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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>              <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Rodolfo Su&aacute;rez Molnar, <i>Explicaci&oacute;n hist&oacute;rica y tiempo social</i></b></font></p>             <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>              <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Rogelio Jim&eacute;nez Maree*</b></font></p>             <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>             <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Colecci&oacute;n Autores, Textos y Temas. Psicolog&iacute;a n&uacute;mero 27, Barcelona, UAM&#45;Cuajimalpa, Anthropos editorial, 2007, 206 p.</b></font></p>             <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>             <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Universidad Iberoamericana&#45;Puebla,</i> <a href="mailto:rojimarc@yahoo.com.mx">rojimarc@yahoo.com.mx</a>.</font></p>             ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La reflexi&oacute;n sobre la pr&aacute;ctica historiogr&aacute;fica representa un gran reto intelectual, pues el que asume tal tarea no s&oacute;lo debe conocer las principales corrientes te&oacute;ricas, tanto del pasado como del presente, sino que tambi&eacute;n debe tener gran capacidad de s&iacute;ntesis y an&aacute;lisis de una informaci&oacute;n que, por lo regular, resulta muy dif&iacute;cil de asimilar. No ser&iacute;a aventurado afirmar que la labor del te&oacute;rico de la historia es ingrata, pues muchas de sus propuestas no son del todo conocidas por los historiadores y, en ciertos casos, son hasta desde&ntilde;adas por los que le dan preponderancia a los datos emp&iacute;ricos. Dado lo anterior, se debe aplaudir la aparici&oacute;n del libro <i>Explicaci&oacute;n hist&oacute;rica y tiempo social</i> de Rodolfo Su&aacute;rez, pues esta obra, fruto de su tesis doctoral, no s&oacute;lo es rica en propuestas te&oacute;ricas, sino que tambi&eacute;n invita a repensar la forma en la que planteamos nuestras propias investigaciones. Rodolfo parte de la idea de que el an&aacute;lisis epist&eacute;mico de los historiadores se ha centrado en el examen de los problemas conceptuales y metodol&oacute;gicos de la historia epis&oacute;dica, motivo por el que las concepciones te&oacute;ricas conservan varias de las tesis que justifican esa manera particular de aproximarse al pasado, entre las que sobresale la noci&oacute;n de acontecimiento hist&oacute;rico que se ha vuelto el centro de atenci&oacute;n de la cr&iacute;tica porque ha ampliado el repertorio de los hechos humanos que caen en la categor&iacute;a de hist&oacute;ricos. El autor menciona que en Fernand Braudel se puede encontrar a uno de los primeros cr&iacute;ticos de la historia epis&oacute;dica, pues aunque reconoc&iacute;a que en ella se manifestaba la historia "m&aacute;s apasionante", tambi&eacute;n daba lugar a las trivialidades. La cr&iacute;tica braudeliana al tiempo hist&oacute;rico profundizaba en los criterios que se deb&iacute;an utilizar para otorgar la categor&iacute;a de hist&oacute;rico a un evento, pues no se pod&iacute;a precisar <i>a priori</i> lo que se deb&iacute;a considerar como un hecho hist&oacute;rico.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Braudel consideraba que la distancia temporal constitu&iacute;a el principal criterio para separar lo trascendente de lo accidental; en este sentido, la distancia permit&iacute;a diferenciar la experiencia vivida de la experiencia hist&oacute;rica. La significaci&oacute;n hist&oacute;rica de un acontecimiento no s&oacute;lo depend&iacute;a de las consecuencias que provoc&oacute;, sino de su relaci&oacute;n con los estratos temporales que sobrepasaban la vida de los individuos. El historiador franc&eacute;s desconfiaba de la historia epis&oacute;dica, debido a que el tiempo corto, por su naturaleza, era un tanto ininteligible. Ante tal situaci&oacute;n, el conocimiento hist&oacute;rico requer&iacute;a que lo acontecido fuera revisado mediante perspectivas que rebasaban la temporalidad de los agentes. Al estudiar las estructuras de la vida cotidiana, Braudel mostraba un modelo global de desarrollo hist&oacute;rico, en el que se presentaba una dicotom&iacute;a entre la esfera de la rutina (civilizaci&oacute;n) y la de la creatividad (cultura). Entender a las civilizaciones como "interminables continuidades hist&oacute;ricas" generaba una forma particular de lectura del pasado, en el que la significaci&oacute;n hist&oacute;rica de un acontecimiento no depend&iacute;a s&oacute;lo de sus v&iacute;nculos con la larga duraci&oacute;n, sino tambi&eacute;n de su contemplaci&oacute;n en estratos temporales que lo resignificaban. As&iacute;, la larga duraci&oacute;n se constitu&iacute;a en un modelo global de desarrollo hist&oacute;rico.</font></p>            <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A pesar de que Rodolfo reconoce la importancia de la cr&iacute;tica braudealiana en contra de la historia epis&oacute;dica, menciona que &eacute;sta, al igual que las de otros autores, no han cuestionado cuatro aspectos centrales de esa categor&iacute;a: la hip&oacute;tesis de la unicidad de la materia hist&oacute;rica; la concepci&oacute;n de la historia como relato de los episodios y los hombres excepcionales; la asociaci&oacute;n de la historia con lo irrepetible y la asimilaci&oacute;n de la explicaci&oacute;n hist&oacute;rica con lo teleol&oacute;gico o la narrativa que conduce al individualismo. El autor considera que el an&aacute;lisis de estos puntos permitir&iacute;a tener una mejor comprensi&oacute;n de la experiencia hist&oacute;rica en s&iacute;, an&aacute;lisis que presenta en los cuatro cap&iacute;tulos que conforman el libro y en los que desmenuza con gran precisi&oacute;n los l&iacute;mites de la historia epis&oacute;dica.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el primer cap&iacute;tulo, el autor cuestiona la tesis de la unicidad de la materia hist&oacute;rica para lo cual menciona que la mayor&iacute;a de los historiadores y te&oacute;ricos de la historia han negado la existencia de leyes o regularidades, pero el principal problema de esa concepci&oacute;n es que no se ha establecido que es lo que se entiende por ley hist&oacute;rica, pues una cosa es rechazar la existencia de principios universales que expliquen el proceso hist&oacute;rico en su conjunto y otra derivar de esa repulsa la inexistencia de cualquier tipo de regularidad o generalidad hist&oacute;rica. El rechazo al modelo nomol&oacute;gico en la historia es producto de la idea general del hombre que, en parte, ha sido gestada por la misma historia. La conciencia hist&oacute;rica se funda en tres principios: un presente hist&oacute;ricamente constituido, la relativizaci&oacute;n de las opiniones y la predisposici&oacute;n a reconocer la diferencia. La ausencia de regularidades significativas y los prejuicios desde los que la experiencia hist&oacute;rica es realizada podr&iacute;an evidenciar que no existen leyes o conjuntos de principios generales capaces de explicar el devenir de la historia, pero Rodolfo considera que la historia ha dado muestras de la existencia de patrones y principios generales cuyos alcances epistemol&oacute;gicos no se pueden trivializar. Aunque el conocimiento hist&oacute;rico requiere de cierto grado de generalizaci&oacute;n, &eacute;ste dif&iacute;cilmente alcanzar&iacute;a la regularidad necesaria para que se le considerara como enunciados legaliformes. El autor advierte que como no es posible realizar la descripci&oacute;n completa de un acontecimiento, la unicidad no se puede considerar un rasgo distintivo de la materia hist&oacute;rica, pese a que los historiadores han enfatizado que en &eacute;sta se puede encontrar el estatuto propiamente hist&oacute;rico de los acontecimientos. Es evidente que el historiador requiere de conceptos generales que le permitan seleccionar los hechos y la propia noci&oacute;n de acontecimiento obliga a su utilizaci&oacute;n. Si se concede que el historiador necesita principios generales, se debe aceptar que una parte de su materia est&aacute; constituida por hechos de cierta clase y no s&oacute;lo por acontecimientos &uacute;nicos e irrepetibles, lo que implica, para lo hist&oacute;rico, un cierto grado de regularidad causal con lo que &eacute;stos forman parte de un fen&oacute;meno m&aacute;s general.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el segundo cap&iacute;tulo, Rodolfo analiza las dos tesis que, desde su perspectiva, dificultan la conceptualizaci&oacute;n de las historias socializantes: la causa hist&oacute;rica y la explicaci&oacute;n por razones. La explicaci&oacute;n, entendida como el ordenamiento y configuraci&oacute;n de la materia hist&oacute;rica, est&aacute; supeditada al uso de cierto tipo de conceptos e hip&oacute;tesis generales, aunque &eacute;stas no tienen la misma funci&oacute;n metodol&oacute;gica y conceptual que las leyes del modelo nomol&oacute;gico. As&iacute;, el contraste esencial entre la explicaci&oacute;n nomol&oacute;gica y la hist&oacute;rica radica en que la primera busca la incorporaci&oacute;n de hechos particulares en enunciados mientras que la segunda toma los conceptos generales para identificar las particularidades del acontecimiento. Aunque los historiadores se niegan a reconocer que las causas sean condiciones necesarias y suficientes para la ocurrencia de los hechos, no se debe pasar por alto que el an&aacute;lisis causal permite establecer principios que pueden producir resultados semejantes de manera razonable, adem&aacute;s de que la polisemia del concepto permite tipificar las distintas formas de vinculaci&oacute;n entre eventos y las diferencias de explicaci&oacute;n que cada tipo requiere. Una de las razones por las que no se acepta el modelo nomol&oacute;gico en la historia es que &eacute;ste atenta contra algunos elementos de la noci&oacute;n del hombre, tales como la otredad, el libre albedr&iacute;o y la intencionalidad de la acci&oacute;n humana. Lo que se discute en la explicaci&oacute;n nomol&oacute;gica no s&oacute;lo es la libertad del agente para decidir, sino la imposibilidad de reconstruir, mediante leyes, el prop&oacute;sito que gu&iacute;a su elecci&oacute;n. Si los acontecimientos hist&oacute;ricos son producto de acciones intencionales, &eacute;stas no se subsumen en una ley general sino que las partes de la acci&oacute;n se encuentran vinculadas por un mecanismo motivacional que requiere de una explicaci&oacute;n teleol&oacute;gica, aunque Rodolfo considera que es mejor hablar de una explicaci&oacute;n por razones m&aacute;s que teleol&oacute;gicas, pues de esa manera se evidencia que no todo factor humano es intencional y se pueden incluir los mecanismos irracionales. A pesar de que la historia utiliza leyes, conceptos generales y tipos ideales extra&iacute;dos de otras disciplinas, carece de la capacidad de predecir por dos motivos: la ausencia de una l&oacute;gica entre acontecimientos y la intencionalidad de la acci&oacute;n humana.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el tercer capitulo, el autor examina las tesis narrativistas que han robustecido la idea de que la configuraci&oacute;n de la materia hist&oacute;rica no responde s&oacute;lo a sus caracter&iacute;sticas intr&iacute;nsecas y que la funci&oacute;n configurante de la operaci&oacute;n hist&oacute;rica no se reduce al establecimiento de la problem&aacute;tica, el planteamiento de hip&oacute;tesis o la selecci&oacute;n y cr&iacute;tica documental. En este sentido, Hayden White es una figura central para conocer de qu&eacute; manera se logr&oacute; conducir la ret&oacute;rica del discurso hist&oacute;rico hacia una teor&iacute;a pol&iacute;tica del mismo, situaci&oacute;n que evidencia que los compromisos ideol&oacute;gicos son ineludibles en la configuraci&oacute;n del texto y de la materia hist&oacute;rica, es decir, que toda escritura de la historia es tambi&eacute;n, y por necesidad, una funci&oacute;n de la historia. Estos argumentos justifican tres asuntos: que lo hist&oacute;rico es producto de la interpretaci&oacute;n; que la evaluaci&oacute;n epist&eacute;mica de la historia no puede reducirse a la confirmaci&oacute;n "emp&iacute;rica" de proposiciones particulares del pasado; y que en el an&aacute;lisis del conocimiento hist&oacute;rico es necesario traspasar el terreno epist&eacute;mico para situarse en las dimensiones &eacute;tica y est&eacute;tica. Lo anterior no implica que el pasado sea un lugar de invenci&oacute;n o que el historiador tenga libertad de inventar las relaciones y proyectar cualquier estructura. La paradoja m&aacute;s interesante de la historia no es que un acontecimiento tenga distintos significados en distintas narraciones, sino que existan historias falsas cuyas declaraciones particulares son todas o casi todas verdaderas. Aunque White ha logrado evidenciar que la estructura del discurso hist&oacute;rico es un artificio literario, el principal problema de su planteamiento es que al considerar que toda historia est&aacute; tramada de alguna manera, no se puede introducir un tipo de ordenamiento diacr&oacute;nico en una historia estructural. La trama no constituye una secuencia de acontecimientos, sino una forma especifica de establecer una direccionalidad en la sucesi&oacute;n. Para el autor, la historicidad de los acontecimientos no se deriva &uacute;nicamente de su lugar en el desarrollo en el relato, sino de la relaci&oacute;n que establece con los fen&oacute;menos generales. Aunque se debe tener en cuenta que la operaci&oacute;n hist&oacute;rica est&aacute; asociada a la imposici&oacute;n, no arbitraria, de estructuras que no est&aacute;n en el pasado, con lo que se abre una brecha entre la explicaci&oacute;n vivida y la hist&oacute;rica.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el cuarto cap&iacute;tulo, Rodolfo analiza los planteamientos del historiador ingl&eacute;s R. H. Collingwood, quien sustentaba que la historia se encontraba asociada con el problema del autoconocimiento de la mente, es decir, la historia se ocupaba de aquellas acciones que hab&iacute;an dejado constancia material de su existencia y sobre las cuales era posible desentramar el pensamiento que les dio origen. Pese a las cr&iacute;ticas que recibi&oacute; la propuesta, la idea del autoconocimiento de la mente fundada en la recreaci&oacute;n de los pensamientos del otro, responde a un problema epistemol&oacute;gico derivado de las circunstancias particulares con que los historiadores trabajan. Collingwood no buscaba en la revivificaci&oacute;n una base emp&iacute;rica del conocimiento, sino que &eacute;ste se convert&iacute;a en un sustento del estatuto epistemol&oacute;gico de las explicaciones hist&oacute;ricas. Aunque en la restituci&oacute;n del pensamiento establec&iacute;a el fundamento epist&eacute;mico de la explicaci&oacute;n hist&oacute;rica, Collingwood insist&iacute;a en que el estatus de cientificidad de la historia depend&iacute;a de las pruebas materiales que justificaban la versi&oacute;n que el historiador presentaba del pasado, esto es, se deb&iacute;a revalorar la autoridad de las fuentes y el tipo de operaci&oacute;n que sobre ellas realizaba el historiador. El pensador ingl&eacute;s advert&iacute;a que la comprensi&oacute;n de un pensamiento pasado era posible, debido a que el pensamiento era eterno, es decir, distinto a la experiencia inmediata y con una cierta racionalidad que permit&iacute;a revivificarlo. Por este motivo, Collingwood estaba en contra de contextualizar las ideas, pues ello significaba restringir el pensamiento a una forma de experiencia inmediata. Pensar que el conocimiento hist&oacute;rico s&oacute;lo pod&iacute;a ocuparse de un acto consumado, planteaba un l&iacute;mite de aquello que pod&iacute;a ser materia de disquisici&oacute;n hist&oacute;rica e imposibilitaba hacer una historia del presente. Sin embargo, la reconstrucci&oacute;n del contenido conceptual de un acto de pensamiento no era suficiente para su revivificaci&oacute;n, pues para ello se requerir&iacute;a restituir algunas de las condiciones en que el acto se realiz&oacute; y su contexto conceptual. Ahora bien, si mediante la revivificaci&oacute;n se obten&iacute;a un pensamiento id&eacute;ntico al pasado, entonces la reconstrucci&oacute;n ser&iacute;a posible si se eliminaban los significados que la explicaci&oacute;n hist&oacute;rica ten&iacute;a con respecto a las disquisiciones que los agentes pod&iacute;an ofrecer de sus propios actos. Sin embargo, el autor considera que la idea de revitalizar los pensamientos pasados no s&oacute;lo enfrentaba problemas en el nivel de la capacidad para llevar a cabo la maniobra, sino que su realizaci&oacute;n supondr&iacute;a un intento por devolver el pensamiento a la inmediatez de la que ha salido.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como se puede apreciar, el libro de Rodolfo Su&aacute;rez constituye una aportaci&oacute;n grande a la reflexi&oacute;n te&oacute;rica de la historia, pues el autor no s&oacute;lo demuestra gran conocimiento de las principales corrientes te&oacute;ricas e historiogr&aacute;ficas, sino que adem&aacute;s nos invita a pensar en la manera en la que los historiadores han construido sus textos. El m&eacute;rito del texto es mayor si se considera que Rodolfo es un pensador joven y es uno de los pocos que, desde nuestro pa&iacute;s, han asumido la tarea de ofrecer propuestas profundas que ser&aacute;n de gran utilidad para todos aquellos que se acerquen a su escrito, tanto estudiantes como profesores e investigadores.</font></p>      ]]></body>
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