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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Entretejiendo el mundo rural en el oriente de SLP, siglos XIX y XX]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Antonio Escobar Ohmstede y Ana Ma. Guti&eacute;rrez Rivas, coords., <i>Entretejiendo el mundo rural en el oriente de SLP, siglos XIX y XX</i></b></font></p>      <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Yanga Villag&oacute;mez Vel&aacute;zquez*</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>M&eacute;xico, Ciesas, Colsan, 2009, 356 p.</b></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">* El Colegio de Michoac&aacute;n. Correo e: <a href="mailto:yanga@colmich.edu.mx">yanga@colmich.edu.mx</a></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El estudio de la sociedad rural y de los territorios campesinos en el pa&iacute;s requiere de una revisi&oacute;n documental amplia que remite a periodos de an&aacute;lisis temporal de mediano y largo alcance. Es decir, para comprender el mundo rural actual, es necesario considerar la historia econ&oacute;mica, social, pol&iacute;tica que subyace a la conformaci&oacute;n de las sociedades regionales como la potosina, que es el tema de este volumen que ahora presentamos. Este libro, coordinado por Antonio Escobar Ohmstede y Ana Ma. Guti&eacute;rrez Rivas presenta un estudio introductorio y siete trabajos cuyos temas de investigaci&oacute;n tienen como espacio com&uacute;n el oriente del estado de San Luis Potos&iacute;, en la zona donde se sit&uacute;an los valles rioverdenses y la Huasteca potosina. En los trabajos que integran el libro, desde una perspectiva comparativa se da cuenta de los procesos donde intervinieron actores sociales con alianzas comerciales, militares y familiares espec&iacute;ficas y con propiedades ubicadas en diversas jurisdicciones pol&iacute;tico&#45;administrativas y eclesiales. En el notable estudio introductorio, Antonio Escobar O. se&ntilde;ala que los trabajos realizados a finales del siglo XX ya mostraban acciones colectivas no violentas de los ind&iacute;genas para paliar o evitar el efecto de las leyes as&iacute; como el accionar de las compa&ntilde;&iacute;as deslindadoras de la d&eacute;cada de 1890, aunque sigue faltando el an&aacute;lisis de los efectos de las leyes agrarias e h&iacute;dricas en los propietarios privados. En las tres &uacute;ltimas d&eacute;cadas del siglo XIX, el Estado mexicano traslada bajo su dominio y autoridad gran parte de los recursos naturales. Esto no ocurri&oacute; s&oacute;lo por la tendencia a la federalizaci&oacute;n o centralizaci&oacute;n, sino porque el Estado&#45;gobierno enfrent&oacute; y negoci&oacute; con los intereses y formas de organizaci&oacute;n de los actores sociales, como lo demuestran las negativas o los acatamientos a medias de las autoridades locales y estatales para poner en vigor muchas de las solicitudes y &oacute;rdenes provenientes de la ciudad de M&eacute;xico. Por su parte, los campesinos ind&iacute;genas se opusieron a estas disposiciones mediante conflictos violentos, largos tr&aacute;mites judiciales o con otras formas pasivas de resistencia, no s&oacute;lo en relaci&oacute;n con la tierra, sino tambi&eacute;n con los bosques y el agua. As&iacute;, al lado de las haciendas y las comunidades ind&iacute;genas, el ayuntamiento surge como un tercer actor, sobre todo dada su condici&oacute;n de poseer, administrar y usufructuar tierras y aguas en muchas partes del pa&iacute;s. En el siglo XX, un cuarto actor irrumpe en la escena del campo mexicano, y es el ejido, que es una organizaci&oacute;n administrada por la asamblea e impulsada por las autoridades posrevolucionarias que buscaron establecer una nueva relaci&oacute;n entre el campesinado mestizo e ind&iacute;gena y un nuevo Estado&#45;gobierno y en este estudio introductorio se analiza la forma en la que los actores socioagrarios y socioh&iacute;dricos en el oriente del estado de San Luis Potos&iacute; se enfrentaron y negociaron por el acceso, manejo y control de los recursos naturales durante la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX. Determinar esta periodizaci&oacute;n obedece a la aparici&oacute;n de la Ley del 25 de junio de 1856 que afect&oacute; de igual manera a comunidades ind&iacute;genas y propietarios privados, para terminar en 1916, cuando se inician las primeras solicitudes de restituci&oacute;n de bienes comunales y una avalancha de restituciones y dotaciones a ejidos, lo que cambiar&aacute; el paisaje h&iacute;drico, agrario, agr&iacute;cola y humano de los valles y de la Huasteca potosina. Los autores resaltan los diferentes liderazgos y los personajes pol&iacute;ticos y militares que hubo en la regi&oacute;n de estudio, describiendo los procesos de entrelazamiento hist&oacute;rico reconstruidos gracias a un amplio y consistente trabajo de archivo. De esta forma, la convergencia de problem&aacute;ticas en las que interviene la poblaci&oacute;n mestiza e ind&iacute;gena es una constante y las poblaciones ind&iacute;genas (nahuas, teenek, otom&iacute;es y pames) se integraban a las haciendas de la regi&oacute;n mediante diferentes ocupaciones y trabajos que depend&iacute;an de los contrastes del fen&oacute;meno clim&aacute;tico asociado a la precipitaci&oacute;n pluvial y a la disposici&oacute;n de agua en estas dos regiones (400 mm/ a&ntilde;o en los valles y 1000mm/a&ntilde;o en la Huasteca), lo cual provoc&oacute; una rivalidad sempiterna por el control de las fuentes naturales del l&iacute;quido (lagunas, manantiales, r&iacute;os perennes y torrenciales) mediante la construcci&oacute;n de una infraestructura hidr&aacute;ulica que facilitara su uso, conducci&oacute;n y retenci&oacute;n. Esta competencia inicia a finales del siglo XVIII, cuando las haciendas situadas en los valles rioverdenses comenzaron a diversificar e incrementar su producci&oacute;n. De esta manera, las caracter&iacute;sticas y diferencias orogr&aacute;ficas y clim&aacute;ticas se combinaron con los tipos de poblaci&oacute;n, asentamientos ind&iacute;genas y pueblos mestizos, ranchos mixtos, condue&ntilde;azgos, dando origen tambi&eacute;n a una estructura diferenciada de las formas de propiedad agraria de las dos zonas. Es as&iacute; como el aspecto conflictivo se hace cada vez m&aacute;s presente en la medida en que hay una reconfiguraci&oacute;n de la territorialidad basada en la intensificaci&oacute;n productiva de ciertas &aacute;reas y los requerimientos de recursos naturales que &eacute;stas exig&iacute;an. Del mismo modo, la aplicaci&oacute;n de avances t&eacute;cnicos para el transporte de mercanc&iacute;as en los mercados regionales transform&oacute; &aacute;reas importantes e influy&oacute; en el reacomodo de las mismas relaciones comerciales entre grupos sociales que se fortalecieron con el incremento de la actividad econ&oacute;mica regional. Un ejemplo t&iacute;pico de ese proceso fue la ampliaci&oacute;n de la v&iacute;a del ferrocarril o el inicio de la elaboraci&oacute;n de material cartogr&aacute;fico para situar espacialmente los l&iacute;mites de las propiedades y volver el trazo de las nuevas v&iacute;as m&aacute;s riguroso y con fines legales de legitimar el reclamo de la propiedad en caso de litigio, herencia o compra venta. De esta forma se puede apreciar como la recomposici&oacute;n econ&oacute;mica, los deslindes de las propiedades, el incremento de requerimientos de los recursos naturales y la redistribuci&oacute;n de la poblaci&oacute;n mestiza, campesina ind&iacute;gena, la presencia de las compa&ntilde;&iacute;as deslindadoras, los denuncios, los contratos privados para explotaci&oacute;n de recursos, entre otros aspectos generaron una presi&oacute;n     sobre la propiedad agraria, nuevas alianzas en las elites pol&iacute;tico&#45;administrativas, de tal forma que se dio la resistencia tanto de los pueblos ind&iacute;genas, como de los ayuntamientos y los propietarios privados. Finalmente, con la Ley Agraria de 1915, &eacute;sta busc&oacute; solucionar las afectaciones de 1856 y distribuir la tierra mediante la dotaci&oacute;n de ejidos a aquellas localidades que carec&iacute;an de tierras y con la Constituci&oacute;n de 1917 se reestructur&oacute; la tenencia de la tierra, concediendo a los pueblos, condue&ntilde;azgos, congregaciones y rancher&iacute;as la restituci&oacute;n de sus terrenos perdidos previamente. Posteriormente, entre 1921 y 1938 se conforman cerca de 77 ejidos como consecuencia de este reparto agrario producto de la revoluci&oacute;n de 1910.</font></p>     	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gabriel Fajardo Pe&ntilde;a aborda un tema que tiene como escenario el municipio de Aquism&oacute;n como ejemplo para mostrar el proceso de privatizaci&oacute;n de la propiedad comunal, concretamente en la regi&oacute;n centro&#45;norte de &eacute;ste ocupada por haciendas y condue&ntilde;azgos, mientras que el centro&#45;sur era propiedad comunal y mediante el arrendamiento de tierras a la poblaci&oacute;n no ind&iacute;gena &eacute;sta estableci&oacute; sus casas, sembrad&iacute;os y agostaderos de ganado. En 1895, Miguel Lebrija (un pol&iacute;tico de la regi&oacute;n que lleg&oacute; a ser diputado) denunci&oacute; las 4,461 hect&aacute;reas que pertenec&iacute;an a los ind&iacute;genas y se convirti&oacute; en el nuevo due&ntilde;o de la tierra, aunque en realidad Lebrija nunca tuvo posesi&oacute;n de &eacute;sta, pues los ind&iacute;genas se negaron a salir y fue hasta los a&ntilde;os posteriores, en 1922, cuando dicha propiedad regres&oacute; a manos de los ind&iacute;genas, quienes solicitaron la restituci&oacute;n de esas tierras a la Comisi&oacute;n Nacional Agraria. A prop&oacute;sito de las compa&ntilde;&iacute;as deslindadoras porfirianas, se dice que &eacute;stas fueron una de las principales armas que el gobierno emple&oacute; para privatizar la tierra, pues no s&oacute;lo se encargaron de medir y deslindar los terrenos "bald&iacute;os", sino que tambi&eacute;n se encargaron de titular las propiedades que carec&iacute;an de escritura o t&iacute;tulo. En esta parte del oriente de SLP las dos compa&ntilde;&iacute;as m&aacute;s activas fueron la Eisenmann&#45;Urista y otra que representaba Cruz Garc&iacute;a, las que realizaron m&aacute;s de la mitad de los denuncios, titulando m&aacute;s de 30 mil hect&aacute;reas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En su texto sobre la revuelta del Valle del Ma&iacute;z de 1882&#45;1883, Clara Garc&iacute;a S&aacute;enz analiza las circunstancias en las que dicha revuelta tuvo lugar utilizando como fuente documental la correspondencia escrita por uno de los l&iacute;deres involucrados en ella, el cura Mauricio Zavala. El abordaje diacr&oacute;nico de hechos explica los diversos brotes de violencia para comprender las conexiones y articulaciones entre los protagonistas de la rebeli&oacute;n. Se basa tambi&eacute;n en las proclamas y discursos, para entender las razones que cada grupo comprometido en el movimiento tuvo para rebelarse. La revuelta estudiada es consecuencia de una serie de conflictos de viejo cu&ntilde;o por tierras en el contexto de la consolidaci&oacute;n de los grupos de poder en el estado y fue una respuesta a las pol&iacute;ticas porfiristas de propiedad privada, desamortizaci&oacute;n de bienes y destrucci&oacute;n de la propiedad comunal. Peque&ntilde;os propietarios y ejidatarios se organizaron alrededor de sus l&iacute;deres, aglutinando hasta 500 miembros en poco tiempo. La acumulaci&oacute;n de agravios y atropellos por parte de los grupos que se afianzaron en el poder estatal y que eran precisamente los due&ntilde;os de las grandes haciendas de la regi&oacute;n. Esto implic&oacute; una conjugaci&oacute;n de factores de largo y mediano plazo cuyo contexto es el reacomodo constante de las fuerzas sociales frente a la aplicaci&oacute;n de las leyes de Reforma, emprendida en el porfiriato. La regi&oacute;n del valle del Ma&iacute;z al oriente del estado posee una pr&oacute;spera agricultura fue durante siglos el paso obligado entre la capital estatal y el noreste mexicano. Su crecimiento como centro de desarrollo agr&iacute;cola y comercial rivaliz&oacute; con Rioverde por el control econ&oacute;mico de esta zona media. La tierra pues era la base de las actividades econ&oacute;micas y los conflictos por ella eran parte de las relaciones entre grupos cuando alguno de &eacute;stos buscaba mejorar sus posiciones. La revuelta que estudia la autora se dio en unas cuantas haciendas del este partido, por lo que sofocarla fue f&aacute;cil para las autoridades y sus l&iacute;deres fueron el cura Mauricio Zavala, Celso Arisiaga y Felipe Cortina, quienes movilizaron a un sector de la sociedad, elaboraron leyes, emitieron proclamas y sostuvieron algunos enfrentamientos armados con el ej&eacute;rcito. Los conspiradores eran personas letradas que aportaron sus propias ideas para desarrollar la revuelta, sab&iacute;an de las necesidades e inconformidades de las comunidades agraviadas y ten&iacute;an la tarea de reunir armas y comunicarse con personas de otras rancher&iacute;as para que el plan rebelde tuviera &eacute;xito. Jes&uacute;s B. Moctezuma, Pablo Rojas, Nicol&aacute;s de Secia, Pedro Castro, entre otros, eran algunos de los que manten&iacute;a contacto epistolar con el cura Zavala, quienes contemplaron el comienzo de la revuelta y que propici&oacute; que el ej&eacute;rcito se posicionara en diversas haciendas, realizando detenciones, cateos violentos, persecuci&oacute;n y represi&oacute;n en diversos ranchos, asesinatos y casas incendiadas. Esta violencia motivada por el abuso provoc&oacute; que se fueran sumando adeptos a la causa rebelde, en pie de lucha contra los hacendados que se hab&iacute;an apropiado de tierras por las cuales exig&iacute;an altas rentas a los campesinos pobres. Entre los alzados se pueden identificar a peque&ntilde;os propietarios, labradores y jornaleros que compart&iacute;an una idea espec&iacute;fica: acceso a la propiedad de la tierra, aunque las motivaciones fueran distintas. La autora plantea que si bien los alzados, ya fueran arrendatarios, jornaleros o labradores, consideraban que su participaci&oacute;n en la revuelta los llevar&iacute;a a vivir de manera m&aacute;s justa, identificando al enemigo de forma inmediata como el administrador de alguna hacienda o las mismas haciendas de la regi&oacute;n, en cambio, para los dirigentes su lucha era por la transformaci&oacute;n y reorganizaci&oacute;n social.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el caso que analiza, se menciona que las elites terratenientes eran el gobierno mismo, con lo cual, la revuelta se hallaba condenada al fracaso desde el inicio porque el gobierno federal no har&iacute;a sino apoyar a dichas elites y no atender las demandas que se encontraban en el origen del alzamiento. En efecto, las grandes haciendas eran propiedad de las familias porfiristas que gobernaban en ese tiempo SLP y el campesino estaba solo a merced de los intereses de estos grandes propietarios. Aqu&iacute; se identifica a dos grupos esencialmente: los alzados y el gobierno, aunque en el caso preciso del Valle del Ma&iacute;z, el descontento no era con el gobierno, sino con los hacendados y sus administradores, ya que en repetidas ocasiones, los alzados acudieron al gobierno para pedir ayuda, defensa o protecci&oacute;n, sin obtener respuesta.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Luz Carregha Lamadrid en su trabajo sobre la tierra y el agua para ferrocarriles en los partidos del oriente potosino, plantea que con la introducci&oacute;n del ferrocarril como medio de transporte privilegiado para el transporte de personas y la comercializaci&oacute;n de productos agr&iacute;colas, durante el porfiriato se utilizaron mecanismos para dotar a las empresas constructoras de las v&iacute;as f&eacute;rreas, los recursos naturales que requer&iacute;an para lograr su objetivo, es decir, la tierra y el agua. En el partido del oriente potosino, hacia donde se dirigi&oacute; y realiz&oacute; la construcci&oacute;n del ferrocarril, se encontraban varias de las haciendas m&aacute;s productivas del estado, cuyos propietarios ten&iacute;an gran influencia en las decisiones pol&iacute;ticas y la vida econ&oacute;mica regional. El primer ferrocarril que toc&oacute; el estado de SLP fue el que comunic&oacute; a la ciudad de M&eacute;xico con Nuevo Laredo, Tamps., en 1888. A partir de 1890 corri&oacute; por ah&iacute; el Ferrocarril Central Mexicano que cubr&iacute;a el trayecto Aguascalientes&#45;San Luis Potos&iacute;&#45;Tampico y en 1902 el ramal San Bartolo&#45;Rioverde. En SLP, los propietarios afectados por la construcci&oacute;n de la v&iacute;a del tren fueron los primeros en ofrecer condiciones ventajosas a las compa&ntilde;&iacute;as ferroviarias para adquirir los materiales necesarios, que en ocasiones eran entregados de manera gratuita. De esta forma, para la instalaci&oacute;n de la infraestructura ferroviaria, las concesiones y los contratos otorgaron a las constructoras la posibilidad de ocupar, sin costo alguno, tierras propiedad de la naci&oacute;n as&iacute; como la posibilidad de solicitar la expropiaci&oacute;n de terrenos particulares por causa de utilidad p&uacute;blica. En los contratos se obligaba a las constructoras ferrocarrileras a respetar el cauce de las aguas, incluidos r&iacute;os, acequias o canales de riego y desag&uuml;es, con lo cual &eacute;stas se ve&iacute;an en la obligaci&oacute;n de construir puentes, alcantarillas o las obras necesarias para no interrumpirlo. Si en alguna propiedad se encontraban un pozo, estaban forzadas a pagar la indemnizaci&oacute;n correspondiente, sin embargo, las compa&ntilde;&iacute;as fueron autorizadas a usar el agua necesaria para el servicio de su l&iacute;nea gratuitamente. Al igual que el agua, la madera estaba relacionada con la cesi&oacute;n y venta de terrenos, pues se requer&iacute;a de durmientes para la v&iacute;a f&eacute;rrea. Los hacendados procedieron a este intercambio mediante intermediarios, quienes cerraban operaciones de compra de 100 mil durmientes de madera de encino a un precio de veinte centavos la pieza. La situaci&oacute;n ahora es que las concesiones ya se vencieron y varios ramales del ferrocarril se han cerrado y en algunos casos, los rieles han sido levantados, adem&aacute;s de que poco m&aacute;s de noventa estaciones ya no dan servicio. Al desaparecer las haciendas y con el advenimiento del ejido, esto no afect&oacute; a los terrenos ocupados por las v&iacute;as f&eacute;rreas, propiedad de Ferronales, aunque el uso del agua ya fue reglamentado por la legislaci&oacute;n correspondiente respecto a las presas y obras hidr&aacute;ulicas que construyeron las empresas ferrocarrileras.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Miguel &Aacute;ngel Sol&iacute;s Esquivel, aborda el tema del impacto de los ferrocarriles en los recursos naturales en el ramal San Bartolo&#45;Rioverde y la afectaci&oacute;n de la propiedad agraria asociada al impulso que se le dio a la construcci&oacute;n del ferrocarril durante el porfiriato, &eacute;poca en la que se busca integrar al pa&iacute;s al capitalismo mundial. Pronto dicho inter&eacute;s provocar&iacute;a la instalaci&oacute;n de capitales extranjeros en actividades industriales desconocidas hasta entonces en el pa&iacute;s. &Eacute;se es el caso del ferrocarril que, desde la d&eacute;cada de 1830, busc&oacute; instalarse en M&eacute;xico, y s&oacute;lo durante el porfiriato se establecieron las bases para la modernizaci&oacute;n de M&eacute;xico y, como s&iacute;mbolo inequ&iacute;voco de ella, la construcci&oacute;n del ferrocarril. De esta manera, las concesiones para las principales v&iacute;as ferroviarias se dieron durante el primer periodo de Porfirio D&iacute;az (1877&#45;1880). En San Luis Potos&iacute;, el trayecto San Luis&#45;Tampico empez&oacute; a construirse en 1881 para finalizarse en 1890, lo cual sirvi&oacute; para alentar las actividades econ&oacute;micas en el estado. El paso del ferrocarril por Rioverde fue promovido principalmente por el jefe de la obra, el ingeniero James Harrington, quien condicion&oacute; el paso de la obra por el lugar a la entrega de terrenos para la estaci&oacute;n y derecho de v&iacute;a gratuito y 10 mil pesos como subvenci&oacute;n. En el trayecto de la construcci&oacute;n de la v&iacute;a, los terrenos ser&iacute;an otorgados gratuitamente por los propietarios de las haciendas correspondientes cuyo ancho era de 30 metros &#151;15 metros de cada lado de la v&iacute;a&#151;, siempre y cuando que en lugar considerado se colocara una estaci&oacute;n. Con ello se da testimonio del inter&eacute;s de las autoridades por realizar todo tipo de gestiones encaminadas a la extensi&oacute;n de la v&iacute;a f&eacute;rrea, pues ellas mismas ser&iacute;an las principales beneficiarias, ya que al mismo tiempo eran los propietarios de haciendas con una producci&oacute;n agr&iacute;cola que requer&iacute;a del transporte ferroviario para desplazar las mercanc&iacute;as a diferentes puntos de la regi&oacute;n. Un dato importante consiste en que para hacer posible la construcci&oacute;n de los 20 mil kil&oacute;metros de v&iacute;as f&eacute;rrea fueron necesarios entre 40 y 60 millones de durmientes, lo que afect&oacute; de manera importante a la zona agr&iacute;cola de Rioverde y a la agricultura mexicana sin duda, debido sobre todo a la concesi&oacute;n de bosques para la obtenci&oacute;n de la madera necesaria para su fabricaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ana Guti&eacute;rrez Rivas en su contribuci&oacute;n sobre el condue&ntilde;azgo de los Moctezuma analiza la propiedad privada de la tierra en el oriente potosino, considerando sobre todo la producci&oacute;n y los trabajadores, pero tambi&eacute;n desde la perspectiva familiar; otros estudios ponen el acento en la figura del hacendado, la expansi&oacute;n de las haciendas y su posterior fragmentaci&oacute;n y fundaci&oacute;n de pueblos en haciendas. En relaci&oacute;n con el condue&ntilde;azgo en San Luis Potos&iacute;, &eacute;ste naci&oacute; despu&eacute;s de la primera mitad del siglo XIX, como consecuencia del crecimiento de los herederos de una propiedad individual. Este trabajo se propone indagar sobre la fragmentaci&oacute;n del condue&ntilde;azgo de los Moctezuma entre las &uacute;ltima tres d&eacute;cadas del siglo XIX y las dos primeras del XX. Los or&iacute;genes del condue&ntilde;azgo se&ntilde;alan que &eacute;ste ya exist&iacute;a como forma de propiedad colectiva desde la colonia y en la que cada accionista se un&iacute;a de manera libre y voluntaria y donde las tierras proindivisas eran divididas y repartidas en el oriente del estado bas&aacute;ndose en leyes estatales, lo que motiv&oacute; que a finales del siglo XIX, el gobierno estatal se esforzara en fragmentar los condue&ntilde;azgos y la raz&oacute;n entre otras era que para el estado &eacute;stos provocaban numerosos conflictos y produc&iacute;an una escasa recolecci&oacute;n fiscal. La primera parte es una panor&aacute;mica general del condue&ntilde;azgo en SLP; en la segunda parte se desarrolla una visi&oacute;n resumida de las relaciones de parentesco de la familia Moctezuma; la tercera consiste en una visi&oacute;n del condue&ntilde;azgo como propiedad colectiva y en la &uacute;ltima parte muestra los conflictos que se derivan del intento de conservaci&oacute;n de la propiedad del condue&ntilde;azgo. La propiedad conocida como condue&ntilde;azgo se caracteriza por mantener caracter&iacute;sticas comunales y privadas. En los partidos de Tancanhuitz y Tamazunchale, si bien hubieron haciendas y ranchos, algunas de ellas se localizaban dentro de tierras de propiedad ind&iacute;gena. En estos partidos hab&iacute;a condue&ntilde;azgos, ya que los terrenos a pesar de tener due&ntilde;o, no se encontraban delimitados por cercas ni estaban claramente marcadas las divisiones en su interior lo cual creaba conflictos pero tambi&eacute;n solidaridad entre sus miembros. Tambi&eacute;n se defin&iacute;a al condue&ntilde;azgo como una forma de propiedad de pueblos, ranchos o haciendas que se disfrutaban en "comunidad", sin reconocer la propiedad particular. Seg&uacute;n los datos aportados por la investigadora, el origen de este condue&ntilde;azgo se relaciona con linajes tan importantes como el de los descendientes del propio Moctezuma Xocoyotzin, en persona de la princesa Tecuichp&oacute;tzin quien naciera en 1509. A partir de ah&iacute; y despu&eacute;s de generaciones de descendientes de ella, la propiedad permaneci&oacute; en poder de la familia durante los &uacute;ltimos 140 a&ntilde;os en forma indivisa hasta 1880. En esa &eacute;poca pastaban en tierras de esa propiedad cerca de tres mil cabezas de ganado vacuno y al inicio del siglo XX los bosques y sus maderas se usaban en la construcci&oacute;n de casas y para combustible. En este condue&ntilde;azgo viv&iacute;an cerca de 5 personas en total con 800&#45;900 condue&ntilde;os. Despu&eacute;s de una serie de circunstancias que debi&oacute; enfrentar el condue&ntilde;azgo, entre las que podemos mencionar juicios por cobro de pr&eacute;stamos, denuncia de bald&iacute;os, invasi&oacute;n de tierras, atropellos por parte del ayuntamiento y el prefecto en funciones, o los contratos de arrendamiento a favor de F&eacute;lix D&iacute;az, con quien los representantes legales del condue&ntilde;azgo mantuvieron una serie de litigios por no perder la propiedad, provoc&oacute; que en el oriente potosino la lucha por la tierra se hiciera cada vez m&aacute;s dif&iacute;cil, pues los &uacute;ltimos a&ntilde;os del siglo XIX estuvieron caracterizados por el despojo a ind&iacute;genas y peque&ntilde;os propietarios por parte de miembros de grupos de poder local. En este contexto, se evidenciaron las formas en las que los hacendados y sus administradores impart&iacute;an justicia apoder&aacute;ndose de comunidades, ejidos o tierras colindantes a las de su propiedad. Ya con la revoluci&oacute;n, gavillas de cedillistas y carrancistas invadieron las tierras del condue&ntilde;azgo, pero hacia 1929, una resoluci&oacute;n presidencial restituy&oacute; 94,068 ha a 1,199 individuos de nueve n&uacute;cleos integrantes del condue&ntilde;azgo.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Roc&iacute;o Casta&ntilde;eda Gonz&aacute;lez en su trabajo sobre el reparto agrario y la redistribuci&oacute;n del agua en Rioverde, muestra las reacciones de los principales personajes pol&iacute;ticos locales frente a las coyunturas que impactaron la vida militar, social y pol&iacute;tica durante acontecimientos tan importantes como el movimiento cristero o la revuelta escobarista. En dichos acontecimientos se puso a prueba el sistema de lealtades pol&iacute;ticas y de sucesi&oacute;n en el poder en la gubernatura del estado, de tal forma que en este entreverado mundo pol&iacute;tico, la toma de decisiones para propiciar o bloquear el reparto agrario se manifest&oacute; de una manera incuestionable. En este trabajo se abordan las transformaciones que ocurrieron en el aprovechamiento de agua en Rioverde como consecuencia de la reforma agraria. En esta regi&oacute;n del estado, los propietarios de algunas haciendas construyeron obras de captaci&oacute;n de aguas torrenciales como las de la hacienda San Diego y el Jabal&iacute; o la represa de la hacienda La Angostura. Dichas obras fueron muy importantes en el futuro del reparto agrario, pues los nuevos ejidos creados como consecuencia de &eacute;ste, tuvieron que negociar el acceso al agua en aquellos casos en los que la dotaci&oacute;n de tierras no comprend&iacute;a el derecho al uso de agua. Con la reforma agraria se dio una redistribuci&oacute;n en el control de la infraestructura hidr&aacute;ulica, lo que motiv&oacute; la explotaci&oacute;n de las aguas subterr&aacute;neas de la regi&oacute;n. El trabajo indaga acerca de la cantidad de tierras de riego que hab&iacute;a en la zona y su transferencia a los ejidos entre 1920 y 1940 y la paulatina p&eacute;rdida de gran parte de la infraestructura hidr&aacute;ulica. Las acciones agrarias como dotaciones y ampliaciones fueron frecuentes durante el periodo, alcanzando el punto m&aacute;s alto en la extensi&oacute;n ejidal hacia finales de la d&eacute;cada de los cuarenta. Un an&aacute;lisis pormenorizado de la calidad de tierras y cantidad de hect&aacute;reas afectadas por el reparto agrario, indica que en los periodos 1924&#45;1929 y 1935&#45;1940 tuvieron lugar la mayor cantidad de afectaciones de tierras de riego, lo que indica primero que nada, que en la zona de Rioverde no fue necesario esperar el cardenismo para ejecutar las resoluciones presidenciales y repartir las mejores tierras de algunas haciendas como El Jabal&iacute;, San Diego y Cieneguillas, adem&aacute;s de otras como Tecomates, Canoas y Labor Vieja. Entre ellas, las dos primeras eran haciendas en las que se controlaban las aguas torrenciales que proporcionaban las estribaciones de la Sierra Gorda y en las que hab&iacute;a presas de almacenamiento. El proceso de reparto agrario y la dotaci&oacute;n de tierras de riego avanzaron desde las haciendas del sur, siguiendo por las m&aacute;rgenes del r&iacute;o Verde y continuando hacia las haciendas del norte. El abandono prematuro de las haciendas al sur del r&iacute;o Verde y el desmantelamiento de la maquinaria usada en la producci&oacute;n de algod&oacute;n y az&uacute;car fue un elemento importante en las acciones posteriores de las comisiones agrarias y los gobernadores del estado, quienes deliberadamente manipulaban a conveniencia los censos y las categor&iacute;as pol&iacute;ticas de los poblados que figuraban como solicitantes de las dotaciones de tierra correspondientes. En el terreno pol&iacute;tico, la organizaci&oacute;n y agrupamiento de las distintas facciones que compet&iacute;an por la gobernatura estatal, siempre se hizo en esta &eacute;poca alrededor de los distintos postulados de cada grupo en torno al reparto agrario. De esta manera, los terratenientes locales como Saturnino Cedillo o Gonzalo N. Santos med&iacute;an sus fuerzas y sus alianzas con los grandes protagonistas de la historia pol&iacute;tica nacional como Obreg&oacute;n y Calles y Adolfo de la Huerta, por ejemplo, tomando el pulso de las reivindicaciones agrarias de los distintos grupos susceptibles de apoyarlos en el nivel local para hacerse de la gubernatura. La contienda electoral determin&oacute; que fuera Aurelio Manrique quien ocupara la gubernatura estatal y quien toma decisiones que afectaron de manera irreversible el paisaje de la propiedad agraria en esta parte del estado de San Luis Potos&iacute;. Un dato que demuestra lo anterior es que durante este periodo, en ning&uacute;n estado del pa&iacute;s se repartieron tantas tierras, como en San Luis Potos&iacute;. El radicalismo de Aurelio Manrique y la animadversi&oacute;n que esto despert&oacute; en Calles, provocaron que el congreso del estado destituyera a aqu&eacute;l, para preparar el escenario que permitiera la llegada de Saturnino Cedillo, quien estaba identificado con Calles, a la gubernatura del estado y prolongar su influencia pol&iacute;tica hasta 1938. La presencia del movimiento cristero y la revuelta escobarista fueron dos aspectos que incidieron en un fortalecimiento del reparto agrario en el estado, pero una vez neutralizados ambos movimientos, la pol&iacute;tica que parec&iacute;a favorecer el incremento del reparto agrario declin&oacute; considerablemente. La explicaci&oacute;n fue que las principales necesidades de la poblaci&oacute;n campesina que motivaron este reparto estaban satisfechas, as&iacute; como tambi&eacute;n un eventual mejoramiento en las condiciones materiales de vida de la poblaci&oacute;n y finalmente, la baja de inter&eacute;s en lo agrario que caracteriz&oacute; el sexenio de Pascual O. Rubio. Cuando C&aacute;rdenas decide liquidar el cacicazgo de Saturnino Cedillo, uno de sus principales aliados es precisamente Gonzalo N. Santos, quien organiza una campa&ntilde;a en el norte del estado para que &eacute;stos solicitaran tierras en dotaci&oacute;n, mismas que se incrementaron considerablemente entre 1937 y 1939. Finalmente, despu&eacute;s del cardenismo, &Aacute;vila Camacho y el nuevo cacicazgo de Gonzalo N. Santos, dieron por terminado el reparto agrario en San Luis Potos&iacute;. En efecto, a partir de 1943 no se registran m&aacute;s transferencias de tierras de riego de haciendas a los ejidos por la v&iacute;a de la dotaci&oacute;n, aunque se sabe ya que no hab&iacute;a a estas alturas m&aacute;s tierras de calidad para dotar. Posteriormente, en las d&eacute;cadas entre 1950 y 1970 se plantearon varias acciones vinculadas a demandas por uso de agua sobre corrientes de agua que las haciendas no usaron y que fueron concedidas a los ejidatarios. Sin embargo, el reparto agrario no fue suficiente, pues hubo una situaci&oacute;n de desigualdad en los diferentes ejidos creados en cuanto al acceso al agua. En efecto, los declives de los terrenos dotados, los tipos de suelo, adem&aacute;s del factor pol&iacute;tico tuvieron importancia en las decisiones para asignar el lugar y la cantidad de agua que podr&iacute;an utilizar los ejidatari    os. En ocasiones, el exceso de agua en las inmediaciones de los manantiales existentes, o la imposibilidad t&eacute;cnica de llevar el agua a terrenos elevados, hac&iacute;a que fuera necesario abastecerse con las aguas almacenadas en el sistema de presas de las haciendas, que tambi&eacute;n eran utilizados para abastecer de agua a los nuevos poblados creados en el periodo de estudio. Con esta nueva situaci&oacute;n, fue una consecuencia obligada la desaparici&oacute;n del control centralizado de las obras hidr&aacute;ulicas. Algunos propietarios y ejidatarios obtuvieron el control de esta infraestructura, como los vasos o las obras de cabeza por estar &eacute;stos en las inmediaciones de sus propiedades, lo cual parad&oacute;jicamente no los habilitaba para el uso de agua. Otra situaci&oacute;n que ocurri&oacute; en esta regi&oacute;n tiene que ver con la manera en la que algunas presas dejaron de funcionar como consecuencia de que los mismos ejidatarios empezaron a utilizarlas para cultivar, dado su avanzado estado de azolvamiento.</font></p>     	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mar&iacute;a del Carmen Salinas S. en su texto sobre la vida agraria y la demanda social en el sur de la huasteca potosina muestra la influencia de la reforma agraria en la organizaci&oacute;n de las comunidades y ejidos, donde se registra 43&#37; de la poblaci&oacute;n de origen nahua y su influencia con el municipio de Tamazunchale y los retos que actualmente se plantean para la poblaci&oacute;n y sus autoridades municipales en t&eacute;rminos del ejercicio de la autoridad, la gesti&oacute;n de recursos y la mediaci&oacute;n para la soluci&oacute;n de conflictos. Se pregunta &iquest;c&oacute;mo gobierna un ayuntamiento donde hay que hacer cumplir la normativa estatal, donde hay presencia de los poderes federales y donde los habitantes tienen sus propias autoridades? Tamazunchale es el caso del municipio cuya cabecera municipal con poblaci&oacute;n no ind&iacute;gena busc&oacute; negociar con las autoridades comunitarias del resto de la poblaci&oacute;n del municipio, al mismo tiempo que trataba de articular a toda esta poblaci&oacute;n a las pol&iacute;ticas agrarias federales. Los 32 n&uacute;cleos agrarios entre ejidos y comunidades ind&iacute;genas tienen sus propias autoridades y representantes electos por las comunidades para tratar los cambios producidos por la reforma agraria. En el trabajo se plantean reflexiones acerca de tres ideas b&aacute;sicas: las expectativas que se generaron a partir de la aplicaci&oacute;n de la reforma agraria entre la poblaci&oacute;n rural, la aplicaci&oacute;n de la reforma agraria vista a la luz de los indicadores de medici&oacute;n de pobreza y su situaci&oacute;n frente a la poblaci&oacute;n beneficiada, y finalmente los mecanismos que permiten la convivencia entre sistema de cargos, tradici&oacute;n colonial y disposiciones agrarias federales para alcanzar beneficios circunstanciales. Seg&uacute;n la autora, el Estado ha buscado que con la reforma agraria, las poblaciones demandantes de tierra permanezcan en paz social, sin involucrarse en movimientos y revueltas sociales, de tal forma que &eacute;stos pudieran constituirse en unidades econ&oacute;micas de producci&oacute;n para, obedeciendo a la direcci&oacute;n del Estado y en virtud de los apoyos financieros y t&eacute;cnicos de &eacute;ste, aseguraran la producci&oacute;n de productos agr&iacute;colas para la poblaci&oacute;n nacional. Para ello, se pusieron en marcha los mecanismos de regulaci&oacute;n, control y organizaci&oacute;n del sector ejidal estipulados en el Art. 27 constitucional y que conciernen a la elecci&oacute;n, representaci&oacute;n, legitimaci&oacute;n o remoci&oacute;n de las autoridades agrarias. Frente a esto, al parecer la din&aacute;mica en este municipio de Tamazunchale es permanecer con las determinaciones de la pol&iacute;tica agraria que datan de los a&ntilde;os cuarenta, cuyo c&oacute;digo permite la titulaci&oacute;n, reconocimiento y confirmaci&oacute;n de la propiedad comunal, y los derechos y costumbres agrarias que las comunidades pose&iacute;an desde tiempo inmemorial. Reivindicar esta situaci&oacute;n permit&iacute;a obtener cierta autonom&iacute;a respecto de la cabecera municipal y el respeto a sus recursos, lo cual no se reflej&oacute; necesariamente en una mejora en su nivel de vida. Expone en su trabajo la situaci&oacute;n de 32 n&uacute;cleos agrarios del municipio de Tamazunchale, donde la tenencia de la tierra es comunal, ejidal, privada y p&uacute;blica, que en total representan en 2004 cerca de 27 mil 700 hect&aacute;reas, es decir, 79.14&#37; del territorio municipal. En 1991, la comunal, que es la mayoritaria con poco m&aacute;s de la mitad del territorio del municipio, se halla en los cerros situados al occidente y sur del municipio; la propiedad ejidal, con 27.5&#37; del territorio municipal, se sit&uacute;a entre el r&iacute;o Moctezuma y el municipio de San Mart&iacute;n, la propiedad privada, con 14.4&#37; de las tierras, se distribuye a lo largo del r&iacute;o Moctezuma, al este y norte de la cabecera municipal y entre los ejidos al este del territorio. Finalmente, la propiedad p&uacute;blica, que no alcanza 1&#37; del total de la superficie municipal.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En efecto, seg&uacute;n la autora, con el incremento de la poblaci&oacute;n se ejerce una presi&oacute;n sobre la tierra y la pulverizaci&oacute;n del padr&oacute;n de producci&oacute;n del sector social dif&iacute;cilmente permite la subsistencia de una familia. El promedio de extensi&oacute;n de una parcela de naranjal es de menos de dos hect&aacute;reas, de ca&ntilde;a de menos de una hect&aacute;rea y la de caf&eacute; entre una y dos hect&aacute;reas. La agricultura es campesina, con un sistema de producci&oacute;n de traspatio en las unidades de producci&oacute;n familiares para satisfacer parte de sus necesidades de alimentaci&oacute;n que se complementan con la recolecci&oacute;n. Refiere que en comparaci&oacute;n con el estado de San Luis Potos&iacute; y la Huasteca, los ingresos de estas familias en el municipio de Tamazunchale son bajos, ya que 55.6&#37; de &eacute;stas viven con menos de un salario m&iacute;nimo y 85.6&#37; de los trabajadores del municipio viven con menos de dos salarios m&iacute;nimos. Cifras que en el nivel estatal corresponder&iacute;an a 36.2&#37; y 71&#37; estatal, respectivamente. Adem&aacute;s, no puede ser que en un pa&iacute;s moderno m&aacute;s de tres cuartas partes de la pea del municipio viva con menos de dos salarios m&iacute;nimos. En el municipio de Tamazunchale resulta m&aacute;s aguda la marginaci&oacute;n social que la existente en promedio en toda la Huasteca potosina. En m&aacute;s de 50&#37; del total de las localidades de este municipio se dan condiciones de pobreza y de marginaci&oacute;n. La activaci&oacute;n de la producci&oacute;n promovida por la reforma agraria no se realiz&oacute; en el municipio y las personas subsisten porque hay una unidad econ&oacute;mica activa no moderna que combina la tenencia de la tierra con el tipo de producci&oacute;n. Frente a la pobreza, los habitantes se organizan en forma colectiva para satisfacer sus necesidades m&aacute;s urgentes, estableciendo relaciones mediante el sistema de cargos, y v&iacute;nculos con autoridades municipales y estatales para formular sus demandas. Concluye que &eacute;stas expresan las expectativas de desarrollo a la que los habitantes aspiran y que tienen que ver con el aprovechamiento comunal de los recursos naturales, la importancia del liderazgo local, la apat&iacute;a por experimentar nuevos tipos de producci&oacute;n y tradicionalismo en las formas de trabajo. Adem&aacute;s, plantea que el beneficio de la reforma agraria ha sido b&aacute;sicamente consolidar la fuerza social de los ejidatarios y comunidades, pero no el mejoramiento de su nivel de vida. Sin embargo, el acceso a la propiedad comunal, la elecci&oacute;n de autoridades pol&iacute;ticas y judiciales, impartir justicia con sus propios valores, dar seguimiento a sus demandas a trav&eacute;s del sistema de cargos, les permite reproducir su forma de vida, sin plantearse un cambio radical y sin manifestar descontento social.</font></p>      ]]></body>

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