser huatulque&ntilde;o"? Si alcanzamos la actualidad, sin duda: Ollin Nahui V&aacute;zquez, &eacute;l mismo huatulque&ntilde;o, escribe la historia de su comunidad, desde la ciudad de M&eacute;xico. De inter&eacute;s son las breves informaciones que se nos dan sobre la pr&aacute;ctica de te&ntilde;ir hilo a base de las secreciones de un caracol marino en esta costa de Oaxaca, lo que tiene vigencia hasta hoy en d&iacute;a: ni m&aacute;s ni menos que el murex, productor de la purpura real, en el que se interes&oacute; tambi&eacute;n la Commision Scientifique du Mexique (v&eacute;ase adelante).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por supuesto, los obrajeros de M&eacute;xico y Puebla en 1597, presentados por Manuel Mi&ntilde;o Grijalva, estaban en otras latitudes con sus centenares de miles de varas de tejidos comunes producidas por a&ntilde;o. El texto tiene un doble enfoque: historia econ&oacute;mica, y es lo m&aacute;s evidente. Pero si se encuentra en esta secci&oacute;n de notas y debates es que presenta otro inter&eacute;s: la dificultad &#151;y por lo tanto la fragilidad&#151; para usar datos estad&iacute;sticos directos en una &eacute;poca alta, claramente preestad&iacute;stica. Es as&iacute; que las sumas de los cuadros establecidos en 1597 est&aacute;n generalmente err&oacute;neas. Remitimos al anexo: para Puebla, sumando todos los errores, se lleva a un margen de 7.9% de error debido al escribano. A esta aproximaci&oacute;n primera hay que a&ntilde;adir todas las deficiencias de la informaci&oacute;n y disimulaciones de entonces. Es este &uacute;ltimo punto que revela la lista de la producci&oacute;n (en reales) de pa&ntilde;os <i>18nos</i> por parte de M&eacute;xico: todas las cifras est&aacute;n redondeadas a dos millares (no hay miles impares), y sobre todo los 32 casos se reparten entre 11 cifras distintas &uacute;nicamente. La m&aacute;s repetida es la de 18,000 (8 veces), siguen 24,000 y 30,000 (5 veces cada una): instintivamente (?) un poco por debajo de la media real que es de 26,156, o enmarc&aacute;ndola. Esto no quita inter&eacute;s a los datos de esta &iacute;ndole, pero es advertencia para quien quisiera torturarlos con demasiada sofisticaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con la protoindustrializaci&oacute;n, como ya hemos comentado, se fortalece el tri&aacute;ngulo campesino&#45;ind&iacute;gena/campo/ciudad. Aqu&iacute; tengo que confesar: uno de los art&iacute;culos que m&aacute;s me ha impactado en mi recorrido acad&eacute;mico es el de Franklin Mendels, "Des industries rurales &aacute; la protoindustrialisation: historique d'un changement de perspective".<sup><a href="#notas">12</a></sup> Contestaba a una serie de cr&iacute;ticas acaloradas, despu&eacute;s de m&aacute;s de 10 a&ntilde;os de discusiones, apoyado sobre un lujo de citas y nombres impresionantes: los de Henri Pirenne, Fernand Braudel y Ernest Labrousse no eran los menos. Pero por eso mismo el autor se manten&iacute;a en el &aacute;mbito europeo, por no decir anglofranc&eacute;s, y lograba convencer. El art&iacute;culo de Carlos Riojas viene cerca de 30 a&ntilde;os despu&eacute;s, es decir, con todas las propuestas que se pueden esperar alrededor de una cuesti&oacute;n que sigue candente en los talleres hist&oacute;ricos. En referencia a los a&ntilde;os 1980 notare aqu&iacute; dos puntos: una mayor precauci&oacute;n (&iquest;modestia?): hay que usar del modelo "con precauci&oacute;n"; asociada a un real atrevimiento &#151;o ampliaci&oacute;n de los conocimientos&#151; ya que se extiende el fen&oacute;meno del Jap&oacute;n de la era Tokuwaga al Minas Gerais, pasando por supuesto por el Baj&iacute;o en el siglo XVIII. Es sin duda una perspectiva enriquecedora, un art&iacute;culo importante, y como tal se presta a la discusi&oacute;n. En particular, percibo dos puntos por debatir, entre otros: sabemos que desde por lo menos el xvii, en los Andes hay verdaderas manufacturas en las haciendas, pero son excepciones: &iquest;c&oacute;mo se pasa, en el campo, de una producci&oacute;n familiar para el mercado local o autoconsumo, a otra abierta al exterior? En Europa existe la figura del negociante o tratante, &iquest;pero en Hispanoam&eacute;rica, existe tal personaje, por lo menos en fechas tempranas? la irrupci&oacute;n de productos textiles ingleses a bajo costo en las posesiones de la Monarqu&iacute;a espa&ntilde;ola, desde fines del siglo XVIII, signific&oacute; la ruina para la industria urbana y rural textil, y por lo tanto de la protoindustrializaci&oacute;n y comprometi&oacute; por un largo tiempo la Revoluci&oacute;n industrial en esos pa&iacute;ses: &iquest;o es esto una visi&oacute;n demasiado simplificadora?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hay una clara continuidad con el texto de Juan Carlos Cort&eacute;s M&aacute;ximo sobre la desamortizaci&oacute;n en Michoac&aacute;n. En Inglaterra de la segunda mitad del XVIII, la revoluci&oacute;n "agr&iacute;cola" y el movimiento de "enclosures", son condiciones necesarias al <i>take off</i> de la industria. Un siglo despu&eacute;s, en Michoac&aacute;n &#151;e Hispanoam&eacute;rica en general&#151; &iquest;se puede esperar algo parecido? Acordemos de buen grado que los contextos son bastante diferentes: si hab&iacute;a tierras comunales en Europa, nunca tuvieron la importancia que se les conoc&iacute;a en Am&eacute;rica. Salvo en Rusia, las comunidades campesinas tampoco ten&iacute;an el mismo arraigo. Adem&aacute;s, desde el siglo XVII, en Holanda primero, se estaba perfilando una revoluci&oacute;n agr&iacute;cola en Europa, que todav&iacute;a no llegaba, por lo menos con esa dimensi&oacute;n productivista, al mundo hispanoamericano a principios del XIX. Dicho de otra forma, la resistencia de las comunidades hispanoamericanas se apoyaba sobre realidades tangibles. La actitud de las elites del Nuevo Mundo pertenec&iacute;a m&aacute;s a la ideolog&iacute;a que a una conducta premeditada y concreta &#151;mejorar la productividad del campo, por ejemplo&#151; y por lo tanto result&oacute; timorata: en el proyecto michoacano la ley se aplicaba a los "sobrantes de comunidad" &uacute;nicamente. Unas elites que adem&aacute;s segu&iacute;an en el molde cultural colonial, distinguiendo "gente de raz&oacute;n" e ind&iacute;genas, y dentro de los naturales entre las "primitivas familias" y las dem&aacute;s. En tales condiciones fue factible oponerse o desvirtuar la medida.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La historia de la Commission Scientifique du Mexique (Rosaura Ram&iacute;rez Sevilla y Ismael Ledesma&#45;Mateos) es inseparable de sus predecesoras, la Commission des Sciences et des Arts fundada por el otro Bonaparte en el transcurso de la expedici&oacute;n de Egipto (1798) y la <i>Exploration scientifique de l'Alg&eacute;rie pendant les ann&eacute;es 1840,1841, 1842,</i> despu&eacute;s de la conquista del pa&iacute;s en 1830. Se mezclan exotismo, imperialismo &#151;pol&iacute;tico, militar y cultural&#151; y por lo tanto disimetr&iacute;a: una "alta cultura" trataba de rescatar lo recalcable &#151;y explotable&#151; de otra ind&iacute;gena. En el nivel macro, es la problem&aacute;tica dentro de la cual se ha encerrado a los ind&iacute;genas, urbanos o no, hasta hace unas d&eacute;cadas, en el mejor de los casos. Por supuesto no se trata aqu&iacute; de descalificar los trabajos de dicha comisi&oacute;n: tambi&eacute;n estaba bajo los auspicios de Alejandro von Humboldt.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">"Del choque de las civilizaciones" regresemos a la convivencia con el Otro: fue tambi&eacute;n, en este ya largo recorrido una de nuestras preocupaciones. Nos apoyaremos sobre el art&iacute;culo de Jos&eacute; Carlos V&aacute;zquez quien intenta abrir cortafuegos a la incivilidad creciente: as&iacute; se podr&aacute; establecer una asimetr&iacute;a contraria (y positiva) a todas las que hemos apuntado a lo largo del camino. Si nuestro "ego&iacute;smo sagrado" nos lo permite (palabras y pesimismo de historiador). &iexcl;Es tan f&aacute;cil corromper los conceptos (y los sentimientos)!: la equidad aqu&iacute; buscada justific&oacute; en otros tiempos la sociedad de privilegios.<sup><a href="#notas">13</a></sup> Es cierto que si se corrompe negativamente, tambi&eacute;n puede ser en otro sentido, y la "discriminaci&oacute;n positiva" es hoy un concepto debatido, aceptado inclusive. Tal vez es por eso que Jon Elster considera urgente poner un poco de racionalidad en el di&aacute;logo entre seres. Ahora bien, si aceptamos la propuesta de V&aacute;zquez de una "reflexi&oacute;n profunda" sobre el actuar humano, tal vez descubramos con espanto que la guerra es una de las conductas que encierra mayor racionalidad.<sup><a href="#notas">14</a></sup></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Creo que es tiempo de dejar de lado los trastes de historiador, recobrar una actitud m&aacute;s abierta: ser simplemente "versado en humanidades", o en ind&iacute;genas, ya que todos, del campo o de la ciudad, de aqu&iacute; o all&aacute;, mucho o poco, lo somos. Jos&eacute; Carlos V&aacute;zquez termina su texto sobre la palabra "semejantes": es sin duda una de las m&aacute;s bellas del lenguaje universal de la raz&oacute;n y del sentimiento.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="notas"></a><b>Notas</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> En Francisco de Solano, <i>Normas y leyes de la ciudad hispanoamericana,</i> Madrid, CSIC, 1996, 86.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6523486&pid=S0185-3929201300020000100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> "Mujeres tribales en servicio domestico en Delhi&#45;Indias", en <i>Asuntos ind&iacute;genas,</i> Copenhague, n&uacute;ms. 3&#45;4, 2002, 17&#45;18.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6523488&pid=S0185-3929201300020000100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> <i>Primer libro de Actas del cabildo de Santiago,</i> de 1541&#45;1557, Santiago, 1861, 307&#45;308.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6523490&pid=S0185-3929201300020000100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> V&eacute;ase Felipe Castro, coord., <i>Los indios y las ciudades de Nueva Espa&ntilde;a,</i> M&eacute;xico, UNAM, 2010.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6523492&pid=S0185-3929201300020000100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> En paralelo, lo que ocurre en Hispanoam&eacute;rica, v&eacute;ase el art&iacute;culo de Juan Carlos Cort&eacute;s M&aacute;ximo.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> Andr&eacute;s Lira, <i>Comunidades ind&iacute;genas frente a la ciudad de M&eacute;xico: Tenochtitl&aacute;n y Tlatelolco, sus pueblos y barrios, 1812&#45;1919,</i> M&eacute;xico, El Colegio de M&eacute;xico, 1983.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6523495&pid=S0185-3929201300020000100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> El mejor testimonio, es el de Manuel Payno y sus <i>Bandidos de R&iacute;o Fr&iacute;o,</i> v&eacute;ase en particular el cap&iacute;tulo xi de la segunda parte, "Los almacenes de fruta".</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> <i>Sc&egrave;nes de la vie parisienne. Le P&egrave;re Goriot,</i> Par&iacute;s, 1856, 27.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6523497&pid=S0185-3929201300020000100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> Sobre el tema v&eacute;ase Dominique Kalifa, <i>Crimen y cultura de masas en Francia, siglos XIX&#45;XX,</i> M&eacute;xico, Instituto Mora, 2008,    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6523499&pid=S0185-3929201300020000100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> en particular "Arqueolog&iacute;a del 'apachismo': barbaros y pieles rojas en el siglo XIX", p. 37&#45;52.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6523500&pid=S0185-3929201300020000100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup> Sobre la complejidad de esos fen&oacute;menos, su diversidad entre los Andes y M&eacute;xico, y relacionados directamente con el urbanismo, v&eacute;ase Jacques Galinier y Antoinette Molini&eacute;, <i>Les n&eacute;o&#45;indiens. Une religion du III mill&eacute;naire,</i> Par&iacute;s, Odile Jacob, 2006.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6523502&pid=S0185-3929201300020000100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> No se deben por supuesto confundir con los grupos proind&iacute;genas presentes en los art&iacute;culos.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup> Rodolfo Stavenhagen, <i>Los pueblos ind&iacute;genas y sus derechos,</i> M&eacute;xico, UNESCO, 2002&#45;2007, 146.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6523504&pid=S0185-3929201300020000100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>11</sup> V&eacute;ase <a href="http://www.observatorioetnicocecoin.org.co/index.php" target="_blank">http://www.observatorioetnicocecoin.org.co/index.php</a>. Es cierto que el crecimiento en tan corto tiempo es problem&aacute;tico. Son las cifras que aparecen...</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i><sup>12</sup> Annales,</i> n&uacute;m. 5, 1984, 977&#45;1008.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>13</sup> Beatriz Rojas, coord., <i>Cuerpo pol&iacute;tico y pluralidad de derechos: los privilegios de las corporaciones novohispanas,</i> M&eacute;xico, CIDE, 2007.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6523508&pid=S0185-3929201300020000100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>14</sup> Se puede leer sobre esto Michael Walzer, <i>Just and Unjust Wars,</i> Basic Books, 1977.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6523510&pid=S0185-3929201300020000100012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> Uno de los libros con la l&oacute;gica m&aacute;s implacable que conozco es el de Karl von Clausewitz, <i>De la guerra.</i></font></p>      ]]></body><back>
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