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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Documento</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Sentencia a los prisioneros de la huelga de Cananea de 1906</b></font></p>      <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Juan Manuel Silva R.*</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">* <i>CIESAS&#45;Occidente. </i>Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:jmsilva_542002@hotmail.com">jmsilva_542002@hotmail.com</a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la madrugada del d&iacute;a primero de junio de 1906, como a las tres de la ma&ntilde;ana, estall&oacute; un movimiento de huelga en la mina de cobre "Oversight", ubicada en las inmediaciones del pueblo minero de Cananea, Sonora. Los trabajadores estaban cansados del mal trato que les daban sus empleadores y decidieron cerrar los trabajos en esa mina. Pocos d&iacute;as antes, el due&ntilde;o de la empresa norteamericana The Cananea Consolidated Copper Company. S.A., mejor conocida como la "4C", decidi&oacute; que los trabajos en la mina "Oversight" se dieran a contrato a otras compa&ntilde;&iacute;as establecidas en la poblaci&oacute;n. Esta medida caus&oacute; irritaci&oacute;n entre los trabajadores quienes, conocedores de la forma de operar de los contratistas y de sus mayordomos, sab&iacute;an que significaba para ellos m&aacute;s horas de trabajo y menores ganancias en sus salarios diarios.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ese mismo d&iacute;a, a las cuatro de la ma&ntilde;ana, se avis&oacute; del cierre de la mina al empresario norteamericano William C. Greene, due&ntilde;o del emporio minero. De inmediato se traslad&oacute; al lugar de los hechos e intent&oacute; negociar con los trabajadores, pero pronto disgustado rechaz&oacute; sus demandas y les dijo que su empresa no estaba en condiciones para pagarles m&aacute;s, que sus salarios eran los m&aacute;s altos de M&eacute;xico y que la jornada laboral de diez y doce horas era proporcional a su salario. Les advirti&oacute; que si quer&iacute;an negociar, ten&iacute;an que poner por escrito sus demandas. Y as&iacute; se hizo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A las diez de la ma&ntilde;ana, un grupo que representaba a los trabajadores se reuni&oacute; con los apoderados de la empresa, Pedro D. Robles y mister Dwight, para negociar los t&eacute;rminos de la huelga. El pliego petitorio era claro: cinco pesos diarios y jornada laboral de ocho horas. Adem&aacute;s, exig&iacute;an de la empresa trato justo y equitativo, sin distinciones y la remoci&oacute;n de algunos capataces de la mina "Oversight" que agred&iacute;an constantemente a los trabajadores.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al igual que su patr&oacute;n, Robles y Dwight se negaron a ceder ante las demandas de los huelguistas y los invitaron a seguir trabajando. Pasada una hora, las pl&aacute;ticas se rompieron bruscamente, sin que hubiera alg&uacute;n arreglo definitivo entre las partes. Los huelguistas, molestos por la actitud de los empresarios, se lanzaron a la calle a parar las actividades de los que segu&iacute;an laborando.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La agitaci&oacute;n entre los trabajadores, la irritaci&oacute;n y el malestar <i>in crescendo,</i> y los gritos desesperados de una multitud vociferante, se dejaron o&iacute;r por todas las calles del pueblo. La mayor parte de los mineros se encontraba trabajando todav&iacute;a. A las dos de la tarde, las diferentes minas de la empresa hab&iacute;an parado. La huelga no anunciada, pero s&iacute; de facto, tom&oacute; por sorpresa a muchos trabajadores; mientras unos se negaron a seguir laborando, otros permanecieron aferrados en sus puestos. Este fue el caso de los trabajadores de la maderer&iacute;a de la empresa minera, cuyo gerente George Metcalf se enfrent&oacute; a la multitud con una manguera lanzando potentes chorros de agua para dispersarla. En respuesta, las pedradas no se hicieron esperar. Metcalf, herido en la cabeza por una piedra, entr&oacute; enfurecido a su oficina, sac&oacute; su rifle y empez&oacute; a disparar contra los trabajadores. De un solo tiro certero cay&oacute; herido uno de los mineros. Confundida y azorada la multitud, de inmediato se lanz&oacute; contra el agresor d&aacute;ndole muerte. Otros huelguistas hicieron lo mismo con su hermano y le prendieron fuego al almac&eacute;n de maderas y a la oficina de los hermanos Metcalf. Lo dem&aacute;s, es una historia conocida por todos. Ese d&iacute;a, y los dos que le siguieron, las calles de Cananea se cubrieron con la sangre del pueblo trabajador. El due&ntilde;o de la mina William C. Greene y sus capataces mataron a 23 personas e hirieron a otras 50.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El documento que aqu&iacute; presentamos debidamente paleografiado, permaneci&oacute; desconocido por muchos historiadores hasta ahora. Lo hall&eacute; oculto y perdido entre el polvo de los archivos de la Secretar&iacute;a de la Defensa Nacional en la ciudad de M&eacute;xico el 7 de octubre de 2008.<sup><a href="#notas">1</a></sup> Su valor radica en los numerosos detalles que aporta y que precisan los acontecimientos hist&oacute;ricos; con seguridad dar&aacute;n pie a muchas m&aacute;s conjeturas para continuar profundizando sobre la trascendental Huelga de Cananea de 1906. Espero que su lectura despierte la inquietud de quienes a&uacute;n guardamos la esperanza de que en historia nada est&aacute; dicho todav&iacute;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a href="../img/revistas/rz/v30n118/html/a5d.html" target="_blank">Documento</a></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="notas"></a><b>Notas</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> H&eacute;ctor Aguilar Cam&iacute;n cita este documento en su libro <i>La frontera n&oacute;mada Sonora y la Revoluci&oacute;n Mexicana</i> (M&eacute;xico, Siglo XXI, 1987).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6589738&pid=S0185-3929200900020000500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> La nota al pie n&uacute;mero 27, en la p&aacute;gina 116 dice as&iacute;: &#91;...&#93;; para Di&eacute;guez, Archivo Hist&oacute;rico de la Defensa Nacional. Secci&oacute;n Cancelados, Expediente XI / III /166, Manuel M. Di&eacute;guez. Tomo I, ff. 1&#45;3. El expediente contiene el acta judicial de los sucesos de Cananea, con las declaraciones de los acusados que se citan, tomo VI, ff. 1295&#45;1311.</font></p>      ]]></body><back>
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