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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Presentaci&oacute;n</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Religi&oacute;n y pol&iacute;tica</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Her&oacute;n P&eacute;rez Mart&iacute;nez</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Relaciones</i> dedica su n&uacute;mero 124 a explorar aspectos de los vastos y muy codiciosos mundos de la religi&oacute;n y la pol&iacute;tica que se entrecruzan de muchas maneras y muestran, de formas muy variadas, cuanto ambos est&aacute;n alimentados y alimentan amplias y poderosas cuotas del poder cotidiano. Desde los or&iacute;genes de la historia, religi&oacute;n y pol&iacute;tica han sido los polos que han organizado el poder y han dotado de sentido a la historia de la convivencia humana. Si los dioses determinaron las dimensiones y formas de la pol&iacute;tica tanto en el Antiguo Pr&oacute;ximo Oriente como en la Grecia cretomic&eacute;nica, la pol&iacute;tica cre&oacute; sus dioses y los cultiv&oacute; seg&uacute;n sus intereses: los mitos de los dioses dan credibilidad a los gobernantes y &eacute;stos construyen sus verdades a lomos de la religi&oacute;n como est&aacute; claro en las fuentes documentales del Pentateuco, documentos h&iacute;bridos, mitad pol&iacute;ticos y mitad religiosos, que recogen y encierran tradiciones ancestrales y ofrecen explicaciones pol&iacute;ticas bajo apariencias religiosas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Religi&oacute;n y pol&iacute;tica tuvieron en la conquista de estas tierras un decisivo papel. Es significativa a este respecto, por ejemplo, la portada de una de las dos ediciones de la <i>Historia verdadera de la conquista de la Nueva Espa&ntilde;a</i> de Bernal D&iacute;az del Castillo que se disputan el honor de ser la <i>editio princeps.</i> La portada de una de las ediciones madrile&ntilde;as, de 1632 ambas, es un grabado de Jean I de Courbes. Consiste en un p&oacute;rtico rematado con un frontispicio partido, en medio de cuyas partes est&aacute; un escudo real coronando un mundo en que deja ver la leyenda <i>America condita.</i> En el segundo nivel, Hern&aacute;n Cort&eacute;s a la izquierda del t&iacute;tulo de la obra de Bernal y fray Bartolom&eacute; de Olmedo a la derecha, ambos ante sendos pares de columnas corintias, tienen sobre su cabeza el complemento del emblema: <i>manu</i> sobre la cabeza de Cort&eacute;s, <i>ore</i> sobre la de Olmedo. La mano derecha de Cort&eacute;s sostiene un escudo en el que se representa el arresto de Moctezuma en tanto su mano izquierda sostiene el bast&oacute;n de general. Del otro lado, el escudo sostenido por Olmedo con su mano izquierda representa al mercedario bautizando indios mientras enarbola en la mano derecha una cruz: seg&uacute;n esa portada de la primera edici&oacute;n de la <i>Historia verdadera de la conquista de la Nueva Espa&ntilde;a,</i> Am&eacute;rica fue fundada por la mano de Hern&aacute;n Cort&eacute;s, mediante la espada de la guerra, y por la boca de Olmedo, mediante la predicaci&oacute;n. Religi&oacute;n y pol&iacute;tica se entretejieron siempre y se han convertido en la base para la interpretaci&oacute;n de la vida cotidiana de M&eacute;xico en los siglos del XVI a este XXI. Ese es, desde luego, el sentido que subyace a la resistencia de los sabios nahuas a los franciscanos llegados a M&eacute;xico en 1524 de que habla <i>El libro de los coloquios,</i> editado por fray Bernardino de Sahag&uacute;n. Ello es documentado por los tres art&iacute;culos que conforman la secci&oacute;n tem&aacute;tica de este n&uacute;mero: "Procesiones: espacio, religi&oacute;n y pol&iacute;tica en Orizaba, 1762&#45;1834", de David Carbajal L&oacute;pez; "El inicio de la conciliaci&oacute;n entre la Iglesia y el Estado: el funeral del arzobispo de Guadalajara Francisco Orozco y Jim&eacute;nez", de Julia Preciado; y "Localidad, modernidad y <i>performance</i> misional en la migraci&oacute;n de religiosos cat&oacute;licos a la Argentina a comienzos del siglo XX", de Gustavo Andr&eacute;s Ludue&ntilde;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el primero de estos art&iacute;culos, "Procesiones: espacio, religi&oacute;n y pol&iacute;tica en Orizaba, 1762&#45;1834", David Carbajal L&oacute;pez muestra como en la segunda mitad del siglo XVIII el espacio p&uacute;blico de la villa de Orizaba era recorrido de manera cotidiana por un amplio n&uacute;mero de procesiones. Organizadas en general por corporaciones religiosas de seglares, en las procesiones se mezclaban celebraciones devotas y actos de exhibici&oacute;n profana. En ellas se aprecia una tendencia creciente a la intervenci&oacute;n de actores externos (el rey primero y luego, tras la independencia, los gobiernos federal y estatal) y a la politizaci&oacute;n. El autor presenta a las procesiones literalmente inundando el espacio urbano de Orizaba, sacraliz&aacute;ndolo y consagrando el predominio que sobre &eacute;l ten&iacute;an las corporaciones, sobre todo las religiosas, toda vez que la presencia de cualquier actor profano era m&aacute;s bien limitada. Religiosidad y predominio corporativos que nadie discut&iacute;a en aquellos mediados y finales del siglo XVIII, por lo que bien podr&iacute;a decirse que las procesiones formaban parte de una cultura ampliamente compartida, e inclusive gozaban de la aceptaci&oacute;n un&aacute;nime de todos los actores.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el segundo art&iacute;culo, "El inicio de la conciliaci&oacute;n entre la Iglesia y el Estado: el funeral del arzobispo de Guadalajara Francisco Orozco y Jim&eacute;nez" El an&aacute;lisis de Julia Preciado, presenta el funeral del arzobispo de Guadalajara como un filtro, una especie de tragaluz, que permite estudiar una &eacute;poca a trav&eacute;s de la muerte, y de la vida, de un individuo. En este art&iacute;culo se estudia el funeral del arzobispo de Guadalajara Francisco Orozco y Jim&eacute;nez (quien muri&oacute; en esa ciudad en 1936), partiendo del contexto pol&iacute;tico y social de la d&eacute;cada de los a&ntilde;os treinta en Jalisco. La autora parte de la utilizaci&oacute;n de los funerales de hombres famosos para establecer su funci&oacute;n de oportunidad pol&iacute;tica y, aunque no existan estudios de personajes de la Iglesia cat&oacute;lica, propone retomar el an&aacute;lisis de los funerales de Estado para estudiar espec&iacute;ficamente las ceremonias f&uacute;nebres de obispos y arzobispos. En el caso del arzobispo Orozco y Jim&eacute;nez, dice la autora, su funeral sirvi&oacute; para iniciar la conciliaci&oacute;n entre la Iglesia y el Estado. El arzobispo sucesor Jos&eacute; Garibi Rivera, junto con la jerarqu&iacute;a de la Iglesia en Jalisco, organiz&oacute; el funeral de Orozco y Jim&eacute;nez apeg&aacute;ndose estrictamente a las normas que dispuso el gobierno local. Garibi Rivera trat&oacute; de mostrar, a trav&eacute;s de las diferentes ceremonias del funeral, que la Iglesia tapat&iacute;a estaba dispuesta a iniciar una nueva era de conciliaci&oacute;n con el Estado, en una &eacute;poca en la que en el &aacute;mbito nacional estaba a punto de romperse el <i>modus vivendi</i> entre la Iglesia y el gobierno civil. Garibi Rivera se encarg&oacute; en 1936 de que el peso de la l&aacute;pida que cerr&oacute; la tumba de Orozco y Jim&eacute;nez, derrumbara tambi&eacute;n el peso pol&iacute;tico que cargaba la Iglesia tapat&iacute;a, concluye la autora.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el tercer art&iacute;culo, "Localidad, modernidad y <i>performance</i> misional en la migraci&oacute;n de religiosos cat&oacute;licos a la Argentina a comienzos del siglo XX", Gustavo Andr&eacute;s Ludue&ntilde;a afronta una actividad religiosa permanente pol&iacute;tica. Muestra el autor en &eacute;l c&oacute;mo durante las &uacute;ltimas d&eacute;cadas del siglo XIX y las primeras del siglo XX, una significativa cantidad de congregaciones y &oacute;rdenes religiosas cat&oacute;licas se asentaron en distintos puntos de Am&eacute;rica Latina. Caracterizada por el encuentro con un otro cultural emergente de una situaci&oacute;n singular de desplazamiento geogr&aacute;fico, el despliegue de una estudiada <i>performance</i> misional permiti&oacute; la edificaci&oacute;n de localidades evangelizadas y evangelizadoras destinadas a la construcci&oacute;n de una nueva catolicidad romanizada en el espacio latinoamericano.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El art&iacute;culo abre nuevos interrogantes y l&iacute;neas de investigaci&oacute;n acerca del rol de religiosos y religiosas cat&oacute;licas que trabajaron y a&uacute;n trabajan en Am&eacute;rica Latina en estos conglomerados sociales. En este sentido, afirmamos que la &oacute;rbita en la que se desempe&ntilde;aron los benedictinos, concentrada b&aacute;sicamente en diversos apostolados y atenci&oacute;n sacerdotal, hizo de ellos &#45;y seguramente de muchos otros y otras&#45; los hacedores de un modelo ministerial de pr&aacute;ctica religiosa que dio como resultado que el proyecto de migraci&oacute;n de misioneros tuviera consecuencias en la esfera estrictamente religiosa y en la secular. En el campo secular, por ejemplo, los misioneros y misioneras prestaron una colaboraci&oacute;n para nada menor a la modernizaci&oacute;n de un Estado en plena constituci&oacute;n a trav&eacute;s de la construcci&oacute;n de una singular civilidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El documento que presenta Patricio Herrera Gonz&aacute;lez exhibe a una escala reducida los complejos problemas que significaron para M&eacute;xico, de principios del siglo XX, reconocer a los trabajadores como sujetos de derecho y participes de la modernidad capitalista. La escala reducida es Zamora, una localidad peque&ntilde;a que, enclavada en las tierras f&eacute;rtiles del occidente de M&eacute;xico, con una incipiente urbanizaci&oacute;n y fuertemente vinculada a un mercado muy activo de consumidores procedentes de las haciendas y rancher&iacute;as pr&oacute;ximas. En este sentido el documento ofrece, desde una escala microsc&oacute;pica, el complejo escenario de la organizaci&oacute;n social del trabajo en M&eacute;xico, resultado del esfuerzo de m&uacute;ltiples actores sociales y pol&iacute;ticos, que no estuvo exento de rupturas, negociaciones e indiferencias &#45;por parte de autoridades locales y federales, inclusive en la propia burgues&iacute;a revolucionaria&#45; y que la sola existencia de un discurso de transformaci&oacute;n y revoluci&oacute;n sociopol&iacute;tica no fue condici&oacute;n para solucionar los problemas estructurales de la clase trabajadora y de paso asegurar la cohesi&oacute;n social.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Empieza la secci&oacute;n general Luis Alberto Arrioja D&iacute;az Viruell con su art&iacute;culo "Dos visiones en torno a un problema: las tierras comunales ind&iacute;genas en Oaxaca y Michoac&aacute;n, 1824&#45;1857" cuyo prop&oacute;sito es, por una parte, mostrar la posici&oacute;n que asumieron los gobiernos de Oaxaca y Michoac&aacute;n frente a un componente de su realidad: las tierras comunales ind&iacute;genas. Y por otra parte, trata de revelar c&oacute;mo visualizaron las autoridades pol&iacute;ticas &#45;entre 1824 y 1857&#45; dichas tierras, qu&eacute; ret&oacute;rica construyeron y qu&eacute; acciones legales desplegaron al respecto. Para el art&iacute;culo, las grandes coincidencias discursivas que compartieron los gobernantes oaxaque&ntilde;os y michoacanos fueron sus feroces cr&iacute;ticas respecto a unas tierras comunales que visualizaban como ociosas, eriazas, improductivas y generadoras de miseria y atraso econ&oacute;mico; asimismo, los intentos de promover una reforma agraria que tejiera un puente entre la realidad ind&iacute;gena "carente de civilizaci&oacute;n" y la realidad de los "hombres de raz&oacute;n". No obstante, sus discursos se diferenciaron en el entendido de que la preocupaci&oacute;n de los gobernantes oaxaque&ntilde;os era qu&eacute; hacer con tantas tierras en manos de los indios y c&oacute;mo privatizarlas sin afectar los intereses del Estado, mientras que los pol&iacute;ticos michoacanos discut&iacute;an c&oacute;mo disolver la condici&oacute;n jur&iacute;dica de las tierras que los indios arrendaban e hipotecaban a particulares y c&oacute;mo hacer que las pocas extensiones que usufructuaban pasaran a manos de individuos o unidades agrarias estrechamente articulados con la econom&iacute;a comercial.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El autor del art&iacute;culo deja por resolver la cuesti&oacute;n de por qu&eacute; en Michoac&aacute;n, Jalisco e incluso Zacatecas existieron poblaciones ind&iacute;genas con suficientes tierras, poco apego a sus recursos agr&iacute;colas y lazos comunitarios aparentemente fragmentados; mientras que en Oaxaca, Guerrero y Chiapas emergi&oacute; una realidad completamente opuesta. En este orden, el art&iacute;culo termina proponiendo una futura comparaci&oacute;n entre dichas realidades a fin de entender &#45;de alguna forma&#45; estos contrastes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Viene luego el art&iacute;culo "Hidropol&iacute;tica del Candelaria: del an&aacute;lisis de la cuenca al estudio de las interacciones entre el r&iacute;o y la sociedad ribere&ntilde;a", de Edith F. Kauffer Michel que propone analizar el Candelaria a la luz del concepto de hidropol&iacute;tica. La primera parte se centra en la cuenca hidrogr&aacute;fica del r&iacute;o Candelaria, aborda dos dimensiones del concepto y concluye en torno a la irrelevancia de la cuenca en la materia. La segunda parte evoca las interacciones entre el r&iacute;o y la sociedad ribere&ntilde;a durante tres momentos hist&oacute;ricos a la luz de una tercera dimensi&oacute;n del concepto de hidropol&iacute;tica que aporta mayor complejidad al an&aacute;lisis presentado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El art&iacute;culo concluye que la combinaci&oacute;n de escalas y dimensiones de la hidropol&iacute;tica es posible solamente porque el estudio se fundamenta en una definici&oacute;n amplia del concepto, que se interesa en las interacciones pol&iacute;ticas en torno al agua y no solamente en las din&aacute;micas de conflicto y cooperaci&oacute;n entre Estados nacionales en torno a los recursos h&iacute;dricos transfronterizos. As&iacute;, dirigir la mirada sucesivamente del territorio de la cuenca a la historia del r&iacute;o y a las relaciones entre la corriente y los grupos humanos asentados en sus riberas, permite complejizar el an&aacute;lisis de la hidropol&iacute;tica y ampliar la capacidad heur&iacute;stica del concepto. Finalmente, el art&iacute;culo termina insistiendo en la necesidad de desarrollar estudios futuros de corte antropol&oacute;gico en torno a las din&aacute;micas locales de las hidropol&iacute;ticas en el Candelaria.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Relaciones</i> 124 termina con el art&iacute;culo de Gerardo Guti&eacute;rrez Cham, "Argumentaci&oacute;n falaz en dos peri&oacute;dicos religiosos de Jalisco. Siglo XIX" en el que lleva a cabo una investigaci&oacute;n en torno a estrategias argumentativas sobre discurso religioso en situaci&oacute;n de confrontaci&oacute;n y debate. El corpus de estudio est&aacute; conformado por textos de 1874, publicados en dos peri&oacute;dicos jaliscienses de propaganda religiosa, uno cat&oacute;lico: <i>La Religi&oacute;n y la Sociedad,</i> y el otro cristiano reformado: <i>La Lanza de San Baltasar.</i> Le interesa la perspectiva contrastiva de confrontaci&oacute;n polarizada. Se propone mostrar el funcionamiento pragm&aacute;tico&#45;discursivo de argumentos falaces que funcionaban como actos de habla especiales de "ataque" y "defensa". Te&oacute;ricamente, el autor parte del modelo pragma&#45;dial&eacute;ctico de las falacias argumentativas Grootendorst, Anscombre / Ducrot y Hamblin. Intenta mostrar c&oacute;mo es que la defensa ideol&oacute;gica de pr&aacute;cticas y creencias religiosas puede ser reforzada desde las "periferias" de la racionalidad, mediante el predominio de argumentos falaces; de modo que los temas a discutir pasan a segundo plano.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El art&iacute;culo muestra que los procedimientos de discusi&oacute;n, refutaci&oacute;n y constataci&oacute;n verificativa en los discursos del corpus analizado se llevan a cabo, en buena medida, mediante argumentos falaces que a&uacute;n y cuando pueden ser vistos desde una perspectiva l&oacute;gica, como razonamientos "deficientes", tambi&eacute;n es un hecho que desde una perspectiva pragm&aacute;tica, esos mismos argumentos falaces cumplen un papel muy importante en la transmisi&oacute;n persuasiva de mensajes polarizados. En el corpus se hace evidente que una de las falacias m&aacute;s reiteradas es la de ataque personal, o falacia <i>ad hominem.</i> Mediante esta falacia era posible generar un "movimiento" del foco argumentativo, de manera que lo importante ya no era el contenido mismo de las argumentaciones, sino la fuerza de los ataques y el desprestigio que se lograra conseguir de los otros.</font></p>     ]]></body>
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