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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Presentación]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Presentaci&oacute;n</b></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="4">&nbsp;</font></p>      <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Introduction from the Editor</b></font></p>      <p align="center"><font face="verdana" size="3">&nbsp;</font></p>      <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Ana Casta&ntilde;o</b></font></p>      <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hace ya casi dos a&ntilde;os empec&eacute; a planear un n&uacute;mero de <i>Acta Po&eacute;tica</i> que iba a tener un <i>dossier</i> sobre el serm&oacute;n en nuestra lengua. Pens&eacute; en lo bueno que ser&iacute;a incluir ah&iacute; una colaboraci&oacute;n de Antonio Alatorre y decid&iacute; llamarlo para pedirle un art&iacute;culo. Despu&eacute;s de pensarlo por unos momentos, me dijo: "El tema me interesa mucho, pero no puedo meterme en eso ahora. Puedo darte otra cosa, un trabajo que re&uacute;ne sonetos sobre el Tiempo". Naturalmente, qued&eacute; encantada: no solo ten&iacute;a ya un pretexto para ir a ver a mi querid&iacute;simo maestro y pasar con &eacute;l uno de esos entra&ntilde;ables ratos llenos de su chispeante y sabrosa conversaci&oacute;n, sino que adem&aacute;s pod&iacute;a contar con un trabajo in&eacute;dito de Alatorre para nuestra revista.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pasadas dos o tres semanas fui a verlo. Casi lo primero que me dijo al entregarme el original con algunas correcciones suyas sobre el texto cuidadosamente mecanografiado fue: "Ver&aacute;s: ahora me encuentro como quien est&aacute; haciendo las maletas." Quer&iacute;a decirme que no ten&iacute;a ya tiempo para empezar trabajos nuevos y m&aacute;s bien estaba corrigiendo y organizando lo que ten&iacute;a pendiente o terminado. En ese momento, claro, me hizo gracia la expresi&oacute;n. Ni por un momento consider&eacute; en serio la posibilidad de que ese 'viaje' estuviera tan cerca. Hay personas cuya sola existencia nos consuela y nos sirve de s&oacute;lido contra peso a la estupidez y al horror humanos, cuya muerte es por eso tan inconcebible que no podemos plante&aacute;rnosla seriamente antes de que suceda. Creo que algo as&iacute; me pasaba con &eacute;l.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Todav&iacute;a pude verlo dos o tres veces m&aacute;s. Recuerdo que una ma&ntilde;ana le habl&eacute; con cierto orgullo de un peque&ntilde;o grupo de estudiantes de la Facultad de Filosof&iacute;a y Letras, grandes lectores suyos y grandes lectores de sor Juana. Tambi&eacute;n llegu&eacute; a anunciarle que dos de ellos publicar&iacute;an colaboraciones en este mismo n&uacute;mero, una de las cuales era una rese&ntilde;a de su edici&oacute;n de la <i>L&iacute;rica</i> de sor Juana. Cu&aacute;nto lamento no haber podido ense&ntilde;arle la revista publicada y, sobre todo, cu&aacute;nto lamento que nuestra pieza estrella se haya convertido en un art&iacute;culo p&oacute;stumo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Naturalmente desde que Alatorre me entreg&oacute; su art&iacute;culo este n&uacute;mero dio un gran giro y enderez&oacute; el rumbo hacia la poes&iacute;a. Hasta tal punto fue as&iacute; que ahora todas las contribuciones que aqu&iacute; publicamos, salvo una, tratan sobre poes&iacute;a en lengua espa&ntilde;ola. Aparte de su art&iacute;culo, que re&uacute;ne un hermoso grupo de sonetos de artificio pertenecientes en su mayor&iacute;a a los siglos XVI y XVII, y cuyo tema es el Tiempo y su implacable transcurrir, otros tres de los trabajos aqu&iacute; publicados se refieren a nuestra poes&iacute;a culta de los siglos XVI al XVIII. Uno m&aacute;s, de enfoque folclorista y comparatista, analiza la presencia de un t&oacute;pico en varias baladas y canciones de la tradici&oacute;n popular hisp&aacute;nica. Otro art&iacute;culo, que trata sobre el origen y evoluci&oacute;n de las expresiones del concepto de 'valor' en nuestra lengua, las rastrea en dos obras medievales espa&ntilde;olas (el <i>Poema de Mio Cid</i> y un tratado sapiencial traducido del &aacute;rabe al castellano en el siglo XIII: <i>Bocados de Oro).</i> Al final incluimos una nota que propone rastrear la fortuna de cierto chiste sorjuanino entre algunos autores de villancicos novohispanos. De esta manera, el presente n&uacute;mero de <i>Acta Poetica</i> termin&oacute; siendo, en su mayor parte, una celebraci&oacute;n de la poes&iacute;a de los siglos XVI al XVIII en nuestra lengua. Y sin embargo ahora, tras la muerte de Alatorre, queda la sensaci&oacute;n de que esta misma poes&iacute;a est&aacute; en cierta forma de luto, pues ha perdido a uno de sus grandes y m&aacute;s generosos lectores.<sup><a href="#nota">1</a></sup></font></p>          ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tampoco deja de ser ir&oacute;nico que, en este art&iacute;culo p&oacute;stumo, el maestro nos ofrezca una colecci&oacute;n de sonetos que hablan precisamente del paso inexorable del tiempo. Claro que, como siempre, Alatorre nos da mucho m&aacute;s de lo que nos ofrece: adem&aacute;s de elegir con mirada experta cada una de sus piezas, la manera como las va engarzando y comentando nos lleva como de la mano por los caminos que han seguido tanto ciertos temas como las formas utilizadas para expresarlos, temas y formas que se originan en la latinidad cl&aacute;sica y que, en algunos casos, sobreviven hasta nuestros d&iacute;as. Su art&iacute;culo parte de un par de pasajes de Ovidio <i>(Ars amatoria y Tristia)</i> cuyos temas y recursos formales pasan a los poetas italianos del Renacimiento, como Girolamo Angeriano y Vincenzo Colli ("el Calmeta"), Panfilo Sasso y Serafino Aquilano (o dall'Aquila), y de estos a varios traductores e imitadores ib&eacute;ricos de la segunda mitad del siglo XVI. Un segundo apartado comienza con un soneto de Panfilo Sasso de esquema distributivo recapitulativo, seguido de traducciones e imitaciones ib&eacute;ricas que siguen todav&iacute;a, "aunque de forma algo borrosa", dentro de la tradici&oacute;n iniciada por Calmeta y Sasso. Alatorre aprovecha siempre sus ejemplos para se&ntilde;alarnos la introducci&oacute;n de im&aacute;genes novedosas por parte de alg&uacute;n poeta, o la inauguraci&oacute;n de determinadas l&iacute;neas tem&aacute;ticas o formales, como cuando un poeta an&oacute;nimo introduce en su soneto al Tiempo el elogio de obras hechas por la mano del hombre. Esto le sirve al fil&oacute;logo para llamar de paso nuestra atenci&oacute;n sobre el recurso de la enumeraci&oacute;n, tan frecuente en otro grupo de sonetos reunidos en este trabajo, y que ya en tiempos barrocos ser&aacute; explotado "a conciencia" por poetas italianos como Lodovico Paterno, y traducido e imitado por Crist&oacute;bal de Mesa y otros poetas espa&ntilde;oles, portugueses y catalanes.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin dejar de registrar un grupo de sonetos "menos artificiosos y m&aacute;s sentidos", fuera de la tradici&oacute;n de Sasso y Calmeta, Alatorre re&uacute;ne sobre todo sonetos "de ingenio", como el construido en eco ("juego t&iacute;picamente ib&eacute;rico aunque con vagos antecedentes en Italia"), el soneto continuo (este s&iacute; de origen italiano), y el soneto de "tiempo y cuenta". Como era de esperarse, introduce de cuando en cuando sabrosas observaciones sobre las piezas elegidas, y tambi&eacute;n una que otra precisi&oacute;n necesaria: se&ntilde;ala errores heredados por los estudiosos &#151;de M&eacute;ndez Plancarte a Octavio Paz y a algunos seguidores suyos&#151; o cometidos por los poetas, o sugiere el nombre del posible autor de alguna pieza an&oacute;nima (por ejemplo, se&ntilde;ala que el duque de Lerma &#151;o bien su secretario, por encargo del duque&#151; pudo haber escrito al menos uno de los sonetos en respuesta al famoso: "P&iacute;deme de s&iacute; mismo el tiempo cuenta").</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la secci&oacute;n de "Homenaje" participa en primer lugar Tom&aacute;s Segovia, con un precioso texto dedicado a evocar la figura de su amigo. En &eacute;l nos deja presenciar los primeros a&ntilde;os de Alatorre como protagonista de la vida cultural de M&eacute;xico: en la <i>Revista Mexicana de Literatura,</i> invitado por Segovia, o impartiendo unos cursos libres de iniciaci&oacute;n a la literatura organizados tambi&eacute;n por el poeta en la Casa del Lago, donde "era una gloria ver la evidente satisfacci&oacute;n con que Antonio hablaba de los cl&aacute;sicos a un grupo de personas sin ning&uacute;n t&iacute;tulo acad&eacute;mico, sentadas en el c&eacute;sped &#91;...&#93; &eacute;l bajo un &aacute;rbol como Carlomagno al pie de su roble". Nos habla tambi&eacute;n de la copiosa relaci&oacute;n epistolar que tuvieron durante muchos a&ntilde;os, as&iacute; como de intereses y proyectos compartidos, como el de un gran estudio de la m&eacute;trica espa&ntilde;ola. Por otra parte, el poeta evoca su entrada a El Colegio de M&eacute;xico, debida a las repetidas instancias del fil&oacute;logo que, una vez dentro, lo apoy&oacute; en la creaci&oacute;n de un programa de formaci&oacute;n de traductores, al igual que un grupo de estudio sobre el estructuralismo. Es un placer, adem&aacute;s de que resulta muy interesante, presenciar la evocaci&oacute;n que hace Segovia de esta profunda amistad de toda la vida entre dos hombres de letras tan diferentes y tan complementarios entre s&iacute;. Indudablemente, dos de los m&aacute;s importantes de nuestro tiempo en M&eacute;xico.</font></p>          <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otra parte, Antonio Carreira nos narra el nacimiento de una amistad fundada en la mutua admiraci&oacute;n entre dos grandes fil&oacute;logos. Una admiraci&oacute;n en estado puro: ajena a todo tipo de intereses bastardos, surgida y alimentada en el conocimiento detallado y responsable de la obra del otro y, como consecuencia de ello, en el reconocimiento del uno en el otro. Alatorre comenz&oacute; publicando en el a&ntilde;o 2000 un art&iacute;culo rese&ntilde;a sobre dos grandes obras del fil&oacute;logo espa&ntilde;ol publicadas un par de a&ntilde;os antes: la edici&oacute;n cr&iacute;tica de los <i>Romances</i> de G&oacute;ngora en cuatro vol&uacute;menes (Barcelona, Quaderns Crema, 1998) y el libro <i>Gongoremas</i> (Barcelona, Pen&iacute;nsula, 1998); en este art&iacute;culo dec&iacute;a: "Es posible que en mi aplauso a Carreira haya influido una raz&oacute;n muy personal. Me siento, en efecto, como identificado con &eacute;l. Es reconfortante la idea de que avanzamos por el mismo camino y hacemos frente com&uacute;n". Por otro lado, Carreira se declara "&aacute;vido lector" de Alatorre y observa con generosa modestia: "Las afinidades que seg&uacute;n &eacute;l nos un&iacute;an eran en realidad ense&ntilde;anzas suyas y de maestros comunes bien asimiladas".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El tercer art&iacute;culo de homenaje es de Luis Fernando Lara, hoy miembro de El Colegio Nacional y disc&iacute;pulo de Alatorre en El Colegio de M&eacute;xico desde que el maestro ten&iacute;a poco m&aacute;s de 40 a&ntilde;os. En su semblanza se refleja la impresi&oacute;n que le produjo el primer Alatorre al joven estudiante que luego se dedicar&iacute;a a la ling&uuml;&iacute;stica &#151;en especial a la lexicograf&iacute;a&#151; y que luego, ya como investigador, pudo presenciar el cambio "del erudito encerrado en sus conocimientos al escritor que logr&oacute; brotar de aquel capullo, como hombre hasta cierto punto extrovertido que, apalancado en su erudici&oacute;n, nos regal&oacute; su mejor experiencia literaria". El director del <i>Diccionario del espa&ntilde;ol de M&eacute;xico,</i> sin dejar de apreciar la obra de Alatorre dedicada a los estudios literarios, presta especial atenci&oacute;n a sus trabajos ling&uuml;&iacute;sticos, como su gran historia <i>Los mil y un a&ntilde;os de la lengua espa&ntilde;ola,</i> o el art&iacute;culo "Sobre americanismos en general y mexicanismos en especial", o su labor como traductor de varias lenguas. Finalmente subraya, y con raz&oacute;n, la dimensi&oacute;n del trabajo de Alatorre en la <i>Nueva Revista de Filolog&iacute;a Hisp&aacute;nica.</i></font></p>          <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La secci&oacute;n de art&iacute;culos comienza con el trabajo de Martha Lilia Tenorio, querida alumna y amiga de Alatorre desde sus tiempos de estudiante del doctorado. En &eacute;l habla de los rasgos peculiares del gongorismo del &uacute;ltimo siglo novohispano, que fue, seg&uacute;n observa la autora, no una imposici&oacute;n del ambiente literario imperante sino elecci&oacute;n individual de algunos poetas. Tras comentar algunos bonitos ejemplos de tres poetas poco conocidos (Jos&eacute; Gil Ram&iacute;rez, Miguel de Reina Zeballos y Francisco Ruiz de Le&oacute;n), la autora observa que el gongorismo novohispano tard&iacute;o, antes que repetir los m&aacute;s sobados procedimientos formales del poeta cordob&eacute;s (como es el caso del hip&eacute;rbaton), concentr&oacute; su atenci&oacute;n en el trabajo de los detalles, como puede verse en la cuidadosa elaboraci&oacute;n de vi&ntilde;etas naturalistas, algunas de sorprendente belleza y preciosismo, y no por ello menos realistas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El trabajo de Jos&eacute; Manuel Pedrosa, rico en ejemplos, es tambi&eacute;n en cierta medida un art&iacute;culo antolog&iacute;a. Documenta la presencia del t&oacute;pico del amante que toca de noche (generalmente una noche fr&iacute;a y lluviosa) a la puerta de la amada &#151;t&oacute;pico conocido con el nombre griego de <i>paraklausityron&#151;,</i> no solo en poemas y canciones hisp&aacute;nicas a lo largo de varios siglos y en territorios muy alejados entre s&iacute;, sino tambi&eacute;n en una balada rom&aacute;ntica h&uacute;ngara y en una interesante composici&oacute;n tradicional cantada por grupos de mujeres en la India.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El art&iacute;culo de David Galicia se&ntilde;ala las sutiles diferencias entre dos temas igualmente relativos a la brevedad de la vida, ambos provenientes de la tradici&oacute;n po&eacute;tica espa&ntilde;ola y presentes en sor Juana: el del <i>carpe diem</i> y el levemente distinto del <i>vanitas vanitatum,</i> que propone como m&aacute;s adecuado para clasificar todos los sonetos de sor Juana que tratan sobre el tema, con excepci&oacute;n de uno solo. Para ello revisa brevemente algunos t&oacute;picos relacionados (el <i>collige, virgo, rosas)</i> y motivos (el di&aacute;logo entre el poeta y la rosa, la azucena, la maravilla; el espejo, el retrato), haciendo de paso algunas observaciones en torno a los conceptos de <i>motivo, t&oacute;pico</i> y <i>lugar com&uacute;n.</i> El cuidadoso an&aacute;lisis de las semejanzas y diferencias en el tratamiento que sor Juana y otros poetas renacentistas y barrocos hacen del tema del <i>carpe diem</i> &#151;y de paso tambi&eacute;n de otro tema: el de la perduraci&oacute;n por medio de la fama&#151; lleva al autor a encontrar d&oacute;nde reside, en este caso, la profunda novedad de la monja.</font></p>          <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por su parte, la nota de Jorge Guti&eacute;rrez Reyna (que tambi&eacute;n publica aqu&iacute; una rese&ntilde;a de la edici&oacute;n hecha por Alatorre de la <i>L&iacute;rica</i> de sor Juana) rastrea el tratamiento de cierto episodio de la vida de San Pedro por parte de algunos autores de villancicos en el siglo XVII, para mostrar c&oacute;mo dichos poetas pon&iacute;an a prueba su ingenio y su sentido del humor &#151;hasta el punto de rayar a veces en la irreverencia&#151; con tal de no aburrir al p&uacute;blico con temas que necesariamente hab&iacute;an de repetirse a&ntilde;o tras a&ntilde;o.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El ensayo "Valor y cremat&iacute;stica: el testimonio del castellano medieval" parte de un recorrido por el concepto de 'valor' &#151;que no puede definirse en t&eacute;rminos absolutos sino &uacute;nicamente de manera relativa y metaf&oacute;rica&#151; y por las formas que ha asumido a lo largo del tiempo en disciplinas como la econom&iacute;a, la literatura, la antropolog&iacute;a, la filosof&iacute;a, la filolog&iacute;a y la ling&uuml;&iacute;stica. Benito&#45;Vessels se&ntilde;ala algunos momentos importantes en el desarrollo de las expresiones del valor en relaci&oacute;n con la lengua a partir de las tres culturas del libro (musulmana, jud&iacute;a y cristiana), las cuales comparten una idea capital en relaci&oacute;n con este tema: la ponderaci&oacute;n de la palabra como bien com&uacute;n y como fuente de riqueza. Prestando especial atenci&oacute;n a las expresiones cremat&iacute;sticas producidas en castellano durante el medievo espa&ntilde;ol, la autora rastrea tambi&eacute;n el vocabulario que alude a ciertas transacciones econ&oacute;micas (tales como la <i>apreciatura</i> o la usura), as&iacute; como la percepci&oacute;n social que se tuvo de ellas. En la &uacute;ltima parte se hace una relaci&oacute;n de las expresiones cremat&iacute;sticas que vinculan lo econ&oacute;mico con lo ling&uuml;&iacute;stico en dos textos medievales: <i>Bocados de oro</i> y el <i>Poema de Mio Cid.</i> El primero, un tratado sapiencial divulgado en lenguas sem&iacute;ticas y traducido del &aacute;rabe al castellano en el siglo XVIII, tiene como tema central el valor contenido en la lengua: en &eacute;l 'lenguaje' es intercambiable con 'valor' en sentido axiol&oacute;gico. En el segundo texto la autora encuentra una proliferaci&oacute;n de expresiones cremat&iacute;sticas que no necesariamente aluden a cuestiones monetarias sino, entre otras cosas, al campo de lo moral, lo cual atribuye al ascenso social y econ&oacute;mico de Rodrigo D&iacute;az.</font></p>          ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por &uacute;ltimo, el art&iacute;culo de Laurette Godinas es el &uacute;nico que no habla de poes&iacute;a. Fiel al tema inicial de lo que iba a ser el <i>dossier</i> de este n&uacute;mero, la investigadora belga residente en M&eacute;xico &#151;que tambi&eacute;n fue alumna de Alatorre en El Colegio de M&eacute;xico&#151; pasa revista a una serie de manuales de predicaci&oacute;n escritos en el siglo XVIII novohispano, fijando su atenci&oacute;n en la manera como los tratadistas estructuran la materia homil&eacute;tica, lo cual nos proporcionar&aacute; m&aacute;s de un dato interesante sobre la manera como los intelectuales novohispanos enfrentaban la construcci&oacute;n del discurso. Todo ello con vistas a una valoraci&oacute;n est&eacute;tica de los sermones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nos llevar&aacute; muchos a&ntilde;os hacer una relaci&oacute;n m&aacute;s o menos justa de lo que perdimos con la muerte de Antonio Alatorre. En lo personal, puedo decir que esa labor resultar&aacute; especialmente compleja para m&iacute;: todav&iacute;a no he terminado de aprender de &eacute;l; y, a la admiraci&oacute;n, que solo ha crecido desde que lo conoc&iacute;, deben sumarse el profundo agradecimiento por su magisterio sonriente durante toda mi vida adulta, el enorme cari&ntilde;o por su amistad generosa y su afecto paciente y natural, las inolvidables horas pasadas en el placer de su conversaci&oacute;n y de su lectura.</font></p>          <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aunque mi relaci&oacute;n con &eacute;l como disc&iacute;pula desde luego no puede compararse con la amistad larga y ancha que tuvo con &eacute;l Tom&aacute;s Segovia, entiendo muy bien las reflexiones que este hace en su texto a "Antonio amigo" en torno a las diferencias entre el terreno de lo privado y el de lo &iacute;ntimo, en torno a la posibilidad de coexistencia de lo &iacute;ntimo con lo p&uacute;blico, y sobre todo, creo, en torno al recelo que le provoca la posibilidad de que un homenaje &iacute;ntimo se transforme en un acto p&uacute;blico. Con ello Tom&aacute;s pone el dedo en la llaga y, seguramente sin propon&eacute;rselo, da voz al esp&iacute;ritu que gu&iacute;a este n&uacute;mero: ser un homenaje &iacute;ntimo a Antonio Alatorre.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="nota"></a>NOTA</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Ahora, estando este n&uacute;mero finalmente en el departamento de publicaciones, nuestra poes&iacute;a acaba de perder a otro de sus mejores autores &#151;y lectores: Tom&aacute;s Segovia, que ir&oacute;nicamente colabora tambi&eacute;n aqu&iacute; con un entra&ntilde;able art&iacute;culo en honor a "Antonio amigo".</font></p>      ]]></body>
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