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</front><body><![CDATA[  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Presentaci&oacute;n. Crisis de subsistencia al final de la Colonia</b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Her&oacute;n P&eacute;rez Mart&iacute;nez</b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Relaciones</i> dedica su n&uacute;mero 121 a las crisis de subsistencia al final de la Colonia. La vida no se desarrolla sin riesgos de todas clases que envuelven inquietudes, temores, terrores, miedos y angustias a los seres humanos. Las crisis a las que se refieren los art&iacute;culos que conforman este n&uacute;mero son momentos especiales en que la vida cambia sus rumbos obligada por mantos envolventes de violencias atmosf&eacute;ricas, de tierra, de clima, de salud o de convivencia. Las crisis, seg&uacute;n la etimolog&iacute;a de la palabra, son momentos decisivos, situaciones inesperadas en que las cosas de la vida llegan a puntos definitivos y definitorios, en donde los caminos se separan y las continuidades de la cotidianidad se cortan. La palabra crisis, del indoeuropeo <i>skeri,</i> evoca "corte", "separaci&oacute;n" y conduce al juicio irreversible que define las encrucijadas. El confort que va trayendo la civilizaci&oacute;n y que suele ser interpretado como progreso, consiste, a grandes rasgos, tanto en una racionalizaci&oacute;n de este poderoso mundo de las calamidades y de las fuerzas superiores que se ciernen sobre los humanos, como en el desentra&ntilde;amiento de las leyes de la naturaleza en que se ha hecho consistir a la ciencia. Si el hombre del neol&iacute;tico personifica todos los fen&oacute;menos atmosf&eacute;ricos y clim&aacute;ticos convirtiendo en dioses a las poderosas fuerzas de la naturaleza para poder conjurarlas, aplacarlas y congraciarse con ellas, como una manera de protegerse, el hombre novohispano, ya m&aacute;s racional, tiene un temor id&eacute;ntico al de aquel hombre primitivo: se siente invadido de la misma angustia ante las calamidades de cualquier tipo como los terremotos, las epidemias, las tempestades, las sequ&iacute;as y las consiguientes hambres que llenan de tal temor a la gente que, como lo hizo al principio, sigue transportando su cotidianidad hasta los cielos y su mundo al de los mismos dioses encendiendo su esp&iacute;ritu religioso con una serie de pr&aacute;cticas inmediatas dotadas no s&oacute;lo de un simbolismo directo sino de poderes apotropaicos con los que intenta conjurar, con el m&aacute;s puro y natural ritualismo, la ira de los dioses expresada en los cataclismos. As&iacute; se comporta el hombre de todas las edades, crea sus mitos transportando sus peligros al cielo, creando olimpos y poniendo a sus dioses a luchar por &eacute;l y a defenderlo. La mitolog&iacute;a de todas las culturas nace de estas personificaciones. Y la actitud de la gente acosada por peligros que no puede combatir va de la oraci&oacute;n a la diversi&oacute;n, como documenta la circunstancia que inspir&oacute; al <i>Decamer&oacute;n</i> de Boccaccio. Es que en el esp&iacute;ritu de la gente, calan de la misma manera los efectos de una epidemia, que los de un terremoto, un cicl&oacute;n, una tempestad o un volc&aacute;n: provocan el mismo terror ciego en la gente de hoy que el que provocaban hace miles de a&ntilde;os en nuestros antepasados sus cataclismos. Los paralizan y ponen en crisis su vida cotidiana llen&aacute;ndola de inseguridad y afinando hasta el extremo su toma de decisiones. De esas crisis, a fines del M&eacute;xico colonial, trata este n&uacute;mero.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El primer art&iacute;culo, de Sara Ortelli, titulado "Crisis de subsistencia y robo de ganado en el Septentri&oacute;n novohispano: San Jos&eacute; del Parral (1770&#45;1790)", aborda junto con la sequ&iacute;a, la hambruna y la mortalidad en San Jos&eacute; del Parral, el robo de ganado por parte de los apaches y de varias bandas y grupos multi&eacute;tnicos en el septentri&oacute;n novohispano del siglo XVIII. El art&iacute;culo identifica los momentos en los que la documentaci&oacute;n permite evidenciar la intensificaci&oacute;n de la actividad en la provincia de Nueva Vizcaya, y trata de establecer las relaciones entre este incremento del robo con los ciclos productivos agr&iacute;colas y mineros, las crisis de subsistencia, la incidencia de las sequ&iacute;as, la presencia de epidemias y las crisis de mortalidad. El an&aacute;lisis, que se realiza para el caso del Real de San Jos&eacute; del Parral y su jurisdicci&oacute;n, durante las dos d&eacute;cadas comprendidas entre 1770 y 1790, presenta una manera de documentar hechos aparentemente atribuibles a las fuerzas ciegas de la naturaleza.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El art&iacute;culo relaciona la curva de mortalidad entre 1770 y 1790, la incidencia de los ciclos productivos agr&iacute;cola y minero, y los avatares del clima, para trata de evaluar la correspondencia con lo momentos en que se incrementaba la actividad de robo de ganado. En un an&aacute;lisis posterior debemos profundizar el tema de las epidemias para caso de San Jos&eacute; del Parral, para evaluar cu&aacute;l fue su incidencia en el comportamiento demogr&aacute;fico del real. Lo que parece quedar claro, dice la autora, es que a la importante crisis de subsistencia reconocida por la historiograf&iacute;a para mediados de la d&eacute;cada de 1780, precede en nuestro caso de estudio un incremento de la mortalidad que se produce unos a&ntilde;os antes &#45;en 1779&#45;1780&#45; que con 241 y 270 muertos respectivamente, son los a&ntilde;os que registran mayor cantidad de entierros en las dos d&eacute;cadas que analizamos. En los a&ntilde;os 1778 y 1779 se registran, en efecto, para la Nueva Espa&ntilde;a epidemias de viruela, y de viruela y sarampi&oacute;n. Las referencias indican que la viruela habr&iacute;a atacado en Parral durante 1780 en los meses de mayo y junio. No hemos hallado datos cualitativos, dice la autora, que nos indiquen si el incremento en el n&uacute;mero de entierros en esos a&ntilde;os en Parral fue producto de la presencia de dichas epidemias en esas latitudes. Tampoco lo mencionan los registros parroquiales, que s&oacute;lo en escasas ocasiones apuntan las causas de muerte; pero, seguramente as&iacute; fue. Sobre esta poblaci&oacute;n ya debilitada, se despleg&oacute; la crisis de mediados de siglo, cuya incidencia en las tasas de mortalidad se extienden en Parral hasta 1787.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el segundo art&iacute;culo, David Carbajal L&oacute;pez con su art&iacute;culo "Los a&ntilde;os del hambre en Bola&ntilde;os (1785&#45;1786). Conflictos mineros, escasez de ma&iacute;z y sobremortalidad", se propone explicar la sobremortalidad registrada en el Real de Bola&ntilde;os durante los a&ntilde;os del hambre de 1785&#45;1786, en un contexto caracterizado por la existencia de conflictos mineros locales y por la escasez de ma&iacute;z que afect&oacute; a buena parte del centro&#45;occidente de la Nueva Espa&ntilde;a. Adem&aacute;s de estudiar a las v&iacute;ctimas de esta crisis de subsistencia tanto desde la perspectiva de conteos globales como mediante el acercamiento a los muertos con nombre y apellido. Para el autor, las crisis agr&iacute;colas derivadas de sequ&iacute;as y heladas, as&iacute; como la escasez, especulaci&oacute;n y carest&iacute;a de ma&iacute;z, junto con conflictos sociales, desplazamientos migratorios, hambre, enfermedades y sobre&#45;mortalidad que afectaron de manera diferenciada a una amplia parte del territorio y poblaci&oacute;n novohispana durante los a&ntilde;os de 1785&#45;1786, son fen&oacute;menos que no han pasado desapercibidos en la historiograf&iacute;a del periodo colonial tard&iacute;o, y que adem&aacute;s han sido estudiados desde distintas perspectivas. En este escenario, advertimos por lo menos tres posturas en torno a la causalidad e impacto que tuvieron las crisis agr&iacute;colas en la alimentaci&oacute;n, enfermedades y mortalidad de la poblaci&oacute;n: las crisis agr&iacute;colas son la causa de las enfermedades epid&eacute;micas; la alimentaci&oacute;n no desempe&ntilde;a un papel central en la presencia recurrente de epidemias; las crisis agr&iacute;colas y sus consecuencias &#45;escasez y carest&iacute;a del ma&iacute;z&#45; pueden coincidir o no con la propagaci&oacute;n de los agentes pat&oacute;genos o favorecer su desarrollo. La conclusi&oacute;n a la que llega el autor es que, con base en el recuento global de las v&iacute;ctimas y en el acercamiento a las familias que perdieron a algunos de sus miembros, es que el hambre por s&iacute; misma no explica el incremento en el n&uacute;mero de muertes registrado en la localidad, pero si cre&oacute; condiciones propicias para que algunas enfermedades contagiosas, presentes en la epidemia, afectasen principalmente a la poblaci&oacute;n adulta sin distinci&oacute;n de nivel econ&oacute;mico o acceso a los alimentos; pues qued&oacute; documentada la existencia de varios casos, en los que miembros de la elite local fueron v&iacute;ctimas de los agentes pat&oacute;genos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el tercer art&iacute;culo, "El impacto de la crisis en dos parroquias rurales y el movimiento de poblaci&oacute;n, 1785&#45;1787", Celina Becerra Jim&eacute;nez analiza el impacto de la crisis de 1784&#45;1787 en la regi&oacute;n de lo que actualmente conocemos como Altos de Jalisco. La autora hurga en los registros parroquiales de dos iglesias representativas de esa zona (Santa Mar&iacute;a de los Lagos y Jalostotitl&aacute;n) y muestra que como consecuencia de la crisis, los pobladores de los lugares aislados, sobre todo del mundo rural, buscaban instalarse en las ciudades para tratar de asegurarse las garant&iacute;as necesarias para resistir a una crisis alimentaria y sanitaria.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El art&iacute;culo concluye que los movimientos migratorios, acelerados por las crisis demogr&aacute;ficas, pueden atenuar o agravar los efectos de las sobremortalidades, de aqu&iacute; la importancia de su estudio en las pocas fuentes disponibles y de profundizar en el an&aacute;lisis. Para el caso de las dos parroquias analizadas se encontr&oacute; que los pueblos de indios resultaron severamente castigados durante el bienio fatal de 1785&#45;1786, no solamente por las bajas causadas directamente por una mortalidad que alcanz&oacute; los niveles m&aacute;s altos de todo el siglo y afect&oacute; tanto a adultos como a p&aacute;rvulos, sino tambi&eacute;n por la salida de efectivos en busca de ayuda hacia otros lugares. No se puede suponer que la recuperaci&oacute;n llegara r&aacute;pidamente tras este doble impacto. Los testimonios sugieren que el "a&ntilde;o del hambre" podr&iacute;a representar el inicio de una corriente migratoria de la poblaci&oacute;n de la zona sur de la meseta alte&ntilde;a hacia Guadalajara que tendr&aacute; que explorarse si termin&oacute; con la desaparici&oacute;n de la epidemia y la escasez de granos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cierra la secci&oacute;n tem&aacute;tica de este n&uacute;mero de <i>Relaciones</i> con el art&iacute;culo de America Molina del Villar "Santa Mar&iacute;a de Guadalupe, Atlacomulco ante los aciagos a&ntilde;os de principios del siglo XIX: conflictos locales, crisis agr&iacute;colas y epidemia, 1809&#45;1814" en el que analiza el impacto de la crisis agr&iacute;cola de 1809&#45;1811 y de la epidemia de tifo de 1813&#45;1814 en la curva general de entierros, bautizos y matrimonios de la parroquia de Atlacomulco. La investigaci&oacute;n hace ver que se trataron de eventos independientes y con efectos diferenciados en la poblaci&oacute;n. Y muestra que el tifo caus&oacute; el mayor n&uacute;mero de muertos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A estas conclusiones llega el art&iacute;culo que se hab&iacute;a propuesto indagar la supuesta relaci&oacute;n que se ha establecido entre crisis de subsistencia, hambre y surgimiento de epidemias a partir de la variable demogr&aacute;fica a fin de explorar hasta qu&eacute; punto las repercusiones de estos fen&oacute;menos tienen un impacto inmediato en el n&uacute;mero de entierros, bautizos y matrimonios de la parroquia de Atlacomulco. Ten&iacute;a igualmente el prop&oacute;sito de opinar sobre el debate historiogr&aacute;fico en torno a la vinculaci&oacute;n entre crisis de subsistencia, hambre y surgimiento de epidemias. Y, finalmente, de vincular estas coyunturas de crisis con el conflicto de tierras, antecedente importante de la revuelta local de 1810. El art&iacute;culo muestra que estos problemas siguieron a las crisis agr&iacute;colas en 1809 y a la epidemia de tifo de 1813&#45;1814. Al parecer, sin embargo, el primer fen&oacute;meno no fue tan severo. En cambio, la epidemia de tifo s&iacute; tuvo un mayor impacto, ya que adem&aacute;s de las muertes disminuyeron los bautizos y matrimonios. El art&iacute;culo concluye que la d&eacute;cada de 1810 fue un periodo aciago para Atlacomulco. Adem&aacute;s de la revuelta local y del movimiento insurgente, la poblaci&oacute;n padeci&oacute; otro terrible flagelo, la epidemia de tifo de 1813&#45;1814 que envi&oacute; a la tumba a miles de personas. La aparici&oacute;n de esta epidemia es un indicio m&aacute;s de la pobreza y deterioro en las condiciones de vida de la poblaci&oacute;n, que vino a sumarse a los conflictos y guerra de la d&eacute;cada de 1810.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el documento, Elizabeth Araiza Hern&aacute;ndez presenta su transcripci&oacute;n y traducci&oacute;n de la conferencia intitulada "Acerca de las relaciones entre la mitolog&iacute;a y el ritual" que Claude L&eacute;vi&#45;Strauss imparti&oacute; el 26 de mayo de 1956 a la Sociedad Francesa de Filosof&iacute;a. Tambi&eacute;n incluye la transcripci&oacute;n del interesante debate que con ocasi&oacute;n de esta conferencia sostuvieron acad&eacute;micos que hoy reconocemos como grandes pensadores del siglo XX: Merleau&#45;Ponty, Michel Leiris, Louis Dumont, Alfred M&eacute;traux y Jacques Lacan. La minuta en que se transcribe la exposici&oacute;n de L&eacute;vi&#45;Strauss y el conjunto de las intervenciones fue publicada, en franc&eacute;s, en el <i>Bolet&iacute;n de la Sociedad Francesa de Filosof&iacute;a,</i> 50(3), 1956. Recientemente, las ediciones Armand Colin pusieron en l&iacute;nea una versi&oacute;n corregida de dicha minuta en la p&aacute;gina de Internet de la misma Sociedad, en la secci&oacute;n "conferencias". Sin embargo, el lector de habla espa&ntilde;ola s&oacute;lo pod&iacute;a acceder a un extracto de la conferencia y a un fragmento de la discusi&oacute;n. En efecto, el segmento relativo a la intervenci&oacute;n de La&#45;can y la respuesta de L&eacute;vi&#45;Strauss est&aacute; siendo difundido en varias p&aacute;ginas de internet, bajo el t&iacute;tulo "El significante de lo imposible" o bien "Lacan dialoga con L&eacute;vi&#45;Strauss". Este segmento a su vez forma parte del libro de Lacan <i>El mito individual del neur&oacute;tico</i> publicaci&oacute;n reciente de la editorial Paidos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El documento muestra como a pesar de la difusi&oacute;n de que ha gozado la obra de Levi Strauss, a&uacute;n quedan cosas importantes por ser publicadas al menos para el p&uacute;blico de habla espa&ntilde;ola. La editora parte de varios postulados que justifican la publicaci&oacute;n de este importante documento: en primer lugar, porque el documento que aqu&iacute; se presenta es in&eacute;dito en espa&ntilde;ol: la conferencia, en efecto, en su versi&oacute;n integral y sobre todo la interesant&iacute;sima discusi&oacute;n que gener&oacute; entre los asistentes permanec&iacute;a inaccesible al lector de habla espa&ntilde;ola. En segundo lugar, porque nunca est&aacute; de m&aacute;s volver a los autores cl&aacute;sicos, pues de ellos obtendremos siempre nuevos aprendizajes, y de los debates que ellos fomentaron despejaremos continuamente elementos de reflexi&oacute;n para nutrir las discusiones actuales. En tercer lugar, el &eacute;nfasis insistente en sus contribuciones al estudio de la mitolog&iacute;a ha conducido a socavar los aportes que hizo al conocimiento del ritual. A la luz del documento que aqu&iacute; presentamos tendr&iacute;an que relativizarse algunos de los supuestos com&uacute;nmente aceptados, relativos al lugar central com&uacute;nmente asignado al mito.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Inicia la secci&oacute;n general, el art&iacute;culo de Mariana Ter&aacute;n Fuentes "Relatos de la lealtad. Zacatecas: de la fortaleza amurallada por sus vasallos a la ciudad republicana" donde expone los usos de la historia por actores e instituciones de la ciudad de Zacatecas para la legitimidad de la forma de gobierno mon&aacute;rquica. Se analizan las mutaciones en el orden de los relatos de la historia que se dieron durante el tr&aacute;nsito del antiguo r&eacute;gimen mon&aacute;rquico, la formaci&oacute;n del primer imperio mexicano y los primeros a&ntilde;os de la rep&uacute;blica. El art&iacute;culo se fija como prop&oacute;sito analizar algunas de las expresiones culturales que dieron cuerpo a los imaginarios mon&aacute;rquicos espa&ntilde;ol y mexicano a trav&eacute;s de la propagaci&oacute;n de historias de la lealtad. En particular, se interesa por explicar las narrativas hist&oacute;ricas que sustentaron la lealtad al monarca espa&ntilde;ol, la lealtad al imperio del An&aacute;huac y los primeros signos de lealtad a la naciente rep&uacute;blica mexicana. Cu&aacute;les fueron los nudos que armaron historias coherentes (relatos de lealtad) en las que se apoy&oacute; la construcci&oacute;n de la legitimidad. Trata, en suma, de explicar que las rupturas y continuidades de la lealtad en el plano de la manifestaci&oacute;n (discursos y rituales) estuvieron enraizadas en una tradici&oacute;n de larga duraci&oacute;n que explica no la invenci&oacute;n de nuevos s&iacute;mbolos y lenguajes, sino su resemiotizaci&oacute;n y los consiguientes procesos de reinterpretaci&oacute;n. El art&iacute;culo responde mediante el an&aacute;lisis y exploraci&oacute;n de estos discursos de distinta &iacute;ndole a la pregunta central de c&oacute;mo se resemiotiz&oacute; y se reinterpret&oacute; el relato hist&oacute;rico de lealtad en el periodo de tr&aacute;nsito del sistema mon&aacute;rquico hispano a los primeros a&ntilde;os de vida independiente nacional. No se interesa, pues, tanto en saber lo que se entiende por lealtad, sino en retomar y reinterpretar los usos narrativos que se formularon, de acuerdo con una nueva hermen&eacute;utica, ateni&eacute;ndose a las pr&aacute;cticas culturales habituales para refrendar esa lealtad. El periodo de transici&oacute;n del antiguo orden al republicano permite no s&oacute;lo comparar los relatos de lealtad y establecer esas rupturas y continuidades que todo imaginario compartido presupone, sino valorar los basamentos de la formaci&oacute;n de lenguajes pol&iacute;ticos que apremiaron marcos de legitimidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El n&uacute;mero termina con el art&iacute;culo de Patricia Moctezuma Yano, "El oficio alfarero de Tlayacapan, Morelos: un legado familiar de saberes t&eacute;cnicos y organizativos" que explora una tradici&oacute;n ocupacional que perdura en el tiempo y en la memoria colectiva de sus creadores por diversos factores. En la alfarer&iacute;a de Tlayacapan sobresalen dos de esos factores. Por una parte, la importancia de ciertas normas relativas a la organizaci&oacute;n social, como residencia, descendencia y sucesi&oacute;n, en el aprendizaje y continuidad de esta artesan&iacute;a. Y la otra, entrelazado con lo anterior, se refiere a todos los cambios t&eacute;cnicos y laborales provocados por el desarrollo que ha tenido un nuevo rubro cer&aacute;mico: las figuras de ornato. As&iacute;, hoy en d&iacute;a coexisten los enseres tradicionales con estas piezas decorativas, y como tipos cer&aacute;micos ofrecen a los artesanos formas distintas de preservar y desarrollar su oficio.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No obstante las diferencias de opciones que la investigaci&oacute;n revel&oacute; sobre las variantes en los tipos de cer&aacute;mica, se puede decir que los alfareros que trabajan las figuras para hacer frente a las demandas del exterior les gusta mostrar la autenticidad de los enseres de barro como "t&iacute;pico de Tlayacapan". En tanto que los productores de enseres dom&eacute;sticos no dejan de reconocer ciertas ventajas t&eacute;cnicas y comerciales en quienes trabajan las figuras de barro. Pero uno u otro discurso pone de manifiesto que la alfarer&iacute;a de Tlayacapan nos habla de la coexistencia de distintos saberes alfareros &#45;tradicionales y modernos&#45; que se est&aacute;n extendiendo en diiferentes entidades artesanas en el mundo. Al grado de que actualmente el consumo cultural de los objetos cer&aacute;micos est&aacute; prestando mayor atenci&oacute;n al turismo como consumidor. De esta manera, la tendencia hacia las figuras de ornato en calidad de souvenirs tiene una ventaja en el mercado globalizado; mientras que el consumo de enseres no se ve tan favorecido por el consumo del turismo: su consumo est&aacute; sujeto al resguardo de ciertas costumbres que dan sentido a las celebraciones multitudinarias como las comidas de muchos comensales.</font></p>       ]]></body>
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