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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Sobre la existencia de un nahualismo purépecha y la continuidad cultural en Mesoamérica]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Secci&oacute;n general</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Sobre la existencia de un nahualismo pur&eacute;pecha y la continuidad cultural en Mesoam&eacute;rica</b></font></p>      <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Roberto Mart&iacute;nez Gonz&aacute;lez*</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="left"><font face="verdana" size="2"><i>* ENAH</i><i>.</i> Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:nahualogia@yahoo.com.mx">nahualogia@yahoo.com.mx</a></font></p>  	    <p align="left"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Fecha de recepci&oacute;n del art&iacute;culo: 8 de abril de 2008.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> 	Fecha de aceptaci&oacute;n y recepci&oacute;n de la versi&oacute;n final: 28 de octubre de 2008.</font></p>  	    <p align="left"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="left"><font face="verdana" size="2"><b>Resumen</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La intenci&oacute;n principal de este art&iacute;culo es cuestionar la unidad cultural de Mesoam&eacute;rica a partir del tratamiento de un sistema simb&oacute;lico particularmente difundido en esta macrorregi&oacute;n; el nahualismo. Tomando como caso de estudio a la cultura pur&eacute;pecha, se trat&oacute; de definir si las ideas que, en este grupo, asocian a entidades antropomorfas con formas no humanas pod&iacute;an o no corresponder a lo que, en trabajos anteriores, hemos definido como nahualismo. Porque los datos sobre este tema son escasos en las fuentes tempranas, hemos debido recurrir a informaciones etnogr&aacute;ficas contempor&aacute;neas para formarnos una imagen m&aacute;s global de todos aquellos personajes, pr&aacute;cticas y creencias que pudieran acercarse a la figura del <i>nahualli.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Palabras Clave:</b> nahualismo, nahualli, Mesoam&eacute;rica, pur&eacute;pecha, tarasco.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><strong>EL CONCEPTO DE MESOAM&Eacute;RICA Y SUS PERSPECTIVAS DE INVESTIGACI&Oacute;N</strong></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aunque desde el siglo XVI los frailes ya hab&iacute;an comenzado a notar las enormes semejanzas entre las tradiciones culturales de los pueblos ind&iacute;genas de esta zona, no fue sino hasta hace sesenta y cinco a&ntilde;os que, gracias a la aguda intuici&oacute;n de Paul Kirchhoff (1943), fue acu&ntilde;ada una de las nociones que han tenido mayor impacto en la antropolog&iacute;a americana: el concepto de Mesoam&eacute;rica.<sup><a href="#notas">1</a></sup> Cabe aclarar, sin embargo, que en aquel tiempo no se hablaba de una unidad ideol&oacute;gica, sino tan s&oacute;lo de compartir una serie de rasgos culturales tan diversos como el sacrificio humano, el juego de pelota y el cultivo de ma&iacute;z, frijol, calabaza y ch&iacute;a. Y aunque el mismo Kirchhoff (1960) ya reconoc&iacute;a, en esta definici&oacute;n, el inconveniente de que la "civilizaci&oacute;n" "es m&aacute;s que la suma de sus partes", es innegable que dicho concepto nos ha sido de gran utilidad a la hora de comparar datos procedentes de diferentes grupos etnoling&uuml;&iacute;sticos &#151;esto a pesar de que pocas veces la raz&oacute;n de la similitud haya sido un tema de investigaci&oacute;n en s&iacute;&#151;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Contrariamente a lo que com&uacute;nmente se suele pensar, en el planteamiento original de dicho constructo no se supon&iacute;a la existencia de una unidad aut&oacute;noma, perfectamente acabada y bien delimitada, sino que se admit&iacute;a la existencia de semejanzas con otras zonas del continente &#151;el norte de Sudam&eacute;rica y Oasisam&eacute;rica&#151;. Incluso se presum&iacute;a que los l&iacute;mites de Mesoam&eacute;rica habr&iacute;an fluctuado a trav&eacute;s del tiempo, haci&eacute;ndose m&aacute;s o menos porosos a las influencias externas. M&aacute;s interesante aun, resulta el hecho de que el propio sabio germano&#45;mexicano consideraba que la definici&oacute;n de esta "macrorregi&oacute;n" era un trabajo inconcluso. Kirchhoff (1960) confiesa:</font></p>  	    <blockquote> 		    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Conceb&iacute; este estudio como el primero de una serie de investigaciones que trataran sucesivamente de estos problemas &#91;de delimitaci&oacute;n cultural&#93;, anticipando que la mayor parte de esta tarea deber&iacute;an tomarla otros a su cargo. En esta esperanza qued&eacute; defraudado, pues mientras que muchos han aceptado el concepto "Mesoam&eacute;rica", ninguno, que yo sepa, lo ha hecho objeto de una cr&iacute;tica constructiva o lo ha aplicado o desarrollado sistem&aacute;ticamente.</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En &eacute;pocas recientes, L&oacute;pez Austin (2001) ha procurado redefinir esta &aacute;rea cultural a partir de la existencia de cierta unidad en los sistemas de pensamiento; m&aacute;s que una uniformidad total, se plantea la existencia de una matriz de ideas compartidas o <i>n&uacute;cleo duro,</i> y una serie de elementos que tienden a modificarse con mayor facilidad a trav&eacute;s del tiempo, el espacio y los individuos. De modo que, cuando usamos esta &oacute;ptica para estudiar las diferentes tradiciones religiosas ind&iacute;genas, notamos que no todas ellas se adhieren a la cultura mesoamericana del mismo modo y que, as&iacute; como encontramos creencias "mesoamericanas" en grupos "extramesoamericanos", tambi&eacute;n notamos que algunos de los grupos que te&oacute;ricamente se ubican en el interior de dichos limites parecen tener cosmovisiones un tanto distintas a las del com&uacute;n.<sup><a href="#notas">2</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Uno de los pueblos que se nos presenta como m&aacute;s &uacute;til para tratar el tema de la unidad y diversidad del pensamiento mesoamericano es el de los pur&eacute;pechas.<sup><a href="#notas">3</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Algunos investigadores, como Seler (2000) y Corona N&uacute;&ntilde;ez (1948; 1993), han querido encontrar equivalencias exactas entre el pante&oacute;n michoacano y el de los mexicas; otros, como Pollard (1993) y Hurtado Mendoza (1986), parecen inclinarse por la unicidad de su cosmovisi&oacute;n.<sup><a href="#notas">4</a></sup> Lo cierto es que, as&iacute; como notamos grandes similitudes entre ambos grupos en lo referente a los funerales, el papel religioso de los gobernantes, la forma de los ritos sacrificiales y sus dioses tutelares, tambi&eacute;n observamos que Tlaloc, una de las deidades m&aacute;s t&iacute;picamente mesoamericanas, parece estar del todo ausente en el pante&oacute;n tarasco.<sup><a href="#notas">5</a></sup> De modo que, para evaluar la mesoamericanidad de la cosmovisi&oacute;n pur&eacute;pecha, en esta ocasi&oacute;n hemos decidido tomar como elemento diagn&oacute;stico al nahualismo; un sistema simb&oacute;lico que, con algunas variaciones menores, ha sido registrado en numeros&iacute;simos pueblos de esta regi&oacute;n y que, salvo las muy raras excepciones de Van Zantwijk (1967); Seler (2000, 180); y Jacinto Zavala (1988, 16), parece haber pasado por alto la mayor&iacute;a de los michoacanistas.<sup><a href="#notas">6</a></sup> De lo que se trata aqu&iacute; no es de interpretar las culturas michoacanas desde lo mexica o lo maya, sino de intentar entender el modo en que un determinado grupo se inserta en la din&aacute;mica hist&oacute;rico&#45;cultural mesoamericana a partir de la comparaci&oacute;n de una serie de elementos posiblemente semejantes.<sup><a href="#notas">7</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aunque nuestro objetivo general es determinar la ausencia o presencia del nahualismo en la &eacute;poca prehisp&aacute;nica, haremos referencia a datos etnogr&aacute;ficos contempor&aacute;neos con la intenci&oacute;n de generar hip&oacute;tesis interpretativas sobre aquellos aspectos que no figuran en las fuentes del siglo XVI. Ello sin mencionar que su empleo tambi&eacute;n nos permitir&aacute;, en cierta medida, evidenciar la existencia de una cierta continuidad en los sistemas de pensamiento pur&eacute;pecha a trav&eacute;s del tiempo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No ignoramos el peligro que implica el uso de datos contempor&aacute;neos en el estudio de cosmovisiones quinientos a&ntilde;os m&aacute;s antiguas, pues siempre es posible atribuir al pasado ind&iacute;gena elementos que en realidad son de origen europeo. Las cosas se complican aun m&aacute;s cuando reconocemos la existencia de coincidencias entre las tradiciones del Viejo y el Nuevo Mundo (v&eacute;ase, como ejemplo, la discusi&oacute;n entre Foster 1978 y L&oacute;pez Austin 1996 sobre la dualidad fr&iacute;o&#45;calor en las poblaciones amerindias). A ello debemos a&ntilde;adir que, como lo muestra ampliamente Espejel (en prensa), la <i>Relaci&oacute;n de Michoac&aacute;n</i> &#151;pr&aacute;cticamente, la &uacute;nica fuente de informaci&oacute;n para nuestra regi&oacute;n&#151; es un documento creado en un contexto colonial, atendiendo a las motivaciones y los fines de esa &eacute;poca y derivado de los datos aportados por uno o varios informantes &iacute;ntimamente ligados a las m&aacute;s altas esferas del poder ind&iacute;gena. En otras palabras, adem&aacute;s de haber sido manipulados por el fraile redactor de esta obra, los datos que se nos presentan no representan m&aacute;s que uno de los m&uacute;ltiples puntos de vista que debieron haber existido en el siglo XVI.<sup><a href="#notas">8</a></sup> Todo esto sin considerar que, sabiendo que el se&ntilde;or&iacute;o michoacano era multi&eacute;tnico, no siempre es claro que los textos de la colonia temprana se refieran exactamente a los tarascos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, a pesar de las limitaciones anteriores, es posible suponer que, al menos, una parte de las pr&aacute;cticas y creencias contempor&aacute;neas son de origen prehisp&aacute;nico, que, siendo el grupo m&aacute;s numeroso y dominante, la <i>Relaci&oacute;n</i> deber&iacute;a aludir a los tarascos en la mayor&iacute;a de los casos y que, por manipulada y parcial que sea la vis&oacute;n de los informantes de Alcal&aacute;, &eacute;stos s&iacute; plasmaron algunos datos &uacute;tiles para entender la cosmovisi&oacute;n de algunos de los antiguos pur&eacute;pecha. Hacer un uso sincr&oacute;nico de fuentes de distintas &eacute;pocas no significa presuponer que las culturas sean homog&eacute;neas e invariables en el tiempo y el espacio, sino tan s&oacute;lo tomar como punto de partida el parecido y procurar definir a partir de &eacute;ste el valor de la diversidad. Lo que nos interesa aqu&iacute; es indagar si los diferentes aspectos del nahualismo se encuentran presentes en algunos de los m&uacute;ltiples y diversos grupos pur&eacute;pecha que han existido; y para ello debemos observar tanto las transformaciones como lo que tiende a resistir al cambio.<sup><a href="#notas">9</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Obviamente, la resoluci&oacute;n de este problema requiere, en primer sitio, que se especifique qu&eacute; es lo que uno entiende por nahualismo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><strong>ELEMENTOS M&Iacute;NIMOS PARA LA IDENTIFICACI&Oacute;N DEL NAHUALISMO</strong></font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">No pretendemos hacer aqu&iacute; una definici&oacute;n exhaustiva del concepto <i>nahualli</i> &#151;para ello remitiremos al lector a una obra anterior (Mart&iacute;nez Gonz&aacute;lez en prensa a)&#151;, sino tan s&oacute;lo presentar algunos elementos &uacute;tiles para el reconocimiento de este sistema simb&oacute;lico entre los pur&eacute;pecha.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aun cuando su origen y significado exacto nos sean a&uacute;n desconocidos, parece claro que <i>nahualli</i> es un t&eacute;rmino n&aacute;huatl cuyo sentido es cercano a "cobertura" o "disfraz".<sup><a href="#notas">10</a></sup> Observamos dos principales usos de dicho vocablo en las fuentes antiguas y los documentos etnogr&aacute;ficos contempor&aacute;neos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En primer lugar, encontramos que <i>nahualli</i> se refiere de manera gen&eacute;rica a una serie de personajes (a veces, llamados hombres<i>&#45;nahualli)</i> cuya cualidad com&uacute;n es el hecho de poder asumir una forma no humana para afectar a los seres y objetos de su medio por procedimientos simb&oacute;licos. Dichos personajes suelen encarnar a diversas deidades &#151;y en ese sentido fungir&iacute;an como sus "coberturas" o "disfraces"&#151; en distintas circunstancias; algunos representan a Tezcatlipoca para detener las tormentas, otros a Yaotl &#151;un ep&iacute;teto del anterior&#151; para robar, otros m&aacute;s se confunden con aspectos negativos de las deidades acu&aacute;tico tel&uacute;ricas para salir a chupar sangre a los infantes, y muchos de ellos adoptan una gran diversidad de personalidades divinas en funci&oacute;n del tipo de conjuro que deseen utilizar <i>(Procesos de Indios</i> 1912, 56, 70; Ruiz de Alarc&oacute;n 1984, 77&#45;79; 74, 83, 89; Mart&iacute;nez Gonz&aacute;lez en prensa a).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aunque existe una cierta variabilidad en cuanto a los roles espec&iacute;ficamente jugados por los <i>nanahualtin,</i> encontramos cuatro principales clases:</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">1.&nbsp;"El buen <i>nahualli"</i>. Se trata de un personaje que, bajo las denominaciones de <i>tlamatini</i> "sabio", <i>tlaciuhqui</i> "adivino" y <i>teciuhtlazqui</i> "el que echa el granizo", fung&iacute;a como terapeuta, guardi&aacute;n, adivino y meteor&oacute;logo. De manera muy general, podemos decir que su objetivo es remediar cualquier clase de evento que pudiera poner en riesgo la pervivencia de su comunidad y, m&aacute;s que mantener un orden, se dedica a restaurarlo. Cura en caso de enfermedad, adivina cuando se trata de robos o p&eacute;rdidas, combate a los enemigos si acechan a la comunidad y repele las tormentas cuando amenazan a su grupo, etc&eacute;tera. Aunque en la actualidad es raro que <i>nahualli</i> sea usado con un sentido positivo, tales acciones todav&iacute;a son realizadas por especialistas cuyos t&iacute;tulos muchas veces quieren decir "el que sabe" <i>(C&oacute;dice Florentino</i> 1950&#45;63, x 31; xii 22; <i>Procesos de Indios</i> 1912, 29, 62; Serna 1953, 81; Sahag&uacute;n 1946&#45;1947, 167&#45;168; Mart&iacute;nez Gonz&aacute;lez 2006b).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">2.&nbsp;Como los hombres<i>&#45;nahualli</i> tambi&eacute;n se encargan de velar por el cumplimiento de las normas morales, &eacute;stos suelen igualmente estar dotados de una funci&oacute;n punitiva. Y es por tal clase de acciones que muy com&uacute;nmente se les acusa de causar enfermedad y muerte. En los casos en que tales parecen injustificadas, se supone que se trata de malos <i>nanahualtin</i> que se dedican a da&ntilde;ar a los dem&aacute;s por envidia o en busca de un provecho personal &#151;siendo entonces contratados para satisfacer los deseos de un tercero&#151;. Una vez que un ritualista adquiere la fama de "brujo" o "mal <i>nahualli"'</i> &eacute;ste se convierte, en el pensamiento mesoamericano, en causante de toda clase de males y, por consiguiente, es segregado y rechazado por los dem&aacute;s <i>(C&oacute;dice Florentino</i> 1950&#45;63, X 31; Sahag&uacute;n 194647, 169&#45;170; Mart&iacute;nez Gonz&aacute;lez en prensa a).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">3.&nbsp;Bajo el t&eacute;rmino de <i>temacpalitoti</i> "el que baila con el antebrazo", las fuentes antiguas se refieren a un tipo de <i>nahualli</i> principalmente dedicado a robar, violar y raptar a sus v&iacute;ctimas. Entre sus cualidades espec&iacute;ficas, destaca su capacidad de provocar el sue&ntilde;o a trav&eacute;s de conjuros que implicaban el uso del brazo mutilado de una mujer muerta en parto. Hoy, este vocablo ya no se encuentra en uso pero seguimos encontrando <i>naguales</i> ladrones y violadores en pueblos como los nahuas, los huaves, los totonacos y los quich&eacute;s <i>(C&oacute;dice Florentino</i> 1950&#45;63, X 31; Ruiz de Alarc&oacute;n 1984, 77&#45;79; Ichon 1969, 175; Lipp 1991, 161; Tranfo 1979, 191; Villa Rojas 1978, 390&#45;91; Mart&iacute;nez Gonz&aacute;lez en prensa a).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">4.&nbsp;Con el nombre de <i>tlahuipuchtli</i> "humo luminoso", los documentos de la colonia temprana se refieren a un tipo <i>nahualli,</i> esencialmente femenino, caracterizado por su forma &iacute;gnea y un proceso de transformaci&oacute;n que implica el quitarse las piernas. En la actualidad, se suele usar este vocablo para referirse a "brujas" que, retir&aacute;ndose las extremidades inferiores, se convierten en guajolotes y/o bolas de fuego para ir a chupar la sangre de los ni&ntilde;os; tales acciones se supone que provocan la muerte <i>(C&oacute;dice Florentino</i> 1950&#45;63, IV 43; Torquemada 1943&#45;44, II 83; Mart&iacute;nez Gonz&aacute;lez 2006a).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En los &uacute;ltimos dos casos no nos encontramos ya ante individuos reales, sino ante imaginarios colectivos aplicados, a manera de sanci&oacute;n social, a sujetos cuyo comportamiento parece especialmente desviado; la flojera y la rapacidad, en el caso de los ladrones; y la inversi&oacute;n en los roles de g&eacute;nero, para los chupasangre (Mart&iacute;nez Gonz&aacute;lez en prensa a).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Debido a que se les considera m&aacute;s como inspirados que como hombres dedicados al estudio, encontramos un complejo sistema inici&aacute;tico que, aunque no pretendemos desarrollar ampliamente aqu&iacute;, conviene se&ntilde;alar sus distintas etapas. En primer lugar, tenemos un cierto componente hereditario que tiende a manifestarse en el hecho de que el futuro <i>hombre&#45;nahualli</i> aparece y desaparece cuatro veces del vientre materno. En segundo sitio, se encuentra la idea de que es la posesi&oacute;n de una entidad an&iacute;mica de una clase espec&iacute;fica &#151;muchas veces determinada a trav&eacute;s de la lectura de calendarios adivinatorios&#151; quien condiciona dicha situaci&oacute;n. En tercero, tenemos que, en alg&uacute;n momento de la vida &#151;de preferencia despu&eacute;s de la adolescencia&#151;, el individuo recibe el llamado de las deidades de la tierra y la lluvia durante una especie de sue&ntilde;o inici&aacute;tico; dicho evento suele suceder tras una larga enfermedad, el golpe de un rayo o el consumo de alucin&oacute;genos. Este &uacute;ltimo paso est&aacute; ausente en la formaci&oacute;n de los <i>naguales</i> ladrones y chupasangre pues, consider&aacute;ndoseles como aberrantes, no suponen tener ninguna utilidad para la sociedad (Mart&iacute;nez Gonz&aacute;lez en prensa a; <i>C&oacute;dice Florentino</i> 1950&#45;63, IV; <i>Primeros Memoriales</i> 1997).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En su segunda acepci&oacute;n, observamos que la palabra <i>nahualli</i> es muchas veces aplicada a una suerte de <i>alter ego</i> o doble, generalmente animal, que se encuentra unido al ser humano por el hecho de compartir una de sus entidades an&iacute;micas; es el caso del <i>tonalli</i> o <i>ecahuil</i> entre los nahuas y un &aacute;nima localizada en el coraz&oacute;n entre los tzotziles, los tzeltales, los huaves y los otom&iacute;es (Signorini y Lupo 1989; Chamoux 1989; Guiteras 1961; Figuerola 2000; Garc&iacute;a y Oseguera 2001; Galinier 1979). Por esta raz&oacute;n, los <i>nanahualtin</i> est&aacute;n tan &iacute;ntimamente ligados a la identidad personal que todo mal que afecte al <i>nahualli</i> tendr&aacute; una repercusi&oacute;n en su contraparte humana. De tal forma que los da&ntilde;os sufridos por el doble constituir&aacute;n una de las explicaciones posibles para la enfermedad. De acuerdo con lo que se observa en las fuentes antiguas, la forma del <i>nahualli</i> variaba en raz&oacute;n de las caracter&iacute;sticas distintivas del personaje al que se encontraba asociado;<sup><a href="#notas">11</a></sup> pudiendo, en algunos casos fungir como nombre.<sup><a href="#notas">12</a></sup> No obstante, ello no implica que los dobles sean exclusivos de los seres humanos pues, adem&aacute;s de los dioses, encontramos casos en los que un mismo <i>nahualli</i> o especie<i>&#45;nahualli</i> es atribuido a una colectividad.<sup><a href="#notas">13</a></sup> Al mismo tiempo, contamos con testimonios antiguos que, al parecer, indican que, cuando menos, algunos seres privilegiados pod&iacute;an encontrarse ligados a m&aacute;s de un doble (Serna 1953, 204 y N&uacute;&ntilde;ez de la Vega 1988, 757). Como lo muestran diversas fuentes antiguas y coloniales, el <i>nahualli</i> era tambi&eacute;n la forma que asum&iacute;a aquel ritualista, igualmente llamado <i>nahualli,</i> durante su transformaci&oacute;n. De tal manera que la diversidad de formas adquiridas por dicho personaje podr&iacute;a ser explicada en funci&oacute;n de la multiplicidad de dobles asociados a un s&oacute;lo individuo.<sup><a href="#notas">14</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En un trabajo reciente (Mart&iacute;nez Gonz&aacute;lez 2006c) nos ocupamos del estudio de las representaciones pict&oacute;rico&#45;escult&oacute;ricas de los <i>nanahualtin</i> en las manifestaciones art&iacute;sticas de tradici&oacute;n prehisp&aacute;nica. Y, aunque pudimos encontrar, cuando menos, cuatro principales formas de representar al <i>nahualli</i> &#151;presentes en distintas &eacute;pocas y regiones&#151;, aqu&iacute; s&oacute;lo mencionaremos las dos m&aacute;s constantes y mejor atestiguadas por los documentos del siglo XVI. En primer sitio estar&iacute;an quienes, como Yxcozauhqui y Huitzilopochtli, portan sus <i>nanahualtin</i> sobre la espalda (Sahag&uacute;n 1958, 126&#45;127; 1997, 94).<sup><a href="#notas">15</a></sup> En segundo, los que, como Coyotl inahual, Macuil Tochtli, Macuil Ocelotl y Huitzilopochtli, llevan a su <i>nahualli</i> alrededor de la cabeza como si su rostro emergiera del hocico del animal.<sup><a href="#notas">16</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dicho esto no nos queda m&aacute;s que evaluar los indicios que sobre este tipo de concepciones pudi&eacute;ramos tener en el pueblo de nuestro inter&eacute;s.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><strong>ENTIDADES COMPA&Ntilde;ERAS PUR&Eacute;PECHA</strong></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El primer indicio de que disponemos es justamente la falta de informaci&oacute;n sobre el tema de la coesencia&#45;<i>nahualli</i>.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Seg&uacute;n observamos en las cr&oacute;nicas de diferentes regiones, el proceso de asimilaci&oacute;n de las distintas culturas ind&iacute;genas por parte de los espa&ntilde;oles se nos presenta como una suerte de escalada en la que cada experiencia colonial constituye una suerte de pelda&ntilde;o &uacute;til para la comprensi&oacute;n de nuevos fen&oacute;menos para observar. De la conquista del Caribe, los espa&ntilde;oles tomaron conceptos como areito, tabaco, coa, etc&eacute;tera, del contacto con los mayas recuperaron la idea del <i>cu</i>, mientras que de la subyugaci&oacute;n del Estado mexica &#151;sin duda la victoria m&aacute;s importante en Mesoam&eacute;rica&#151; se gener&oacute; toda una base conceptual que servir&iacute;a de traductor en el resto de las experiencias coloniales. En los vocabularios y cr&oacute;nicas michoacanas encontramos numerosas palabras nahuas o nahuas hispanizadas, como tamal, maceguales, chichimecas, huipiles, chiles, cocoliztle, mitotes, chiquihuites, maxtles, ocote, etc&eacute;tera, con sus respectivas traducciones al <i>p'urh&eacute;.</i> Obviamente, la influencia de las experiencias colonizadoras previas no se queda en el &aacute;mbito ling&uuml;&iacute;stico sino que, en algunos casos, &eacute;sta se convierte en herramienta de traducci&oacute;n. Un ejemplo de ello es la lectura que La Rea (1996, 71&#45;74) hace del <i>Lienzo de Jucutacato,</i> pues, a grandes rasgos, se sostiene que ah&iacute; se represent&oacute; la traves&iacute;a de las "nueve naciones" que salieron de Aztl&aacute;n, bajo el mando de Huitzilopochtli, &#151;entre las que considera a los tarascos y los mexicanos&#151; y llegaron a Tzintzuntzan para erigir su capital &#151;top&oacute;nimo en que, al igual que en Huitzilopochtli, aparece "colibr&iacute;"&#151;.<sup><a href="#notas">17</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una vez considerado lo anterior, podemos subrayar que no solamente no encontramos la palabra <i>nagual</i> en ninguno de los textos michoacanos del siglo XVI &#45;cosa que s&iacute; sucede en documentos quich&eacute;s y cakchiqueles <i>(Popol Vuh</i> 1971; Hern&aacute;ndez y D&iacute;az 1934)&#45; sino que tampoco se nos presenta traducci&oacute;n alguna para dicho vocablo en ninguno de los diccionarios de la colonia temprana. Al considerar que esto &uacute;ltimo s&iacute; ocurre en los vocabularios de lenguas como el otom&iacute; y el mam (Urbano 1990; Reynoso 1916) y que de hecho se observan numerosas entradas para t&eacute;rminos nahuas en el <i>Diccionario grande de la lengua de Michoac&aacute;n</i> (1991) y en Gilberti (1997), uno tender&iacute;a a suponer que no hubo necesidad de traducir <i>nahualli</i> porque no exist&iacute;a ning&uacute;n concepto equivalente en la cultura tarasca de la &eacute;poca. A esto se suma que, aun si en la actualidad existe la creencia en <i>nahuales</i> en la regi&oacute;n Tlapehuala y Ajuchitl&aacute;n &#151;una zona de nahuahablantes antiguamente dominada por tarascos&#151;, los pur&eacute;pecha no parecen hacer un uso cotidiano de este t&eacute;rmino (v&eacute;ase Maldonado Gallardo 2001, 460).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, existen otros aspectos que pudieran apuntar hacia una conclusi&oacute;n diferente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hemos dicho que la especie <i>nahualli</i> pod&iacute;a fungir como nombre para aquello a quien se encontraba asociado; en ese sentido, es posible que algunas de las apelaciones animales que recib&iacute;an las deidades y los se&ntilde;ores hayan hecho referencia a sus respectivas entidades compa&ntilde;eras &#151;&eacute;ste pudiera ser el caso del noble Cuini "cierta clase de ave", el dios Ucumo "tuza o topo" y el se&ntilde;or Vacus Thicatame "el &aacute;guila" (v&eacute;anse Corona N&uacute;&ntilde;ez 1948, 139&#45;141; Roskamp 2003, 331). Incluso se nos dice que las aves de rapi&ntilde;a eran consideradas como deidades: "Han de venir las &aacute;guilas reales, que son los dioses mayores, y las otras &aacute;guilas peque&ntilde;as que son los dioses menores, y los gavilanes y halcones y otras aves muy ligeras de rapi&ntilde;a llamadas <i>tintiuapeme" (Relaci&oacute;n de Michoac&aacute;n</i> 1980, 243).<sup><a href="#notas">18</a></sup></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Seler (2000, 180) tambi&eacute;n hab&iacute;a pensado en la posibilidad de que un apelativo se refiriera a la especie de la coesencia de un determinado ser.</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El nombre Tari&aacute;curi, como muchos otros tarascos, est&aacute; tomado de un animal; circunstancia que con toda seguridad debe referirse a una especie de creencia nahual&iacute;stica. Tari&aacute;curi, o Tare&aacute;curi, significa en tarasco el p&aacute;jaro del cual refer&iacute;an las antiguas tribus de M&eacute;xico que cuando canta vuelve siempre el pico al viento. Realmente, la palabra tari&aacute;curi se relaciona tambi&eacute;n con la que significa "viento": <i>tariata.</i></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En esta misma l&oacute;gica, ser&iacute;a probable que el <i>nahualli</i> colectivo de los uac&uacute;seecha fuera justamente el &aacute;guila y que las extraordinarias habilidades marciales y cineg&eacute;ticas que ellos mismos se atribuyen en la <i>Relaci&oacute;n de Michoac&aacute;n</i> (1980) supusieran derivar de la influencia de dicha ave. Vale la pena mencionar que, como ya lo ha indicado Roskamp (2001; 2002; 2003, 322&#45;323), tanto en el <i>C&oacute;dice Plancarte</i> como en el <i>Escudo de Armas de Tzintzuntzan</i> se presentan &aacute;guilas recibiendo los rayos del sol asociadas a gobernantes michoacanos &amp;#151;como si se indicara un lazo vital entre los tres elementos&#151;.<sup><a href="#notas">19</a></sup> Beaumont (1932, II 46) refiere haber visto en Ihuatzio "otro &iacute;dolo en estas ruinas de figura de un lagarto que ten&iacute;a la cabeza quebrada". A fines del siglo XVI, se nos informa sobre "las adoraciones y ritos" de los habitantes de Cuitzeo: "eran que hac&iacute;an una forma, como de mona o como perro, y esta era la piedra, y la pon&iacute;an en un lugar alto hecho de piedra, en una casa grande que era su templo" <i>(Relaciones geogr&aacute;ficas del siglo</i> <i>XVI.</i> <i>Michoac&aacute;n</i> 1987, 82). Sobre otra localidad michoacana, se dice "llaman los naturales a este pu&#91;ebl&#93;o, Dibon, porque el &iacute;dolo dellos dicen q&#91;ue&#93; se les aparec&iacute;a en aspecto de rana" <i>(Idem</i> 161). De modo que, cada localidad, pareciera tener, al menos un animal tutelar.<sup><a href="#notas">20</a></sup> Todav&iacute;a, a principios del siglo XX, Le&oacute;n (1906, 184&#45;185) encontr&oacute; que en algunas localidades se segu&iacute;an haciendo rituales a deidades zoomorfas: "He sorprendido a los pescadores del pueblo de Santa Fe de la Laguna ofreciendo incienso a una deforme figura de piedra que simulaba un pez, y no tuvieron empacho en decirme que le ped&iacute;an f&aacute;cil y abundante pesca".</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A pesar de las reservas con que se debe tratar este documento, vale la pena citar un pasaje del llamado <i>C&oacute;dice Plancarte</i> (1959, 14) en el que los seres zoomorfos fungen claramente como protectores de determinados pueblos:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#91;Vacuxen&#93; les dio noticias &#91;a los reyes&#93; de todas las guerras que hab&iacute;a en toda la tierra y tambi&eacute;n les dijo que ten&iacute;an tres diablos muy valientes y diligentes y que todos los d&iacute;as andaban en contorno en todo el mundo, tres veces al d&iacute;a, sin que les quedara ning&uacute;n rinc&oacute;n por chico que fuese y que ese le revel&oacute; todas las cosas del mundo y que &eacute;stos eran sierpes, lobos, &aacute;guilas, a uno de ellos era al que idolatran y otro en &#91;A&#93;u&aacute;ndaro y otro en Curiquaycharo y otro en Patzuendo.<sup><a href="#notas">21</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es dif&iacute;cil evaluar el impacto de la cultura n&aacute;huatl en el antiguo Michoac&aacute;n. Pues siempre es posible que algunas de dichas ideas hayan sido incorporados por los pur&eacute;pecha a trav&eacute;s de la constante convivencia con los grupos de esta habla que formaban parte de su se&ntilde;or&iacute;o. Por lo que se desprende del estudio del llamado <i>Lienzo de Jucutacato,</i> tambi&eacute;n los habitantes de Tierra Caliente consideraban que sus deidades pod&iacute;an manifestarse en modo zoomorfo. De acuerdo con Roskamp (1998; 2001, 123), en dicho documento &#151;que en realidad deber&iacute;a llamarse <i>Lienzo de Jical&aacute;n&#151;,</i> se observa a un grupo guiado por un dios patrono &#151;Tezcatlipoca&#151; "que, como lo muestran los dibujos, se manifestaba y comunicaba con los migrantes en forma de su <i>nahual,</i> un ave, probablemente un &aacute;guila aunque debido a influencias europeas iconogr&aacute;ficamente se parece m&aacute;s a una paloma".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En Ihuatzio, se han encontrado representaciones escult&oacute;ricas de coyotes con torsos antropomorfos (Pollard 1993, 159); lo cual, considerando que dicho c&aacute;nido aparece en el nombre de la ciudad, tender&iacute;a a se&ntilde;alarlo como su representante. En este caso, es notable que su configuraci&oacute;n es semejante al modo en que se representa al dios Coyotl inahual &#91;cuyo nombre significa "el coyote es su <i>nahualli"&#93;</i> en el <i>C&oacute;dice Florentino</i> (195063, IX); con torso humano y cabeza de c&aacute;nido.<sup><a href="#notas">22</a></sup> En la actualidad, se dice que, en Ihuatzio</font></p>  	    <blockquote> 		    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">los esp&iacute;ritus de los sacerdotes del Sol y de la Luna (una pir&aacute;mide estaba dedicada a Tat&aacute; Huriata y otra a Nan&aacute; Cutsi) visitan todav&iacute;a y con bastante frecuencia, durante las noches, las y&aacute;catas del lugar convertidos en coyotes &#91;.<i>..</i>&#93; <i>&#45;Nosotros aqu&iacute;</i> &#151;dec&iacute;a mi entrevistado que era un viejo pur&eacute;pecha&#151; <i>decimos: 'I&#45;ya hiuatzmintzitani' para indicar que los coyotes son los mensajeros de los dioses</i> (Hurtado Mendoza 1986, 206).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De acuerdo con Villavicencio (2008, com. pers.), la frase <i>I&#45;ya hiuatzmintzitani</i> podr&iacute;a significar "el alma&#45;coraz&oacute;n del coyote"; lo que indicar&iacute;a un lazo de tipo an&iacute;mico con la forma adoptada.<sup><a href="#notas">23</a></sup> En la misma localidad, se cuenta que, antiguamente, hab&iacute;a un "rey" que "tra&iacute;a un coyote as&iacute; como nosotros traemos a los perros &#91;...&#93; el coyote iba a aullar para avisarle al rey lo que suceder&iacute;a" (C&aacute;rdenas Fern&aacute;ndez 2003, 166). De modo que, en este caso, el animal aparece ligado tanto a la ciudad y sus deidades como a aquel gobernante m&iacute;tico que aparece como su representante.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo que falta justamente es el lazo vital entre el ser humano en general y sus coesencias. Si acaso la &uacute;nica excepci&oacute;n conocida es un proceso inquisitorial del siglo XVII (AGN Inquisici&oacute;n 1689, 674.14 115r). En &eacute;l, un testigo indic&oacute; que "vido un gallo de tierra en su cama y le dio de palos, y por la ma&ntilde;ana, amaneci&oacute; Mariana, esclava de Francisco del Corral, lastimada en la cabeza por los palos de la otra noche". Lo cual pareciera confirmar la interdependencia entre el animal y su contraparte humana.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora, si consideramos que en algunos grupos se considera que s&oacute;lo los ritualistas est&aacute;n dotados de <i>nahualli,</i> bien podr&iacute;amos suponer que tal clase de relatos (aquellos en que una persona sufre por lo que afecta a su entidad compa&ntilde;era) pas&oacute; inadvertido ante los ojos de los cronistas por su escasa frecuencia. Lo extra&ntilde;o es que esto tampoco fuera notificado por los m&uacute;ltiples etn&oacute;logos que han trabajado en esta regi&oacute;n. Zantwijk (1967, 179) indica que el concepto pur&eacute;pecha equivalente a <i>nahualli</i> es el de <i>kwincha tsikw&aacute;mecha,</i> que &eacute;l traduce como "gemelos". Sin embargo, es preciso admitir que aqu&iacute; las cosas se tornan un tanto complejas. Pues, si recurrimos a los diccionarios antiguos, tender&iacute;amos a traducir este binomio como "<i>tsikwamecha&#45;p</i>&aacute;jaro", sabiendo que las <i>siku&aacute;mecha</i> son un tipo de ritualista ind&iacute;gena dedicado tanto a da&ntilde;ar a sus enemigos como a la curaci&oacute;n <i>(Diccionario grande...</i> 1991, II 137).<sup><a href="#notas">24</a></sup> Cualquiera que sea el caso, no es claro que esto se refiera a una diversidad de formas animadas asociadas a distintos individuos en funci&oacute;n de sus cualidades personales, sino tan s&oacute;lo a la figura de b&uacute;hos que en un relato adopta una serie de j&oacute;venes brujas para molestar a un muchacho.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, de haber la creencia en la entidad compa&ntilde;era, &eacute;sta estar&iacute;a reservada a las deidades, los ritualistas &#151;como brujos y los sacerdotes&#151;, los gobernantes m&iacute;ticos y las colectividades. Aunque ya hemos dicho que esto es algo muy excepcional, conocemos otros grupos mesoamericanos en los que s&oacute;lo parece existir un "nahualismo colectivo" y falta la variabilidad de formas ligadas al car&aacute;cter individual. Garc&iacute;a Alcaraz (1973, 261) menciona que para los triquis de Copala, la coesencia es siempre un venado. Mientras que, entre los chuj de Cuchumatan, se cree que casi todo el pueblo tiene a una serpiente por entidad compa&ntilde;era (La Farge 1947, 152).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, si admiti&eacute;ramos que esta clase de manifestaciones tambi&eacute;n forman parte de ese complejo al que llamamos nahualismo, entonces deber&iacute;amos incluir igualmente a toda una serie de manifestaciones que se presentan en territorios muy lejanos a Mesoam&eacute;rica; con esto me refiero al llamado totemismo norteamericano. Considerando que la creencia en el <i>manitou</i> y el <i>esp&iacute;ritu guardi&aacute;n</i> de los ind&iacute;genas de las planicies norteamericanas s&iacute; implica una cierta individuaci&oacute;n en la asociaci&oacute;n humano&#45;coesencia, &eacute;stas concepciones parecer&iacute;an incluso m&aacute;s pr&oacute;ximas al nahualismo n&aacute;huatl y maya que lo que encontramos entre los pur&eacute;pecha antiguos y modernos. De modo que, al menos en lo que se refiere a la idea de la entidad compa&ntilde;era, pudiera pensarse en la existencia de una cierta continuidad cultural entre las poblaciones sub&aacute;rticas y las del &aacute;rea que nos interesa; raz&oacute;n por la cual, nuestro concepto desbordar&iacute;a los l&iacute;mites mesoamericanos (v&eacute;ase Benedict 1923; Hultkrantz 1979, 73&#45;77).<sup><a href="#notas">25</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><strong>LA TRANSFORMACI&Oacute;N: EN B&Uacute;SQUEDA DE LOS HOMBRES&#45;NAHUALLI PUR&Eacute;PECHA</strong></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En los vocabularios antiguos, aparecen las frases: "boluer algo de vn ser en otro" <i>vahnanacunstani</i> y "boluerse de un ser en otro vahnanacuquarenstani <i>(Diccionario grande.</i> 1991, I 113). Ambos t&eacute;rminos derivan de una ra&iacute;z <i>vahna</i> que tambi&eacute;n aparece en vocablos que se refieren a la conversi&oacute;n religiosa &#151;"conuertirse a dios"&#151;, al hecho de girar o voltear algo &#151;"rodar con la mano algo, o boluerlo de dentro a fuera, lo detr&aacute;s adelante"&#151; y a la idea del retorno &#45;"boluerse azia aca" (Idem, II 661).</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al igual que en otras partes de Mesoam&eacute;rica, en la zona pur&eacute;pecha tambi&eacute;n encontramos relatos de seres que adoptan formas distintas de la propia. La pregunta que aqu&iacute; surge es: &iquest;qui&eacute;nes se transforman y bajo que circunstancias lo hacen?; pues, en gran medida, esto nos servir&aacute; de gu&iacute;a para distinguir e identificar a los <i>hombres&#45;nahualli</i> pur&eacute;pecha. Entre los personajes transformistas encontramos dos clases principales; a los humanos, alguna vez vivos y, supuestamente, reales; y por el otro a las deidades y los esp&iacute;ritus, que incluye a quienes alguna vez fueron humanos pero que, en una condici&oacute;n diferente, ejecutan sus metamorfosis.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Comenzaremos con los seres no humanos que se trasmutan:</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A) Aunque es prudente distinguir entre dioses y esp&iacute;ritus menores, hemos decidido concentrarlos en un solo grupo debido a que no pudimos encontrar diferencia alguna en sus cambios de forma; en ambos casos se trata de seres que adoptan apariencias no antropomorfas sobre la tierra y principalmente para hablar con los humanos. La <i>Relaci&oacute;n de Michoac&aacute;n</i> (1980) nos proporciona varios ejemplos.</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En aq&#91;ue&#93;lla forma de animal &#91;de zorrillo&#93;, se le&#91;s&#93; aparec&iacute;a y hablaba con ellos &#91;el Diablo&#93;, y, razonando que hab&iacute;a, lo v&#91;e&#93;&iacute;an entrarse por una cueva peque&ntilde;a que al pie de un cerro &#91;hab&iacute;a&#93;, adonde antiguam&#91;en&#93;te estaba la m&#91;a&#93;yor parte deste pu&#91;ebl&#93;o (p. 162).</font></p>           <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Fuese por el camino aquella mujer &#91;raptada por una diosa&#93; y luego encontr&oacute; en el camino con un &aacute;guila que era blanca y ten&iacute;a una verruga grande en la frente. Y empez&oacute; el &aacute;guila a silbar y entrenzar las plumas con unos ojos grandes, que dec&iacute;a ser el dios Curicaveri. Y saludola el &aacute;guila y d&iacute;jole que fuese bienvenida &#91;...&#93; Y ya era quebrada el alba cuando la llev&oacute; a un monte muy alto (p. 289).</font></p> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Andaba un pescador en su balsa, pescando por el r&iacute;o con anzuelo y pic&oacute; un bagre muy grande y no le pod&iacute;a sacar y vino un caim&aacute;n, no s&eacute; de donde, de los de aquel r&iacute;o y trag&oacute; aquel pescador y arrebat&oacute;le de la balsa en que andaba y sumi&oacute;se en el agua muy honda, y abraz&oacute;se con &eacute;l el caim&aacute;n y llevolo a su casa aquel dios caim&aacute;n, que era muy buen lugar, y salud&oacute; aquel pescador y d&iacute;jole aquel caim&aacute;n: <i>&#151;Ver&aacute;s que yo soy dios</i> (p. 295).</font></p> 	</blockquote>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Casos semejantes aparecen de igual modo en las reinterpretaciones coloniales de relatos m&iacute;ticos.</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Guiados por un &aacute;guila llegaron al lugar que llaman Siuimendo donde hallaron int&eacute;rprete el cual los llev&oacute; al monte de Vanchan &#91;...&#93; En aquel lugar estaba el valiente Hahchu el cual les avis&oacute; que ya en la Nueva Espa&ntilde;a estaban los espa&ntilde;oles conquistadores, que le revel&oacute; el diablo de C&aacute;ndaro que all&iacute; estaba en aquel lugar y el diablo de Cuyricua&#45;Charucu y el de Patzuematan y la sierpe <i>(C&oacute;dice Plancarte</i> 1959, 9).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tambi&eacute;n, encontramos ejemplos contempor&aacute;neos de transmutaciones divinas.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#91;Japingua&#93; tiene forma humana pero se disfraza de distintos animales: v&iacute;bora, lagartija, gato mont&eacute;s y venado. Otras veces se disfraza en una brasa ardiente que rueda por los caminos reales. Tambi&eacute;n dicen que se le ha visto en forma de un trozo de madera, de unos veinticinco cent&iacute;metros de largo (Vel&aacute;squez Gallardo 2000, 259&#45;260; C&aacute;rdenas Fern&aacute;ndez 2003, 376).<sup><a href="#notas">26</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Barba de Pi&ntilde;a Chan (1995, 278), por su parte, nos cuenta que en Cap&aacute;cuaro "se describen perros gigantescos que suelen verse cuando se atraviesa el campo; se les llama <i>miringuin,</i> corretean a las gentes y hacen que se pierdan".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En otros casos resulta claro que quienes cambian de forma son seres que alguna vez fueron humanos; ya sean "&aacute;nimas" o entes de un m&iacute;tico pasado. Ejemplos de ello son los relatos sobre las mujeres tarascas, o las hijas del Caltzoltzin, que aparecen como serpientes ante los hombres que buscan obtener de ellas sus favores o riqueza, n&oacute;tese que, en muchos casos, no es claro cu&aacute;l es la forma original del ser culebra o mujer (C&aacute;rdenas Fern&aacute;ndez 2003, 315).</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se le apareci&oacute; una bella se&ntilde;orita y le dice al joven Jes&uacute;s: <i>&#151;Jes&uacute;s, Jes&uacute;s, ll&eacute;vame contigo</i> &#91;.<i>..</i>&#93; <i>Ll&eacute;vame cargada y, escuches lo que escuches, ya sea unos caballos que corren detr&aacute;s de ti, o un carro, un aire muy fuerte, no voltees; no es nada.</i> &Eacute;l ya iba llegando con la se&ntilde;orita cargada, cuando, de repente, se encuentra a un joven que iba tambi&eacute;n por sus animales &#91;...&#93; Pero el joven no le dec&iacute;a a Jes&uacute;s qu&eacute; era lo que realmente tra&iacute;a para no asustarlo, pero cuando Jes&uacute;s volte&oacute; para ver qu&eacute; era lo que tra&iacute;a, la se&ntilde;orita se hab&iacute;a convertido en serpiente, la cual se le cay&oacute;, y al tiempo de caer la serpiente al piso se extendi&oacute; en el suelo como un mont&oacute;n de monedas; en seguida al ver el joven que era dinero, intent&oacute; levantarlo, pero fue in&uacute;til; el dinero desapareci&oacute; (Idem, 173).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aqu&iacute;, la adopci&oacute;n de apariencias no antropomorfas, parece no s&oacute;lo ser producto de las circunstancias, sino sobre todo un acto premeditado que &uacute;nicamente es posible gracias a las cualidades del ser metam&oacute;rfico. No es f&aacute;cil definir si estas transformaciones tienen algo que ver con el nahualismo pues el hecho de que los seres sobrenaturales cambien de apariencia no tiene nada de espec&iacute;ficamente mesoamericano &#151;v&eacute;ase el caso del diablo cristiano&#151;, la cuesti&oacute;n que queda por resolver es si tales figuras son seres animados indisociablemente ligados a la personalidad y el destino de las deidades.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un par de elementos que deben resaltarse pero que, por falta de datos, no pueden considerarse m&aacute;s que como una tendencia son: 1. La transformaci&oacute;n como medio de comunicaci&oacute;n entre los humanos y los seres de espacios m&iacute;ticos. 2. El hecho de que dicho contacto y cambio de figura tiene lugar en lugares espec&iacute;ficos; el cerro, los caminos, el lago y las ruinas de los antiguos moradores de la zona.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">B) Entre los humanos encontramos tres clases de personajes capaces de cambiar de forma: los ritualistas, los gobernantes y quienes mutan a causa de la intervenci&oacute;n divina o de manera accidental.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">B.1) En el grupo de quienes se metamorfosean de manera involuntaria, encontramos que esto puede suceder en tres circunstancias diferentes: durante la vida, tras la muerte o al final de una era.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">No contamos con ning&uacute;n relato antiguo sobre transformaciones humanas <i>postmortem.</i> Sin embargo, tenemos un texto sobre una deidad que, encontr&aacute;ndose sobre la tierra, sufre un cambio de forma muy semejante al de los humanos; se trata del mito de la deidad Sirata Tapezi cuyo padre termina por adquirir la forma de un extra&ntilde;o "venado".</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El dios llamado Cupanzueri jug&oacute; con otro dios a la pelota, llamado Achun Hiripem y gan&oacute;le y sacrific&oacute;le en un pueblo llamado Xacona y dej&oacute; su mujer pre&ntilde;ada de Sirata Tapezi, su hijo, y naci&oacute; y torn&aacute;rosle a criar en un pueblo, como que se lo hab&iacute;an hallado. Y despu&eacute;s de mancebo fuese a tirar aves con arco y top&oacute; con una iuana y d&iacute;jole: &#151;No <i>me fleches y dir&eacute;te una cosa: 'El padre que tienes ahora no es tu padre, porque tu padre fue a la casa del dios Achu Hirepe, a conquistar, y all&iacute; le sacrificaron</i>'. Como oy&oacute; aquello, fuese all&aacute; a probarse con el que hab&iacute;a muerto a su padre. Y venci&oacute;le y sacrific&oacute; al que hab&iacute;a muerto a su padre y cav&oacute; donde estaba enterrado y sac&oacute;le y ech&oacute;selo a cuestas y ven&iacute;ase con &eacute;l. En el camino estaban en el herbazal una manada de codornices, y levant&aacute;ronse todas en vuelo. Y dej&oacute; all&iacute; su padre por tirar a las codornices, y torn&oacute;se venado el padre y ten&iacute;a crines en la cerviz, como dicen que tienen esos que traen esas gentes, y su cola larga <i>(Relaci&oacute;n de Michoac&aacute;n</i> 1980, 300&#45;301).<sup><a href="#notas">27</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hoy, se dice de los antiguos pur&eacute;pecha "cuando alguien no se arreglaba debidamente, al reflejarse en el lago se espantaban, ca&iacute;an al agua y se transformaban en pescado y, cuando llegaba la noche, por la noche aparec&iacute;an sus sombras" (Conaculta 1994, 106). En otra ocasi&oacute;n, se report&oacute; que, en la sierra "se tiene la creencia de que esas mariposas son 'las almas azules de los ni&ntilde;os muertos y las blancas de los adultos', las cuales anuncian con anticipaci&oacute;n la visita de los difuntos" (Gortaire en Sierra Carrillo 2002, 65). En un relato de Ahuiar&aacute;n, un hombre llega a un pozo "empez&oacute; un remolino muy fuerte que no lo dej&oacute; acercarse entonces mejor se fue pues ten&iacute;a miedo, pero se qued&oacute; con tentaci&oacute;n de ver qu&eacute; hab&iacute;a y regres&oacute; y le sucedi&oacute; lo mismo porque hab&iacute;a muerto ah&iacute; &#91;...&#93; Hubo m&aacute;s gente que lo quisieron sacar &#91;un dinero escondido&#93; pero no pod&iacute;an porque sal&iacute;an unas culebras con una cabeza muy grande" (Acevedo Barba <i>et al.</i> 1982, 77). Lo interesante en estos &uacute;ltimos segmentos es que la posesi&oacute;n de una forma animal no necesariamente impide que el difunto tenga simult&aacute;neamente un aspecto antropomorfo; aun cuando lo que aparece en la noche es la "sombra" y no una forma corporal. Aqu&iacute; valdr&iacute;a preguntarse si tales apariciones no podr&iacute;an ser pensadas como coesencias de los muertos que se encuentran asociadas a una entidad an&iacute;mica que permanece sobre la tierra despu&eacute;s de la muerte.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otro lado, existe una diferencia pertinente entre las mutaciones <i>post mortem</i> de seres m&iacute;ticos o de un pasado lejano y las de los muertos actuales: En el primer caso, se trata m&aacute;s de una descripci&oacute;n del estado actual del mundo &#151;los caballos de los conquistadores como producto del descuido de Sirata Tapezi y los peces del lago como ancestros que por torpeza cayeron en &eacute;l&#151;. En el segundo, las formas no humanas parecen m&aacute;s una proyecci&oacute;n, aparentemente "natural", que revela el estado vigente del ser &#151;mariposas de colores como manifestaci&oacute;n de distintos tipos de difuntos en proximidad al D&iacute;a de Muertos y remolinos y serpientes como signo de un cad&aacute;ver acompa&ntilde;ado de un tesoro&#151;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como ejemplo de las transformaciones al t&eacute;rmino de una era y, al mismo tiempo, de la transformaci&oacute;n como castigo divino, encontramos el siguiente relato:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Despu&eacute;s del diluvio, escaparon un hombre y una muger sobre un monte mui alto, y all&iacute; esperaron a que decreciesen las aguas. Y, a cabo de algunos d&iacute;as, baxaron a un llano donde hallaron muchos venados muertos; y, por no tener otra cosa que comer, por averse todo anegado, con los palos que pudieron hallar, y cierto ynstrumento, sacaron fuego; y comenzaron a asar los venados. Y subiendo el humo al cielo, pregunt&oacute; la madre de los dioses qu&eacute; era aquello; que si hab&iacute;a quedado alg&uacute;n hombre. Si&eacute;ndole dicho lo que pasaba, embi&oacute; a su summo sacerdote a destruirlos. El cual les dio con una calabaza en la cabeza, y se tornaron perros (Ram&iacute;rez 1980, 360).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hoy, en Ahuiar&aacute;n, se cuenta la historia de un hombre que, a manera de castigo por su abuso de confianza, muere en manos de las deidades de la lluvia; pero, como hab&iacute;a "trabajado" un tiempo para ellos, deciden, en recompensa, transformar su cuerpo en tabaco (Acevedo Barba <i>et al.</i> 1982, 98). Aunque no se especifica que dicha transformaci&oacute;n suceda en una era diferente, en este caso, resulta claro que el producto de la mutaci&oacute;n en un remoto pasado es el estado actual del ser.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En otros textos parece que no es necesario estar muerto o pertenecer al pasado remoto para sufrir una mutaci&oacute;n. Un relato antiguo nos muestra que la acci&oacute;n de las deidades puede modificar la figura de los humanos a voluntad. Aqu&iacute; la deidad decide transformar a un ser humano para causar la discordia entre los hombres y, con ello, se trae el castigo; es decir, que no se cambia al infractor sino a su hijo para, a trav&eacute;s de &eacute;l, ejercer la punici&oacute;n.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#91;En un sitio donde todos est&aacute;n borrachos&#93; vino una mujer que no sab&iacute;a qui&eacute;n era, con unas naguas de manta basta de hierbas y otra manta de lo mismo, echada por el cuello, y las orejas colgaban muy largas y entr&oacute; en la casa de un hijo de Zinzuni, que ten&iacute;a un hijo que criaba su mujer. Y como la vio su mujer, d&iacute;jole: <i>&#151;Entra abuela. Que as&iacute; dicen a las viejas.</i> Dijo la vieja: <i>&#151;Se&ntilde;ora, &iquest;quer&eacute;is comprar un rat&oacute;n ?</i> D&iacute;jole la se&ntilde;ora. <i>&#151;&iquest;Qu&eacute; rat&oacute;n es aquel?</i> Dijo la vieja: <i>&#151;Se&ntilde;ora, un topo es o tuza</i> Dijo la se&ntilde;ora: <i>&#151;Dale ac&aacute; abuela</i> &#91;...&#93; Y chamusc&oacute; la se&ntilde;ora aquel topo y lavolo e echolo en un puchero y p&uacute;solo al fuego. Y coci&oacute; su hijo en aquel puchero, que hab&iacute;a engendrado su marido Hopotaco, y estaba la cuna con las mantillas liadas que parec&iacute;a que estaba all&iacute; el hijo &#91;...&#93; Y tom&oacute; el puchero y ech&oacute; el caldo en otro jical, y como quisiese echar al topo cocido pareci&oacute; ver su hijo y dio gritos llorando <i>(Relaci&oacute;n de Michoac&aacute;n</i> 1980, 181).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la actualidad, se cuenta que "un se&ntilde;or que andaba en el campo vio de pronto a una persona con cabeza de humano pero con cuerpo de perro y se puso a charlar con &eacute;l &#91;...&#93; Ese ser le dijo que era un muchacho que hab&iacute;a golpeado a su padre" (Acevedo Barba <i>et al.</i> 1982, 52). En otro ejemplo, interesante porque se adivina la intervenci&oacute;n divina, se cuenta que un estudiante de Puebla</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lleg&oacute; a la casa de sus padres a pedirles dinero y mat&oacute; a su mam&aacute; y despu&eacute;s a su pap&aacute;. Lo encarcelaron y se durmi&oacute;. Cuando despert&oacute; ya estaba convertido en mitad hombre (de la cintura para arriba) y mitad pez (cintura para abajo). Entonces llovi&oacute; y lleg&oacute; un remolino a Kutsijanikua &#91;Culebra de Agua&#93; y lo sac&oacute; de la c&aacute;rcel como si estuviera volando. En la mitad que ten&iacute;a como hombre ten&iacute;a pelos de gorila, la mano derecha la ten&iacute;a de perro y la izquierda encogida &#91;se dice que acab&oacute; viviendo en un cerro&#93; (Acevedo Barba <i>et al.</i> 1982, 58&#45;59).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una segunda versi&oacute;n explica que "se lo quer&iacute;a llevar un rayo" (Idem, 59).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En otros casos, se trata simplemente de un evento aparentemente accidental. La <i>Relaci&oacute;n</i> (1980, 172&#45;175) nos presenta la historia de ciertos sacerdotes que, habiendo comido carne de culebra, "empez&aacute;ronse a rascar y ara&ntilde;ar el cuerpo, que se quer&iacute;an tornar culebras. Y siendo ya hacia la media noche, teniendo los pies juntos, que se les hab&iacute;an tornado cola de culebra, empezaron ya a verter l&aacute;grimas estando ya verdinegros de color de las culebras". Es interesante notar que el mismo hecho de comer serpientes que produce la transformaci&oacute;n se encuentra presente en relatos contempor&aacute;neos de Purench&eacute;cuaro y Tarerio. En el primer caso se trata de un borrach&iacute;n que, enga&ntilde;ado por un vendedor extranjero, ingiere la carne de este animal: "Empez&oacute; a arrastrarse hasta llegar a un arrollo grande y vio una enorme cueva y all&iacute; se meti&oacute; a refugiarse &#91;...&#93; Cuando &eacute;l lleg&oacute; &#91;el comerciante&#93;, ya &eacute;l se hab&iacute;a transformado en serpiente, &uacute;nicamente la cabeza ten&iacute;a de hombre, era una enorme serpiente" (C&aacute;rdenas Fern&aacute;ndez 2003, 322&#45;323). En el segundo, se trata simplemente de un individuo que, por hambre, comienza a cazar y comer toda clase de ofidios: "aterrado ve&iacute;a c&oacute;mo su cuerpo se transformaba y se asemejaba al de una culebra &#91;...&#93; Le crecieron alas negras y peludas; as&iacute; logr&oacute; volar una noche acompa&ntilde;ado de fuertes vientos" (Gonz&aacute;lez <i>et al.</i> 1993, 31&#45;32).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Obviamente, esta clase de manifestaciones no tiene mucho que ver con el tema que aqu&iacute; tratamos, pues, en ese caso, tendr&iacute;amos que considerar como nahu&aacute;lica cualquier intervenci&oacute;n divina. Sin embargo, debemos aclarar que, en el caso de las mutaciones como castigo del pasado m&iacute;tico y remoto, muestran una cierta intencionalidad; el perro como castigo, el tabaco como premio; mientras que la que se refiere a un pasado "hist&oacute;rico" aparece s&oacute;lo como un medio para el enga&ntilde;o. Salvo en el caso de las mariposas en D&iacute;a de Muertos y las serpientes y remolinos que cuidan el tesoro, en las tres circunstancias que mencionamos, el com&uacute;n denominador es que, aunque el cambio de forma no se produce de manera voluntaria, existe algo que lo motiva o desencadena; ya sea una transgresi&oacute;n al orden moral, un descuido o la intervenci&oacute;n directa de las deidades. En todo caso, resulta claro que el cambio de apariencia no deriva aqu&iacute; de una cualidad intr&iacute;nseca del ser, sino de condiciones espec&iacute;ficas que afectan su evoluci&oacute;n. No es el hombre quien se transforma, sino las circunstancias o la voluntad divina quienes lo afectan.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">B.2) Obviamente, quienes cambian de forma con m&aacute;s frecuencia son justamente los ritualistas. El problema es que, aunque los datos parecen relativamente abundantes en &eacute;poca contempor&aacute;nea, las fuentes del siglo XVI no son particularmente expl&iacute;citas al respecto.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un texto antiguo nos deja en claro que, en el pensamiento pur&eacute;pecha, los transformistas pod&iacute;an ser de provecho para la sociedad. Aqu&iacute;, se describe con claridad la actividad de ciertos personajes que, adoptando la forma de diversos animales, pod&iacute;an ser usados durante la guerra.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entonces enviaron esp&iacute;as diciendo que estaba en lugares muy fragosos; y vinieron los esp&iacute;as, y no pod&iacute;an llegar y torn&aacute;ronse y contrahicieron los &aacute;dives y leones y lechuzas y otros p&aacute;jaros llamados <i>purucuzi,</i> y ven&iacute;an as&iacute; escuchando hasta el lado de las casas &#91;... La t&iacute;a dice a Tari&aacute;curi&#93; &#151;Los <i>de Curinguaro nos han de destruir y dicen que han venido a poner esp&iacute;as y que se tornan en leones y &aacute;dives (Relaci&oacute;n de Michoac&aacute;n</i> 1980, 112&#45;113).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A mediados del siglo XX, Vel&aacute;squez Gallardo (2000, 124), en uno de los mejores trabajos etnol&oacute;gicos que hasta la fecha se han hecho en la regi&oacute;n, nos describe el modo en que las <i>siku&aacute;mecha</i> se transforman, principalmente en aves, para actuar sobre su entorno ya sea para da&ntilde;ar a las personas o para robar.</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se transforman en tecolotes, cuervos <i>kokorbiecha (Strix flammeapratincola),</i> guajolotes, puercos, perros y gatos. A la hora que deseen se vuelven invisibles y pueden volar. Con mucha facilidad penetran en las tiendas y casas cerradas, cambian de lugar a las gentes que est&aacute;n dormidas, otras veces las sacan de las trojes y desnudas las abandonan en los solares. Dominan a los esp&iacute;ritus buenos y malos. Se dan cuenta cuando la gente trama contra ellas.</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aunque la <i>sikuame</i> tambi&eacute;n est&aacute; dotada de amplias funciones ben&eacute;ficas, como las que se ver&aacute;n m&aacute;s adelante, cabe destacar que estas metamorfosis s&oacute;lo se mencionan cuando act&uacute;a de manera negativa. De acuerdo con Barba de Pi&ntilde;a Chan (1995, 374), en Cap&aacute;cuaro, Cuitzeo, Morelia, Yuriria y P&aacute;tzcuaro, "se conoce la casa de una bruja porque los tecolotes revolotean sobre ella cuando se mete el sol &#91;...&#93; Se afirma que hay gentes con esp&iacute;ritu doble que toman la forma de tlacuache, tigre, zopilote o coyote, pero se trata siempre de hombres". Procedente de Tarerio, Gonz&aacute;lez <i>et al.</i> (1993, 57) nos presentan el caso de una joven embrujada a la que "un animal le enterraba las pesu&ntilde;as y le torturaba con su cola &#91;... gracias a los rayos X se vio que&#93; era una iguana grande que le ten&iacute;a las pezu&ntilde;as y la cola clavadas donde ella sent&iacute;a los dolores". En Ahuiar&aacute;n, se registr&oacute; la historia de una mujer que "se convert&iacute;a en guajolote y pod&iacute;a volar &#91;...&#93; De d&iacute;a sal&iacute;a ya de su casa como guajolote &#91;...&#93; volaba sobre la casa en que quer&iacute;a hacer da&ntilde;o" (Direcci&oacute;n General de Culturas Populares 1982, 29&#45;30).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En una reuni&oacute;n del <i>Grupo Kwan&iacute;skuyarhani</i> una ritualista de Cher&aacute;n (2008, com. oral), coment&oacute; que a veces se pon&iacute;a una piel de coyote y sal&iacute;a a aullarle a la luna; sin embargo, no me resulta claro si dicha pr&aacute;ctica &#151;correspondiente a un ritual&#151; pudiera ser considerada como una transformaci&oacute;n &#151;que usualmente es s&oacute;lo una creencia&#151;.<sup><a href="#notas">28</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo interesante es que el modo de adquisici&oacute;n de la condici&oacute;n de <i>sikuame</i> es, en varios puntos, semejante a lo que se dice acerca de los hombres&#45;nahualli; se requiere de un componente innato, la "sangre fuerte", un componente hereditario, se trasmite en la misma familia, y, a veces, un contacto con cierta clase de deidades &#151;los japingua (deidades del bosque) que les suministran los conocimientos necesarios para ejercer su oficio&#151;. En algunos casos esta iniciaci&oacute;n concluye con la realizaci&oacute;n de un pacto con una deidad mal&eacute;fica conocida como Terugutpiri y la renuncia al culto cristiano (Vel&aacute;squez Gallardo 2000, 125&#45;130, v&eacute;ase tambi&eacute;n Direcci&oacute;n General de Culturas Populares 1982, 16). Sin embargo, una caracter&iacute;stica muy pur&eacute;pecha, y que parece no ser compartida por la mayor&iacute;a de los hombres&#45;nahuales mesoamericanos, es el hecho de que, en su mayor&iacute;a, los <i>siku&aacute;mecha</i> son mujeres (Gallardo Ruiz 2005, 19).<sup><a href="#notas">29</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">B.3) Aunque probablemente se trata de una lectura tard&iacute;a y descriptiva de elementos iconogr&aacute;ficos, cabe considerar que el <i>C&oacute;dice Planearte</i> (1959, 12&#45;13) menciona el nada usual caso de un irecha dotado de cierta capacidad metam&oacute;rfica.</font></p>  	    <blockquote> 		    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#91;Vacustic&aacute;tame&#93; mostr&oacute; c&oacute;mo se volv&iacute;a sol, luna, estrella, &aacute;guila, halc&oacute;n, p&aacute;jaro, aire, fuentes de agua, &aacute;rbol, pescado, todo eso mostr&oacute; y despu&eacute;s de todo esto mostr&oacute; la estatua de Thiuime. Y mand&oacute; que ya lleg&oacute; el gobierno de esta ley y mand&oacute; juntasen todos los naturales varones de todos lugares &#91;...&#93; En todos los montes y cerritos puso una flecha para que le reconozcan por rey y le den vasallaje volvi&eacute;ndose a Tzintzuntzan otra vez puso una flecha delante de todos sus vasallos clavada en el suelo la que se convirti&oacute; en agua.</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin descartar la posibilidad de que algunos gobernantes hayan sido efectivamente pensados como poseedores de poderes sobrenaturales, es preciso se&ntilde;alar que, al considerarse a los se&ntilde;ores como representantes del dios patrono <i>(Relaci&oacute;n de Michoac&aacute;n</i> 1980, 224, 244, 258), no es dif&iacute;cil que las cualidades de los unos y los otros tendieran a fusionarse cuando se trataba de un pasado remoto y casi m&iacute;tico. No obstante, tambi&eacute;n debemos recordar que, en su rol de s&iacute;mbolos de la deidad, se esperaba que entraran en contacto directo con ella, durante el sue&ntilde;o, en el rito inici&aacute;tico que daba acceso al cargo se&ntilde;orial y, tal vez, otras ocasiones relevantes (Idem, 174&#45;176; <i>Relaciones geogr&aacute;ficas del siglo</i> <i>XVI</i> 1987, 348).<sup><a href="#notas">30</a></sup> Al ser buena parte de este ritual que implicaba las ofrendas de le&ntilde;a para el fuego y el autosacrificio, no es de extra&ntilde;ar que uno de los pocos relatos sobre metamorfosis humano&#45;animal se encuentre asociado a la automortificaci&oacute;n: "Horad&aacute;banse las orejas; ech&aacute;banse en r&iacute;os hondos y est&aacute;banse all&iacute; metidos, dec&iacute;an que de all&iacute; sal&iacute;an valientes, unos hechos tigres, otros leones y, otros, lagartos, y otros culebras, y que en efecto se transformaban estas figuras como en Espa&ntilde;a las brujas" <i>(Relaciones geogr&aacute;ficas del siglo</i> <i>XVI</i> 1987, 36).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, es posible que en dicha pr&aacute;ctica, como en el proceso de adquisici&oacute;n de la condici&oacute;n de gobernante, se supusiera una muerte simb&oacute;lica que permit&iacute;a el renacimiento en una forma no humana; no obstante, &eacute;ste es un tema que requiere de m&aacute;s investigaci&oacute;n. Para concluir, es preciso se&ntilde;alar que la idea de que los gobernantes pueden ser <i>nahuales</i> se encuentra muy frecuentemente en grupos como los mayas y los nahuas incluso hasta la &eacute;poca actual <i>(C&oacute;dice Florentino</i> 1950&#45;63, X 192; <i>Popol Vuh</i> 1971, 243, 247; Garc&iacute;a y Oseguera 2001, 266).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La cuesti&oacute;n que restar&iacute;a por resolver es si la capacidad de transformaci&oacute;n deriva de una cualidad personal &#151;como en el caso de los especialistas rituales&#151; o si bien, &eacute;sta es s&oacute;lo resultado de la posibilidad de encarnar a las deidades en virtud del desempe&ntilde;o de un cargo pensado como divino.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><strong>LOS TIPOS DE HOMBRE&#45;NAHUALLI Y LAS FUNCIONES NAHU&Aacute;LICAS ENTRE LOS PUR&Eacute;PECHA</strong></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es dif&iacute;cil entender la intenci&oacute;n y perspectiva del autor y los informantes de la <i>Relaci&oacute;n de Michoac&aacute;n,</i> m&aacute;s resulta claro que, aun cuando se haya perdido una de sus valios&iacute;simas partes, existe una historia que se quiere subrayar y una serie de elementos culturales de los que se prefiere no hablar. En la Tercera Parte de este texto (1980, 232&#45;242), se nos presenta una amplia descripci&oacute;n de diferentes tipos de sacerdotes y sus especialidades respectivas. Lo interesante es que, al contrastar los datos procedentes de esta fuente, con lo que se observa en los vocabularios antiguos, notamos la existencia de una clase de ritualistas que no aparecen entre los llamados "sacerdotes" &#151;ello sumado al hecho de que, en dicho texto no figuran ni una sola vez las palabras brujo, bruja&#151;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entre los no sacerdotes citados por el <i>Diccionario Grande</i> (1991, I 85, 119, 200, 297, 360, 366, 484), aparecen el "astr&oacute;logo" <i>auandaronapu hurendi, ambogansri,</i> la "bruja" <i>siquame ahchu vanaquareri,</i> el "m&eacute;dico" <i>xurihca, tzinahperi,</i> el "cirujano" <i>xurihca mayahpensri, siripensri,</i> el "embaidor" <i>cacongastahperi, tamhangastahperi</i> y el "ynterprete de sue&ntilde;os" <i>ahtsangariqua</i> <i>teruhtehpensri.</i> Obviamente, es dif&iacute;cil establecer cu&aacute;les eran las funciones de estos personajes cuando s&oacute;lo disponemos de sus nombres. Incluso, es complicado establecer si realmente se trata de personajes distintos o si tan s&oacute;lo se usan nombres diversos para calificar cualidades o funciones de un mismo tipo de ritualista.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entre ellos, o adem&aacute;s de ellos, hay personajes que encarnan a la deidad tanto de manera voluntaria y profesionalmente como de improviso y s&uacute;bitamente. En el primer caso aparecen los <i>curichi.</i></font></p>  	    <blockquote> 		    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El nombre de los sacerdotes, si as&iacute; se les puede llamar, era <i>curichi</i> &#91;.&#93; Obedec&iacute;an cuanto les predicaba y lo pon&iacute;an por la obra, porque, dem&aacute;s de lo que les predicaba, que era dicho con terrible espanto, y que les causaba grand&iacute;simo horror y miedo, su rey les ten&iacute;a apercibido y mandado que oyesen a los sacerdotes de su dios Tucupacha, porque, cuando les hablaba y predicaba, estaba dentro dellos su dios &#91;...&#93; Entend&iacute;an que aquella habla no era de hombre humano ni, las palabras que les dec&iacute;a, no eran conforme a como despu&eacute;s les hablaba <i>(Relaciones geogr&aacute;ficas del siglo</i> <i>XVI</i><i>. Michoac&aacute;n</i> 1987, 342).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro tipo de representantes de las deidades son los <i>tiuiniecha;</i> quienes, seg&uacute;n la <i>Relaci&oacute;n de Michoac&aacute;n</i> (1980, 232), "se compon&iacute;an y llevaban sus dioses a cuestas, y estos iban as&iacute; con sus dioses a las guerras, y los llamaban de aquel nombre de aquel dios que llevaban a cuestas". Todav&iacute;a en la actualidad, la ritualista de Cher&aacute;n a la que ya citamos (2008, com. oral) coment&oacute; sobre su pr&aacute;ctica que, adem&aacute;s de pedir ayuda a la monta&ntilde;a, el viento y el sol, sent&iacute;a que era pose&iacute;da por ellas: "&#151;En este momento yo nom&aacute;s soy conducto".<sup><a href="#notas">31</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En lo que se refiere a los tipos de hombre<i>&#45;nahualli,</i> podemos decir que, aun si los personajes contin&uacute;an si&eacute;ndonos dif&iacute;ciles de definir, las acciones realizadas por algunos ritualistas s&iacute; parecen concordar con las de los <i>naguales</i> del centro de M&eacute;xico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A) Aunque no contamos con ning&uacute;n personaje que aglutinara todas las funciones que engloba la figura del "buen <i>nahualli",</i> encontramos que muchas de ellas s&iacute; est&aacute;n en cierta medida presentes en el mundo pur&eacute;pecha.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ya hemos hablado de la intervenci&oacute;n de ciertos "esp&iacute;as" transformistas en ocasi&oacute;n de ciertos conflictos b&eacute;licos. Esta funci&oacute;n parece un tanto semejante a la idea de que el <i>hombre&#45;nahualli</i> es un protector de su comunidad y como tal se le encuentra en diversos relatos b&eacute;licos (v&eacute;ase Mart&iacute;nez Gonz&aacute;lez 2006b, 43&#45;46). El &uacute;nico detalle que podemos agregar al respecto es una serie de rituales, presentado por la <i>Relaci&oacute;n de Michoac&aacute;n</i> (1980, 240, 187, 238), que supuestamente eran usados por "esp&iacute;as" &#151;llamados y sacerdotes en caso de guerra&#151;.</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Iban aquellas esp&iacute;as y llevaban aquellas pelotillas de olores y plumas de &aacute;guilas y dos flechas ensangrentadas y entraban secretamente en los pueblos y escond&iacute;anlo en algunas sementeras o cabe la cabeza del se&ntilde;or, o cabe el cu y volv&iacute;an sin ser sentidos. Y eran hechizos para hechizar el pueblo. Acostumbraba esta gente traer le&ntilde;a para los cues y echar olores los sacerdotes llamados <i>andumuqua</i> en el fuego, por que sus dioses les diesen vencimiento contra sus enemigos. Y all&iacute;, en la oraci&oacute;n que hac&iacute;an al dios del fuego, nombraban todos aquellos se&ntilde;ores contra quien hac&iacute;an aquellos hechizos de aquellos olores.</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#91;El sacerdote&#93; nombraba todos los se&ntilde;ores de sus enemigos, por sus nombres a cada uno dec&iacute;a: <i>&#151;T&uacute; se&ntilde;or que tienes a la gente de tal pueblo a cargo, recibe estos olores y deja algunos de tus vasallos para que tomemos en las guerras</i> &#91;.<i>..</i>&#93; Hac&iacute;an todas estas ceremonias porque sus dioses diesen enfermedad en los pueblos de sus enemigos que hab&iacute;an de ir a conquistar.</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Motte&#45;Florac (1997, 196) alude a un tipo de adquisici&oacute;n de la condici&oacute;n de ritualista que nos recuerda a los <i>graniceros</i> y <i>teciuhtlazque</i> del centro de M&eacute;xico. "Los que se salvan de tal experiencia &#91;ser tocados por el rayo&#93; est&aacute;n considerados como seres aparte, algo locos o que gozan de 'dotes' particulares, pero siempre diferentes de lo que eran antes &#91;...&#93; Incluso se dice que anta&ntilde;o hubo quienes, despu&eacute;s de esta experiencia, pod&iacute;an curar... <i>&#151;Pero quien sabe si ser&aacute; cierto"</i>.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hurtado Mendoza (1986, 194&#45;195) reporta la existencia de una pr&aacute;ctica ritual encaminada al control meteorol&oacute;gico; al igual que en el centro de M&eacute;xico, dicho procedimiento es pensado como un combate.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otra reminiscencia de la religi&oacute;n pagana pur&eacute;pecha es la sabida costumbre que los indios tienen de cortar con una guada&ntilde;a las "culebras de agua" y viento durante las tormentas. Lo hacen desde el patio de sus trojes o de sus casas blandiendo repetidas veces la guada&ntilde;a en el viento y en direcci&oacute;n al fen&oacute;meno atmosf&eacute;rico del que temen la destrucci&oacute;n de sus sementeras, de sus viviendas y hasta de sus animales &#91;...&#93; En el poblado de Angahuan, las se&ntilde;oras entreabren sus reducidas ventanas y ayudan a cortar las "culebras de agua" soplando una y otra vez en direcci&oacute;n al remolino de agua y viento hasta que &eacute;ste queda conjurado, indicando que ese soplo es la fuerza del alma o del esp&iacute;ritu bueno en contra del esp&iacute;ritu malo.</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">M&aacute;s interesante a&uacute;n es el hecho de que, en Sevina, se habla de un muchacho que se convierte en serpiente alada para traer la lluvia (Carrasco 1971, 271).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entre otros procedimientos, Motte&#45;Florac (1997, 198) cita la colocaci&oacute;n de cruces benditas y decoradas en las milpas "para alejar de ellas las calamidades", la petici&oacute;n a las deidades cristianas de un buen temporal, la realizaci&oacute;n de procesiones por los campos con im&aacute;genes de santos, para implorar la lluvia y la realizaci&oacute;n de cruces con agua bendita, cenizas o palmas, en caso de un vendaval. "Cuando se quiere desviar una tormenta importante (siempre precedida por un viento violento) o el granizo, para que no atraviese su propia milpa, se pueden hacer se&ntilde;ales de la cruz hacia los cuatro puntos cardinales con agua bendita, con cenizas o con palmas bendecidas en Domingo de Ramos".<sup><a href="#notas">32</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este &uacute;ltimo procedimiento parece ser de origen espa&ntilde;ol, pues, en un documento de la colonia temprana, se cita una acci&oacute;n parecida a prop&oacute;sito de un cl&eacute;rigo: "Cuando hab&iacute;a tempestad grande de truenos, rel&aacute;mpagos y rayos, en especial si hab&iacute;a algunas nubes espantosas, sacaban en silla a este religios&iacute;simo Padre &#91;Sebasti&aacute;n de Trasierra&#93;, y lo llevaban a la ventana y haciendo la Cruz se deshac&iacute;an las nubes" (Basalenque 1963, 185).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La informaci&oacute;n sobre terapeutas y adivinos ind&iacute;genas es sumamente abundante en la actualidad. Terapeutas existen en pr&aacute;cticamente todas las sociedades del mundo; raz&oacute;n por la cual dif&iacute;cilmente servir&iacute;an como indicadores del nahualismo. S&oacute;lo presentaremos aqu&iacute; algunos pasajes de fuentes antiguas que aluden a m&eacute;todos y t&eacute;cnicas similares a los usados por los <i>nahuales.</i></font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hay entre los naturales algunas indias e indios que se hacen m&eacute;dicos de curar, sin ser sabedores de nada, antes entiendo que son hechiceros, porque la cura que hacen es hechir una j&iacute;cara de agua, y all&iacute; soplan y miran al cielo y andan soplando por la casa, y dicen algunas palabras que no se entienden, y aprietan las carnes del enfermo y dicen que les sacan gusanos <i>(Relaciones geogr&aacute;ficas del siglo</i> <i>XVI</i> 1987, 110).</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y los ladrones, que dicen los m&eacute;dicos que hab&iacute;an visto los hurctos en una escudilla de agua o en un espejo <i>(Relaci&oacute;n de Michoac&aacute;n</i> 2000, 338).</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#91;Don Pedro, un gobernante ind&iacute;gena de la &eacute;poca colonial dice sobre los espa&ntilde;oles:&#93; <i>&#151;Esta gente todos deben ser m&eacute;dicos, como nuestros m&eacute;dicos, que miran en el agua lo que ha de ser (Relaci&oacute;n de Michoac&aacute;n</i> 1980, 314).</font></p> 	</blockquote>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tanto la adivinaci&oacute;n en el agua como la extracci&oacute;n de gusanos en las pr&aacute;cticas de curaci&oacute;n son mencionadas a prop&oacute;sito de los hombres&#45;nahualli; tambi&eacute;n sabemos que una de las principales funciones de la adivinaci&oacute;n en estos personajes era el descubrimiento de los ladrones (Mart&iacute;nez Gonz&aacute;lez 2006b, 47; en prensa a).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">B) No encontramos un personaje pur&eacute;pecha que pudiera propiamente ser equivalente al "mal <i>nahualli",</i> sino que la <i>sikuame</i> parece tener un car&aacute;cter ambivalente que la vincular&iacute;an tanto al bien como al mal. Las principales funciones de las <i>siku&aacute;nimecha</i> de Charapan han sido brillantemente sintetizadas por Vel&aacute;squez Gallardo (2000, 124) en el p&aacute;rrafo siguiente:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Enfermar o matar a un individuo, adivinar el pasado, el presente y el futuro de cualquier persona, adivinar el paradero de objetos y animales extraviados o robados, curar cualquier enfermedad e inmunizar a las gentes contra hechizos. Con facilidad, las brujas arreglan y deshacen matrimonios, asimismo re&uacute;nen de nueva cuenta a las personas que, siendo casados, han estado por alg&uacute;n tiempo separadas. Atontan a la gente, trasmiten la buena suerte. Saben secar cualquier planta, principalmente de las que se cultivan en los jardines particulares. Se transforman en tecolotes, cuervos <i>kokorbiecha (Strix flammeapratincola),</i> guajolotes, puercos, perros y gatos. A la hora que deseen se vuelven invisibles y pueden volar. Con mucha facilidad penetran en las tiendas y casas cerradas, cambian de lugar a las gentes que est&aacute;n dormidas, otras veces las sacan de las trojes y desnudas las abandonan en los solares. Dominan a los esp&iacute;ritus buenos y malos. Se dan cuenta cuando la gente trama contra ellas.</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">C)&nbsp;Tan s&oacute;lo contamos con un par de breves indicios de la existencia de personajes semejantes al <i>nahualli</i>&#45;ladr&oacute;n y transgresor del centro de M&eacute;xico. En el <i>Diccionario Grande...</i> (1991, I 298 II 361) aparecen las entradas "encantar a la mujer para llevarla" <i>venambetani cuxaretini hiuazta cuecani, menhangastani cuxareti teruuatama cuecani</i> y <i>nizcuhpeni, cuuizcuhpeni</i> "encantarlos, hazer que duerman profund&iacute;ssimamente".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hoy, en Cuanajo, hay un personaje llamado <i>t'ipinskata,</i> descrito como un encapuchado que lleva una vela, que se dedica a robar gallinas. Para ello, se postra en cruz, se pone a rezar, enciende la vela y entonces puede tomar lo que quiera. Al igual que el <i>temacpalitoti</i> este personaje debe portar un fragmento de un cad&aacute;ver para ser eficaz; se dice que lleva "una j&iacute;cara con el dedo pulgar de una persona reci&eacute;n fallecida". Y, tal como sucede en el caso nahua (Mart&iacute;nez Gonz&aacute;lez en prensa a; Madsen 1960), los informantes distinguen con claridad entre este personaje y quienes son capaces de producir enfermedades; un pur&eacute;pecha explica: <i>"&#151;El</i> t'ipinskata <i>no es un brujo &#91;xikuamisti&#93;, eso s&oacute;lo roba, trae su traje como un ermita&ntilde;o pero la capucha no la trae parada sino ca&iacute;da para atr&aacute;s"</i> (C&aacute;rdenas Fern&aacute;ndez 2003, 378&#45;380).<sup><a href="#notas">33</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">D)&nbsp;No encontramos indicio alguno de la creencia en brujas que se desprenden las piernas ni en el siglo XVII ni en la actualidad. No obstante, Gilberti (1997, 230), en su <i>Diccionario en lengua tarasca o de Michoac&aacute;n,</i> traduce "bruja que chupa sangre" por <i>siquame huriata pitsipe.</i> Ya conocemos el vocablo <i>sikuame (siquame)</i> y, seg&uacute;n Claudine Chamoreau (2007, com. pers.), <i>jurhiata (huriata)</i> significa "sol, fontanela" y <i>pitsipe</i> "estar liso". Sin embargo, esta misma investigadora menciona haber encontrado, en el <i>Diccionario grande...,</i> la frase <i>pitsipenstanisiquahperata</i> "desenhechizarlos" (literalmente "desollarlos (gente) varias veces de un hechizo mutuo"). De tal modo que, tal vez, <i>siquame huriata pitsipe</i> podr&iacute;a traducirse por <i>"sikuame</i> que desbasta o alisa el sol o fontanela &#91;de la gente&#93;". En este caso, es muy probable que se tratara no del astro diurno, sino del "sol de la persona", pues, en la actualidad, cuando se pierde la <i>sombra</i> por un <i>susto,</i> se dice que el <i>susto</i> llega hasta la cabeza y es entonces cuando se les sume la mollera y "se les cae el sol" (Gallardo Ruiz 2008, com. oral.)<sup><a href="#notas">34</a></sup> De tal suerte que la pr&aacute;ctica de este personaje tal vez supon&iacute;a, m&aacute;s que la succi&oacute;n de la sangre, el robo de una entidad an&iacute;mica con cualidades cal&oacute;ricas. En todo caso, resulta interesante que, al menos a nivel ling&uuml;&iacute;stico, dicho personaje no tenga relaci&oacute;n alguna con el acto de beber sangre <i>yuriri atsiquarenstani (Diccionario grande...</i> 1991, I 153).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por sus cualidades luminosas y su capacidad para infundir miedo en la gente, Nan&aacute;&#45;Kuk&uacute; podr&iacute;a encontrar cierta similitud con el personaje de la <i>tlahuipuchtli.</i> Se trata de entidades femeninas, similares a las Lloronas, que descienden a la tierra para deambular en las inmediaciones de las fuentes de agua.</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En los poblados de Angahuan, Zirosto y sobre todo en Charapan relacionan a las 'Lloronas' o Nan&aacute;&#45;Kuk&uacute; con ciertos esp&iacute;ritus de color negro que tienen figura humana y a los que llaman S&uacute;mbasti o Maringuas. <i>Con frecuencia</i> &#151;dicen&#151; <i>habitan fuera de los pueblos, caminan flotando y parecen llevar una antorcha en las manos.</i> Se teme mucho su encuentro y su visi&oacute;n aterroriza (Hurtado Mendoza 1986, 205).</font></p> 	</blockquote>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Adem&aacute;s de estas y las <i>japinguas,</i> existen otras manifestaciones sobrenaturales bajo la apariencia de bolas de fuego. Los habitantes de Paracho cuentan la historia de un joven que se casa con una muchacha&#45;centella que vuela por los aires y baja a la tierra para cortar flores (Carrasco 1971, 266). En Angahuan, las luces nocturnas son identificadas como <i>tzumpamicha</i> o "duendes" asociados a sitios arqueol&oacute;gicos (Castilleja 2008, com. oral).<sup><a href="#notas">35</a></sup> Mientras que, en Ahuiar&aacute;n, se les suele vincular con el diablo (Direcci&oacute;n General de Culturas Populares 1982, 27). El hecho de que aqu&iacute; estemos hablando de seres sobrenaturales y no de un ser humano no implica una necesaria contradicci&oacute;n, pues conocemos otros casos en que quienes chupan sangre o se presentan como bolas de fuego son divinidades acu&aacute;tico tel&uacute;ricas; esto sucede entre los nahuas de la Sierra Norte de Puebla, los chontales y los mayas yucatecos (Signorini y Lupo 1989, 86&#45;87; Carrasco 1960, 111; Boccara 1991).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute; pues, podemos notar que, aunque no existen personajes exactamente equivalentes a las clases de <i>nanahualtin</i> que hemos podido identificar en otras zonas, las principales funciones jugadas por ellos no se encuentran ausentes entre los pur&eacute;pecha.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><strong>A MANERA DE S&Iacute;NTESIS</strong></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Siguiendo las recomendaciones del propio Paul Kichhoff, en este art&iacute;culo hemos querido cuestionar la unicidad cultural de Mesoam&eacute;rica, no desde la enumeraci&oacute;n de rasgos culturales presentes o ausentes &#151;como se hubiera hecho en otra &eacute;poca&#151;, sino a partir del tratamiento de un sistema simb&oacute;lico particularmente difundido en esta macrorregi&oacute;n; el nahualismo. Tomando como caso de estudio a la cultura pur&eacute;pecha &#151;sobre la cu&aacute;l se han subrayado tanto su semejanza con otros grupos como su singularidad&#151;, se trat&oacute; de definir si las creencias que en este grupo asocian a entidades antropomorfas con figuras no humanas pod&iacute;an o no corresponder a lo que, en trabajos anteriores, hemos definido como nahualismo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A diferencia de lo que sucede en otras regiones, entre los pur&eacute;pecha antiguos y modernos el t&eacute;rmino <i>nahualli</i> parece ser del todo desconocido y los vocabularios del siglo XVI y XVII carecen de cualquier concepto semejante. Pocas veces se ha reportado la interdependencia entre los destinos de seres humanos y entidades de la naturaleza y, en muy raros casos, contamos con datos sobre formas espec&iacute;ficamente ligadas a ciertos individuos en funci&oacute;n de sus cualidades personales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No obstante, encontramos que algunos de los nombres de las deidades y gobernantes se refieren a especies animales que, al menos a veces, reflejan las cualidades de los dioses. Tenemos menciones de divinidades que se manifestaban sobre la tierra bajo aspectos zoomorfos y, ocasionalmente, es en dicha apariencia que se les rend&iacute;a culto. En el caso de los uac&uacute;secha, su gentilicio podr&iacute;a derivar de la asociaci&oacute;n de su patrono al &aacute;guila y, en consecuencia, sus extraordinarias habilidades cazadoras y guerreras supondr&iacute;an provenir de la influencia de tal ave como coesencia colectiva. En el mismo sentido, es posible que las entidades compa&ntilde;eras de los de Ihuatzio fueran el coyote y el lagarto, de los de Cuitzeo el perro y el mono, etc&eacute;tera. Aunque existen pocas menciones de ello, sabemos que los seres asociados a sus deidades tutelares s&iacute; pod&iacute;an fungir como protectores y auxiliares de sus respectivas comunidades y pueblos. Y, cuando menos en el caso de Ihuatzio, la misma entidad que se asocia a la deidad local supone estar igualmente vinculada a sus sacerdotes, su gobernante y el com&uacute;n de sus habitantes. Por &uacute;ltimo, tambi&eacute;n encontramos que, independientemente de su lugar de procedencia, algunos ritualistas &#151;particularmente las <i>siku&aacute;mecha</i>&#151; se encuentran ligados a un animal espec&iacute;fico, en este caso el tecolote.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute; pues, de haber nahualismo, tendr&iacute;amos dos clases de <i>nahualli</i> conocidos; uno atribuido a la deidad patrona, a sus sacerdotes, al gobernante y a la colectividad en general; y otro espec&iacute;ficamente asociado a quienes median entre la salud y la enfermedad, entre el mundo de los humanos y el de las deidades. Sin embargo, si como sucede en otras regiones mesoamericanas, la forma adquirida fuera la entidad compa&ntilde;era, tendr&iacute;amos que, al menos en el caso de los especialistas rituales, s&iacute; existir&iacute;a una individuaci&oacute;n de los <i>nanahualtin.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Excluyendo a quienes son transformados por las circunstancias o la intervenci&oacute;n directa de seres trascendentales, encontramos tres clases de personajes que cambian de forma: los dioses y esp&iacute;ritus &#151;incluyendo los de los muertos recientes&#151;, los especialistas rituales y los gobernantes. </font><font face="verdana" size="2">En el caso de las deidades y "&aacute;nimas", parece ser que la motivaci&oacute;n principal es el contacto con ciertos seres humanos, sobre la tierra en lugares espec&iacute;ficos, pero no a la vista de toda la colectividad; ya sea para repelerlos o para comunicarse con ellos. Independientemente de que ello no necesariamente resulte en perjuicio de su propia gente o sea apreciado en forma negativa, los especialistas rituales parecen metamorfosearse principalmente para hacer da&ntilde;o a otras personas. Los gobernantes, por su parte, cuya capacidad metam&oacute;rfica no es claro si deriva de su cargo o de una cualidad intr&iacute;nseca a su persona, no parecen tener m&aacute;s motivaci&oacute;n que la exhibici&oacute;n p&uacute;blica de su poder; claro que, sobre este tema, los datos son sumamente raqu&iacute;ticos y su procedencia un tanto dudosa.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un problema que amerita una reflexi&oacute;n mucho m&aacute;s profunda es el de si la forma adquirida modifica las cualidades intelectuales y el comportamiento de los seres. Cuando se trata de ritualistas, gobernantes y deidades "vivas", es claro que las acciones emprendidas en otra figura contin&uacute;an respondiendo a motivaciones humanas. Las cosas se complican cuando se trata de muertos y seres pret&eacute;ritos; cuando se habla de su metamorfosis como el proceso que llev&oacute; a la condici&oacute;n actual, la forma parece conducir el comportamiento, pero, al tratarse de muertos recientes y seres del pasado que regresan para entrar en contacto con el hombre actual, el cambio de apariencia parece igualmente asociado a un intelecto humano. En los casos de transformaci&oacute;n como castigo o por descuido, el resultado parece poco pertinente para los pur&eacute;pecha, pues la mayor&iacute;a de los relatos acaban ah&iacute;.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tampoco pudimos encontrar a un personaje tarasco que concuerde exactamente con el <i>nahualli,</i> mas, a pesar de la falta de informaci&oacute;n, identificamos a un grupo de agentes no necesariamente humanos que tienden a cubrir las mismas acciones que los <i>nanahualtin.</i> No obstante, si tuviera que definir un equivalente pur&eacute;pecha del <i>hombre&#45;nahualli,</i> considero que el m&aacute;s cercano ser&iacute;a la <i>sikuame;</i> pues, adem&aacute;s de que su modo de actuar ambivalente es parecido al del primero mencionado, la forma en que ambos personajes adquieren sus cualidades son bastante semejantes: un componente innato asociado a las cualidades an&iacute;micas de la persona; la transmisi&oacute;n del oficio dentro de una l&iacute;nea de herencia; y en ocasiones, un cierto contacto directo con las deidades.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cuanto a la existencia o no de un nahualismo pur&eacute;pecha, temo que nos tendremos que quedar sin una respuesta concreta. Pues, as&iacute; como reconocemos la existencia de v&iacute;nculos entre algunos personajes antropomorfos y ciertas clases de entidades no humanas, tambi&eacute;n podemos notar que muchos de los elementos caracter&iacute;sticos de sistema nahu&aacute;lico han sido muy pocas veces registrados. Si, en este punto retom&aacute;ramos la propuesta del <i>n&uacute;cleo duro</i> de L&oacute;pez Austin, tendr&iacute;amos que pensar el caso tarasco como una suerte de nahualismo marginal. Esto &uacute;ltimo, aunado a la existencia de sistemas simb&oacute;licos parecidos en otras regiones del continente, tender&iacute;a a suponer que, en lugar de existir una frontera mesoamericana bien definida &#151;al menos en lo que al nahualismo se refiere&#151;, habr&iacute;a cierta continuidad en los complejos de creencias que relacionan a seres antropomorfos y figuras de otros tipos. Con esto, no quiero decir que el concepto de Mesoam&eacute;rica sea err&oacute;neo ni tampoco que sea adecuado; sino que, por el contrario, se trata de una hip&oacute;tesis que necesita ser constantemente contrastada a trav&eacute;s de casos particulares. En otras palabras, la continuidad cultural no es algo que deba ser aceptado o negado como un dogma puesto que contamos con las herramientas metodol&oacute;gicas para ponerla a prueba y, al mismo tiempo, ir comprendiendo mejor los procesos hist&oacute;ricos que en &eacute;pocas antiguas y recientes han acercado o alejado los sistemas de pensamiento de grupos que necesariamente estuvieron en alg&uacute;n momento en contacto.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Siguiendo nuevamente a Kirchhoff, considero que este trabajo no debe constituir un caso aislado, pues, para entender la compleja din&aacute;mica cultural que dio lugar a la formaci&oacute;n de Mesoam&eacute;rica, hay que comenzar por definir tanto lo que hay como lo que se encuentra ausente en sus diferentes regiones, no en t&eacute;rminos de rasgos culturales, sino en los de una cosmovisi&oacute;n m&aacute;s o menos variable a la que se integraron y de la que se distanciaron numerosas sociedades en distintas &eacute;pocas y regiones. Si lo vemos as&iacute;, se puede hablar, tanto de una prehistoria mesomericana &#151;donde reconocemos algunos de sus elementos cosmovisionales pero de manera aislada&#151; como de pueblos mesoamericanos contempor&aacute;neos &#151;caracterizados por una manera mesoamericana interpretar el mundo moderno&#151; pues ello implica reconocer que la transformaci&oacute;n cultural es un proceso que inici&oacute; mucho antes de la llegada de los conquistadores y contin&uacute;a hasta la actualidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><strong>OBRAS CITADAS</strong></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Acevedo Barba, Cruz Refugio <i>et al., Mitos de la Meseta Tarasca, un an&aacute;lisis estructural,</i> Aguascalientes, UNAM, Universidad Aut&oacute;noma de Aguascalientes, 1982.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6484931&pid=S0185-3929200900010000800001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Archivo General de la Naci&oacute;n (AGN), <i>Inquisici&oacute;n,</i> 674.14. </font><font face="verdana" size="2">1689. </font><font face="verdana" size="2"><i>Proceso contra Francisca Corral.</i> P&aacute;tzcuaro.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6484933&pid=S0185-3929200900010000800002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Alcal&aacute;, Jer&oacute;nimo de, <i>Relaci&oacute;n de Michoac&aacute;n,</i> Francisco Miranda (ed.), Fimax Publicistas, Morelia, 1980.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6484935&pid=S0185-3929200900010000800003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, Relaci&oacute;n de Michoac&aacute;n,</i> Mois&eacute;s Franco Mendoza <i>et al.</i> (ed.), Zamora, El Colegio de Michoac&aacute;n, Gobierno del Estado de Michoac&aacute;n, 2000.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6484937&pid=S0185-3929200900010000800004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Barba de Pi&ntilde;a Chan, Beatriz, "Apuntes no sistematizados para un estudio de la curander&iacute;a m&aacute;gica en Michoac&aacute;n" en Isabel Lagarriga (coord.), <i>Primer anuario de la Direcci&oacute;n de Etnolog&iacute;a y Antropolog&iacute;a Social,</i> INAH, SEP, M&eacute;xico, 1995, 373&#45;391.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6484939&pid=S0185-3929200900010000800005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Basalenque, Diego de, <i>Historia de la Provincia de San Nicol&aacute;s de Tolentino de</i> <i>Michoac&aacute;n del orden de N.P.S. Agust&iacute;n,</i> Jos&eacute; Bravo Ugarte (ed.), M&eacute;xico, Editorial Jus, 1963.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6484941&pid=S0185-3929200900010000800006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Beaumont, Pablo, <i>Cr&oacute;nica de Michoac&aacute;n,</i> 3 t., M&eacute;xico, Publicaciones del Archivo General de la Naci&oacute;n, Talleres Gr&aacute;ficos de la Naci&oacute;n, 1932.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6484943&pid=S0185-3929200900010000800007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Benedict Fulton, Ruth, <i>The concept of the guardian spirit in North America,</i> Menasha, Memoirs of the American Anthropological Association, n&uacute;m. 29, 1923.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6484945&pid=S0185-3929200900010000800008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Boccara, Michel, <i>Danser et chanter la pluie qui tombe,</i> CNRS, Par&iacute;s, Audio&#45;visuel, 1991.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6484947&pid=S0185-3929200900010000800009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bright, William, "Un vocabulario n&aacute;huatl del Estado de Tlaxcala", en <i>Estudios de Cultura N&aacute;huatl,</i> vol. VII, M&eacute;xico, IIH, UNAM, 1967, 233&#45;254.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6484949&pid=S0185-3929200900010000800010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">C&aacute;rdenas Fern&aacute;ndez, Blanca, <i>Los cuentos en lengua p'orh&eacute;: un punto de vista sociocr&iacute;tico,</i> Morelia, Universidad Michoacana de San Nicol&aacute;s de Hidalgo, Presses Universitaires de Perpignan, 2003.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6484951&pid=S0185-3929200900010000800011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">C&aacute;rdenas, Juan Ignacio, "El embarazo y el parto entre los p'urh&eacute;pechas de la ribera del Lago de P&aacute;tzcuaro", en A&iacute;da Castilleja Gonz&aacute;lez y V&iacute;ctor Valencia Valera (coords.), <i>El Lago de P&aacute;tzcuaro: su gente, su historia y sus fiestas,</i> 1993, 205&#45;209.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6484953&pid=S0185-3929200900010000800012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Carrasco, Pedro, <i>Pagan rituals and beliefs among the Chontal indians of</i> <i>Oaxaca, Mexico,</i> Berkeley&#45;Los &Aacute;ngeles, Anthropological records, University of California Press, 1960.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6484955&pid=S0185-3929200900010000800013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, "La importancia de las sobrevivancias prehisp&aacute;nicas en la religi&oacute;n tarasca: la lluvia" en <i>Verhandlungen des</i> <i>XXXVIII</i> <i>Internationalen Amerikanistenkongresses,</i> 12 bis 18, Munich, 1971, 266&#45;271.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6484957&pid=S0185-3929200900010000800014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Caso, Alfonso, <i>Los calendarios prehisp&aacute;nicos,</i> UNAM, M&eacute;xico, 1967.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6484959&pid=S0185-3929200900010000800015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;<i>,</i> "&iquest;Religi&oacute;n o religiones mesoamericanas?", en <i>XXXVIII Internationaler Amerikanisten Kongres,</i> vol. II, Stuttgart, Munchen, 1968, 189&#45;200.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6484961&pid=S0185-3929200900010000800016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Chamoreau, Claudine, "La pluridenominaci&oacute;n de una lengua: un juego de doble reflejo. Un acercamiento a la lengua de Michoac&aacute;n o juchari anapu o tarasco o pur&eacute;pecha", en M&aacute;rquez (ed.), 2007, 141&#45;156.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6484963&pid=S0185-3929200900010000800017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Chamoux, Marie Noelle, "La notion nahua d'individu: Un aspect du <i>tonalli</i> dans la r&eacute;gion de Huachinango, Puebla", en Stresser&#45;P&eacute;an y Michelet (eds.), <i>Enqu&ecirc;tes sur l'Amerique Moyenne,</i> M&eacute;xico, INAH&#45;CONACULTA&#45;CEMCA, 1989, 303&#45;310.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6484965&pid=S0185-3929200900010000800018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ch&aacute;vez Cervantes, Felipe, "Naturaleza, recursos naturales y cosmovisi&oacute;n p'urh&eacute;pecha: notas etnogr&aacute;ficas para su estudio", en <i>Lengua y etnohistoria pur&eacute;pecha. Homenaje a Benedict Warren,</i> Carlos Paredes Mart&iacute;nez (coord.), M&eacute;xico, Universidad Michoacana de San Nicol&aacute;s de Hidalgo, CIESAS, 1997, 257&#45;263.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6484967&pid=S0185-3929200900010000800019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Chimalpahin Cuauhtlehuanitzin, Domingo Francisco de San Ant&oacute;n Mu&ntilde;&oacute;n, <i>Relaciones originales de Chalco Amaquemecan,</i> S. Rend&oacute;n (trad.), M&eacute;xico, FCE, 1965.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6484969&pid=S0185-3929200900010000800020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>C&oacute;dice Florentino,</i> v&eacute;ase Sahag&uacute;n (1950&#45;63).</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>C&oacute;dice Plancarte,</i> Jos&eacute; Corona N&uacute;&ntilde;ez (ed.), Morelia, Colecci&oacute;n Siglo XVI, Universidad de Michoac&aacute;n, 1959.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6484972&pid=S0185-3929200900010000800021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Conaculta, <i>Cuentos pur&eacute;pechas,</i> Editorial Diana, Direcci&oacute;n General de Culturas Populares, M&eacute;xico, 1994.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6484974&pid=S0185-3929200900010000800022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Corona N&uacute;&ntilde;ez, Jos&eacute;, "Esquema de deidades de los tarascos antiguos", en <i>4rta Reuni&oacute;n de Mesa Redonda: El Occidente de M&eacute;xico,</i> Museo Nacional de Historia, Sociedad Mexicana de Antropolog&iacute;a, M&eacute;xico, 1948, 139&#45;145.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6484976&pid=S0185-3929200900010000800023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;<i>,</i> "La religi&oacute;n de los tarascos", en Angelina Mac&iacute;as Gotilla y Lorena Mirambell Silva (coords.), <i>La arqueolog&iacute;a en los Anales del Museo Michoacano (&Eacute;pocas I y II),</i> INAH, SEP, M&eacute;xico, 1993, 369&#45;408.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6484978&pid=S0185-3929200900010000800024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cort&eacute;z y Larraz, Pedro, <i>Descripci&oacute;n geogr&aacute;fica moral de la di&oacute;cesis de Goa</i><i>themala,</i> 2 vol., Guatemala, Bibliotheca Goathemala de la Sociedad de Geograf&iacute;a e Historia de Guatemala, 1958.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6484980&pid=S0185-3929200900010000800025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Couvreur, Aur&eacute;lie, <i>La religion de Teotihuacan (Mexique). &Eacute;tude iconographique et symbolique des principales divinit&eacute;s teotihuacaines,</i> Tesis de doctorado en filosof&iacute;a y letras, Bruselas, Universidad Libre de Bruselas, 2004.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6484982&pid=S0185-3929200900010000800026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Diccionario grande de la lengua de Michoac&aacute;n,</i> 2 vols., Benedict Warren (ed.), Morelia Fimax Publicistas, 1991.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6484984&pid=S0185-3929200900010000800027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Direcci&oacute;n General de Culturas Populares (DGCP), <i>Notas sobre el curanderismo en la Meseta Tarasca,</i> Cuadernos de Trabajo, SEP, M&eacute;xico, 1982.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6484986&pid=S0185-3929200900010000800028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dur&aacute;n de Alba, Mar&iacute;a del Roc&iacute;o, <i>Etnograf&iacute;a de la comunidad de migrantes pur&eacute;pechas de San Felipe de los Herreros Michoac&aacute;n, en el &aacute;rea metropolitana de la Ciudad de M&eacute;xico,</i> Tesis de licenciatura en Antropolog&iacute;a social, M&eacute;xico, ENAH, INAH, SEP, 2000.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6484988&pid=S0185-3929200900010000800029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Espejel Carbajal, Claudia, <i>La justicia y el fuego. Dos claves para leer la Relaci&oacute;n de Michoac&aacute;n,</i> Zamora, El Colegio de Michoac&aacute;n, en prensa.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6484990&pid=S0185-3929200900010000800030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">F&aacute;bregas Puig, Andr&eacute;s, <i>El nahualismo y su expresi&oacute;n en la regi&oacute;n de Chalco&#45;Amecameca,</i> Tesis de Maestr&iacute;a en Ciencias Antropol&oacute;gicas, M&eacute;xico, ENAH&#45;INAH&#45;SEP, 1969.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6484992&pid=S0185-3929200900010000800031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Figuerola Pojul, Helios, "El cuerpo y sus entes en Cancuc, Chiapas", en <i>Trace,</i> n&uacute;m. 38, <i>N&uacute;mero especial. El cuerpo, sus males y sus ritos,</i> CEMCA, M&eacute;xico, 2000, 13&#45;24.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6484994&pid=S0185-3929200900010000800032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Foster, George, <i>Tzintzuntzan: los campesinos mexicanos en un mundo de cambio,</i> M&eacute;xico, FCE, 1972.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6484996&pid=S0185-3929200900010000800033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;<i>,</i> "Hip&oacute;crates' Latin American legacy: 'hot' and 'cold' in contemporary folk medicine", en <i>Colloquia in Anthropology,</i> R. K. Wetherington (ed.), Texas, Southern Methodist University, Fort Burgwin Research Center, vol. 2, 1978, 3&#45;19.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6484998&pid=S0185-3929200900010000800034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gallardo Ruiz, Juan, <i>Medicina tradicional p'urh&eacute;pecha,</i> 2da edici&oacute;n, Zamora, El Colegio de Michoac&aacute;n, Universidad Ind&iacute;gena Intercultural de Michoac&aacute;n, 2005.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485000&pid=S0185-3929200900010000800035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Galtnter, Jacques, <i>N'&#361;yh&#361;. Les indiens Otomis. Hi&eacute;rarchie sociale et tradition dans le Sud de la Huasteca,</i> M&eacute;xico, Etudes M&eacute;soam&eacute;ricaines s&eacute;rie 2, Mission Arch&eacute;ologique et Ethnologique Fran&ccedil;aise au Mexique, 1979.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485002&pid=S0185-3929200900010000800036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Garc&iacute;a Alcaraz, Agust&iacute;n, <i>Tinujei. Los triques de Copala,</i> M&eacute;xico, Comisi&oacute;n del R&iacute;o Balsas&#45;Secretar&iacute;a de Recursos Hidr&aacute;ulicos, 1973.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485004&pid=S0185-3929200900010000800037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Garc&iacute;a Herrera, Mar&iacute;a Guadalupe, "Fiestas y tradiciones de Quiroga a trav&eacute;s del tiempo", en A&iacute;da Castilleja Gonz&aacute;lez y V&iacute;ctor Valencia Valera (coords.), <i>El Lago de P&aacute;tzcuaro: su gente, su historia y sus fiestas,</i> 1993, 199&#45;203.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485006&pid=S0185-3929200900010000800038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Garc&iacute;a Souza, Paola Paloma y Andr&eacute;s Oseguera Montiel, <i>Tiempos ceremoniales: ensayos de cosmogon&iacute;a y dancistica huave de San Mateo del Mar, Oaxaca,</i> M&eacute;xico, Tesis para obtener el t&iacute;tulo de Licenciado en Etnolog&iacute;a, ENAH, INAH, SEP, 2001.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485008&pid=S0185-3929200900010000800039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Garc&iacute;a Villag&oacute;mez, Ma. Concepci&oacute;n, "El tesoro de tangaxoan (leyenda)" en A&iacute;da Castilleja Gonz&aacute;lez y V&iacute;ctor Valencia Valera (coords.), <i>El Lago de P&aacute;tzcuaro: su gente, su historia y sus fiestas,</i> 1993, 221&#45;231.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485010&pid=S0185-3929200900010000800040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Garnung, Monique, "Le corps et ses conivances chez les Amuzgo de Oaxaca &agrave; San Pedro Amuzgos", en <i>Trace,</i> n&uacute;m. 38, <i>N&uacute;mero especial. El cuerpo, sus males y sus ritos,</i> CEMCA, M&eacute;xico, 2000, 30.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485012&pid=S0185-3929200900010000800041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gilberti, Maturino, <i>Vocabulario en lengua de Mechuacan,</i> Agust&iacute;n Jacinto Zavala, Clotilde Mart&iacute;nez y Benedict Warren (ed.), Zamora, El Colegio de Michoac&aacute;n, 1997.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485014&pid=S0185-3929200900010000800042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gonz&aacute;lez Cira, Eduardo, Cenobio Mart&iacute;nez y Cristina Angulo, "Tarerio: lugar de tradiciones vivas", en A&iacute;da Castilleja Gonz&aacute;lez y V&iacute;ctor Valencia Valera (coords.), <i>El lago de P&aacute;tzcuaro: su gente, su historia y sus fiestas,</i> 1993, 29&#45;62.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485016&pid=S0185-3929200900010000800043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Grauttch Michel, "La royaut&eacute; sacr&eacute;e chez les Aztequ&egrave;s de Mexico", en <i>Revista Espa&ntilde;ola de Antropolog&iacute;a Americana,</i> n&uacute;m. 28, Universidad Complutense, Madrid, 1998, 99&#45;117.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485018&pid=S0185-3929200900010000800044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, Ritos aztecas; fiestas de las veintenas,</i> INI, M&eacute;xico, 1999.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485020&pid=S0185-3929200900010000800045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Greenberg, James B., <i>Santiagos sword. Chatino peasant religion and economies, Oaxaca,</i> Berkeley&#45;Los &Aacute;ngeles, UCP, 1981.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485022&pid=S0185-3929200900010000800046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Guiteras Holmes, Calixta, <i>Perils of the soul. The world view of a tzotzil Indian,</i> Nueva York, The free press of Glencoc, Crowell&#45;Collier Publishing Company, 1961.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485024&pid=S0185-3929200900010000800047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hern&aacute;ndez Arana, Xajila Francisco y Kej Francisco D&iacute;az Gebuta, <i>Memorial de Tecpan&#45;Atitlan,</i> Antonio Villacorta (ed.), Guatemala, Tipografia Nacional, 1934.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485026&pid=S0185-3929200900010000800048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;<i>,</i> "Historia Quich&eacute; de don Juan de Torres", en Recinos (ed.), <i>Cr&oacute;nicas ind&iacute;genas de Guatemala,</i> Guatemala, Editorial Universitaria, 1957.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485028&pid=S0185-3929200900010000800049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hultkrantz, &Auml;ke, <i>The religions of the American Indians,</i> The University of California Press, Berkeley, 1979.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485030&pid=S0185-3929200900010000800050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hurtado Mendoza, Francisco, <i>La religi&oacute;n prehisp&aacute;nica de los pur&eacute;pechas,</i> Linotipogr&aacute;fica "Omega", Morelia, 1986.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485032&pid=S0185-3929200900010000800051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ichon, Alain, <i>La religion des Totonaques de la Sierra,</i> Etudes et documents de l'Institute d'Ethnologie, Par&iacute;s, CNRS&#45;Par&iacute;s VII, 1969.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485034&pid=S0185-3929200900010000800052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;<i>&#45;, La religi&oacute;n de los totonacos de la Sierra,</i> Jos&eacute; Arenas (trad.), M&eacute;xico, INI, 1973.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485036&pid=S0185-3929200900010000800053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Jacinto Zavala, Agust&iacute;n, <i>Mitolog&iacute;a y modernizaci&oacute;n,</i> Morelia, El Colegio de Michoac&aacute;n, Gobierno del Estado de Michoac&aacute;n, 1988.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485038&pid=S0185-3929200900010000800054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Kaplan N., Lucille, "Tonal and nagual in the costal Oaxaca, M&eacute;xico", <i>Journal of American Folklore,</i> vol. LXIX, n&uacute;m. 274, American Folklore Society, Philadelphie, 1956, 363&#45;368.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485040&pid=S0185-3929200900010000800055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Kirchhoff, Paul, "Mesoam&eacute;rica: sus l&iacute;mites geogr&aacute;ficos, composici&oacute;n, &eacute;tnica y caracteres culturales", en <i>Acta Americana,</i> Revista de la Sociedad Interamericana de Antropolog&iacute;a y Geograf&iacute;a, Los &Aacute;ngeles&#45;M&eacute;xico, vol. I, n&uacute;m. 1 1943, 92&#45;107.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485042&pid=S0185-3929200900010000800056&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;<i>,</i> "Mesoam&eacute;rica: sus l&iacute;mites geogr&aacute;ficos, composici&oacute;n, &eacute;tnica y caracteres culturales", en <i>Suplemento de Tlatoani,</i> Sociedad de Alumnos de la ENAH, M&eacute;xico, 1960.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485044&pid=S0185-3929200900010000800057&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">La Farge, Olivier, <i>Santa Eulalia. The religion of a Cuchumatan indian town,</i> Chicago, The University of Chicago Press, 1947.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485046&pid=S0185-3929200900010000800058&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Le&oacute;n, Nicol&aacute;s, <i>Los tarascos. Notas hist&oacute;ricas, &eacute;tnicas y antropol&oacute;gicas,</i> 3ra parte, M&eacute;xico, Imprenta del Museo Nacional, 1906.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485048&pid=S0185-3929200900010000800059&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lipp, Frank J., <i>The Mixe of Oaxaca. Religion, ritual and healing,</i> Austin, University of Texas Press, 1991.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485050&pid=S0185-3929200900010000800060&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">L&oacute;pez Austin, Alfredo, "El fundamento m&aacute;gico&#45;religioso del poder", <i>Estudios de Cultura N&aacute;huatl,</i> n&uacute;m. 12, M&eacute;xico, Instituto de Investigaciones Hist&oacute;ricas, UNAM, 1976, 197&#45;240.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485052&pid=S0185-3929200900010000800061&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, Tarascos y mexicas,</i> M&eacute;xico, FCE&#45;SEP, 1981.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485054&pid=S0185-3929200900010000800062&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, Hombre&#45;Dios. Religi&oacute;n y pol&iacute;tica en el mundo n&aacute;huatl,</i> M&eacute;xico, IIA, UNAM, 1996.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485056&pid=S0185-3929200900010000800063&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;<i>,</i> "El n&uacute;cleo duro de la cosmovisi&oacute;n y la tradici&oacute;n mesoamericana", en Broda y B&aacute;ez, <i>Cosmovisi&oacute;n, ritual e identidad de los pueblos ind&iacute;genas de M&eacute;xico,</i> M&eacute;xico, Biblioteca Mexicana, FCE, 2001, 47&#45;65.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485058&pid=S0185-3929200900010000800064&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Madsen, William, <i>The Virgins Children. Life in an Aztec village today,</i> Westport, Greenwood Press Publishers, 1960.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485060&pid=S0185-3929200900010000800065&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Maldonado Gallardo, Alejo, &quot;Tradiciones, mitos y leyendas de los valles del Balsas" en <i>La Tierra Caliente de Michoac&aacute;n,</i> Jos&eacute; Eduardo Z&aacute;rate Hern&aacute;ndez (coord.), Zamora, Gobierno del Estado de Michoac&aacute;n, El Colegio de Michoac&aacute;n, 2001, 441&#45;482.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485062&pid=S0185-3929200900010000800066&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">M&aacute;rquez, Pedro, <i>&iquest;Tarascos o P'urh&eacute;pecha? Voces antiguas y nuevas discusiones en torno al gentilicio michoacano,</i> Morelia, IIH Universidad Michoacana de San Nicol&aacute;s de Hidalgo, El Colegio de Michoac&aacute;n, Gobierno del Estado de Michoac&aacute;n, Universidad Ind&iacute;gena intercultural de Michoac&aacute;n, Grupo Kw'an&iacute;skuyarhani de Estudios del Pueblo pur&eacute;pecha, Fondo Editorial Morevallado, 2007.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485064&pid=S0185-3929200900010000800067&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mart&iacute;nez Gonz&aacute;lez, Roberto, "Le nahualli&#45;tlahuipuchtli dans le monde nahuatl", en <i>Journal de la Soci&eacute;t&eacute; des Am&eacute;ricanistes,</i> vol. XCII&#45;1, n&uacute;m. 2, Par&iacute;s, Soci&eacute;t&eacute; des Am&eacute;ricanistes de Paris, 2006a, 111&#45;136.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485066&pid=S0185-3929200900010000800068&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;<i>,</i> "Sobre la funci&oacute;n social del buen nahualli", en <i>Revista Espa&ntilde;ola</i> <i>de Antropolog&iacute;a Americana</i> vol. XXXVI, n&uacute;m. 2, Madrid, Universidad Complutense de Madrid, 2006b, 29&#45;63.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485068&pid=S0185-3929200900010000800069&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;<i>,</i> "Nahualli, imagen y representaci&oacute;n", en <i>Dimensi&oacute;n Antropol&oacute;gica,</i> vol. XXXVIII, INAH&#45;SEP, M&eacute;xico, 2006c, 7&#45;48.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485070&pid=S0185-3929200900010000800070&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;<i>,</i> "Sobre el origen y significado del t&eacute;rmino nahualli", en <i>Estudios</i> <i>de Cultura N&aacute;huatl,</i> n&uacute;m. 37, IIH, UNAM, 2006d, 95&#45;106.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485072&pid=S0185-3929200900010000800071&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, El nahualismo,</i> M&eacute;xico, IIA&#45;IIH, UNAM, en prensa a.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485074&pid=S0185-3929200900010000800072&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;<i>,</i> "Dioses propios y ajenos: deidades patronas y realeza sagrada entre los pur&eacute;pechas del siglo XVI", en <i>Revista Espa&ntilde;ola de Antropolog&iacute;a Americana,</i> n&uacute;m. 39&#45;1, Universidad Complutense de Madrid, en prensa b.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485076&pid=S0185-3929200900010000800073&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mart&iacute;nez Gonz&aacute;lez, Roberto y Ram&oacute;n Vi&ntilde;as Vallverdu, "Palabras e im&aacute;genes de la vieja serpiente cornuda: una mirada desde Mesoam&eacute;rica", en <i>Arqueolog&iacute;a</i> 36, M&eacute;xico, INAH, 2007, 135&#45;159.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485078&pid=S0185-3929200900010000800074&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mateo Gilberto, Jer&oacute;nimo (ed.), <i>P&aacute;gina purh&eacute;pecha,</i> <a href="http://www.geocities.com/paginapurepecha" target="_blank">http://www.geocities.com/paginapurepecha</a>, 2002.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485080&pid=S0185-3929200900010000800075&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mill&aacute;n, Sa&uacute;l, "Unidad y diversidad etnogr&aacute;fica en Mesoam&eacute;rica: una pol&eacute;mica abierta", en <i>Diario de Campo,</i> n&uacute;m. 92, INAH, M&eacute;xico, 2007a.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485082&pid=S0185-3929200900010000800076&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;<i>,</i> "Y contin&uacute;a la pol&eacute;mica... Unidad y diversidad en Mesoam&eacute;rica", en <i>Diario de Campo,</i> n&uacute;m. 94, M&eacute;xico, INAH, 2007b.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485084&pid=S0185-3929200900010000800077&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Molina, Alonso de, <i>Vocabulario en lengua castellana y mexicana, mexicana y castellana,</i> Miguel Le&oacute;n&#45;Portilla (ed.), M&eacute;xico, 2000.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485086&pid=S0185-3929200900010000800078&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Motte&#45;Florac, Elisabeth, "Santos, humores y tiempo: El clima y la salud entre los p'urh&eacute;pecha de la Sierra Tarasca (Michoac&aacute;n, M&eacute;xico)", en Marina Goloubinoff, Esther Katz y Annamaria Lammel (eds.), <i>Antropolog&iacute;a del clima en el mundo hispanoamericano,</i> 2 vols., Biblioteca Abya&#45;yala, Quito, 1997.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485088&pid=S0185-3929200900010000800079&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">M&uuml;nch, Guido, <i>Etnolog&iacute;a del Istmo veracruzano,</i> M&eacute;xico, IIA, UNAM, 1994.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485090&pid=S0185-3929200900010000800080&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">N&uacute;&ntilde;ez Enr&iacute;quez, Luis Fernando y Roberto Mart&iacute;nez Gonz&aacute;lez, "Pr&aacute;cticas funerarias mexicas y pur&eacute;pechas: el problema de la confrontaci&oacute;n entre datos etnohist&oacute;ricos y arqueol&oacute;gicos", por publicarse en <i>Ancient Mesoam&eacute;rica,</i> Massachussets, Cambridge University Press, en prensa.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">N&uacute;&ntilde;ez de la Vega, Francisco, <i>Constituciones diosecianas del obispado de Chiapa,</i> Mar&iacute;a del Carmen Le&oacute;n Cazares y Mario Humberto Ruz (eds.), M&eacute;xico, IIF, CEM, UNAM, 1988.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485093&pid=S0185-3929200900010000800081&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nu&ntilde;o Guti&eacute;rrez, Mar&iacute;a Rosa, "La relaci&oacute;n naturaleza&#45;cultura en una comunidad pur&eacute;pecha a trav&eacute;s de sus expresiones orales", en Luisa Par&eacute; y Martha Judith S&aacute;nchez (coords.), <i>El ropaje de la tierra: naturaleza y cultura en cinco zonas rurales,</i> M&eacute;xico, Plaza y Vald&eacute;s, UNAM, 1996, 29&#45;63.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485095&pid=S0185-3929200900010000800082&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Popol Vuh. Las Antiguas Historias del Quich&eacute;,</i> Munro Edmonson (trad.), New Orleans, Middle American Research Institute, Tulane University, 1971.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485097&pid=S0185-3929200900010000800083&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pollard Perlstein, Helen, <i>Tariacuri's legacy: the prehispanic tarascan state,</i> Norman, University of Oklahoma Press, 1993.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485099&pid=S0185-3929200900010000800084&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Preuss, Konrad, <i>Fiesta, literatura y magia en Nayarit, ensayos sobre coras huicholes y mexicaneros de Konrad Theodor Preuss,</i> Jes&uacute;s J&aacute;uregui y Johannes Neurath (comp.), INI&#45;CEMCA, M&eacute;xico, 1998.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485101&pid=S0185-3929200900010000800085&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Procesos de indios id&oacute;latras y hechiceros,</i> M&eacute;xico, Publicaciones del AGN, Estados Unidos Mexicanos, Secretar&iacute;a de Relaciones Exteriores, 1912.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485103&pid=S0185-3929200900010000800086&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ram&iacute;rez, Francisco, "Relaci&oacute;n sobre la residencia de Michoac&aacute;n &#91;Pazcuaro&#93;", en <i>Relaci&oacute;n de Michoac&aacute;n,</i> Francisco Miranda (ed.), Morelia, Fimax Publicistas, 1980.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485105&pid=S0185-3929200900010000800087&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rea, Alonso de la, <i>Cr&oacute;nica de la orden de N. ser&aacute;fico P. S. Francisco, Provincia de S. Pedro y S. Pablo de Mechoacan en la Nueva Espa&ntilde;a,</i> Patricia Escand&oacute;n (ed.)., El Colegio de Michoac&aacute;n, Zamora, 1996.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485107&pid=S0185-3929200900010000800088&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Relaci&oacute;n de Michoac&aacute;n,</i> v&eacute;ase Alcal&aacute;</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Relaciones geogr&aacute;ficas del siglo</i> <i>XVI</i><i>. Michoac&aacute;n,</i> Ren&eacute; Acu&ntilde;a (ed.), M&eacute;xico, IIA, UNAM, 1987.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485110&pid=S0185-3929200900010000800089&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Reynoso, Diego de, <i>Vocabulario de lengua Mame,</i> M&eacute;xico, Sociedad Mexicana de Geograf&iacute;a y Estad&iacute;stica, 1916.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485112&pid=S0185-3929200900010000800090&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Roskamp, Hans, <i>La historiograf&iacute;a ind&iacute;gena de Michoac&aacute;n: el Lienzo de Jucutacato y los T&iacute;tulos de Carapan,</i> Leiden, Reseaerch School CNWS, 1998.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485114&pid=S0185-3929200900010000800091&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;<i>,</i> "Historia, mito y legitimaci&oacute;n: el Lienzo de Jical&aacute;n", en Jos&eacute; Eduardo Z&aacute;rate Hern&aacute;ndez (coord.), <i>La Tierra Caliente de Michoac&aacute;n,</i> Zamora, Gobierno del Estado de Michoac&aacute;n, El Colegio de Michoac&aacute;n, 2001, 119&#45;151.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485116&pid=S0185-3929200900010000800092&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;<i>,</i> "Her&aacute;ldica novohispana del siglo XVI: un escudo de armas de Tzintzuntzan Michoac&aacute;n", en Her&oacute;n P&eacute;rez Mart&iacute;nez y B&aacute;rbara Skinfill Nogal (eds.), <i>Esplendor y ocaso de la cultura simb&oacute;lica,</i> Zamora, El Colegio de Michoac&aacute;n, CONACYT, 2002, 227&#45;268.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485118&pid=S0185-3929200900010000800093&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;<i>&#45;,</i> "Los T&iacute;tulos Primordiales de Carapan: legitimaci&oacute;n e historiograf&iacute;a en una comunidad ind&iacute;gena de Michoac&aacute;n" en Carlos Paredes y Marta Ter&aacute;n (coords.), <i>Autoridad y gobierno ind&iacute;gena en Michoac&aacute;n,</i> Zamora, El Colegio de Michoac&aacute;n, CIESAS, INAH, Universidad Michoacana de San Nicol&aacute;s de Hidalgo, 2003, 305&#45;360.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485120&pid=S0185-3929200900010000800094&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Roskamp, Hans y Guadalupe C&eacute;sar Villa, "Iconograf&iacute;a de un pleito: el Lienzo de Aranza y la conflictividad pol&iacute;tica en la sierra tarasca, siglo XVII", en Carlos Paredes y Marta Ter&aacute;n (coords.), <i>Autoridad y gobierno ind&iacute;gena en Michoac&aacute;n,</i> El Colegio de Michoac&aacute;n, CIESAS, INAH, Universidad Michoacana de San Nicol&aacute;s de Hidalgo, 2003, 217&#45;240.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485122&pid=S0185-3929200900010000800095&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Roskamp, Hans y Benjam&iacute;n Lucas, "Uac&uacute;s Thic&aacute;tame y la fundaci&oacute;n de Carapan: nuevo documento en lengua pur&eacute;pecha" en <i>Relaciones. Estudios de Historia y Sociedad,</i> n&uacute;m. 82, Zamora, El Colegio de Michoac&aacute;n, 2000, 157&#45;176.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485124&pid=S0185-3929200900010000800096&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ruiz de Alarc&oacute;n, Hernando, <i>Treatise on the heathen superstitions and customs that today live among the Indians native to this New Spain,</i> Richard Andrews y Ross Hassing (trads.), The civilization of American Indian Series, vol. CLXIV, Norman&#45;Londres, University of Oklahoma Press, 1984.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485126&pid=S0185-3929200900010000800097&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ruz Mario, Humberto, "Aproximaci&oacute;n a la cosmolog&iacute;a tojolabal", en Lorenzo Ochoa y Thomas A. Lee Jr. (eds.), <i>Antropolog&iacute;a e historia de los mixe&#45;zoques y mayas (Homenaje a Frans Blom),</i> M&eacute;xico, UNAM, Brigheim Young University, 1983.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485128&pid=S0185-3929200900010000800098&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sahag&uacute;n, Bernardino de, "Paralip&oacute;menos de Sahag&uacute;n", edici&oacute;n facsimilar de Del Paso y Troncoso, t. VI, cuaderno 2:127, &Aacute;ngel Mar&iacute;a Garibay (trad.), en <i>Tlallocan A journal of source materials on the native cultures of Mexico,</i> vol. II, n&uacute;m. 2&#45;3, "La Casa de Tlaloc", M&eacute;xico, 1946&#45;1947, 164&#45;174; 135&#45;254.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485130&pid=S0185-3929200900010000800099&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, Florentine Codex. General History of the Things of New</i> Spain, Arthur J.O. Anderson, Charles E. Dibble (trads.), Monographs of the School of American Research, Santa Fe, New Mexico, 1950&#45;1963.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485132&pid=S0185-3929200900010000800100&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;</i>, <i>Veinte Himnos Sacros de los Nahuas,</i> compilados por fray Bernardino de Sahag&uacute;n, &Aacute;ngel Ma Garibay (ed.), M&eacute;xico, Seminario de Cultura N&aacute;huatl, UNAM, 1958.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485134&pid=S0185-3929200900010000800101&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, Augurios y abusiones,</i> Alfredo L&oacute;pez&#45;Austin (ed.), M&eacute;xico, IIH, UNAM, 1969.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485136&pid=S0185-3929200900010000800102&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, Primeros memoriales de Tepeapulco,</i> Thelma Sullivan (trad.), Norman, The University of Oklahoma Press, 1997.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485138&pid=S0185-3929200900010000800103&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sald&iacute;var P&eacute;rez, Salvador, "Tzintzuntzan: tradiciones y leyendas de mi pueblo" en A&iacute;da Castilleja Gonz&aacute;lez y V&iacute;ctor Valencia Valera (coords.), <i>El Lago de P&aacute;tzcuaro: su gente, su historia y sus fiestas,</i> 1993, 155&#45;179.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485140&pid=S0185-3929200900010000800104&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Seler, Eduard, <i>Collected works in mesoamerican linguistics and archaeologie,</i> 5 vol., Charles P. Bowditch (trad.), Massachussetts, Tozzer Library, Peabody Museum Harvard University, 1990.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485142&pid=S0185-3929200900010000800105&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;<i>,</i> "Los antiguos habitantes de Michuacan" en Alcal&aacute; 2000, 147&#45;233.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485144&pid=S0185-3929200900010000800106&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Serna, Jacinto de la, "Manual de Ministros de Indios para el Conocimiento de sus Idolatr&iacute;as y Extirpaci&oacute;n de ellas", en Francisco del Paso y Troncoso (ed.), <i>Tratado de las idolatr&iacute;as, supersticiones, dioses, ritos, hechicer&iacute;as y otras costumbres gent&iacute;licas de las razas abor&iacute;genes de M&eacute;xico,</i> vol. I, Mexico, Ed. Fuente Cultural, 1953, 47&#45;368.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485146&pid=S0185-3929200900010000800107&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sierra Carrillo, Dora, "La muerte entre los tarascos" en <i>Arqueolog&iacute;a mexicana,</i> vol. X, n&uacute;m. 58, M&eacute;xico, INAH&#45;Ed. Ra&iacute;ces, 2002, 62&#45;69.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485148&pid=S0185-3929200900010000800108&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Signorini, Italo y Alessandro Lupo, <i>Los tres ejes de la vida. Almas, cuerpo, enfermedad entre los nahuas de la Sierra de Puebla,</i> Xalapa, Universidad Veracruzana, 1989.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485150&pid=S0185-3929200900010000800109&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>The book of Chilam Balam of Chumayel. Heaven born Merida and its destiny,</i> Munro S. Edmonson (trad.), Austin, Univerity of Texas Press, 1986.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485152&pid=S0185-3929200900010000800110&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Thompson, John Eric S., "Los se&ntilde;ores de la noche en la documentaci&oacute;n n&aacute;huatl y maya", en <i>Estudios de Cultura N&aacute;huatl,</i> n&uacute;m. 13, M&eacute;xico, IIH, UNAM, 1978, 15&#45;22.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485154&pid=S0185-3929200900010000800111&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>T&iacute;tulo de Totonicap&aacute;n,</i> Robert M. Carmak y James L. Mondlonch (eds.), M&eacute;xico, IIF&#45;CEM, UNAM, 1983.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485156&pid=S0185-3929200900010000800112&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Torquemada, Juan, <i>Monarqu&iacute;a Indiana,</i> 3 vols., Garc&iacute; Carballido y Andr&eacute;s Gonz&aacute;lez de Z&uacute;&ntilde;iga (eds.), M&eacute;xico, Ed. Ch&aacute;vez Hayhoe, 1943&#45;1944.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485158&pid=S0185-3929200900010000800113&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tranfo, Luigi, "Tono y nagual", en Italo Signorini (coord.), <i>Los huaves de</i> <i>San Mateo del Mar, Oaxaca,</i> M&eacute;xico, INI&#45;SEP, 1979, 177&#45;213.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485160&pid=S0185-3929200900010000800114&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Urbano, Alonso, <i>Arte breve de la lengua otomi y vocabulario triling&uuml;e espa</i><i>&ntilde;ol&#45;nahuatl&#45;otomi,</i> Ren&eacute; Acu&ntilde;a (ed.), M&eacute;xico, IIF, UNAM, 1990.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485162&pid=S0185-3929200900010000800115&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Vecsey, Christopher, <i>Traditional Ojibwa religion and its historical changes,</i> Filadelfia, The American Philosophical Society, 1983.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485164&pid=S0185-3929200900010000800116&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Vel&aacute;squez Gallardo, Pablo, <i>Diccionario de lengua phorhepecha,</i> M&eacute;xico, FCE, 1978.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485166&pid=S0185-3929200900010000800117&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, La hechicer&iacute;a en Charap&aacute;n, Michoac&aacute;n,</i> Morelia, Universidad Michoacana de San Nicol&aacute;s de Hidalgo, 2000.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485168&pid=S0185-3929200900010000800118&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Villa Rojas, Alfonso, <i>Los elegidos de Dios. Etnograf&iacute;a de los mayas de Quintana Roo,</i> M&eacute;xico, INI, 1978.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485170&pid=S0185-3929200900010000800119&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Wonderly L., William, "Textos en Zoque sobre el concepto de nagual", en <i>Tlalocan A journal of source materials on the native cultures of Mexico,</i> vol. II, M&eacute;xico, "La Casa de Tlaloc", 1946, 97&#45;105.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485172&pid=S0185-3929200900010000800120&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Zantwijk, Van Ram, <i>Servants of the saints. The social and cultural identity of a Tarascan community in Mexico,</i> Paises Bajos, Van Gorcum et Compagnie, 1967.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6485174&pid=S0185-3929200900010000800121&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font>	</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="notas"></a>Notas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Antes que &eacute;l, Seler (2000; 1998) hab&iacute;a resaltado algunas similitudes entre tarascos, huicholes, mayas, mixtecos y mexicas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup>&nbsp;Uno de los s&iacute;mbolos que rebasa el &aacute;mbito mesoamericano es el de la serpiente cornuda; pues &eacute;ste aparece, cuando menos, desde Honduras hasta Canad&aacute; (v&eacute;ase sobre este tema el trabajo de Mart&iacute;nez y Vi&ntilde;as 2007). No desconozco la cr&iacute;tica que recientemente ha hecho Mill&aacute;n (2007a; 2007b) a la propuesta de L&oacute;pez Austin; sin embargo, considero que discutir la validez de tales argumentos rebasar&iacute;a en mucho los objetivos planteados en este trabajo y el espacio concedido por la revista.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup>&nbsp;Numerosos investigadores han adoptado la costumbre de usar el t&eacute;rmino "tarasco" para referirse al pueblo prehisp&aacute;nico y "pur&eacute;pecha" para sus descendientes contempor&aacute;neos, argumentando que s&oacute;lo este empleo es v&aacute;lido y correcto. Dicha distinci&oacute;n se apoya en tres fuentes <i>(Diccionariogrande...</i> 1991, II 457; Gilberti 1997, 137, 439; <i>Relaci&oacute;n de Cuitzeo</i> en <i>Relaciones geogr&aacute;ficas...</i> 1987, 81) que indican que "pur&eacute;pecha" era el apelativo correspondiente "gente, gent&iacute;o", "gente plebeya, villanos", "maceguales, la gente com&uacute;n" y "hombres trabajadores". El problema es que la misma <i>Relaci&oacute;n de Cuitzeo (Idem)</i> ya se&ntilde;alaba que este vocablo pod&iacute;a ser aplicado a la lengua en general &#151;"la lengua que estos naturales hablan dicen que, en su gentilidad, la nombraban pur&eacute;pecha"&#151;. Los t&eacute;rminos derivados de <i>phorh&eacute;</i> contienen la idea de, cierta movilidad, una visita o algo que llega (Chamoreau 2007, 151; Vel&aacute;squez Gallardo 1978, 180), por lo que, <i>a priori,</i> "pur&eacute;pecha" no tendr&iacute;a porque ser exclusivo de una determinada clase o estamento &#45;sobre todo considerando que los uac&uacute;secha, el grupo en el poder, se pensaban como reci&eacute;n llegados&#45;. Durante los siglos XVII y XVIII, <i>pur&eacute;pecha</i> continu&oacute; siendo usado para designar a la poblaci&oacute;n en general; y, siguiendo este orden de ideas, el <i>Lienzo de P&aacute;tzcuaro</i> utiliza <i>p'urh&eacute;pecha irecha</i> para nombrar a los gobernantes supremos (v&eacute;ase Roskamp 2002, 259). En todo caso, no veo porque un grupo determinado no pudiera ser designado por el t&iacute;tulo de su m&aacute;s amplio componente social. El uso de los gentilicios suele ser m&aacute;s convencional que descriptivo o anal&iacute;tico; y, por lo tanto, muchos de ellos derivan de generalizaciones arbitrarias o impuestas desde el exterior: Se habla de "espa&ntilde;oles" sin considerar que no todos los habitantes de Espa&ntilde;a son de origen hispanio &#45;tambi&eacute;n hay celtas, vascos, etc&eacute;tera&#45;, decimos "coreanos" aunque este t&eacute;rmino s&oacute;lo se refiera a la &uacute;ltima dinast&iacute;a de Hanpi, y nos consideramos mexicanos todos aquellos adscritos a esta naci&oacute;n aun cuando la mayor&iacute;a de nosotros tenga muy poco que ver con los mexicas. Muchas de las palabras usadas para llamar a diversos grupos mesoamericanos derivan del n&aacute;huatl y pocas veces est&aacute;n ligadas a las denominaciones locales &#45;otom&iacute; en lugar de <i>n'yuhu,</i> mixteco por <i>tu'un s&aacute;vi,</i> etc&eacute;tera. En el caso de los mexicas tampoco existe un "correcto" denominador com&uacute;n: "mexica" se refiere a los de M&eacute;xico y excluye a todos los otros grupos nahuas de la cuenca, "azteca" alude a los salidos de Aztl&aacute;n, pero deja fuera a los nahuas que ya viv&iacute;an en el islote cuando &eacute;stos llegaron, nahua comprende tanto a los mexicaneros de Durango como a los nicaraos y pipiles de Centroam&eacute;rica, pero aparta a los no nahuatlatos que viv&iacute;an en Tenochtitlan y formaban parte del mismo imperio. Yo prefiero usar el mismo vocablo para nombrar a grupos hist&oacute;rica y ling&uuml;&iacute;sticamente relacionados porque ello tiende a subrayar la continuidad por encima de la ruptura; lo cual, como se ver&aacute; a lo largo del texto, es uno de los asuntos que me interesa resaltar. No obstante, sabemos que hoy en d&iacute;a se tiende a considerar "tarasco" casi como un insulto; de modo que, respetando el derecho de un pueblo a ser nombrado como mejor le convenga, para aludir a los ind&iacute;genas del presente, s&oacute;lo se usara la palabra "pur&eacute;pecha". La discusi&oacute;n sobre el significado exacto de los gentilicios michoacanos es compleja y rebasa por mucho mis competencias ling&uuml;&iacute;sticas; para los interesados, se recomienda el libro colectivo <i>&iquest;Tarascos o p' urh&eacute;pecha?...</i> editado por Joaqu&iacute;n M&aacute;rquez (2007).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup>&nbsp;Incluso Hurtado Mendoza (1986, 25) declara que "el pueblo tarasco o pur&eacute;pecha conform&oacute; un grupo &eacute;tnico, sociocultural y religioso totalmente diferente a cualquier otro grupo de la civilizaci&oacute;n americana y hasta parece ser que distinto sustancialmente de otros grupos de la tierra, tanto en lo material como en lo espiritual".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup>&nbsp;En un trabajo anterior (N&uacute;&ntilde;ez y Mart&iacute;nez en prensa), se&ntilde;alamos la existencia de enormes similitudes entre los rituales funerarios que los nahuas y los pur&eacute;pecha dedicaban a los gobernantes, los guerreros y los muertos ordinarios. Dichas semejanzas no s&oacute;lo se observan en los datos etnohist&oacute;ricos &#45;principalmente en los aportados por Alcal&aacute; (1980) y Sahag&uacute;n (1950&#45;63)&#45;, sino tambi&eacute;n en los distintos contextos arqueol&oacute;gicos que hasta ahora se han excavado. Para las similitudes en el simbolismo de los respectivos gobernantes, v&eacute;anse comparativamente Mart&iacute;nez Gonz&aacute;lez (en prensa b) y Graulich (1998). En un antiguo art&iacute;culo, L&oacute;pez Austin (1976) tambi&eacute;n mostr&oacute; la existencia de parecidos considerables en los mitos michoacanos y quich&eacute;s derivados de <i>La Relaci&oacute;n de Michoac&aacute;n</i> y el <i>T&iacute;tulo de Totonicap&aacute;n.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup>&nbsp;Entre ellos los nahuas, los otom&iacute;es, los mixes, los zapotecos, los mixtecos, los chontales de Oaxaca, los zoques, los amuzgos, los popolucas, los huaves, los totonacos, los chatinos, los tzeltales, los tzotziles y los tojolabales (Signorini y Lupo 1989; Madsen 1960; Galinier 1979; Lipp 1991; Kaplan 1956; Carrasco 1960; Wonderly 1946; Garnung 2000; M&uuml;nch 1994; Tranfo 1979; Ichon 1969; Greenberg 1981; Figuerola 2000; Villa Rojas 1978; Ruz 1983).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup>&nbsp;La aproximaci&oacute;n a las culturas prehisp&aacute;nicas a trav&eacute;s del supuesto de la continuidad cultural no es reciente. Seler (1990, 194), Preuss (1998), Caso (1967; 1968), Thompson (1978), Graulich (1999) y Couvreur (2004) son s&oacute;lo algunos de los autores que han mostrado la existencia de elementos mesoamericanos que tienden a subsistir a pesar de las distancias espacio&#45;temporales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup>&nbsp;Espejel (en prensa) encuentra semejanzas entre la <i>Relaci&oacute;n</i> y las <i>Siete Partidas</i> de Alfonso X el Sabio y, a partir de ello, sostiene que el papel del fraile redactor fue m&aacute;s activo de lo que &eacute;l hizo creer y que "en su papel de int&eacute;rprete no transcribi&oacute; tan fielmente las palabras de sus informantes y que, de hecho, su interpretaci&oacute;n afect&oacute; profundamente la imagen de la sociedad que plasm&oacute; en el documento". No obstante, la autora no descarta la posibilidad de comprender a trav&eacute;s de dicho documento la visi&oacute;n ind&iacute;gena del mundo. Seg&uacute;n ella, el fraile introdujo el concepto de justicia como principal medio para conservar el orden de Dios. Sin embargo, tambi&eacute;n pudo reconocer una voz ind&iacute;gena en la que el discurso se ordena alrededor del culto a la deidad del fuego. "Dependiendo de la clave con que se lean, los datos de la <i>Relaci&oacute;n</i> adquieren diferentes significados y, en consecuencia, cada lectura genera una imagen distinta de los tarascos".</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup>&nbsp;Adem&aacute;s de la <i>Relaci&oacute;n de Michoac&aacute;n,</i> contamos con otras cuantas fuentes que, eventualmente, nos presentan informaciones sobre la cosmovisi&oacute;n tarasca. Las <i>Relaciones geogr&aacute;ficas</i> (1987), como respuesta al cuestionario enviado a los administradores coloniales en tiempos de Felipe II, nos presentan una amplia, pero poco profunda gama de datos relativos a muy diversas comunidades michoacanas de fines del siglo XVI. Aunque se trata de un texto bastante reducido, resulta de suma importancia la obra de Francisco Ram&iacute;rez (1980), un fraile jesuita que, al parecer, recuper&oacute; un fragmento de la perdida primera parte de la obra de Alcal&aacute;. Tambi&eacute;n haremos uso de algunos documentos del o XVII y XVIII que registraron, tanto costumbres de la &eacute;poca, como informaciones concernientes a periodos anteriores; entre estos, destacan los trabajos de La Rea (1996), Basalenque (1963) y Beaumont (1932). Y, aunque procuraremos ser mucho m&aacute;s prudentes al respecto, en ocasiones, tambi&eacute;n nos referiremos al llamado <i>C&oacute;dice Plancarte</i> (1959), un pol&eacute;mico t&iacute;tulo primordial del siglo XVIII, producto de la mezcla de fuentes no identificadas, que, aparentemente, parte de la manipulaci&oacute;n y relectura de elementos prehisp&aacute;nicos por ind&iacute;genas coloniales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup> Prueba de ello son las palabras que, conformados por la ra&iacute;z <i>nahua</i> o <i>nahual,</i> se emplean en los diccionarios antiguos para expresar una relaci&oacute;n de "cobertura" o "revestimiento"; v&eacute;ase, por ejemplo, <i>nahualtia. nicno</i> "esconderse o ampararse con algo" e <i>imanahual</i> "manta de cuna de ni&ntilde;o" (Molina 2000, 63v, 38r). Siguiendo este mismo orden de ideas, hoy encontramos que, en el n&aacute;huatl de Tlaxcala, el t&eacute;rmino <i>nahual</i> se usa para traducir las palabras "capa o gab&aacute;n" (Bright 1967, 243; Robichaux 2008, comunicaci&oacute;n personal). En tanto que los nahuas de la regi&oacute;n de Chimalhuacan aplican el t&eacute;rmino <i>nahual</i> a los danzantes enmascarados (F&aacute;bregas Puig 1969, 101). Para mayores precisiones, v&eacute;ase Mart&iacute;nez Gonz&aacute;lez (2006d).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>11</sup>&nbsp;El <i>C&oacute;dice Florentino</i> (CF 1950, I 1&#45;2; XII, 50) menciona que la serpiente de fuego y el colibr&iacute; eran <i>nahuales</i> de Huitzilopochtli. Ixcozauhqui ten&iacute;a igualmente a la serpiente de fuego como <i>nahualli</i> (Sahag&uacute;n 1958, 126&#45;127; 1997, 94) y Painal (CF I 2, II 161) compart&iacute;a con Huitzilopochtli el doble de colibr&iacute;. Coyotl inahual, patrono de los plumarios, ten&iacute;a por <i>nahualli</i> a un coyote, Macuil Ocelotl a un jaguar y Macuil Tochtli a un conejo (CF IX, 83&#45;84). Para Tezcatlipoca, se mencionan tres <i>nahuales</i> diferentes; el gigante, el Hombre&#45;paquete de cenizas y el Hacha nocturna (Sahag&uacute;n 1969, 50&#45;51, 52&#45;53, 58&#45;59). Adem&aacute;s, se se&ntilde;ala que la <i>tetlanonochili</i> "alcahueta" ten&iacute;a por <i>nahual</i> a un <i>tzitzimitl</i> (CF X 57, x32), que los hombres&#45;<i>na</i><i>hualli</i> de origen noble ten&iacute;an por doble a una bestia salvaje <i>(tecuani),</i> en tanto que sus colegas de extracci&oacute;n humilde tendr&iacute;an por <i>nahualli</i> a un escarabajo, un guajolote o un perro.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>12</sup>&nbsp;As&iacute;, por ejemplo, el arzobispo Cort&eacute;z y Larraz (1958, I 103) indica sobre los apellidos ind&iacute;genas o sobrenombres, "Los que los tienen son unos sobrenombres inconstantes, que no solamente no tiene un hermano el mismo que tiene el otro, pero ni el hijo tiene el de su padre. A esto se agrega el decirse que por lo com&uacute;n dichos sobrenombres seg&uacute;n sus idiomas, son los nombres de varios animales y quieren decir Pedro del caballo, Juan del venado, Antonio del perro, etc&eacute;tera. Con esto a los animales que se significan en sus sobrenombres los llaman sus <i>nahuales</i> y quiere decir sus protectores".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>13</sup>&nbsp;Encontramos la creencia en <i>nanahualtin</i> colectivos tanto entre los pueblos nahuas del centro de M&eacute;xico (en este caso atribuidos a los xochtecas, los olmecas y los quiyahuiztecas) como entre los mayas&#45;yucatecos, los quich&eacute;s y cakchiqueles de Guatemala (v&eacute;ase Chimalpahin 1965, 88; <i>Historia Quich&eacute; de Don Juan de Torres</i> 1957, 25, 45; <i>Chilam Balam de Chumayel</i> 1986, 90; <i>T&iacute;tulo de Totonicapan</i> 1983, 26r).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>14</sup>&nbsp;Para mayores detalles sobre el <i>nahualli</i> y la forma adoptada en la transformaci&oacute;n v&eacute;anse Sahag&uacute;n (1969, 50&#45;51), el <i>C&oacute;dice Florentino</i> (1950, x 31, 32), Ruiz de Alarc&oacute;n (1984, 48), Mart&iacute;nez Gonz&aacute;lez (en prensa a).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>15</sup>&nbsp;"&Eacute;l porta a su nahualli&#45;serpiente de fuego sobre la espalda".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>16</sup>&nbsp;As&iacute;, el <i>C&oacute;dice Florentino</i> (ix 83) dice sobre la imagen de Coyotl inahual que "ella estaba dotada de una cabeza de coyote de la cual sal&iacute;a el rostro de algo que parec&iacute;a un hombre". L&iacute;neas m&aacute;s tarde, el mismo texto <i>(Idem</i> 84) dice que, de manera semejante, "Macuil ocelotl portaba como <i>nahualli,</i> la cabeza de una bestia salvaje de la cual sal&iacute;a su rostro &#91;...&#93; Y de la misma manera Macuil tochtli portaba tambi&eacute;n su <i>nahualli</i> como una cabeza de conejo".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>17</sup> Incluso es posible que la notable disminuci&oacute;n de cr&oacute;nicas hisp&aacute;nicas en el tr&aacute;nsito de lo mexica a lo tarasco sea, en parte, debida a una cierta falta de novedad. Pues, juzg&aacute;ndose que se trataba de los mismos elementos culturales, se hubiera considerado innecesaria una nueva descripci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>18</sup> La idea del compa&ntilde;ero animal asociado a la divinidad parece haber sobrevivido en un relato contempor&aacute;neo de Urapicho. Se dice que cuando lleg&oacute; Cristo por primera vez tra&iacute;a un tigre y un venado "Ese d&iacute;a Eustaquio quiso matar un venado que tra&iacute;a una cruz en la frente y el venado le dijo: &#151;No <i>me mates. No est&aacute; bien que me mates este d&iacute;a porque la muerte en este d&iacute;a es de Jes&uacute;s.</i> Entonces el venado ya habl&oacute; al Divino Pastor que tra&iacute;a un tigre" (Acevedo Barba <i>et al,</i> 1982, 89).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>19</sup>&nbsp;Todav&iacute;a el <i>Manuscrito de Tulane</i> nos habla de un irecha Uac&uacute;s Thicatame &#151;"se&ntilde;or &Aacute;guila Thicatame&#151; que ven&iacute;a de donde sale el sol y penetraba en una cueva donde la gente se pon&iacute;a joyas preciosas (Roskamp y Lucas 2000, 162&#45;163).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>20</sup>&nbsp;"Adem&aacute;s de las divinidades mismas, hay una serie de representaciones tales como el &aacute;guila, el fuego, las piedras, etc&eacute;tera, de los dioses; representaciones o formas &eacute;stas bajo las cuales se manifiesta la divinidad en sus intervenciones en la vida diaria de los tarascos &#91;...&#93; El conocimiento de los dioses se hace a trav&eacute;s de sus formas de manifestaci&oacute;n de sus declaraciones (por ag&uuml;eros y por sue&ntilde;os), y principalmente por sus obras" (Jacinto Zavala 1988, 16).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>21</sup> Roskamp (2002, 260) menciona que "es muy probable que al momento de copiar los <i>carariecha</i> ya no pudieran interpretar todos los elementos pictogr&aacute;ficos y sus significados precisos". Sin embargo, es posible que la nueva lectura que de ellos se hiciera continuara bas&aacute;ndose en par&aacute;metros culturales ind&iacute;genas; pues, como lo indica el mismo autor (Idem, 261), "los <i>carariecha</i> no s&oacute;lo empezaron a usar convenciones europeas sino que, al mismo tiempo, las cambiaron y frecuentemente les atribuyeron significados diferentes o adicionales". Roskamp y Lucas (2000, 166) se&ntilde;alan que "los t&iacute;tulos de Carapan no pueden ser usados como fuentes del siglo XVI pero s&iacute; nos informan sobre el proceso de reuso y reinterpretaci&oacute;n de los antiguos documentos".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>22</sup>&nbsp;Fuera de eso y la figura de una serpiente, tal vez emplumada, de cuyas fauces emerge un rostro humano que se exhibe actualmente en el <i>Museo Regional Michoacano,</i> no se ha encontrado ninguna representaci&oacute;n semejante a las observadas entre los mexicas o cualquier otro grupo de la zona.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>23</sup>&nbsp;Aunque este es un tema que deberemos tratar con mayor detalle en otro momento, es preciso se&ntilde;alar que la composici&oacute;n an&iacute;mica de la persona pur&eacute;pecha es bastante compleja y dif&iacute;cil de definir. Los diccionarios antiguos nos ofrecen tres t&eacute;rminos diferentes como traducciones de alma, &aacute;nima y esp&iacute;ritu; <i>mintzita</i> "coraz&oacute;n"; <i>tziperahperi,</i> cuyo sentido parece asociarse a lo vital y <i>hiretaqua</i> que m&aacute;s bien se refiere al aliento <i>{Diccionario Grande</i>... 1991, i 33, i 49, ii 824). Hoy, adem&aacute;s de existir una interesante complementariedad entre los opuestos fr&iacute;o y calor, se supone que el primer t&eacute;rmino se refiere a un elemento que reside en el coraz&oacute;n y se desprende tras la muerte para viajar al mundo de los muertos, el segundo hace referencia a una suerte de &aacute;nima extraviada que, en caso de que la persona no cumpla con sus deberes, tendr&aacute; que vagar en el mundo de los muertos. Lo interesante es que, en lugar de la tercera, figura un elemento denominado <i>zuanda</i> que, aunque se traduce como "sombra" est&aacute; etimol&oacute;gicamente relacionado con elementos a&eacute;reos; es este &uacute;ltimo componente quien se desprende principalmente durante el sue&ntilde;o y el susto para producir las experiencias on&iacute;ricas, en el primer caso, y la enfermedad, en el segundo (Foster 1972, 183&#45;190; Gallardo Ruiz 2005, 85&#45;90; <i>Diccionario grande...</i> 1991, i 98; Gilberti 1997, 66).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>24</sup> Ya desde el siglo XVI, se citaba a una cierta <i>sicuame cuini</i> como "bruxa" <i>(Diccionario grande</i> 1991, ii 499). Es cierto que, en un antiguo trabajo, Gallardo Ruiz (2005, 40) habl&oacute; de <i>kwini</i> como "contraparte de la personalidad &#91;...&#93; que puede ser atrapada por brujos y hechiceros". Sin embargo, es preciso aclarar que, en la actualidad, el propio autor <i>(Idem</i> 2008, comunicaci&oacute;n personal) duda de tal proposici&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>25</sup> Como es sabido, la palabra <i>t&oacute;tem</i> es un t&eacute;rmino ojibwa que se usa para designar al animal, cosa o vegetal que sirve de emblema a cada uno de los clanes de una sociedad. Esta clase de s&iacute;mbolos es heredada por v&iacute;a patrilineal. Sin embargo, contrariamente a lo que se suele suponer, este uso del <i>t&oacute;tem</i> parece tener muy poco de religioso pues, en su grupo de origen, no act&uacute;a como protector de nadie ni se encuentra asociado a la supervivencia del grupo. Se le considera una marca familiar que promueve la exogamia sin que ello implique que los miembros del clan se consideren sus descendientes o le rindan cualquier forma de culto (Vecsey 1983, 78&#45;79).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>26</sup> Mateo (2002) en su <i>P&aacute;gina Purh&eacute;pecha</i> define el t&eacute;rmino <i>jap&iacute;ngua,</i> como "ser sobrenatural que se manifiesta en diferentes formas de animales y seg&uacute;n la tradici&oacute;n trae riqueza a quien lo encuentra".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>27</sup> Es interesante resaltar la semejanza entre este relato y los mitos del ni&ntilde;o&#45;ma&iacute;z de los nahuas, totonacos y popolucas de la zona del Golfo (v&eacute;ase M&uuml;nch 1994, 163&#45;167; Ichon 1973, 74&#45;80).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>28</sup> En el mismo evento, Gallardo Ruiz (2008, com. oral.) &#151;durante su ponencia "Canto al ma&iacute;z del cielo: Ceremonial nocturno de curaci&oacute;n y de propiciaci&oacute;n de la cosecha"&#151; coment&oacute; que en los altares de los ritualistas figura seguido una piel de dicho animal.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>29</sup>&nbsp;Obviamente, lo que aqu&iacute; presentamos no tiene m&aacute;s que una intenci&oacute;n esquem&aacute;tica, pues no pretendemos hacer una abundante descripci&oacute;n de las cualidades y caracter&iacute;sticas de las <i>siku&aacute;mecha;</i> para ello, remitimos a las mAGN&iacute;ficas obras que acabamos de citar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>30</sup>&nbsp;Incluso, a manera de contraste, se nos presenta el caso de un gobernante ileg&iacute;timo llamado Carocomaco: "Aquel no le ven&iacute;a de ser se&ntilde;or mas era de baja suerte y un pobre mendigo: &iquest;D&oacute;nde dej&oacute; de dormir que no durmiese, por todas las sierras, por so&ntilde;ar alg&uacute;n sue&ntilde;o? Y nunca tuvo revelaci&oacute;n ni sue&ntilde;o" <i>(Relaci&oacute;n de Michoac&aacute;n</i> 1980, 144). V&eacute;ase Mart&iacute;nez Gonz&aacute;lez (en prensa b) para mayores precisiones sobre el tema.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>31</sup> Durante su intervenci&oacute;n en el Seminario del <i>Grupo Kw'an&iacute;skuyarhani</i> el pasado 29 de marzo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>32</sup> Las cenizas ya eran usadas para lo mismo por los nahuas del siglo XVI (Mart&iacute;nez Gonz&aacute;lez 2006b, 52; <i>C&oacute;dice Florentino</i> 1950&#45;63, IV&#45;V 192).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>33</sup> Cabe mencionar que, para concluir la iniciaci&oacute;n de un <i>sikuame,</i> "el novato &#91;tambi&eacute;n&#93; tiene que cortar a un muerto cualquiera de las siguientes partes: el coraz&oacute;n, un ojo, un dedo, una oreja, la lengua o un brazo entero. Debe regresar a casa y envuelve cuidadosamente con algodones la parte que haya cortado dentro de un lugar secreto dentro de la troje" (vel&aacute;squez Gallardo 2000, 132). Es interesante notar que, en el caso quich&eacute;, cuando los ancestros conquistan a las parcialidades, adormecen a los guerreros y les quitan "el dedo peque&ntilde;o de la mano y del pie" <i>(T&iacute;tulo de Totonicapan</i> 1983, 178).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>34</sup> Durante la pl&aacute;tica que present&oacute; en el Seminario del <i>Grupo Kw'an&iacute;skuyarhani</i> el pasado 29 de marzo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>35</sup> Durante la pl&aacute;tica "Condensaci&oacute;n del tiempo en el espacio. El concepto de territorio en pueblos de tradici&oacute;n pur&eacute;pecha", que dict&oacute; en el Seminario de Estudios Michoacanos.</font></p>      ]]></body><back>
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