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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Antón Chéjov, médico, enfermo, melancólico y escritor de genio]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Ensayo</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Ant&oacute;n Ch&eacute;jov, m&eacute;dico, enfermo, melanc&oacute;lico y escritor de genio</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Anton Chejov, doctor, ill, melancholic, and writer</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Bruno Esta&ntilde;ol<sup>1</sup></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><i>1</i></sup> <i>Jefe del Departamento de Neurofisiolog&iacute;a Cl&iacute;nica I.N.N.S.Z. Miembro del Comit&eacute; Editorial de SALUD MENTAL.</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2"><i>De la vida se pueden sacar con facilidad varios libros    <br> pero de los libros se saca poco, muy poco de vida.</i></font></p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2">F. Kafka    <br>     <br>Maurice Nadeau, Paris 1978, p 41)</font></p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/sm/v38n1/a11i1.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los lectores de biograf&iacute;as intuyen, acaso err&oacute;neamente, que si conocen los avatares de las vidas de los hombres c&eacute;lebres quiz&aacute;s puedan descubrir el secreto de la creatividad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otra manera de leer las biograf&iacute;as (y a veces las novelas y cuentos) es para vivir de prestado ciertas aventuras. Algunas biograf&iacute;as se leen como si fuesen textos de ficci&oacute;n o una representaci&oacute;n teatral y no de la vida; la mayor parte de esa vida no tiene inter&eacute;s, son cifras de nacimiento y muerte, hechos geogr&aacute;ficos, educaci&oacute;n o seudoeducaci&oacute;n, amores y desamores, dichas y desdichas, de un artista, un santo, un cient&iacute;fico, un aventurero y hasta de un pol&iacute;tico o aun gente peor. Una biograf&iacute;a es una vida completa. Este car&aacute;cter redondo de la biograf&iacute;a la hace de gran inter&eacute;s humano. Todas las autobiograf&iacute;as son falsas. A veces falseadas deliberadamente, otras con recuerdos falseados. El autobi&oacute;grafo, en lugar de hablar de s&iacute; mismo, se dedica a hablar mal de los otros. Los diarios son sinceros y, la mayor&iacute;a, aburridos. Ahora sabemos que Borges ten&iacute;a raz&oacute;n: hay individuos que pueden recordar su vida entera, d&iacute;a a d&iacute;a. A esta memoria autobiogr&aacute;fica se le ha llamado memoria epis&oacute;dica o de hechos. Esta memoria est&aacute; cargada de emociones. De hecho, recordamos en nuestra vida aquello que nos ha conmovido. Tambi&eacute;n existe una memoria de conceptos, de ideas: esta memoria se ha llamado memoria sem&aacute;ntica. Tal vez las llamadas biograf&iacute;as intelectuales, como las intentadas por Bertrand Russell, sean las m&aacute;s interesantes porque muestran la progresi&oacute;n o la disoluci&oacute;n de la mente y de las ideas de un individuo a lo largo de una vida.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El psicoan&aacute;lisis nos ha ense&ntilde;ado que en todo tipo de lectura existe la identificaci&oacute;n con el h&eacute;roe. Esta proyecci&oacute;n del inconsciente del lector que se identifica con ciertos personajes, y de esa forma con el inconsciente del autor es, creo, una forma muy importante de lectura. Sin la empat&iacute;a con el personaje es imposible leer un libro. En las primeras p&aacute;ginas el lector lo tira al cesto. Arist&oacute;teles, siempre vigente, ve&iacute;a a la tragedia como una catarsis; la identificaci&oacute;n con el h&eacute;roe tr&aacute;gico, es decir el reconocimiento de que a uno mismo le pueden pasar hechos terribles, le permite purgar en gran parte los sentimientos negativos y la tragedia inevitable de toda existencia: la muerte de los seres queridos, la enfermedad, la separaci&oacute;n, la miseria, la muerte de uno mismo, por medio del <i>horror</i> y la <i>piedad</i> por la vida del h&eacute;roe.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nace Ch&eacute;jov en el pueblo de Taganrog, en Ucrania, al sur de Rusia. Su padre es tendero y fan&aacute;tico religioso. Lo obliga a levantarse todos los d&iacute;as, de madrugada, para asistir como monaguillo a la misa de la religi&oacute;n ortodoxa. Tambi&eacute;n lo presiona para que trabaje, desde ni&ntilde;o, como dependiente en la tienda de abarrotes. Lo golpea con regularidad y lo explota. A&ntilde;os despu&eacute;s escribe: "me levantaba todos los d&iacute;as pensando &iquest;me golpear&aacute;n hoy?" Vive siempre con falta de sue&ntilde;o. Esta falta de sue&ntilde;o le permitir&aacute; so&ntilde;ar. No obstante ayudar&aacute; a su padre y a su familia el resto de su vida. No muestra resentimiento consciente contra el padre, pero, como en el caso de Kafka, es dif&iacute;cil pensar que esta dura infancia no haya influido en su personalidad. Ambos fueron hombres maltratados y rechazados por los padres.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por deudas su padre es obligado a mudarse a Mosc&uacute;. El ni&ntilde;o Ant&oacute;n P&aacute;vlovitch Ch&eacute;jov, de 13 a&ntilde;os de edad, permanece en Taganrog y trabaja todo el d&iacute;a para enviar dinero a sus padres. Este patr&oacute;n de comportamiento, este sacrificio por los dem&aacute;s, va a permanecer con &eacute;l toda su vida. La mayor&iacute;a de sus personajes son personas que se han sacrificado por los dem&aacute;s y tambi&eacute;n han sacrificado su proyecto vital.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Descubre muy joven su vocaci&oacute;n y su facilidad literaria. Escribe cuentos c&oacute;micos para los peri&oacute;dicos. Cuentos que pr&aacute;cticamente no corrige. Escribe sobre todo para sobrevivir. Con el producto de su actividad literaria puede financiar su carrera de m&eacute;dico. "Escribo &#45;dice m&aacute;s tarde&#45; para ganar dinero y para no aburrirme". Para no aburrirse: tal vez ese sea uno de los principales motores de la escritura. El aburrimiento es aqu&iacute; sin&oacute;nimo de melancol&iacute;a: escribe para curarse. Sin embargo, no desea que sus amigos, m&eacute;dicos y estudiantes de medicina sepan que es escritor y lo hace con el seud&oacute;nimo de Chekonte. As&iacute; transcurren sus a&ntilde;os de estudiante de medicina. Se grad&uacute;a de m&eacute;dico y trabaja intensamente en su profesi&oacute;n. Compra una extensi&oacute;n de tierra y la dota de escuela, biblioteca y dispensario. Mantiene a sus padres y a su familia. No cobra a los pobres. Recuerda que su abuelo fue un siervo que compr&oacute; su libertad. Esta conducta altruista y generosa durar&aacute; toda su vida. Tiene una gran empat&iacute;a con los pobres y sin duda esto le ayud&oacute; a entender a los seres humanos en sus mejores y peores aspectos. Es un hombre sociable aunque siempre triste. No se le ve sonre&iacute;r en ninguna de sus m&uacute;ltiples fotograf&iacute;as.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un cr&iacute;tico literario (Grigorovitch) lo descubre y le manda una admirable carta en la que le dice que tiene el talento para ser un gran escritor pero que necesita hacer textos m&aacute;s serios, m&aacute;s largos y m&aacute;s corregidos. Le dice tambi&eacute;n que debe usar su nombre propio y no un seud&oacute;nimo. La Literatura ya en s&iacute; es una m&aacute;scara. Esta carta fue crucial en la elecci&oacute;n literaria de Ch&eacute;jov. Muchos de los innumerables cuentos que escribi&oacute; antes se perdieron en los diversos peri&oacute;dicos de provincia. A partir de esa carta reconoce y acepta su vocaci&oacute;n de escritor. Tambi&eacute;n acepta ser m&eacute;dico aunque cree que la Literatura le causa m&aacute;s placer.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuida a un hermano que muere de tuberculosis y probablemente ah&iacute; se contagia. La tuberculosis era entonces end&eacute;mica en toda Europa: una enfermedad indolente, pero inexorablemente progresiva y mataba en la juventud. Ya enfermo de tuberculosis hace un viaje incomprensible y quiz&aacute; suicida. Se pone en marcha para visitar la isla de Sajal&iacute;n que era una isla&#45;prisi&oacute;n en el extremo noreste de Siberia, cerca de Mongolia. Viaja en tren, en barco, en <i>coach</i> y tarda dos meses y d&iacute;as en llegar a la isla. Viaja solo, con un fr&iacute;o terrible, malcomiendo y maldurmiendo. Tose un esputo ligeramente te&ntilde;ido de sangre. Se entrevista con cientos de reclusos, constata la miseria moral y f&iacute;sica de los presos de Sajal&iacute;n. Elabora a mano cientos de fichas. Regresa a Rusia por barco y llega finalmente a Odesa por el Mar Negro. El significado inconsciente del viaje de Ch&eacute;jov es misterioso. Es parecido al viaje de Joseph Conrad por el r&iacute;o Congo. No eran viajes que nadie creyera indispensables. Eran, y ellos lo sab&iacute;an de antemano, en extremo peligrosos. No parec&iacute;a que tuvieran que probarse algo a s&iacute; mismos. Los dos regresan enfermos. El viaje de Ch&eacute;jov a Sajal&iacute;n es todav&iacute;a menos comprensible que el de Conrad al Congo Belga, ya que Joseph Conrad recibe una remuneraci&oacute;n econ&oacute;mica, mientras que Ch&eacute;jov se costea el viaje. Una hip&oacute;tesis que me ha perseguido es que su viaje representa para &eacute;l un sacrificio. Un sacrificio por algo que &eacute;l mismo no sabe. Ch&eacute;jov quiere redimirse de una culpa ignota sacrific&aacute;ndose por los parias de Sajal&iacute;n. &Eacute;l, sin duda, lo consider&oacute; un deber. Para Conrad tambi&eacute;n era la gran oportunidad de tentar al diablo y quiz&aacute;s morir: otro melanc&oacute;lico. Parece que lo que hicieron es lo que en psicoan&aacute;lisis se llama "pasar al acto". Fueron viajes peligrosos con gran riesgo de perder la vida y probablemente suicidas. Otra interpretaci&oacute;n menos veros&iacute;mil es que ambos necesitaban las aventuras para poder escribir en esa lucha cuerpo a cuerpo entre vivir y escribir.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ch&eacute;jov enferma gravemente despu&eacute;s de su viaje a Sajal&iacute;n. As&iacute; que todas sus notas y apuntes fueron un ejercicio perdido a pesar de que las us&oacute; para su tesis doctoral. Viaja despu&eacute;s a Par&iacute;s donde come ostras y bebe buen vino. A partir de ese momento, acuciado por la presencia aterradora de la muerte y la invalidez, crea sus grandes obras de teatro y se convierte en un innovador del cuento. Con Ch&eacute;jov no importa lo que pasa al final del cuento; s&oacute;lo importa lo que est&aacute; a la mitad y el personaje.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La presencia ominosa de la muerte es perceptible de alguna suerte en sus dramas. Siempre hay una p&eacute;rdida: una casa con un maravilloso jard&iacute;n de cerezos, un hombre que ha desperdiciado su vida manteniendo a un profesor que finalmente no logra nada, una pareja de amantes que tienen un <i>affair</i> sin futuro porque ambos son casados, un director de un hospital psiqui&aacute;trico que termina siendo un enfermo de su propia cl&iacute;nica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ch&eacute;jov y Keats son creadores j&oacute;venes, enfermos de tuberculosis y m&eacute;dicos. Es dif&iacute;cil escapar a la idea de que la infancia terrible de Ch&eacute;jov es fundamental en su visi&oacute;n desconsolada de sus protagonistas melanc&oacute;licos que se sacrifican por otros y no logran nunca sus metas, y en sus obras llenas de inquietante fracaso.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Muere en Badenweiler donde va a buscar alivio cuando en realidad ya es un moribundo. En el hotel donde se hospeda con su esposa, la actriz Olga Kniepper, con quien se casa ya muy enfermo, siente la llegada del &uacute;ltimo viaje. Le ponen hielo en el pecho y dice: "no pongan hielo sobre un coraz&oacute;n vac&iacute;o". Despu&eacute;s, en alem&aacute;n: "<i>Ich sterbe</i>" (yo muero). El m&eacute;dico que lo atiende, no hallando algo que hacer por &eacute;l, pide una botella fr&iacute;a de champa&ntilde;a. La bebe y la agradece: "hac&iacute;a tiempo que no tomaba champa&ntilde;a". Despu&eacute;s muere. Env&iacute;an su cuerpo por ferrocarril a Mosc&uacute; en una caja de ostras. El fragor de una banda de m&uacute;sica aturde los o&iacute;dos cuando el tren llega a la estaci&oacute;n de Mosc&uacute;. La banda no toca para &eacute;l. Est&aacute; ah&iacute; para dar la bienvenida a un general.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los protagonistas de las piezas de teatro y los cuentos de Ch&eacute;jov son hombres y mujeres maduros habitados por el desencanto. Esperan cambios en la vida, pero &iacute;ntimamente saben que &eacute;stos nunca llegar&aacute;n. Aceptan su destino como un hecho. El T&iacute;o Vania es quiz&aacute;s el ep&iacute;tome de estos personajes. Esta desesperanza no los abruma. Ch&eacute;jov, a pesar de ser un creador joven, crea desde una posici&oacute;n depresiva y resignada y no con enojo o rencor. No quiere cambiar al mundo como los j&oacute;venes. Con frecuencia los protagonistas se han sacrificado por otros: trabajando para enviarles dinero o han aceptado el desamor del otro sin buscar un nuevo amor. Ch&eacute;jov no quiere ni cambiar al mundo ni convencer a nadie. No juzga ni prejuzga. Acepta la vida como est&aacute; hecha. Este evidente deseo de narrar desde la misma desencantada vida es tal vez el secreto de muchos narradores. Sin embargo, pocos escritores como Ch&eacute;jov han plasmado su propia visi&oacute;n del mundo en sus protagonistas. Los innumerables lectores de Ch&eacute;jov se reconocen en estos personajes culpables y melanc&oacute;licos. Ch&eacute;jov, a pesar de ser un escritor secular, tiene la culpa judeocristiana en el fondo de su narrativa. Sin embargo la identificaci&oacute;n del lector con los personajes de Ch&eacute;jov permanece misteriosa.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La vida de Ch&eacute;jov y la forma de su muerte han concitado el inter&eacute;s de muchos bi&oacute;grafos, entre ellos Henri Troyat y Daniel Gilles. Roger Grenier public&oacute; una hermosa e ins&oacute;lita biograf&iacute;a de Ch&eacute;jov a la que le pone como t&iacute;tulo una frase que pronuncia uno de los protagonistas de una de sus obras de teatro: <i>Regardez la neige qui tombe</i> (Mire c&oacute;mo cae la nieve). Los personajes de Ch&eacute;jov no pronuncian grandes frases ni hacen grandes cosas. Viven su desencanto y su sacrificio como algo natural.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La creatividad de Ch&eacute;jov parece nacer de una infancia dura, un rechazo paterno, una melancol&iacute;a cr&oacute;nica, una gran empat&iacute;a por los pobres y por aquellos que no han logrado lo que quer&iacute;an en la vida y tambi&eacute;n influy&oacute; su profesi&oacute;n de m&eacute;dico que le permiti&oacute; conocer a muchas personas y la enfermedad cr&oacute;nica que lo mat&oacute; en plena potencia creadora.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El gran cuentista norteamericano Raymond Carver narra la muerte de Ch&eacute;jov, con t&iacute;pico estilo chejoviano, en el cuento <i>El Encargo</i>.</font></p>      ]]></body>
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