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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Varios autores, "Las ciencias sociales y la muerte"</b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Eduardo Matos Moctezuma*</b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Revista <i>Trace,</i> n&uacute;m. 58, Centro de Estudios Mexicanos y Centroamericanos, M&eacute;xico, 2010, 152 p.</b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>INAH </i>* <a href="mailto:ematosm@cablevision.net.mx">ematosm@cablevision.net.mx</a></font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las ciencias sociales y la muerte" es el t&iacute;tulo del n&uacute;mero 58 de la  revista <i>Trace,</i> correspondiente a diciembre de 2010. Lo primero que sorprende de este n&uacute;mero es la enorme variedad de temas dedicados a la muerte en diferentes &aacute;mbitos del mundo. El "Pr&oacute;logo", escrito por Nadine B&eacute;ligand, nos da para comenzar un magn&iacute;fico introito, tanto a los autores, como a los escritos donde se plantea gran diversidad de situaciones en relaci&oacute;n con la muerte. Pero no s&oacute;lo trata, la autora, acerca de todo lo mencionado, sino que acude a diferentes especialistas cuyos trabajos han aportado un conocimiento s&oacute;lido sobre la concepci&oacute;n de la muerte. Hay que agradecer a Nadine la compilaci&oacute;n de estos materiales que forman la revista y de los que nos dice:</font></p> 	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">deseo subrayar que este n&uacute;mero de <i>Trace</i> es el fruto de una estrecha colaboraci&oacute;n con los autores, a quienes deseo agradecer muy sinceramente su compromiso y sus respuestas concisas a mis (muy) numerosas preguntas a todo lo largo del proceso de coordinaci&oacute;n de la obra. Gracias a ellos, esta publicaci&oacute;n ha sido una hermosa aventura, una experiencia rica en ense&ntilde;anzas e intercambios; en su esp&iacute;ritu, es el fruto de la elaboraci&oacute;n, junto con cada autor, de una verdadera publicaci&oacute;n colectiva. En consecuencia, este n&uacute;mero de <i>Trace</i> pertenece a todos y cada uno de ellos.</font></p> </blockquote> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y yo agregar&iacute;a: y tambi&eacute;n nos pertenece a nosotros, los lectores, a quienes nos apasiona un tema que es com&uacute;n denominador en nuestros estudios. Gracias a los autores y en particular a Nadine por los escritos que hoy nos brindan y de los que har&eacute; menci&oacute;n a continuaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En total se trata de doce art&iacute;culos escritos por otros tantos investigadores desde perspectivas diferentes que nos introducen lo mismo en Europa que en &Aacute;frica y Latinoam&eacute;rica. El primero de ellos es de la autor&iacute;a de Gr&eacute;gory Pereiray trata acerca de una parte del cosmos, el infra&#45;mundo, estudiado a partir de una investigaci&oacute;n arqueol&oacute;gica en el sitio Potrero de Guadalupe, Michoac&aacute;n, visto a la luz de los datos que proporciona la etnohistoria. Para el autor, los vestigios arquitect&oacute;nicos y escult&oacute;ricos encontrados dan pie para pensar que estas estructuras estaban relacionadas con la idea del inframundo: un patio hundido resulta revelador por su funci&oacute;n y orientaci&oacute;n norte&#45;sur que invita a pensar en la presencia de una entrada al mundo de los muertos, lo que se ve reforzado al encontrarse restos de un perro adem&aacute;s de las c&aacute;maras mortuorias que dan al patio. La asociaci&oacute;n de juego de pelota (de los que hay algunos vestigios), el patio hundido y el temascal permiten a Gregory hacerse una pregunta: "&iquest;se debe considerar Guadalupe como un lugar de culto relacionado con la fertilidad?" Y el mismo responde: "A la vista de la informaci&oacute;n que se ha presentado en este trabajo, esa posibilidad parece aceptable" (p. 27). Y tiene raz&oacute;n el autor, pues bien sabemos de la relaci&oacute;n que existe entre el lugar de los muertos, el Mictlan, y su funci&oacute;n como matriz. Tal es el caso de la concepci&oacute;n que se ten&iacute;a entre los mexicas del centro de M&eacute;xico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El segundo trabajo es de la autor&iacute;a de Isabelle S&eacute;guy y lleva por t&iacute;tulo "La muerte de los peque&ntilde;itos: entre el dogma y las creencias populares". Isabelle se centra en su estudio en la muerte de los infantes en Francia en la Edad Media y fechas posteriores, y la preocupaci&oacute;n de los padres por sus hijos si estos mor&iacute;an sin haber sido bautizados. La religi&oacute;n cat&oacute;lica marcaba un destino poco feliz para los ni&ntilde;os que mor&iacute;an sin el bautismo, siendo quiz&aacute; el m&aacute;s r&iacute;gido el concepto agustino de que sus almas ir&iacute;an al infierno. Esto provoc&oacute; que la pr&aacute;ctica del bautismo sufriera cambios a lo largo del tiempo. Nos dice la autora:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">a partir del siglo XII, el bautismo era administrado cada vez m&aacute;s cerca del nacimiento: en la primera semana de vida en el siglo XIII 'y lo antes posible' en el siglo XVI, generalmente durante los tres d&iacute;as que segu&iacute;an al nacimiento. A partir del siglo XVIII, los ni&ntilde;os eran bautizados en cuanto nac&iacute;an. Al reducir en siete d&iacute;as el plazo entre el nacimiento y el bautismo, dos veces m&aacute;s reci&eacute;n nacidos pudieron escapar a la pena de condenaci&oacute;n (p. 31).</font></p> </blockquote> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No hay que olvidar que el bautismo se consideraba como la incorporaci&oacute;n del ni&ntilde;o a la comunidad, adem&aacute;s de determinar su destino despu&eacute;s de la muerte si no hab&iacute;a recibido las aguas l&uacute;strales. Esto llev&oacute; a los padres al extremo de llevar a sus hijos muertos en esas condiciones a los "santuarios de resurrecci&oacute;n moment&aacute;nea", en donde se imploraba al cielo para que el ni&ntilde;o reviviera y poder bautizarlo. Otra pr&aacute;ctica fue la de colocar el cad&aacute;ver debajo de un canal&oacute;n de agua de una iglesia para que recibiera aquella agua sagrada y por ende el difunto se reintegrara a la familia y la comunidad. La Iglesia se las ingeni&oacute; para hacer m&aacute;s benevolente el destino del ni&ntilde;o no bautizado al establecer en el siglo XIII el Limbo, pero "esa invenci&oacute;n no alivi&oacute; la angustia de los padres que no soportaban la idea de que su ni&ntilde;o no pudiera ser plenamente feliz all&iacute; ni volver a verlo jam&aacute;s, ya que el Limbo no comunicaba con el Purgatorio ni con el Para&iacute;so" (p. 32).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Est&aacute; por dem&aacute;s decir que las pr&aacute;cticas de enterramientos tambi&eacute;n variaron durante los siglos. De esto nos habla la autora e insiste en el problema tanto psicol&oacute;gico como material que representaba para los familiares el enfrentar solos la necesidad de enterrar a estos ni&ntilde;os en los jardines de las casas o en casos extremos abandonarlos en letrinas. En fin, que el pensamiento cristiano era portador de no poca angustia para sus practicantes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los tres art&iacute;culos que siguen guardan relaci&oacute;n entre s&iacute; no s&oacute;lo porque atienden lo relativo a los enterramientos en ciudades diferentes como son Par&iacute;s, N&aacute;poles y varias m&aacute;s, sino tambi&eacute;n por los cambios que van a ocurrir en la forma de pensamiento en general y religioso en particular durante los siglos XVII y XVIII. En efecto, Laurence Crocq se refiere a "La muerte en Par&iacute;s, siglos XVII y XVIII, nuevas perspectivas", en donde nos dice de c&oacute;mo, especialmente en el siglo XVIII, se observa un fen&oacute;meno de "descristinizaci&oacute;n, la secularizaci&oacute;n, el janse&iacute;smo" y otros aspectos, con el consiguiente avance de la Ilustraci&oacute;n y sus ideas. Las sepulturas familiares al interior de las iglesias y las prerrogativas de sepultar a los muertos bajo el piso de las mismas se traduce en un estado de insalubridad creciente. Los cementerios ubicados en la periferia de las ciudades vienen en parte a solucionar el problema que se presentaba. Sin embargo, con la instauraci&oacute;n de la Reforma en el siglo XVI con las ideas de Lutero y Calvino esta pr&aacute;ctica se consolida no s&oacute;lo por medidas higi&eacute;nicas, sino tambi&eacute;n por creencias religiosas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por su parte, Yves Krumenacker nos brinda un interesante ensayo acerca de esta situaci&oacute;n en su trabajo "Las pr&aacute;cticas funerarias de los hugonotes...", donde se resalta la sobriedad de los entierros tal como ocurriera con Calvino al ser inhumado de manera sencilla y discreta. Diversas leyes se establecen ante el problema que se suscita entre cat&oacute;licos y protestantes, pues algunos de estos &uacute;ltimos adquieren predios fuera de las ciudades para all&iacute; ser enterrados, en tanto que otros desean que sus restos descansen en cementerios cat&oacute;licos ya que sus antecesores pertenecieron a esta religi&oacute;n. En el siguiente p&aacute;rrafo, Krumenacker nos hace ver lo complicado de esta situaci&oacute;n:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A pesar de que los edictos preve&iacute;an cementerios separados y que los cat&oacute;licos rechazaban la 'contaminaci&oacute;n' que representar&iacute;a la inhumaci&oacute;n de herejes en tierra consagrada, se logr&oacute; contabilizar hasta m&aacute;s de 60 cementerios comunes o simplemente divididos en dos partes en B&eacute;arn, m&aacute;s de 80 en Poitou y otros en distintas partes de Francia o en el principado de Orange. Se presentan dos casos diferentes: cuando el cementerio est&aacute; dividido en dos por un muro, la comunidad subsiste, porque protestantes y cat&oacute;licos tienen acceso al cementerio tradicional, pero la percepci&oacute;n de la diferencia confesional es clara. En cambio, cuando el cementerio es realmente mixto, lo cual es menos frecuente, la diferencia confesional no es percibida como separadora; un bello ejemplo de lo anterior.</font></p> </blockquote> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nos sigue diciendo el autor: "se puede ver en Castelmoron, en la provincia de Agen, donde cat&oacute;licos y protestantes, que afirman que jam&aacute;s ha habido controversias entre ellos, llegan a un acuerdo" (p. 55).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Todo esto trae a mi memoria aquella frase c&eacute;lebre dicha por Carlos IX Valois, despu&eacute;s de la matanza de la "Noche de San Bartolom&eacute;", cuando fueron muertos cientos de hugonotes y llevados sus cuerpos a las afueras de Par&iacute;s donde quedaron expuestos. La comitiva real fue a ver aquel espect&aacute;culo y ante la expresi&oacute;n de uno de sus acompa&ntilde;antes que se quej&oacute; del mal olor de los cuerpos, el rey contest&oacute;: &#151;"El cuerpo de un enemigo muerto siempre huele bien..."</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero veamos el tercer trabajo que nos habla de "Una ciudad bajo la ciudad", refiri&eacute;ndose a N&aacute;poles durante el siglo XVIII, escrito por Diego Carnevale. El autor vuelve al tema tratado por los dos estudiosos anteriores, en que se&ntilde;ala: "En la Europa de la segunda mitad del siglo XVIII naci&oacute; un movimiento compuesto, nutrido de las opiniones de m&eacute;dicos, religiosos, administradores p&uacute;blicos, literatos y cient&iacute;ficos, con el fin de reformar las pr&aacute;cticas funerarias y sepulcrales, alejando las &aacute;reas de inhumaci&oacute;n de sus lugares tradicionales dentro de las ciudades" (p. 55).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pese a esto, Carnevale se pregunta si la N&aacute;poles del siglo XVIII debe considerarse una megal&oacute;polis, pues era la tercera ciudad m&aacute;s poblada de Europa despu&eacute;s de Par&iacute;s y Londres, o si se trataba de una mega necr&oacute;polis. Lo anterior viene a colaci&oacute;n porque, a diferencia de lo que pasaba en otras ciudades como ya hemos visto, en N&aacute;poles no se han encontrado evidencias de cementerios parroquiales al aire libre a un lado de las iglesias o construidos fuera de la ciudad. Las iglesias se encargaban de dar el servicio al recibir a los difuntos de tres maneras: en fosas en que el cad&aacute;ver se enterraba a tres metros de profundidad y se le cubr&iacute;a con cal viva para acelerar la descomposici&oacute;n; cuando la fosa se llenaba se sacaban los restos &oacute;seos para colocarlos en la cripta o se enviaban a los osarios generales. La segunda era el sepulcro familiar bajo el piso de las iglesias y de preferencia cerca de alguna capilla. La tercera era una tumba personal debajo del piso para lo cual se necesitaba del permiso del obispo. A&ntilde;os m&aacute;s tarde, en la era de Napole&oacute;n, fue cuando se hicieron cementerios p&uacute;blicos extramuros de la ciudad, los que se terminaron de construir a mediados del siglo XIX.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">"Estudio de los cementerios franceses contempor&aacute;neos" es el tema que trata R&eacute;gis Bertrand. Comienza el autor por darnos los antecedentes de la investigaci&oacute;n realizada hacia los setenta cuyos resultados fueron publicados en 1983&#45; A continuaci&oacute;n trata aspectos de la manera en c&oacute;mo llevar la investigaci&oacute;n por medio del estudio de campo y las dificultades que tuvieron que enfrentar para tal fin. Compara su trabajo con el de un arque&oacute;logo y aplica encuestas adem&aacute;s de valerse de la fotograf&iacute;a digital y la a&eacute;rea para precisar su investigaci&oacute;n. Plantea en su art&iacute;culo la problem&aacute;tica metodol&oacute;gica, los m&uacute;ltiples cuestionamientos entre los que incluye desde la implantaci&oacute;n del cementerio hasta el cercado que lo circunda, la puerta de acceso, su distribuci&oacute;n interna los distintivos confesionales, para llegar al estudio de las tumbas para ver su evoluci&oacute;n, la problem&aacute;tica que se enfrenta para el fechamiento de &eacute;stas y la selecci&oacute;n de las tumbas por estudiar. Con este art&iacute;culo se cierran los estudios dedicados al viejo continente y se da paso a las investigaciones en distintos lugares de Am&eacute;rica y de &Aacute;frica. Comenzamos con el de Alma Victoria Vald&eacute;s que estud&iacute;alos epitafios del siglo XIX, donde nos da los antecedentes de esta pr&aacute;ctica no sin antes hacer alusi&oacute;n a la colocaci&oacute;n de los t&uacute;mulos funerarios la mayor de las veces ef&iacute;meros. Piensa que los paneg&iacute;ricos y las oraciones que se hac&iacute;an para resaltar las virtudes del difunto, especialmente si eran pol&iacute;ticas y religiosas, pueden considerarse como precursoras de los epitafios ya que se inclu&iacute;an en las <i>Relaciones de exequias</i> que se editaban con el fin de perpetuar la memoria del muerto. "Los epitafios y sus inscripciones" es el subt&iacute;tulo con el que inicia el tema y es interesante constatar la recurrencia a textos literarios como <i>El Periquillo Sarniento, La Quijotita y su prima,</i> etc&eacute;tera, lo que obedece a la desaparici&oacute;n de muchos de los cementerios citadinos con la consiguiente p&eacute;rdida de los epitafios en ellos colocados y que sin embargo varios autores colectaron en sus obras. La autora divide en dos partes fundamentales su estudio: los epitafios dedicados a mujeres y, por otro lado, a los hombres. En los primeros se da especial atenci&oacute;n a las cualidades propias de la mujer seg&uacute;n el pensar de la &eacute;poca. Destaca los aspectos maternales, por un lado, y los de amorosa esposa, por el otro. Veamos algunos ejemplos. El primero de ellos est&aacute; dedicado a Mar&iacute;a Dominga Sifuentes, enterrada en el pante&oacute;n de San Pablo y de &eacute;l destaca nuestra autora la cualidad reproductiva, el don de la maternidad y la calidad heroica de la joven madre. Dice as&iacute;:</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><font face="verdana" size="2">Dej&oacute; a su esposo en el dolor profundo</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">Muri&oacute; florida rosa en primavera,</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">Muri&oacute; para dejar que otro viviera,</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">Fue madre y es feliz, parti&oacute; del mundo (An&oacute;nimo)</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este otro, el viudo pone &eacute;nfasis en la cualidad de madre y esposa:</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">Vol&oacute; al trono de Dios y ah&iacute; su asiento,</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">Fij&oacute; una madre tierna y cari&ntilde;osa,</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">Una buena, constante y fiel esposa</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">De amor tesoro y de virtud portento.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En lo que a los hombres se refiere, las virtudes que por lo general se destacan son aquellas que se relacionan con el sustento econ&oacute;mico de la familia. Esto se hace patente en la famosa y terrible <i>Ep&iacute;stola</i> de Melchor Ocampo que a&uacute;n hoy se lee en las bodas civiles y que marcan la situaci&oacute;n de la mujer como dependiente del var&oacute;n. Pero vayamos a los casos de los hijos muertos que tambi&eacute;n eran motivo de que se les prepara un epitafio como el que leemos a continuaci&oacute;n:</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><font face="verdana" size="2">Como temprana flor que agosta el hielo</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">Muri&oacute; la que era nuestro dulce encanto</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">Cual &aacute;ngel puro remont&oacute; su vuelo</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">A la mansi&oacute;n Divina del Dios Santo...</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, los epitafios vinieron a menos. As&iacute; lo se&ntilde;ala Alma Victoria al citar a Ignacio Manuel Altamirano cuando en 1869 se refer&iacute;a a los del pante&oacute;n de Santa Paula en la ciudad de M&eacute;xico: "&iexcl;Qu&eacute; epitafios!, &iexcl;qu&eacute; necedades! &iexcl;Es para faltar al respeto a las cenizas enterradas!". Creo que ten&iacute;a raz&oacute;n. En sus "reflexiones finales", la investigadora dice: "m&aacute;s que dedicaciones personales, los epitafios constitu&iacute;an representaciones sociales que resultaban significativas para los autores y destinatarios, quienes, de alguna manera, pod&iacute;an reconocerse en ellas" (p. 90). Estoy de acuerdo en que son representaciones sociales y que son un buen medidor de la manera en que se consideraban los roles tanto del hombre como de la mujer y que, al fin y al cabo, los acompa&ntilde;aban hasta la muerte, pero no comparto la segunda parte de la reflexi&oacute;n en el sentido de que pod&iacute;an reconocerse en ellas, pues es bien sabido que al morir se engrandecen las buenas acciones de los individuos y se tiende a olvidar la parte negativa de ellos, cre&aacute;ndose una imagen que dista mucho de la que en vida tuvo el difunto.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El trabajo siguiente se complementa muy bien con el anterior, ya que trata acerca de "Las pestilentes mansiones de la muerte", de Sonia Alcaraz Hern&aacute;ndez, refiri&eacute;ndose a los cementerios de la ciudad de M&eacute;xico entre 1870 y 1890. Poco atendidos han sido los temas de la preocupaci&oacute;n que se dio por aquellos a&ntilde;os en relaci&oacute;n con la insalubridad que representaban los panteones y analiza la opini&oacute;n que todo esto despert&oacute; en escritores, m&eacute;dicos e higienistas. Acude, como su antecesora, a varios escritos como los de Altamirano, Garc&iacute;a Cubas, Rivera Cambas y Arroniz, entre otros, en los que se habla del estado desastroso de estos lugares. Santa Paula, Los Angeles, San Fernando, Campo Florido, el de la Villa de Guadalupe, el Franc&eacute;s de la Piedad y el pante&oacute;n Ingl&eacute;s y Americano, eran verdaderos "pudrideros urbanos" en los que no pocos de estos cronistas pugnaban porque tuvieran siquiera un poco de verdor. La voz de los m&eacute;dicos tambi&eacute;n se uni&oacute; a estas quejas y ped&iacute;an a las autoridades que se hicieran panteones mejor dise&ntilde;ados para evitar la contaminaci&oacute;n del aire y otros problemas. Fue hasta la d&eacute;cada de 1880 y despu&eacute;s, durante el porfiriato, que se tomaron medidas como promulgar, en 1891, el primer C&oacute;digo Sanitario a la vez que se "emitieron medidas sanitarias con respecto a la desinfecci&oacute;n de gavetas, clausura de cementerios, traslados y dep&oacute;sitos de cad&aacute;veres" (p. 100).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pasamos ahora a Argentina, en donde el uso de la fotograf&iacute;a de difuntos se estudia por Diego Fernando Guerra durante la segunda mitad del siglo XIX y la primera d&eacute;cada del XX. "Con la muerte en el &aacute;lbum" es el t&iacute;tulo de su colaboraci&oacute;n y en ella nos introduce en las pr&aacute;cticas f&uacute;nebres de la burgues&iacute;a argentina de la &eacute;poca. La pintura del difunto fue realizada por entonces hasta que lleg&oacute; la fotograf&iacute;a como t&eacute;cnica novedosa de captar la imagen tal cual. Con la fotograf&iacute;a se tomaba la imagen inequ&iacute;voca del muerto. Sin embargo, se trataba de dar un ambiente familiar y es as&iacute; como una madre sostiene a un beb&eacute; muerto como si este durmiera pl&aacute;cidamente, o el se&ntilde;or Alvarez reposa en su cama como si estuviera dormido. Hacia la primera d&eacute;cada del siglo xx, la fotograf&iacute;a as&iacute; aplicada vino a menos, lo que despierta en nuestro autor un sinn&uacute;mero de preguntas para tratar de dilucidar las razones de esto. Una posible respuesta est&aacute; en el rechazo de la cultura de masas en contra de estos temas, pero sea como fuere, las preguntas est&aacute;n presentes y s&oacute;lo una investigaci&oacute;n minuciosa podr&aacute; darles respuesta.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Elsa Malvido atiende el tema de "El suicidio entre los esclavos negros en el Caribe en general y en el franc&eacute;s en particular". De entrada nos da diversas hip&oacute;tesis en donde se relaciona esclavitud en tiempo y espacio y su relaci&oacute;n con el suicidio, para de inmediato tratar lo referente al suicidio para lo cual cita el dicho del padre Las Casas que en su parte substancial dice as&iacute;: "La libertad es la luz de nuestra vida &#91;...&#93; La esclavitud por el contrario es una cierta imagen de la muerte &#91;...&#93; Nada m&aacute;s odioso y m&aacute;s deplorable que la esclavitud que se compara con la muerte &#91;...&#93; Por tanto es mejor la muerte antes que una vida transcurrida en la amargura de la esclavitud".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El primer punto que trata la autora es hacer notorio que el suicidio tanto individual como colectivo de los negros tra&iacute;dos desde &Aacute;frica se daba especialmente entre hombres j&oacute;venes y algunos ancianos. Entre las mujeres y los ni&ntilde;os no se conocen casos de que tal cosa sucediera. Lo anterior pudo deberse a la depresi&oacute;n que provocaba aquella situaci&oacute;n extrema con todas sus consecuencias. Hay otro aspecto que resulta interesante mencionar y es el que nos hace ver Elsa basada en los datos etnogr&aacute;ficos aplicados en la poblaci&oacute;n negra de Rio Grande do Sul, en donde "Las sanciones sobrenaturales dentro de su sistema de creencias se hace evidente cuando consideramos las reglas del matrimonio, donde la ley demanda a la esposa o esposas y a sus hijos el cuidado de su esp&iacute;ritu despu&eacute;s de la muerte, viudas e hijos viven temerosos de ofender a los fantasmas de su esposo y padre muertos" (la cita es de Herskovits). He aqu&iacute; una explicaci&oacute;n antropol&oacute;gica, si bien para nuestra autora tambi&eacute;n fueron factores importantes para el "s&iacute;ndrome suicida" "el miedo y la depresi&oacute;n permanentes causados por la esclavitud y que, sumados al exilio, el desgano vital y las enfermedades biol&oacute;gicas, contribuyeron a la falta de defensas inmunol&oacute;gicas permanentes y a la desaparici&oacute;n de miles de esclavos" (p. 117).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La autora nos hace ver otro factor que algunos estudiosos consideran importante: la idea m&aacute;s o menos com&uacute;n entre los diversos grupos africanos en relaci&oacute;n con que, a trav&eacute;s de la muerte, se puede regresar al lugar de origen. Esto resulta relevante en virtud de los diferentes casos de suicidios, tanto durante el traslado por mar, como al llegar a tierra firme. Alrededor de un mill&oacute;n y medio de negros murieron durante la traves&iacute;a. Sin embargo, no se descarta como otro factor m&aacute;s la falta de litio que actualmente se vincula con el suicidio. La realidad es que algunos hacendados manejaban la idea de que el suicidio se realizaba por venganza en contra de sus amos. Fue tanta la p&eacute;rdida econ&oacute;mica que representaba el suicidio que se tomaron medidas como la de bautizar a los negros para que, conforme a la religi&oacute;n cat&oacute;lica, se tuviera temor a este acto que los llevar&iacute;a a su condenaci&oacute;n eterna. En sus conclusiones, Malvido hace ver que el suicidio de esclavos negros en el siglo XVIII se consider&oacute; como una enfermedad tanto por hacendados como por cl&eacute;rigos, adem&aacute;s de considerarla como una venganza en contra de sus amos, como qued&oacute; dicho. Pero &iquest;cu&aacute;les ser&iacute;an las verdaderas razones que podr&iacute;an llevar al esclavo al suicidio? Nos dice la autora:</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde el punto de vista del esclavo, el s&iacute;ndrome suicida fue una salida l&oacute;gica a su condici&oacute;n general biol&oacute;gica y social, a los s&iacute;ntomas decadentes, como enfermedades, soledad y falta de alimentos &#91;...&#93; provocados por los hacendados. Los esclavos se han suicidado en todas las &eacute;pocas hist&oacute;ricas, por lo tanto en una conducta humana com&uacute;n en situaciones extremas".</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y a&ntilde;ade:</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo que desconocemos es si el suicidio fue provocado por la falta gen&eacute;tica de litio y otras sales en el organismo o si fue una pr&aacute;ctica por 'imitaci&oacute;n', definida por los historiadores como 'desanimaci&oacute;n cultural'. De haber sido una conducta hereditaria, la metempsicosis biol&oacute;gica podr&iacute;a interpretarse como una 'conducta natural': el suicidio serv&iacute;a de apoyo espiritual para retornar al lugar de origen (pp. 121&#45;122).</font></p> </blockquote> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El tema que sigue es complementario del anterior ya que trata de "La idea de la muerte y los ritos funerarios en el &Aacute;frica subsahariana", de Jacques Barou. Con un marcado enfoque etnogr&aacute;fico, el autor hace ver que la muerte entre estos grupos se considera dentro del patr&oacute;n del ciclo de vida, haci&eacute;ndola m&aacute;s familiar. Es as&iacute; como los rituales en relaci&oacute;n con los muertos est&eacute;n unidos a los lazos familiares y de grupo. Entre los mossi, una mujer se viste con la ropa del muerto e imita sus ademanes y hasta su forma de hablar. Los hijos le llaman padre y las viudas marido. Para los diola del Senegal, el muerto mismo debe presidir sus funerales, por lo que se le atav&iacute;a con sus mejores ropas y se le ata a su sill&oacute;n, pase&aacute;ndolo entre los participantes. Un aspecto importante es el concebir que al nacer los ni&ntilde;os traen el alma de uno de los antepasados, lo que se entiende que estamos ante una negaci&oacute;n de la muerte. Adem&aacute;s, la vida se prolonga m&aacute;s all&aacute; de la muerte por medio de un rito de pasaje&#45;transici&oacute;n que lleva primero con el estadio de antepasado, estado superior por excelencia. Con la penetraci&oacute;n de religiones como el cristianismo y el islam, el autor atiende este tema en lo que llama "las influencias de las emigraciones, de la sabana a la ciudad", con los cambios que esto implica de p&eacute;rdida paulatina de las ideas originales y la adaptaci&oacute;n a religiones como la cat&oacute;lica. Acerca de esto nos dice Barou: "Con la desaparici&oacute;n progresiva de esas manifestaciones, lo que est&aacute; en proceso de transformaci&oacute;n es el sentido de la muerte. Cada vez se percibe menos como una transici&oacute;n al estadio de antepasado y se convierte en un 'fin natural' que s&oacute;lo la esperanza de la resurrecci&oacute;n permite desdramatizar en el caso de aquellos que han adoptado esa creencia" (p. 131).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y pasamos al &uacute;ltimo cap&iacute;tulo de la revista. En &eacute;l escribe, Pascal Hintermeyer, "La relaci&oacute;n con la muerte". Nos da un panorama general de la concepci&oacute;n actual sobre la muerte en la sociedad occidental. Parte de una primera apreciaci&oacute;n: el morir en paz, como deseo general del individuo y evitar la muerte solitaria. En la actualidad se busca una muerte sin sufrimiento. Esto ha llevado a la implantaci&oacute;n de medidas que llevan a esto como son la eutanasia voluntaria y los cuidados paliativos. Esta &uacute;ltima vela por aminorar el dolor y ocuparse de la calidad de vida. De la otra, la eutanasia, el autor dice: "nuestros contempor&aacute;neos buscan desembarazarse de la adversidad de la muerte, anticipando el &uacute;ltimo plazo y reduci&eacute;ndolo al efecto previsible de una decisi&oacute;n" (p. 139). Libertad y dignidad son base esencial de la eutanasia voluntaria, como dice Hintermeyer. En sus conclusiones, el autor expresa que esta alternativa es una v&iacute;a contempor&aacute;nea de b&uacute;squeda de una muerte sin sufrimiento. "Esta proposici&oacute;n se caracteriza por el rechazo a la muerte prolongada y dolorosa", nos dice. Me resulta curioso que para nada trate los casos de suicidios como una manera de evadir ese tipo de muerte prolongada y dolorosa. Pero en fin...</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con esto termino mi revisi&oacute;n del n&uacute;mero de <i>Trace.</i> Quiz&aacute; al ver los contenidos de los diversos trabajos que la componen exista el deseo de leerla, lo que ampliamente recomiendo.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>NOTA</b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Presentaci&oacute;n de la Revista <i>Trace,</i> n&uacute;m. 58, Centro de Estudios Mexicanos y Centroamericanos, M&eacute;xico, 2010, con la participaci&oacute;n del doctor Thomas Calvo y Eduardo Matos Moctezuma (Las presentaciones fueron en la sede del CEMCA y en la Direcci&oacute;n de Monumentos Hist&oacute;ricos del INAH, los d&iacute;as 19 y 20 de mayo de 2011, respectivamente).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[ ]]></body>
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