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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Los intereses malentendidos: El consulado de comerciantes de México y la monarquía española, 1700-1739]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Iv&aacute;n Escamilla, <i>Los intereses malentendidos. El consulado de comerciantes de M&eacute;xico y la monarqu&iacute;a espa&ntilde;ola, 1700&#45;1739</i></b></font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;	</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Gabriel Torres Puga*</b></font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>M&eacute;xico, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, 2011, 364 p.</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* El Colegio de M&eacute;xico</i>. <i>Correo electr&oacute;nico:</i> <a href="mailto:gtorres@colmex.mx">gtorres@colmex.mx</a></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">L<i>os intereses malentendidos</i> es un libro notable, centrado en un tema concreto a partir de un planteamiento atractivo: la historia del consulado de comerciantes de M&eacute;xico en las primeras cuatro d&eacute;cadas del siglo XVIII desde una amplia perspectiva, que entiende a la corporaci&oacute;n no s&oacute;lo en el contexto de la pol&iacute;tica virreinal sino en el de la totalidad de la monarqu&iacute;a espa&ntilde;ola. La elegante pluma del autor consigue hilar los argumentos en una trama cautivante y dotada de cierta intriga. Puede leerse de corrido; pero ante un mundo de informaci&oacute;n, el lector necesitar&aacute; regresar sobre las p&aacute;ginas, anotar fechas en los m&aacute;rgenes, cotejar datos y tomar apuntes si realmente desea aprovechar la riqueza de este magn&iacute;fico estudio.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Escamilla abre su libro con un recuento historiogr&aacute;fico sobre las numerosas obras de &iacute;ndole econ&oacute;mica, pol&iacute;tica, social y cultural que han explorado el siglo XVIII en M&eacute;xico y Espa&ntilde;a. Reconoce sus m&eacute;ritos y los caminos abiertos por autores como David Brading, Stanley y Barbara Stein, Horst Pietschmann y Enrique Florescano, entre muchos otros; pero advierte cr&iacute;ticamente el &eacute;nfasis que se ha dado a la llamada &eacute;poca de las Reformas Borb&oacute;nicas en dem&eacute;rito de la primera mitad del siglo. Si bien existen algunos estudios importantes sobre la Nueva Espa&ntilde;a bajo el reinado de Felipe V &#151;como el propio autor reconoce, al citar los de Luis Navarro&#151;, se trata en general de una &eacute;poca poco atendida, que s&oacute;lo en los &uacute;ltimos a&ntilde;os ha comenzado a ser rescrita con aportaciones notables, como la de Christoph Rosenm&uuml;ller sobre las redes pol&iacute;ticas en tiempos del virrey Alburquerque. Escamilla es generoso con sus fuentes y cita a varios autores que desde la historia econ&oacute;mica se han interesado por la historia del consulado de M&eacute;xico (Carmen Yuste, Antonio Ibarra, Bernd Hausberger, Guillermina del Valle, Oscar Cruz Barney, Garc&iacute;a Baquero, Matilde Souto y Louisa H&ocirc;berman, principalmente). Sin embargo, contra lo que podr&iacute;a pensarse de este balance historiogr&aacute;fico, <i>Los intereses malentendidos</i> no es un libro de historia econ&oacute;mica o institucional, sino un estudio ambicioso de historia pol&iacute;tica, que articula con soltura los aspectos econ&oacute;micos e institucionales. Es, adem&aacute;s, una historia pol&iacute;tica que explora la presencia americana como un factor activo en las decisiones mundiales. Lejos de entender la historia de Nueva Espa&ntilde;a como un mero reflejo de la pol&iacute;tica europea, el autor enfatiza las conexiones y la dimensi&oacute;n mundial de fen&oacute;menos que a primera vista podr&iacute;an parecer locales.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Seis objetivos son claramente explicados al comienzo de la obra: el primero, profundizar en el papel jugado por el Consulado de M&eacute;xico en el proceso de reforma del orden imperial (1700&#45;1740); el segundo, "estudiar los mecanismos de negociaci&oacute;n y otras pr&aacute;cticas pol&iacute;ticas empleadas por &#91;el Consulado&#93; en la promoci&oacute;n de sus intereses ante la Corona y sus representantes en ambos lados del Atl&aacute;ntico"; el tercero: "examinar las relaciones de &#91;el Consulado&#93; con otras instancias de poder pol&iacute;tico y econ&oacute;mico. . . . "; el cuarto: relacionar los procesos anteriores con el entorno internacional; el quinto: analizar conceptos de monarqu&iacute;a, imperio, comercio y reforma; el sexto y &uacute;ltimo: rescatar y valorar la actuaci&oacute;n de diversas figuras relevantes del mundo de la pol&iacute;tica y del comercio (pp. 20&#45;21). A trav&eacute;s de estas l&iacute;neas de estudio, el autor intenta demostrar su hip&oacute;tesis inicial: que en la primera mitad del siglo XVIII "por primera vez qued&oacute; a la vista la contradicci&oacute;n irreconciliable entre los intereses de la metr&oacute;poli y &#91;los de&#93; la colonia". La afirmaci&oacute;n puede sonar demasiado contundente; pero Escamilla despliega de inmediato una serie de preguntas que matizan y ofrecen nuevas pistas para su estudio: "&iquest;Fue capaz la oligarqu&iacute;a mercantil de generar un proyecto alternativo para la reforma de la monarqu&iacute;a, contrapuesto a aquel que se trataba de imponer desde la metr&oacute;poli?".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">"&iquest;Fueron todos los virreyes enviados por los Borbones enemigos ac&eacute;rrimos de las pretensiones del consulado o, seg&uacute;n parece, la corporaci&oacute;n hall&oacute; en ellos imprevistos socios en la defensa de sus intereses y privilegios?; &iquest;hall&oacute; el consulado aliados entre la intelectualidad y otros sectores de la oligarqu&iacute;a criolla?; &iquest;fue absoluta la oposici&oacute;n entre los comercios de M&eacute;xico y Espa&ntilde;a en este periodo?" (p. 17) Con estas inquietudes, el autor explora la comunicaci&oacute;n pol&iacute;tica entre el consulado y la Corona (generalmente a trav&eacute;s de la mediaci&oacute;n del virrey) y descubre simult&aacute;neamente las entra&ntilde;as del sistema pol&iacute;tico: las tendencias, las pr&aacute;cticas pol&iacute;ticas, las pr&aacute;cticas de negociaci&oacute;n entre el inter&eacute;s particular (o corporativo), el inter&eacute;s de la Corona y el inter&eacute;s p&uacute;blico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El primer cap&iacute;tulo es mucho m&aacute;s que un esbozo de antecedentes. Se trata de una peque&ntilde;a s&iacute;ntesis que reinterpreta la historia del consulado de M&eacute;xico, gracias a la cual es posible entender la formaci&oacute;n y transformaci&oacute;n de la corporaci&oacute;n mexicana, el establecimiento de flotas y la consiguiente transformaci&oacute;n en la percepci&oacute;n de la actividad comercial durante los siglos XVI y XVII. De acuerdo con Escamilla, sin que se abandonara del todo la representaci&oacute;n tradicional de los comerciantes como sujetos improductivos y &aacute;vidos de poder, la impronta de los mercaderes de M&eacute;xico mejor&oacute; y adquiri&oacute; un papel dentro de la monarqu&iacute;a desde la fundaci&oacute;n del consulado (1592) y sobre todo, desde la ampliaci&oacute;n de sus facultades con las Ordenanzas de 1607. A un siglo exacto de su fundaci&oacute;n, el comercio de M&eacute;xico buscaba consolidar esa posici&oacute;n y supo aprovechar la ocasi&oacute;n para contribuir al restablecimiento del orden social, subvertido por el mot&iacute;n ocurrido en la ciudad de M&eacute;xico. Las fuerzas improvisadas en aquella ocasi&oacute;n fueron el germen de los "batallones de comercio" y &eacute;stos ayudaron a fortalecer la representaci&oacute;n del consulado como baluarte del reino. Desde los albores del siglo XVIIIi, como sugiere Escamilla en las p&aacute;ginas siguientes, el consulado se esforz&oacute; por consolidar esa imagen, demostrando su lealtad y su importancia para salvaguardar, ya no s&oacute;lo al reino, sino a la totalidad de la monarqu&iacute;a espa&ntilde;ola.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ubicado ya en el periodo que le interesa, Iv&aacute;n reconstruye episodios y detalles que yac&iacute;an sepultados en legajos de archivo o en folletos cr&iacute;pticos, consiguiendo con ello que algunos pasajes de fuentes m&aacute;s o menos conocidas (como el <i>Diario</i> de Antonio de Robles o las <i>Gacetas de </i><i>M&eacute;xico</i> de la d&eacute;cada de 1720) adquieran fuerza y se vuelvan inteligibles. As&iacute;, por ejemplo, el hundimiento de la flota espa&ntilde;ola en Vigo, en 1702, cobra la dimensi&oacute;n de un drama novohispano al entender el valor de la p&eacute;rdida que padecieron el consulado de M&eacute;xico y distintos propietarios (p. 84). De modo semejante, un pleito conyugal ocurrido en la ciudad de M&eacute;xico adquiere sentido pol&iacute;tico y trasatl&aacute;ntico cuando Escamilla nos explica que el conflicto confront&oacute; al virrey con el consulado, y dificult&oacute; la reuni&oacute;n de un pr&eacute;stamo a la Corona (p. 87). La complejidad de las negociaciones entre el virrey y la elite capitalina queda al descubierto en la detallada narraci&oacute;n que hace el autor sobre el proceso &#151;&iquest;o ser&iacute;a mejor decir epopeya?&#151; de negociaci&oacute;n que permiti&oacute; juntar el donativo de un mill&oacute;n de pesos para la Corona entre 1706 y 1707. El donativo no s&oacute;lo fue una met&aacute;fora de la "lealtad americana" sino que se convirti&oacute; en una alianza que podr&iacute;amos llamar "fundacional" de las nuevas relaciones entre el consulado y la dinast&iacute;a borb&oacute;nica. El comercio fue reconocido por sus aportaciones y se le reconocieron sus prerrogativas legales, adem&aacute;s de que fue premiado con la renovaci&oacute;n de la renta de alcabalas, lo que en &uacute;ltima instancia era un excelente negocio. Las continuas negociaciones del consulado, a trav&eacute;s de procuradores en Madrid, permitieron mantener la renta de alcabalas y la consolidaci&oacute;n del regimiento de comercio. Pero tambi&eacute;n negociar con hacer frente a los intereses del consulado de Sevilla, con el que ten&iacute;an fuertes discrepancias respecto de la frecuencia de flotas o del comercio con Filipinas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro da cuenta tambi&eacute;n de la puesta en pr&aacute;ctica de las condiciones del Tratado de Utrecht a partir de 1717&#65306; la concesi&oacute;n a Gran Breta&ntilde;a del asiento de negros y del permiso para participar en el comercio atl&aacute;ntico, con presencia en la ciudad de M&eacute;xico. Esta presencia inc&oacute;moda de los brit&aacute;nicos en Am&eacute;rica no s&oacute;lo molest&oacute; a la Corona &#151;que busc&oacute; la manera de provocar un nuevo conflicto para reconsiderar los t&eacute;rminos del tratado&#151;, sino que alter&oacute; tambi&eacute;n las relaciones cotidianas, la vida social, comercial y pol&iacute;tica de Nueva Espa&ntilde;a. El libro apenas lo insin&uacute;a; pero da pie para reflexionar sobre las alteraciones en las ideas religiosas y en los viejos prejuicios que debi&oacute; conllevar la presencia inglesa en la ciudad de M&eacute;xico. Hace pensar, por ejemplo, en la obligada transformaci&oacute;n de las representaciones del hereje en los sermones de la &eacute;poca o en las conversiones burocr&aacute;ticas de ingleses que llev&oacute; a cabo la Inquisici&oacute;n de M&eacute;xico en las d&eacute;cadas de 1720 y 1730. El libro de Escamilla s&oacute;lo nos da una ligera idea de la presencia inglesa en Nueva Espa&ntilde;a; pero esos atisbos bastan para entender que la historias de los dos sistemas imperiales, espa&ntilde;ol y brit&aacute;nico, no s&oacute;lo fueron simult&aacute;neas y coincidentes (como lo ha mostrado magistralmente Elliott en su reciente libro, <i>Imperios del mundo atl&aacute;ntico)</i> sino mucho m&aacute;s entrecruzadas de lo que a veces pensamos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Uno de los aspectos m&aacute;s logrados del libro es el cuidadoso estudio de las juntas sostenidas en el palacio virreinal de M&eacute;xico entre 1727 y 1728. En esta parte es posible constatar un notable experimento de negociaci&oacute;n pol&iacute;tica, provisto de reflexiones, argumentos, discusiones y representaciones en&eacute;rgicas. La cultura pol&iacute;tica desplegada en ese momento parece ser el producto de una acertada mezcla de reflexiones emp&iacute;ricas &#151;reforzadas con manuscritos de novedades y disputas del momento&#151; con fundamentos hist&oacute;ricos y jur&iacute;dicos, tomados de obras de autores consagrados. Fue notable, adem&aacute;s, el alto nivel del debate pol&iacute;tico que se dio dentro de los canales establecidos y que constituy&oacute;, en realidad, una dura cr&iacute;tica a la pol&iacute;tica econ&oacute;mica de la monarqu&iacute;a espa&ntilde;ola. La cultura pol&iacute;tica se descubre tambi&eacute;n cuando el autor analiza los escritos de Juan Manuel de Oliv&aacute;n o cuando explora la recepci&oacute;n del panfleto del abate Jean Baptiste de Bos, publicado originalmente en 1703 con un falso pie de imprenta. Este texto, traducido al espa&ntilde;ol por un calificador del Santo Oficio con el t&iacute;tulo <i>Intereses de Inglaterra,</i> ten&iacute;a la intenci&oacute;n de advertir el peligro de las ambiciones extranjeras; pero se convirti&oacute;, parad&oacute;jicamente, en una demostraci&oacute;n de las cr&iacute;ticas que se hac&iacute;an en Europa a la econom&iacute;a espa&ntilde;ola. Ante falta de lecturas, fue natural que la recepci&oacute;n cobrara dinamismo: las lecturas violentas e imaginativas permit&iacute;an aprovechar ciertos pasajes de un libro para fundamentar o desarrollar argumentos propios. Son tantas las pistas que ofrece <i>Los intereses malentendidos,</i> que el lector podr&iacute;a desear que el autor, con el conocimiento que revela en sus apostillas y notas a pie, explorara otras instituciones y, sobre todo, que considerara con m&aacute;s detenimiento la cultura pol&iacute;tica expresada en sermones (de la que apenas nos presenta una brizna); que el texto se convirtiera, pues, en una historia pol&iacute;tica total. Pero Escamilla, fiel al t&iacute;tulo y objetivos que se ha propuesto, parece contener sus pesquisas y nos ofrece acaso s&oacute;lo unas pinceladas de lo que podr&iacute;a desarrollar en art&iacute;culos y libros futuros.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">S&oacute;lo resta hacer un par de objeciones. La primera tiene que ver con los l&iacute;mites cronol&oacute;gicos establecidos en algunos cap&iacute;tulos. Al ser tan minucioso, el autor no puede pasar por alto detalles de fechas anteriores a las que sirven de marco sus cap&iacute;tulos, y ello confunde ocasionalmente al lector. A pesar del cap&iacute;tulo introductorio, que se remonta al siglo XVI, la cronolog&iacute;a propuesta en el t&iacute;tulo general (1700&#45;1739) se defiende: comienza con la Guerra de Sucesi&oacute;n y termina con la Guerra de la Oreja de Jenkins, y por tanto, con el fin de la presencia brit&aacute;nica en Am&eacute;rica. Pero si esto est&aacute; plenamente justificado, no lo est&aacute;n tanto los l&iacute;mites de algunos cap&iacute;tulos (que por cierto tienen el inconveniente, a mi juicio, de no estar numerados). El quinto cap&iacute;tulo por ejemplo, lleva en el t&iacute;tulo como fechas l&iacute;mite 1722 y 1727, pues dentro de ellas se da efectivamente la relaci&oacute;n intensa entre el consulado y la Compa&ntilde;&iacute;a inglesa establecida en M&eacute;xico. Pero el cap&iacute;tulo comienza en realidad en 1724, con el retiro de Felipe V, pasa despu&eacute;s a 1700 y 1710; alude con detenimiento a la visita de Garzar&oacute;n que comenz&oacute; en 1716, sigue a 1720 y explica la manera en que se expidi&oacute; la Real C&eacute;dula de asiento de 1721. Despu&eacute;s da cuenta de los conflictos entre el consulado y la Compa&ntilde;&iacute;a, simult&aacute;neos a las tensiones en Europa, hasta llegar al conflicto de Gibraltar que dio pie a la expulsi&oacute;n de ingleses y al decomiso del cargamento del Prince Fredererick en 1727 (222). De acuerdo con lo prometido, el cap&iacute;tulo deb&iacute;a terminar ah&iacute;; pero el autor todav&iacute;a nos cuenta el desenlace o chasco que se llev&oacute; el consulado en 1728 y da una idea de los &uacute;ltimos a&ntilde;os de Casafuerte (1728&#45;1730) aunque efectivamente habla de ellos con m&aacute;s cuidado en el siguiente cap&iacute;tulo. En pocas palabras, los procesos estudiados por el autor rebasan los l&iacute;mites cronol&oacute;gicos que &eacute;l mismo se ha fijado y &eacute;stos resultan, por lo tanto, imprecisos o innecesarios. La segunda objeci&oacute;n tiene que ver con cierta falta de debate, o por decirlo mejor, con el haber relegado a notas al pie puntos cruciales de las discrepancias historiogr&aacute;ficas. En la nota 10 de la p. 81, Escamilla pide al lector contrastar una interpretaci&oacute;n suya con cierto trabajo de Luis Navarro. &iquest;No habr&iacute;a sido mejor que lo hiciera el autor? M&aacute;s adelante, alude nuevamente a Navarro al referirse a los negocios del virrey Alburquerque y a la condena que recibi&oacute; por ello (p. 102). &iquest;No era &eacute;ste el momento de abrir una peque&ntilde;a pol&eacute;mica, que precisara mejor las diferencias de interpretaci&oacute;n y, sobre todo, las distintas percepciones sobre la "corrupci&oacute;n" de los funcionarios americanos? La necesidad de debate se hace patente en otras partes. As&iacute;, por ejemplo, Escamilla cita la "creencia" de una oposici&oacute;n permanente entre vascos y monta&ntilde;eses dentro de Consulado; pero no nos explica qui&eacute;nes (es decir, cu&aacute;les historiadores) han mantenido esta creencia y sobre qu&eacute; bases (p. 152). Unas p&aacute;ginas adelante sucede algo parecido, pues la interesante discusi&oacute;n sobre la autor&iacute;a del <i>Nuevo Sistema Econ&oacute;mico para Am&eacute;rica,</i> atribuido al ministro Jos&eacute; del Campillo y Cos&iacute;o, se relega a pie. No es claro si Escamilla aporta pruebas a favor o en contra, a pesar (parad&oacute;jicamente) de que en el texto da por hecho que Campillo s&iacute; es el autor (p. 172).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se&ntilde;alo estas objeciones justamente para incitar la pol&eacute;mica sobre diversos temas tratados en la obra y dar el justo realce que &eacute;sta merece. Si se hubieran explicitado m&aacute;s las diferencias y contrastes con otros trabajos historiogr&aacute;ficos (a los que sin duda debe tambi&eacute;n muchos aciertos), habr&iacute;an quedado m&aacute;s claros al lector menos especializado los aportes de este libro. Y &eacute;stos son, sin duda considerables; pues no hay duda de que <i>Los intereses malentendidos</i> revoluciona nuestra manera de entender la pol&iacute;tica en la primera mitad del XVIII (la pol&iacute;tica de M&eacute;xico, de Nueva Espa&ntilde;a, del mundo hisp&aacute;nico, del mundo atl&aacute;ntico o m&aacute;s si se considera que Filipinas tambi&eacute;n est&aacute; contemplada) y nos da el ejemplo de conjuntar, con erudici&oacute;n y elocuencia, lo pol&iacute;tico, lo econ&oacute;mico y lo cultural en un cuadro articulado, equilibrado y espl&eacute;ndidamente escrito.</font></p>      ]]></body>
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