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</front><body><![CDATA[  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Presentaci&oacute;n</b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>         <p align="right"><font face="verdana" size="2">Durante tres mil a&ntilde;os se ha mantenido un di&aacute;logo entre los dos extremos     <br>     del Viejo Mundo. Mucho es lo que ambos se han influido mutuamente y     <br>     muy diferentes son las culturas que han producido. Tenemos ahora buenas     <br>     razones para pensar que los problemas del mundo no se resolver&aacute;n jam&aacute;s     <br>     mientras sean considerados solamente desde un punto de vista europeo.     <br>     Es necesario ver a Europa desde el exterior, ver la historia europea, y los     <br>     &eacute;xitos europeos al igual que sus fracasos, con los ojos de        la mayor parte de    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>     la humanidad, los pueblos de Asia (y claro est&aacute;, tambi&eacute;n de &Aacute;frica).</font></p>         <p align="right"><font face="verdana" size="2">Joseph Needham (1955), <i>El di&aacute;logo entre Oriente    <br>     y Occidente. Dentro de los cuatro mares.</i></font></p>         <blockquote>           <blockquote>             <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>       </blockquote>     </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hoy, China tiene alrededor de mil cuatrocientos millones de habitantes. Junto con la India (849 millones) y el resto de Asia, suman m&aacute;s de 60% de la poblaci&oacute;n que habita el planeta. Si sumamos &Aacute;frica, la cifra aumenta en 634 millones de habitantes m&aacute;s, lo cual hace a estas poblaciones "no occidentales" la indiscutible mayor&iacute;a del mundo. Pero no es el caso: quitemos &Aacute;frica porque de ella no trata este n&uacute;mero de la revista: concentr&eacute;monos, pues, en Asia, que es nuestra invitada. De todas maneras, la poblaci&oacute;n asi&aacute;tica sigue siendo de abrumadora mayor&iacute;a con respecto a Occidente. Tal y como era en 1955 cuando escrib&iacute;a Needham, o como quiz&aacute; podr&iacute;a haber sido en el siglo XVI o en el XVIII. A&uacute;n no tenemos una historia demogr&aacute;fica comparativa fehaciente sobre el tema, aunque los avances en este sentido &#151;como muestra el libro de Newman sobre la demograf&iacute;a en Filipinas, y que se rese&ntilde;a aqu&iacute;&#151;pueden invitar a hacerla. Cabe destacar, por cierto, que no se trata de territorios m&aacute;s grandes que pueden acoger m&aacute;s gente. La poblaci&oacute;n de Jap&oacute;n (127,960 mil habitantes) en el siglo XXI, sobrepasa por mucho a la de M&eacute;xico (112,322 mil habitantes), pero no por los quince millones y pico m&aacute;s de personas sino por la relaci&oacute;n de habitantes por territorio: la densidad de poblaci&oacute;n para el archipi&eacute;lago japon&eacute;s, de menos de 378 mil km<sup>2</sup> , es de 337.1 habs/km<sup>2</sup> , mientras que para M&eacute;xico, territorio continental y continuo (casi dos millones de kil&oacute;metros cuadrados) es de 57 habs/km<sup>2</sup> . Esto, por fuerza, implica formas de vida distintas, de cultura, de concepci&oacute;n del mundo, con todo lo que ello conlleva.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Perd&oacute;neseme el presentar tantas cifras de entrada para un n&uacute;mero de la revista que va m&aacute;s por el derrotero de lo cultural y lo pol&iacute;tico (los comentarios aristot&eacute;licos en chino, la labor ling&uuml;&iacute;stica de los misioneros, la pol&iacute;tica exterior, la reacci&oacute;n japonesa contra el cristianismo, pero tambi&eacute;n la cultura material de los colimenses que adquieren efectos de Oriente como menester para subsistir y permanecer en un determinado estatus social). Todos estos datos son de vital importancia para hacernos una idea del peso de las sociedades en este contexto. Desde antes del siglo XVI hasta el XXI, parece que Occidente ha intentado infructuosamente entender al Oriente, sin conseguirlo, porque se ve a s&iacute; mismo desde su interior y no desde el exterior, como dice Needham.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde siglos atr&aacute;s, el gran argumento que construy&oacute; Occidente para justificar su expansionismo fue una especie de exceso imaginario &#151;para utilizar la figura ret&oacute;rica de "desmesura" del reciente libro de Gruzinski&#151;<sup><a href="#notas">1</a></sup> fundado en la evangelizaci&oacute;n del Orbe: plan desmesurado por escatol&oacute;gico. Por supuesto, esto iba de la mano junto con otro gran imaginario de un mundo no Occidental abundante en riquezas. Si es correcta la interpretaci&oacute;n de la llamada estela nestoriana de X'ian, ya desde el siglo VIII habr&iacute;an llegado grupos de sirios nestorianos a China para predicar el evangelio y las formas de vida asc&eacute;tica. Los nestorianos se confundieron con el resto de las religiones y no proliferaron mayormente. Se conoce tambi&eacute;n la historia de una evangelizaci&oacute;n franciscana de China en el siglo XIII, que solamente prosper&oacute; durante los mongoles y decay&oacute; al inicio de la dinast&iacute;a Ming con su pol&iacute;tica de cierre frente al exterior. Pero Occidente no cej&oacute; en el intento. A principios del siglo XVI (1517) ocho barcos portugueses navegaron rumbo a China desde Malaca &#151;la encrucijada de Asia por excelencia en aquel tiempo&#151; dirigidos por Tom&eacute; Pires. En la primavera de 1520 estaban asentados en Cant&oacute;n y pensaban que ten&iacute;an asegurado su dominio tras algunas conversaciones con el emperador chino en Nankin. Pero el emperador muri&oacute; en abril de 1521 sin haber llegado a ning&uacute;n acuerdo y los portugueses fueron apresados en Cant&oacute;n, juzgados y ejecutados acusados de bandidaje en 1523. China cerr&oacute; sus puertas brevemente a los "ladrones" de Occidente. Por cierto, Gruzinski ha ensayado, en el libro mencionado, la idea de las historias conectadas: la experiencia europea en Asia respecto a la conquista de Mexico&#45;Tenochtitlan por Hern&aacute;n Cort&eacute;s, en agosto de 1521. Con ello enffatiza su idea de la desmesura europea as&iacute; como del primer proceso de mundializaci&oacute;n en el siglo XVI en el que ya no existe continente alguno que no sufra la din&aacute;mica occidental. Un proceso en el cual, a fin de cuentas, los di&aacute;logos entre Oriente y Occidente han sido intermitentes. Importa ubicar este concepto, pues es utilizado por algunos de los autores de este n&uacute;mero.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero volvamos a China. Destaca el tes&oacute;n de los occidentales por entrar en el extremo Oriente. Sesenta a&ntilde;os despu&eacute;s de los acontecimientos de Cant&oacute;n, en 1582, los misioneros jesuitas obtuvieron permiso para entrar en China y establecerse. Los personajes m&aacute;s llamativos de este proceso fueron Matteo Ricci y Michele Rugieri, quienes se encargaron de componer un vocabulario de equivalencias entre la lengua china y la portuguesa que permitiera el proceso de evangelizaci&oacute;n en el extremo oriental. Pero tambi&eacute;n resulta relevante la figura de Francesco Sambiasi, cuya obra <i>Lingyan lishao</i> (1624) es el pretexto para adentrarnos en el primer art&iacute;culo de nuestra secci&oacute;n tem&aacute;tica.<sup><a href="#notas">2</a></sup> </font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El <i>Lingyan lishao</i> (que se puede traducir por "Humilde discusi&oacute;n sobre cuestiones del alma"), conocido tambi&eacute;n como el <i>Aristoteles Sinicus,</i> es uno m&aacute;s de la serie de comentarios que los te&oacute;logos cristianos &#151;y otros autores antes que ellos&#151; elaboraron a partir del tratado <i>De anima,</i> una reflexi&oacute;n filos&oacute;fica de la Grecia cl&aacute;sica atribuida a Arist&oacute;teles. Una serie de particularidades de este comentario escrito en chino por Sambiasi sirve a Isabelle Duceux para mostrarnos no solamente la riqueza del pensamiento jesuita en materia teol&oacute;gica, sino los niveles o grados de adaptaci&oacute;n de los discursos occidentales a otras realidades. Mediante un an&aacute;lisis comparativo de este texto con otros de miembros de la Compa&ntilde;&iacute;a, Duceux nos muestra el amplio margen de maleabilidad discursiva y libertad que ten&iacute;an los escritores jesuitas para tratar temas dif&iacute;ciles de la teolog&iacute;a. Pero tambi&eacute;n, su inter&eacute;s en dialogar con las culturas distintas a la suya. Un ejemplo importante es comparar la manera en la que los jesuitas no se preocuparon por adaptar al sistema de pensamiento n&aacute;huatl algunos de sus textos &#151;ya que la traducci&oacute;n al n&aacute;huatl segu&iacute;a la sintaxis de las obras en lat&iacute;n&#151; con el tit&aacute;nico esfuerzo por asimilar el pensamiento chino y tratar de traducir no solamente las palabras sino el sistema mismo de pensamiento. Y aunque Duceux demuestra el fracaso de Sambiasi para expresar dif&iacute;ciles cuestiones metaf&iacute;sicas como lo respectivo al alma y el concepto de Dios bajo la estructura de un pensamiento filos&oacute;fico chino plagado de elementos materialistas, no deja de llamar la atenci&oacute;n que el esfuerzo estaba fundamentado por una admiraci&oacute;n a una cultura distinta que la occidental que, a su semejanza, ten&iacute;a una tradici&oacute;n basada en los textos y los libros.<sup><a href="#notas">3</a></sup> </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero, &iquest;qu&eacute; tanto en realidad entend&iacute;an los misioneros occidentales la cultura, el pensamiento y la lengua del extremo Oriente? Por supuesto que los asuntos ling&uuml;&iacute;sticos ten&iacute;an que ver con una concepci&oacute;n acerca de la necesidad de aprender y dominar un lenguaje extra&ntilde;o para tener &eacute;xito en el proceso de evangelizaci&oacute;n, concepci&oacute;n que si bien era general, difer&iacute;a de una orden misionera a otra. En este sentido, el art&iacute;culo de Pascale Girard nos mete de lleno en la experiencia de, otra vez, dos misioneros religiosos en China a finales del siglo XVI y principios del XVIII: nuestro ya mencionado jesuita Mateo Ricci y el franciscano Pedro de la Pi&ntilde;uela. El problema aqu&iacute; se complica m&aacute;s cuando el autor introduce reflexiones desde el punto de vista de la ling&uuml;&iacute;stica contempor&aacute;nea del siglo xx. &iquest;Estaban los misioneros realmente aprendiendo y describiendo (dos cosas muy distintas) las lenguas de esas tierras, o acaso estaban imaginando que las aprend&iacute;an y entend&iacute;an a partir de su propia concepci&oacute;n de lo que era el lenguaje? Las discusiones, en ese sentido, sobre la percepci&oacute;n de la escritura ideogr&aacute;fica china en comparaci&oacute;n a la escritura fon&eacute;tica occidental que hab&iacute;a en la &eacute;poca, y de la que se ocuparon desde el padre Joseph de Acosta hasta Leibiniz, es aleccionadora. Lo que nos deja en claro Girard es que la pr&aacute;ctica de los misioneros y las lucubraciones de los estudiosos de la lengua en sus gabinetes fue, durante siglos, por rumbos completamente distintos. Adem&aacute;s, queda en claro que la experiencia de los misioneros en ciertas regiones de Oriente, en t&eacute;rminos ling&uuml;&iacute;sticos, era muy ardua. Pi&ntilde;uela mismo no logr&oacute; dominar fluidamente el chino sino hasta despu&eacute;s de nueve a&ntilde;os de habitar en esas tierras. E incluso comentaba que no era lo mismo intentar aprender el tagalo de las Filipinas que, seg&uacute;n &eacute;l, cualquier misionero pod&iacute;a dominar con cinco o seis meses de aprendizaje, que el chino continental que ni siquiera en dos a&ntilde;os era accesible ya que "estos nomitativos no son con&ccedil;ertados como los de la lengua Tagala". A final de cuentas, Girard nos hace reflexionar no solamente en la pr&aacute;ctica ling&uuml;&iacute;stica de las &oacute;rdenes misioneras, sino en c&oacute;mo el contacto con esas realidades culturales distintas impact&oacute; y modific&oacute; sus pol&iacute;ticas evangelizadoras a partir del problema de la lengua.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y ya que tocamos a las Filipinas gracias a la aparente facilidad de la lengua tagala seg&uacute;n fray Pi&ntilde;uela, el art&iacute;culo de Paulina Machuca nos lleva a una dimensi&oacute;n distinta de los di&aacute;logos intermitentes entre Oriente y Occidente: la de la cultura material que viajaba entre las posesiones espa&ntilde;olas de Filipinas y la Nueva Espa&ntilde;a &#151;espec&iacute;ficamente el caso de Colima&#151;, gracias al Gale&oacute;n de Manila. La ruta del cl&aacute;sico conjunto de textos de Jean&#45;Pierre Berthe (De <i>Sevilla a Mani</i><i>la)</i> se ve diseccionada y aprovechada para poner atenci&oacute;n en uno de los tantos puntos de la ruta del Pac&iacute;fico. Retomando la idea braudeliana de cultura material, Machuca nos lleva a revisar un conjunto de elementos suntuarios que proven&iacute;an de Oriente y que estaban presentes en la vida cotidiana de los colimenses de cierto pelo. A partir de rastros de testamentos, cartas de dotes e inventarios de bienes, entre otros documentos, podemos acercarnos a lo que seguramente los vecinos principales de una villa apartada del n&uacute;cleo central de la Nueva Espa&ntilde;a (Colima) conceb&iacute;an como objetos lujosos. Apartada s&iacute; del centro neur&aacute;lgico de la Nueva Espa&ntilde;a, pero cercana al eje del comercio con Oriente, Colima, a fin de cuentas, quedaba muy cerca de alguno de los primeros avistaderos de la llegada del Gale&oacute;n de Manila (como Bah&iacute;a de Banderas o Cabo Corrientes), y eso redund&oacute; obviamente en la acumulaci&oacute;n de bienes suntuarios, ya sea por comercio formal o por contrabando. Machuca nos invita a un recorrido por estos registros de la cultura material producida del otro lado del mar: vestidos y piezas de tela de acabado fino, objetos de marfil tallado con temas religiosos y seculares, muebles de divina y fina factura. Pero tambi&eacute;n nos habla de mestizajes culturales en pr&aacute;cticas productivas, como todo lo que tiene que ver con el aprovechamiento de la palmera de coco, desde su utilizaci&oacute;n arquitect&oacute;nica hasta la producci&oacute;n de tuba o vino de coco. El texto de Machuca nos muestra un intenso intercambio y mestizaje que viene desde finales del siglo XVI.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El siguiente art&iacute;culo de la secci&oacute;n tem&aacute;tica nos hace dar un salto de varios siglos para situarnos de nuevo en el problema de los di&aacute;logos intermitentes y abruptamente cortados, ahora entre M&eacute;xico y el conjunto de naciones del Suroeste Asi&aacute;tico. Juan Jos&eacute; Ram&iacute;rez Bonilla ensaya un an&aacute;lisis del porqu&eacute; la pol&iacute;tica exterior implementada por el gobierno mexicano en los recientes tres sexenios ha sido un obst&aacute;culo para establecer mejores relaciones con sociedades internacionales de cooperaci&oacute;n como la Asociaci&oacute;n de Naciones del Suroeste de Asia (ANSEA), creada en 1967. A pesar del inter&eacute;s del gobierno mexicano de que M&eacute;xico forme parte del selecto grupo de naciones que son socios de di&aacute;logo de la ANSEA a trav&eacute;s de su Foro Regional (ARF), instalado en 1993, los gobiernos de los pa&iacute;ses del sureste asi&aacute;tico no percibieron a M&eacute;xico como un miembro de la comunidad internacional con relevancia en la zona Asia&#45;Pac&iacute;fico. Por otro lado, la p&eacute;sima relaci&oacute;n personal entre el presidente Zedillo y Mohammad Mahathir (primer ministro malayo) en los foros internacionales, y luego la abierta contradicci&oacute;n entre los lineamientos de la pol&iacute;tica exterior de M&eacute;xico con respecto a los del derecho internacional expresado por la Carta de las Naciones Unidas, a partir de la administraci&oacute;n de Fox, terminaron por dejar la idea entre los l&iacute;deres asi&aacute;ticos de que M&eacute;xico es un pa&iacute;s intervencionista en materia de democracia y derechos humanos. Por supuesto que los asi&aacute;ticos no quieren un socio de este estilo. El an&aacute;lisis de Ram&iacute;rez Bonilla nos demuestra que dicha contradicci&oacute;n obedece a una especie de esquizofrenia de la pol&iacute;tica mexicana en la que documentos como el Plan Nacional de Desarrollo contradice flagrantemente a la Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica de los Estados Unidos Mexicanos en materia del respeto que se le debe a la soberan&iacute;a de las naciones y la autodeterminaci&oacute;n de los pueblos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero volvamos en el tiempo y el tema de la evangelizaci&oacute;n como punta de lanza del Occidente en Oriente. A diferencia de la experiencia jesu&iacute;tica en China, que por lo menos pudo mantenerse hasta la supresi&oacute;n de la Compa&ntilde;&iacute;a en 1773 &#151;aunque con muchas persecuciones contra los cat&oacute;licos desde la d&eacute;cada de 1740&#151;, la experiencia de la evangelizaci&oacute;n en Jap&oacute;n fue muy distinta y tuvo una vida m&aacute;s corta y violenta, con un importante saldo de varias decenas de m&aacute;rtires y santos que engrosaron los procesos de canonizaci&oacute;n de la Iglesia cat&oacute;lica. Los primeros jesuitas arribaron a Jap&oacute;n en 1549, incluso antes de que comenzase realmente el proceso de colonizaci&oacute;n y poblamiento de las Filipinas (1565). Las cosas no fueron f&aacute;ciles dado el convulso estado de guerra entre los <i>daimy&ocirc;s</i> japoneses, pero empeor&oacute; tras la unificaci&oacute;n (parcial) con el ascenso de Toyoto&#45;mi Hideyoshi, entre 1582 y 1586. La llegada, un tanto accidental, de franciscanos desde Manila en 1596 termin&oacute; por complicar el panorama por su poco apego a la autoridad de Hideyoshi. Sobrevino entonces la primera persecuci&oacute;n que terminar&iacute;a con la muerte de los m&aacute;rtires de Nagasaki, en febrero de 1597 y, durante los dos primeros shogun Tokugawa, Ieyasu y Hidetada (1603 a 1623), hubo una especie de estira y afloja entre los japoneses y los misioneros cat&oacute;licos, pues algunos <i>daimy&ocirc;</i> toleraban a los misioneros mientras que otros los persegu&iacute;an. En ese contexto, un simpatizante de las misiones cristianas, el <i>daimy&ocirc;</i> de Osh&uuml; &#151;un se&ntilde;or&iacute;o del noreste japon&eacute;s con capital en Sendai&#151;, Date Masamune, organiz&oacute; una primera embajada japonesa para enviarla a Europa. Masamune orden&oacute; la construcci&oacute;n de un barco que zarp&oacute; con cerca de 180 japoneses y los restos de la expedici&oacute;n de Sebasti&aacute;n Vizca&iacute;no m&aacute;s el franciscano Luis Sotelo, en octubre de 1613, bajo las &oacute;rdenes de un samur&aacute;i: Hasekura Tsunenaga Rokuyemon. Es, precisamente, este personaje el que presta su rostro para la portada de este n&uacute;mero.<sup><a href="#notas">4</a></sup> </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hasekura ten&iacute;a las &oacute;rdenes de su <i>daimy&ocirc;</i> de entrevistarse con Felipe III en Madrid y con el papa Paulo V en Roma, para lograr apoyo mediante el env&iacute;o de misioneros franciscanos a Jap&oacute;n y el establecimiento de un tratado comercial. La expedici&oacute;n lleg&oacute; a la Nueva Espa&ntilde;a en enero de 1614, y algunos de los japoneses se quedaron en la costa mientras Hasekura prosegu&iacute;a hacia M&eacute;xico y luego a Madrid. Entre estos japoneses que quedaron en Nueva Espa&ntilde;a es posible que se encuentre el origen &#151;entre otras tres posibilidades&#151; de aquellos que se integraron a la sociedad de la ciudad de Guadalajara del siglo XVII, de quienes trata precisamente el libro de Falck rese&ntilde;ado en este n&uacute;mero. Hasekura se entrevist&oacute; con Felipe III en enero de 1615 y, unos d&iacute;as despu&eacute;s, se convirti&oacute; al cristianismo y fue bautizado por el arzobispo de Toledo como Felipe Francisco Hasekura. A finales de 1615, parti&oacute; hacia Roma donde fue recibido en noviembre por la curia romana y hecho ciudadano por el senado de la ciudad de Roma. No se sabe d&oacute;nde fue pintado su retrato, de autor an&oacute;nimo, orando frente a un crucifijo. Fue hecho obviamente despu&eacute;s de su conversi&oacute;n, en febrero de 1615 en Madrid, pero quiz&aacute; los pinceles sean italianos. El samur&aacute;i ha adoptado el riguroso atuendo negro del siglo XVII espa&ntilde;ol con pu&ntilde;os y cuello de encaje blancos &#151; que no llega a ser ni gola ni lechuguilla&#151;, pero conserva su cabello largo atado a la usanza nipona y porta una espada japonesa (seguramente un <i>tachi,</i> por la disposici&oacute;n en la que es llevada), que atestigua su alto rango entre los samur&aacute;i y el que se encuentra en una actitud ceremonial. Las manos en adem&aacute;n de plegaria y la mirada puesta en el crucifijo contrastan con cierto aire de seriedad y dureza caracter&iacute;stico de las maneras niponas de los guerreros. Es una pintura que, de manera sencilla, condensa mezclas culturales presentes en las historias conectadas de su tiempo. Un cuadro que contrasta, adem&aacute;s, con el pintado por el franc&eacute;s Claude Deruet en la corte romana en 1615, en el que retrata a Hasekura a la manera en la que se sol&iacute;a representar a los embajadores, con su vestimenta tradicional <i>&#151;kimono</i> con <i>hakama,</i> en este caso&#151;, portando ahora una <i>katana</i> adem&aacute;s del <i>tachi,</i> y en el que se observa, a trav&eacute;s de una ventana, la nao que comand&oacute; en su viaje de Jap&oacute;n a la Nueva Espa&ntilde;a (el San Sebasti&aacute;n).<sup><a href="#notas">5</a></sup> </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aunque Felipe III y Paulo V recibieron con atenciones a Hase&#45;kura, poco hicieron en el sentido del establecimiento de tratados y otras promesas de apoyo. Sab&iacute;an bien que Hasekura solamente representaba a un se&ntilde;or secundario interesado en establecer mayores contactos con Occidente, pero cuya pol&iacute;tica iba en sentido contrario a la de los shogun Tokugawa quienes, con la impl&iacute;cita aceptaci&oacute;n del d&eacute;bil emperador Go&#45;Mizunoo Tenno, arremetieron contra los misioneros cat&oacute;licos y publicaron un edicto de expulsi&oacute;n en 1613. Con el fracaso de su misi&oacute;n diplom&aacute;tica a cuestas, Hasekura volvi&oacute; al Jap&oacute;n en 1620 justo cuando, en Sendai, Date Masamune declaraba la prohibici&oacute;n del cristianismo en su territorio por temor al shogun. Hasekura muri&oacute; dos a&ntilde;os despu&eacute;s sin renunciar, al parecer, a la fe cristiana, pues sus parientes, viuda y sirvientes fueron perseguidos durante a&ntilde;os. En 1640 se encontraron y confiscaron algunos objetos del culto cat&oacute;lico que Hasekura hab&iacute;a llevado desde Europa, y que permanec&iacute;an en poder de sus familiares.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La an&eacute;cdota de la conservaci&oacute;n de la fe cristiana de Hasekura y los suyos nos sirve para referirnos al maravilloso documento que presentan Agust&iacute;n Jacinto y Tamiko Kambe O. : el <i>Yaso kunjin kit&ocirc; genbun,</i> o "Texto original de las oraciones del catequista cristiano".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A pesar de las persecuciones iniciadas en 1597, y de las duras prohibiciones del culto cat&oacute;lico en Jap&oacute;n a partir de la d&eacute;cada de 1610, los misioneros siguieron entrando secretamente en el archipi&eacute;lago y muchos conversos permanecieron en su fe de manera clandestina. Tras las revueltas campesinas de la d&eacute;cada de 1630, el tercer shogun Tokugawa, Iemitsu, decidi&oacute; endurecer la prohibici&oacute;n de la religi&oacute;n cristiana, todo contacto y comercio con los europeos, as&iacute; como la entrada de extranjeros o la salida de japoneses del archipi&eacute;lago. Una pol&iacute;tica de aislamiento iniciada con el decreto de <i>Sakoku</i> y que caracteriz&oacute; todo el periodo Edo hasta la restauraci&oacute;n Meiji de 1866. Para acabar con los &#151;perm&iacute;tase la expresi&oacute;n&#151; criptocristianos, en 1640 se cre&oacute; una organizaci&oacute;n bajo el eufem&iacute;stico nombre de Oficina de Cambio de Religi&oacute;n <i>(sh&ucirc;mon aratame&#45;yaku)</i> que ten&iacute;a por objeto inducir a la apostas&iacute;a por medios violentos. A la manera de los inquisidores del Santo Oficio occidentales en la misma &eacute;poca, los oficiales de la <i>sh&ucirc;mon aratame&#45;yaku</i> necesitaban conocer a la perfecci&oacute;n cualquier tipo de manifestaci&oacute;n externa de la religiosidad cristiana, incluida por supuesto las palabras y conceptos contenidos en las plegarias de los creyentes. El resultado fue una extensa serie documental que serv&iacute;a para el interrogatorio de los cristianos durante el tormento, de la cual el texto presentado aqu&iacute; es un fragmento. Un punto importante por el que discurren Jacinto y Kambe en la presentaci&oacute;n del documento es que la respuesta de los shogun no fue tanto por el miedo al cristianismo como doctrina religiosa sino porque la din&aacute;mica de la evangelizaci&oacute;n era percibida por los japoneses como una pol&iacute;tica de penetraci&oacute;n violenta asociada a su af&aacute;n expansionista. Un elemento m&aacute;s para calibrar la desmesura del imaginario &#151;y la actitud&#151; de Occidente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A pesar del cierre de Jap&oacute;n al comercio y la evangelizaci&oacute;n, los espa&ntilde;oles permanecieron en Manila &#151;donde fueron a parar muchos japoneses que escaparon a la prohibici&oacute;n del cristianismo&#151;, utiliz&aacute;ndola como puerta del comercio con Oriente. China y otras regiones del Suroeste Asi&aacute;tico siguieron llevando mercanc&iacute;a a Filipinas, que era intercambiada y transportada por los espa&ntilde;oles a trav&eacute;s del Pac&iacute;fico hasta Nueva Espa&ntilde;a, y de ah&iacute; a Sevilla. A principios del siglo XVIII, el sistema comercial espa&ntilde;ol por ambos oc&eacute;anos estaba perfectamente establecido, y participaban de &eacute;l los consulados de comerciantes de uno y otro lado del Atl&aacute;ntico. Sobre este intr&iacute;ngulis pol&iacute;tico y comercial nos habla el libro de Escamilla, rese&ntilde;ado tambi&eacute;n en estas p&aacute;ginas.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Despu&eacute;s de estos textos que nos llevan de un lado al otro del orbe y que nos sirven para tomar conocimiento en una perspectiva macro del mundo entre los siglos XVI y XXI gracias a cientos o miles de di&aacute;logos ahora iniciados, ahora rotos, entre poblaciones y culturas, podemos descansar nuestra mirada en puntos fijos, m&aacute;s peque&ntilde;os, desde el observatorio micro de lo local.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por una parte, el trabajo de Ram&oacute;n Goyas nos propone la micro&#45;historia de un latifundio rural a lo largo de tres siglos: la Hacienda de la Ci&eacute;nega, ubicada en la depresi&oacute;n chap&aacute;lica de la Nueva Galicia, en la alcald&iacute;a mayor de La Barca, muy cerca de la l&iacute;nea divisoria con el distrito de la Audiencia de M&eacute;xico. A lo largo del trabajo, observamos a los propietarios de la hacienda ejercer una serie de estrategias para la acumulaci&oacute;n de t&iacute;tulos de caballer&iacute;as y estancias de ganado mayor y menor, relaciones con los oidores de la Audiencia de Guadalajara, los cambios en las estrategias de producci&oacute;n de ganado y las relaciones con los peones, casi todos indios labor&iacute;os. A fines del siglo XVIII la hacienda pas&oacute; a manos del Fondo Piadoso de las Californias, que inici&oacute; una pol&iacute;tica de arrendamiento de las tierras de la hacienda para poder obtener ingresos. El arrendamiento traer&iacute;a como consecuencia el aumento de invasiones de tierras, conflictos que prosiguieron hasta la apropiaci&oacute;n del latifundio a manos del gobierno en 1842.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otra parte, el trabajo de Arturo Argueta y A&iacute;da Castilleja nos ofrece una mirada al complejo entrecruzamiento de la vida social, religiosa y cultural de un pueblo p'urh&eacute;pecha de la Meseta, Cher&aacute;n, con las <i>uauapu</i> o avispas mieleras. La actividad de los panaleros de la localidad, es decir, aquellos que se dedican a la recolecci&oacute;n de los panales, la miel y las larvas de las <i>uauapu</i> es muy secundaria y poco provechosa en t&eacute;rminos econ&oacute;micos. Pero Argueta y Castilleja nos muestran la profunda articulaci&oacute;n de estos productos silvestres recolectados en los bosques con los ciclos ceremoniales de la comunidad, las relaciones de reciprocidad y parentesco, el sistema de saberes y, a fin de cuentas, la compleja concepci&oacute;n del cosmos del cual forman parte tanto los p'urh&eacute;pecha como las <i>uauapu. </i>En un complejo proceso de deconstrucci&oacute;n, Argueta y Castilleja revelan las relaciones simb&oacute;licas que establecen los habitantes de Cher&aacute;n entre el mundo de los hombres y el mundo de las <i>uauapu:</i> el panal como mundo, el trabajo colectivo, la relaci&oacute;n con la naturaleza y su aprovechamiento.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No es necesario, por ser bien conocido, hacer el recuento de lo que ha venido sucediendo en estos meses y a&ntilde;os en el poblado de Cher&aacute;n. Pero el poder reconstruir las maneras en las que una comunidad campesina vive y que subsiste sobre todo del aprovechamiento de los recursos forestales, nos invita a una reflexi&oacute;n que nos regresa al pensamiento de Needham con el que abrimos esta presentaci&oacute;n. Los problemas del mundo no se resolver&aacute;n jam&aacute;s mientras sean solamente vistos desde la mirada de Occidente. Es necesario ver los problemas de Occidente desde fuera, desde la mayor parte de la humanidad. Y, a veces, ese otro no queda en el lejano Oriente: est&aacute; en la propia casa, en las monta&ntilde;as y en las selvas del propio mundo que se piensa occidental.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>      <p align="right"><font face="verdana" size="2"><strong>V&iacute;ctor Gayol</strong></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="notas"></a> <b>Notas</b></font></p> 	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Serge Gruzinski, <i>L'Aigle et le Dragon. D&eacute;mesure europ&eacute;enne et mondialisation au XVTe si&egrave;cle,</i> Par&iacute;s, Fayard, 2012, 429 p.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6514115&pid=S0185-3929201200030000100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Secci&oacute;n cuyo art&iacute;fice ha sido Thomas Calvo, el director de esta revista.</font></p> 	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> Una traducci&oacute;n completa del <i>Lingyan lishao</i> con m&aacute;s abundante tratamiento de la entrada del pensamiento occidental a China, en Isabelle Duceux, <i>La introducci&oacute;n del aristotelismo en China a trav&eacute;s del</i> De anima, <i>siglos XVI&#45;XVII,</i> M&eacute;xico, Centro de Estudios de Asia y &Aacute;frica, El Colegio de M&eacute;xico, 2009, 656 p.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6514118&pid=S0185-3929201200030000100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> Agradecemos profundamente las gestiones del embajador Eikichi Hayashiya (conocedor de M&eacute;xico y traductor, junto con Octavio Paz, de las obras de Bash&ouml;) y la doctora Melba Falck ante el Museo de la Ciudad de Sendai, Jap&oacute;n (&#20185;&#21488;&#24063;&#21338;&#29289;&#39208;), para permitirnos publicar esta imagen de su colecci&oacute;n.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> El cuadro se encuentra en la Galer&iacute;a Borghese, Roma.</font></p>      ]]></body><back>
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<source><![CDATA[La introducción del aristotelismo en China a través del De anima, siglos XVI-XVII]]></source>
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