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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Editorial</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="4">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Sintomatolog&iacute;a depresiva leve y enfermedad depresiva</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Mild depressive symptomatology and depression</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Guillermina Natera, Catalina Gonz&aacute;lez&#150;Forteza</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El impacto de la depresi&oacute;n en M&eacute;xico y en el mundo en t&eacute;rminos de salud p&uacute;blica reclama un n&uacute;mero especial en la revista SALUD MENTAL orientado a ampliar el conocimiento de c&oacute;mo impacta la sintomatolog&iacute;a depresiva leve en diferentes poblaciones pues a diferencia de la enfermedad depresiva presenta una gravedad y una duraci&oacute;n menos incapacitantes, pero requiere de atenci&oacute;n oportuna porque afecta la vida cotidiana. Dado que es un proceso y no un estado puede llevar a la persona que la padece a una problem&aacute;tica depresiva mayor.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El eje metodol&oacute;gico de los trabajos incluidos es el uso de la Escala de Depresi&oacute;n del Centro de Estudios Epidemiol&oacute;gicos (CES&#150;D) en distintas regiones de M&eacute;xico y en diversas poblaciones, como una manera de presentar un amplio panorama de los alcances y retos de esta escala. Existen diferentes cr&iacute;ticas relacionadas con la medici&oacute;n y el desarrollo de instrumentos que enfatizan que las medidas subjetivas pueden aparecer como las m&aacute;s sensibles para la detecci&oacute;n de deterioros relacionados con la salud mental y su relaci&oacute;n con el contexto porque son vividas por el paciente mismo. M&aacute;s a&uacute;n, parece ser que estas medidas son las mejores para la planeaci&oacute;n de la atenci&oacute;n y la predicci&oacute;n de la sobrevivencia. Sin embargo, el uso de la CES&#150;D como herramienta metodol&oacute;gica de tamizaje puede orientar al cl&iacute;nico de una manera r&aacute;pida, como se ver&aacute; en el transcurso de la lectura de este n&uacute;mero, y de ninguna manera pretende eliminar la riqueza de la mirada de la persona que padece.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este n&uacute;mero especial alberga 10 art&iacute;culos en los que 34 investigadores de 15 instituciones nacionales e internacionales suman esfuerzos a fin de describir las dimensiones y caracter&iacute;sticas de la depresi&oacute;n y su sintomatolog&iacute;a. La heterogeneidad de las poblaciones que se estudian por medio de la aplicaci&oacute;n de este instrumento (CES&#150;D), as&iacute; como la procedencia de las mismas, brindan una visi&oacute;n amplia y original. Adolescentes, j&oacute;venes, adultos, ancianos, poblaciones rurales, ind&iacute;genas, urbanas, de los Estados y de la Ciudad de M&eacute;xico, nos dan cuenta de la magnitud y la especificidad de la problem&aacute;tica y, por otro lado, de los retos a los que se debe enfrentar el sistema de salud mexicano para atender la sintomatolog&iacute;a depresiva, sobre todo cuando sabemos, como se&ntilde;ala Medina&#150;Mora, que los servicios de salud mental est&aacute;n concentrados en la Ciudad de M&eacute;xico y distribuidos de manera muy limitada en el resto del pa&iacute;s. Por otra parte, M&eacute;xico tiene una de las tasas m&aacute;s bajas de distribuci&oacute;n de psiquiatras por habitante (una media entre 1 y 5 por 100 000 habitantes que es una tasa ligeramente arriba de los pa&iacute;ses m&aacute;s pobres en el mundo en &Aacute;frica, Sur de Asia o Bolivia, en Latinoam&eacute;rica) (Medina&#150;Mora, 2005).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los padecimientos como los estados emocionales o de sintomatolog&iacute;a depresiva que eval&uacute;a el CES&#150;D se refieren a malestares que no necesariamente requerir&iacute;an de una atenci&oacute;n especializada <i>pero s&iacute; de una atenci&oacute;n por parte del cl&iacute;nico que deber&aacute; no s&oacute;lo preguntar &iquest;d&oacute;nde le duele?, </i>sino, con una mirada m&aacute;s hol&iacute;stica, <i>&lt;&lt;&iquest;qu&eacute; tiene o siente usted?&gt;&gt;</i> superando esa <i>fragmentaci&oacute;n del cuerpo </i>que menciona Foucault.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En otros lugares del mundo han dejado a los cl&iacute;nicos del primer nivel de atenci&oacute;n el cuidado de los trastornos depresivos y de ansiedad dentro de los espacios de la pr&aacute;ctica m&eacute;dica general, lo que ha permitido crear la conciencia de la asociaci&oacute;n entre la depresi&oacute;n y las condiciones f&iacute;sicas (Scott et al., 2007). Esto permite evitar trastornos psiqui&aacute;tricos mayores com&oacute;rbidos que salen m&aacute;s costosos a todos, principalmente a la persona que los padece, a su ambiente familiar y social y, desde luego, al sector salud.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si bien cada vez m&aacute;s la evidencia cient&iacute;fica que brinda la epidemiolog&iacute;a ha hecho visibles estos malestares emocionales &#150;al menos m&aacute;s que hace 10 a&ntilde;os&#150; a&uacute;n falta mucho para que los servicios de atenci&oacute;n a la salud mental se popularicen y favorezcan a todos los sectores de la poblaci&oacute;n que a&uacute;n no se atreven a verbalizar este tipo de problem&aacute;tica, en parte por ignorancia o informaci&oacute;n err&oacute;nea, pero tambi&eacute;n por el estigma que impregna al ambiente social y familiar del enfermo, incluso en los servicios de salud (Mora, 2008.) En este sentido, puede incluso decirse que la enfermedad es un grado de inconsciencia: si no somos conscientes no solicitamos ayuda o bien consideramos enfermedad a cualquier desequilibrio emocional.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No se trata de medicalizar el problema, sino de tener servicios de atenci&oacute;n primaria y redes especializadas que a trav&eacute;s de intervenciones breves e id&oacute;neas a cada poblaci&oacute;n favorezcan la conciencia de los estados emocionales y que contemplen los factores sociales desencadenantes. Se trata de tener disponibilidad de programas de atenci&oacute;n en donde se considere que la salud mental de los hombres y de las mujeres es diferente, que existen expresiones diferenciadas dependiendo de los ciclos de la vida: ni&ntilde;os, adolescentes, adultos, viejos, y que lo que es normal en una cultura no lo es necesariamente en otra.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si bien los f&aacute;rmacos pueden aliviar una depresi&oacute;n de causa biol&oacute;gica, no hay que soslayar que muchas personas presentan &laquo;estados comunes como la tristeza, el abatimiento, el duelo, el estr&eacute;s, e incluso el cansancio, que no debieran ser tratados con ellos. Si esto ocurre es en parte por los intereses y requerimientos de la industria farmac&eacute;utica, por la organizaci&oacute;n burocr&aacute;tica de los sistemas de salud (de llevar a cabo muchas consultas en poco tiempo) y por las necesidades construidas por las expectativas culturales de la modernidad y de la sociedad de consumo&raquo; (Martinez&#150;Hern&aacute;ez, 2006).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde luego, es necesaria la investigaci&oacute;n sobre la eficacia de las intervenciones pero tambi&eacute;n es esencial explorar la necesidad de unir los servicios de salud mental y de salud f&iacute;sica, lo cual, aunque parece f&aacute;cil, requiere de grandes recursos, de modificaci&oacute;n de mentalidades y, desde luego, de educaci&oacute;n y formaci&oacute;n de los cl&iacute;nicos. La depresi&oacute;n en M&eacute;xico est&aacute; muy lejos de ser tratada dentro de la pr&aacute;ctica de la medicina general, algunos intentos se hacen hoy en la cl&iacute;nica privada pero no todav&iacute;a en la p&uacute;blica.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hablamos de las intervenciones breves como de algo que ha probado ser efectivo y en un mundo con tantas carencias (hasta de tiempo) se requieren mecanismos que operen a bajo costo para ayudar al paciente a su reincorporaci&oacute;n social, a tener mayor confianza en s&iacute; mismo, en sus relaciones con los dem&aacute;s, a formar redes. Sobre todo cuando la depresi&oacute;n se ha asociado en la adolescencia con el consumo de substancias psicoactivas, con un trastorno mental grave en la vida adulta, o con el intento de suicidio.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los art&iacute;culos de este n&uacute;mero nos hablan m&aacute;s bien de la tristeza, resultado de la vida cotidiana, que invade al ser humano ordinario, y que genera un dolor emocional caracterizado por sentimientos de desventaja, p&eacute;rdida, desesperaci&oacute;n, desesperanza, enojo, miedo, disgusto, incertidumbre y rabia. Las personas estudiadas se quejan de experimentar menos energ&iacute;a, llorar, de una mayor sensibilidad emocional. Mientras que la depresi&oacute;n intensa est&aacute; caracterizada por la persistencia de un cuadro emocional que les impide funcionar en la vida cotidiana, los aspectos aqu&iacute; estudiados corresponden a una esfera del proceso salud&#150;enfermedad que bien atendidos pueden ser superados con relativa facilidad (Natera et al. 2011).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La OMS nos informa que los trastornos afectivos, incluida la depresi&oacute;n en todas sus formas, son unas de las principales cargas de enfermedad a nivel mundial. Ocupa un lugar preponderante entre las causas de discapacidad, sufrimiento y utilizaci&oacute;n de servicios de salud. Pero, &iquest;qu&eacute; hacen los organismos internacionales que tienen que ver con el bienestar humano? solamente los afrontan desde las necesidades de atenci&oacute;n cl&iacute;nica. Aunque esto es relevante, no es muy claro que se orienten a las principales causas que ya se han identificado como generadoras, como los determinantes sociales de la pobreza, la carencia de educaci&oacute;n y de empleo. Adem&aacute;s hay ahora un uso exagerado de la tecnolog&iacute;a que enajena el contacto humano. Existe tambi&eacute;n la exclusi&oacute;n social de los migrantes, los refugiados, los ind&iacute;genas, los marginados en general. Esta situaci&oacute;n los conduce a una exclusi&oacute;n individual que los hace propensos al suicidio. &iquest;Por qu&eacute; se puede predecir una patolog&iacute;a mental con tal precisi&oacute;n y no se hace nada para contrarrestarla?</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los trabajos incluidos en el presente n&uacute;mero ofrecen elementos valiosos para la acci&oacute;n y destacan la necesidad de llamar la atenci&oacute;n de investigadores, personal de los servicios de salud y dise&ntilde;adores de pol&iacute;ticas, con el fin de nivelar los esfuerzos hasta lograr paridad con las necesidades tanto de atenci&oacute;n como de generaci&oacute;n de mejores condiciones materiales de vida.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sirvan los anteriores comentarios para invitarlos a la lectura de este n&uacute;mero dedicado a evaluar la sintomatolog&iacute;a depresiva en diferentes poblaciones como una forma de conocer c&oacute;mo viven con ella, qu&eacute; tan frecuente es en las diferentes poblaciones mexicanas y c&oacute;mo cursa por diferentes etapas del ciclo vital. Por medio de un instrumento altamente probado podemos acceder de manera f&aacute;cil a conocer por d&oacute;nde va el sufrimiento de la gente, a identificar sus necesidades, y sobre todo a brindar al pol&iacute;tico argumentos para distribuir los escasos recursos orientados a la salud mental, para dotar a la poblaci&oacute;n que padece esta sintomatolog&iacute;a de estrategias para disminuir estos estados y otorgar apoyo a las personas para enfrentar con mejores mecanismos situaciones adversas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>BLIBIOGRAF&Iacute;A</b></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Scott KM, Bruffaerts R, Tsang A, Ormel J, Alonso J et al. Depression&#150;anxiety relationships with chronic physical conditions: Results from the World Mental Health surveys. J Affective Disorders 2007;103:113&#150;120.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9067744&pid=S0185-3325201200010000100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Medina&#150;Mora ME, Borges G, Benjet C et al. Psychiatric dirsorders in M&eacute;xico: lifetime prevalence in a nationally representative sample. British J Psychiatry 2007; 190:521&#150;528.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9067746&pid=S0185-3325201200010000100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mora&#150;R&iacute;os J, Medina&#150;Mora ME, Ito Sugiyama E, Natera G. The meanings of emotional ailments in a marginalized community in M&eacute;xico City. Qualitative Health Research 2008;18( 6): 830&#150;842.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9067748&pid=S0185-3325201200010000100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mart&iacute;nez Hern&aacute;ez A. La mercantilizaci&oacute;n de los estados de &aacute;nimo. El consumo de antidepresivos y las nuevas biopol&iacute;ticas de las aflicciones. The commodification of the moods. The antidrepressant consumption and the new biopolitics of the afflictions. Pol&iacute;tica Sociedad 2006; 43:( 3) 43&#150;56.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9067750&pid=S0185-3325201200010000100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Foucault M. Naissance de la clinique. Par&iacute;s: Presses Universitaires de France; 1972.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9067752&pid=S0185-3325201200010000100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Natera G; Medina P, Callejas F, Ju&aacute;rez F et al. Efectos de una intervenci&oacute;n a familiares de consumidores de alcohol en una regi&oacute;n ind&iacute;gena en M&eacute;xico. Salud Mental 2011;34(3):195&#150;201.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9067754&pid=S0185-3325201200010000100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body><back>
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